lunes, 27 de julio de 2015

EEUU-Irán: puentes abiertos

Esta semana aparece en el mensual Diagonal este artículo que he escrito sobre el acuerdo nuclear Irán y el G5+1.

Con demasiada frecuencia se catalogan como históricos algunos acontecimientos, cumbres o acuerdos que, en realidad, no serán contemplados por la Historia más que como episodios anecdóticos o notas al pie de página. No es este el caso que nos ocupa. El acuerdo en torno al programa nuclear iraní alcanzado en la Cumbre de Viena el 14 de julio evita, al menos durante un periodo de diez años, que el programa nuclear iraní tenga derivaciones militares y abre las puertas a una normalización de relaciones entre Irán y el mundo occidental. El acuerdo establece, además, que las centrales nucleares iraníes podrán ser inspeccionadas por la Organización Internacional de la Energía Atómica e Irán se verá obligado a deshacerse de la mayor parte del uranio que ha enriquecido hasta el momento. A cambio de ello logra que la comunidad internacional levante las sanciones que asfixian a la economía iraní.
De las declaraciones efectuadas por sus firmantes podría parecer que el acuerdo no tiene ganadores ni perdedores, pero no es así. El progresivo levantamiento de las sanciones internacionales permitirá a Irán recuperar parte del terreno perdido en los últimos años en el seno de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Debe tenerse en cuenta que Irán atesora las cuartas reservas mundiales de petróleo en su subsuelo: nada más y nada menos que una décima parte de las reservas existentes. Hoy en día exporta un millón de barriles de crudo diarios, frente a los dos millones y medio que producía en el pasado. La culpa de esta reducción la tienen las sanciones internacionales y la obsoleta industria petrolífera del país, diezmada por años de embargo y necesitada de inversiones inmediatas para recuperar su productividad. Otro elemento clave del acuerdo es la devolución a Irán de los 150.000 millones de dólares bloqueados en el extranjero desde hace décadas, lo que dará un balón de oxígeno a la economía iraní y permitirá que la población note, en su día a día, las ventajas del acuerdo.
 
Pero quizás lo más relevante sea que, al firmar el acuerdo, EEUU y el resto de firmantes e integrantes del G5+1 (Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) reconocen el poder ascendente de Irán en la región. En tiempos no tan remotos, las potencias coloniales acostumbraban a imponer sus designios por la fuerza de las armas. En esta ocasión se ha optado por la vía de la negociación, conscientes de que Irán se ha convertido en un actor clave en Oriente Medio y que su contribución es vital para estabilizar los múltiples fuegos que se extienden en países como Siria, Irak y Yemen y para combatir a quien parece haberse convertido en el enemigo número uno de Occidente: el autodenominado Estado Islámico, cuyo poder de destrucción no ha dejado de crecer desde la proclamación del califato hace un año.

miércoles, 15 de julio de 2015

Nueva era en Oriente Medio

Hoy recupero la actividad en el blog después de varios meses cerrando un nuevo libro. Mi artículo de hoy en El Correo pone el foco en el pacto nuclear iraní. Aquí os lo dejo.


El acuerdo sobre el programa nuclear iraní alcanzado ayer en Viena abre una nueva era para Oriente Medio y representa el triunfo de la diplomacia sobre la guerra. El pacto consiste, esencialmente, en la limitación del programa nuclear iraní durante los próximos diez años a cambio del levantamiento gradual de las sanciones internacionales. Las maratonianas negociaciones desarrolladas en los últimos 18 días han logrado desenredar los últimos flecos existentes. Irán se compromete a reducir sus reservas de uranio ya enriquecido en un 98% y a limitar en un 65% la actividad en sus centrales nucleares, que sólo podrán tener un uso civil. En el caso de que Irán viole dicho acuerdo, las sanciones serán restablecidas de manera inmediata. El Organismo Internacional de la Energía Atómica se encargará de inspeccionar las centrales iraníes.

El acuerdo es un rotundo éxito del presidente Barack H. Obama, que desde que llegara a la Casa Blanca ha hecho lo imposible por desligarse de la herencia envenenada que le dejara su predecesor en el cargo: George W. Bush. Debe tenerse en cuenta que la Doctrina Bush consideraba a Irán como el principal peligro para la estabilidad en Oriente Medio y el elemento central del denominado Eje del Mal. Al aceptar a Irán como interlocutor, EEUU da por sentado que «la estrategia del palo» aplicada desde la revolución islámica iraní de 1979 no ha deparado los resultados esperados y que, por lo tanto, debe replantearse. Irán se ha convertido en una potencia regional que dispone de una profundidad estratégica sin precedentes gracias a las estrechas relaciones que mantiene con Irak, Siria y Hezbollah, por lo cual es necesario también recurrir a «la estrategia de la zanahoria» para que contribuya a apaciguar la turbulenta situación que atraviesa Oriente Medio. 

Por otra parte, la Casa Blanca es plenamente consciente de que la coalición internacional formada para derrotar al autodenominado Estado Islámico ha sido un rotundo fracaso, puesto que tal grupo no sólo no ha sido descabezado, sino que además ha seguido ampliando sus dominios mediante la conquista de nuevos territorios como Palmira (a tan sólo 230 kilómetros de Damasco) o Ramadi (a un centenar de kilómetros de Bagdad). Siria e Irak, los dos feudos en los que opera el Daesh, están a punto de convertirse en Estados fallidos y probablemente el único actor capaz de evitar su descomposición definitiva sea Irán, sin cuya contribución Bashar al Asad y Haidar al Abadi habrían sido desalojados del poder desde hace tiempo.