martes, 25 de junio de 2013

Palestina: ¿parálisis o avances?

Hace unas semanas, el Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ) editaba su anuario 2013-2014 con el título: El reto de la democracia en un mundo en cambio: respuestas políticas y sociales. En él sse incluía el artículo "Palestina en el nuevo contexto regional: ¿parálisis o avances?" de José Abu-Tarbush, profesor de la Universidad de La Laguna.
 
El conflicto israelo-palestino prolonga indefinidamente su enquistamiento en la sociedad internacional, sin observarse visos de solución a corto o medio plazo. Pese a los cambios registrados en su entorno a raíz de la denominada Primavera Árabe y del éxito obtenido por la iniciativa palestina en la ONU (con la elevación de su estatus a Estado observador), nada indica un avance sustancial hacia su resolución. Por el contrario, el repertorio de su modelo negociador, inspirado en los Acuerdos de Oslo (1993), se ha agotado; y la opción de los dos Estados está en vía acelerada de extinción por la persistente dilación de la ocupación militar israelí y su política de “hechos consumados”.

Aparentemente, la opción que quedaría por explorar es la de un solo Estado, democrático, binacional y de todos sus ciudadanos, que gana cada vez mayores adhesiones. Sin embargo, tampoco se advierte un giro significativo en esta dirección. La situación más previsible es justo la contraria, la prolongación del actual statu quo, de un solo Estado no democrático o, igualmente, de apartheid. Semejante panorama parece estar más próximo al estancamiento del conflicto que a su solución, situación reforzada por la actual volatilidad e inestabilidad política de la región.
 
¿Hacia un callejón sin salida?
La Primavera Árabe ha tenido un indudable impacto regional. Además de iniciar un nuevo ciclo y clima político, también está reconfigurando el escenario de Oriente Próximo y el Norte de África y, por extensión, el del entorno del conflicto israelo-palestino. Las lecturas que han realizado sus dos principales actores son dispares.
En Israel predomina una visión pesimista, de desconfianza y temor, con la adopción de una posición conservadora de “observar y esperar”. Pero que, sin embargo, no escatima esfuerzos para continuar su política de expansión colonial, desafiando a la sociedad internacional y violando las leyes internacionales (en particular, la Cuarta Convención de Ginebra de 1949 y sus Protocolos Adicionales).
Semejante política sólo contribuye a socavar la base material y territorial para el establecimiento de un Estado palestino con continuidad territorial, cohesión demográfica y viabilidad económica. En consecuencia, es contraria a la resolución del conflicto mediante la opción de los dos Estados, que es la que cuenta con mayor base jurídica y consenso político internacional. Tampoco está diseñada para concluir en la solución de un solo Estado, binacional y democrático, de todos sus ciudadanos. Por el contrario, parece más orientada a prolongar la situación actual, de un solo Estado, no democrático o de apartheid, en el que sólo una parte de la población que vive entre el mar Mediterráneo y el río Jordán posee los derechos de ciudadanía de los que la otra parte es excluida. El nuevo Gobierno israelí surgido de las urnas (enero de 2013) no introduce un cambio sustancial en esta concepción y dinámica colonial.
La lectura palestina se ha bifurcado por su división interna. Hamás se ha visto fortalecido y reconocido por los cambios en la región, después de un periodo de aislamiento político y diplomático, que se ha resentido internamente con cierta erosión de su popularidad. Su lectura más triunfalista de las revueltas árabes no ha estado exenta de costes como la pérdida de su alianza con Siria y el alejamiento de Hezbolá e Irán. Unido a una mayor explicitación de sus tensiones y divisiones internas, reflejadas en la ambigüedad e indecisión de temas cruciales como la estrategia a seguir frente a la ocupación israelí y su reconciliación con Fatah. Su sector más pragmático es partidario de alcanzar un acuerdo de unidad nacional e incluso ingresar en la OLP con la expectativa de que su líder, Jaled Mishal, alcance su presidencia (Kuttab, 2013). En contraposición, Fatah ha intentado compensar su debilidad con la iniciativa en la ONU, recuperando cierta popularidad interna y obteniendo un amplio apoyo externo.

El nuevo escenario regional tras la Primavera Árabe y el internacional tras la iniciativa en la ONU no serán rentabilizados sin ambas organizaciones no liman sus diferencias. Sus actuales esfuerzos en esta dirección suscitan más incertidumbres que certezas por sus precedentes de reiterado incumplimiento. Adoptar un acuerdo simbólico de unidad nacional será insuficiente si mantienen distintas líneas estratégicas. Dicho de otro modo, sin una estrategia común, la parte palestina, la más débil en la ecuación del conflicto, no llegará muy lejos.
 
Ante el bloqueo israelo-palestino para reanudar las negociaciones y alcanzar un acuerdo, cabe interrogarse por otros actores en la escena regional e internacional. El mundo árabe está actualmente centrado en sus problemas internos; y desde la Cumbre de Beirut (2002) no ha lanzado ninguna otra iniciativa. A su vez, la UE no está menos inmersa en los suyos, junto a las limitaciones de su acción exterior reducida en este terreno más a secundar a EEUU que a complementarlo o contrapesarlo. De modo que la mayoría de las miradas se dirigen a Washington, con la expectativa de que durante su segundo mandato el presidente Obama despliegue una mayor firmeza en su intermediación. No es su único problema en la región, ni siempre es considerado el prioritario.
Muchos analistas otorgan mayor primacía al programa nuclear iraní e incluso al conflicto sirio. La visita de Obama a la región no estuvo acompañada de una nueva iniciativa como se especulaba (marzo 2013). Además de reafirmar la alianza entre EEUU e Israel y suavizar las tensiones con Netanyahu, el presidente estadounidense pidió a las partes que retomaran las negociaciones sin precondiciones. Pero la experiencia muestra sobradamente que no es por falta de iniciativas y de reiteradas negociaciones por lo que ha fracasado el proceso de paz. El problema está en otro sitio y es conocido: la asimetría de poder entre las partes, el incumplimiento por la parte más fuerte de los acuerdos y su violación del Derecho Internacional, unido a la connivencia del actor exterior más influyente.
 
En síntesis, será necesario algo más que un nuevo intento negociador para rebasar la actual parálisis del conflicto. Parafraseando a Einstein, no se puede resolver un problema con el mismo pensamiento que se tenía cuando se creó, ni se puede obtener un resultado distinto haciendo siempre lo mismo. Sólo un nuevo enfoque, que tome como referencia ineludible el Derecho Internacional (y no sólo el poder o, en este caso, su asimetría), podrá avanzar en la resolución de este prolongado conflicto. Pero, de momento, no se vislumbra este escenario.
 

lunes, 24 de junio de 2013

Género y contrarrevolución en Egipto

La profesora Nicola Pratt ha escrito un detallado artículo para Jadaliyya sobre la situación de la mujer en Egipto dos años después de la revolución. Sinfo Fernández lo ha traducido para Rebelión: "La mujer egipcia: entre la revolución, la contrarrevolución, el orientalismo y la autenticidad". A continuación alguno de sus extractos:

Muchos activistas afirman que la violencia contra las mujeres está organizada y políticamente motivada, incluida la de los Hermanos Musulmanes, para intimidar a las mujeres y hacer que se queden en casa y no participen en las protestas. Atacar a las mujeres de esta forma no sólo consigue sacarlas de la esfera pública sino también deslegitimar a las que se manifiestan. Los islamistas del Consejo de la Shura han culpado a las manifestantes “que insisten en manifestarse junto a los hombres en zonas inseguras” de la violencia que experimentan. La violencia pública contra la mujer disciplina a la “auténtica” mujer egipcia como mujer obediente, en vez de una mujer que desafía las existentes normas sexuales y de género. La conducta modesta de la mujer es, para ciertas tendencias políticas, un símbolo de la nación egipcia y quienes transgreden esas normas deben ser castigadas. Un general egipcio de alto rango justificaba la necesidad de las pruebas de virginidad para impedir que las manifestantes acusaran al ejército de violación y declaró ante la CNN que las mujeres arrestadas “no eran como su hija o la mía. Eran chicas que habían acampado en las tiendas con los manifestantes”. Además, el uso de la violencia contra las mujeres se justificaba en términos de mantener los valores “nacionales”, que están entrelazados con los “valores islámicos”. La oposición del gobierno egipcio a una declaración de las Naciones Unidas en Nueva York, en marzo de 2013, en contra de la violencia contra la mujer se basó en que su contenido entraba en contradicción con los “principios establecidos del Islam”, socavando la “ética islámica”, “destruyendo la familia” y llevando a la “completa desintegración de la sociedad, lo que sería realmente la fase final de la invasión intelectual y cultural de los países musulmanes”.

La violencia pública contra la mujer juega también un importante papel contrarrevolucionario. Ciertas tendencias políticas consideraron la glorificación de la participación de la mujer en la Revolución del 25 de enero, vista en retrospectiva, como algo excepcional en vez de representar una redefinición de las normas de género existentes. Esa excepcionalidad fue considerada necesaria a fin de rectificar la preeminencia de sexos, invertida bajo el régimen de Mubarak como consecuencia de décadas de dictadura y empobrecimiento. La necesitad de restaurar un orden de género perdido aparece implícita en la apasionada súplica de Asma Mahfuz, difundida por Youtube a principios de 2011. En el video, ella dice: “Si te crees muy hombre, ven conmigo el 25 de enero. Quien diga que las mujeres no deberían ir a las protestas porque van a golpearlas, que tenga honor y hombría y venga conmigo el 25 de enero”.

Al desafiar a los hombres de Egipto a unirse a ella en las manifestaciones, Mahfuz presentó una crítica implícita a la situación de género bajo el régimen de Mubarak, sugiriendo que los hombres se habían convertido en mujeres, mientras que las mujeres como Mahfuz habían llegado a ser como hombres, enfrentándose animosamente a la brutalidad de la policía para defender su honor. Si las palabras de Mahfuz tuvieron o no amplio impacto, al menos constituyen un giro estratégico del discurso de la “masculinidad en crisis” que llegó a ser fundamental para la política de seguridad global y local bajo Mubarak. La recuperación de la dignidad masculina fue uno de los temas de muchas de las pancartas desplegadas en la Plaza Tahrir (como ilustran las fotografías de Karima Jalil). Y la recuperación de la dignidad masculina se hizo depender del reestablecimiento de una jerarquía de género más que de su desmantelamiento. La exclusión forzosa de las mujeres de las manifestaciones a través de la violencia sexual pretende marcar el fin del “proceso revolucionario” (y, con él, las demandas de justicia social y responsabilidad por los crímenes del régimen en el pasado) y la vuelta a la “normalidad”, incluyendo las relaciones normativas de género.
 
Las narrativas de los medios de comunicación occidentales que equipararon las acciones de las mujeres en la revolución con la liberación de la mujer han dado paso a la narrativa de que “la revolución está amenazando lo conseguido anteriormente por las mujeres”, no sólo porque las mujeres están siendo cada vez más víctimas de la violencia pública, sino también porque los derechos logrados bajo el régimen de Mubarak están ahora bajo amenaza. Por ejemplo, la muy ambigua cuota femenina introducida en 2005 (bajo Mubarak) ha sido cancelada, la muy debatida ley khula de 2000 se está reconsiderando, y el Consejo Nacional para la Mujer, dirigido antes por la ex Primera Dama Suzanne Mubarak, está siendo marginado por el Presidente Mursi. La revocación del nuevo régimen de lo que muchos egipcios llaman las “leyes de Suzanne” marca en parte la transición del anterior régimen, laico de nombre, apoyado por Occidente, al nuevo gobierno islamista. Sin embargo, para los medios occidentales, la transición marca la vuelta al imaginario orientalista de la victimizada mujer árabe/musulmana como el tropo principal a través del cual Occidente entiende el mundo árabe.

jueves, 20 de junio de 2013

El Islam según una princesa saudí

Javier Martín, periodista de la Agencia EFE, publica en el último número de la revista electrónica esglobal una interesante entrevista con la entrevista Basma bint Saud, de la familia real saudí, en la que se abordan los retos de la mujer saudí: Arabia Saudí según Basma Bint Saud
Esglobal. El mundo árabe está experimentado oleadas de protestas que tienen su origen en la desilusión de las generaciones más jóvenes, la escasez de oportunidades laborales, la pobreza y sobre todo las diferencias sociales. ¿Adolece Arabia Saudí de los mismos problemas? ¿Puede esta ola sacudir también al Reino?
Basma bint Saud. La gente habla muy a menudo acerca de la primavera árabe y de las revoluciones que han sacudido Oriente Medio. En mi opinión, solo existe un factor común, y está relacionado con la dignidad de las personas. En esos lugares, los derechos básicos y la dignidad humana 
han sido negados durante tanto tiempo que la gente no tuvo otra opción que levantarse y expresar su descontento con sus gobiernos. Tienen un largo camino por delante antes de poder recuperarse del (efecto que tendrán) estos levantamientos, pero al menos sus voces han sido escuchadas. Y sí, es un mensaje para toda la región.  En Arabia Saudí no hemos experimentado algo así. Pero insisto en que nadie es inmune. La gente necesita su dignidad. Demanda derechos fundamentales -seguridad, libertad, igualdad y educación-. La reforma debe ser el camino que se elija para llevar esas cosas al pueblo.
Todos esos países que han experimentado revoluciones tienen amplias y crecientes diferencias (en términos) de riqueza, y esto, combinado con cuestiones políticas, ha colocado la situación en el filo de la navaja. Afortunadamente, Arabia Saudí se ha encontrado en la posición de poder financiar la reforma y atajar la cuestión de la (desigual) distribución de la riqueza. En general, las protestas y la exigencia de reformas no tienen por qué ser el resultado de la desigualdad social, aunque es un factor significativo.
                      
Esglobal. En sus artículos, en su blog, usted pide reformas en su país ¿Cuáles son las prioridades?
Basma bint Saud. En general, no creo que solo Arabia Saudí necesite reformas. Creo que otros muchos lugares en el mundo necesitan mejorar, y eso queda claro en cada uno de los textos que puede leer en mi página web. Para mí, existen ciertos principios vitales que nos proporcionan dignidad y nos permiten vivir una vida pacífica. Todos necesitamos cuatro componentes esenciales: seguridad, libertad, igualdad y educación. Esa es la base de lo que yo llamo la cuarta vía. Creo que proporcionándoles a los ciudadanos esos cuatro elementos contribuimos de verdad a la paz y a la estabilidad. Me explico un poco más: en términos de gobernanza, seguridad significa seguridad para las minorías, los individuos o los grupos nacionales, por ejemplo. Libertad significa libertad en cuestiones como la fe, la opinión, libertades de movimiento o de reunión. Igualdad significa igualdad en cuestiones de género, salud, y riqueza. Todo eso brinda las mismas oportunidades para todo el mundo. Educación significa derecho a una educación para todos, sea cual sea su nivel socio-económico y su sexo.  
 
Esglobal. Muchos activistas consideran que el problema reside en que el proyecto de reforma no ha transcendido el discurso de las elites, ha quedado confinado en las alturas sin llegar al pueblo y que por eso ha tenido un impacto limitado
Basma bint Saud. El impacto se consigue haciendo más en la aplicación, y no tanto reflexionado sobre el origen de las ideas. Los cambios que deben acompañar a cualquier intento aparente de reforma deben llegar a los ciudadanos.  El verdadero y último cambio que pida debería servir para que baje mi bolígrafo e incluso deje de twittear. Desafortunadamente, hay gente equivocada que está en lugares equivocados. Sé por mi propia experiencia en el terreno de los negocios y en otras áreas que significa rodearse del equipo adecuado. Si el equipo no es suficientemente bueno, las ideas quedan empantanadas y no se logra nada.
 
Esglobal. Tradicionalmente, todas la innovaciones -tecnológicas, pero también políticas y económicas- se han topado en Arabia Saudí con la reticencia de los clérigos. ¿Cuál es el papel y la influencia que hoy en día tiene en el reino esta casta religiosa?
Basma bint Saud. Obviamente, la casta religiosa es importante en Arabia Saudí, y es un grupo al que hay que tener muy en cuenta cuando hablamos de introducir reformas en la sociedad saudí y en sus estructuras. Creo que el problema más serio es que han destruido la mente de la gente, que es el lugar donde el cambio positivo puede hallar el espacio para vivir y respirar.
Lo que yo percibo como el islam verdadero, aquel al que dio significado el Profeta, el que se adapta a los tiempos, ha sido arrinconado. En Arabia Saudí tenemos ahora nuestra propia franquicia. Creo que hay un momento en la historia de Arabia Saudí, en torno a 1966-67 en el que una gran cantidad de miembros de los Hermanos Musulmanes fueron expulsados de Egipto por Gamal Abdel Naser.  Llegaron a Arabia Saudí, donde rápidamente encontraron trabajo en el sector de la tecnología, y lograron combinar la interpretación del islam de la Hermandad con la versión preexistente. Esto penetró y arraigó en muchas mentes.
Antes de su llegada, la educación ya era tradicional y profundamente religiosa. Después, la mentalidad dejó de florecer pese a que fue una década en la que las costumbres se relajaron en todo el mundo, solo hubo estrechez y atrincheramiento. Esto es lo que de verdad impide que el cambio positivo florezca en la mente de las personas. Es algo que debemos reconstruir.
 
Esglobal. En su país, usted no tiene permiso para conducir, no puede viajar sin la autorización de un varón de su familia, o incluso uno puede ser condenado a muerte por brujería. ¿Cuál es la situación de la mujer en Arabia Saudí? ¿Cómo trabajan los grupos de defensa de los derechos de las mujeres en su país?
Basma bint Saud. Si de repente mañana se aprueba un decreto que conceda el derecho a conducir a las mujeres, solo se alegraría la gente en Occidente. Para las mujeres de mi país, es solo una pequeña pieza en un puzzle mucho más grande. La seguridad y las libertades individuales son preocupaciones mucho más acuciantes, en mi opinión".

martes, 18 de junio de 2013

Islam político en el Mediterráneo

La Fundación CIDOB acaba de editar el libro El islam político en el Mediterráneo. Radiografía de una evolución que ha coordinado el profesor Ferran Izquierdo. Incluye el artículo "Los Hermanos Musulmanes en Siria: entre la confrontación y la concertación", que hemos firmado Naomí Ramírez y yo. Releyendo el texto parece evidente que del pasado pueden extaerse lecciones útiles e, incluso, ciertos paralelismos. A continuación incluya el apartado dedicado a su nacimiento:

"La acción de los HHMM ha experimentado notables cambios desde su establecimiento en 1945. Tras la independencia siria en 1946 se puede considerar que su actitud fue proactiva, pacífica y cooperativa. Al contrario de lo que sucedió en otros países del entorno, en Siria se brindó a los HHMM la posibilidad de tomar parte en el juego político. En las elecciones de 1949 la Hermandad obtuvo tres escaños (incluido el de su guía Mustafa al-Siba`i). En 1954, tras la dictadura de Adib Shishakli, los HHMM mejoraron sus resultados al obtener cinco de los 142 escaños (aunque muy lejos de los 22 alcanzados por el recientemente fusionado Partido Socialista Árabe Baaz). De nuevo en 1961, tras el fracaso del experimento unionista entre Siria y el Egipto de Abd al-Naser, lograron su mejor resultado al hacerse con diez representantes en la Asamblea del Pueblo (frente a los ocho del Baaz, cuya credibilidad quedó seriamente dañada tras la disolución de la República Árabe Unida, durante la cual se instauró un sistema de partido único).
En esta primera etapa, los HHMM adoptaron una posición proactiva tomando parte en el juego democrático mientras existió tal posibilidad. Los dirigentes islamistas sirios no fueron insensibles a los vientos de cambio que soplaban en la región tras las independencias nacionales. Mustafa al-Siba`i fue un activo defensor de la justicia social y, desde el Bloque Socialista Islámico, combatió al feudalismo demandando también una mejora de las condiciones laborales de la clase trabajadora. El título de su obra El socialismo del islam (Ishtirakiyya al-islam) resume claramente su intento de conciliar el pujante ideario socialista con la identidad islámica.
El asalto al poder del Baaz en 1963 supuso un cambio drástico para los HHMM, que quedaron en la ilegalidad y fueron perseguidos. La acción de los islamistas fue, a partir de entonces, reactiva y progresivamente algunos de sus sectores se fueron decantando hacia el empleo de la violencia para desalojar al Baaz del gobierno, una evolución similar a la desarrollada en Egipto bajo la influencia de Sayyid Qutb. Su acción fue, además, aislada, puesto que no consiguió sumar a dicha estrategia a otros sectores opositores que también habían resultado afectados por el golpe baazista ni tampoco consiguieron movilizar a un segmento significativo de la población.
La ilegalización de la Hermandad no fue inmediata, sino que se produjo en 1964, después de que los islamistas hicieran toda una demostración de fuerza al convocar una huelga general que contó con especial seguimiento en Hama y que fue duramente reprimida por las fuerzas de seguridad. Aunque `Isam al-`Attar, que remplazó a Siba`i como guía supremo, era un pragmático partidario de emplear la resistencia pasiva para contrarrestar al régimen secular, pronto se evidenció que sus tesis únicamente contaban con el respaldo de la sección damascena, mientras que Adnan Sa`ad al-Din, que controlaba las secciones de Alepo, Hama y Homs, logró imponer su estrategia frentista. La ilegalización de los HHMM fue acompañada también de la expulsión del país de su guía supremo, lo que se tradujo en una mayor atomización del liderazgo, que fue aprovechada por los miembros más radicales de la Hermandad para demandar un Estado regido por la sharia y forzar un choque armado con el régimen.
Sa`id Hawwa, miembro de la Oficina Internacional de Instrucción de los HHMM, abogó abiertamente por el derrocamiento del régimen. Como el egipcio Sayyid Qutb, el pensamiento de Hawwa experimentó una clara radicalización tras su paso por  prisión (1973-1978), periodo en el cual compuso buena parte de su obra. En "Yund Allah: zaqafatan wa ajlaqan" (Los soldados de Dios: cultura y moral) interpretaba que “la mayor parte de los países musulmanes han pasado a ser dirigidos por incrédulos, proselitistas, profanos y ateos […]. Por todo ello es obligación de todos los musulmanes emprender una campaña de purificación generalizada en sus respectivos países destinada a eliminar a todos ellos, para asumir el poder y restablecer el orden. Esto no ocurrirá sino por medio de un yihad que elimine del territorio musulmán, sin compasión ni piedad, las incrédulas sectas ocultistas, los alauíes, los bahaíes y los qadiríes, así como los partidos no creyentes como los comunistas y los nacionalistas yahilíes; y también a quienes reclaman una separación entre Estado y religión […], hasta purificar la tierra del Islam. Es una obligación que no puede demorarse, porque su demora implica que lo poco que de verdad queda del Islam será destruido: el yihad contra el enemigo interior tiene prioridad sobre el yihad contra el enemigo lejano”.
Durante la insurrección islamista registrada entre 1979 y 1982, los alzados llamaron al yihad contra el régimen secular. Aunque en 1978 Hawwa huyó a Arabia Saudí, desde donde siguió formando parte del mando de los HHMM sirios, su pensamiento ejerció una profunda influencia sobre los sectores islamistas más militantes que, agrupados en torno a la Vanguardia Combatiente, apostaron sin tapujos por el empleo de la violencia para enfrentarse al gobierno baazista. En la revuelta no sólo tomó parte la rama militar de los HHMM, sino también algunas cofradías sufíes junto a algunos grupos no islamistas opositores.
Las huelgas generales se sucedieron en Alepo, Hama y Homs, al igual que los sabotajes contra depósitos y fábricas, lo que fue respondido de forma taxativa mediante la creación de zonas militares cerradas y el corte de electricidad y agua de los barrios alzados en armas. Entre otros objetivos, la Vanguardia Combatiente atacó con coches bomba las sedes de los Servicios de Inteligencia, lo que puso en evidencia la vulnerabilidad del régimen. El 25 de junio de 1980 el propio Hafez al-Asad fue objeto de un atentado, lo que desencadenó una brutal represión con la ejecución a sangre fría de más de 700 islamistas en la prisión de Palmira. Tras la aprobación de la ley 49, los dirigentes de los HHMM, incluido el guía supremo Adnan Saad al-Din, abandonaron el país encontrando refugio en Irak y Jordania.
El fracaso del alzamiento evidenció que la capacidad de movilización de los HHMM no fue lo suficientemente amplia y no consiguió extenderse al conjunto del país y aunar a todas las clases sociales. Más que cohesionar a todos los elementos descontentos con la dictadura baazista, los islamistas lo único que consiguieron fue atraerse hacia su causa a parte de las clases medias urbanas, pero fueron incapaces de pescar en otros caladeros como el campesinado o los trabajadores del sector industrial, lo que puso de manifiesto las limitaciones de la revuelta y lo que determinó el desenlace final [...].

jueves, 13 de junio de 2013

De degolladores y degollados

Siria se ha convertido en un foco de atracción de grupos yihadistas, como lo fue Irak en la década pasada. Sus bárbaras prácticas, justificadas en una lectura descarriada del Islam y la sharía, llevan practicándose en la guerra civil siria desde hace ya varios meses. Su objetivo: convertir una legítima revuelta antiautoritaria en un frente más del yihad internacional y en un conflicto sectario. La pasividad de la comunidad internacional, que asiste indolente al baño de sangre, les deja el terreno libre. El blog Traducciones de la revolución siria publica este estremecedor relato de Dellair Youssef, originalmente aparecido en Souriatna: "Latido del alma cuando un sirio es degollado por otro".
 
"Sentía un sabor a náuseas cada vez que recordaba el suceso. Así describía Abu Muhammad al-Tayr, líder de uno de los grupos del ESL en Al-Ghouta oriental, a las afueras de la capital siria, Damasco, lo que sentía cuando le pregunté por la primera vez que vio a una persona ser degollada ante él. Se cayó un segundo y luego se levantó para decir: “Era un shabbiha que reconoció haber violado a cuatro mujeres y haber disparado a más de veinte civiles, además de robar las casas y violar los espacios privados. Merecía morir”. “¿Te atreviste a matar a alguno de ellos?”, le preguntó otro. “No”, respondió tajante.
 
Abu Qutayba también me contó la primera vez que vio cómo degollaban a uno de ellos: “Quien lo degolló no era sirio pero el degollado sí, y eso es lo que me apena, a pesar de que lo merecía. Debemos expandir nuestra religión, hermano, aunque ello exija utilizar el filo de la espada. ¿Es que Dios no nos ha ordenado eso?” Abu Qutayba es un combatiente de Jabhat al-Nusra.
 
Circulan muchas historias y versiones sobre los asesinatos entre los miembros del ESL y el ejército regular, pues cada vez que el ejército regular irrumpe en una zona, aparecen vídeos e historias que cuentan los activistas del lugar sobre las atrocidades que ha cometido, desde asesinar a niños hasta degollarlos, o pero aún. En el otro lado, siempre “se filtra” un vídeo que muestra a los miembros del ESL diciendo “Dios es grande” y degollando a un shabbiha. 
 
En medio de la locura de estos sacrificios, algunos que aún conservan la razón (en las filas del ESL, al menos según lo que he visto) intentan poner fin al fenómeno alegando razones humanas que no convencen a muchos “degolladores”, pues quien decide para ellos es la sharía, que permite degollar en algunos casos, según las palabras de un sheij tunecino con el que me entrevisté. Dicho sheij es líder de una brigada y gobierna a sus miembros según los preceptos islámicos con el objetivo de aplicar la sharía según sus bases salafistas.
La mayoría de “degolladores” pertenecen a grupos extremistas pequeños, y la mayoría de los mismos no son parte del gran núcleo que conforma el ESL. Algunos son extranjeros, de nacionalidades árabes o asiáticas, y otros son sirios. Pretenden establecer el gobierno del califato islámico en lugar del gobierno militar del dictador. Cabe señalar que no todo el que practica “el degüello” busca un califato islámico, sino que para lograr su objetivo, utilizan todos los medios posibles, apoyándose en algunos textos coránicos.
 
Son muy pocos y a ellos se enfrentan el resto de miembros del ESL en condiciones normales  (no después de que el ejército regular haya perpetrado una masacre, por ejemplo). Así, en un pueblo pequeño en la zona rural del sur de Homs, tras comenzar una discusión entre miembros de distintas brigadas, uno intentó pasar del tema de la oposición exterior al del sectarismo. Esta discusión tuvo lugar en paralelo con la celebración de la conferencia de los activistas alauíes en Egipto. Ese mismo hombre intentó justificar el deseo de algunos de matar a los alauíes en general: fue atacado por el resto de presentes. Por ello, bajo el tono de su discurso y ya no habló de degollarlos, sino de expulsarlos. Eso no gustó al resto, sobre todo cuando uno de ellos recordó que la mayoría de los shabbiha de la ciudad de Alepo –“la ciudad siria que ha sufrido más destrucción”- son suníes. Todos consensuaron que no habría sectarios en la Siria del futuro tras la marcha de Asad, sino que se juzgaría a los que hubieran cometido crímenes, fueran quienes fueran.
 
Situaciones y conversaciones semejantes se repiten a menudo, y me refiero con esto a hablar de suníes y alauíes, o sobre árabes y kurdos, pero el diálogo oculto sigue siendo el degüello. Nadie reconoce directamente su deseo de sacrificar a alguien, y es difícil encontrar a alguien que te diga: yo he degollado con mis manos a alguien. La pregunta que uno se hace es: ¿por qué aparecen estos vídeos, sin esconder los rostros, mientras todos se avergüenzan del hecho y no quieren hablar de él?
 
Me esforcé en encontrar una respuesta a mi pregunta mientras me movía por algunas zonas dominadas por las fuerzas del ESL, pero siempre recibía respuestas ambiguas o simplemente, mi pregunta se ignoraba. Así, hasta que encontré a Abu Qutayba, combatiente de Jabhat al-Nusra, que no me habló sobre su trasfondo religioso y social con la facilidad con la que esperaba.
 
Abu Qutayba está siempre tranquilo, no se ríe apenas, y fuma solo cuando no hay miembros de Al-Nusra presentes porque “fumar es pecado y el fumador debe ser enjuiciado según la ley islámica”. Cuando le pregunté por la primera vez en la que vio asesinar a alguien, sus ojos se iluminaron, a pesar de su aparente tranquilidad. Se calló un instante y luego dijo: “Tenía mucho miedo, pero lo que más miedo me daba era mostrar ese miedo ante el emir del grupo”. Siguió hablando del “degollado” sirio y el “degollador” no sirio, sobre las aleyas del Corán que leyeron antes de llevar el acto a cabo, sobre las tres veces que se repitió Dios es grande, sobre el pánico del “degollado” y sobre el éxtasis del “degollador”. Antes de concluir, le pregunté: “¿Has matado a alguien con tus manos?”, esperando que me contestara que no. Pero Abu Qutayba no me dio la respuesta que me había acostumbrado a oír de los demás, sino que dijo: “Me ordenaron asesinar a un líder shabbih un día. No podía controlarme, me eché a temblar, después solté el enorme cuchillo y dije: No puedo. Entonces uno de los líderes del grupo sacó un revólver propio pidiéndome que disparara a la cabeza de la víctima y lo hice”. Se mantuvo callado durante un buen rato y después dijo tembloroso: “Hermano, soy sirio, no puedo degollar a los sirios, hayan hecho lo que hayan hecho. Puedo dispararlos o participar en las batallas en los frentes, pero degollar con mis manos no puedo”.
 
A pesar del rechazo de la mayoría de los civiles y de los miembros del ESL al fenómeno de los degüellos, día tras día aumentan. Lo más probable es que siga siendo así y veremos cadáveres que los cuchillos habrán degollado y deformado llenando las calles del país. La pregunta incesante es: ¿Qué hacen los opositores políticos, los líderes del ESL y los activistas civiles para poner fin a este fenómeno? ¿Lo que hagan ahora salvará al país de la locura de la sangre en la que se ahoga?".

martes, 11 de junio de 2013

¿Hacia dónde va Irán?

La revista esglobal, sucesora de la edición española de Foreign Policy, publica, en su último número, un número especial dedicado a Irán. Lo abre esta peculiar entrevista a Moisés Garduño, académico mexicano buen conocedor de la realidad iraní, en la que se repasa de manera pormenorizada la situación socio-política del país.

esglobal: ¿Bajo qué ambiente político llega Irán a sus presidenciales tras los sucesos de junio de 2009?
Sociedad iraní: [...] Parece que a los políticos iraníes no les interesa la gente y a la gente iraní no le interesan los políticos, y cuando hemos salido a las calles a reclamar los derechos que nos otorga nuestra Constitución nos esperan con balas y mercenarios a sueldo. La verdadera agenda del Gobierno es evitar a toda costa lo que pasó en 2009 e imponer a un candidato fiel al Líder Supremo, esto se puede ver en los debates emitidos por la televisión estatal donde todos los candidatos aprobados por el Consejo de Guardianes tienen la misma ideología y donde candidatos como Aref o Rouhani no representan una amenaza seria al Ejecutivo porque no tienen el poder de Hashemi Rafsanjani.

 
esglobal: ¿Las próximas elecciones presidenciales son entonces un espejismo de participación ciudadana o realmente hay algo que la gente puede ganar si va a las urnas?
SI:  Tal vez una participación activa de la sociedad pueda cambiar el rumbo de la elección, pero aún así corremos el riesgo de que un hipotético gobierno de Rouhani o Aref pueda ser saboteado como en su momento lo fue el de Jatamí. Este es el origen del eterno conflicto que hay entre la presidencia y el Líder Alí Jameneí, es decir, la intromisión del poder religioso en asuntos del poder ejecutivo, desde Bani Sadr hasta Ahmadineyad siempre ha sido lo mismo. Esto nos lleva a pensar que si las reglas del juego fueran cumplidas más gente iría a votar y creería en sus instituciones pero cuando el poder militar toma el mando en cualquier país, de forma automática las instituciones civiles se debilitan . Esto es lo que está pasando, desafortunadamente, en Irán.

 
esglobal: ¿Donde está el Movimiento Verde?
SI: Escondidos, presos y con miedo tras los acontecimientos de junio de 2009 y febrero de 2011. La gente del Gobierno es muy cruel y ahora quieren a Yalili en la presidencia, el régimen cree que es su momento. Hay gente en prisión o bajo arresto domiciliario o en el exilio en Londres o en Washington. Gente como Musavi, Karubi, Kadivar, Dabashi, Ebadi, Neshat, Soroush, que se preocupa por los derechos humanos y la reforma en Irán, tiene las manos atadas y una pistola en la sien que no es disparada por miedo a convertirlos en mártires. Los acusan de trabajar para Estados Unidos y desestabilizar el régimen pero ellos nada tienen que ver con estas calumnias.
 
esglobal: ¿En qué estado se encuentra la situación de la mujer iraní?
SI: El movimiento por la equidad y el reconocimiento del empoderamiento de la mujer en Irán ha ganado terreno de forma importante en el contexto político actual. Prueba de ello es el número, cada vez mayor, de mujeres en las universidades del país y la gran cantidad de manifestaciones físicas y simbólicas que tienen en la capital, Teherán, bajo pancartas, maniquíes en las tiendas comerciales y con la proliferación de blogs para favorecer la causa, hecho que últimamente han convertido a Irán en uno de los países que más utilizan estas herramientas en todo Oriente Medio.

esglobal: ¿Cómo han afectado las sanciones económicas a la población?
SI: La situación es terrible y parece que irá peor. Comer pollo es un lujo y los subsidios del Gobierno de Ahmadineyad no ayudaron a mejorar la calidad de vida de los más necesitados y, por el contrario, empeoraron la de la clase media. La gasolina es más cara que antes dada la suspensión de las ayudas mientras que los precios de otros productos como el yogurt, el aceite para cocinar o la carne se elevaron considerablemente no solo por los efectos de las sanciones económicas provenientes del extranjero sino también por las medidas populistas del régimen y la presidencia. La producción nacional está en el peor momento de su historia, la moneda iraní, el rial, ha perdido el 60% de su valor frente al dólar en los últimos dos años y varios contratistas extranjeros han dejado el país. De hecho, la situación económica ha golpeado otros sectores como el de los fármacos, tan sensibles y necesarios para la sociedad, hasta tal punto que algunos antibióticos o medicamentos para la anemia, que cambian sus precios varias veces al mes, se han quedado fuera del alcance de la gente de escasos recursos. Esto es alarmante y muestra que es verdad que las sanciones han afectado a los bolsillos de la gente de a pie y no a los del régimen. Por eso decimos que la política de Estados Unidos hacia Irán en esta materia no ayuda en nada a la democratización del país y por el contrario ayuda al régimen a endurecer su discurso belicista contra sus enemigos regionales empujando con ello a los ciudadanos hacia la miseria, la vigilancia policial extrema y la reducción de los derechos de expresión, de prensa y otras actividades bajo la justificación de los estragos del imperialismo, entre ellos, las sanciones.

esglobal: ¿El surgimiento de movimientos sociales, la crisis política y la actual situación económica en Irán han causado la polarización social en la sociedad?
SI: Sí, totalmente. Irán tiene alrededor de 75 millones de habitantes de los cuales el 70% tiene menos de 30 años. Esto quiere decir que cerca de 52 millones de personas nacieron después de la revolución y que no tienen tanta simpatía por los fundadores del Gobierno actual como lo hacen algunas personas mayores de 40 años. Sin contar a las personas que tienen menos de 15 años que no pueden votar y no van a las protestas (cerca de 15 millones), Irán se debate entre unos 37 millones de personas que pueden ser antagónicos al Ejecutivo y otros 23 que pueden apoyarlo. Sin embargo, dentro de estos 37 millones, debemos tener en cuenta a la gran mayoría de indecisos que viven en la llamada zona gris, es decir, que se autodefinen como personas inconformes con el Gobierno pero que no hacen mucho para cambiar las cosas. Pero lo más importante es que la polarización no es solo ideológica sino, sobre todo, económica. La gente de clase media está molesta porque la censura a la libertad de expresión y de prensa no le permite vivir dignamente, mientras la clase de escasos recursos está enfadada porque el dinero no les alcanza para vivir [...].

lunes, 10 de junio de 2013

EEUU en Oriente Medio

A raíz de la errática política exterior de la Administracion de Obama en Oriente Medio, el investigador principal del Real Instituto Elcano, Haizam Amirah-Fernández, se pregunta en el diario El Mundo si "¿Sabe EEUU lo que hace en Oriente Medio?".

"¿Sabe una potencia como Estados Unidos lo que hace en una región tan importante y compleja como Oriente Medio? La pregunta puede sonar a provocación, pero de su respuesta se derivan enormes implicaciones para el sistema internacional. No es una cuestión que se planteen sólo los críticos o enemigos de Estados Unidos. Cada vez más aliados, socios y amigos se preguntan si Washington tiene una estrategia clara hacia Oriente Medio, si prevé las posibles consecuencias de sus acciones o si, como algunos creen, se está desvinculando gradualmente de la región como parte de su anunciado giro estratégico hacia Asia y el Pacífico.
 
La experiencia de las sucesivas administraciones estadounidenses en Oriente Medio durante la última década no se puede decir que sea muy exitosa. Grandes proyectos de transformación regional, arriesgadas aventuras bélicas, costosos programas de reconstrucción y cuestionables métodos de lucha contra el fanatismo no le han reportado a Estados Unidos la seguridad, las nuevas alianzas ni la complicidad de corazones y mentes que se habían prometido. Con demasiada frecuencia, las políticas estadounidenses han generado resultados contrarios a los deseados, cuyas consecuencias a largo plazo van en contra de sus intereses nacionales [...].
 
Siria se ha convertido en una nueva fuente de desconcierto sobre los objetivos y la capacidad de liderazgo de Estados Unidos en Oriente Medio. Lo que empezó en marzo de 2011 como una revuelta pacífica contra el régimen totalitario de Bashar al-Asad se ha convertido en una guerra por delegación (proxy war), cuyo coste está pagando la población siria. En ella, el régimen y sus apoyos extranjeros (Irán, Rusia y Hezbolá) luchan contra los rebeldes y sus aliados (Qatar, Arabia Saudí, Turquía, Estados Unidos y Jordania, entre otros).
 
A pesar de que Siria está sufriendo uno de los conflictos más sangrientos de lo que llevamos de siglo XXI (junto con Irak), capaz de desestabilizar todo Oriente Medio y poner en riesgo los intereses de Estados Unidos y sus aliados, la Administración de Barack Obama ha optado por una pasividad antológica. Ni siquiera la “línea roja”, declarada por Obama, que supondría emplear armas de destrucción masiva por parte de Asad, parece relevante. Los hechos demuestran que éste debió de entender que tenía “luz verde” para seguir empleando misiles Scud, aviación militar, artillería pesada y, presumiblemente, armas químicas a escala limitada contra zonas pobladas, en nombre de la lucha contra “bandas terroristas”.
 
Cuando los rebeldes libios corrían el riesgo real de ser aniquilados en Bengasi por las tropas de Muammar Gaddafi en marzo de 2011, la Administración Obama optó por la doctrina de “liderar desde atrás” (leading from behind) durante la campaña militar amparada por el Consejo de Seguridad. En el caso de Siria, y tras 27 meses de masacres con la intervención directa de la Guardia Revolucionaria iraní y de la milicia libanesa de Hezbolá, Obama parecería querer desentenderse de ese conflicto, delegando su política en países como Qatar y Arabia Saudí.
 
La política de Obama hacia Siria está exasperando a multitud de sirios que sufren las consecuencias del conflicto. También recibe duras críticas de analistas y políticos estadounidenses –algunos de ellos se habían opuesto a la invasión de Irak– que ven los intereses de su país perjudicados a corto plazo (radicalización de la revuelta, debilitamientos de sus aliados, imagen de impotencia frente a Rusia e Irán) y en el largo (menor capacidad de influir en el futuro de Siria y de la región).
 
Las administraciones estadounidenses parecen empeñadas desde hace una década en utilizar los argumentos equivocados en Oriente Medio para justificar unas políticas que, a la larga, resultan contraproducentes y aumentan la inestabilidad. Ya ocurrió con las supuestas armas de destrucción masiva y los supuestos vínculos de Saddam Husein con al-Qaeda. También se argumentó hace una década que, mediante la imposición de fuertes sanciones contra el régimen sirio, éste acabaría moderándose y cediendo frente a Estados Unidos, cuando en realidad esas sanciones lo entregaron en brazos de Irán y el régimen de Asad contribuyó a la desestabilización de Irak.
 
En Siria ahora podría ocurrir algo parecido al negar Washington el apoyo a grupos rebeldes contrarios al régimen de Asad alegando que existen elementos radicales y yihadistas entre ellos. Es evidente que éstos existen (en parte, porque no se actuó cuando se podía evitar la radicalización), pero también hay rebeldes que quieren ver su país libre y sin extremistas. Por qué no se les apoya más desde el exterior resulta difícil de entender [...].
 
Seguramente sea pronto para declarar que Estados Unidos haya optado por retirarse de Oriente Medio, aunque los indicios están ahí. Quienes así lo creen argumentan que la previsible independencia energética de Estados Unidos mediante las nuevas tecnologías como el fracking (fracturación hidráulica para la extracción no convencional de gas y petróleo del subsuelo) podría favorecer una política exterior estadounidense “minimalista” en Oriente Medio. Sin embargo, resulta difícil de imaginar que Washington se desentienda del futuro del estado de Israel o de los recursos energéticos que albergan las petromonarquías árabes del Golfo [...].

viernes, 7 de junio de 2013

La pasión turca

Cerramos la semana con una nueva reflexión sobre los acontecimientos que vive Turquía. En esta ocasión recupero un artículo del profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá: Víctor de Currea-Lugo. El artículo apareció hace unos días en el diario El Espectador y se titula "La pasión turca".

"Turquía, que sobrevivía sin sobresaltos a la ola de revueltas de Oriente Medio y a la crisis económica europea, hoy no es ajena a tensiones internas. El rechazo a un proyecto urbanístico que afectaría el parque Gezi (cerca de la emblemática plaza Taksim, en Estambul), fue sólo el detonante para las protestas.

Para algunos, las manifestaciones son el rechazo a medidas autoritarias como la reciente ley que restringe el consumo de alcohol, o contra viejas prácticas que vulneran derechos humanos, como la detención de periodistas. Para otros, es un pulso entre la sociedad laica (aunque el 99% de la población es musulmana) y giros islamistas del gobierno, como son la ampliación del uso del velo y de la educación religiosa. Lo cierto es que hoy Turquía está en la calle gritando “la resistencia está en todo sitio, todo sitio es la plaza Taksim”.

La represión policial excesiva, que aceptó el propio primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, en vez de restar fuerzas a la protesta, la alimentó. El número de manifestantes, la lista de reivindicaciones y sitios involucrados crecieron en pocos días. Varios miles de personas cruzaron el puente sobre el Bósforo, desde la parte oriental de Estambul, para sumarse a las marchas. La principal fuerza de oposición, el Partido Republicano del Pueblo, decidió apoyar las manifestaciones (aunque los manifestantes rechazan la presencia de banderas de partidos políticos), así como la Confederación Sindical de Trabajadores Públicos, que llamó a movilizaciones obreras.

En menos de una semana de protestas, ya se reportaban 200 manifestaciones en 67 ciudades, incluyendo la capital Ankara. En los barrios de Estambul, los manifestantes reciben el apoyo de los habitantes con cacerolazos contra el gobierno, incluso en barrios de ricos; algunos les dan comida y otros les ofrecen alojamiento. Ni el uso de armas de fuego ni el bloqueo a las redes sociales han frenado la protesta. Así, el modelo turco, tan elogiado en Túnez y en Egipto, ahora se cuestiona desde dentro.

Algunos manifestantes ya pasaron de una reivindicación local ambientalista a la petición de dimisión del gobierno. Turquía miró con buenos ojos las protestas árabes, pero no resuelve sus problemas internos: los militares versus el partido musulmán en el poder, las restricciones a la libertad de prensa, las tensiones con los kurdos, una moral laica versus una moral islámica, etc. (En un mal chiste, el gobierno de Siria llamó a los turcos a abandonar Estambul para “proteger sus vidas”).
La falta de libertad de prensa se ve de nuevo reflejada en el silencio de los principales medios locales sobre lo que sucede a pocos metros de sus instalaciones, lo que ha llevado a que sean objeto de ataques por parte de los manifestantes. Turquía tiene el triste registro de ser el país con el mayor número de periodistas detenidos. La situación con los kurdos había mejorado en el marco de los acercamientos entre el gobierno y el PKK, la fuerza político-militar más relevante de los kurdos y el proceso de paz en ciernes. Pero la coyuntura actual está muy lejos de poder explicarse por tensiones étnicas y más bien el proceso con el PKK ha quedado cubierto por los hechos recientes.
Y en el caso de las concepciones morales, vale resaltar el creciente papel movilizador de las mujeres, consiguiendo modificar incluso el código penal al abolir la figura del hombre como “jefe de familia” o el castigo al adulterio. Hay sectores laicos que ven en las recientes medidas del gobierno un paso hacia la reislamización. Aunque la sociedad ha incrementado el uso del velo, no por eso aprueba las medidas de Erdogan que ponen en peligro un percibido equilibrio entre lo musulmán y la democracia, lo que precisamente hacía de Turquía un modelo para el mundo...

Erdogan es sin duda un líder con mucha popularidad y la economía turca está pasando por un buen momento, a pesar de la crisis europea. Las reformas de su primer gobierno, como la abolición de la pena de muerte y la ampliación del respeto a los derechos humanos, fue bien visto por Europa. Pero estas cosas positivas no bastan. Por eso, repetir el discurso de reducir los manifestantes a “grupos extremistas” sólo aumenta el descontento social. Es más, retroceder en la reforma urbanística podría no ser ya suficiente. La decisión de Erdogan de mantener su viaje a Marruecos, Argelia y Túnez, es vista como un desplante más a la gente en las calles.

Luego de los choques, los jóvenes limpiaron el centro de Estambul en una simbólica medida de recuperación de lo público. Más allá de esto, ¿qué sigue? ¿Cuál es el grado real de conciencia política? ¿Estas protestas están más cerca de los desmanes de Londres o de las marchas de Egipto? De cómo gestione el gobierno las frustraciones sociales, de la pasión turca y de la capacidad movilizadora de la sociedad, dependerá el rumbo de estas protestas".

jueves, 6 de junio de 2013

Protestas como síntoma

La Fundación CIDOB también aborda lo que está ocurriendo en Turquía. Eduard Soler i Lecha, coordinador de investigación del Área Mediterráneo y Oriente Medio y un excelente conocedor de la zona, escribe esta reflexión de urgencia: "Las protestas en Turquía como síntoma".

"Que las unidades antidisturbios de la policía turca utilicen una represión desmesurada para disolver o impedir una manifestación, no es una novedad. Sí lo es que el desalojo violento de los manifestantes que protestaban por la destrucción de un parque cerca de la Plaza Taksim, el epicentro de Estambul, haya provocado una ola de protestas que, lejos de limitarse a esta ciudad y a Ankara, se ha extendido por todos los rincones del país. La virulencia de estas protestas es, además de una sorpresa, un síntoma del malestar y la frustración de una parte significativa y cada vez más diversa de la sociedad turca, ante la forma de gobernar de Recep Tayyip Erdogan y ante el enorme poder acumulado por el AKP, el Partido de la Justicia y el Desarrollo que él lidera.
 
Desde 2002, el AKP ha ganado tres elecciones legislativas con una cómoda mayoría, mantiene buena parte del poder municipal y desde 2007 también ostenta la Presidencia de la República. Precisamente porque el AKP acumula tanto poder y durante tanto tiempo, parece insensible a las preocupaciones de aquellos que no comparten sus valores, ideología y programa político. Los últimos meses han estado salpicados por decisiones controvertidas y declaraciones desafortunadas del propio Erdogan, que han sido vividas como ataques frontales al modo de vida y a la identidad de algunos colectivos. De hecho, la más reciente de las polémicas, sobre la restricción en la publicidad y venta de alcohol, ha despertado importantes suspicacias no sólo entre sectores laicos, sino también entre creadores de opinión afines al AKP. Éstos advierten que el partido puede reproducir, aunque en sentido inverso, la actitud antiliberal del kemalismo, limitando la capacidad de decisión del ciudadano al imponer unos valores y una forma de vida conservadoras al conjunto de la sociedad.

 
La movilización en las calles también es síntoma de una frustración generalizada por la ausencia de una alternativa política al AKP. Esta ausencia se debe en parte al éxito de la fórmula del partido de Erdogan, que consiste en haber conectado con los valores de una sólida base electoral a la vez que proporciona un horizonte de crecimiento y progreso al conjunto del país. Pero también es responsabilidad de una oposición que no ha sabido articular un modelo alternativo que resultara atractivo para el votante insatisfecho o incluso para aquellos que confiaron en el AKP no por sus valores, sino por su capacidad de gestión. Resulta especialmente significativo que el principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP en sus siglas turcas) apenas supere el 25% de los votos (frente al 49% del AKP en las últimas elecciones generales), lastrado en parte por su incapacidad para conectar con el votante de las zonas más conservadoras del país y especialmente con la población kurda. El resto de fuerzas políticas, a ambos lados del espectro político, están atomizadas y tienen grandes problemas para ir más allá de sus feudos tradicionales.
 
El proceso de reforma constitucional en el que está inmersa Turquía no hace sino aumentar la frustración de quienes no se alinean con el AKP. En la agenda política sobresale el debate acerca del cambio de sistema político, con Erdogan y la mayor parte de su partido decantándose por un modelo presidencialista, mientras que la oposición teme que esto aumente todavía más la concentración de poder. La negociación con el Partido de los Trabajadores del Kurdistan (PKK) para poner fin al conflicto kurdo no es ajena a este debate ya que se ha especulado que una de las contrapartidas al inicio del proceso negociador podría ser el aval del nacionalismo kurdo al sistema presidencialista.
 
Con todo, las protestas también son síntoma del largo camino que ha recorrido Turquía en los últimos años. Por ejemplo, las Fuerzas Armadas (aficionadas al ruido de sables hasta hace bien poco) se han mantenido esta vez al margen y no han intentado sacar provecho de la situación para reclamar parte del poder que han ido perdiendo a favor de las autoridades civiles. El Presidente, Abdullah Gül, miembro del AKP, también se ha prodigado con mensajes de conciliación y de respeto a las demandas legítimas de los manifestantes. En una clara muestra de que ha entendido el mensaje, Gül ha afirmado que la democracia va más allá de las elecciones. Además, las protestas son un síntoma de que la sociedad turca es una sociedad inconformista y dinámica y esto es positivo para la salud democrática de cualquier país. Lo que piden los manifestantes en las calles y aquellos que les apoyan desde sus casas no es un cambio de régimen, sino otra actitud a la hora de gobernar. Una actitud que reconozca que los valores y forma de vida de la mayoría no pueden imponerse al conjunto de la sociedad. Una actitud que intente acomodar las distintas sensibilidades del país a través del pacto y del diálogo.

Con todos estos síntomas sobre la mesa, el diagnóstico es claro: una parte de la sociedad turca se siente poco escuchada y poco representada por el actual poder político, algunos (que no comulgan con los valores religiosos y conservadores hoy hegemónicos) incluso ven en peligro su modo de vida y se sienten atacados en su identidad. ¿Cómo combatir este malestar? Si se opta, como hasta ahora, por una represión policial violenta e indiscriminada, si persisten las actitudes desafiantes del gobierno y si se acusa a agentes extranjeros de estar detrás de las manifestaciones, se estará dando oxígeno a unos movimientos de protesta que pueden desestabilizar la vida política, acarreando un alto coste para la imagen de Turquía, en general, y del AKP y Erdogan, en particular. En cambio, si se optase por reconocer los errores no sólo en el manejo de esta crisis, sino en la forma de gobernar en los últimos años, la situación podría reconducirse rápidamente y demostrar, dentro y fuera del país, que Turquía está consolidando su sistema democrático".

miércoles, 5 de junio de 2013

Claves sobre Turquía

esglobal, la revista electrónica de FRIDE, también aborda la cuestión de las movilizaciones en Turquía y aporta algunas claves para entender lo que está ocurriendo sobre el terreno. El artículo "Las raíces del descontento turco" lo firma Ricardo Ginés.

Autoritarismo: rebelión contra ‘papá’
El símbolo de las protestas tiene un nombre: el parque de Gezi, una pequeña (comparada por ejemplo con el Central Park de Nueva York) zona lindante con la plaza Taksim, en el centro de Estambul. Está amenazado de convertirse en un centro comercial, algo que pertenece a una remodelación urbana apoyada y diseñada por el Ejecutivo del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Pero no fue tanto el violento desalojo por parte de la policía, que también, lo que produjo la ira de los indignados turcos. Fueron sobre todo las palabras del premier lo que supuso una afrenta para miles de activistas. “Haced lo que tengáis que hacer. Pero nosotros hemos decidido ya. Se llevará a cabo [la remodelación]”, había declarado Erdogan antes de la doble desocupación. Ese es su estilo de hacer política, sobre todo en los dos últimos años. Cada vez adopta más la figura de un padre autoritario a la par que paternalista con sus súbditos. Y estos, sobre todo los pertenecientes a una nueva generación joven, han decidido enfrentarse al padre. Antes de ello han perdido el miedo. La mayoría de los entrevistados en la Taksim Meydani estos días hacen hincapié en que Erdogan ha de cambiar sus formas y que de no hacerlo su estilo es el de un déspota.

Islamización: no sólo las leyes del alcohol
Estos días en la Plaza Taksim, rodeada de barricadas y libre de control policial, se han empezado a vender cervezas en la calle como si el centro de Estambul hubiera devenido en la Rambla barcelonesa. Muchos de los artefactos lanzados contra la policía, conocida en Turquía por sus veleidades proislamizadoras, han sido botellas de cristal y que contenían cerveza antes de convertirse en armas arrojadizas. No es una casualidad: las leyes que rigen la publicidad, la venta y el consumo de bebidas alcohólicas cada vez son más restrictivas. Erdogan tuvo además la delicadeza de enfrentarse a quiénes se oponían a las nuevas medidas calificándoles de “alcohólicos”. Las tendencias islamizadoras que se pueden apreciar sobre todo en los últimos tiempos incluyen además un intento de redefinición del concepto de laicismo en Turquía a la par que una redefinición del ser turco como exclusivamente de ideología suní, piadosa y conservadora. En Turquía tan solo un 12% se muestra a favor de la ley islámica, pero la clase media laica tiene miedo de que el país se islamice y también por ello el 82,3% de los turcos desea enmarcar “los principios y revoluciones de Atatürk (el fundador de la Turquía moderna y laica)” en la nueva Constitución.

Uso excesivo de la fuerza: una democracia con olor a gas
Para lo que Erdogan llama “democracia avanzada” para miles de turcos que se echan estos días a la calle tiene un olor innegable a gas lacrimógeno. El uso de fuerza para contener a los indignados turcos no tiene precedentes. Ya son dos muertos oficiales por excesiva violencia en los enfrentamientos, uno de ellos matado con una bala en Hatay, provincia turca fronteriza con Siria. También contamos con un joven en estado de muerte cerebral debido a un golpe directo en la cabeza con una cápsula de gas etiquetadas como “Non Lethal Technologies” (tecnologías no letales). Los activistas hablan de más muertos. En todo caso la imagen del gas no es nueva. Desde al menos el 1 de mayo de este año toda oposición al Gobierno en la calle ha tenido que oler de forma masiva el gas que desprende la “democracia avanzada” de Erdogan. El principal partido de la oposición, el republicano del pueblo (CHP) ha convertido por ello al premier en un superhéroe con la G de “Gazman”. Pero es una violencia que, como se está viendo, también puede resultar un acicate para continuar los disturbios: son ya más de 200 los policías que han tenido que ser atendidos por heridas u hospitalizados.

Polarización social: ¿un primer ministro para todos?
Erdogan como hombre fuerte de Turquía ha ganado tres elecciones parlamentarias seguidas (2002, 2007, 2011) con un índice de voto cada vez mayor. Eso nadie se lo discute. En las últimas obtuvo la mitad de los votos emitidos, un resultado espléndido para una persona que llevaba nueve años en el poder. Pero los que protestan en la plaza Taksim estos días, en su mayor parte clase media urbana, laica y de formas de vida liberales, advierten a menudo de que Erdogan malinterpreta la democracia. A su juicio lo que hace es imponer la voluntad de esa mitad de votantes sobre el resto sin ser realmente el primer ministro de todos los ciudadanos. Cada vez que su estilo se convertía más en autoritario e islamizador la sociedad turca se polarizaba más y más. En el lustro de 2002 a 2007 cuando las reformas democratizadoras a las que obliga Bruselas iban por buen camino la división era mucho más atenuada y había casi una reconciliación entre liberales y conservadores de raíces islamistas. Ahora, ese crédito político del que Erdogan disfrutó durante mucho tiempo parece haberse dinamitado.

Resentimiento económico: favoreciendo a unos, castigando a otros
Uno de los factores decisivos del enorme éxito que ha tenido Erdogan como figura política ha sido sin duda el beneficio económico que ha traído al ciudadano medio. En diez años, el Ejecutivo liderado por Erdogan ha sabido triplicar la capacidad adquisitiva del ciudadano medio. En ciudades como Estambul, al contrario que en otras europeas, existe un enorme dinamismo económico y gente joven planeando sus primeras empresas. Pero existe otra cara al milagro económico turco. También hay mucha gente desempleada o lindante con la pobreza que ven como el despegue económico sobre todo alcanza a las élites. Y hay otro aspecto preocupante como ha mostrado recientemente la lista de las 100 personas que más pagan impuestos en Turquía: la discriminación política. En ella no hay (que debiera por pura lógica) miembros cercanos al partido en el Gobierno de Erdogan y que han experimentado sin duda un enorme crecimiento en sus bolsillos en los últimos años. Es decir, el modelo económico de Erdogan favorece a sus simpatizantes y castiga a sus opositores, algo que está enfureciendo a la antigua élite de Turquía: laica y republicana".

martes, 4 de junio de 2013

¿Qué está pasando en Estambul?

Reproduzco, a continuación, la traducción del texto "What is happening in Istanbul?", publicado originariamente en el blog İnsanlik Hali, que he encontrado en el blog el5poder. Analiza el origen de las protestas populares contra la construcción de un gran centro comercial en la plaza de Taksim, que se han extendido por buena parte del territorio turco.

A mis amigos que viven fuera de Turquía:
Les escribo para hacerles saber lo que está pasando en Estambul durante los últimos cinco días. Yo personalmente tengo que escribir esto porque la mayoría de los medios de comunicación están cerrados por el gobierno y el boca a boca y el Internet son las únicas maneras que nos queda por explicar a nosotros mismos y pedir ayuda y apoyo.
Hace cuatro días un grupo de personas que no pertenecían a ninguna organización o ideología específica se reunieron en Gezi Park de Estambul. Entre ellos había muchos de mis amigos y estudiantes. La razón era simple: para prevenir y protestar por la próxima demolición del parque por el bien de la creación de otro centro comercial en el centro de la ciudad. Hay numerosos centros comerciales de Estambul, ¡al menos uno en cada barrio! El derribo de los árboles se suponía que comenzará la mañana del jueves. La gente iba al parque con sus mantas, libros y niños. Pusieron sus tiendas abajo y pasaron la noche bajo los árboles. Temprano en la mañana, cuando las excavadoras empezaron a tirar,  los árboles de hasta 100 años de edad, se levantaron contra ellos para detener la operación.
No hicieron nada que no sea de pie delante de las máquinas. Ningún periódico, ningún canal de televisión estaba allí para informar de la protesta. Era un completo apagón mediatico. Pero la policía llegó con vehículos con cañones de agua y gas pimienta. Ellos persiguieron a la multitud fuera del parque.
Por la noche, el número de manifestantes se multiplicó. También lo hizo el número de fuerzas policiales de todo el parque. Mientras tanto, el gobierno local de Estambul cerró todos los caminos que conducen a la plaza de Taksim, donde se encuentra el Parque Gezi. El metro estaba cerrado, se cancelaron los transbordadores, se bloquearon las carreteras.
Sin embargo, más y más personas se abrieron paso hasta el centro de la ciudad a pie. Vinieron de todo Estambul. Venían de todos los orígenes diferentes, de diferentes ideologías, diferentes religiones. Todos se reunieron para impedir la demolición de algo más grande que el parque: El derecho a vivir como ciudadanos honorables de este país.
Se reunieron y marcharon. La policía los desalojó con gas pimienta y gas lacrimógeno y condujo sus tanques sobre las personas que ponen el plato de comida en la mesa del policía a cambio. Dos jóvenes fueron atropelladas por los tanques y murieron. Otra joven, amiga mío, fue golpeada en la cabeza por uno de los botes de gas lacrimógeno. La policía les estaban disparando directamente contra la multitud. Después de una operación de tres horas ella está todavía en la Unidad de Cuidados Intensivos, en estado muy crítico. Mientras escribo esto, no sabemos si se va a salvar. Este blog está dedicado a ella.
Estas personas son mis amigos. Ellos son mis estudiantes, mis parientes. Ellos no tienen «agenda oculta» que el estado le gusta decir. Su agenda está ahí fuera. Está muy claro. Todo el país se está vendiendo a las empresas por el gobierno, para la construcción de centros comerciales, condominios de lujo, carreteras, presas y centrales nucleares. El gobierno está buscando (y creando, cuando sea necesario) cualquier excusa para atacar a Siria contra la voluntad de su pueblo.
Encima de todo eso, el control gubernamental sobre la vida personal de su gente se ha vuelto insoportable en los últimos tiempos. El Estado, en virtud de su agenda conservadora aprobó muchas leyes y reglamentos en materia de aborto, parto por cesárea, la venta y consumo de alcohol e incluso el color de lápiz labial usado por las azafatas.
Las personas que marchaban al centro de Estambul están exigiendo su derecho a vivir libremente y recibir justicia, la protección y el respeto del Estado. Exigen a participar en los procesos de toma de decisiones sobre la ciudad en que vivimos
Lo que ellos han recibido en cambio, es una fuerza excesiva y enormes cantidades de gas lacrimógeno disparado directamente a la cara. Tres personas perdieron sus ojos. Sin embargo, todavía marchan. Cientos de miles se les unieran. Un par de miles o más pasó el puente de Bósforo a pie para apoyar al pueblo de Taksim. Ningún canal, periódico o la televisión estaba allí para informar de los acontecimientos. Estaban ocupados con noticias de radiodifusión sobre Miss Turquía y "el gato más raro del mundo".
La policía continuó persiguiendo a la gente y rociado con gas pimienta de tal manera que los perros y gatos callejeros fueron envenenados y murieron por ello. Escuelas, hospitales e incluso hoteles de 5 estrellas alrededor de la plaza Taksim abrieron sus puertas a los heridos. Los médicos llenaron los salones y habitaciones de hotel para prestar primeros auxilios. Algunos policías se negaron a rociar a personas inocentes con bombas lacrimógenas y dejaron sus puestos de trabajo. Alrededor de la plaza se colocan bloqueadores para evitar la conexión a Internet y las redes 3G se bloquearon. Los residentes y negocios de la zona proveyeron de red inalámbrica gratuita a las personas en las calles. Restaurantes ofrecen comida y agua gratis.
La gente en Ankara y Esmirna se reunieron en las calles para apoyar a la resistencia en Estambul. Y los principales medios transmitiendo Miss Turquía y "el gato más raro del mundo"".