viernes, 13 de julio de 2012

Colisión en Egipto

El nº 802 del Informe Semanal que cada siete días edita Política Exterior se detiene en la delicada situación que atraviesa en Egipto en su entrada "Islamistas y militares miden sus fuerzas". A continuación la incluimos en nuestro blog:

"La colisión entre el recién elegido presidente, Mohamed Morsi, y el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), monopolizador de facto del poder en El Cairo desde la caída de Hosni Mubarak, se hizo inevitable desde el momento mismo en que las urnas le invistieron de una legitimidad democrática que nunca antes había tenido un presidente en el país del Nilo, gobernado por militares durante los últimos 60 años. Solo quedaba por saber cuál sería el asunto que elegiría Morsi para hacer visible sus intenciones de dotar de contenido real su condición de jefe de Estado y el grado de resistencia que pondría la cúpula militar a esos planes.

La controversia sobre la suspensión/activación del Parlamento, reconvocado por Morsi tras su disolución por el Tribunal Constitucional, exigirá un proceso que se adivina largo y tortuoso, sin que nadie pueda vislumbrar si al final Egipto será la mayor democracia del mundo árabe o si el desenlace será un renovado modelo autoritario en el que los islamistas y los militares se repartirán el poder intentando conciliar sus respectivos intereses.

Nada permite interpretar la brevísima sesión parlamentaria (15 minutos) del 10 de julio como una victoria de Morsi. Los militares han dejado el protagonismo al poder judicial, que ha obligado al presidente a respetar la decisión del Tribunal Constitucional de disolver la Asamblea, al considerar inconstitucional la norma que reguló las últimas elecciones legislativas. Ante ese impasse, lo probable es que la Asamblea siga desactivada indefinidamente, lo que, de hecho, significa que el CSFA retendrá el poder legislativo.

El CSFA no quiere verse atrapado entre una presidencia operativa y un poder legislativo en el que los Hermanos Musulmanes tienen una clara mayoría a través de su Partido Libertad y Justicia. Morsi, mejor que nadie, es consciente de la vacuidad de su cargo hasta que una Constitución defina su papel. Mientras, sabe que no tiene nada que decir en materia de política exterior, seguridad o asuntos presupuestarios. Por otro lado, tampoco ha logrado todavía conformar un gobierno, en el que ya existe de facto un cargo reservado al CSFA: el de ministro de Defensa, el mariscal Mohamed Tantaui. A pesar de todo, ha dado muestras de un refinado instinto político al intentar nombrar al exgobernador del Banco Central, Mahmud Abul Oyoun, como nuevo primer ministro, y de hacerse acompañar como vicepresidentes de una mujer y un cristiano copto.

El problema es que, a los ojos de los egipcios, Morsi será el principal responsable de la gestión de una economía que hace agua por todas partes, por lo que se arriesga a un rápido desgaste en la medida en que tiene visibilidad política pero no los medios para cumplir sus promesas.

La nueva Constitución puede, además, dejarlo convertido en una figura decorativa. Muchos sectores temen menos a los militares que al peligro de la islamización del país, lo que da alas a una casta militar que sigue percibiéndose como el único contrapeso real al creciente poder de los Hermanos Musulmanes. Los generales ya han advertido que no permitirán en ningún caso que la ley coránica se imponga sobre las leyes civiles".

No hay comentarios:

Publicar un comentario