viernes, 30 de noviembre de 2012

Yihadistas en Siria

Desde hace meses se viene hablando sobre la entrada de elementos yihadistas en Siria. No es ningún secreto que se han formado varios grupos de ideario salafista que combaten contra el régimen sirio. Esta afluencia de combatientes extranjeros hubiera sido impensable hace tan sólo unos meses y responde a la pasividad de la comunidad internacional, que prefiere mirar hacia otro lado mientras el país se hunde en el abismo de la guerra. Hazim Amin reflexiona en las hojas del diario Al-Hayat sobre la cuestión: "El mundo, y no la revolución, ha dado luz al Frente Al-Nusra". El texto ha sido recogido del indispensable blog Traducciones de la Revolución Siria.

" (...) Los informes sobre “la afluencia de yihadistas” de cuyas consecuencias algunos de estos informes responsabilizan a la oposición siria, son el primer fruto de la “ética de mirar para otro lado”. Los informes dicen que el Frente de Al-Nusra, el renovado foco yihadista, comenzó sus actividades a principios de este año; es decir, tras haber transcurrido casi 11 meses del levantamiento. Esto es después de unos doce mil muertos y cerca de medio millón de refugiados. También dicen que los sheijs salafistas sirios y no sirios se adhirieron al discurso de “la guerra contra el régimen en Siria” entonces o quizá un poco antes. Así, “el mirar para otro lado” solo produce este tipo de resultados.
Este régimen no tiene futuro, eso lo tiene claro todo el mundo. Por tanto, esperar no supondrá más que una mayor complicación y una mayor llegada de yihadistas que no solo pesarán sobre los hombros de los sirios, sino también sobre los del mundo entero. Ya hay muchas experiencias de este tipo, pero el mundo ha tardado en aprender, por no decir que no ha aprendido aún. Los enfrentamientos hoy se dan en el corazón de Damasco y el palacio del barrio de Muhayirin ha apagado sus luces, pero a pesar de ello, los sirios siguen estando solos.

No hay nada de político en que el mundo se abstenga de implicarse en el derrocamiento del régimen, pues la política está supeditada a los intereses y ¿qué interés tiene el mundo en que Siria se convierta en Somalia? Tampoco hay ética, pues un solo día extra de retraso en el derrocamiento del régimen significa doscientos muertos y que un millón de sirios habrá vivido un día más a sin techo.

Ni política ni ética… Entonces, se produce un vacío que llenan los asesinos del régimen. ¿Qué tipo de respuesta se dará entonces? ¿Y qué es más seductor que el vacío político para Al-Qaeda, y más aún si el vació lo llena la sangre? En Iraq en la provincia de Al-Anbar, llena de arena y de tribus enfadadas y que se sienten perdedoras, se ha instalado Al-Qaeda; en Yemen, en las zonas donde el Estado y la autoridad se han retirado, también; y en Afganistán, es Al-Qaeda quien ha aprovechado el sentimiento de derrota que dejó la guerra entre las tribus pastunes. Todos estos países están por debajo aún del nivel de vacío sirio, pues a este último lo mantienen ocupado cuarenta mil cadáveres, y aviones MiG que lanzan barriles cargados de explosivos sobre las ciudades.   

El paso del tiempo en este “vacío sirio” ya no solo tiene en cuenta la realidad de los doscientos muertos diarios, pues los barriles de explosivos que lanzan los aviones decenas de veces a diario hará a quien los lanza más consciente de que el tiempo se llena de esta manera. El barril de explosivos que aterriza en las cabezas producirá muchos más Frentes de Al-Nursa. Es inevitable y el mundo entero lo sabe, sobre todo lo sabe, y le encanta, el régimen, que seguirá lanzando más, ensangrentando así el presente de los sirios con explosivos y su futuro con el Frente de Al-Nusra; pero también ensangrienta a los vecinos de Siria, que siguen callados ante la muerte de los que están al lado a quienes acusan de ser Al-Qaeda.

El miedo y el shock que provoca el estallido que resulta de la caída de un barril de explosivos serán cada vez menores. Se convertirán en una lengua cuyos verbos solo saben conjugar los vagabundos en sus rostros, vagabundos que buscan a Al-Qaeda o al Frente de Al-Nusra para que los cobijen. Esa no era la situación de Siria hace un mes, y en muchas zonas de la revolución tampoco es la situación actual, pero nos acercamos a ello mientras el mundo mira (...)".

jueves, 29 de noviembre de 2012

Palestina: Estado 194 de la ONU

Hoy se celebra el Día de Solidaridad con Palestina. La Asamblea General de la ONU debe votar si acepta a Palestina como Estado observador. En su blog El mundo es un volcán, Luís Matías López escribe este valioso análisis: "Palestina, de territorio ocupado a Estado ocupado".

"Hay algo que refleja el déficit moral del Gobierno israelí tanto o más que los métodos brutales utilizados en la última ofensiva contra Gaza: su actitud ante la pretensión de Mahmud Abbas de pedir el día 29 que la Asamblea General de la ONU conceda a Palestina el estatuto de “Estado observador”, similar al que tiene El Vaticano. Se trata de una categoría intermedia, que dista mucho de la de miembro de pleno derecho de la organización internacional -aspiración aparcada hace un año porque era inviable en el Consejo de Seguridad-, pero que supondría un notable avance respecto a la actual de “entidad observadora”. Se abrirían así las puertas de instituciones como la Corte Penal Internacional, ante la que se podría denunciar a Israel por crímenes de guerra (...).

El primer ministro judío, Benjamín Netanyahu, y algunos de los halcones de su Gobierno han reaccionado multiplicando las amenazas de que, si el presidente de la Autoridad Palestina (AP) no ceja en su pretensión, se estrangulará económicamente Cisjordania, cortando el flujo de dinero, procedente de la recaudación de impuestos, a incluso no se descarta derribar a Abbas y deshacer la frágil administración establecida en Cisjordania. El recién reelegido Barack Obama ha dejado también claro que se opondrá al desafío palestino (...).

¿Y qué hará España?  Aunque la lógica apunta a que se alinee con los países árabes, como ha hecho casi siempre, el carácter dubitativo de Rajoy, que pretende hacer de la indecisión virtud, hace temer que derive hacia la abstención. El no parece descartado.
Las razones de Israel para boicotear el envite palestino se caen por su propio peso. Consisten en que se trata de una iniciativa unilateral que violaría el compromiso de buscar una solución al conflicto mediante negociaciones directas. Como si esa vía no se encontrase desde hace dos años en la UCI, si no difunta. La intransigencia israelí, su política de hechos consumados, hace imposible todo acuerdo que la otra parte pueda considerar honroso. El ejemplo más paradigmático es la extensión de los asentamientos judíos en Jerusalén y la Cisjordania ocupada, cada vez más parecida a la Suráfrica del apartheid. Ni siquiera sería necesario desmantelar colonias. Para que los palestinos volviesen a la mesa negociadora bastaría con congelar los planes de construir más.

Se está ya peligrosamente cerca del punto de no retorno en el que la solución de los dos Estados, en teoría aún viable y aceptada por Israel, será imposible a causa del disparatado trazado del mapa de una Palestina cada vez más raquítica, de la frustración acumulada entre las víctimas de la ocupación, y de que ningún dirigente israelí se atrevería a desalojar de sus casas a medio millón de colonos judíos. De ahí que se evoquen viejas ideas, teñidas de utopía, como la absorción de Palestina por Jordania, el intercambio de territorios entre Cisjordania y el norte de Israel e incluso la creación de un único Estado, suma de los actuales judío y palestino, en el que coexistiesen ambos pueblos.

El presidente palestino, humillado y ninguneado, no puede volverse atrás ahora, sean las que sean las represalias de Israel, porque eso le convertiría en un cadáver político. Apenas tiene ya nada que perder. Necesita desesperadamente una victoria moral y diplomática, y sólo la puede obtener en la ONU. No tiene opción, y menos tras la última ofensiva israelí en Gaza, franja que controla su enemigo Hamás pero que también forma parte de Palestina (...)".

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Un Estado alauí en Siria?

Desde hace meses se viene hablando de la posibilidad de que un Estado alauí vea la luz en la costa de Lataquia una vez que el régimen sirio pierda el control de Damasco. Leo en Mediterráneo Sur este artículo de la corresponsal de La Razón en Beirut, Ethel Bonet, titulado "La retirada de los alauíes".

" (...) Es improbable que el régimen de Bashar Asad sea capaz de apagar el incendio que está arrasando con toda Siria, desde las regiones kurdas del noreste hasta la frontera jordana. Ante la derrota inevitable suena cada vez con más fuerza una alternativa: la retirada de las familias dirigentes y sus allegados a los feudos alauíes del noroeste, para establecer un mini-Estado propio, libre del dominio de lo que será probablemente el primer Gobierno islamista de Siria (...).

No sería la primera vez: entre 1923 y 1936 existía en esta zona, de la frontera turca a la libanesa, el llamado Estado alauí, parte del dominio colonial francés, pero separado de Siria. Esta vez podría ser algo más pequeño, desde la costa noroccidental del país hasta la ciudad de Homs, cree Paul Salem, experto del Centro Carnegie para Oriente Medio. En su opinión, “la única solución al conflicto sirio es la creación de un estado alauí independiente” en esta zona, donde numerosas aldeas son enteramente alauíes. El futuro Estado abarcaría la cordillera de Ansaría, paralela al Mediterráneo entre Líbano y Turquía, junto a las ciudades costeras de Lataquía y Tartús. Para conseguirlo, el régimen está “masacrando y aterrorizando a la población en las localidades suníes de Lataquia para que se marchen”, asegura Abu Ahmad.

En el otro bando también hay miedo. “Nos lavan el cerebro. Nos dicen que los suníes son nuestros enemigos y que si cae el régimen se vengarán de los alauíes y nos matarán a todos”, declara Mazem, un policía alauí que ascendió a capitán hace unos meses. Fue capturado por el Ejército Libre Sirioen una emboscada contra un puesto militar del régimen en Ubbine, también en la provincia de Lataquia.

“Yo decidí ser policía porque es el camino más fácil. Religiones de SiriaEl régimen escoge a los alauíes para sus fuerzas de seguridad. Tienes una carrera militar y un sueldo base de 300 dólares al mes; algo mucho mejor que ser profesor o estudiar una carrera donde después apenas tienes oportunidades para trabajar”, afirma Mazem. Esta atracción se ha multiplicado en el último año, durante el que la guerra ha disparado tanto las penurias de la población como las necesidades del régimen de reforzar sus tropas leales.

Pero la división viene de lejos. Hasta hace 50 años, los alauíes constituían una minoría marginada en Siria. Muchos de sus miembros trabajaban las tierras de terratenientes suníes. “Para los alauíes era impensable comprar una vivienda o tierras en la costa de Lataquía porque era una de las zonas más caras del país y la mayoría vivía en las áreas rulares de las montañas”, recuerda el doctor Rami, oriundo del distrito de Yebla en Lataquía.

Tras el golpe militar de 1970, el general alauí Hafez Asad tomó las riendas del poder. Como buen estratega fortaleció su alianza con otras familias de la misma minoría religiosa y unificó las facciones del partido Baath, laico y reivindicador de una “nación árabe”, pero indiferente ante la procedencia religiosa de sus miembros.

Asad exprimió el concepto de solidaridad confesional, dio tierras a los alauíes y colocó a un número desproporcionado de miembros de su comunidad en puestos de mando de los cuerpos de la seguridad interna, así como en las unidades militares de élite, como la Guardia Presidencial y la Guardia Republicana. Un concepto que no ha cambiado en 40 años: hoy en día, el 90 por ciento de los puestos de altos cargos del Gobierno y fuerzas militares los ocupan alauíes.

Pero Hafez Asad también procuró rodearse de hombres de negocios suníes y cristianos. Con el dinero de las élites comerciales y el apoyo pretoriano de la minoría alauí, el general se mantuvo en el poder durante 30 años y dejó el testigo de mando en manos de su hijo Bashar, el actual presidente.

Abu Ahmad, oficial rebelde sirioDurante estos 42 años, la dinastía de los Asad ha respetado el principio de laicidad institucional, por el que las minorías religiosas —tanto alauíes como chiíes, o cristianos de todas las ramas— reciben un tratamiento de igualdad respecto a la mayoría suní, que conforma el 75% de la población siria. Pero si esta igualdad ha permitido una convivencia armónica, hoy, la división sectaria es ya una realidad palpable en Siria. El pasado 5 y 6 de noviembre murieron 19 civiles en el barrio de Al Wurud de Qusdaya y otros 13 en "sector 86" del barrio de Maze, dos suburbios de Damasco poblados mayoritariamente por alauíes.

El barrio de Maze, bastión alauí de Damasco, ha visto duplicar su población desde que estalló la crisis. Muchos analistas consideran que el ataque en Maze constituyen un giro significativo: por primera vez “la comunidad alauí, que hasta ahora no había sido atacada como tal, se convierte en un objetivo", advierte Paul Salem.

“El clan Asad ha logrado involucrar a la comunidad alauí en la represión y las matanzas. Militares, fuerzas de seguridad, agentes de los servicios secretos y shabihas (matones a sueldo), han causado muchas víctimas entre la población suní”, explica el analista libanés Bassam Lahoud. Un profundo rencor y unos deseos de venganza de las víctimas se dirigen contra quienes dominan tanto el ejército como la policía: los alauíes".

martes, 27 de noviembre de 2012

Poderes absolutos para Morsi

Hoy martes está prevista la celebración de una gran manifestación en la plaza de Tahrir para protestar contra la decisión del presidente egipcio Muhamed Morsi de ampliar sus facultades y convertir sus decisiones en inapelables ante la Justicia hasta la entrada en vigor de una nueva Constitución. Muchos consideran que, de esta manera, Morsi concentra en sus manos el poder ejecutivo, legislativo y judicial. Amnistía Internacional señala, en un reciente comunicado, que "Los cambios del presidente Morsi a la constitución pisotean el Estado de derecho".

"Los nuevos poderes anunciados por el presidente de Egipto pisotean el Estado de derecho y presagian una nueva era de represión, ha dicho Amnistía Internacional. Las modificaciones a la Declaración Constitucional de Egipto que se anunciaron ayer otorgan en la práctica al presidente facultades ilimitadas, impidiendo cualquier impugnación legal de sus decisiones hasta que el próximo año se elija una nueva cámara baja del Parlamento (la Asamblea Popular). Las modificaciones también permiten al presidente emprender las acciones y tomar las medidas  que considere necesarias “para proteger al país y los objetivos de la revolución”.

En un discurso pronunciado hoy, el presidente Mohammed Morsi afirmó que actúa para acelerar la reforma y asegurar los logros conseguidos con el levantamiento. Sin embargo, pisotear el Estado de derecho no es la forma de garantizar los derechos humanos y asegurar que se hace justicia con las víctimas de la “Revolución del 25 de enero”. Amnistía Internacional insta al presidente egipcio a que respete el principio de igualdad de todos los ciudadanos –él incluido– ante la ley retirando las recientes enmiendas que le otorgan inmunidad en sus decisiones.   

Además, “la ley que protege la revolución” –también anunciada anoche– permitirá al nuevo fiscal general prolongar las detenciones “hasta seis meses” para “proteger la revolución” mientras se investiga a las personas detenidas por cargos relativos a disposiciones del Código Penal sobre delitos relacionados con la prensa y los medios de comunicación, organización de protestas, huelgas laborales y “matonismo”. Tales disposiciones restrictivas se han utilizado habitualmente para castigar el ejercicio pacífico de los derechos a la libertad de expresión, reunión y asociación. En virtud de este decreto, que recuerda a la criticada ley del estado de excepción, podrá mantenerse detenidas a las personas por cargos falsos hasta seis meses antes de que finalmente sean llevadas a juicio.
Las modificaciones a la Declaración Constitucional disponen también la reapertura de las investigaciones y procesamientos en relación con los homicidios y las lesiones de manifestantes, así como los delitos de “terrorismo” perpetrados contra los “revolucionarios” por funcionarios del “régimen anterior” según una nueva ley. La nueva legislación elimina las disposiciones del Código de Procedimiento Penal de Egipto que impiden celebrar un nuevo juicio basándose en nuevas pruebas o circunstancias.

También es aplicable a los delitos de “terrorismo” tipificados en la Ley Antiterrorista de 1992, criticada desde hace tiempo por su vaga definición de este término. Según los informes, el nuevo fiscal general de Egipto afirmó que el ex presidente Hosni Mubarak y el ex ministro del Interior Habib Adly, así como otros altos funcionarios de este Ministerio, volverían a ser juzgados. Tanto Mubarak como Adly habían sido condenados a cadena perpetua en junio de 2012 por el homicidio de manifestantes en la “Revolución del 25 de enero”, un juicio en el que resultaron absueltos otros seis altos cargos de seguridad. La nueva ley establece asimismo la figura de los fiscales y jueces especializados para examinar este tipo de casos. Las normas internacionales de derechos humanos permiten la celebración de nuevos juicios en casos de absolución en circunstancias excepcionales, cuando han salido a la luz nuevas pruebas. Sin embargo, Amnistía Internacional teme que en la práctica esta nueva disposición pueda ser utilizada de forma abusiva por el ejecutivo para socavar el poder judicial y los derechos de los acusados.

El decreto del presidente Morsi retira al poder judicial la facultad de disolver la Asamblea Constituyente y la cámara alta del Parlamento (Consejo de la Shura). Estaba previsto que a comienzos de diciembre el Tribunal Supremo Constitucional fallara sobre la formación de la Asamblea Constituyente y el Consejo de la Shura, y muchos esperaban que ordenara su disolución, como había hecho con la Asamblea Popular en junio de 2012.

En octubre, el presidente intentó sin éxito destituir al fiscal general –algo que no figura entre sus facultades según las leyes egipcias– tras la absolución de todos los acusados en el juicio de la “Batalla del Camello”, relativo a los enfrentamientos entre manifestantes a favor y en contra de Mubarak en la plaza Tahrir en febrero de 2011. Los tribunales penales han absuelto a la mayoría de los agentes de policía acusados del homicidio de manifestantes durante el levantamiento de 2011. Por lo general, los jueces han considerado que las pruebas contra los agentes eran insuficientes, o que el uso de la fuerza por parte de la policía había estado justificado para proteger las comisarías del ataque de los manifestantes. Si bien Amnistía Internacional criticó estas absoluciones, la organización considera que la rendición de cuentas y la justicia no pueden conseguirse socavando el sistema judicial, sino reformándolo y fortaleciéndolo.

Miles de egipcios han salido a la calle en todo el país para protestar por el decreto presidencial, dictado tras los actos de violencia y los enfrentamientos que venían produciéndose desde el 19 de noviembre entre la policía antidisturbios y los manifestantes en la plaza Tahrir y la cercana calle de Mohamed Mahmoud, que conduce al Ministerio del Interior. Ayer fue incendiado el estudio de la cadena de televisión Al Yazira en la plaza Tahrir. Según los informes, el fuego fue provocado por unos manifestantes (...)".

lunes, 26 de noviembre de 2012

Sin novedad en Gaza

Mi reflexión sobre el ataque israelí a Gaza se demoró más de lo deseado. Ahora la publica El Correo. Como el resto de mis colaboraciones con dicho periódico en estos últimos diez años puede consultarse en el portal de Escuela de Paz.

La operación Pilar Defensivo ha finalizado dejando la acostumbrada estela de muerte y destrucción. Como era de prever, tanto el gobierno israelí como Hamas se han apresurado a proclamar su victoria. Sin embargo sobre el terreno nada ha cambiado en la práctica, ya que Israel no ha conseguido, tal y como pretendía, debilitar a la organización islamista ni tampoco recuperar su capacidad de disuasión.

Donde sí se han registrado cambios es en la escena internacional. EE UU, con un Obama reforzado tras su reciente victoria electoral, ha presionado intensamente al gobierno israelí para que se abstuviese de lanzar una operación terrestre que podría haber provocado una auténtica carnicería, ya que la Franja de Gaza tiene la más alta densidad de población del mundo. Aunque la Casa Blanca reconoció el derecho de Israel a defenderse, también dejó claro que, tras la Primavera Árabe, el contexto regional ha cambiado radicalmente. El paulatino ascenso al poder de los movimientos islamistas puede ahondar el desencuentro entre Washington y Jerusalén, dado que cada vez es más evidente que Israel podría convertirse en una carga estratégica para EE UU, sobre todo si se empecina, como viene haciendo hasta ahora, en proseguir sus  políticas colonizadoras y entierra definitivamente la solución de los dos Estados.

En este contexto, Egipto emerge como un actor central para garantizar la estabilidad de Oriente Medio. El programa electoral de los Hermanos Musulmanes insistía en la necesidad de “restaurar el papel protagonista de Egipto en la región y fortalecer los tratados y acuerdos internacionales de cara a preservar los intereses de los egipcios”. Su decisiva intervención en el alto el fuego entre Israel y Hamas no sólo demuestra su capacidad de mediación, sino que además evidencia que Egipto está llamado a jugar un papel decisivo en el nuevo Oriente Medio que emerge tras la Primavera Árabe. Como la propia Hillary Clinton reconoció: “El gobierno egipcio está asumiendo la responsabilidad y el liderazgo que siempre ha hecho de este país una piedra angular para la estabilidad regional y la paz”. En los próximos años, Egipto podría asentar su posición sirviendo de puente de comunicación entre EE UU y los movimientos islamistas, que gradualmente irán conquistando el poder en buena parte del mundo árabe.
Si algo muestra la operación Pilar Defensivo es que Israel no ha sido capaz de adaptarse al nuevo escenario regional. El recurso a la fuerza evidencia que Israel sigue preso de la doctrina del ‘muro de hierro’ según la cual la supremacía militar sería suficiente para garantizar su posición hegemónica. El primer ministro Benjamin Netanyahu parece no darse cuenta de las radicales transformaciones registradas en los últimos dos años. Por eso no nos debe extrañar que numerosas voces en la escena política israelí hayan descrito la interrupción de la ofensiva como una derrota. Shaul Mofaz, el líder de la oposición, resumió este malestar señalando: “Hamas tiene la sartén por el mango”. Por si fuera poco, el fiasco de Gaza podría tener repercusiones en el dossier iraní, ya que cuestiona abiertamente las capacidades de Israel para lanzar en solitario un ataque contra el programa nuclear iraní.

Es cierto que Hamas ha conseguido afianzar su posición, pero a costa de un elevado número de bajas. A pesar de que las visitas de varios ministros de Egipto, Turquía, Túnez y Qatar demuestran que la organización cuenta con amplios respaldos en la región, lo cierto es que la organización islamista ha sido incapaz de romper el círculo vicioso en el que se encuentra encerrada desde que en 2006 se impusiese en las elecciones, ya que su apuesta por el pragmatismo no ha sido premiada por un reconocimiento por parte de los países occidentales, que la siguen considerando un organización terrorista. En la escena doméstica, Hamas ha salido reforzada, ya que mientras Hamas parece ser una estrella ascendente, su rival Fatah continúa retrocediendo posiciones. El presidente palestino Mahmud Abbas ha mantenido un discreto segundo plano dando la impresión de ser completamente ajeno a lo que ocurría en Gaza.

La vigencia del alto el fuego no sólo dependerá de la voluntad de las partes, sino que además requerirá un cambio radical de la situación sobre el terreno, puesto que el problema de fondo todavía persiste. La Franja de Gaza lleva seis años sometida a un intenso bloqueo aéreo, marítimo y terrestre que ha destruido completamente su economía. En este punto debe recordarse que el artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra reza que “no se castigará a ninguna persona por infracciones que no haya cometido personalmente. Están prohibidos los castigos colectivos, así como toda medida de intimidación o de terrorismo”.

Desde 2007, un millón y medio de personas viven encerradas en una prisión a cielo abierto de tan sólo 365 kilómetros cuadrados. El 80% de la población depende de la ayuda humanitaria, un 50% de los habitantes de la franja vive bajo el umbral de la pobreza y el desempleo afecta al 35% de los gazauíes. Mientras esta situación no se corrija parece improbable que los ataques contra Israel se interrumpan. La pobreza a la que la ocupación israelí condena a la población palestina es el mejor caldo de cultivo para la desesperación y el radicalismo.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Galeano sobre Gaza

Hace unos años, con motivo de la Operación Plomo Fundido, el maestro de maestros Eduardo Galeano publicó en el diario argentino Página 12 este artículo sobre Gaza: "Operación Plomo Impune". No lo conocía. Me lo remite mi amiga palestino-chilena Nancy Lolas y lo considero plenamente vigente cuatro años después.

"Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro? Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad (...)".

(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)

jueves, 22 de noviembre de 2012

Gaza: el medio y el mensaje

Israel y Hamas han firmado una tregua para poner fin a la violencia. La ofensiva israelí, que ha durado ocho días, ha dejado 162 víctimas palestinas, casi todas civiles y más de la mitad de ellas niños, ancianos y mujeres, y 5 israelíes. La intensa presión internacional ha obligado al Gobierno de Netanyahu a detener la ofensiva de tierra que preparaba. Mientras tanto, Hamas ha celebrado como una victoria esta decisión. Jaled Mashal, su máximo responsable, se ha apresurado a señalar: "La destrucción dejada por Israel no modifica el hecho de que la resistencia ha ganado". En el portal Rebelión, Santiago Alba Rico reflexiona, con su acostumbrada lucidez, sobre los objetivos israelíes con su última operación: "Gaza: el medio y el mensaje".

"Gaza no es un país ni parte de una nación ni una franja de tierra y mucho menos un conjunto de seres humanos: es una simple inversión. Israel -lo digo sin un ápice de ironía- no está aplicando una política genocida en Palestina: quiere matar unos cuantos niños, pero no a todos los niños; quiere destruir escuelas y hospitales, pero no impedir radicalmente la supervivencia; quiere que adelgacen sus habitantes, pero no matarlos de hambre. No olvidemos que fue Sharon, el mismo que jugó durante meses al gato y el ratón con Arafat en la Muqata, quien aplicó el llamado “plan de desconexión” en 2005 para convertir Gaza en una gran pequeña Muqata de 1.500.000 habitantes.

Gaza es muy importante para Israel. Es el orinal donde los gobiernos sionistas desahogan sus más bajos instintos; es el hermano pequeño y desarmado al que golpean cuando querrían golpear al hermano fuerte; es el basurero donde sus políticos entierran sus miserias; es el muro donde embadurnan su propaganda electoral; es su vídeo-juego militar; es el escaparate de su mercado de seguridad; es el rehén de toda negociación; es la condición misma -un complicado sistema de respiración asistida- de conservación del Estado.
Como repite el escritor libanés Elias Khoury, “Israel compra tiempo a cambio de sangre” y los gazatíes son los que hacen el gasto. Gaza es el banco central de Israel; su reserva de divisas. Es imprescindible. “Desconectada”, bloqueada, descascarillada, a veces golpeada, pero imprescindible. Israel no quiere ni destruir Gaza ni asesinar a todos sus habitantes. Puede parecernos que está bombardeando sus edificios y matando a sus niños, pero en realidad está “cuidando” su herramienta favorita, afinando sus instrumentos, aquilatando su musculatura. Está “mimando” Gaza, sacándole todo su partido, rentabilizando todas sus “prestaciones”.

Está, como dicen los analistas, mandando “mensajes”. Los mensajes de Israel son tan evidentes y previsibles que hace falta poca ciencia para descifrarlos. Es bueno que sean claros para que todos los entiendan. Uno va dirigido a los electores israelíes, para que experimenten los peligros del “antisemitismo islámico” y el alivio de un gobierno fuerte, implacable con el enemigo, implacable también con los disidentes. Otro va dirigido a Egipto y a todos los países musulmanes -de Túnez a Turquía- que, tras las sacudidas y cambios de los dos últimos años, podrían sentirse tentados de revisar sus relaciones con Israel. Otro es para Irán, como enseñándole y escamoteándole los dientes desde su habitual campo de entrenamiento. Otro no menos importante tiene como destinatario a Obama, al que se quiere forzar a un alineamiento estadounidense incondicional, como en los últimos 40 años, recordándole por la vía de los hechos que Israel es su único verdadero aliado en la zona y el único garante de sus intereses en la región [...]".

martes, 20 de noviembre de 2012

Gaza en el punto de mira

Israel continúa atacando Gaza. Después de casi una semana de ofensiva, las víctimas ya superan la centena. No se  atisba, en el cercano horizonte, un final al ataque contra la franja.  El profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá, Víctor de Currea-Lugo analiza la situación en su artículo "Palestina, bajo fuego otra vez", recientemente publicado por el diario colombiano El Espectador. Mañana publicaré mi propia reflexión, que aparecerá en El Correo.

"Palestina está bajo ocupación, como lo dicen decenas de resoluciones de la ONU, incluyendo a Gaza, la cual dejó de tener colonos judíos en 2005, pero no ha dejado de sufrir un bloqueo militar.

El conflicto tiene cuatro puntos: los refugiados palestinos de 1948, los intentos israelíes de anexión de Jerusalén, los asentamientos judíos y las fronteras. Sobre estos puntos hay normas de derecho internacional y en todos Israel comete ilegalidades. En ese contexto ocurre el intercambio de fuego, en el que Israel comete otra ilegalidad: ejecuciones extrajudiciales.

Israel, de cara a sus ciudadanos utiliza la carta del miedo y de cara a la comunidad internacional la de la víctima. Así consigue movilizar en su favor a parte de su población y garantiza que la comunidad internacional no les critique para no ser acusados de “antisemitas”.

En 2004, Yosef Tommy Lapid, entonces ministro de Justicia israelí y único miembro del gabinete superviviente del Holocausto, comparó el dolor de una madre en Gaza con el de su propia madre. Fue acusado de traicionar a Israel.

El motivo de los ataques es simple: polarizar a la sociedad internacional y enrarecer el ambiente para impedir que la ONU reconozca a Palestina como observador (además, los ataques cuentan para las elecciones en Israel de 2013). Eso implicaría que Palestina tenga acceso a tribunales internacionales para juzgar los crímenes de guerra en su contra.

Israel mezcla la paz con el derecho palestino a ser Estado, amenaza con derrocar al presidente palestino si la ONU los acepta, advierte recortes presupuestarios (como hizo con la Unesco por aceptar a Palestina) y empieza preparativos para invadir Gaza de nuevo.
La ofensiva no la empezó Hamás, en rigor la empezó Israel con la ocupación de Palestina en 1967, y quien no acepte hablar de ‘ocupación’, no tiene derecho a hablar de ‘terrorismo’. Hamás no tiene capacidad militar para borrar del mapa a nadie: en la ocupación de Gaza de 2008 hubo más de 1.400 palestinos muertos y tan sólo 10 soldados israelíes, varios de ellos por fuego amigo.

Recurrir al terrorismo es un error por tres razones: es éticamente condenable el ataque a civiles, políticamente contraproducente y militarmente inútil. Pero Hamás es tan solo militarmente poderoso en ciertos israelíes que no quieren entender que la mejor manera de acabar con los cohetes que llegan a Tel Aviv es acabando con la ocupación.

Israel insiste en que Hamás lo reconozca como Estado y no los ataque. Pero el reconocimiento de la OLP del Estado israelí en 1988 no sirvió para nada. Hamás, luego de ganar las elecciones en 2006, mantuvo por años una tregua unilateral hacia Israel, y eso tampoco sirvió para nada.

Repetir ‘Plomo Fundido’ hoy no sería lo mismo: las revueltas demostraron el poder del pueblo árabe, mayoritariamente, antiisraelí: el ministro de Relaciones Exteriores tunecino prepara su visita a Gaza, pero ni siquiera la visita del primer ministro egipcio detuvo los ataques israelíes. Egipto ya retiró su embajador en Israel y la Liga Árabe y el Consejo de Seguridad llamaron a reuniones. Ojalá esta vez Israel sea obligado a respetar el gran objeto de sus burlas: el derecho internacional".

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sobre la economía de Gaza

En mi informe sobre "La situación humanitaria de Gaza", publicado por Bakeaz en 2009, analizaba las dinámicas de dependencia instauradas por Israel para impedir que la franja gozara de una economía autónoma. No está de mal recordar cómo Israel ha tratado, en el curso de los últimos añños, convertir la cuestión nacional palestina en una mera cuestión humanitaria.

Desde siglos atrás, la agricultura ha sido la principal fuente de riqueza de Gaza. En época otomana, la provincia de Gaza tenía 1.196 km² de los cuales 800 km² se dedicaban al cultivo de secano, 105 km² de árboles (olivos, palmeras, sicomoros, higueras y algarrobos) y otros 35 km² de cítricos. El aceite de Gaza se exportaba tanto a Egipto como a Turquía, utilizándose también para la alimentación, la iluminación y la fábrica de jabones. En el curso de la Primera Guerra Mundial, el 95% de los olivares fueron talados por los turcos, para que su madera fuese empleada como combustible en los trenes que transportaban tropas y armamentos. Durante los años de dominación británica prosperó la producción de cítricos debido a que se excavaron nuevos pozos de agua y se instalaron bombas de riego.

La guerra de 1948 y la llegada de 200.000 refugiados, la mayor parte procedentes de Yafa y Bersheva, alteró radicalmente la situación de la Franja de Gaza, entonces habitada por tan sólo 80.000 personas. Las mejores tierras de cultivo quedaron del lado del Estado israelí, lo que supuso un duro golpe en términos económicos. Del lado palestino quedaron los cítricos, cuya exportación representaba la principal fuente de ingresos de la Franja, pero que estaban en manos de unas pocas familias acaudaladas. La industria estaba poco desarrollada y estaba orientada esencialmente a satisfacer la demanda de la población local. Tras la ‘nakba’ (como los árabes denominan la ‘catástrofe’ que puso fin a Palestina), el sector servicios vivió una época de expansión para satisfacer las demandas de la UNRWA y de su aparato burocrático.

La ocupación de Gaza y Cisjordania en 1967 puso en evidencia las abismales diferencias entre las economías palestina e israelí, la primera tradicional, enfocada a la agricultura y con una industria artesanal, y la segunda moderna, altamente industrializada y tecnológicamente avanzada. De hecho, el PNB de Cisjordania y Gaza en 1966 apenas representaba el 2.6% del israelí. En un primer momento, Israel apostó por una política de puentes abiertos, gracias a la cual tanto las personas como las mercancías podían moverse sin dificultades, lo que permitió que las empresas israelíes ganaran nuevos mercados, ya que al mismo tiempo se impidió el surgimiento de una economía gazauí competitiva. Aunque la legislación internacional establece que los territorios ocupados por la fuerza de las armas mantendrán su autonomía tanto política como económica, “Israel desarrolló una política encaminada a integrar las economías de Cisjordania y la Franja de Gaza. Esta política incluyó una serie de medidas destinadas a apropiarse de los recursos naturales, a promover la dependencia económica de Israel y a integrar ambos mercados financieros” (Middle East Project of the Democracy and Governance Programme, 2009: 132).
Las autoridades israelíes pusieran en práctica diversas iniciativas para debilitar la economía de Gaza y, en particular, la agricultura, que representaba su columna vertebral, todo ello con la intención de romper “el vínculo entre el pueblo y su tierra y, al alejar al campesino de sus formas de vida tradicionales, obligarle a convertirse en asalariado de la economía israelí, ya que muchos palestinos fueron empleados en su industria. También se prohibió a los agricultores exportar sus productos para no competir con los israelíes. La producción agrícola se fue reduciendo gradualmente y concentrándose en productos como las sandías, las uvas, las cebollas, las olivas y las almendras” (Mawsu`a al-mudun al-filastiniya, 1990: 558). Uno de los grandes afectados fue el sector cítrico, ya que se prohibió la plantación de nuevos naranjos y limoneros y la exportación de sus frutos a sus mercados tradicionales, en particular a la Europa del Este. Como consecuencia de estas prácticas, el sector agrícola se resintió pasando de emplear el 32% de la población en 1970 a tan sólo el 18% en 1985. Hoy en día, tan sólo un 12% trabaja en la agricultura.

En un pionero estudio publicado en 1987, Sara Roy caracterizó la economía de Gaza como una en la que prevalecía el ‘de-desarrollo’, que definió como “un proceso que erosiona o debilita la capacidad de crecimiento y expansión de una economía al impedirle que acceda y emplee los insumos necesarios para promover el crecimiento interno más allá de un nivel estructural específico” (Roy, 1987: 56). El ‘de-desarrollo’ “implica la deconstrucción deliberada y sistemática de una economía indígena por la potencia dominante […] y es una política económica diseñada para asegurar que no se creará una base económica, incluso imperfecta, capaz de soportar la independiencia” (Roy, 1999: 65). Una primera categoría de medidas dentro de esta estrategia de ‘de-desarrollo’ fue dirigida a impedir la formación de una auténtica capacidad productiva por medio de la confiscación de tierra y agua y de las restricciones a la planificación y al uso de recursos. Una segunda categoría se dirigió a consagrar la integración y la externalización, lo que condicionó el crecimiento económico y las oportunidades de empleo, que en ambos casos provinieron de Israel. Una tercera categoría, consecuencia de las anteriores, fue la desinstitucionalización, que impidió el surgimiento de una infraestructura institucional que permitiese el proceso de desarrollo y dejó al sector informal y a las agencias internacionales como únicas planificadoras (Roy, 1999: 65-66).

Como consecuencia de la nueva situación, el PNB de la Franja de Gaza entre 1968 y 1982 creció a un ritmo del 9.7% anual. Este crecimiento entraría dentro “del concepto de ‘desarrollo dependiente’ que permite el crecimiento estructural interno de la economía más débil, a pesar de que este crecimiento es desarticulado, orientado y condicionado por las necesidades e intereses de la economía externa a la que está subordinada” (Roy, 1987: 57). Dicho crecimiento se explica porque buena parte de la fuerza laboral fue empleada en Israel: de hecho, sus salarios representaron el 44% del PNB de Gaza en 1984. Si en 1970 había 5.900 gazauíes trabajando oficialmente en Israel, en 1985 este número experimentó un incremento del 600% al elevarse a 41.700 personas. En 1987, el porcentaje representaba ya al 70%. Hoy en día, Israel no permite a ningún palestino de Gaza trabajar en su territorio.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Adiós a la solución de los dos Estados

La Primavera Árabe ha provocado drásticos cambios en el mundo árabe, pero Israel sigue actuando como en el pasado. Su ofensiva contra la Franja de Gaza, que probablemente irá in crescendo en los próximos días, evidencia que se encuentra atrapado en su retórica belicista y que es incapaz de adaptarse a la nueva situación sobre el terreno. Como en el pasado, Netanyahu sigue confiando en que sus ataques le aporten los consiguientes réditos electorales y sirvan de cortina de humo para acallar las críticas por sus políticas neoliberales.

Mientras tanto existe un consenso generalizado (del que apenas escapan al Meretz y los partidos árabes) en la escena política israelí para acentuar  su política de hechos consumados basada en el expolio de los territorios palestinos por medio de la masiva construcción de asentamientos. Todo ello para hacer completamente inviable un eventual Estado palestino. Sobre este asunto reflexiona David Perejil en su artículo "Palestina e Israel: la solución de los dos estados, a punto de desaparecer", publicado en FronteraD

"Este mes de noviembre está previsto que Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), haga efectiva la petición de “estado no miembro” a la Asamblea General de Naciones Unidas. Tras dejar pasar las elecciones estadounidenses, la delegación palestina quiere pedir una votación para la petición anunciada por Abbas en su discurso del pasado 27 de septiembre. Ese día la ANP optó por modificar la estrategia que inició un año antes cuando intentó convertir a Palestina en un estado de pleno derecho, el número 194 del mundo. En ese momento realizó una petición ante el Consejo de Seguridad que ni se llegó a votar ante las presiones de Estados Unidos e Israel. Desde entonces, Palestina ha logrado ser aceptada como miembro de pleno derecho por agencias como la Unesco, aún a costa de sufrir más presiones, como congelación de fondos por parte de Estados Unidos y la negativa a entregar los impuestos recaudados por Israel en los Territorios Ocupados Palestinos.

También el pasado septiembre se cumplió un importante aniversario: Diecinueve años desde el inicio del proceso de paz bilateral entre palestinos e israelíes con la mediación estadounidense y de la comunidad internacional. Mucho más tiempo del esperado, pues las conferencias de Madrid y Oslo habían fijado la fecha de 1998 para la proclamación de un estado palestino como punto final a unos acuerdos que se negociarían por fases. Israel empezó con la cesión del control administrativo y de seguridad de ciertas zonas, añadió un protocolo económico y permitió la vuelta desde el exilio de los dirigentes históricos de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) así como la creación de la ANP. Sin embargo, después de la segunda intifada y los ataques militares israelíes el proceso de paz, estancado muchas veces, casi entró en una vía muerta. De ahí, la reacción de la autoridad palestina que buscó tomar la iniciativa para evitar el bloqueo israelí a unas negociaciones que, según la versión palestina, se decían querer, pero en la práctica no se hacían al añadir cada vez más condiciones para sentarse a negociar, como el incremento de las colonias o el reconocimiento de Israel como un “estado judío”. Desde las diferentes administraciones israelíes, por el contrario, se hacía hincapié en la necesidad de encontrar interlocutores “válidos” así como garantizar su seguridad.

Sin embargo, no son pocas las voces que pronostican que la solución de dos estados en la zona está cercana a su fin. En primer lugar, se cita el menguante territorio sobre el que podría asentarse el hipotético estado palestino. Lejos del 45% de la tierra otorgada por el plan de partición de la ONU de 1945 e incluso del 22% que quedó tras la guerra de 1967, actualmente los asentamientos dejarían entre un 10% y 14% de territorio con siete grandes ciudades en Cisjordania desconectadas entre sí y con la franja de Gaza, bajo asedio israelí desde 2007. Fuera de ese dibujo quedarían las fronteras con otros estados, como Jordania, que Israel se afana en preservar. Todo ello sin entrar en la viabilidad económica de un territorio sobre el que el estado israelí busca mantener y acaparar todas las fuentes de agua, así como independencia o relaciones con otros países. Y dejando de lado la justicia de la solución, algo que para Nozizwe Madlala-Routledge, antigua ministra de Defensa surafricana durante los primeros gobiernos de Nelson Mandela, “suena como apartheid” si compara la situación actual de Gaza y Cisjordania y la de su país en la década de los ochenta.
 
Para la analista palestina Ghada Karmi es un hecho evidente que los dos estados no son ya posibles. Cita tres importantes razones. La primera, el control israelí del 62% de las tierras de Cisjordania, incluyendo el fértil valle del Jordán. Segundo, el proceso de colonización continúa y hasta la fecha Israel ha evitado siquiera pararlo para hacer posible la solución de dos estados. Por último, la doctora palestina afirma que Occidente ha sido reticente a presionar a Israel. “Hoy Israel-Palestina es un estado demostrable, imposible de dividir. Pero es un estado discriminatorio que opera al estilo de un sistema de apartheid contra los palestinos con impunidad”.

A una conclusión similar llega el, también analista político, israelí Dahlia Scheindlin para explicar que, ahora, sólo hay una soberanía en todo el territorio que va desde el mar Mediterráneo al río Jordán: Israel. “Con dos poblaciones que viven bajo soberanía israelí, sea civil o militar, con derechos, recursos, oportunidades y realidades desiguales”.

Alfonso Bolado, director de la biblioteca del Islam contemporáneo de la editorial Bellaterra, añade otras razones. “Es el momento de decirlo: la existencia de dos Estados en Palestina no podrá ser, por la confluencia del dogmatismo ideológico y la falta de voluntad política de unos y por la inviabilidad del Estado palestino que surgiría del proceso”. Culpabilidades que reparte el filósofo palestino Sari Nusseibeih, para el que “una solución de dos estados es excelente porque causa el mínimo dolor y es aceptada por la mayoría de los dos lados”. Sin embargo, añade que nadie intentó llevarla a cabo. “Primero de todo, a Israel le llevó mucho tiempo aceptar que hay un pueblo palestino. A nosotros, los palestinos también nos llevó mucho tiempo aceptar que debíamos reconocer un estado israelí. El problema es que la historia corre más rápido que las ideas”.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La nueva Coalición Nacional siria

Durante el último año, el Grupo de Amigos de Siria ha estado presionando activamente al Consejo Nacional Sirio (CNS) para que supere las diferencias con el resto de grupos de la oposición y establezca un frente unido contra Bashar al-Asad. La Secretaria de Estado Hillary Clinton advirtió, poco antes de la Cumbre de Doha, que el CNS “no puede ser considerado más como el líder visible de la oposición” ofreciendo su apoyo a la Iniciativa Nacional Siria (INS) planteada el 1 de noviembre por el exdiputado y empresario Riad Seif.

El Plan Seif constataba el fracaso de la revolución sin líderes propugnada por el CNS al afirmar “Siria necesita desesperadamente un fuerte liderazgo que sea cooperativo e inclusivo, un liderazgo que responda a las necesidades de la revolución y a la firmeza de nuestro pueblo”. Este plan se cifraba como objetivo: 1) garantizar la soberanía e independencia de las decisiones sirias; 2) preservar la unidad territorial; 3) defender la unión del pueblo; 4) derrocar a Bashar al-Asad y a los símbolos de su régimen; y 5) establecer una Siria civil, plural y democrática. Para alcanzar estos objetivos, la INS se proponía crear cuatro cuerpos: 1) un Consejo integrado por grupos políticos, consejos locales, fuerzas revolucionarias y figuras nacionales); 2) el Consejo Militar Supremo (que incluirá representantes de las consejos militares y de las brigadas); 3) un Comité Judicial; y 4) un gobierno de transición (integrado por tecnócratas). El plan fue duramente criticado por buena parte de la oposición siria, que rechazó las injerencias de EEUU.
Durante la Cumbre de Doha, celebrada entre el 8 y el 11 de noviembre, se estableció la Coalición Nacional de las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria. Mu`az al-Jatib, antiguo imán de la mezquita de los Omeyas, fue designado presidente (recientemente entrevistado por al-Hayat), y como vicepresidentes quedaron el propio Riad Seif, la activista Suhayr al-Atasi y un kurdo todavía por elegir. El Secretario General sería el empresario Mustafa Sabag (presidente del Grupo de Empresarios Sirios). Según el comunicado de los Comités de Coordinación Locales, la oposición coincidía en la necesidad de derribar al régimen y a sus símbolos, rechazar todo diálogo con Bashar al-Asad, desmantelar el aparato securitario, juzgar a los responsables de la represión, unificar los consejos militares del ESL y establecer un aparato judicial en las zonas liberadas. Esta nueva coalición también pretendía establecer un gobierno transitorio.

Uno de los principales objetivos de la coalición era obtener el reconocimiento por parte de la comunidad internacional. La conferencia contó con la presencia del ministro de Asuntos Exteriores turco Ahmet Davatoglu y del primer ministro qatarí Hamad Bin Jasim al-Thani, dos países que, al igual que EEUU, han realizado importantes esfuerzos para unificar a la oposición siria. La Coalición Nacional fue inmediatamente reconocida como representante  legítima del pueblo sirio por el Consejo de Cooperación del Golfo, que anunció su disposición a “facilitar apoyo a la nueva entidad para que pueda llevar a cabo las aspiraciones del pueblo sirio, con la esperanza de que [el grupo] sea un paso adelante hacia una rápida transferencia del poder”. También la Liga Árabe y Francia han reconocido a la Coalición Nacional como representante legítimo del pueblo sirio.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El factor salafista en la ecuación libanesa

Hace dos días estuve entrevistando al jeque salafista Ahmad al-Asir en su despacho de la mezquita Bilal de Saida. Al día siguiente, dos de sus guardaespaldas fueron asesinados cerca del campamento de refugiados palestino de Ain Helwe por personas supuestamente vinculadas a Hezbollah. Al-Asir, que no se define a sí mismo como salafí, se ha distinguido como un acérrimo enemigo de Hezbollah (al que gusta denominar el Partido de Irán en lugar del Partido de Dios) reclamando insistentemente su desarme. Cuenta con cientos de seguidores en su ciudad natal y con la simpatía, en el resto del país, de quienes le ven como contrapeso a las organizaciones islamistas chiíes. Hace unos meses, Afkar-Ideas publicó este clarificador artículo "La crisis siria y el islamismo suní en Líbano", escrito por Amaia Goenaga, investigadora invitada en el Carnagie Middle East Center de Beirut.

" (...) A nivel comunitario la crisis siria está teniendo una especial incidencia sobre la sunna. En líneas generales, la comunidad suní del Líbano se siente especialmente concernida por lo que ocurre en el país vecino, y esto está teniendo consecuencias.  La más llamativa es que al calor del conflicto una serie de grupos islamistas y especialmente algunos líderes salafistas, han ganado un protagonismo inusitado frente a la comunidad, y por extensión en la esfera pública nacional.
Desde que estalló la revuelta estos líderes se han postulado como  defensores de la causa rebelde en Siria ayudando a los sublevados en varios frentes. Se cree que algunos de ellos colaboran estrechamente con la insurgencia, con el envío de armas, muyahidines y  de bienes de todo tipo;  prestando ayuda a los refugiados sirios, etc. Pero además su presencia es constante en los medios gracias a los numerosos actos públicos que organizan y a su discurso incendiario, en el que las críticas al régimen de Bashar van acompañadas de ataques a Irán y sobre todo a la organización chií Hezbollah. En este contexto, líderes como el Sheij Ahmad el Assir de Sidón se han convertido en auténticas estrellas mediáticas. Hace correr ríos de tinta en la prensa local, y sus sermones de los viernes atraen a centenares de seguidores (miles según algunos medios).

En Trípoli, corazón del islamismo/salafismo libanés, estos grupos tienen la ciudad completamente movilizada en torno al conflicto sirio y en las zonas fronterizas del Norte, las más afectadas por el conflicto, ganan adeptos por momentos. Lo más preocupante es que algunos de ellos cuentan con sus propios grupos armados y están detrás de muchos de los episodios violentos que se han sucedido en Líbano en este 2012, especialmente recurrentes y  virulentos en Trípoli y sus alrededores.

Así las cosas, este fenómeno comienza a despertar muchos miedos en una sociedad multi-confesional como la libanesa y plantea muchas interrogantes en la opinión pública. ¿Cuál es el alcance real de este fenómeno? ¿Es solo una derivada coyuntural de la crisis siria o estamos asistiendo a  la consolidación política del islamismo suní más radical? ¿Estos líderes pueden llegar a ser una alternativa real a las elites suníes tradicionales?

(...) Actualmente el orbe islamista suní se compone de: Dos grandes organizaciones Jamaa Islamiyya y la Jamiyyat al-Masharii al-Khayriyya al-Islamiyya, más conocida como Al Ahbash, plenamente integradas en el sistema multi-confesional del país, que han llegado a tener representación parlamentaria. Junto a ellas, encontramos otras organizaciones minoritarias que siguen ancladas en postulados maximalistas del islam político más clásico, como Harakat al-Tawhid al-Islami, o la rama libanesa de Hizb ut Tahrir.
Por otro lado, en Líbano hay también una nebulosa más o menos desestructurada de grupos y líderes salafistas de características muy dispares. El salafismo se instaló en Trípoli en los años 40, de la mano del Sheij Salem el Shahhal. Desde entonces esta corriente rigorista ha ido evolucionando y extendiéndose por el país en varias oleadas. La mayoría de estos grupos se dedica únicamente a la benevolencia y al proselitismo, y solo una pequeña parte de ellos se declara yijadista por principio.  A camino entre ambos está el salafismo político, una rama del salafismo que además de dedicarse a la enseñanza y a la caridad se implica, o al menos se posiciona, respecto a temas políticos (admiten el recurso a la yijad en casos concretos). A pesar de la popularidad del Sheij Assir, por su trayectoria el Sheij salafista más importante del país es probablemente Dai al Islam Shahhal, hijo del  Sheij  Salem el Shahhal (...).
El epicentro de todos estos movimientos está en Trípoli, donde se concentran el mayor número de líderes y asociaciones islamistas/salafistas del país. También están presentes en el Akkar, en Diniyeh, en los campos palestinos, en algunos pueblos de la Bekaa, en barrios periféricos de Sidón y en menor medida en Beirut. No obstante, el peso social y político de los grupos islamistas, y más aun de los salafistas,  ha sido siempre pequeño a escala nacional; por la cultura política propia de este grupo confesional, y porque durante los años de ocupación siria el régimen mantuvo un férreo control sobre ellos. Muchos han sufrido torturas, prisión, etc., lo que explica, en parte, la animadversión de gran parte de estos sectores hacia el régimen alauí. A partir de 2005 sin embargo, la salida de Siria y una serie de cambios importantes en el seno de la comunidad harán que estos  grupos comiencen a ganar una presencia creciente en la esfera pública (...).
Por tanto, no estamos ante un fenómeno coyuntural, estos grupos están ampliando su base social y su capacidad de influencia desde hace años. Incluso están comiendo  cierto terreno a Hariri, pues hay mucha gente desencantada con el papel político de Saad. De hecho no es descartable que puedan conseguir algún que otro diputado en zonas concretas en las próximas legislativas previstas para 2013. No obstante, resulta a todas luces exagerado pensar que estos grupos puedan presentar una alternativa a las elites suníes tradicionales a corto plazo.  Hablamos casi de grupúsculos no integrados, no son un actor único. Líderes individuales que gestionan asociaciones o fundaciones, con un nivel organizativo muy básico, y las relaciones entre los distintos grupos son a menudo conflictivas (...)".

viernes, 9 de noviembre de 2012

Escenarios para Egipto

El Observatorio de Política Exterior (OPEX) de la Fundación Alternativas me acaba de publicar este memorando sobre "El Egipto de los Hermanos Musulmanes: entre la agenda doméstica y la escena regional". A continuación reproduzco una de sus partes: los escenarios a los que se enfrenta el presidente Mohamed Morsi en los próximo meses.

La asunción de responsabilidades de gobierno ha obligado al presidente Mohamed Morsi a decantarse por la realpolitik y aparcar la retórica populista empleada en el pasado. Una de las tareas más complejas en la agenda de Morsi será mantener un equilibrio entre la agenda doméstica, que ocupa un lugar prioritario, y la proyección regional, que no puede descuidarse si Egipto quiere volver a recuperar el peso específico que antaño disfrutó en Oriente Medio.

En la escena doméstica, el principal reto es plantear una Constitución consesuada que no imponga un Estado religioso, que sería bien recibido por los votantes de los HHMM y por los sectores salafistas pero ampliaría el abismo que les separa de los sectores liberales y laicos. El texto constitucional, que deberá someterse a referéndum, representa un test para el gobernante PJL y pondrá a prueba su capacidad de concertación con el resto de las fuerzas políticas. El escenario más peligroso es que la sociedad egipcia se polarice ante la falta de diálogo.

Los salafistas han amenazado con movilizar a sus simpatizantes si sus demandas no son satisfechas. El creciente poder de los salafistas supone un serio motivo de preocupación para los HHMM, ya que pretenden imponer sus concepciones al conjunto de la sociedad y cuentan, para ello, con la generosa ayuda de Arabia Saudí y las grandes fortunas del golfo Pérsico. De hecho, la manifestación ante la embajada de EEUU en El Cairo fue, ante todo, una demostración de fuerza de los salafistas a escala interna y una evidencia más de que podría darse un ‘choque de islamismos’ entre una visión más contemporizadora y aperturista y otra más inflexible y rigorista.

El gobierno egipcio no puede pasar por alto las reivindicaciones de los sectores liberales y revolucionarios, que han promovido un frente unido de cara a las próximas elecciones legislativas. La Coalición de la Nación Egipcia está integrada por la Corriente Popular de Hamdin Sabbahi (que quedó en tercer puesto en las elecciones presidenciales con el 21,5% de los votos), el Partido de la Constitución de Mohamed ElBaradei, el Partido de la Conferencia de Amr Moussa, el Partido al-Wafd, los Liberales Egipcios, el Partido de la Alianza Popular Socialista y el Partido Social Democrático Egipcio, entre otros. Los HHMM deben decidir si quieren caminar sólos o, por el contrario, pactan con el resto de fuerzas para garantizar la gobernabilidad del país.
En lo que se refiere a la escena internacional, Morsi probablemente se verá obligado a seguir una política continuista. Si bien es cierto que Egipto podría estar tentado de buscar nuevos aliados para tratar de reequilibrar su política exterior, también lo es que la alianza con EEUU sigue siendo vital en este periodo de incertidumbre. Morsi es consciente que necesita a EEUU para estabilizar la situación interna y para garantizar el éxito de una transición que podría verse amenazada por los residuos o fulul del régimen mubarakista. Por muchos que sean los desencuentros, EEUU no puede distanciarse de Egipto, centro neurálgico del mundo árabe. Algo parecido se puede decir de las relaciones euro-egipcias: la UE continúa siendo el principal socio comercial de Egipto y el mantenimiento de las relaciones comerciales es esencial para garantizar la estabilidad.

La posibilidad de que Egipto asuma un mayor protagonismo regional está supeditada a que Morsi consiga afianzar su posición interna. Tampoco en este ámbito se perciben cambios de envergadura en la tradicional política exterior egipcia. Una normalización con Irán estaría condicionada a una solución negociada de la crisis siria y a un papel más constructivo de Teherán en la región, algo que no parece plausible a día de hoy. Además, este paso no sería bien visto por Arabia Saudí, que desconfía de las potenciales derivaciones militares del programa nuclear iraní. El escaso recorrido de la iniciativa egipcia para evitar un enquitamiento de la guerra civil siria pone de manifiesto no sólo la falta de concreción del plan, sino también la precipitación de Morsi.

En lo que respecta a las relaciones con Israel, Egipto parece encaminarse a una paz fría o, como sumo, a una situación de no-guerra y no-paz, similar a la mantenida por ambos países en el pasado. Algunas voces críticas llaman a revisar e, incluso, revocar el tratado de paz, pero Morsi ha garantizado que lo respetará, entre otras cosas porque en esta etapa de afianzamiento de su liderazgo no le conviene un choque de trenes con EEUU y, mucho menos, con Israel. Ello no debería ser interpretado como un cheque en blanco por parte de Israel, cada vez más determinado a que sus políticas de hechos consumados entierren definitivamente la solución de los dos Estados. Probablemente es en la Franja de Gaza, dominada por Hamás, donde se asistirá a un cambio de mayor envergadura con la apertura gradual de la frontera para mercancías a medio plazo.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Ersal: símbolo de la tragedia siria

Según el ACNUR, el número de refugiados sirios en Líbano ya supera los 107.000. Ayer estuve en Ersal, una localidad libanesa cerca de la frontera con Siria. Ersal es una isla suní en el océano chií de la Beqa. En los últimos meses han llegado hasta la ciudad unas 2.100 familias sirias: en total unos 10.000 refugiados. El vicealcalde Ahmad Fliti nos contó que el flujo de refugiados se ha intensificado en las últimas semanas como consecuencia del agravamiento de los combates. De hecho, casi un tercio de los refugiados ha llegado desde el 15 de octubre. 

De momento el ayuntamiento y varias organizaciones humanitarias están prestando ayuda a los refugiados, pero con la llegada del invierno su situación se agravará, sobre todo si tenemos en cuenta que en la ciudad suele  nevar frecuentemente y las infraviviendas en las que se han instalado buena parte de los refugiados carecen de puertas, ventanas, agua o electricidad.
El gobierno central no está colaborando mucho en la solución de los problemas, entre otras cosas porque los refugidos son contrarios a Bashar al-Asad. Al menos cuentan con la solidaridad de la población local que, como los refugiados, es suní y, en muchos de los casos (casi en un 25% de las ocasiones), tiene relación de parentesco con ellos. De hecho, sólo una parte de los niños en edad escolar se encuentran escolarizados en las escuelas públicas (350 de los 2.000 en edad escolar).

Tuve la oportunidad de hablar con alguno de los refugiados. La mayor parte de ellos provenía de Rif Homs y Homs. Los relatos de su huida a través de las montañas, con personas de avanzada edad y niños de apenas unas semanas de vida, era desoladora. Atrás dejaron sus pueblos, en ocasiones completamente devastados por fuerzas del régimen. También dejaron a los suyos, muchos de los cuales fueron degollados por los shabiha. Una vez más confirmaron que algunos lugares habían sido bombardeados con barriles de petróleo desde helicópteros. Confían en volver pronto mientras se preparan para el duro invierno de Ersal.