miércoles, 30 de noviembre de 2011

Avnery sobre la deriva israelí

Mediterráneo Sur traduce al español este artículo del activista israelí Uri Avnery: "Otra vez Weimar".

"'¡Tú y tu Weimar!' gritó una vez un amigo mío, exasperado. “Únicamente porque viviste el colapso de la República de Weimar de niño, ahora ves Weimar en todas partes”. La acusación tiene cierta razón. En 1960, durante el juicio a Eichmann, escribí un libro sobre la caída de la república alemana. El último capítulo se llamaba: “Puede ocurrir aquí”. Desde entonces he repetido esta advertencia una y otra vez.

Pero ya no estoy solo. En las últimas semanas, la palabra Weimar ha aparecido en los artículos de muchos columnistas. La democracia israelí está bajo asedio. Ya nadie puede cerrar los ojos ante esto. Es el tema principal de la Knesset, que encabeza este ataque, y en los medios de comunicación, que están entre las víctimas.

Eso no ocurre en los territorios ocupados. Allí nunca hubo democracia. Una ocupación es justo lo contrario a una democracia: la negación de todos los derechos humanos, el derecho a la vida, la libertad, el desplazamiento, el juicio justo y la expresión libre, para no hablar de los derechos nacionales.
No: yo hablo de Israel en el sentido estricto, el Israel al interior de la Línea Verde, “la única democracia de Oriente Medio”.

Los atacantes son miembros de la coalición de gobierno de Binyamin Netanyahu, entre ellos semifascistas y elementos abiertamente fascistas. Netanyahu, por su parte, intenta quedarse discretamente al fondo de la imagen, pero no se puede dudar de que es él quien ha orquestado todos los detalles.

En los dos primeros años de su coalición, los ataques eran esporádicos. Pero ahora son decididos, sistemáticos y coordinados. Los tres pilares de la democracia ―tribunales, medios y organizaciones ― sufren un asalto mortífero. En este momento, las fuerzas antidemocráticas están atacando en un amplio frente. Los tres pilares básicos de la democracia ―los tribunales, los medios de comunicación y las organizaciones de derechos humanos― están sometidos a un asalto simultáneo y mortífero (¿recordáis Weimar?).

El Tribunal Supremo es el bastión de la democracia. Israel no tiene Constitución y no hay nada capaz de poner freno a la mayoría en la Knesset. Sólo el Tribunal puede (si bien con desgana) impedir la adopción de leyes antidemocráticas. No soy un admirador ciego del Tribunal. En los territorios ocupados funciona como brazo de la ocupación, entregado a la “seguridad nacional”, dando su consentimiento a algunos de los peores incidentes. Pero en el Israel propiamente dicho es un tenaz defensor de los derechos civiles.

Los derechistas extremos en la Knesset están decididos a ponerle fin. Están encabezados por el ministro de Justicia, quien fue nombrado por Avigdor Lieberman. Está proponiendo una serie de escandalosas leyes diseñadas al efecto. Una de ellas se propone cambiar la composición del comité público que nombra a los jueces, con la nada velada intención de conseguir el nombramiento de un determinado juez derechista como miembro del Tribunal Supremo [...].
El asalto a los medios empezó hace algún tiempo, cuando el barón de los casinos norteamericano, Sheldon Adelson, un amigo cercano de Netanyahu, lanzó un diario tabloide con el propósito expreso de ayudar a Netanyahu. Se distribuye gratis y ahora tiene la mayor tirada en todo el país y amenaza la existencia de todos los demás (pero también los soborna al pasarles enormes encargos de impresión). El dinero no importa. Se gastan sumas enormes.

En 1965, el gobierno laborista aprobó una nueva ley de calumnias (llamada literalmente “ley de las malas lenguas”) que estaba claramente diseñada para ponerle un bozal a 'Haolam Hazeh', la nueva revista de gran tirada que yo dirigía y que había introducido en Israel el reportaje de investigación. Yo hice un llamamiento al público para que me enviaran a la Knesset como protesta y un 1,5 % de los votantes estaban suficientemente enfurecidos como para hacerlo.

Ahora, la banda derechista en la Knesset quiere agudizar todavía más esta ley anti-prensa. Las nuevas enmiendas conceden hasta 100.000 euros en indemnizaciones a cualquiera que asegure que ha sido perjudicado por los medios de comunicación, sin tener que demostrar siquiera este perjuicio. Para los periódicos y los canales de televisión, que ya están en una situación financiera precaria, eso significa que es mejor abandonar toda investigación periodística y toda crítica de políticos influyentes o magnates.

Los nuevos aires ya se hacen sentir. Los periodistas y directores de televisión están acobardados. Esta semana, un programa de Channel 10, considerado el más liberal, concedió cinco minutos a una canción que glorifica el fallecido 'rabino' Meir Kahane, que fue declarado fascista por el Tribunal Supremo y cuya organización ha sido prohibida por defender lo que el Supremo llamó “leyes de Nuremberg”. Un miembro confeso de esta organización, que está viva y coleando bajo otro nombre, es ahora un diputado que levanta mucha polémica en la Knesset. (¿Recordáis Weimar?).

Una amplia purga de periodistas de televisión ya está en marcha. Los directores de todos los canales de televisión están siendo reemplazados por derechistas uno por uno. Se admitía abiertamente que el gobierno obligaría a cerrar Channel 10, exigiendo las deudas no pagadas, si no se despedía a un determinado periodista. Aunque en general era cercano al 'establishment', este reportero había molestado a Netanyahu exponiendo el lujoso estilo de viajes de él y su esposa, todo a costa del Estado".

martes, 29 de noviembre de 2011

Sobre las elecciones egipcias

Ayer y hoy se ha celebrado la primera vuelta de las elecciones parlamentarias egipcias que estoy siguiendo desde El Cairo. Los egipcios se están comportando de manera ejemplar y los centros de votación registran una gran afluencia. Con todas las personas con las que he tenido la oportunidad de hablar tienen la impresión de que están viviendo un momento histórico y que el país está registrando las primeras elecciones libres desde el derrocamiento de la monarquía. Habrá que ver los resultados, que se empezarán a dar a partir de mañana.

A mi regreso escribiré una reflexión más profunda sobre lo visto estos días. Mientras tanto os remito a la "Guía para seguir las elecciones egipcias" elaborada por Jordi Pérez Colomé en su web Obama World.

"1. No hay que tener prisa. Los resultados están previstos para el 13 de enero. Hoy las elecciones solo empiezan. Egipto tiene más de 80 millones de habitantes. La ley dice que en cada colegio electoral debe haber un juez y no hay suficientes para todo el país el mismo día. Así que se reparte en tres etapas. Hoy votan la mayoría de distritos de Cairo, Alejandría y otras ciudades. La última ronda será el 10 de enero. Por eso hay que esperar tanto. Cuando se haya escogido el Parlamento, empezarán además las elecciones a la otra cámara, el menos importante Consejo de la Shura.

2. No hay que esperar entender bien el sistema. El Parlamento tendrá 518 miembros: 508 son electos y 10 los nombra el presidente (ahora la junta militar). Dos tercios de los escaños se reparten entre listas cerradas que preparan los partidos. El otro tercio es para candidatos independientes, aunque muchos están afiliados a algún partido.

Cada egipcio deberá votar tres veces. Si no lo hace, su voto queda anulado. Una papeleta es para las listas cerradas. Las otras dos son para candidatos independientes. En las circunscripciones donde solo salga escogido un independiente, se hará una segunda vuelta el lunes próximo hasta que uno supere el 50 por ciento. En una reminiscencia del pasado, los futuros diputados independientes se dividen en dos: obreros y rurales, y profesionales liberales.

Los votos se distribuyen con un sistema de cuota Hare que, al contrario que la ley D’hondt que se usa en España y la mayoría de países, favorece a los partidos pequeños (aquí lo explican bien). Así que el Parlamento será más legítimo y democrático, pero más dividido. Hay quien especula que esta división provocará desgobierno y reforzará el poder del presidente, ahora la junta militar.

3. Quién se presenta. Las principales fuerzas políticas egipcias se presentan en cuatro grandes coaliciones. A grandes rasgos dos son islamistas: el más moderado Partido de la Justicia y Libertad, de los Hermanos Musulmanes, domina el grupo Alianza Democrática por Egipto, y los salafíes más radicales se presentan en el Bloque Islámico. Las dos coaliciones seculares son el Bloque Egipcio, dominado por el partido Egipcios Libres, del multimillonario copto Naguib Sawiris, y la Alianza Revolución Continúa, dominada por el Partido Socialista Egipcio.
El problema con estas alianzas es que algunas son antinaturales. En el Bloque Egipcio, junto al partido liberal de Sawiris están los socialistas de Al-Tagammu. Quería hacerse un grupo secular en contra de islamistas. Está por ver si dará resultado. Pero la sensación de unirse solo para conseguir algún escaño más puede ser perjudicial. Aquí explican con detalle los programas de cada grupo.

4. La función del nuevo Parlamento es imprecisa. Más allá de grupos y elecciones, la importancia real de este Parlamento será escoger un comité que redacte la Constitución. Eso es crucial por si los islamistas tienen mayoría. Aunque ni siquiera el poder constituyente está claro. Los disturbios de estos días los inició un documento de la junta militar que establecía que hubieran principios supraconstitucionales. Es decir, que los decidieran ellos. Si fuera así, el peso de quien redacte la Constitución se reduce.

5. El peligro del pucherazo. Tras Túnez, estas son las primeras elecciones libres de la primavera árabe. En buena medida es cierto: en 2010 el Partido Democrático Nacional de Mubarak iba a ganar. Ahora eso no pasará: hay por tanto más libertad. El resultado es un misterio, como en todas las elecciones, y más en Egipto porque no hay sondeos fiables.

Pero todo el mundo sospecha de que el Ministerio del Interior -el encargado de la seguridad electoral es el mismo que en 2010- o la junta militar preparan algo para controlar el resultado. Ayer dos personas me decían que podía ser peligroso. Puede ser, pero es un recuerdo del pasado, en que los baltagiya (matones), se encargaban de controlar quién votaba y la “seguridad” de las urnas. Este año por ejemplo se ha alargado sin explicación la jornada de voto: se podrá votar hoy y mañana. La noche es larga y oscura y las urnas dormirán en los colegios electorales. Son muchas horas sin vigilancia.

En plenos disturbios, hace unos días, la junta militar declaró que aprobaba una ley que se había discutido meses atrás para que los ex miembros del partido de Mubarak no pudieran presentarse. Era muy tarde e incluso las papeletas debían ya estar impresas. Además la presencia de esos políticos se reparte en vqrias listas. Nadie sabe cómo se aplicará, o ni siquiera si se hará. Si queda en nada, algunos de los beneficiados del presunto pucherazo podrían ser estos ex socios de Mubarak.

6. Ya se sabe quién ganará: los Hermanos Musulmanes. Nadie duda de que son la fuerza más sólida del país. La única duda es saber qué porcentaje conseguirán y que harán con esa victoria. El panorama que se abre es un misterio. En principio la junta militar seguirá nombrando al gobierno, pero los Hermanos pedirán que ahora represente mejor la legitimidad del Parlamento. Está por ver si le hacen caso.

7. El futuro tiene dos caminos. Hoy hay convocada en Tahrir una nueva marcha del millón. Parte de los activistas en la plaza boicotean estas elecciones porque creen que son ilegítimas. La junta militar no habría cumplido su papel en la transición y ceeen que la lucha debe seguir.

Dina Zakaria, miembro destacada de Hermanos Musulmanes, dice que “el movimiento debe expresarse en las instituciones”. Los Hermanos creen que a estas alturas de la transición la lucha ya está madura para que pueda seguir en los despachos y con negociaciones políticas. Los activistas, que tendrán menos representación, creen que no. Es en parte un peligroso juego de no admitir la voluntad de la mayoría. Pero siempre tendrán la excusa de las triquiñuelas de la junta militar y la violencia y muertes que ha provocado.

En los dos días que llevo en Cairo, he hablado con con periodistas extranjeros y ciusadanos egipcios. Nadie tiene ni idea de qué puede ocurrir a partir de mañana. La junta militar parece que juegue a esa ambigüedad,quizá porque no sepan bien qué hacer. Quiere proteger su futuro y sus privilegios, pero no tiene un plan claro. Hay además otros intereses del viejo régimen, aún muy presente. El sábado en la plaza Tahrir un egipcio me decía: “¿Tú crees que acabaremos por tener una democracia?” Las transiciones son largas".

lunes, 28 de noviembre de 2011

La fortaleza de Homs

El diario Al-Quds al-Arabi publica un artículo de Sobhi Hadidi "La fortaleza de Homs: ¿sectarismo o Troya?". Una vez más agradecer la labor del blog Traducciones de la Revolución Siria, responsable de la traducción, y recomendar la visita de su web.

"Hay un chiste que dice que un habitante de Homs se despertó mientras el levantamiento estaba en auge en Siria y, al no escuchar el silbido de las balas, el impacto de los proyectiles ni el chirrido de las llantas de los vehículos, pensó que se había despertado en los altos del Golán ocupado[1]. Otro chiste cuenta que un habitante de Homs dijo: “El que haya aparcado su tanque en mitad de la calle que venga y se lo lleve, que queremos pasar”. Finalmente, un tercer chiste cuenta que un control de seguridad ordenó parar a un ciudadano de Homs y le preguntaron si había participado en alguna manifestación. Él respondió que no, pero, para asegurarse de que su voz no estaba ronca de gritar en las manifestaciones, el agente de seguridad le pidió que dijera lo primero que se le ocurriera. El hombre dijo: “Daraa, estamos contigo hasta la muerte” [2]. Con tal panorama, quedó el chiste de la creación del “Taller internacional de lavado y engrasado de tanques de Homs”, que explica su creación así: “Debido al gran número de tanques en las calles de Siria en general y concretamente en Homs, hemos inaugurado el primer centro civil en el mundo para el cuidado de tanques. El centro lleva a cabo todo tipo de actividades para este propósito, desde el lavado y el engrase hasta el cambio de aceite”.

Esto no es nada sorprendente, pero para explicarlo, no sirve el hecho de que Homs sea la cuna de los chistes en Siria (como sucede en todos los países, que eligen una zona en concreto para convertirla en la materia prima con que dar rienda suelta a la ironía). Más bien, la relación entre la ciudad y el levantamiento sirio tiene que ver con muchas otras cosas que le dan ese especial estatus y lo alimentan, pasando de los chistes amargos a los niveles de la realidad, en general más amargos si cabe. Más amargos porque se puede decir que la ciudad es la primera en la lista de miembros del salón de la fama en número de muertos (cerca de 1500). Además, los homsíes fueron los primeros manifestantes que sustituyeron los primeros lemas del levantamiento por el decisivo que exigía la caída del régimen. También estuvieron entre los primeros en cambiar los nombres de los lugares más importantes de las ciudades, como la Plaza del Reloj, que pasó a llamarse “Plaza de la Libertad”. Finalmente, la ciudad ha sido testigo de la participación más amplia de la clase media y de grandes comerciantes, además de otros miembros de la “mayoría silenciosa” en las protestas en contra del régimen de los Asad.

Eso ha provocado que las Cuarta Brigada [3], distintos cuerpos de seguridad, manadas de esbirros, oráculos del régimen y colaboradores dentro de la ciudad lleven a cabo las más crueles y salvajes acciones contra Homs desde el 6 de mayo de 2011 cuando se utilizaron todo tipo de armas, incluidos helicópteros y aviones de combate. Además se impuso un bloqueo a los barrios de Homs y sus alrededores, desde Al-Rastan hasta Talbisa y Tel Kalaj que aún continúa. Todo esto ha ido acompañado de una campaña de otro tipo, que busca crear un foco de fricción sectaria entre los hijos de la ciudad, escena que han ayudado a conformar los miembros de los servicios de seguridad de tal forma que se ha creado una narrativa complementaria: Homs, la muy convenientemente llamada fortaleza de la revolución siria, se ha convertido en el punto donde la guerra sectaria es más probable.

Es triste y sorprendente que algunos partidarios del levantamiento se hayan hecho eco de esta versión, limitándose a observar los pequeños y efímeros detalles y desviando la mirada del conjunto de la escena. Incluso hijos de Homs, como Burhan Ghalioun, el presidente del Consejo Nacional Sirio, han caído en ello. Ghalioun emitió un comunicado en su nombre y en nombre del Consejo en el que predominaba el lenguaje declamatorio excepto en el párrafo en el que se dedicaba a criticar a los habitantes de Homs afirmando tajantemente que los “impulsos” de algunos de ellos habían debilitado “la lucha contra los peligros de la división y los choques sectarios” por lo que “hemos empezado a presenciar  en las últimas semanas algunos secuestros y actos para saldar cuentas entre los hijos de un mismo pueblo, los hijos de la revolución”.

Dado el rechazo de la gente al texto, el Consejo se apresuró a sacar un nuevo comunicado sobre Homs con el que pretendía maquillar el comunicado de su presidente hasta ocultarlo totalmente. No se estaba pidiendo una total eliminación de toda realidad en la ciudad, como decía el comunicado, ni convertirlo en algo negativo para provocar el pánico como hace el régimen, según el comunicado de Ghalioun. Claramente, este es un asunto político con diferencia, antes de ser un fenómeno que haya de desaparecer a nivel social. No es inteligente que el Consejo Nacional Sirio se debata entre los extremos  de la eliminación de toda realidad sectaria y de la provocación del miedo. El único que empuja a la movilización sectaria es el régimen, desde la más alta cumbre de sus instituciones de gobierno hasta su más amplia base de apoyos. Por ello, no hay mejor forma de luchar contra las tendencias sectarias que por medio de la batalla que se está librando contra el régimen, en primer, segundo y décimo lugar. Los suníes, en la historia como en la más básica sociología no son “una secta” en Siria, por el mero hecho de que son la mayoría de la población y no es correcto clasificar las tendencias de la mayoría con los mismos parámetros con los que se miden las tendencias de los individuos o los grupos reducidos. Esto, evidentemente, no acaba con los efectos de la propagación de las tensiones sectarias entre algunos, que se propagan del mismo modo que el extremismo o la moderación, la intolerancia o la tolerancia, y la religiosidad o el laicismo.

Homs se ha mantenido como la capital “hostil” de la revuelta siria, como la llaman sus gentes y como la fortaleza que ha resistido durante meses las incursiones del régimen. Es humillante para sus hijos y su registro histórico que se extiende desde la antigüedad, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna hasta el mundo contemporáneo, que nos quedemos con una imagen reduccionista resultado de hechos sectarios esporádicos, y que su brillante imagen se desvanezca: Se trata de Troya resistiendo el bloqueo, es la Troya actual de Siria y fuera de sus muros populares  terminará más de un bloqueo y junto a sus muros nacionales caerá más de un Aquiles".

[1] Una de las demandas de la gente durante estos meses ha sido que se utilicen los tanques para recuperar el Golán ocupado por Israel y no contra la población, de ahí la ironía.
[2] El estallido de la revolución de Daraa provocó actos de solidaridad en todas las ciudades ya que esta sufrió un bloqueo desde el inicio.
[3] Cuerpo dirigido por Maher al-Asad, hermano de Bashar.

viernes, 25 de noviembre de 2011

La respuesta occidental a las revueltas árabes

Hace unos días me entrevistó el Diario de Mallorca sobre las revoluciones en el mundo árabe. Os dejo las respuestas. La próxima semana saldrá nuestro libro Informe sobre las revueltas árabes que edita Ediciones del Oriente y el Mediterráneo:

¿Cree que las revueltas del mundo árabe han sido eso, revueltas, o han estado dirigidas por la mano de Occidente?
Las revueltas han sido espontáneas. Desde décadas atrás existía un malestar en la calle árabe hacia los gobiernos autoritarios y sólo hacía se necesitaba una chispa que prendiese la llama. Esa chispa fue la caída de Ben Ali, que hizo perder el miedo a los pueblos árabes y les mostró que tienen un enorme poder cuando se movilizan todos juntos. El papel de los países occidentales ha sido residual, ya que han sido los primeros sorprendidos por la magnitud de la revuelta y todavía no han sido capaces de darle una respuesta coherente.

¿Han sido útiles para dotar de libertad a los pueblos?
Todavía nos encontramos ante el arranque de la Primavera Árabe y hay demasiadas incógnitas en el horizonte. Sólo tres (Túnez, Egipto y Libia) de los veintiún países árabes han sido capaces de derrocar a sus dirigentes y está por ver que sean capaces de avanzar hacia la democracia. Debe tenerse en cuenta que las transiciones que ahora se inician están plagadas de obstáculos, entre ellos las resistencias de la vieja guardia, la falta de cultura democrática, el temor al fundamentalismo o la posición de Occidente. Como sabemos muy bien en nuestro país, una democracia sólida no se construye de la noche a la mañana: es una labor compleja que requiere consensos y diálogo.

¿Qué papel ha jugado la mujer en la ´primavera árabe´?
La mujer árabe ha jugado un papel central en las revueltas árabes, especialmente en las desarrolladas en Túnez y Egipto. No obstante, está por ver que se tengan en cuenta sus demandas de igualdad social y participación política. Debe tenerse en cuenta que el peso de las estructuras patriarcales en el mundo árabe siguen siendo relevantes. Me parece muy importante que para las elecciones tunecinas se haya optado por listas cremallera, que garantizan una representación paritaria entre hombres y mujeres. Es un modelo que debería seguirse en otros países árabes.
Ignacio Álvarez-Ossorio, en la Universidad de Alicante.
¿Conocemos los europeos la realidad de los países árabes?
Rotundamente no. Lo más preocupante es que no sólo la sociedad española viva de espaldas al mundo árabe, sino que también la clase política demuestra una supina ignorancia por lo que allí ocurre. Además de miope, esta política podría tener un elevado coste en el medio y largo plazo. No nos podemos permitir el lujo de ignorar los cambios que se están registrando en el sur del Mediterráneo. En mi opinión deberíamos redoblar los esfuerzos para tratar de comprender las profundas transformaciones socio-políticas que están experimentando nuestros vecinos sureños.

Siria vive graves enfrentamientos ¿Al Asad está legitimado o debería abandonar el poder?
La revuelta siria estalló hace siete meses. Miles de personas han muerto desde entonces. El régimen sirio ha recurrido sistemáticamnte a la violencia para desmovilizar a la población, pero no ha tenido mucho éxito porque cada viernes salen a las calles decenas de miles de personas. Ante la sistemática represión, algunos sectores de la oposición se muestran partidarios de militarizar la revuelta, lo que sería un grave error y provocaría una guerra civil que podría acabar contaminando a otros países de la región. Obviamente Bashar al-Asad ha perdido toda credibilidad ante su propio pueblo y ha demostrado su incapacidad para pilotar una transición hacia la democrática.

¿Llegará Palestina a crear un Estado reconocido por la ONU?
Deben distinguirse dos cuestiones. De una parte, la petición de que el Estado de Palestina sea admitido como miembro pleno dentro de la ONU, que únicamente requiere la aprobación por parte de Consejo de Seguridad (aunque EE UU ya ha dicho que la vetará). De otra parte, el establecimento de facto de dicho Estado que está supeditado al fin de la ocupación israelí. Está claro que tanto lo uno como lo otro dependen de EE UU e Israel, que prácticamente se han quedado solos en su numantina resistencia a la independencia palestina. El tiempo juega contra ellos: cuanto más tarde en producirse la retirada de los territorios ocupados más costosa será para Israel.

¿El problema para la libertad en los países árabes es el islamismo?
El problema principal del mundo árabe ha sido el autoritarismo, lo que a su vez ha provocado la radicalización de los islamistas. En el curso de la última década, los grupos islamistas moderados han dado un giro de 180 grados aceptando la pluralidad de las sociedades árabes, optando claramente por la vía democrática y concertado su acción con el resto de los partidos de oposición, lo que muestra a las claras que han madurado y que no pretenden imponer un programa maximalista. El modelo por el que parecen inclinarse es el del AKP, que gobierna Turquía desde hace una década y que pretende exportar su islamodemocracia al mundo árabe.

¿España puede tener algún papel mediador en los conflictos árabes actuales?
Desde hace dos décadas, el Mediterráneo constituye una de las prioridades de la política exterior española. Ha auspiciado varias iniciativas de calado entre las que se cuenta el Proceso Euro-Mediterráneo. No obstante, España ha perdido credibilidad, especialmente desde que apoyase la guerra contra Irak en 2003, algo que no se olvida en el mundo árabe. El Gobierno español ha estado corto de reflejos a la hora de entablar interlocución con los actores islamistas, que tendrán mucho que decir".

jueves, 24 de noviembre de 2011

Segunda parte de la revolución egipcia

Abdel Bari Atwan, director del diario Al-Quds al-Arabi, firmaba hace unos días esta editorial -"Segunda victoria de la revolución egipcia"- sobre la segunda parte de la revolución egipcia. La traducción la ha realizado Al-Fanar:

"La manifestación millonaria de la plaza de Tahrir de ayer convocada por los jóvenes de la revolución ha obligado al Consejo Supremo de la Fuerzas Armadas que gobierna Egipto a aceptar muchas de las demandas de los manifestantes. El mariscal Mohamed Huseín Tantaui, presidente del Consejo, anunció en su discurso de ayer la aceptación de la dimisión del gobierno de Essam Sharaf, la celebración de elecciones presidenciales antes del próximo mes de junio, la reestructuración del aparato de la policía y la formación de un gobierno de salvación nacional con competencias.

Estas renuncias no se hubieran producido de no ser porque cerca de un millón de ciudadanos bajaron a la plaza de Tahrir para pedir la marcha del Consejo Militar y la toma de posesión de un gobierno de unidad nacional que dirija el país de forma inmediata. La corriente islamista, que boicoteó esta manifestación millonaria, erró en sus cálculos nuevamente al creer que los jóvenes de la revolución no serían capaces de movilizar ese número de personas porque en otras manifestaciones millonarias que convocaron antes solo hubo miles de manifestantes.
     
La importancia de estas renuncias, que han devuelto el respeto a la revolución egipcia y a sus jóvenes, radica en que se producen a menos de una semana de las elecciones parlamentarias, que según confirmó Tantaui se celebrarán en su fecha prevista, y que estas concesiones, así como las manifestaciones millonarias, han dado un fuerte empuje a las corrientes liberales al hacerles publicidad electoral gratuita de gran calado en un momento absolutamente oportuno.

Hay que decir también que la corriente islamista, Hermanos Musulmanes y salafistas, fue la que tomó la iniciativa y la artífice de la presión sobre el Consejo Militar al que obligó a revisar sus posturas cuando prendieron la chispa del enfrentamiento con él en la gran manifestación millonaria del pasado viernes, convocada en protesta por el documento de Ali Silmi, vicepresidente del gobierno, que concede al Consejo grandes competencias para determinar su presupuesto, su continuidad en el poder incluso después de las elecciones parlamentarias de un modo indirecto al considerarlo un referente fundamental, y su permanencia como un Estado paralelo por encima del Estado sin decir nada crucial sobre cómo gestionar sus asuntos.

El comunicado del mariscal Tantaui tiene su importancia, aunque las concesiones que incluye no han convencido a la mayor parte de los manifestantes de Tahrir, porque el comunicado, en su opinión, llega tarde y no pide disculpas sinceras por los mártires que han caído por las balas del ejército y la policía, que arrojó sus cuerpos junto a los cubos de basura, y lo que es más importante aún: el Consejo pone como condición para entregar el poder y volver a los cuarteles que se celebre un referéndum.

Las competencias del nuevo gobierno de salvación, que supuestamente se hará con el mando de la etapa de transición, plantean muchos interrogantes. La pregunta que se impone con fuerza en este momento tiene que ver con la dimensión de esas competencias y con la dimensión de la libertad de su presidente para tomar medidas y elegir a sus ministros sin injerencias del Consejo Militar.

El dimitido gobierno de Essam Sharif ha adolecido de libertad y de capacidad de decisión independiente para dirigir los asuntos del país, y por eso muchos temen que se repita la escena si se nombra el esperado gobierno de salvación y en las consultas sobre la formación de ese gobierno participan fuerzas políticas y elites que tienen una representación limitada entre los círculos populares de Tahrir.

El Consejo Militar que gobierna Egipto no ha logrado gestionar el periodo de transición del modo que deseaba la mayor parte del pueblo egipcio y ha cometido un grave error al permitir que se dispare contra los manifestantes en Tahrir, lo que supone repetir los errores que provocaron que prendiera el fuego de la revolución que acabó poniendo fin al régimen de Hosni Mubarak. La sangre de los egipcios se ha derramado trazando una línea roja que en todo momento ni situación ningún sistema de gobierno, ya sea civil o militar, puede violar.

Lo que dijo ayer Tantaui sobre las campañas de distorsión y las acusaciones de traición de las que han sido víctimas las Fuerzas Armadas es cierto. Pero también es cierto que el Consejo Militar ha contribuido con munición a esas campañas al aferrarse al poder y por la ambigüedad sobre el momento en el que lo va a abandonar o incluso dando a entender que ese abandono no va a ser definitivo.

El pueblo egipcio ha dicho lo que tenía que decir en voz alta pidiendo que el Consejo Militar se vaya y entregue el poder a un órgano civil. Va a ser difícil que deje de manifestarse porque esta demanda no se ha cumplido del todo, sobre todo tras la última carnicería de la plaza de Tahrir".

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Violaciones derechos humanos en Egipto

El informe "Broken Promises: Egypt's Military Rulers Erode Human Rights" de Amnistía Internacional constata que la violaciones contra los derechos humanos en Egipto no sólo no se han detenido, sino que además se han intensificado desde la caída de Mubarak. Esta es una de las razones del descontento popular con la Junta Militar que ayer, ante la presión de la calle egipcia congregada en Tahrir, decidió adelantar las elecciones presidenciales, tal y como le pedía la población, a  junio de 2012.

El informe de Amnistía Internacional señala que "las autoridades militares de Egipto han resultado totalmente incapaces de cumplir las promesas de mejora de los derechos humanos que hicieron a los egipcios, y en lugar de ello han sido responsables de un catálogo de abusos que en algunos casos bate el récord de Hosni Mubarak".

Philip Luther, director del Programa Regional para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional, ha señalado: "Al emplear tribunales militares para juzgar a miles de civiles, reprimir las protestas pacíficas y ampliar el ámbito de aplicación de la Ley del Estado de Excepción de Mubarak, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas ha seguido la tradición de gobernar represivamente de la que tanto lucharon por librarse los manifestantes del 25 de enero". De hecho, "quienes han criticado o cuestionado al Consejo –manifestantes, periodistas, blogueros, trabajadores en huelga– han sido reprimidos sin piedad, tratando de silenciar sus voces".
El informe denunca que "las autoridades militares han cumplido pocos de los compromisos contraídos en sus muchas declaraciones públicas y en algunos aspectos han empeorado la situación. En agosto, el Consejo admitió que unos 12.000 civiles habían sido juzgados por tribunales militares en todo el país en juicios sumamente injustos. Al menos 13 habían sido condenados a muerte". Cientos de personas han sido condenados tras ser acusados de "incumplimiento del toque de queda", "posesión ilegal de armas", "destrucción de bienes" e "insultos al ejército".
Más de 12.000 personas han sido juzgadas por tribunales especiales (los denominados Tribunales Supremos de Seguridad del Estado para el Estado de Excepción). Luther ha denunciado que "el Ejército egipcio no puede seguir utilizando la seguridad como excusa para mantener las mismas prácticas del régimen del presidente Mubarak. Para que se produzca una verdadera transición al nuevo Egipto como la que exigen los manifestantes, el Consejo debe dejar de atenazar la libertad de expresión, asociación y reunión, levantar el estado de excepción y dejar de juzgar a civiles en tribunales militares".

martes, 22 de noviembre de 2011

¿Qué está pasando en Egipto?

El pueblo egipcio ha vuelto a la plaza de Tahrir. A pocos días de la celebración de las elecciones, la situación no puede ser más preocupante. La sociedad egipcia está hastiada de la Junta Militar, que tras la caída de Mubarak prometió que abandonaría el poder en un plazo de seis meses. Ahora pretende perpetuarse, al menos, hasta el 2013 y blindarse con una Constitución hecha a su medida.

Los militares han detentado un poder absoluto en la política egipcia desde hace sesenta años. Con el golpe de Estado de Nasser de 1952 asumieron el protagonismo político e ilegalizaron todos los partidos existentes. Desde entonces, Egipto sólo ha tenido tres presidentes: Nasser, Sadat y Mubarak. Es normal, por lo tanto, que los militares se resistan a abandonar el poder y ceder el mando a un gobierno civil.
En mi opinión lo que se está debatiendo es el futuro de Egipto y la parcela de poder de cada actor. Los militares, convencidos lampedusianos, son partidarios de que todo cambie para que todo siga igual. Aspiran a una Constitución a la turca o a la pakistaní que reconozca su primacía y que consagre la actual repartición de poderes, a lo que se niega buena parte de la escena política egipcia. Probablemente hayan intentando, sin demasiado éxito por lo que parece, una alianza con los Hermanos Musulmanes para mantener el statu quo cooptando a los islamistas moderados. El problema es si esa alianza 'contra natura' será permitida por el resto de actores políticos y recibirá la luz verde de EEUU y la UE.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Programa del Consejo Nacional Sirio

Leo en el diario árabe al-Sharq al-Awsat que el Consejo Nacional Sirio (CNS) acaba de plantear el borrador de su programa de acción en el cual reclaman que la revolución popular contra Bashar al-Asad se siga desarrollando de manera pacífica. Según uno de sus portavoces, una de las principales demandas del programa es el establecimiento de un sistema democrático pluripartidista una vez que caiga el régimen actual y la protección de las minorías étnicas (entre ellas los kurdos y los asirios).

Ante los crecientes rumores de la división de la oposición, el CNS insiste en la necesidad de que ser reconocido como el único interlocutor de la oposición siria (por delante de los Comités de Coordinación Locales, que son los que realmente están llevando sobre sus espaldas todo el peso de la revuelta). Hay que recordar que, pese a haber entablado contactos con la comunidad internacional (no sólo con los países occidentales, sino también con Rusia), el CNS no ha logrado su objetivo de reemplazar a los representantes del régimen en la Liga Árabe.

La principal incógnita por resolver, vital para el futuro de Siria, es si el CNS conseguirá imponer este programa a todos aquellos sectores que abogan por la militarización del conflicto y por responder con el 'ojo por ojo, diente por diente' a las provocaciones de los aparatos de seguridad del régimen. Hemos de recordar que en los últimos días se han sucedido las emboscadas y los ataques armados contra cuarteles o sedes oficiales del Baaz (incluido en Damasco).

viernes, 18 de noviembre de 2011

Siria: el tiempo se acaba

Jesús A. Núñez Villaverde, director del IECAH, firma este breve artículo titulado "El tiempo se acaba en Siria" sobre la situación en el país árabe realizado para Radio Netherland.

"Si nos dejamos guiar por las señales más visibles que emite Siria a día de hoy, cabría concluir que el tiempo político del régimen liderado por la familia El Asad desde 1970 está a punto de concluir. Así podría derivarse de la acumulación de noticias sobre el auge de las movilizaciones ciudadanas- a pesar de una represión que ya ha costado la vida al menos a 3.500 personas- y las sanciones internacionales- con la Unión Europea y otros actores estableciendo una prohibición total a la compra de petróleo sirio y limitaciones a los movimientos de significados representantes del régimen.

A esto se añade una crisis económica muy severa- con el turismo y la inversión totalmente paralizados- y la decisión de la Liga Árabe de suspender su pertenencia a la organización que representa a los 22 países árabes. Por si todo esto fuera poco, todavía hay que sumar el abandono de socios hasta hace poco sólidos, como Turquía- que apunta a la creación de un santuario en su territorio para acoger a los sirios que huyan de su país y para apoyar a los rebeldes que luchen contra el dictador- y Jordania- cuyo monarca pide ya abiertamente la retirada de Bachar el Asad.
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Tenacidad
Sin embargo, conviene frenar el impulso inicial, alimentado por los ejemplos de Túnez, Egipto o Libia en el contexto de la oleada de revueltas que están viviendo buena parte de los países árabes desde el pasado diciembre, para recordar que este mismo régimen ya ha superado desgraciadamente pruebas similares.

Basta recordar lo que ocurrió en febrero de 1982, cuando el entonces jefe del Estado, Hafez el Asad, hizo frente a lo que interpretó como una rebelión a su poder, impulsada por los Hermanos Musulmanes, con epicentro en la ciudad de Hama. La represión- que se materializó en bombardeos artilleros y aéreos indiscriminados- costó la vida a entre 10.000 y 30.000 sirios (sigue sin haber acuerdo sobre la cifra real de muertos). Y el régimen salió ileso de aquella masacre, sin que la comunidad internacional se atreviera a ir más allá de la condena formal por lo ocurrido.

Ventajas
Cuenta, por un lado, con que la fragmentación de la oposición- el Consejo Nacional Sirio no es más que uno de los actores a considerar, junto a otros como el Consejo General Revolucionario Sirio- debilita su esfuerzo por derribar a un poder que la mayoría de la población percibe desde hace tiempo como corrupto e ineficiente. Sabe también que todavía mantiene el apoyo (aunque no provenga del convencimiento sino del más puro interés) de la comunidad alaui (a la que pertenece el propio clan de los Asad), así como de la clase comercial y de cristianos, drusos y otras comunidades que temen la emergencia de un poder suní.

Precaria oposición armada
Cuenta, asimismo, con que la oposición armada es muy precaria- aunque el líder del Ejército Libre de Siria, Riad al Asaad, sostiene que dispone de unos 10.000 efectivos, no parece que realmente tenga más que unos centenares. Si bien eso le permite realizar alguna operación puntual de baja entidad, ni está en condiciones de emular a los rebeldes libios ni mucho menos de oponerse frontalmente a las fuerzas del régimen- especialmente a la Guardia Republicana o las de la IV División Acorazada, sin olvidar a las temidas shabiha. En ese mismo empeño recibe la asistencia de Teherán- sobradamente experimentado en la represión de su propia oposición-, de Líbano- que está empleando algunas unidades de su ejército en labores logísticas y de control de la frontera común- y de Hezbolá- que ha destacado medios propios en territorio sirio.

Parálisis internacional
Mientras tanto, la comunidad internacional sigue atrapada en su propia parálisis, limitándose a decretar algunas sanciones más o menos efectivas a largo plazo, pero inoperantes frente a lo que ahora mismo ocurre en las calles sirias. Aunque Rusia y China no estuvieran en contra de aprobar una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que permitiera el lanzamiento de una operación internacional de paz, puede darse por seguro que ningún otro país está hoy en condiciones de lanzarse a la aventura. En definitiva, los sirios dependen de sí mismos- con el limitado apoyo de Turquía y, tal vez, de Jordania- para lograr que su país se incorpore a la lista de los que en el mundo árabe han decidido arrumbar a quienes han sido sus nefatos gobernantes desde hace décadas. Mucha suerte".

jueves, 17 de noviembre de 2011

Los zapatos de Bashar

Lluís Bassets publica hoy en El País está columna sobre la Primavera Árabe y el caso sirio. Como siempre, de muy recomendable lectura.

"Las revoluciones también ejercen de maestras e imparten su peculiar pedagogía. Todos aprenden de ellas. Quienes quieren seguir su camino y quienes quieren obstaculizarlo, quienes las esperan y quienes las temen. Poco pueden aprender de ellas quienes niegan su propia existencia. Tampoco quienes niegan su carácter pedagógico y se limitan a combatirlas sin sacar provecho de las lecciones correspondientes.

Las lecciones de Túnez sirvieron para Egipto: los militares supieron tomar buena nota, al contrario de Mubarak, que nada supo aprovechar. Las de Túnez y Egipto también sirvieron para Libia: en ningún caso para el obstinado Gadafi, pero sí para la oposición, que ensayó la revuelta pacífica y terminó tomando las armas. Y ahora todas las lecciones revolucionarias revierten en su influencia sobre Siria, país crucial en los equilibrios estratégicos de Oriente Medio: Asad sigue con el rancio manual represivo heredado de su padre, y los revolucionarios ensayan el camino libio después de que se les hiciera impracticable el tunecino y egipcio.
Las lecciones aprovechan también internacionalmente. Francia fue tan activa en Libia como para borrar sus pecados en Túnez. Estados Unidos aprendió a dirigir desde atrás en la guerra contra Gadafi después de muchas vacilaciones con Egipto. Las monarquías árabes, con los saudíes a la cabeza, extrajeron lecciones domésticas: hay que reformar a toda prisa, antes de que la revolución las alcance, y reprimir también con urgente contundencia ante el peligro de desbordamientos, como fue el caso en Bahréin. Y en cualquier caso, aprovechar para mejorar posiciones en el tablero internacional.

En el caso de los países vecinos, a todas estas consideraciones se añade la necesidad de crear cortafuegos frente al temor a una inestabilidad que desborde las fronteras. Israel, que observa a su inquietante vecino con especial atención, ya lo ha experimentado en el Golán. El Irak de hegemonía chiita dirigido por el primer ministro Nuri al-Maliki teme el triunfo de una revolución sunnita que prenda entre la población iraquí de la misma obediencia. También lo teme el rey Abdalá de Jordania, que ha cambiado dos veces a su primer ministro desde que empezaron las revueltas para frenar el descontento popular.

El mosaico sectario libanés recela de la inestabilidad siria, por si enciende una vez más sus propias e inveteradas tensiones civiles, aunque la mitad quiera la caída del régimen y la otra preste un apoyo incondicional a El Asad. Este es el caso de Hezbolá, el poderoso partido chiita, pillado en la contradicción de que apoya todas las revoluciones árabes menos cuando afectan a su aliado estratégico sirio. También le sucede al régimen de Irán, que sufrió prematuramente y liquidó su revolución verde en 2009: ahora no quiere perder a un socio tan importante como Siria, pero apoya al menos de boquilla las revoluciones árabes.

Todas las potencias regionales juegan sus cartas a fondo para limitar los desperfectos y avanzar a la vez en su hegemonía. Turquía tiene en Siria una de sus áreas de influencia, en competencia con Irán y Arabia Saudí; pero también un mercado donde expandirse y un agente decisivo y peligroso para el conflicto kurdo. Para Arabia Saudí es uno de los tableros en los que juega la partida a muerte contra Irán y a la vez la contención de la oleada revolucionaria. Tanto Ankara como Riad ofrecen sus modelos islamistas como alternativas a las dictaduras civiles: el turco es el de la república democrática, mientras que el saudí es el de la supuesta benevolencia de una monarquía obligada a reformarse.

La Liga Árabe, de proverbial y caótica ineficacia, ha encontrado en la crisis siria un nuevo protagonismo. Lo tuvo ya con Gadafi, al apoyar la revolución de Naciones Unidas que condujo a la intervención de la OTAN. Ahora acaba de expulsar a Siria, país fundador y clave en su historia, en respuesta a los engaños clásicos de Asad, que se comprometió el 2 de noviembre a retirar las tropas de las ciudades y ha cosechado desde entonces unas 300 víctimas mortales. Esta organización internacional quiere mandar una fuerza civil de 400 ó 500 observadores de asociaciones de derechos humanos para proteger a la población frente a la represión del régimen.

Es un paso más en el cerco que se va estrechando alrededor de Asad, mientras la oposición civil interna va convirtiéndose en una resistencia armada que cuenta ya con un Ejército Libre de Siria y con centenares de soldados desertores. Abdalá de Jordania, con los poderes absolutos que le da la monarquía, ha sido el primer líder árabe en pedir explícitamente a Asad que abandone el poder en una entrevista a la BBC. "Si yo calzara sus zapatos dimitiría", ha dicho. Seguro que si Bachar calzara los zapatos de Abdalá haría lo mismo que hace su vecino; cambiar ministros, anunciar reformas y no renunciar a ninguna de sus prerrogativas políticas: cambiarlo todo para que nada cambie.

Además de criticar a su vecino en apuros. Abdalá quiere salvar la cabeza aun a costa de la de Bachar. Si la perdiera, sería el primer monarca caído en esta oleada revolucionaria. Todos los otros monarcas están detrás de él para impedirlo. De ahí los esfuerzos de la Liga árabe por controlar las rupturas revolucionarias para convertirlas en plácidas reformas".

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Tras la caída del régimen sirio

Traducciones de la Revolución Siria publica un nuevo artículo del escritor libanés Elias Khoury aparecido originalmente en el diario panárabe Al-Quds al-Arabi.


Ha terminado la primera fase del juego: el régimen asadiano sigue bebiendo del mismo pozo que le ha llevado a pensar que el régimen de hierro y fuego  instaurado por Hafez al-Asad se mantendrá  hasta el fin de los tiempos y más allá. La situación ha llegado a un punto de inflexión determinante y,  tras los múltiples intentos de los países árabes de lanzar una cuerda de la salvación al régimen sirio, la Liga Árabe se ha visto enfrentada a la pared y se ha hecho inevitable anunciar el fin de la validez del régimen. La familia siria gobernante ha rechazado todos los intentos de maquillar su régimen dictatorial y se ha comportado con la mentalidad del “o todo o nada”, pensando que puede aniquilar al pueblo sirio con sangre como ha hecho durante las últimas cuatro décadas, olvidando que el tiempo ha cambiado y que las reglas del juego también.

La decisión árabe no significa que el régimen dictatorial asadiano haya caído, pues ante el pueblo sirio se erige aún el terror de la violencia que continuará hasta que el régimen llegue a su ocaso y se desmorone. Sin embargo, esta decisión indica que los mecanismos para dicha caída se han puesto en marcha de verdad y que la marcha atrás se ha vuelto extremadamente complicada.
El nuevo punto de inflexión en el que ha entrado siria es emocionante y determinante, pero conlleva importantes temores. La oposición siria ha de encontrar la manera de evitarlos para que la labor de derrocar al régimen no sea más cara de lo necesario y para evitarle a Siria probar la copa de la desintegración de la estructura del Estado en el curso del desmoronamiento de la dictadura.

Los temores son fundamentalmente resultado del sinuoso camino de las revueltas árabes. En vez de estar Túnez y Egipto a la cabeza de los dirigentes de la Liga Árabe y en vez de fundarse un eje democrático árabe en contra de la dictadura, se ha dado autoridad a la bandera del liderazgo absoluto del Consejo de Cooperación del Golfo, quedando la plataforma de la Liga Árabe aparentemente convertida en un dúo saudí-catarí. ¿Acaso la ausencia de un eje democrático es resultado de las dificultades inherentes a la etapa de fundación de la democracia, ya que Túnez se enfrenta al reto de cimentar el pluralismo político y Egipto al peligro del retorno a una dictadura militar enmascarada? ¿O es también resultado de la incapacidad de las fuerzas democráticas de materializar su proyecto político para el futuro y por ello no logran acabar con el monopolio que el liderazgo petrolero ejerce sobre la acción árabe conjunta?
A la luz de esta ausencia, la diplomacia catarí juega el papel de líder, un papel que ha tomado un cariz militar sorprendente en Libia, sorprendente porque las limitadas capacidades militares cataríes no permiten que ejerza tal papel, a no ser que Catar se haya convertido de forma premeditada en el agente internacional. Podría decirse que esta situación es fruto de una realidad internacional coyuntural, pero esto solo es cierto en tanto en cuanto demuestra la incapacidad de los demócratas de Túnez y Egipto, donde el régimen o parte de él han caído sin caer el Estado, de materializar una nueva política árabe nueva que rompa con la etapa anterior que se acerca a su ocaso. Este miedo legítimo es fruto de las aspiraciones del eje del Golfo de acabar con la actividad democrática por completo, y como indicio está el aplastamiento de la revolución de Bahrein con las balas de la Fuerza Escudo del Golfo.

Responder a estos temores es responsabilidad de la oposición siria y los comités que llevan a cabo las labores de coordinación diarias. Es cierto que derrocar al régimen y liberarse de la dictadura, con las mínimas pérdidas posibles, es la misión central a cuya consecución deben dirigirse todos los esfuerzos. También es cierto que el pueblo sirio ha recibido calurosamente la decisión árabe porque aísla al régimen y acelera su caída. No obstante, esto no puede ocultar los peligros que acechan a la revuelta siria y que pueden venir de distintas maneras.

El primer miedo es que el país caiga en el abismo de las luchas sectarias. El régimen dictatorial, que se ha cubierto de un discurso nacionalista, ha apoyado su sistema de protección fundamentalmente sobre estructuras clánico-confesionales, desde las Brigadas de Defensa [1] que tan mala fama tenían en tiempos del padre hasta la Cuarta Brigada [2] en el tiempo del hijo. El régimen tal vez piensa que puede jugar la baza de la instigación de las luchas sectarias, como hizo en Líbano, para alargar su vida. Esta carta a la que se acoge el régimen solo será efectiva si  las fuerzas de la sociedad siria caen en su trampa y llevan a cabo reacciones similares.  

El segundo temor es que el Estado se desplome. La dictadura ha promovida una total identificación entre en régimen y el Estado, de forma que los aparatos del Estado y sus distintos poderes, desde la seguridad, pasando por el poder judicial y llegando hasta el poder legislativo no son más que una montura a la que se sube el poder. Además se han destruido todas las instituciones de la sociedad civil y política y el régimen se ha convertido en el instrumento para gobernar el vacío y dominarlo.

Es de ahí de donde sale el miedo de que el Estado se desmorone: no puede mantenerse más que mediante la capacidad de la oposición democrática de atraer a la mayoría de las élites intelectuales, políticas y militares para llevar a cabo una transición democrática que salvaguarde la unidad nacional y las fuentes de su fuerza.

Estos dos grandes temores, unidos a una realidad árabe repleta de ambigüedades y de bolsas de aire no pueden contrarrestarse más que por medio de la capacidad de la oposición siria, representada por el Consejo Nacional sirio, los comités de la revolución y los dirigentes democráticos, de construir un nuevo discurso político unificador que sea el marco del proceso de cambio. En este punto no debe obviarse el terrible suceso que tuvo lugar en El Cairo cuando algunos manifestantes opositores agredieron a los miembros de la Comité de Coordinación Nacional. Hoy se pide un horizonte democrático real y un discurso nacional unificador que dirija a Siria en la difícil y dura etapa de transición y que amplíe los horizontes de la libertad y la democracia, rompiendo con este tipo de imprudentes acciones infantiles.
Para enfrentarse el régimen dictatorial que gobierna Damasco y que el gran novelista español Juan Goytisolo describió como “la paz de los cementerios” no hay más que una solución: la apuesta por el pueblo sirio que ha escrito durante los últimos ocho meses una de las más grandes y heroicas epopeyas de la historia árabe contemporánea.

Siria, el centro del Bilad al-Sham [3], el cordón umbilical del Oriente árabe, es la esperanza de que el eje democrático recupere su impulso para que comience con su amanecer democrático la nueva historia de los árabes y funde su despertar.

La pregunta ya no es si el régimen caerá, sino cuándo.


[1] Cuerpo militar dirigido por Rifaat al-Asad, hermano del ex presidente Hafez al-Asad, responsable directo de la Masacre de Hama de 1982.
[2] Cuerpo militar dirigido en la actualidad por Maher al-Asad, hermano de Bashar al-Asad.
[3]Unidad geográfica que incluye Siria, Líbano, Palestina y los Territorios Ocupados.

martes, 15 de noviembre de 2011

La asfixia de Siria

Los acontecimientos se precipitan. La Liga Árabe ha decidido suspender temporalmente a Siria como miembro de la organización, decisión que se pondrá en marcha mañana miércoles. El régimen sirio cada vez está más aislado. Debemos recordar que sólo dos miembros se han opuesto a esta medida (y estamos hablando de 21 países): el Yemen de Saleh (que teme seguir el mismo camino) y Líbano (que no quiere enemistarse con un vecino que ha amenazado con desestabilizar la región en el caso de una intervención internacional). Otros países (como los del Golfo y Libia) ya han retirado sus embajadores.

La razón es la brutal represión de las manifestaciones pacíficas y el cerco inhumano que padece la ciudad de Homs desde hace semanas. Como muchos nos temíamos, la aceptación de la Iniciativa de la Liga Árabe (liberación de los presos, admisión de observadores y retirada del Ejército de las calles) por el régimen no ha tenido ningún efecto sobre el terreno. Ahora recogen la cosecha.
El boicot árabe puede hacerle mucho daño si, como todo parece anunciar la Liga Árabe decide retirar sus embajadores en Damasco e imponer sanciones. También los inversores están huyendo y la huída de capitales se ha intensificado, lo que demuestra que los prohombres del régimen son presas del pánico. Si Bachar El Asad todavia confiaba en salir airoso del lance, la muerte de Gadafi debe haber encendido todas las alarmas. No es de extrañar que las reservas en dólares en el país hayan caído en picado y que algunos de los prohombres del régimen empiecen a pensar en un Plan B ante la previsible caída de los Asad. En mi opinión tan sólo es cuestión de tiempo. Una vez superado el umbral del miedo, la población no se conformará con medias tintas ni con una solución que preserve en el poder a los Asad y a su aparato coercitivo.

Por último, una selección de noticias que recoge hoy el diario árabe al-Sharq al-Awsat. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos denuncia el asesinato de 16 civiles ayer en la región de Deraa. El rey Abdallah de Jordania ha señalado que, en caso de estar en la misma situación que Bashar al-Asad, presentaría su dimisión. La Liga Árabe planea enviar 500 observadores a  Siria para verificar la situación de los derechos humanos. El ministro de Asuntos Exteriores, Walid al-Muallim, arremetió contra la Liga Árabe y consideró su resolución sobre Siria como "ilegal". El Consejo Nacional Sirio, que en breve podría ser reconocido como el representante legítimo de Siria, habría presentado a la Liga Árabe un detallado plan para el periodo de transición.  Y, sin duda, la más surrealista de todas las noticias: Rifaat al-Asad se propone como sustituto de su sobrino Bashar al-Asad.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Khader sobre las revueltas árabes

El pasado sábado José María Ridao entrevistó a Bichara Khader en El País. Todo un lujo conocer de primera mano las opiniones de uno de los más prestigiosos intelectuales árabes sobre los cambios y transformaciones que vive el Magreb y el Mashrq. A continuación una breve selección de la entrevista:

"Bichara Khader (Palestina, 1944) se considera árabe, palestino y cristiano, el credo mayoritario de Zababdeh, la aldea donde nació. También belga de nacionalidad, además de español de adopción. "En España encontré -asegura- un país de sustitución para el mío, de donde salí en 1965".
P. ¿Las revueltas árabes no están modificando ese retrato?
R. Hasta ahora eran frecuentes los debates acerca de si el islam era compatible con la democracia y si los árabes estaban condenados a la violencia y el fanatismo. Pero los europeos han tenido ocasión de verlos jugarse la vida coreando eslóganes como libertad, vivienda digna o empleo. Las revueltas han favorecido, así, una mirada más empática hacia las sociedades árabes. Hasta el punto de que parecería que han inspirado movimientos como el de los indignados en España.

P. ¿Son comparables las revueltas árabes con esos movimientos?
R. En la forma, sí. En un caso y en otro se trata de tomar el control del ágora, de recuperar la palabra, de expresar un sentimiento de ciudadanía activa. En el fondo, por el contrario, hay diferencias profundas. Los indignados no pretenden un cambio de régimen, sino una profundización y una moralización del sistema democrático.

P. En cuanto a las revueltas árabes, se empieza a hablar de un supuesto otoño tras la primavera.
R. Demasiada euforia es un error; demasiado escepticismo puede pervertir nuestra mirada. Estamos ante un proceso, ante una fiebre revolucionaria que conduce, o que debería conducir, hacia un fervor democrático. El paso de una etapa a otra está cargado de riesgos, no es un camino de rosas. Como en toda transición, el futuro está abierto a cualquier posibilidad. Los pesimistas están convencidos de que estas revoluciones serán secuestradas por los ejércitos, desviadas por los islamistas o por los restos de los viejos regímenes.

P. ¿Y cuál es su posición?
R. Las revueltas marcan un antes y un después, de manera que el futuro ya no será igual al pasado. Los ciudadanos que se han rebelado contra sus Gobiernos exigen que las cosas cambien. No han hecho tantos sacrificios para dejar su revolución en manos de barbudos fanáticos o de partidos que no respeten sus demandas. En cualquier caso, tengo más esperanzas en Túnez que, por ejemplo, en Libia.
Bichara Khader
P. Sin embargo, la victoria de los islamistas ha producido inquietud.
R. Túnez es el paradigma de la revolución feliz. Dispone de todos los ingredientes del éxito. Es verdad que existe inquietud en Europa tras las elecciones, pero tal vez no esté justificada. Conviene empezar por el principio: en Túnez ha habido unas elecciones democráticas, las primeras de su historia independiente. Y En Nahda no ha obtenido la mayoría absoluta en la Asamblea Constituyente, por lo que tendrá que negociar y entenderse con las restantes fuerzas.

P. ¿Túnez sigue siendo, entonces, el modelo?
R. En Egipto los manifestantes gritaban "Túnez es la solución", no "El Corán es la solución", como hacían los Hermanos Musulmanes dos décadas atrás. Túnez ha sido un modelo de protesta. No porque haya sido la revolución de Facebook, Twitter o Internet, sino porque la han llevado a cabo actores verdaderos, ciudadanos de carne y hueso.

P. Además de Túnez como modelo de revuelta, se habla de Turquía como modelo de solución política.
R. El modelo turco no es exportable: en ningún país árabe existe un Ataturk que vaya a imponer el laicismo por procedimientos autoritarios. El creciente protagonismo de Turquía en la región no tiene nada que ver con el islamismo y el laicismo, sino con las valientes posiciones de Erdogan en asuntos tales como el conflicto entre palestinos e israelíes.

P. ¿Tendrá, por fin, una salida?
R. Los ciudadanos árabes han conocido dos revoluciones, una contra el colonialismo y otra contra la dictadura. La tercera revolución será contra la ocupación israelí, porque Palestina está en la mente de todos. No tendremos primavera árabe con el invierno de la ocupación israelí. Por mi parte, quisiera llegar a vivir esa salida para no tener que someterme nunca más a que, cuando vuelvo a mi aldea, cuando vuelvo a Zababdeh, la policía israelí me pregunte: '¿Qué estás buscando aquí?'. Es demasiada humillación".

viernes, 11 de noviembre de 2011

Beduinos palestinos

Periodismo Humano publicó hace unos días este artículo sobre la expulsión de beduinos palestinos de sus tierras. El artículo lo firma Jillian Kestler-D’Amours:

"Israel avanza con su plan de reubicar a decenas de miles de beduinos del territorio palestino de Cisjordania, lo que implicará para la población autóctona perder su vivienda, pero también su estilo de vida tradicional. Los beduinos dependen de los animales. No podemos cuidarlos en un pueblo o una ciudad”, explicó Mohammad al Korshan, quien reside en un campamento con su familia y otras 90 personas, cerca de la localidad cisjordana de Anata, al noreste de Jerusalén. ”Nos matan si nos llevan a una ciudad. Dentro de unos años no habrá más beduinos en la zona”, alertó. ”Queremos quedarnos en nuestras casas. Si destruyen nuestra vivienda o nuestras tiendas de campaña, la reconstruiremos. No nos vamos a ir. Aun si nos matan, nos queremos quedar. No tenemos donde ir”, dijo.

La Administración Civil de Israel, a cargo del área C del territorio ocupado de Cisjordania, tiene previsto expulsar a unos 27.000 beduinos de sus comunidades en esa zona en los próximos tres a seis años. Israel tiene un control total, militar y administrativo, del área C. La primera fase de la operación comenzará en enero, cuando se trasladarán unas 2.300 personas, que ahora viven en 20 comunidades aledañas al asentamiento israelí de Ma’ale Adumim, a un nuevo sitio cerca del basural de Abu Dis, al este de Jerusalén, informó la organización de derechos humanos israelí B’Tselem. En la segunda etapa de su plan, la Administración Civil expulsará a los beduinos del valle del Jordán.

“Vivimos entre Jerusalén y Jericó. El gobierno israelí quiere cerrar la zona porque estamos cerca del asentamiento de Kufr Adumim. Quieren nuestra tierra para ellos”, protestó Al Korshan, quien encabeza el Comité Cooperativo Beduino de Jerusalén. ”Es muy difícil para nosotros. No tenemos donde ir. Nuestra tierra está en Beer Sheva, somos refugiados”, se lamentó.

Más de 80 por ciento de los beduinos que viven en las colinas al este de Jerusalén son refugiados, informó la dependencia de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés) de los territorios palestinos ocupados. La mayoría viven en casas con orden de demolición que no están conectadas a la red de tendido eléctrico, además, la mitad no tienen acceso al agua potable [...].

Los israelíes nos pusieron en una zona cerca del basurero de la municipalidad de Jerusalén. Ahora trasladarán al resto de la tribu del área C aquí. Eso destruirá la vida de los beduinos. Cuando nos ponen en una zona pequeña, destruyen nuestro sustento, no hay lugar para tener los animales. No habrá trabajo”, advirtió Mazarah. ”La mayoría de la gente de aquí no tiene trabajo ni nada para dar a sus hijos. Si traen más, será mucho peor”, añadió.

Además, la reubicación de comunidades beduinas sin su consentimiento viola el derecho internacional, indicó la OCHA. ”Como potencia ocupante, Israel tiene obligación de proteger a la población palestina y administrar el territorio en su beneficio. Todo traslado voluntario de civiles debe atenerse a los estándares internacionales, incluidos los relacionados con la toma de la decisión de forma libre e informada”, remarcó la agencia.

El interés de trasladar a la fuerza a los beduinos del área C de Cisjordania tiene que ver con el despojo histórico y actual al que se somete a la población indígena desde la fundación del estado de Israel. En ese mismo contexto se enmarcan los últimos planes de desplazar a unas 30.000 personas del meridional desierto de Néguev, arguyó Mazarah.

“Lo mismo que hacen con la gente de Néguev, lo hacen con nosotros. Pero allí, los beduinos tienen nacionalidad israelí, acá somos palestinos”, explicó. “Los israelíes no quieren beduinos en su territorio”, remarcó Mazarah.“Nuestra situación, al igual que la de ellos, es pésima. Esa gente olvidada sufre a causa de los desplazamientos forzados, les están destruyendo la vida”, añadió".

jueves, 10 de noviembre de 2011

¿Atacará Israel a Irán?

Acabo de descubrir el blog Yahenestan, que ha sido puesto en marcha por mi amigo y compañero Moisés Garduño, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Una de sus primeras entradas -"La re-islamización social y el ataque a Irán como estrategia de contención israelí"- toca un tema de máxima actualidad: el posible ataque israelí a Irán para desbaratar su programa nuclear. Como buen conocedor de la materia, Garduño nos presenta un análisis muy completo de las implicaciones y derivaciones que tendría dicho ataque:

"La IAEA "ha sorprendido" con un informe sobre el programa nuclear iraní donde destaca el experimento con explosivos (Véase C.6), suponiendo un programa nuclear que ha estado encaminado a fines militares. Una vez más, los interesados en abrir esta agenda disuasiva, básicamente los dirigentes del AIPAC, parecen empeñados en seguir alimentando un marketing político basado en la construcción del otro que no hace otra cosa más que 1) ejercer mayor cohesión entre la población iraní que está en total desacuerdo con las políticas exteriores de EEUU e Israel en la zona, y particularmente en la zona del Golfo y 2) confundir a la opinión pública internacional sobre los asuntos de mayor interés para la gente en la región, esto es, vislumbrar gobiernos democráticos en el mundo árabe, terminar con la corrupción y mantenerse independientes de cualquier intromisión rusa, estadounidense, iraní o israelí en sus asuntos internos.
Israel quiere seguir siendo visto como el único "Estado democrático" de la zona a partir de su etnocracia, algo tan absurdo como imposible por la propia auto denominación. La llegada de una nueva generación  de partidos islamistas, algo que yo llamo partidos "demoislámicos" (en posición con la existencia de partidos democristianos en Europa) alejados de la visión conservadora del Islam al estilo jomeinista y enteramente dispuestos a entrar en el juego democrático y sustituir regímenes autoritarios, es una nueva amenaza al modelo israelí  que buscará dos estrategias básicas para contener esta oleada: una de carácter interna, es decir, la re islamización de la sociedad árabe, y la segunda de carácter externa, la construcción de un enemigo común entre los árabes llamado Irán. 

En lo que concierne a la primera, nos referimos a la reislamización como una serie de propaganda política en contra de los partidos demoislámicos (que contará con dinero saudí por la posibilidad de ser afectados  por esta ola) que intentará llegar a la opinión pública en los países árabes. El determinismo radical del islamismo estará presente para intentar persuadir al ciudadano egipcio, tunecino, libio, yemení, etc, que, de terminar con los gobiernos anteriores, aunque autoritarios, sería terminar también con los gobiernos "garantes de la estabilidad y la seguridad de las personas contra los radicales", (léase caso sirio y yemení por ejemplo) por lo que una oleada de inseguridad, barbarie y terrorismo estará por venir a no ser de volver al "verdadero Islam". Una especie de neofundamentalismo, que intentará conectar con los partidos islamistas que estuvieran por ganar elecciones democráticas en meses venideros (leáse caso tunecino y egipcio) sería una punta de lanza para des legitimar sus triunfos y ser leídos por la gente como "deformaciones del islam".  Esta estrategia está encaminada a seguir y alimentar el estigma del determinismo islámico que serviría para persuadir a la gente de votar candidatos islamistas, sin vislumbrar la diferencia entre "el nuevo Islam" y "el verdadero Islam" por ponerlos de alguna forma. 

Por otra parte, la estrategia externa sería, aunque más complicada, de carácter retórico-militar, particularmente en la zona del Golfo . Una estrategia militar que desencadenará más confusión, más muertos y otras respuestas militares y paramilitares de todas las magnitudes. Se tiene que tomar en cuenta que, aunque las cosas se están desarrollando como en la época pre invasiva de Iraq en 2003, (sanciones, declaraciones, disuasión política, etc.) Irán no es Iraq, ni Estados Unidos es el mismo Estados Unidos de 2003, y es poco probable que Israel inicie un ataque militar sin avisar al Estados Unidos de 2011, pese a declaraciones contrarias hace un par de días.

En caso contrario, un ataque israelí tendría consecuencias militares en el teatro de operaciones iraquí, donde tropas estadounidenses se verían en la necesidad de postergar su salida anunciada a finales de este año por el riesgo de que las fronteras con Irán fueran influidas por fuerzas paramilitares basijies o pasdaran, manteniendo máxima seguridad en el sur de aquel país árabe y una situación de extrema tensión militar con personal iraní quien, a su vez, estaría por desplegar en el norte de su país una gran brigada para contener dicha presencia y, más importante aún, la presencia de inteligencia israelí en Azerbaiyán, país con el que Tel Aviv guarda una relación estratégica  desde 2005 .  Cabe señalar que en caso de guerra, el precio del barril de petróleo se dispararía a cerca de 200 dólares por barril, algo que Occidente, China y Rusia tendrían que enfrentarse también....".