miércoles, 29 de febrero de 2012

Guerra civil en Siria

Jesús Núñez, director del IECAH, escribe un análisis para Radio Nederland donde habla directamente de "Guerra civil en Siria".
"El Ejército Libre de Siria (ELS) sigue engrosando sus filas- aunque es difícilmente creíble que haya alcanzado los 40.000 efectivos que sus portavoces sostienen-, lo que le permite aumentar su capacidad de combate y su radio de acción hasta llegar a los suburbios de Damasco. Sigue siendo imposible determinar con precisión si los actos violentos que salpican ya prácticamente a todo el país responden a un plan dirigido (o al menos coordinado) por el ELS o si, por el contrario, son expresiones de rabia y venganza realizados por individuos escasamente organizados o por los numerosos Comités de Coordinación locales.

En definitiva, cabe estimar que se trata de un ejercicio de fuerza en alza, que todavía no ha alcanzado una masa crítica suficiente para cuestionar la hegemonía militar del régimen (basada, por un lado, en su Guardia Presidencial y en la 4 División Mecanizada- lideradas por Maher al Asad, hermano menor del presidente- y, por otro, en el apoyo de Irán y Líbano).

Incógnitas
Mientras el tiempo corre en contra del régimen y aumenta sin cesar el número de muertos- en torno a los 6.000, ejecutados tanto por las fuerzas militares más leales al régimen como por las temidas shabiha (matones al servicio de Damasco)- siguen abiertas todavía muchas incógnitas, tanto en el interior de Siria como en el seno de la comunidad internacional.

En el interior, el Consejo Nacional Sirio (CNS) no logra integrar a la totalidad de la oposición, como quedó demostrado en la reunión del pasado 30 de diciembre, celebrada en El Cairo precisamente con ese propósito.

Por una parte, el CNS- que dice agrupar al 80% de los opositores, desde los de perfil islamista a los kurdos y laicos de todo tipo- rechaza cualquier intervención militar foránea. El Comité Nacional de Coordinación para el Cambio- conformado en su práctica totalidad por nacionalistas- apuesta con aceptar la colaboración de Rusia y China para acelerar la transición. Y todavía quedan otros grupos, como el Movimiento para la Construcción del Estado Sirio, que cuenta básicamente con representantes de la minoría alauí- a la que también pertenece el clan de los Asad-, que defienden un proceso de cambio más contemporizador con el actual poder.

En paralelo a estos grupos hay que contar con los comités de coordinación locales, que no siempre están dispuestos a subordinarse a quienes, en buena medida, ven como actores ajenos a la realidad nacional sobre el terreno. En medio de todos ellos queda un considerable porcentaje de la población, que se mueve entre el miedo a la represión habitual del régimen y su acomodo a un poder que no cuestiona sus privilegios y/o que los defiende de la amenaza que (tanto kurdos como cristianos, entre otros) sienten ante la mayoría suní.

Divergencias desde el exterior
Desde el exterior- como acaba de poner de manifiesto la imposibilidad de aprobar la Resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU, promovida a partir de un plan de la Liga Árabe- las divergencias no son de menor entidad.

Por una parte, Estados Unidos ha tomado partido claramente en contra del régimen sirio, aunque excluyendo una intervención bélica que no interesa a un país que pretende reducir su presencia militar en la región. Lo mismo ha hecho Turquía- que acoge en su territorio a refugiados sirios y a parte del ELS-, mientras ahora propone una conferencia internacional para aunar esfuerzos entre quienes entienden que el tiempo político de los Asad ha llegado a su fin.

Por otra, los países árabes (interesados en lavar su imagen) aparecen casi sorpresivamente unidos, con medidas que van desde la retirada de la misión de observación que había desplegado la Liga Árabe en diciembre pasado, a la retirada de sus embajadores de Damasco y a la expulsión de los diplomáticos sirios de sus respectivos territorios, sin olvidar que países como Catar apenas ocultan que están armando al ELS.

En medio- en una muestra más de la imposibilidad de mantener una voz única- la Unión Europea sigue sin tomar una posición común, mientras algunos de sus miembros están retirando a sus embajadores de Damasco y anunciando su intención de incrementar la presión y las sanciones contra el Asad.

En una posición radicalmente distinta se ubican Rusia y China, que no han dudado en utilizar el privilegio de su derecho de veto para bloquear la citada Resolución. El primero une a sus intereses comerciales y militares- la disponibilidad de la base naval de Tartus es vital para asegurar la presencia de la armada rusa entre el Mar Negro y el Mediterráneo- el deseo de devolver la afrenta que sufrió con el apoyo occidental a la independencia de Kosovo. El segundo sencillamente pretende no dar su consentimiento a una acción que podría volverse algún día en contra de sus propios intereses territoriales. Asimismo, tanto Moscú como Pekín han tomado esa opción obstruccionista en una muestra de su voluntad de mostrar que no están dispuestos a seguir a Washington sin contrapartidas y de presentarse como potencias capacitadas para retar crecientemente al líder mundial. Siria, en definitiva, es solo un campo de competición instrumental.

En esa diversidad de posturas, llama la atención también la adoptada por los países del ALBA con ocasión de la Cumbre celebrada en Caracas. Alineados en un discurso antiimperialista que tiene a Washington como principal destinatario, muestran su apoyo al régimen sirio y comparten la idea de una confabulación casi planetaria contra quien prefieren ver como un gobernante capacitado para reformar en profundidad un modelo tan injusto como corrupto. Sean cuales sean las causas de su animadversión contra Estados Unidos, convendría que evitaran caer en la confusión de ver terroristas donde hay población movilizada contra un dictador que viola sus derechos y alimenta una corrupción que impide a la mayoría satisfacer sus necesidades básicas. Los sirios se lo agradecerían".

martes, 28 de febrero de 2012

El póker persa

El periodista Javier Martín reflexiona sobre las elecciones iraníes "Parlamentarias 2012: el póker persa" en su blog. Este viernes los iraníes están llamados a las urnas para elegir el nuevo Parlamento.

"En un somero artículo sobre la aún no sobrevenida Primavera Árabe, publicado el junio de 2011 en la revista Foreign Affairs, el sociólogo estadounidense Jack Goldstone, experto en movimientos sociales y política internacional, argumenta que para que una revolución culmine en éxito deben concurrir cuatro circunstancias: que el gobierno haya perdido toda credibilidad y parezca tan injusto e incompetente como para ser visto como una amenaza para el futuro nacional; que las elites -especialmente las castrenses- se sientan tan desafectas a la dirección política que obvien su defensa; que un amplio y heterogéneo sector de la población se movilice; y que los poderes internacionales eviten defenderlo o impidan que recurra a la fuerza para salvarse.

Hasta la fecha, sólo una de estas condiciones se vislumbra en Irán, país que se halla inmerso en una compleja encrucijada con cierto aroma a estertor de una era. Flanqueado por vecinos tan poderosos como hostiles, y estado-médula de una región todavía clave en el cada vez más amplio tablero planetario, sufre desde hace un lustro una severa presión internacional, enraízada en el pulso que mantiene con Arabia Saudí por erigirse en potencia regional, en su obstinada enemistad con Israel y en la sospecha que albergan las grandes naciones occidentales de que su controvertido programa nuclear civil oculta, en realidad, una vertiente bélica clandestina.

El resto de condiciones, aunque no es descartable que se precipiten en un futuro no demasiado ontano, no son, a día de hoy, más que un anhelo inconcluso. Es cierto que el gobierno que preside el polémico Mahmud Ahmadineyad concita más detractores que camaradas, pero su confusa política económica y sus delirios nacionalistas no parecen suponer aún una amenaza definitiva para la estabilidad nacional; y aunque las críticas a la gestión del líder supremo se multiplican, su posición al frente de la cleptocracia religiosa-militar se percibe todavía sólida.

El ayatolá Alí Jameneí parece manejar aún con soltura los intrincados hilos de una sociedad que sabe cainita. Existen, igualmente, divergencias abisales en el seno de las fuerzas de Seguridad -en particular en la cúpula de la todopoderosa Guardia Revolucionaria- y en la casta religiosa, pero están aún lejos de llegar a horadar el núcleo del sistema. Y aunque una destacada parte de la población aprovechó un instante de duda en 2009 para protestar y exigir cambios, la brutal y cruel represión del régimen -tanto física como psicológica- ha enterrado en sangre y miedo muchas esperanzas.

En este ambiente enrarecido, en el que se entreveran el hosco bramido de los tambores pre-bélicos y los susurros traicioneros de la conjura, el riesgo de una poco probable confrontación bélica y el debate de sordos en torno a la posibilidad de que Irán adquiera la bomba atómica han relegado a un segundo plano el ruido de sables que atruena en torno a los comicios parlamentarios previstos para el próximo 2 de marzo, pese a que los analistas los contemplan como cruciales para el futuro a medio plazo de un régimen en el que cada vez se perciben fisuras más evidentes.

En superficie -y una vez confirmado el boicot del vapuleado movimiento pseudo reformista verde, cuyos líderes, el ex primer ministro Mir Husein Musavi y el dos veces presidente del Parlamento, el clérigo Mehdi Karrubí, siguen aún sometidos a un férreo arresto domiciliario- la elección de la novena Asamblea desde la constitución de la República Islámica se proyecta como un nuevo asalto en el combate fratricida que desde hace meses disputan la facción más retrógrada y ultraconservadora del sistema -heterogénea en torno al líder supremo- y la nueva generación de los llamados “pragmáticos”, que abandera Ahmadineyad.
Un duelo de titanes que se dirime a tumba abierta desde que el mandatario -que se siente legitimado por su apabullante y controvertida reelección- aprovechara el polémico triunfo electoral para intentar introducir un ambicioso plan de reforma política y económica que apunta a los cimientos de la teocracia fundada en 1979 por el carismático gran ayatolá Rujolá Jomeini, y en particular al poder de los clérigos.

Pocos meses después de su discutida victoria, y una vez apaleado y acallado el clamor popular contra un resultado tildado de fraudulento- Ahmadineyad presentó ante la Cámara un proyecto para suprimir los subsidios a los productos básicos -instaurados hace tres décadas por el propio precursor del actual estado- y sustituirlos por un enrevesado sistema de compensaciones que en principio englobaba a toda la sociedad pero que a la postre no ha servido para atajar la pobreza y sí para hundir más el precario nivel de vida de las clases medias. La propuesta se topó, desde el principio, con la firme oposición del Parlamento, liderada por el propio presidente de la Cámara, Alí Lariyaní, ladino político y capo de una de las familias más influyentes del país, además de hombre cercano al líder supremo. Durante casi un año, diputados conservadores o “principalistas” lograron bloquear la reforma y sacaron a la luz una batalla interna que hasta entonces latía soterrada. Sólo la intervención directa del propio Jameneí -quien ordenó que se aprobara la reforma- puso punto y seguido al conflicto.

Desde entonces, y en aparente paradoja, la máxima autoridad iraní se ha alejado gradualmente del mandatario -al que apoyó en la trifulca electoral pese a que las irregularidades eran patentes- y deslizado su amparo hacia los sectores conservadores más beligerantes. Fuentes cercanas al entorno del líder supremo aseguran que la principal preocupación de Jameneí es el deterioro paulatino de la economía, y que el fracaso de la reforma de los subsidios -que también decidió avalar pese a las advertencias de su camarilla- ha multiplicado esa inquietud y la desconfianza hacia Ahmadineyad, cuyas políticas han comenzado a minar, asimismo, su imagen y prevalencia.

Las tensas relaciones entre ambos llegaron a punto de inflexión en mayo del pasado año, fecha en la que el gran ayatolá hizo uso de sus omnímodas prerrogativas para obligar al mandatario a restituir en el gabinete al ministro de Inteligencia, Heydar Moslehi -único clérigo del Ejecutivo-, al que dos horas antes Ahmadineyad había obligado a dimitir. Durante los siguientes nueve días, el presidente desapareció de la escena pública, e incluso obvió asistir a dos consejos de ministros seguidos, en un reto público al máximo poder sin parangón en la historia de República Islámica [...]".

lunes, 27 de febrero de 2012

La dimensión social de la revolución siria

El diario Al-Sharq al-Awsat publica este artículo de Fayez Sara titulado "Sobre la dimensión social de la revolución", que ha sido publicado en el blog Traducciones de la Revolución Siria:

"La dimensión más destacada de la revolución siria es la política; es decir, se trata de una lucha entre el régimen y sus opositores en el nivel popular por medio de las manifestaciones por un lado y, por otro, por medio de las posturas adoptadas por los grupos y bloques políticos. Por su parte, el régimen ha respondido a las manifestaciones, las quejas políticas y las posturas de la oposición con campañas policiales que han terminado por convertirse en auténticas campañas militares y que han dado como resultado el asesinato, herida, detención y desplazamiento de decenas de miles de sirios cuyas propiedades han sido destruidas.
Ello ha aumentado las posibilidades de que aparezca una dimensión militar armada en la revolución siria, que se une a su homóloga política. Entre las expresiones de esta dimensión militar, están las deserciones en el seno del aparato militar-securitario, bien por negarse los soldados a participar en dichas campañas, bien haberse sumando al movimiento popular. También algunos de los participantes en el movimiento popular han recurrido a las armas como medio de autodefensa y de respuesta a tales ataques. Ello ha tenido efectos devastadores en las zonas afectadas, además de haberse sucedido operaciones militares en las zonas candentes de Siria, que nada tenían que ver con la dimensión militar-armada de la revolución.

A pesar de la importancia de las dimensiones política y militar, dado su fuerte y decisivo impacto sobre el desarrollo y el resultado final de la lucha entre el régimen y sus opositores, que determinará el destino de la revolución, lo cierto es que hay otras dimensiones, como la económica y la cultural. Y aunque sea la menos destacada, la dimensión social de la revolución no es menos importante que las anteriores.

Las expresiones de la dimensión social en la revolución de los sirios son muchas, y tal vez las más importantes sean de tres tipos fundamentales: los cambios sociales que ha sufrido la realidad social en lo referente al papel y participación de la sociedad en las actividades generales, el apoyo y la ayuda que llegan a la revolución, y las formas de organización que los sirios intentan cambiar o para las que buscan crear nuevos marcos de acción.

La primera expresión de la dimensión social viene representada por el cambio esencial que se ha producido en el nivel de participación popular en las actividades, pues efectivamente, la revolución siria cuenta con una amplia participación social. No solo han participado los hombres, teniendo en cuenta que ellos forman la base de las manifestaciones  y las protestas, sino que se han unido a ellos mujeres que estaban fuera de ese ámbito en general. También se han unido niños y adolescentes que antes no participaban en ningua actividad. Así, la revolución ha provocado un cambio cualitativo en la realidad social de todos los sectores y en sus relaciones internas. Puede decirse en este sentido que se han producido cambios sociales en las ciudades y pueblos del movimiento popular en particular y en toda la realidad siria en general.

La segunda expresión de la dimensión social la dibuja la solidaridad entre los sirios para enfrentarse a las cargas de la revolución, y que no se limita a las zonas más afectadas y víctimas de una destrucción y unas pérdidas enormes. Tales zonas, además de otras muchas, han pagado la factura de los perjuicios humanos y materiales rodeados de cierta confusión provocada por actores de dentro y fuera del régimen. En este sentido, se han garantizado ayudas de todo tipo. 

En relación con esto están las relaciones que han establecido los sirios del exterior con sus conciudadanos del interior. Aunque lo más visible  de esta relación son las ayudas económicas y médicas, así como la solidaridad general, lo más importante es el sentimiento de los sirios de fuera de que, en efecto, forman parte de la población, y, en segundo lugar, su intento de reconstruir los lazos de unión con su país y su pueblo. Ello a pesar de que muchos están totalmente asentados en el exilio y llevan las nacionalidades de los países en los que viven.

La tercera expresión de la dimensión social es la búsqueda de los sirios de identidades sociales independientes de las identidades homogéneas que le régimen impuso durante décadas a través de las organizaciones profesionales, los sindicatos de trabajadores, médicos, ingenieros, etc. Lo que con ello se pretendía era mantener bien atadas a todas las capas y clases sociales y ponerlas al servicio del régimen como justificadores de su marco ideológico y sus posturas políticas. La revolución ha fortalecido el deseo de la sociedad siria de salir de estos parámetros y estas identidades y la ha empujado hacia la libertad. Por eso, mientras distintos sectores se han ocupado de algunos ámbitos sociales, también se están haciendo constantes esfuerzos dentro de las organizaciones profesionales y sindicales del régimen para provocar las escisiones desde dentro.

La revolución ha dejado profundas huellas en la vida social de todos los sectores y clases sirios, huella que se ha extendido a los sirios en el exilio. Esta es una evolución que Siria no había presenciado durante largas décadas de su historia moderna y contemporánea".

viernes, 24 de febrero de 2012

Siria y las verdades propagandísticas

Santiago Alba Rico vuelve a cargar contra quienes sostienen las tesis conspirativas en Siria en este artículo titulado "Siria, los medios alternativos y las verdades propagandísticas" y publicado por Rebelión.

"¿Es honesto sugerir que el régimen de Bachar Al-Assad es democrático? ¿Nos conviene por algún motivo negar que es tan dictatorial, y por los mismos motivos, como lo fue el de Pinochet en Chile, el de Marcos en Filipinas o el de los Somoza en Nicaragua? No es honesto y no creo que nos convenga. Y sin embargo, es ese modelo de manipulación el que desarrolla sistemáticamente el comunicado...

Pero es que eso es exactamente así. Bachar Al-Assad, actual presidente, heredó el cargo de su padre Hafez Al-Assad, militar del partido Baaz, quien alcanzó el poder en 1970 mediante un golpe de Estado. La constitución de 1973, por otro lado, consagra al partido Baaz como fuerza hegemónica indiscutible del país y, si es verdad que existen otros seis partidos legales, todos ellos forman parte del Frente Nacional Progresista, del que es presidente el propio Bachar Al-Assad, al que compete también nombrar los ministros, elegir a los jueces y dirigir el ejército.

Totalitario” es una palabra que no me gusta, pero si tiene que ver con la centralización total del poder, es difícil imaginar un poder más totalitario en el mundo que el del régimen sirio (sólo comparable, en efecto, a las teocracias del Golfo). En cuanto al “miedo y la represión”, también en este sentido la dictadura siria puede describirse como un sistema “totalitario”; en él un aparato policial omnipresente -con los tentáculos oscuros de los mukhabarat y los shabiha incrustados en el corazón mismo de la vida social- garantiza desde hace cuarenta años, mediante la represión y la tortura, la reproducción en el poder de unas cuantas familias que en los últimos años han liberalizado la economía en perjuicio de sectores cada vez más amplios de la población.
Sobre la naturaleza del régimen sirio y las causas económicas, sociales y políticas de la revuelta popular se puede encontrar abundante y rigurosa documentación en la página en árabe e inglés de Jadaliyya (http://syria.jadaliyya.com/pages/index); en relación con la tortura, si no nos fiamos de la ONU o de Amnistía Internacional, a los que citamos en cambio para España o para la Libia post-Gadafi sin empacho, acudamos a nuestros propios medios, que han denunciado a menudo las llamadas “entregas extraordinarias” de la CIA a terceros países, entre ellos la Siria de Al-Assad, donde presuntos miembros de Al-Qaeda han sido sometidos a torturas durante años. El caso angustioso del inocente Maher Arar lo contaba, por ejemplo, Democracy Now en noviembre del año 2009...
Lamentablemente, algunos sectores de la izquierda consideran que imperialismo y anti-imperialismo son solo dos formas diferentes y enfrentadas de mentir y dominar al otro. No es así: ninguna mentira puede ayudar a fabricar hombres sinceros y ninguna dictadura puede ayudar a construir hombres libres. El papel geo-estratégico de Siria en el eje de resistencia antisionista junto a Irán y Hizbulá no puede justificar ni la manipulación de los discursos ni la humillación dictatorial de un pueblo que alza la voz, y por los mismos motivos, junto a Túnez, Egipto, Libia, Bahrein y Yemen. Sólo la verdad y la justicia social son realmente anti-imperialistas...".

miércoles, 22 de febrero de 2012

Escenarios para Siria

El Observatorio de Política Exterior Española (OPEX) de la Fundación Alternativas acaba de publicar mi memorando "La encrucijada siria: militarización o internacionalización".

a) El primer escenario, el más factible a día de hoy, es el de enquistamiento de la situación con la intensificación de la represión y la creciente militarización de la revuelta. Aunque la oposición ha establecido plataformas de acción común que agrupan a la mayor parte de las sensibilidades políticas, todavía está dividida y resulta inoperante en el interior del país. Esta circunstancia podría ser aprovechada por el ELS para asumir un mayor protagonismo y militarizar la revuelta. Los países occidentales son reacios a armarle por temor a un estallido de la violencia que desestabilice la región. Debe tenerse en cuenta que el Ejército rebelde no dispone de los medios necesarios para hacer frente al Ejército regular, ni tampoco de una estructura de mando clara. Existe el riesgo de que grupos radicales impongan su propia agenda, que no tiene por qué coincidir con la del CNS ni con la de los CCL, quienes se oponen a la militarización de la revuelta.

El frente antisirio de la Liga Árabe, dirigido por Arabia Saudí y Catar, es el principal partidario de armar a los rebeldes. De hecho, la Liga adoptó recientemente una resolución que "autoriza todo tipo de apoyo político y material para proteger a los civiles", subterfugio que podría aportar ayuda al ELS. La porosidad de las fronteras sirio-turcas (más de 800 kilómetros escasamente vigilados) o sirio-iraquíes (otros 600 kilómetros en zona desértica) facilitarían esta opción. Una evolución de estas características no sería deseable, ya que podría crear un escenario a la libia y provocar el estallido de una guerra civil. En este contexto no debería descartarse por completo la llegada de elementos yihadistas desde otras partes del mundo árabe, tal y como ocurrió en Irak tras la invasión norteamericana.

b) Un segundo escenario, más posible en el medio que en el corto plazo, sería una intervención internacional similar a la que se registró en Libia. Si bien es cierto que, por el momento, el Consejo de Seguridad no ha alcanzado un consenso al respecto ni tampoco la oposición agrupada en el CNS se muestra excesivamente entusiasta ante dicha opción, también es verdad que la intensificación de la represión por parte de las autoridades sirias podría modificar esta posición.

En los próximos meses, el Consejo de Seguridad podría debatir una resolución que autorizase el empleo de la fuerza para garantizar la protección de la población civil, lo que sería coherente con el capítulo VII de su Carta y con la Doctrina de la Responsabilidad de Proteger. La posición de Rusia y China podría modificarse en el caso de que reciban garantías de que sus intereses geoestratégicos en la región serán salvaguardados. La fórmula más adecuada sería el establecimiento de zonas de exclusión aérea que permitieran crear áreas seguras. Sería deseable que fueran las potencias regionales, y no la OTAN, las que asumiesen el mando de dicha operación. De hecho, la oposición siria, y en particular los Hermanos Musulmanes, ven con buenos ojos una eventual implicación turca.

c) Un tercer escenario, menos plausible que el anterior pero no del todo descartable, es el de la transición pacífica. Aunque a estas alturas deba descartarse una reforma desde dentro, sí que podría darse una intentona golpista por parte de elementos suníes del Ejército. En este sentido debe recordarse que el régimen sigue alimentando la ficción de que todavía es posible una apertura política y, de hecho, ha convocado un referéndum en el que la población deberá pronunciarse en torno a la enmienda del texto constitucional, que contempla el establecimiento de un sistema pluripartidista y el fin del monopolio político del Baaz. No obstante, las fuerzas de la oposición han rechazado los llamamientos al diálogo al entender que se trata de una estrategia de las autoridades para ganar tiempo y desactivar la movilización popular. De lo que no cabe duda es que al-Asad está descartado para pilotar el proceso de transición hacia la democracia.

En el curso de los últimos meses se han intensificado los rumores en torno a las divisiones internas dentro del régimen. Si bien es cierto que la familia al-Asad sigue manteniendo el mando, también lo es que algunos actores secundarios dentro de las Fuerzas Armadas podrían abandonar el barco antes de que se hunda de manera definitiva. Al hacerlo ganarían posiciones en el escenario post-Asad en el caso de que se emprenda una desbaazificación. Resulta sintomático que Bashar al-Asad haya delegado el peso de la represión en personas de su círculo familiar como su hermano Maher al-Asad (al frente de la Guardia Republicana y la IVª División Blindada) o sus primos Hafez Majluf (jefe de la Inteligencia Militar en Damasco) y Rami Majluf (principal fortuna del país, que financia a las fuerzas paramilitares encargadas de reprimir las manifestaciones).

d) Un cuarto escenario, sin duda el más catastrofista, sería el estallido de una guerra civil. En realidad, las posibilidades serían dos. En primer lugar, un enfrentamiento de baja intensidad y de corta duración entre el Ejército regular y el ELS en zonas concretas del país, al estilo de lo ocurrido en Libia. La implicación de las potencias regionales e internacionales sería vital para permitir que el ELS pudiera hacer frente a las fuerzas leales al régimen, abastecidas por Rusia. En segundo lugar, una guerra sectaria de todos contra todos en la que las diferentes comunidades confesionales (suníes, cristianos, alawíes, drusos, ismailíes, etc.) y étnicas (árabes, kurdos, circasianos, armenios, etc.) del país luchen las unas contra las otras, tal y como ocurrió durante las guerras civiles libanesa e iraquí. Este escenario es, hoy por hoy, el menos factible de los cuatro contemplados".

Irán Vs. Israel

Víctor Currea de Lugo, profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá, analiza en Razón Pública los posibles escenarios en el frente irano-iraquí ahora que se suena tambores de guerra nuevamente en el golfo Pérsico: "Irán Vs. Israel".

"El argumento israelí es peligrosamente simple: detener el programa nuclear iraní manu militari, mediante acciones unilaterales. El programa nuclear iraní no es nuevo, fue iniciado durante el gobierno del Sha, con apoyo de Los Estados Unidos; en ese momento no se puso en tela de juicio el derecho de Irán a acceder a la tecnología nuclear, basado en el artículo 4 del Tratado de No Proliferación (TNP).

En el informe del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), de noviembre de 2011, no hay pruebas de que Irán posea armas de destrucción masiva (como se dijo en la guerra contra Irak en 2003). Las “pruebas” giran sobre la presunción de que Irán tiene “información para hacer la bomba”, basadas en lo que dicen terceros, y no en hallazgos oficiales de la OIEA.

El ministro sueco de Asuntos Exteriores Carl Bildt, ya había dicho que “no existen informaciones que prueben que Irán busca fabricar armas nucleares”. Recientemente, Leon Panetta (el ya citado Secretario de Defensa de Los Estados Unidos) dijo que Irán sí continúa enriqueciendo uranio, pero que de los informes de inteligencia “no se desprende que se haya tomado la decisión de proceder con el desarrollo de un arma nuclear”.

Y el director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, Teniente General Ronald Burgess, reconoce que es “improbable que Irán inicie o provoque un conflicto”, declaraciones que contradicen frontalmente la justificación de las sanciones contra Irán.

Por su parte el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolái Pátrushev, le bajó el tono a la paranoia frente a Irán al recordar que “llevamos muchos años escuchando que los iraníes tendrán la bomba atómica prácticamente la semana que viene. El componente militar del programa iraní, sin embargo, no ha sido demostrado por nadie".
Alborotar el avispero
Hay que distinguir por lo menos tres niveles en el debate: el acceso a la energía nuclear, el desarrollo militar de tal energía y su uso militar. Pero, así se trate de tres cosas distintas, Israel insiste en la amenaza nuclear para justificar sus acciones y se erige así en adalid de la mal llamada “guerra preventiva”. Este argumento ya lo ha esgrimido contra Líbano varias veces, y contra Gaza en 2008, para justificar el muro que encierra a los palestinos y el asalto a la Flotilla de la Libertad en 2010. Es decir, ni en el derecho ni en la realidad tiene justificación la tesis israelí.

En el marco de la campaña electoral de Obama — y reconociendo el peso político y económico del lobby judío junto a una progresiva pérdida de respeto hacia Los Estados Unidos por parte de Israel — atacar o no atacar a Irán es cuestión de votos.

La lógica israelí de que un ataque aceleraría un“frente interno” contra el gobierno de Irán, de que los árabes permanecerían al margen—porque al fin y al cabo los iraníes son mayoritariamente persas— y de que Los Estados Unidos y la OTAN acudirían en su auxilio, son premisas que deberían ser matizadas ante hechos como la unidad de la nación iraní, tanto religiosa como culturalmente frente a un ataque extranjero, la percepción de muchos árabes que ven a los persas como hermanos en tanto musulmanes, y la seguridad de que Turquía –miembro de la OTAN – no movería ficha alguna para proteger al ocupante de Palestina.

Según la Biblia, el judío Sansón echó por tierra el templo donde estaba diciendo: “muera yo con los filisteos” (es decir, los palestinos de hoy). La “Opción de Sansón” término en uso desde 1960, es la amenaza israelí de morir matando.

Una decisión militar debería tener en cuenta que durante la guerra entre 1980 y 1989, Irán peleó prácticamente solo contra el resto del mundo que apoyaba a Irak, y la cosa quedó en tablas. En la guerra de 2006 entre Israel y Hizbollah, el Reporte Winograd –informe oficial de Israel– demostró las graves debilidades militares de Israel, que finalmente le obligaron a aceptar la mediación de la ONU, por lo que algunos dudan que el ejército israelí haya tenido avances significativos para comenzar a otra guerra.

Así que una vez sacudido el avispero, Israel dependerá de Los Estados Unidos, que correrá en su auxilio, como cabe esperar. Es posible que, en menor medida, Hizbollah y Hamas hagan otro tanto y en la calle árabe vuelvan a arder las banderas israelíes y estadounidenses".

martes, 21 de febrero de 2012

Yemen: elecciones sin Saleh

El Observatorio Político y Electoral del Mundo Árabe y Musulmán publica un análisis de su investigadora  Leyla Hamad Zahonero sobre las elecciones presidenciales yemeníes que se celebran hoy:
El Observatorio de
  
"Atrás quedaron los temores de una fisura total entre las distintas facciones políticas que podían haber llevado a un conflicto de gran escala e incluso a una guerra civil. De hecho, fue precisamente este temor el que propició la firma de la Iniciativa del Golfo, que es a su vez la que auspicia la celebración de estas elecciones. Sin embargo, no debemos olvidar que el acuerdo fue tan sólo rubricado por la principal plataforma de oposición -el Encuentro Común (EC)- y el partido gubernamental -el Congreso General del Pueblo (CGP)- y que quedaron fuera muchas otras fuerzas políticas y sociales del país.

La iniciativa del Golfo venía acompañada de un documento igualmente rubricado por las partes que contenía la hoja de ruta del traspaso de poder del presidente Ali Abdullah Saleh. Se trataba del Mecanismo de Implementación, un documento más bien desconocido por la opinión pública, que establece los plazos y las fórmulas en los que se debía conducir la transición. En dicho documento ya se establecía que en estas elecciones, convocadas tres meses después del acuerdo, podría haber un solo candidato, el vicepresidente Abdel Raboo Mansur al-Hadi, y se acordaba que ni el EC ni el CGP nominarían a ningún otro. Teniendo en cuenta que la Constitución yemení establece que los candidatos deben ser aprobados por el Consejo Consultivo y el Parlamento, la decisión era irrevocable en tanto que ninguna otra fuerza política tiene fuerza suficiente en estas cámaras para aprobar con sus votos exclusivamente una candidatura.
La Constitución también establece que en unas elecciones presidenciales nunca podrá haber menos de tres candidatos sometidos a la aprobación de las cámaras y en todo caso nunca menos de dos candidatos en las elecciones. En este sentido, no deberíamos considerar a las del 21 de febrero, unas elecciones presidenciales, sino un refrendo a la Iniciativa del Golfo y en concreto a su Mecanismo de Implementación.

El hecho de que existan fuerzas políticas y sociales que han sido marginadas del acuerdo y de su negociación, como son el Movimiento Sureño, los Huziín y el movimiento estudiantil, entre otros, supone el principal foco de conflictividad potencial de estos comicios.

El Movimiento Sureño ya ha hecho público su rechazo total a la celebración de estas elecciones. Su repulsa a la celebración de las elecciones lo demostró inicialmente en manifestaciones y concentraciones públicas en las que se quemaban las tarjetas electorales, pero en los últimos tiempos ha existido una escalada en sus actos de oposición. Varios miembros del Comité Supremo de Elecciones y Referéndums (CSER) de las provincias sureñas han denunciado ataques y hostigamiento, se han encontrado octavillas en las que se amenaza a los electores que quieran ejercer su derecho a voto y han atacado tanto las sedes del CSER como los edificios que albergan las urnas electorales. Estas dinámicas parecen distarse mucho de las actuaciones a las que nos tenía acostumbrados el movimiento, por lo que no debemos descartar que se puedan

Por su parte, lo Huziín han hecho pública su intención de boicotear las elecciones, pero también han manifestado que no van a poner trabas a aquellos que libremente quieran ejercer su voto. Esta declaración de buenas intenciones tendrá que ser constatada tras la jornada electoral, ya que los Huziin mantienen el control en buena parte de Saada y se deberá confirmar si efectivamente las elecciones pueden llevarse a cabo con normalidad en esa provincia. Y los estudiantes han manifestado su intención de boicot pero la galardonada con el Premio Nobel Tawakool Karman hizo un llamamiento de apoyo a al-Hadi y su capacidad de movilización es, entre el movimiento estudiantil, relativamente amplio.

La toma de Zanzíbar por parte de milicianos de al-Qaeda dificulta también la idea de que las elecciones vayan a poder desarrollarse. Otra de las grandes carencias de estas elecciones es el registro de votantes. Debido a la celeridad en la que los comicios se han preparado, y a pesar de la ayuda de Naciones Unidas y varios organismos internacionales en la organización y preparación de la infraestructura electoral, los registros de votantes son los mismos que se elaboraron para las elecciones presidenciales del 2006 y que fueron criticados por casos de duplicidad y por la introducción de menores y personas fallecidas. Aunque la CSER se comprometió a enmendarlo, la falta de tiempo hace al menos dudar de que todos los errores hayan sido subsanados y que se hayan actualizado los nuevos votantes y las bajas en el padrón.

Estos motivos son suficientes para hacernos pensar que no serán unas elecciones normales, y tendremos que seguir muy de cerca los índices de participación y los posibles actos de sabotaje y de violencia que con seguridad tendrán lugar, con mayor o menor grado en algunas provincias, sin embargo después del año que se ha vivido en el país, para muchos yemenís, estas elecciones son el mal menor y así lo expresan en la calle. Aunque para otros tan solo representa el continuismo, no solo porque el vicepresidente AbdelRaboo Mansur al-Hadi será el nuevo presidente, sino también porque una vez más EC y CGP han decidido el futuro de Yemen en un pacto de última hora como tantas veces ha ocurrido en el pasado".

lunes, 20 de febrero de 2012

Homs: mapa del corazón

Traducciones de la Revolución Siria vuelve a traducir un artículo del escritor libanés Elías Khury, una de las mentes más preclaras entre los intelectuales árabes y uno de los principales azotes del régimen sirio. El artículo lleva por título "Homs, mapa del corazón" y fue inicialmente publicado por Al-Quds al-`Arabi.

"La libertad ya tiene su ciudad. Allí, a orillas del río Orontes, los sirios y las sirias han escrito el nombre de su país con canciones, sangre y lágrimas. Homs ha decidido convertirse en el mapa del corazón, haciendo de Sahl al-Gab[1] el punto de encuentro de las venas que laten, soñadoras, con libertad.

En Homs, bajo el estruendo del demente bombardeo, la dictadura comete su último y asesino error. Aquí, en la ciudad de Khaled Ibn al-Walid[2], el pueblo sirio escribe la epopeya de su perseverancia, antes de que el diluvio se lleve por delante el embalse de la dictadura y acabe con él.

Cuando comenzó la revolución siria en Daraa, a pesar de que se asesinó a niños, lo que puso de manifiesto el salvajismo del aparato de represión baasista-asadiano, los sirios soñaban con que su revolución fuera un movimiento popular pacífico, que acabara con el gobierno dictatorial sin destruir el país. Elevaron consignas que proclamaban la unidad del ejército y el pueblo mientras los manifestantes repartían agua a los soldados, como sucedió en Dariya, donde el mártir Ghiath Mátar repartió él mismo agua y rosas a aquellos. Sin embargo, al aparato de la muerte no le bastó con matar a Ghiath Mátar, sino que desfiguró también su cuerpo, para dejar claro que la represión ciega y bárbara no tiene límites, y que el aparato del Estado es capaz de competir con los mogoles en su brutalidad y salvajismo.

No, los revolucionarios no esperaban llegar al baño de sangre en el que a diario se ahogan las regiones sirias, ni nosotros podíamos imaginar que la máquina de la represión no había hecho caso de las lecciones de la historia ni había aprendido del destino de las dictaduras en Túnez, Libia y Egipto. Estábamos equivocados, o tal vez teníamos la ilusión de que podíamos pasar este mal trago, obviando que la mafia no sabe hablar más que en una única lengua, la lengua de la fuerza, la barbarie y la superioridad sobre la sangre.

El canto de Qashoush no era una llamada a la muerte que probó a orillas del Orontes en Hama, sino que se trataba del anuncio de su fe en la vida. Sarut no invocó con su canto al mar de sangre que lo rodea y rodea a sus amigos en Homs. Se tenía la esperanza de que las gargantas de los sirios lograran abrir las puertas del cielo y hacer al régimen sentirse aislado, para que recogiera sus cosas y dejara en paz a un pueblo que quiere recuperar su dignidad tras décadas de humillación y trato vil.

Pero ¿cómo puede darse un enfrentamiento en calidad de iguales entre quien defiende los valores y quien los pisa? No nos detendremos en las mentiras del aparato de represión que se queja de los hombres armados desplegados en cada rincón de Homs, considerándolos fuera del marco de la legalidad, pues ¿dónde estaba la ley antes de comenzar las deserciones en el ejército y antes de levantarse arma alguna en defensa propia? En el pasado reciente cuando los niños de Daraa fueron mutilados y el responsable de la seguridad en la ciudad dijo lo que dijo[3], atentando así contra el honor de las personas, lo único que había pasado era que los niños habían hecho unas pintadas en las paredes del colegio. A pesar de todo, el cuerpo de Hamza al-Khateeb[4] fue mutilado y los cuerpos de los niños fueron destrozados. No, no creeremos a un régimen que han probado en sus carnes tres pueblo árabes, a él y a su represión, sus mentiras y su salvajismo. Los palestinos no olvidarán Tell al-Zaatar[5], los libaneses no olvidarán Anjar[6] y todas las masacres, y los sirios no olvidarán Hama ni olvidarán cómo son hoy asesinados, torturados y humillados.

Toda revolución adopta un nombre. La gran revuelta siria se puso por nombre Jabal al-Arab (Hawran, al sur del país) y al-Ghuta (afueras de Damasco), la revolución tunecina se puso el nombre de Sidi Bouzid, y la revolución egipcia se denominó la revolución de la plaza de Tahrir. Hoy la revolución siria toma su nombre de la ciudad de Homs: la ciudad del sacrificio y los sacrificados, la ciudad de los mártires vivos y los mártires muertos, la ciudad de los poetas. Cada vez que se pronuncia el nombre de Homs, recuerdo a su poeta Dik al-Jinn al-Homsí[7] y su amada y veo cómo las palabras van adquiriendo colores por medio de los milagros del amor y la poesía, que fermentan con la muerte. Homs está bajo el fuego. La ciudad que se salvó del la barbarie de Timurlán haciéndose la loca[8], según cuenta le leyenda popular, se encuentra hoy sola entre las ciudades árabes, sola grita su última consigna de libertad: “Antes la muerte que la humillación”. Sola resiste el bombardeo mientras los edificios se inclinan unos sobre otros y los escombros depredan los espíritus.

Homs no se rendirá. Se está quemando y, aún así, no iza la bandera blanca. Así estábamos, Beirut, en 1982: te veíamos quemarte y negándote a izar la bandera blanca ante el avance del monstruo israelí. Y tú, Homs, te estás quemando también y sangras ante el terror del nuevo bombardeo mogol, pero no te rindes.

La historia no puede leerse según el esquema del juego político, lleno de mentiras, trucos e intentos de superar a los otros en inteligencia. Lo que pasa en Siria no es un juego entre naciones como pretenden pintarlo o como pretenden contenerlo. Se trata de una revolución popular. Eso es lo que no han comprendido los políticos rusos mientras intentan imponer su influencia con un discurso político decimonónico. También es esto lo que no quieren entender los americanos mientras pronuncian discursos que pretenden contener la ola revolucionaria árabe que nadie esperaba y a la que se resisten a apoyar. Lo importante es que las élites políticas sirias comprendan la realidad de la revolución y se comporten en base a ello, apoyando al interior revolucionario por todos los medios y rechazando cualquier discurso sectario del que se desprenda el olor de un intento de movilización sectaria, porque ese tipo de discurso es asesino.

Lo que pasa es que la dictadura no tiene otro principio que el de mantenerse y está dispuesta a venderlo todo por permanecer, tener la autoridad absoluta y oprimir. Ese es el único principio de la dictadura. Por ello, Homs, con la valentía de sus hijos, su paciencia y su perseverancia, anuncia que el pueblo ha recuperado su libertad y su dignidad. Homs sigue el ritmo del latido de los corazones y nuestros corazones laten contigo, en ti y por ti, oh maravillosa ciudad, grande entre las ciudades".

[1]Meseta central siria por la que discurre el Orontes.
[2]Importante conquistador árabe, compañero del profeta Mahoma.
[3]Cuando las familias fueron a reclamar a los niños detenidos, se les respondió a los hombres que hicieran otros y, en caso de no saber hacerlo, que llevaran a sus mujeres que ellos se encargarían.
[4]Considerado el símbolo de  los niños víctimas de la revolución.
[5] Véase aquí una breve crónica.
[6]Información aquí.
[7] Poeta homsí del siglo X.
[8]Los mogoles no entraron en Homs y, según la leyenda, se debe a que cuando estos llegaron en expedición la gente salió a recibirlos esperando así desconcertarles y evitar su invasión.

viernes, 17 de febrero de 2012

Cobertura rusa para Bashar

El Informe Semanal de la revista Política Exterior analiza la situación de Siria y el apoyo implícito de Rusia a la represión de las movilizaciones populares:

"El veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas al proyecto de resolución sobre el conflicto armado en Siria, ha enfrentado de tal modo a Moscú con Occidente que muchos analistas estadounidenses y europeos comienzan a hablar de una “nueva guerra fría”.

El gobierno de Pekín nunca ha pretendido ser una democracia y ha mantenido una línea coherente en su defensa a ultranza de la soberanía de los Estados frente a los intentos de relativizarla, como el que supone el principio de la “Responsabilidad de Proteger” (R2P). Pero incluso China alberga dudas. En la cumbre UE-China, el primer ministro, Wen Jiabao, subrayó que “lo urgente ahora es prevenir el caos y la guerra en Siria”, lo que muestra la intención de Pekín de colaborar con los esfuerzos de pacificación de la Liga Árabe.

El caso de Moscú es diferente.  Vladimir Putin ha intentado siempre presentar a Rusia como un Estado de Derecho, un tanto sui géneris, pero más o menos homologable a sus vecinos europeos. Ahora su defensa de la dictadura de Bashar el Assad ha despojado de coartadas al Kremlin, reflejando su temor a la expansión de las revueltas árabes.
Sobre el terreno, El Assad ha aprovechado el veto ruso y chino para intensificar la represión, concentrando sus ataques sobre la ciudad de Homs y sentar un precedente ejemplarizante que intimide y desmovilice a la oposición. Mientras, con la obvia intención de tender una cortina de humo, Rusia envió a Damasco el 14 de febrero a su ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, con el propósito declarado de buscar una “solución negociada al conflicto”, que en su visión pasa por aprobar en referéndum una nueva Constitución.

Pero el apoyo no le saldrá grátis a Moscú. El rey Abdalá bin Abdelaziz al-Saud ha calificado de “asbolutamente lamentable” el veto ruso y chino a la resolución patrocinada por la Liga Árabe. Rusia y China –y Argelia en el seno de la Liga Árabe–, van a hacer lo que esté en sus manos para frenar cualquier iniciativa que conlleve exigirle a El Assad abandonar el poder.

Aunque Estados Unidos quiere crear un grupo ad hoc de “amigos de la Siria democrática”, difícilmente podrá emular al Grupo de Contacto sobre Libia. Siria carece de los factores que coadyuvaron a la intervención en Libia: la oposición está muy dividida, carece de control territorial y a falta de una resolución del Consejo de Seguridad, lo que pueda aprobar la Asamblea General carecerá de efecto jurídico alguno. Moscú ya ha perdido el mercado libio de armamento (unos 4.000 millones de dólares) y no piensa ceder ahora el sirio y el único puerto de acogida para su Armada que conserva en el Mediterráneo, la base de Tartus".

jueves, 16 de febrero de 2012

El sectarismo sirio

Traducciones de la Revolución Siria ofrece un nuevo artículo de Yassin al-hajj Saleh titulado "Sobre el sectarismo y el régimen sectario en Siria" publicado originalmente en el diario libanés Al-Nahar. Una vez más enhorabuena por el excelente trabajo realizado. No es lo mismo conocer la realidad siria a base de refritos hechos desde Europa, que aproximarnos a ella a través de los más importantes intelectuales de la región!



Durante los gobiernos de los dos Asad, la integración nacional ha retrocedido en vez de avanzar y ha aumentado la cohesión “de las sectas” en vez de reducirse. Además, el régimen ha alimentado, con políticas conscientes, la crisis de confianza nacional entre los sirios que se temen y desconfían unos de otros, mientras él se convierte en árbitro de sus potenciales enfrentamientos y en el origen de su composición como seres humanos y como sociedad y no en el origen de políticas generales.

Por tanto, el régimen sectario no es el régimen de una secta ni el protector exclusivo de sus intereses, sino el que hace del sectarismo un instrumento de poder; es decir, aquel que ve en la provocación de divisiones sectarias un interés intrínseco para él. Y aún más, cuando hablamos del régimen sectario, hablamos de un régimen y no de una secta. Es necesario insistir en este punto incesantemente, no para evitar susceptibilidades ni malentendidos gratuitos que nos corroboren las situaciones sectarias, sino para demostrar que el sectarismo no es una cuestión de “sectas”, lazos familiares ni diferencias religiosas o sectarias heredadas, sino que es una cuestión de poder general, relacionada con su estructura, prácticas y tipo de prioridades, además de con las posiciones de preferencia a las que pueden acceder sus miembros en tema de servicios generales. Más delante diremos que lo principal en la cuestión del poder  no es quién gobierna, sino cómo gobierna: ¿lo hace según reglas establecidas sin discriminación y con una clara perspectiva de lo que representa el interés general, o su gobierno es personal y aleatorio, apoyado en su libre y cambiante albedrío?

Mientras puede que la protección del régimen y su continuidad en Siria exija el apoyarse en las personas cercanas o aquellos dignos de confianza, lo que hace más fácil que sean los alauíes los que se identifiquen con él, lo importante es el régimen y su continuidad, y no la vida muelle de los alauíes. Así, el asunto queda como algo relacionado con el régimen, es decir, con una estructura de poder, una influencia, una riqueza y un encumbramiento, y no con está, por tanto, ligada a un grupo religioso o sectario.

Por tanto, la expresión régimen sectario en Siria no equivale a decir que el régimen es alauí, mientras que al hablar de un régimen sectario, nada tiene ello que ver con los alauíes. No hay una “secta”, sea cual sea, que sea la mala de la película siria ni hay, en contrapartida, una secta que pueda ser el héroe. El bien no nace de las sectas (grupos religiosos y doctrinales a los que se ve como actores políticos), el bien viene de fuera de ellas y en su contra.

Si miramos en un contexto histórico más amplio, que se extienda desde antes de la era asadiana y llegue hasta la etapa post-Asad, tal vez veamos que los alauíes son las primeras víctimas del régimen, el escudo que utilizan los hombres que aman el poder y el dinero y  a sí mismos de tal manera que ello es lo único que les importa. El régimen no está en manos de los alauíes, los alauíes están en manos del régimen".

miércoles, 15 de febrero de 2012

Irak: una educación bajo ocupación

Leo en Rebelión este artículo de Hugh Gusterson titulado "Una educación bajo ocupación". La traducción es de Ricardo García Pérez.

"Hasta la década de 1990, Iraq tal vez contara con el mejor sistema universitario de Oriente Próximo. El gobierno de Saddam Hussein utilizaba los ingresos procedentes del petróleo para financiar la enseñanza gratuita de los estudiantes universitarios iraquíes, que suministraba médicos, científicos e ingenieros, quienes se incorporaban a la próspera clase media del país y sustentaban su desarrollo. Si bien la disidencia política estaba estrictamente prohibida, las universidades iraquíes eran instituciones seculares y profesionales abiertas a Occidente, además de uno de los entornos en los que se mezclaban hombres y mujeres, suníes y shiíes. También las escuelas se esforzaban por educar a las mujeres, que hasta 1991 representaban el 30 por ciento de las plantillas universitarias iraquíes, una proporción, dicho sea de paso, mejor que la de Princeton nada menos que en el año 2009. Dada su fama de excelencia, las universidades iraquíes atraían a muchos estudiantes de los países vecinos; los mismos países que ahora dan cobijo a los millares de profesores iraquíes que huyeron del Iraq ocupado.

Las universidades iraquíes iniciaron su declive en los 12 años posteriores a la Guerra del Golfo de 1991. Cuando el régimen internacional de sanciones prohibió las suscripciones a revistas y las adquisiciones de equipamiento, los salarios universitarios se desplomaron y 10.000 profesores iraquíes abandonaron el país. El profesorado que se quedó se vio cada vez más aislado de las evoluciones y de los nuevos desarrollos de sus respectivos campos.

En 2003, tras la invasión, muchos profesores iraquíes confiaban en que su sistema universitario renacería bajo la ocupación estadounidense; esperaban recibir financiación para comprar libros, sustituir equipamiento y reparar los daños causados por las sanciones. Y esperaban que una tolerancia renovada favoreciera el debate y la investigación. En realidad, sucedió lo contrario.

Todo comenzó durante el caos subsiguiente a la invasión. Mientras los soldados estadounidenses protegían los ministerios del Petróleo y del Interior, pero ignoraban los enclaves que albergaban bienes del patrimonio cultural, los saqueadores expoliaban las universidades. Por ejemplo, todas las colecciones de la biblioteca de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Bagdad y de la Universidad de Basora quedaron destruidas. Rajiv Chandresekara, del diario The Washington Post, describía en 2003 una escena en la Universidad de al-Mustansiriya: «El 12 de abril, el campus de edificios de ladrillo amarillo y explanadas de hierba fue despojado de sus libros, ordenadores, equipos de laboratorio y mesas. Hasta el cableado eléctrico fue arrancado de las paredes. Lo que no se robó, ardió en llamas, cuyas columnas de humo negro inundaron ese día la capital.»

Al mismo tiempo, Estados Unidos despojó a las universidades iraquíes de su posición de liderazgo. En su primer decreto ejecutivo como nuevo jefe de la Autoridad Provisional de la Coalición de Iraq, Paul Bremer apartó de los cargos de dirección de todas las instituciones públicas a quienes pertenecieran al partido Baaz. Como para ascender en el Iraq de Hussein era necesario afiliarse al partido Baaz (tanto si se le apoyaba de veras como si no), la orden tuvo como consecuencia inmediata la desaparición de la mayor parte de los gestores y profesores universitarios. En palabras de la periodista Christina Asquith, tras la purga “[…] la mitad de los intelectuales y académicos más destacados había desaparecido”. El control sobre las universidades iraquíes pasó a residir entonces en manos de Andrew Erdmann, estadounidense de 36 años de edad, con buenas relaciones en las redes de influencia del Partido Republicano estadounidense, quien fuera asesor del Ministro de Educación de Iraq. Erdmann no hablaba árabe y no tenía la menor experiencia en gestión universitaria.
En septiembre de 2003, a Erdmann le sucedió en el cargo John Agresto, antiguo presidente del St. Johns College de Nuevo México, un conservador que se opuso a la educación multicultural durante las guerras culturales estadounidenses de la década de 1980. Agresto fue escogido para dirigir el sistema universitario iraquí porque tenía buenas relaciones con Lynney Cheney y Donald Rumsfeld. Tampoco hablaba árabe y, cuando Chandresekaran, del The Washington Post, le preguntó qué había leído para prepararse para su misión, el nuevo máximo mandatario educativo de Iraq dijo que había decidido no leer ni un solo libro sobre Iraq porque así tendría una “[…] mentalidad abierta”.

Agresto calculó que harían falta 1.200 millones de dólares para reconstruir 22 grandes universidades y 43 escuelas e institutos politécnicos de Iraq. Dado que en 2004 el Congreso estadounidense había destinado más de 90.000 millones de dólares a las labores de reconstrucción y a lucha contra la resistencia en Iraq, no se trataba de una cifra exorbitante, sino significativamente inferior a los 2.000 millones de dólares que Naciones Unidas y el Banco Mundial habían estimado que sería el mínimo necesario. Para hacerse una idea de las magnitudes, 1.200 millones de dólares es el presupuesto anual de la Universidad estatal de Carolina del Norte. Sin embargo, el Congreso estadounidense solo aprobó ocho millones de dólares: menos del uno por ciento de lo que Agresto solicitó. Dicho de otro modo, el Congreso estadounidense le dijo a las universidades iraquíes que se las arreglaran por su cuenta.
En 2004, las universidades iraquíes saqueadas, depauperadas y despojadas de sus cuadros intelectuales y administrativos encarnaban uno de los últimos espacios, en un país cada vez más sumido en tensiones sectarias, en lo que se podían reunir personas de diferente credo. No obstante, el compromiso fundamental de muchos miembros de las comunidades universitarias con el cosmopolitismo y la tolerancia interreligiosa convirtió a las propias universidades en blanco de los extremistas sectarios y fundamentalistas. Milicias armadas amenazaban a las mujeres que no se cubrieran la cabeza e intimidaban a los profesores que dijeran cosas que nos les agradaran. Según el The Washington Times, a finales de 2006 habían sido asesinados 280 profesores iraquíes, y otros 3.250 habían huido del país. Entre los asesinados se encontraban Muhammad al-Rawi, [vice] rector de la Universidad de Bagdad ; Isam al-Rawi, un profesor de geología que fue asesinado cuando recopilaba información y elaboraba estadísticas sobre los profesores universitarios iraquíes asesinados; y Amal Maamlaji, profesora shií de Tecnología de la Información y defensora de los derechos de las mujeres en una universidad de mayoría suní, que fue asesinada.

El profesorado que tuvo la fortuna suficiente de poder desplazarse al extranjero pasó a formar parte del gran éxodo de clase media que salió de Iraq bajo la ocupación estadounidense. Se calcula que entre los años 2003 y 2007, el 10 por ciento de la población de Iraq y el 30 por ciento de sus profesores, médicos e ingenieros se marcharon a países vecinos: fue el desplazamiento de refugiados árabes más importante desde la huida de palestinos de Tierra Santa, acaecido varias décadas antes".

martes, 14 de febrero de 2012

El gran juego sirio

El País publica hoy mi artículo "El gran juego sirio" en La Cuarta:

"La revuelta siria ha entrado en un callejón sin salida. Cuando está a punto de cumplirse el primer aniversario del levantamiento popular, el régimen ha decidido jugarse el todo por el todo y emplear su artillería pesada para tratar de aplastar las protestas que tienen su epicentro en la ciudad de Homs. Su propósito no es otro que someter la revuelta de manera definitiva y dar una lección que quede grabada a sangre y fuego en la población, tal y como hiciera hace 30 años en Hama.

Sin embargo, el presidente Bachar el Asad yerra tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de la crisis siria, ya que si algo ha quedado meridianamente claro en este último año es que a más represión más movilización de la calle. Ante el dilema de abandonar el poder  motu proprio o morir matando, parece haber optado por la peor de las opciones. En este sentido está siguiendo, a pies juntillas, el guión escrito en Libia por Muamar el Gadafi a pesar de su fatal desenlace.

Una vez fracasado su intento de poner fin a las manifestaciones pacíficas mediante el uso de francotiradores, las tropas sirias han optado por el bombardeo de áreas densamente pobladas con artillería pesada. Esta decisión ha incrementado de manera notable el número de víctimas civiles en las últimas semanas. Eso sí: el régimen se ha guardado de emplear la aviación para evitar dar argumentos a la comunidad internacional para que imponga zonas de exclusión aérea. Estos actos constituyen crímenes de lesa humanidad que deberían ser inmediatamente investigados y perseguidos.

De lo anteriormente dicho cabe deducir que las estrategias de supervivencia adoptadas por Bachar el Asad hasta el momento han resultado fallidas, ya que ni han conseguido desmovilizar a la población ni tampoco han fortalecido al régimen, que cada día que pasa es más débil. Sus promesas en torno a una eventual liberalización política mediante la enmienda de la Constitución o una nueva ley de partidos resultan obscenas, ya que tienen como telón de fondo un escenario prebélico. El régimen parece ignorar que la coerción sólo funciona si es empleada con cuentagotas en circunstancias excepcionales, pero no puede convertirse en un recurso cotidiano para perpetuarse en el poder.
Esta peligrosa escalada de la violencia ha tenido al menos un efecto positivo, ya que ha despertado a la comunidad internacional del profundo letargo en el que se hallaba sumida. Durante los primeros meses de la revuelta popular, EE UU y la UE dieron un voto de confianza a Bachar el Asad, a quien veían como un reformista maniatado por los halcones del régimen. Esta lectura, a todas luces errónea, dio un balón de oxígeno a las autoridades sirias, que consideraron que disponían de un tiempo extra y, en consecuencia, apostaron por la vía coercitiva para aplacar las movilizaciones. La sangrienta represión, que ya ha provocado más de 6.000 muertes, ha convencido finalmente a los países occidentales de que no pueden permanecer de brazos cruzados mientras Siria se despeña hacia la guerra civil.

Ante la inmovilidad de la comunidad internacional ha sido la Liga Árabe la que ha asumido el protagonismo estableciendo una hoja de ruta para la era post-Asad. Una vez constatado el fracaso de su misión de observadores, el organismo regional adoptó un plan que preveía el establecimiento de un gobierno de coalición nacional con la presencia de los grupos de oposición y la celebración de elecciones parlamentarias y presidenciales para elegir un Parlamento plenamente representativo. Este plan gozó de un amplio consenso interárabe, no sólo por parte de los países más beligerantes hacia el régimen sirio (con Catar y Arabia Saudí a la cabeza), sino también de los gobiernos post-revolucionarios (Túnez, Libia y Egipto). Todos ellos han retirado sus embajadores en Damasco y han congelado las relaciones bilaterales.

Sólo tras el planteamiento de dicho plan, la comunidad internacional ha movido ficha, debatiendo un proyecto de resolución destinado a condenar a las autoridades sirias por sus reiteradas violaciones de los derechos humanos y exigirle un completo cese de los ataques contra la población civil. Además, la propuesta de resolución conminaba al Consejo de Seguridad a revaluar la situación cada 15 días y adoptar medidas más contundentes si no se apreciaba cambios sobre el terreno. Esta amenaza nada velada fue interpretada por Rusia y China como un primer paso para establecer una coalición de voluntades que, tal y como ocurrió previamente en Libia, podría intervenir militarmente bajo la doctrina de la Responsabilidad de Proteger. El consiguiente veto ruso-chino no puede entenderse plenamente sin aludir a los intereses estratégicos y comerciales que ambos países tienen en Siria. Además, a ninguno le conviene sentar precedentes que podrían ser empleados en el futuro inmediato contra otros países (léase Irán) ni allanar el camino para que EE UU refuerce su posición en la región.

Pero quizás lo más determinante en el gran juego que unos y otros están librando en torno al futuro de Siria sea el pulso de las potencias regionales para ganar peso en el Nuevo Oriente Próximo post-revolucionario. No es ningún secreto que Arabia Saudí pretende exportar su modelo ultraortodoxo wahhabí al resto del mundo árabe y que ha puesto sus petrodólares al servicio de esta causa. Lo verdaderamente novedoso es que los saudíes están aprovechando la actual coyuntura, teóricamente adversa para sus intereses, para recuperar el terreno perdido en las dos últimas décadas y para tratar de condicionar la labor de los gobiernos islamistas recién electos. Su propósito no sería otro que frenar las reformas democratizadoras y obligarles a adoptar un programa maximalista. Pese a su empeño, es poco factible que Riad consiga salirse con la suya, puesto que su rancio proyecto político representa un ataque contra la línea de flotación de la Primavera Árabe.

De otra parte nos encontramos con Irán, que intenta preservar a toda costa el arco chií que va desde Irán hasta Líbano pasando por Irak y Siria e, incluso, extenderlo a otros países del golfo Pérsico con población chií como Bahréin. De ahí su empeño por desarrollar un programa nuclear que podría consolidar su hegemonía regional y ser empleado como arma disuasoria contra sus enemigos tradicionales: EE UU, Israel y Arabia Saudí. Por último, nos encontramos con Turquía, que parece haber sacrificado su política de cero problemas con los vecinos para adaptarse al nuevo escenario regional tratando de convertir su modelo islamodemócrata en un referente para el conjunto de movimientos islamistas árabes.

En el caso de que la comunidad internacional no dé con la fórmula mágica para resolver la situación, estos tres actores jugarán un papel central en el futuro de Siria. Lo que no está nada claro es qué precio están dispuesto a pagar cada uno de ellos para mantener o extender su influencia. Si bien Irán ha apostado todas sus cartas para apuntalar a su aliado estratégico porque considera su supervivencia prácticamente un asunto de seguridad nacional, no parece que Arabia Saudí o Turquía estén dispuestas a librar en territorio sirio una guerra contra Irán a través de actores interpuestos. Además, es altamente improbable que la oposición siria se preste a entrar en dicho juego o que las diferentes comunidades étnicas y confesionales que componen su heterogéneo mosaico social se dejen manipular por las intrigas regionales.

Así las cosas, cabe preguntarse cuánto tiempo será capaz de sobrevivir el régimen sirio en unas condiciones cada día más adversas. Abandonado por el mundo árabe, asfixiado por las sanciones internacionales y estrangulado por una profunda crisis económica todo parece indicar que el apoyo iraní y ruso será insuficiente para garantizar su supervivencia. El gran perdedor de esta angustiosa espera será, una vez más, la población civil, que deberá derramar aún más sangre antes de que el régimen se desmorone de manera definitiva".

lunes, 13 de febrero de 2012

Siria: las limitaciones de la coerción

Traducciones de la Revolución Siria publica el artículo "El régimen sirio en situación de fuerza mayor" de Subhi Hadidi originariamente aparecido en el diario londinense al-Quds al-`Arabi en el que aborda el fracaso de la estrategia del 'puño de  hierro' emprendida por el régimen.

"El detalle más sangriento durante la última semana de la revolución siria, que ha entrado en su undécimo mes, es la total apuesta del régimen por continuar haciendo uso de la maquinaria de violencia, asesinatos, bombardeos y destrucción, especialmente en Homs, las zonas cercanas al río Barada y Jebel al-Zawiya. A esto se une la perpetración de una serie de sucias operaciones cuyo único objetivo es avivar los sentimientos sectarios e hacer brotar enfrentamientos entre los civiles. Más de 400 muertos en menos de una semana, entre los que hay un número considerable de niños, en el marco de estúpida estrategia que busca “hacer natural” el número de víctimas, convirtiendo en una costumbre o en parte de la rutina en la mente de los sirios que mueran 100 personas a diario. Todo ello con el objetivo de doblegar su voluntad, extender el terror y provocar la desesperación. También se pretende que sea algo normal en las mentes del mundo exterior para que el horizonte de lo que se conoce como “soluciones políticas” parezca aún más lejano.

Es de sobra conocido que la provocación de enfrentamientos entre civiles con carácter sectario, entre suníes y alauíes especialmente, en los focos más candentes, como Homs, ha sido desde el comienzo uno de los puntos centrales del “paquete” de reformas de la solución militar, ya que puede servir para desintegrar el movimiento nacional, desunir sus esfuerzos y afianzar el apoyo de los alauíes al régimen (frente a un extremismo esperado en las filas de los suníes y un temor, tácito o verbalizado, en el seno de las minorías religiosas, sectarias y étnicas). Para tales operaciones, el régimen se ha apoyado en un grupo de células especiales que, administrativamente, dependen de algunos aparatos de seguridad (Inteligencia Aérea la que más), pero en realidad no siguen órdenes según una estructura jerárquica dentro del propio aparato. Es decir, están más cerca de ser células oscuras y secretas, dependientes por medio de lazos ocultos de líderes individuales, escogidos, y no es necesario decirlo, según puros criterios sectarios.

En contrapartida, hay un detalle de extremada elocuencia, securitario, militar y psicológico, que insinúa más claramente que el horizonte se cierra ante la solución militar, solución que el régimen no ha abandonado desde el 15 de marzo pasado. En ello se depositan todas las esperanzas que el régimen tiene de salvarse, o de salvar lo que pueda salvarse del legado del “Movimiento Correctivo” y sus tradiciones de despotismo, pillaje, corrupción y gobierno familiar hereditario. Este detalle es que, por primera vez, el régimen ha recurrido a las unidades de la Guardia Republicana para llevar a cabo las operaciones militares directamente en Al-Ghuta, en los vecinos alrededores de Damasco y en la propia capital. Aunque esta medida guarda una lógica en principio, dada la absoluta fidelidad que se supone que estas unidades profesan al núcleo del poder, el despliegue de la Guardia Republicana fuera de sus posiciones tradicionales refleja tres puntos de dificultad importantes.
Para empezar, se trata de la movilización de cuerpos de la última reserva militar-securitaria, cuerpos que las dictaduras suelen guardar para las batallas decisivas y determinantes alrededor de los castillos, los refugios y los puntos de defensa principales. La guardia del régimen sirio intensifica este papel, especialmente tras la disolución de las formaciones militares que servían de reserva para el régimen, como las unidades de las Brigadas de Defensa en los días de Rifaat al-Asad por ejemplo.

En segundo lugar, se trata de un serio indicio de que la Cuarta Brigada, que dirige Maher al-Asad de facto, ya no puede llevar a cabo ni el mínimo de las misiones que se le suelen encomendar. Ello a pesar de que equivale a tres brigadas en la práctica y sus efectivos no solo superan al resto de cuerpos del ejército sirio en lo que a tipos de armas y destrezas de enfrentamiento se refiere, sino que también sus costumbres, en cuanto al trasfondo militar y regional de sus oficiales y la formación de sus filas, además de lo que concierne a la línea de mando y el entrenamiento logístico, se saltan toda ley militar conocida en la historia.

Finalmente, puede que el despliegue de la Guardia Republicana se contamine de lo que ha sucedido en el seno de la Cuarta Brigada: graves problemas que pueden no sobrepasar la deserción en la presente situación, pero que cada vez se acercan más al nivel de la desintegración [...]".