martes, 31 de mayo de 2011

Crisis gubernamental en Líbano

El Observatorio Electoral del TEIM publica un excelenta análisis sobre la actualidad política libanesa firmado por Amaia Goenega bajo el título: "Enquistamiento de la crisis de gobierno".

"Más de cuatro meses y medio han pasado desde la caída del gobierno de Saad Hariri. Un período de enfrentamiento dialéctico y de mercadeo político que sigue sin dar fruto. El 12 de enero de 2011, la dimisión de los diez ministros de la oposición y un ministro independiente provocaba la caída del gobierno de unidad nacional formado tras las elecciones legislativas de 2009. El motivo, la inminente publicación del acta de acusación sobre el asesinato de Rafik Hariri en febrero de 2005.

El 25 de enero, tras una serie de giros políticos de última hora, Najib Mikati, fue nombrado Primer Ministro con el apoyo del 8M y una serie de diputados más o menos independientes, entre los que destaca Walid Yumblat. Solventado este primer paso con relativa celeridad, empezaba lo realmente difícil, el proceso de negociación previo a la formación de gobierno. En un primer momento el 8M, y Mikati en particular, trataron de incorporar al 14M en el proceso.
Los líderes de la coalición encabezada por Saad Hariri negociaron individual y colectivamente las condiciones de su participación durante más de un mes, sin éxito. Las desavenencias en torno a temas como el tribunal internacional, las armas de Hezbolá, y el reparto de ministerios acabaron con cualquier posibilidad de acuerdo. No obstante, la renuncia del 14M a participar no facilitó la tarea de Mikati. Los obstáculos para la formación del ejecutivo siguen siendo importantes cuatro meses después. El líder tripolitano ni siquiera acaba de determinar el tipo de gobierno que quiere formar. El problema es que para tomar una decisión, el Primer Ministro debe conciliar las ambiciones personales de varios actores y, al mismo tiempo, debe tratar que el nuevo ejecutivo no sea visto como una amenaza ni por el orbe sociopolítico que respalda al 14M, ni por la comunidad internacional (principalmente Francia, Estados Unidos y Arabia Saudí).

En este sentido hay una serie de carteras que resultan particularmente problemáticas. Son aquellas relacionadas con la seguridad nacional, especialmente Interior. En 2008, después de meses de vacío presidencial y con el país al borde de una guerra civil, se acordó convertir la figura del Presidente en un actor independiente con capacidad para amortiguar la conflictividad entre 8M y 14M comience a hacer su trabajo. Sin embargo el reparto de ministerios como el de Justicia, Finanzas y Telecomunicaciones sigue bloqueado [...].

A estos problemas propios del sistema político institucional libanés, se añade ahora la complicada situación en Siria. El gobierno sirio es un actor central en todo proceso de toma de decisiones en Líbano (al igual que otros gobiernos regionales y occidentales). Apoyado en el 8M, la mediación siria era clave para la formación de gobierno, y obviamente la situación interna allí ha hecho que el gobierno sirio haya dejado el problema libanés en segundo plano. Pero además la crisis está incrementando la inestabilidad dentro del Líbano y genera mucha incertidumbre. Las tensiones entre opositores y seguidores del régimen sirio se están reproduciendo ya en territorio libanés, especialmente en el Norte, zona de fuerte influencia siria, donde se han producido ya varios altercados de consideración. Por otro lado, el hecho de ver el futuro del régimen sirio cuestionado genera una gran incertidumbre en seno de la clase político-comunitaria nacional, dado que la posición y capacidad de influencia algunos de los actores más relevantes del país esta directamente relacionada con el respaldo del gobierno Sirio, entre ellos el de Hezbolá [...].

lunes, 30 de mayo de 2011

El apartheid de Netanyahu

El Informe Semanal que cada semana publica la revista Política Exterior abordaba en su último número la visita de Netanyahu a Washington y la deriva del gobierno que dirige. Muy buen análisis y altamente recomendable para conocer los planes del Gobierno Netanyahu para truncar la aparíción de un Estado palestino viable.

"Consciente de que para ser mínimamente creíble ante el mundo árabe debía incluir en su último discurso sobre Oriente Próximo algún comentario sobre el conflicto palestino-israelí, el presidente Barack Obama hizo una referencia genérica al regreso a las fronteras de 1967 como base para cualquier negociación. Pero también dejó clara su oposición al recurso sueño palestino de que la Asamblea General de la ONU reconozca un Estado palestino de manera unilateral, debido a que supondría una modificación del statu quo que prohíben expresamente los Acuerdos de Oslo, pasando por alto que eso es precisamente lo que hace a diario el gobierno israelí permitiendo la construcción de asentamientos ilegales en los territorios ocupados.
Dado que Obama no parece dispuesto a cruzar ciertas líneas rojas que traza Israel, algunos analistas creen que realmente no quiere definir nuevas coordenadas que permitan relanzar el proceso de paz. Por el contrario, quien sí dejó muy claros los límites que deben respetar todos los actores que aspiren a desempeñar algún papel en el conflicto, fue el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en un discurso que dirigió ante una sesión plenaria del Congreso el 24 de mayo. Netanyahu buscó la complicidad de unos congresistas a los que cuenta con tener a su lado ante cualquier intento de Obama de buscar una solución al conflicto que atienda las reclamaciones básicas de los palestinos.

La enumeración de Netanyahu no pudo ser más detallada: no a la división de Jerusalén como posible capital de los dos Estados; no al retorno de los refugiados palestinos a suelo israelí; no a las fronteras de 1967; no a un Estado palestino con fuerzas armadas propias; no al diálogo con Hamás; no a la paralización de los asentamientos… Para lograr que nada se mueva más allá de esos parámetros, cuenta con la abrumadora superioridad militar israelí en los territorios ocupados, la sumisión de la Autoridad Nacional Palestina –personificada en un presidente, Mahmud Abbas, extremadamente (débil tanto en términos económicos como políticos y sociales–; la manifiesta incapacidad de la Liga Árabe para defender la causa palestina y la aquiescencia de la UE".

viernes, 27 de mayo de 2011

El otro Israel

La revista Foreign Affairs publica un excelente artículo -"Same Netanyahu, different Israel: The Demographic Challeges to Peace"- de Daniel Levy sobre los cambios demográficos que está experimentando Israel, aspecto al cual no se suele prestar demasiada atención habitualmente.

El artículo analiza los cambios registrados en Israel entre la primera y segunda presidencia de Benjamin Netanyahu y, sobre todo, cómo ha cambiadola sociedad en estos últimos 15 años. La derecha ha ganado posiciones y el campo de la paz las ha perdido hasta el punto de contar con apenas una docena de escaños de la Knesset (integrada, recordémoslo, por 120 diputados). El número de colonos ha pasado de 300.000 a 500.000 en este periodo.

La población israelí ha pasado de 5.7 a 7.75 millones y los dos grupos que están creciendo con más fuerza son los árabes palestinos (que han pasado de 1.03 a 1.59 millones en este periodo) y los haredim ultraortodoxos judíos (que ya representan, al menos, al 10% de la población, frente al 3% de hace tan sólo quince años). Más peligroso para el Israel secular: dentro de veinte años, uno de cada cuatro niños israelíes menores de los 14 años será haredim (que, además, no reconocen la legitimidad del Estado de Israel). Las escuelas ultraortodosas también han sufrido un vuelco espectacular pasando del 7% al 28% en este periodo. Además, un tercio de los oficiales israelíes son ultraortodoxos.
Como resultado de este cambio demográfico, el peso de los partidos ultraortodoxos no ha dejado de crecer. El Shas, que aglutina a los ortodoxos sefardíes, tiene en la actualidad tiene 11 diputados y es un partido bisagra esencial para garantizar la estabilidad política. A este complicado crisol debe añadirse la población de origen ruso: un 20% del total que, al contrario de los judíos llegados desde 1948 no se ha integrado plenamente en la sociedad israelí y ha conservado sus costumbres y su lengua. La mayor parte de ellos tiene escasa cultura democrática y proviene de una tradición autoritaria, lo que representa una amenaza más para la 'democracia' (sólo para la población judía) israelí.

No nos debe extrañar que un 53% de los judíos de Israel comulgue con los planteamientos de Avigdor Liebermann, el ministro de Asuntos Exteriores y líder del partido Israel es Nuestra Casa, partidario de expulsar al millón y medio de palestinos con ciudadanía israelí. El autor del artículo, Daniel Levy, considera que, tarde o temprano, EEUU tendrá que reconocer esta nueva dimensión de la sociedad israelí y dejar de tratar exclusivamente con las elites ashkenazíes, laicas y de origen europeo. 

jueves, 26 de mayo de 2011

Europa ante la revuelta siria

Más sobre Siria. Esta vez el artículo "Europa ante la revuelta siria" de Laura Ruiz de Elvira, investigadora asociada del Institut français du Proche-Orient. Fue publicado ayer en el blog de la Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. 

"Hace más de dos meses que Siria sangra y que Europa observa de lejos –prudente, tímida– los terribles acontecimientos que cada viernes acaecen. Ya son más de 800 los muertos y cerca de 10.000 los detenidos pero la Unión Europea, dividida en lo que a su política mediterránea se refiere, duda y tarda en reaccionar.

Siria sangra desde el 15 de marzo aun cuando los analistas, los diplomáticos e incluso la mayoría de los ciudadanos sirios creían poco probable el estallido de una revuelta pro-democrática en el país. Sin ir más lejos, la ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, se reunía con el presidente sirio a mediados del mes de marzo (en el mismo  momento en que los primeros brotes protestatarios estallaban) y declaraba a la prensa estar convencida de que “pronto” se podrían “ver avances que pueden ser muy importantes para Siria y para la región”. Varias semanas más tarde, el embajador francés en Damasco, Eric Chevallier, era acusado por algunos medios de comunicación franceses, e incluso por miembros del cuerpo diplomático de este país, de defender las tesis del régimen sirio: “‘Dans ses dépêches, il ne prend pas de distance avec la position officielle de l’équipe Assad’, dit un diplomate qui suit le monde arabe et reçoit copie de ses télégrammes. C’est à se demander s’il n’est pas trop proche du régime”.
En efecto, en marzo de este año, los años del aislamiento internacional al que Siria había sido sometida parecían quedar ya lejos. Con la visita del presidente francés Nicolas Sarkozy a Damasco, en septiembre del 2008, se había puesto un punto y final a una política cuyo objetivo era aislar y debilitar al régimen baathista. A principios del 2011, tras varios años de ausencia, un nuevo embajador americano presentaba sus credenciales al presidente al-Assad. En ese momento, cuando la revolución tunecina estaba ya en marcha, este último parecía “reinar” con más fuerza y más confianza que nunca en Siria. Prueba de ello eran sus declaraciones al periódico americano The Wall Street Journal: “We have more difficult circumstances than most of the Arab countries but in spite of that Syria is stable. Why? Because you have to be very closely linked to the beliefs of the people”. Cierto, la disminución de los recursos del Estado había empujado al presidente sirio a liderar una liberalización económica y a apoyarse en los actores no-estatales para proporcionar algunos servicios sociales que antaño el omnipresente sector público aseguraba. No obstante, el régimen había conseguido adaptar y perpetuar el sistema autoritario que antes del estallido de la primavera árabe parecía funcionar sin demasiados problemas.
Pero hoy Siria sangra. La oleada de revueltas ha llamado a su puerta. Unos adolescentes de la región de Daraa influenciados por la cadena árabe al-Jazeera, unas primeras malas decisiones de las autoridades, y un caldo de cultivo alimentado, entre otros, por la sequía y la precariedad social, han bastado para prender la mecha. Y frente a ello, la Unión Europea parece tener dificultades en planificar una hoja de ruta coherente y unificada. Las sanciones llegan tarde y a cuentagotas. La actitud es reactiva y no pro-activa. El temor a una guerra civil, la experiencia fallida libia, los apoyos regionales que tiene Siria, las amenazas de una extensión del conflicto al Líbano o Israel… todos estos factores frenan una actuación más contundente por parte de una Unión Europea que teme las consecuencias de una eventual caída del régimen.

La delegación de la Comisión Europeaen Siria era ya “prisionera” del régimen anteriormente: sus programas eran a veces paralizados, otras prohibidos, otras monopolizados. Y hoy la Unión Europea es de nuevo “prisionera” de Damasco. En efecto, las posibilidades de presionar a los líderes sirios son mucho menores que en Egipto o en Túnez puesto que las ayudas exteriores son pocas y la economía altamente autónoma. Además, el régimen sirio no teme el aislamiento, puesto que ya lo experimentó durante años y salió reforzado. Por último, la posibilidad de una intervención extranjera ha sido descartada de antemano. El régimen lo sabe y agita, desafiante, la carta del caos. Ante dicho escenario, Europa se encuentra maniatada. Cerrar filas en torno a una única posición firme y crítica, aplicar las sanciones a los dirigentes sirios, someter al país a un nuevo aislamiento y presionar a los actores regionales aliados de al-Assad como Turquía o Irán, son las únicas herramientas de las que realmente dispone la Unión Europeaa corto y medio plazo".

miércoles, 25 de mayo de 2011

El dilema del régimen sirio

La situación en Siria sigue deteriorándose. El régimen parece haber decidido luchar hasta el final y seguir el modelo de Gadafi, consciente de la división de la comunidad internacional y de las escasas posibilidades de que la revuelta tenga éxito por sí sola. El profesor Ignacio Gutiérrez de Terán publica este artículo "El irresoluble dilema del régimen sirio" en la web de Rebelión.

"El régimen de Damasco se está quedando sin tiempo: la lucha desenfrenada para convencer a buena parte de la población de que está dispuesta a cambiar su estrategia tradicional basada en la represión y el control absolutos se está resintiendo de la necedad de la opción militar a ultranza, la chabacana estrategia informativa y la contumacia de pensar que los sirios son imbéciles. Aun hoy, dos meses y pico después del inicio de las primeras protestas, el gobierno y la prensa de Damasco, con sus aliados regionales libaneses e iraníes repitiendo la señal, insisten en imputar la autoría de los "desórdenes" a una constelación de individuos, colectivos y oscuros intereses –la inevitable conspiración, vaya- que no tienen ningún interés en que se verifiquen las reformas propuestas por el presidente Bashar al-Asad. Todo para obviar y soslayar que, con independencia de que pudiera haber intereses extraños tratando de sacar tajada de las protestas, cosa que no negamos, una parte considerable de la población exige hoy lo que han callado durante décadas: dignidad, respeto y libertad. Pero, como no podía ser de otra manera conociendo la corrupción moral e institucional de este régimen mentiroso, criminal y cínico, la familia de los Asad ha elegido la amalgama de confusión, tremendismo y mano dura que vimos ya plenamente desarrollada en las otras grandes revueltas árabes, las que consiguieron deponer a sus déspotas como la tunecina y la egipcia –otro cantar será cuándo lograrán depurar sus regímenes-.

Hay un elemento de gran importancia, ausente por desgracia en los cálculos de numerosos sectores regionales e internacionales propensos a evaluar la crisis siria desde presupuestos geoestratégicos e imperativos ideológicos teóricos: la percepción particular de una porción considerable de ciudadanos sirios. A éstos, al igual que a los egipcios, los tunecinos, los libios, los saudíes, los jordanos, los omaníes y así con todos los árabes, les importa mucho la relación de estrategias de sus países con el entorno regional y sobre todo su encaje en el contexto de la perspectiva internacional de Estados Unidos, la única gran potencia en la actualidad. Y a los sirios, por supuesto, les interesa mucho cómo y cuánto haya de influir la naturaleza de sus sistema político en el ámbito de la lucha contra el proyecto predador del régimen de Tel Aviv. Pero ahora y por encima de todo cuenta derribar o al menos reformar de forma sustantiva un poder absolutista y venal basado en la humillación diaria del individuo, la arbitrariedad y el control absoulto de cuanto se dice, hace o piensa. Y, desde luego, hablar con ligereza de conspiraciones y manipulaciones desde el exterior sin dignarse en destacar la impronta retrógrada y convicta de este régimen –el origen primero del problema- supone un nuevo insulto para el pueblo de Siria.

Pero ni los dirigentes de Damasco ni sus voceros mediáticos atienden a razones: saben que el futuro de una concepción clánica del poder está en juego. Lo que empezó, a principios de marzo, como un goteo intermitente de concentraciones aquí y marchas furtivas allí, ha terminado derivando en un estado de convulsión permanente en numerosos pueblos y ciudades del país, desde la por desgracia, hoy, celebérrima Deraa en el sur hasta al-Qamishle en el norte. Sólo la intrascendencia de los movimientos de protesta en las dos urbes principales, Damasco y Alepo, ha impedido la eclosión de una auténtica revuelta nacional. Falta saber por cuánto tiempo: la ciudad universitaria de Alepo ha registrado ya varias marchas estudiantiles y en la capital hemos visto algaradas en algunos barrios céntricos o de gran relevancia por su composición confesional y étnica como Rukn al-Din, con un porcentaje alto de residentes de origen kurdo. No son significativas, aún, pero en comparación con lo que había hace dos meses, o uno, comienzan a ser preocupantes para los servicios de seguridad sirios, los cuales, desde el principio hasta el final, son quienes rigen los destinos del país. Sin duda, la propaganda infantil de los medios de comunicación oficiales, los únicos acreditados para informar desde el interior debido al apagón mediático impuesto por Damasco, ha contribuido a encender los ánimos de los manifestantes [...].

Este optimismo oficial, reforzado por las famosas declaraciones de Bashar al-Asad al Wall Street Journal (31-01-2011), se resumía en el siguiente axioma: cierto, tenemos un "déficit" de libertades individuales y colectivas, pero a diferencia de otros regímenes árabes no democráticos nuestra política exterior es consecuente con los sentimientos de una población opuesta a la agresiva política exterior de EE.UU. y el expansionismo sionista [...]. 
Aun hoy, a finales de mayo, se sigue diciendo a los sirios que todo es obra de milicias armadas; y que si hay manifestaciones, acaso, se trata de concentraciones muy reducidas. Hay tal desfase entre lo que se cuenta en estos medios patrióticos y lo que exponen las cadenas llamadas panárabes, nutridas de las imágenes colgadas por manifestantes en internet, que las acusaciones de manipulación y propaganda entre unas y otras se han convertido en norma. No hay duda de la tendencia manipuladora y populista de las grandes cadenas árabes. Pero el hecho de que según pasan los días el número de personas y localidades que se suman a la revuelta vaya en aumento muestra la indignación popular ante la brutalidad del régimen y las mentiras de su prensa. Las noticias vuelan como se dice, la gente transmite los datos y las evidencias y, como todos conocen el carácter violento de sus servicios de seguridad, no hay mucho de qué dudar [...]. 
El sistema político sirio, forjado en torno a la extensa familia de los Asad, la cúpula empresarial y mercantil de Damasco y Alepo y los militares y responsables de la inteligencia se basa en el miedo y la fuerza. A pesar de su pretendida armadura laica, el régimen ha jugado también la baza de la legitimidad religiosa apoyando a las jerarquías de ulemas y doctores musulmanes sunníes y fomentando, de rechazo, la aparición de tendencias salafistas que son, según la retórica oficial, quienes están dirigiendo los sabotajes. Ya en tiempos del fundador de la dinastía, Hafez al-Asad, hubo que poner coto a los afanes laicistas de su hermano, Rifaat al-Asad, hoy reconvertido con su parte del clan en opositor patético y absurdo, empeñado en quitar el velo a las mujeres que transitaban por Damasco. Más recientemente, la zanahoria a los alfaquíes oficiales, estamento pseudoeclesiástico por lo común consignado a defender y legitimar a los gobiernos dictatoriales desde el Egipto de Mubarak a la Arabia de los Saúd, se ha traducido en la anulación de la prohibición que impedía a las profesoras veladas impartir clase en las escuelas [...]".

Israel contempla con pavor el desarrollo de los acontecimientos en Siria: bastante tiene ya con la caída de Mubarak, la reconciliación entre Hamás y Fatah y las corrientes reformistas en Jordania. Los Asad han sido durante décadas un enemigo más folclórico y radiofónico que otra cosa, fácilmente domeñable cuando así lo ha requerido la ocasión".

martes, 24 de mayo de 2011

La nakba según Pappe

La pasada semana se celebró el anivesario de la nakba. Desde hace 63 años, los casi cinco millones de refugiados palestinos esperan la aplicación de la resolución 194, que llama al retorno e indemnización de los refugiados que fueron expulsados de sus hogares por las fuerzas militares israelíes. El año pasado, el historiador israelí Ilan Pappe publicó este artículo que ahora recuperamos titulado "Nakba 2010" en el diario El Pais.

"A medida que pasan los años resulta cada vez más evidente que el mayor desafío al que debemos enfrentarnos es el triste hecho de que la Nakbah no ha terminado. Y cuando digo "debemos" me refiero a todos aquellos que individualmente o como miembros de algún colectivo hemos aceptado la responsabilidad de mostrar al mundo nuestra solidaridad con el pueblo palestino y nuestra determinación de poner fin a su opresión. De explicar y presentar la catástrofe de 1948 como un proyecto de desposesión de todo un pueblo que no ha terminado todavía y que si no hacemos algo para detenerlo -cosa que aún no hemos logrado- alcanzará, ineludiblemente, sus últimas y siniestras metas.

En la aldea de Tantura las fuerzas israelíes asesinaron a 200 hombres de entre 13 y 30 años. La demolición hoy de hogares palestinos en Jerusalén prosigue las destrucciones de 1948. Recientemente hemos sido testigos de un cambio de actitud en algunos países occidentales, incluyendo a los Estados Unidos. No obstante, ninguna de las élites emergentes parece tener el mínimo interés en enfrentarse a Israel o a sus atroces políticas. Sin embargo, y a diferencia de sus gobernantes, la opinión pública de estos mismos países ha dado muestras de comprender mucho mejor la situación y de estar dispuesta, además, a enfrentarse a ella.

Ahora bien, nada de esto es suficiente cuando los principales medios de comunicación continúan considerando, en el mejor de los casos, la Nakbah como una simple disputa iniciada allá por 1967 entre dos contendientes iguales y, en el peor, como un problema menor que conviene delimitar evitando en todo caso que vaya a más, pero sin ninguna intención de resolverlo.

Hay que reconocer que nuestra tarea no resulta fácil debido, principalmente, al extraordinario éxito que obtuvieron en su día las maniobras de desposesión llevadas a cabo por el Estado de Israel al ocupar el 80% de la tierra palestina consiguiendo expulsar, de esta forma, a más de la mitad de la población autóctona. Gracias a la magnitud de estas drásticas operaciones, sus responsables pueden hoy permitirse -e implementar- toda clase de políticas genocidas con el único objetivo de dar fin a la limpieza étnica, sustituyendo así a la población palestina eliminada durante los días de la Nakbah.

Es por eso por lo que debemos, y podemos, encontrar la manera más efectiva de hacer entender al mundo la relación existente entre la destrucción en 1948 de 531 pueblos y 11 ciudades y la demolición en 2010 de las casas palestinas de Jerusalén, cuyos propietarios, en buen número, fueron seguramente en su día víctimas también de la limpieza étnica perpetrada por Israel en 1948.

Quizá para convencer a los lectores de lo que en verdad sucedió sería bueno explicar brevemente la destrucción de 64 de esas 531 aldeas y cómo se desarrolló el drama que condujo a la casi completa aniquilación de la Palestina rural. Estas aldeas se encontraban en el área situada entre las ciudades costeras de Tel Aviv y Haifa. Una de las brigadas de la Haganá, la Alexandroni, se encargaba de la misión de judaizar esta parte de Palestina. Desde finales de abril hasta finales de julio de 1948, en casi todas las aldeas se repetiría la misma lúgubre escena.

Soldados israelíes armados rodeaban la aldea por tres lados y obligaban a huir a la población por el otro. En muchos casos, si las gentes se negaban a abandonar la aldea, los llevaban a la fuerza en camiones hasta Cisjordania. En algunas de estas aldeas había voluntarios árabes que se resistían, así que cuando las tropas tomaban la aldea la destruían inmediatamente con explosivos.

El 14 de mayo, el día en que se declaró el Estado judío, ya habían desaparecido 58 aldeas. Quedaban seis. Tres de ellas, Jaba', Ijzim y Ein Ghazal, serían arrasadas en julio. Dos, Fureidis y Jisr al-Zarqa, a unos 35 kilómetros al sur de Haifa, siguen todavía en pie. Ambas proporcionan mano de obra barata a los viejos asentamientos judíos de Zichron Yaacov y Binyamina, y por eso se salvaron.

Tantura, la más grande de las citadas seis aldeas restantes, quedó en medio de territorio judío, como "una espina en la garganta", en palabras de la historia oficial de la guerra de la brigada Alexandroni. El 23 de mayo le llegaría su turno. Oficiales de la inteligencia judía ofrecieron a dos o tres notables, incluido el mukhtar (el alcalde), ciertas condiciones para que se rindiese. Esas condiciones fueron rechazadas sospechando, al parecer con razón, que una rendición sería sólo el paso previo antes de la expulsión. La noche del 22 de mayo atacaron el lugar por cuatro lados. Buena parte de la población quedó en manos de la fuerza ocupante. Después, los cautivos fueron trasladados a la playa. Allí se separó a los hombres de las mujeres y los niños, a los que se obligó a marchar hasta la cercana Fureidis; algunas familias lograron reunirse 18 meses después. La brigada Alexandroni y otras fuerzas judías asesinaron a 200 hombres entre los 13 y los 30 años. Sólo la venganza, así como el deseo consciente de matar a varones en edad de combatir, explican los motivos de esta masacre.

En Galilea y el Neguev, así como en la llanura costera, otras brigadas israelíes utilizaron estrategias similares para judaizar el nuevo Estado. El sistema consistía, primero, en aterrorizar a la población, ejecutar a unos cuantos para inducir a otros a abandonar el lugar y pedir entonces a un comité oficial que valorase la tierra y las propiedades de las aldeas o de los barrios desiertos.

De manera que sí, es esencial que encontremos la forma de explicar a las buenas gentes de este mundo que la ideología que respaldó en 1948 la masacre de miles de palestinos inocentes es la misma que justificaría años después (enero de 2009) la matanza de 1.400 palestinos en Gaza [...]".

Algunos de los libros de Ilan Pappe han sido traducidos español, entre ellos Los demonios de la  nakba (Bósforo). En este enlace puede leerse, en versión pdf, el prólogo a la edición española.

lunes, 23 de mayo de 2011

El martirio de Tel Kallah

Hace unos días Mónica Prieto, corresponsal del diario El Mundo en Oriente Medio, escribía en su blog esta crónica titulada El martirio de Tall Kallah sobre la persecución de los sirios que tratan de refugiarse en Líbano para huir de la represión del régimen asadista.

"El hombre necesitó beber dos vasos completos de agua antes de poder comenzar a hablar. Temblaba y se mesaba las mejillas mientras recorría con la vista la sencilla estancia, el recibidor de la casa del sheikh de Bouqaya, donde se encontraba. Muros pelados, cojines en el suelo, una enorme alfombra y un sencillo masbah colgado de una pared. Sus ojos miraban pero no veían. Apenas había llegado media hora antes tras nueve horas de marcha, reptando entre carros de combate, escondiendo su corpulencia tras los árboles, ocultándose de los checkpoints de aldeanos y shabiha a la caza de civiles. Nueve horas de huída con un cóctel de imágenes en la cabeza: su mujer y sus cinco hijos pidiéndole comida, dos mezquitas reducidas a escombros por la artillería pesada, cadáveres en las calles. Y sobre todas ellas, el cuerpo de una mujer sin vida agarrada a un niño de pecho, igualmente muerto.

“No sé cuánto tiempo llevaba ahí muerta, pero su bebé era tan pequeño…”, se lamenta mirando al suelo. Ordenar el relato de las horas más largas de su vida le lleva su tiempo. “Desde que llegaron los tanques y los shabiha a Tall Kallah la situación no era fácil, pero al menos podía salir de vez en cuando a buscar comida. Aprendí rápido a esquivar a los francotiradores. Pero hace tres días comenzaron a bombardear con los carros de combate”, se obliga a rememorar. “Parecía que el objetivo era provocar el mayor número de bajas posible. Así que empezaron por atacar las mezquitas y la iglesia, donde se había refugiado la gente pensando que allí estarían a salvo”.
Su fe no les salvó a juzgar por el relato de nuestro prófugo sirio, que el martes dedicaba sus primeros minutos de relativa libertad para explicar a Periodismo Humano su odisea y la de su ciudad natal, Tall Kallah, a apenas cinco kilómetros de el Líbano. La última ciudad mártir de una larga lista de localidades sirias víctimas del desesperado intento del dictador de permanecer en el poder. Cercada desde hace 15 días, militarmente ocupada desde hace seis, bombardeada desde hace tres: toda una población rehén de los delirios del régimen. No hay electricidad, agua ni comunicaciones. Apenas se encuentra comida, y la única panadería que seguía horneando ha sido atacada según la decena de vecinos consultados, una muestra de los 5.000 sirios que se estima han encontrado refugio en la región libanesa de Wadi Khaled en los últimos días huyendo de su propio Ejército. Pero es difícil encontrar una historia tan peculiar como la del hombre que inicia este relato, quien acaba de cambiar sus ropas embarradas por el chandal limpio y oscuro que le ha cedido el sheikh Alobied, erigido en improvisado portavoz de Bouqaya y primer anfitrión de todo sirio que atraviesa la precaria frontera.

“Desde que los tanques comenzaron a disparar mi mujer y yo nos encerramos en nuestra casa, en el barrio de Hai al Burj, con nuestros cinco hijos. Las mezquitas de Al Omar y Al Azman están muy cerca. Durante dos días no me atreví a salir, pero mi hijo pequeño lloraba de hambre. Así que el lunes me aventuré a la calle sobre las tres de la mañana, con la intención de pedir comida a los vecinos. Caminé mucho sin éxito: cuando intenté volver, estaban bombardeando nuestro barrio. No había manera de volver a entrar. Y decidí huir”.

Es probable que nuestro hombre se considerase un estorbo para su familia. En el caso de que los shabiha llamen a su puerta es muy probable que sea detenido y que desaparezca sin más. Por el motivo que fuera, emprendió una huida que se le ha quedado grabada de forma indeleble. “Allá por donde mirase había cuerpos tirados, algunos en estado de descomposición. Era gente que había tratado de escapar y había sido abatida por la artillería o por los francotiradores. Esa pobre mujer con su hijo… No vi menos de 50 cadáveres. No tuve valor de acercarme por si les reconocía”, asegura.

Se deslizó entre las calles hasta llegar a la periferia de la ciudad. Afirma que allí los tanques mantenían una separación de 20 metros. Se tiró al suelo y reptó entre dos de ellos rezando porque nadie se apercibiese de su presencia. Y lo logró. Se fundió con la montaña y anduvo sin mirar atrás. Varias veces se tuvo que perder y varias volvió a reencontrar el camino para haber empleado nueve horas en atravesar la frontera. Pero ayer, cuando desplomaba su cuerpo en el recibidor del sheikh, daba la impresión de no creer en su mera supervivencia.

El martirio de Tall Kallah está siendo tan cruento como el de sus predecesoras. “No creíamos lo que decían que pasaba en Banias, en Daraa o en Homs hasta que no nos tocó el turno a nosotros“, admitía Hamza, un joven de unos 28 años, unas casas más allá. El relato de los refugiados de Tall Kallah coincide en lo básico. Un centenar de carros de combate rodea la ciudad, de unos 70.000 habitantes, desde hace dos semanas pero sólo el pasado domingo comenzaron a descargar sus salvas de artillería contra la ciudad. Los shabiha -las milicias progubernamentales, compuestas por delicuentes a sueldo del régimen- que al principio estaban a las afueras tomaron hace seis días el control. “Ahora son omnipresentes“, ruge otro vecino, que llegó al Líbano tras un largo camino a pie el lunes por la noche. “Van casa por casa. A los hombres les detienen, violan a las mujeres y roban todo lo que encuentran de valor”, continúa. No hay forma de comprobar tales acusaciones, pero un abogado de Derechos Humanos confirmaba ayer a Al Jazeera que se han recuperado 27 cadáveres".

viernes, 20 de mayo de 2011

Obama decepciona de nuevo

El esperado discurso de Obama sobre Oriente Medio ha quedado en agua de borrajas, por lo menos en lo que se refiere a la cuestión palestina. Aparte de su referencia a la necesidad de establecer un Estado palestino sobre las fronteras de 1967 (con los retoques mutuamente pactados), nada nuevo bajo el sol. Muchas referencias a las revoluciones árabes y a la necesidad de respaldarlas, pero poco sobre el proceso de paz israelo-palestino que languidece desde hace años sin que se vislumbre el camino que lleve a la independencia palestina.
President Obama responds to reporters’ questions during a news conference in the East Room of the White House on Friday.
La frase  más relevante fue, sin duda, la siguiente: "Las fronteras de Israel y Palestina deben basarse en las líneas de 1967" con "intercambios acordados mutuamente". Si bien es cierto que el llamamiento al retorno a las fronteras de 1967 es positivo, también lo es que los negociadores palestinos e israelíes habían trabajado con esas premisas desde hace años. Lo mismo puede decirse del intercambio de territorios de manera recíproca (planteado por primera vez por en los Parámetros de Clinton en diciembre de 2000 tras el fracaso de Camp David). Quizás lo más importante sea que Obama, una vez más, ha hecho oídos sordos de las presiones israelíes para que asuma los compromisos que George W. Bush asumiera ante Ariel Sharon: anexión de los principales bloques de asentamientos y unidad de Jerusalén (que no podría ser dividida entre dos Estados).

La decepción viene de que se esperaba mucho más de este discurso. Obama ha dicho que "el statu quo es insostenible" y que las partes deben "actuar". Eso sí: no ha aclarado cómo piensa actuar EEUU. ¿Presionará a Israel de una vez por todas para que interrumpa la colonización y se retire de los territorios ocupados? No parece que esas sean sus prioridades. Es más: Obama ha lanzado un duro mensaje a los palestinos para que no proclamen unilateralmente su independencia en la ONU el próximo mes de septiembre y, como cabía esperar, ha mostrado sus reticencias ante el acuerdo de reconciliación  entre Fatah y Hamas. El mensaje está claro: los palestinos tendrán que seguir esperando indefinidamente a la llegada de un Mandela israelí mientras sus tierras siguen menguando.

jueves, 19 de mayo de 2011

Punto de inflexión en Siria

El Observatorio Electoral del TEIM publica hoy un análisis de Daniel Marx titulado "Siria: ¿un punto de inflexión en la primavera árabe?". Aunque discrepo en algunas de sus argumentaciones (demasiado rotundas y poco matizadas), hace un buen repaso de lo ocurrido en estos dos últimos meses en Siria.

"Los sucesos en Siria están en un punto de inflexión. Tras oscilar durante semanas entre reformas y represión, en la última quincena el presidente Bachar el Asad ha tomado medidas de extrema ferocidad contra las protestas antigubernamentales. El 25 de abril, cuando entraron los primeros tanques y el ejército tomó el control de Deraa, donde las protestas comenzaron seis semanas antes, quedó patente que Bachar había tomado una decisión definitiva. En lugar de seguir a Hosni Mubarak, quien trató demasiado poco y demasiado tarde de aplacar a los protestantes egipcios, el presidente sirio ha tomado ejemplo de Muamar el Gadafi, desatando toda la fuerza de su aparato de seguridad contra su población. Mientras el número de muertos se dispara y la condena internacional se intensifica, la imagen de Bachar como un reformista precavido ha estallado definitivamente¿Ganará el régimen sirio su lucha por la supervivencia? ¿Cuáles son las implicaciones de los disturbios sirios para la región? [...] ¿Podría haberse detenido la Primavera Árabe en Siria?

Los disturbios en Siria comenzaron a mediados de marzo en la ciudad de Deraa, cerca de la frontera jordana, cuando las autoridades locales detuvieron y trasladaron a Damasco a quince adolescentes quienes, inspirados por los acontecimientos de Túnez y Egipto, pintaron grafitis contra el régimen en un muro. Surgieron protestas en la ciudad, pero en cualquier otro momento las cosas no se habrían precipitado por sí solas. En realidad, la propia Deraa fue un lugar inverosímil para una revolución. Lejos de ser una de las regiones más marginadas de Siria, es más desarrollada que la zona de la frontera oriental y mucho más acomodada que el noreste, atacado por una sequía. Pero bajo el efecto de la ola de revoluciones árabes, esta diminuta chispa acabó encendiendo un polvorín.

Como la mayoría del mundo árabe, la mitad de la población siria tiene menos de treinta años, la corrupción y el clientelismo son endémicos, la repentina liberalización de la economía ha permitido a unos pocos enriquecerse muy rápidamente, y las libertades políticas son casi nulas. Con estos motivos de descontento, no fue una sorpresa que las protestas se extendieran geográficamente, primero a Latakia y a Banias, antes de alcanzar a finales de marzo Homs y luego extenderse por todo el país, especialmente a las ciudades rurales y los barrios periféricos de las grandes ciudades.

Desde que el levantamiento tunecino culminó en enero, el régimen se había preparado. El día siguiente a la caída de Ben Alí, Bachar el Asad reunió a los jefes de sus múltiples fuerzas de seguridad (al igual que muchos oficiales de su difunto padre), junto con los líderes de todas las organizaciones afiliadas con el partido Baaz para elaborar un plan de emergencia. De esta forma, cuando al final comenzaron los disturbios, el régimen respondió con fuerza: el mujabarat disparó contra los protestantes en Deraa. Pero al hacerlo, el régimen sólo agravó su problema, poniendo en marcha un círculo vicioso en el cual la violenta represión de protestas pequeñas sólo engendraba protestas más multitudinarias y más radicales [...].

Pero la respuesta del régimen sirio, como suele ser el caso, no ha sido todo amenazas y nada de incentivos. Como otros muchos regímenes autoritarios, Damasco tiene una larga tradición de disparar con una mano, mientras tiende la otra [...]. El anuncio de Shaaban fue el comienzo de un inepto y confuso revoltijo de respuestas oficiales a menudo contradictorias. Sin duda este fue en parte el reflejo de la confusión del propio Bachar, quien veía cómo su inclinación por las reformas chocaba con las necesidades de la realpolitik. El 30 de abril, el Asad dio ante el parlamento un discurso muy esperado que causó una enorme desazón.

En lugar de reconocer errores o los verdaderos problemas socioeconómicos y políticos del país, y trazar una hoja de ruta para corregirlos, el discurso fue triunfalista, defraudando las esperanzas de los protestantes. Aunque exigió la dimisión de su gobierno y nombró uno nuevo, y más tarde, el 16 de abril, dio otro discurso más audaz, anunciando reformas adicionales y la supresión de la Ley de Emergencia, por entonces ya fue demasiado poco, demasiado tarde. El régimen había quedado detrás de las reivindicaciones de los protestantes, quienes ya se habían aglutinado en torno a la idea de que Bachar debía marcharse [...].

La reacción internacional a los sucesos en Siria ha sido muy distinta a la de los levantamientos en Túnez, Egipto o Libia. La explicación de la moderación y prudencia de la comunidad internacional se asienta en motivos de dos categorías: internos y diplomáticos. En el plano interno, aunque el régimen sirio no es del agrado de muchos gobiernos tanto a nivel regional como internacional, los alternativos podrían ser considerablemente peores si el floreciente equilibrio religioso del país fuera perturbado. En efecto, las minorías chiíta, cristiana, kurda y drusa probablemente prefieren vivir bajo la actual dictadura alauita, que enfrentarse a la incógnita de un gobierno controlado por la mayoría sunita".

miércoles, 18 de mayo de 2011

Carta abierta a la Liga Árabe

The Damascus Center for Human Rights Studies ha enviado una carta abierta, que cuenta con el respaldo de un centenar de organizaciones de la sociedad civil árabe, al Secretario General de la Liga Árabe para que condene la sistemática violación de los derechos humanos cometida por las fuerzas de seguridad y respalde las peticiones de libertad y democracia de la población siria. A continuación algunos de sus extractos:


"La 'primavera árabe' en Egipto y Túnez ha demostrado al mundo que las demandas de la libertad y democracia ya no pueden ser silenciados por las balas. Sin embargo, los líderes árabes en Siria, Bahrein y Yemen siguen respondiendo a los llamamientos para la reforma mediante el uso de la fuerza brutal y las armas contra civiles desarmados. Tememos que la credibilidad de la Liga de Estados Árabes y la fuerza del liderazgo que ha demostrado en otras ocasiones sea irreparablemente dañada a menos que la Liga condene y exija un fin inmediato de la violencia dondequiera que se dé.

Desde el 15 de marzo de 2011, más de 800 manifestantes pacíficos han sido asesinados y 9.000 detenidos en 16 ciudades de Siria. La falta de agua corriente y electricidad en ciudades como Deraa y Homs han dejado a civiles inocentes, entre ellos muchas mujeres y niños, sin los servicios básicos esenciales. La situación humanitaria está empeorando día a día. A medida que aumenta el sufrimiento, las comunicaciones bloqueo informativo impuesto desde el 22 de abril sigue impidiendo al pueblo sirio pedir ayuda.
 
El viernes 29 de abril el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, reunido en Ginebra, emitió una resolución que condena inequívocamente el uso de la fuerza letal contra manifestantes y pidió a la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos el envío inmediato a Siria de una misión para investigar todas las violaciones contra los derechos humanos cometidas con el fin de evitar la impunidad y garantizar la plena rendición de cuentas del régimen sirio. Una semana más tarde, el uso de la fuerza militar y la artillería contra los civiles, los castigos colectivos y detenciones arbitrarias a gran escala y la detención en Siria continúan.

Nos congratulamos de la posición de la Liga Árabe destinada a evitar las atrocidades masivas en Libia. Ahora llamamos a la Liga de Estados Árabes a que sea coherente para hacer frente a la situación en Siria. Miembros de las NNUU de todo el mundo han dejado claro que la situación en Siria es inaceptable. Instamos a la Liga Árabe a que no quede aislada por su silencio".

martes, 17 de mayo de 2011

La Siria post-Bashar

Me gustó mucho la reflexión de Joshua Landis, profesor de la University of Oklahoma y responsable del blog Syria Comment, sobre el punto muerto al que ha llegado la situación en Siria. El artículo lo titulaba What Will a Post Assad Syria Look Like? A continuación algunos de sus párrafos traducidos al español:

"Soy pesimista sobre el futuro de Siria porque el régimen va a luchar hasta el final. La oposición siria ha tenido éxito a la hora de establecer una cultura de resistencia que se ha extendido por el país y que no será eliminada fácilmente. Incluso si las manifestaciones pudieran sofocarse, la oposición no será derrotada. La juventud siria, duramente mucho tiempo apolítica y apática, se ha politizado, movilizado y apasionado. A pesar de ello, la oposición sigue dividida y sin liderazgo, lo que representa un gran peligro para una Siria post-Asad.
Es difícil imaginar un aterrizaje suave para el régimen o para el pueblo. También es difícil imaginar que el régimen se colapse económicamente y sea incapaz de pagar los salarios, lo que llevaría a una mayor deserción social y una posible división de las Fuerzas Armadas, como sucedió en el Líbano y Libia. Si el ejército se divide, ambas partes tienen la suficiente capacidad para hacerse verdadero daño y una gran parte de Siria podría caer fuera del control del Estado. Las regiones sin diversidad sectaria podrían permanecer relativamente tranquilas y estables por un tiempo si hay una dirección política que llene el vacío. En las otras, las partes enfrentadas podrían crear sus propias milicias como ocurrió en Irak y el Líbano.

Ninguna potencia extranjera se sentirá obligada a intervenir para proteger al pueblo o detener la lucha, porque nadie será responsable de la pérdida de Siria. Siria es un huerfano político hoy en día (...).

La gran debilidad de Siria es su falta de unidad. Esta es la razón por la que la familia al-Asad, ha sido capaz de gobernar durante tanto tiempo. Hafez al-Asad trajo la estabilidad a Siria después de 20 años de golpes de estado y caos político volviendo a emplear las lealtades tradicionales. Puso fin a la república bananera al encomendar a su hermano Rifaat que protegiera la Presidencia y al emplear las lealtades tribales y sectarias para neutralizar los golpes de estado contra el régimen. Fieles alauíes fueron reclutados cuidadosamente para todas las posiciones sensibles en los mujabarat y el ejército. La élite suní agradeció la estabilidad y fue promovida a través de la utilización astuta de la corrupción y el clientelismo (...).

lunes, 16 de mayo de 2011

Marruecos: un país más del Golfo

Hace unos días, el Consejo de Cooperación del Golfo sorprendió a propios y extraños al ofrecer a Marruecos la posibilidad de incorporarse al Consejo. Esta decisión, sorprendete en términos geopolíticos, dado que Marruecos tiene salida al mar Mediterráneo y al Atlántico, pero no al Golfo Pérsico se inscribe en la necesidad de las monarquías de hacer un frente común ante las revoluciones populares árabes.

El boletín del servicio de traducción Al-Fanar traduce el artículo de opinión "El error del Golfo al ampliar el CCG con Jordania y Marruecos" de Satea Nureddine.
 "Si no nos equivocamos, la decisión del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) de invitar a Jordania y Marruecos a incorporarse a su Consejo será una de sus decisiones políticas más extrañas y polémicas, y provocará muchos interrogantes sobre el trasfondo de este paso dado por un bloque regional del que solo destaca su carácter tradicional conservador que le ha concedido una larga vida, una buena conciencia y mucha envidia.
La primera impresión que deja esta asombrosa decisión es la de que los regímenes monárquicos árabes han considerado que ya es hora de formar un bloque para hacer frente a las revoluciones populares que invaden todo el mundo árabe, a excepción de las monarquías o los emiratos, y también para actuar como un frente unido ante las amenazas iraníes que están llegando realmente a las puertas orientales del mundo árabe, pero que nunca llegarán a la puerta occidental, aunque Rabat anunciara hace unos años que había abortado un intento de irrupción chií en el reino marroquí.
No hay nada de lo que extrañarse en la invitación del reino jordano al club del Golfo porque este país siempre ha sido el séptimo miembro no declarado con el que se contaba en muchos asuntos políticos, militares y de seguridad. La exclusión de Jordania del consejo constituido en 1981 fue un error que hirió al rey de Jordania, Husein Ben Talal, quien intentó después vengarse durante la invasión de Kuwait por Iraq en 1990.
Saltar de una vez a Marruecos carece de toda lógica. Si el motivo es la naturaleza del gobierno, la monarquía no es algo exclusivo de los monárquicos. En el mundo árabe hay repúblicas hereditarias más monárquicas que las propias monarquías y los emiratos familiares. Si el motivo de la ampliación del CCG hasta las orillas del Atlántico es proteger el trono marroquí, imaginamos que este paso del Golfo no frenará el proyecto de reformas planteado por el rey Mohamed VI, y considerado hasta la fecha el proyecto de reformas árabe más desarrollado y atrevido. Tal vez este paso pueda poner en situación crítica a su trono y constituir una provocación a su pueblo, algo que explica su rechazo a esta iniciativa.
La sabiduría del Golfo siempre ha abogado y aboga por que el salto fuera menos amplio; allí cerca está Yemen que estuvo llamando a la puerta del CCG desde su creación sin recibir ninguna respuesta hasta dejar de ser un jardín pobre del Golfo para convertirse en un centro de amenazas a la seguridad interna de los seis países miembros y en un exportador del terrorismo a todo el mundo árabe e islámico, amén de la posterior revolución popular que obligó a los países del Golfo a reconocer su programa que contempla derrocar el régimen del presidente yemení, Abdalá Saleh, y construir un gobierno democrático, teóricamente más progresista que todos los regímenes del Golfo.
La inteligencia del Golfo siempre ha abogado y aboga por que el salto fuera una apuesta valiente hacia Iraq que ahora sí está en manos de Irán bajo el pretexto de la simpatía perdida entre los líderes del CCG y su primer ministro actual, Nuri Maliki, aunque cabe destacar que su mayoría chií no está ni a favor del régimen ni con la hegemonía iraní, ya que no puede separarse de su entorno árabe, cualesquiera que sean las dificultades. Seguro que hay un error en la decisión del Golfo".

jueves, 12 de mayo de 2011

Revolución bajo ocupación en Iraq

La página de Iraq Solidaridad publica este artículo de Zainab Saleh, investigador del Centro de Estudios de Oriente Próximo en la Universidad de Berkeley, titulado "Revolución bajo ocupación: el levantamiento popular iraquí de 2011". Indispensable para conocer más de la invisible revuelta popular iraquí.

"En su cobertura de las protestas en Iraq, la revista The Economist publicó un artículo titulado “Ni siquiera una democracia resulta inmune”. El artículo describe Iraq como un país que disfruta de un gobierno electo, pero que a pesar de ello las manifestaciones se generalizan por la incapacidad del gobierno para proveer los servicios básicos. Este artículo no es más que el reflejo de cómo se cubre la información sobre la situación iraquí en los periódicos generalistas. Cuando los medios de comunicación cubren las manifestaciones en Iraq éstas solo se muestran como reivindicaciones contra la incapacidad del gobierno para proveer electricidad, seguridad y servicios a la ciudadanía. Esta imagen deforma la verdad esencial de lo que está ocurriendo en Iraq y sus protestas. Las exigencias imperativas de los iraquíes son la retirada inmediata de las tropas estadounidenses de ocupación de Iraq y que caiga el régimen basado en cuotas sectarias.

El discurso de The Economist defendiendo la existencia de democracia en Iraq es coherente con la cobertura informativa que realiza esa revista sobre Oriente Próximo, la cual refleja el discurso predominante de instaurar la democracia que defendieron y defienden los gobiernos estadounidenses como argumento para la invasión y su permanencia en Iraq. También según The Economist, desde 2003 Iraq tiene democracia y, es más, es un caso excepcional en la región, pues las manifestaciones y protestas de los iraquíes ¡son una expresión de esta democracia!

El discurso de la democracia omite la existencia de tropas ocupantes extranjeras en Iraq durante los últimos ocho años, con todo lo que ello ha supuesto de número de muertes y terrorismo contra civiles, además del latrocinio y el saqueo del país. Por todo esto, la situación de Iraq es distinta a la del resto de la zona. Iraq es un país ocupado desde hace ocho años, años precedidos de décadas de dictadura, guerras y un embargo impuesto Naciones Unidas al dictado de Estados Unidos y Reino Unido.

Este discurso de que en Iraq hay un régimen democrático y el hecho de que no se mencione la ocupación exculpa al gobierno estadounidense de toda responsabilidad sobre la destrucción de Iraq, al tiempo que considera que vivir bajo ocupación es un hecho normal que ni siquiera merece ser mencionado.

Tras las protestas en Egipto que acabaron con el presidente Hosni Mubarak, comenzaron las convocatorias de manifestaciones en distintas ciudades iraquíes. El día 25 de febrero se convirtió en “El día de la rabia iraquí” y la plaza Tahrir de Bagdad en su punto neurálgico, el lugar donde se producen concentraciones y protestas a diario.

Estas protestas han aumentado la distancia entre el pueblo iraquí y su gobierno, así como su determinación de llevar a cabo una revolución contra un régimen corrupto (tanto en el Kurdistán iraquí como en el resto del país) que pretende que las tropas estadounidenses permanezcan en el país. Poca gente esperaba en un principio que la gente saliera a la calle a manifestarse, al igual que hiciera el pueblo egipcio y el tunecino. El origen de esta impresión negativa de que en Iraq es imposible desarrollar ningún tipo de trabajo político de masas está en la falta de confianza en que los iraquíes sean capaces de crear un espacio público conjunto dada la situación actual de reparto étnico-confesional, del control de las ciudades por parte de las milicias y de los partidos confesionales y la sectarización del proceso político.
                                 
Iraq, escenario de una disputa entre potencias
Las revoluciones árabes de Egipto y Túnez han sido espontáneas y en su comienzo no hubo ninguna fuerza exterior involucrada. Al principio, por ejemplo, los egipcios se enfrentaron simplemente al régimen egipcio hasta que entró en escena una contrarrevolución liderada por Estados Unidos y Arabia Saudí. Esta situación no es la que han vivido los iraquíes. El punto de partida de los iraquíes ha sido complicado pues se hallan en el núcleo de una partida política internacional. Iraq es escenario de una disputa entre distintas potencias, pero sobre todo entre Estados Unidos, Irán y Arabia Saudí. De ahí que el levantamiento popular iraquí haya tenido que hacer frente desde el principio a los “intereses internacionales”.
Tras la gran protesta de la plaza Tahrir de Bagdad del 25 de febrero, las manifestaciones masivas se han generalizado por todas las ciudades iraquíes, incluido el Kurdistán. La razón de la importancia de las manifestaciones en el Kurdistán iraquí se debe a que los kurdos están en la misma situación que el resto de iraquíes: padecen la falta de servicios, el desempleo, el derroche, la corrupción y el nepotismo. Las manifestaciones que se han producido en las ciudades kurdas ponen al descubierto la falacia del éxito del Kurdistán. Los dos partidos kurdos gobernantes [UPK y PDK], al igual que las autoridades de Bagdad, no se preocupan de las necesidades del pueblo ni tienen reparos en utilizar la fuerza indiscriminada contra los manifestantes. El Kurdistán siempre ha vendido que es un oasis de democracia, que es el único lugar de Iraq en el que se puede vivir de una forma normal, contrariamente a lo que sucede en el resto de regiones árabes de Iraq, que siempre aparecen como si nunca fuesen a estar preparadas para la democracia. Sin embargo, las demandas de los manifestantes allí y la violencia usada contra ellos es un reflejo de la miserable situación que vive Iraq. El Kurdistán ha vuelto a formar parte de Iraq, a pesar de su diferencia étnica, porque, en general, los kurdos se enfrentan las mismas dificultades diarias que el resto de iraquíes que viven en otras zonas del país, iraquíes que viven bajo la misericordia de las milicias y los partidos".