jueves, 31 de marzo de 2011

Bashar se enroca

Perplejidad. Después de que su consejera presidencial anunciara una batería de reformas para neutralizar las manifestaciones que se iniciaron hace dos semanas y que han provocado, al menos, 61 víctimas civiles, el presidente Bashar al-Asad parece no darse por aludido y ha optado por la estrategia de la avestruz. Esconder la cabeza bajo tierra y fingir que nada ocurre. Peor aún: aludir a una conspiración extranjera.

En su esperada intervención ante la Asamblea del Pueblo no dijo ni una palabra del levantamiento del estado de excepción, ni tampoco de una nueva ley de prensa que permita la libertad de expresión ni mucho menos de un sistema pluripartidista ni de elecciones libres. Las reformas, para Bashar, pueden esperar otros diez años y no deben hacerse bajo presión, no vaya a ser que tenga que ser mucho más generosas de lo incialmente planeado.
En lugar de las esperadas reformas, Bashar volvió al mantra de la liberalización económica que tanto ha enriquecido a su círculo cercano al afirmar: "Decimos a quienes piden reformas que nos retrasamos en su aplicación pero pronto las comenzaremos. Las prioridades son la estabilidad y la mejora de las condiciones económicas". Para justificar su inmovilismo manifestó: "Nos acusan de prometer reformas y no realizarlas, pero nos hemos visto obligados a modificar nuestras prioridades a causa de las reiteradas crisis regionales y de cuatro años de sequía".

Además de aferrarse a la teoría de la conspiración extranjera, Bashar acusó a las "consignas de las televisiones panárabes por satélite" en una clara alusión a Al Yazira y advirtió del peligro de una guerra sectaria entre musulmanes suníes, alawíes y cristianos. Nada nuevo: vuelve a utilizar el "nosotros o el caos" que tan pocos resultados tuvo para Ben Ali y Mubarak. Parece que Bashar ha dejado pasar una nueva oportunidad. ¿Tendrá otra? El viernes veremos la respuesta de la población.

martes, 29 de marzo de 2011

Ejecuciones en Oriente Medio

Amnistía Internacional acaba de publica el informe "Condenas a muerte y ejecucioones en 2010". El país que se lleva la palma es, sin duda, Irán con al menos 252 ejecuciones de las 378 contabilizadas: dos terceras partes. En el apartado dedicado a Oriente Medio y Norte de África señala:

"En 2010, el número de condenas a muerte y ejecuciones en Oriente Medio y el Norte de África disminuyó respecto al año anterior. Sin embargo, cuando se aplicaba la pena de muerte, se hacía tras juicios injustos y por delitos que, como el narcotráfico o el adulterio, no estaban reconocidos como los “más graves”, en contra de lo dispuesto en el derecho internacional.

Se llevaron a cabo al menos 378 ejecuciones en nueve países: Bahréin (1), Egipto (4), Irán (al menos 252), Iraq (al menos 1), Libia (al menos 18), Autoridad Palestina (5), Arabia Saudí (al menos 27), Siria (al menos 17) y Yemen (al menos 53). Se impusieron al menos 748 penas de muerte en 16 países: Argelia (al menos 130), Bahréin (1), Egipto (185), Irán (+), Iraq (al menos 279), Jordania (9), Kuwait (al menos 3), Líbano (al menos 12), Libia (+), Marruecos y Sáhara Occidental (4), Autoridad Palestina (al menos 11), Arabia Saudí (al menos 34), Siria (al menos 10), Túnez (al menos 22), Emiratos Árabes Unidos (al menos 28), Yemen (al menos 27).
Las autoridades de Argelia, Jordania, Kuwait, Líbano, Marruecos y Sáhara Occidental, Túnez y Emiratos Árabes Unidos continuaron imponiendo penas de muerte, pero siguieron absteniéndose de ejecutarlas.

En Bahréin se reanudó el uso de la pena capital en 2010, concretamente el 8 de julio, con la ejecución por un pelotón de fusilamiento de Jassim Abdulmanan, ciudadano de Bangladesh condenado a muerte en 2007 por asesinato. Al finalizar 2010, el Tribunal Supremo de Bahréin había confirmado la pena de muerte de otro ciudadano bangladeshí, Russel Mezan, pero el Tribunal de Apelación no se había pronunciado todavía sobre el correspondiente recurso.

En Egipto siguieron imponiéndose y ejecutándose penas de muerte en 2010. No se notificaba la fecha de la ejecución a los condenados ni a sus familiares y abogados. Amnistía Internacional pudo confirmar la imposición de 185 penas de muerte y la ejecución de 4 en 2010. La mayoría de las penas capitales impuestas lo fueron por asesinato, pero hubo algunas también por delitos relacionados con drogas. Atef Rohyum Abd El AI Rohyum fue ahorcado el 11 de marzo de 2010 pese a haber indicios de su inocencia. A sus familiares no se les notificó el rechazo del recurso que el condenado había presentado ante la Fiscalía del Estado en mayo de 2009, a pesar de que dos días antes de la ejecución habían solicitado de manera formal información sobre su estado de tramitación. El 17 de febrero de 2010 se procedió a analizar el historial de Egipto en materia de derechos humanos en virtud del examen periódico universal del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. La delegación egipcia indicó que la pena capital se aplicaba sólo por delitos muy graves y que se habían impuesto y ejecutado menos penas de muerte. Tras la conclusión del examen, Egipto aceptó la recomendación de respetar unas normas mínimas a la hora de utilizar la pena de muerte, pero rechazó otra en la que se propugnaba el establecimiento de una suspensión de las ejecuciones con vistas a abolir la pena capital.

Las autoridades de Irán reconocieron que en 2010 se había ejecutado a 252 personas, entre ellas cinco mujeres y una condenada por delitos cometidos cuando era menor de edad. Amnistía Internacional recibió informes dignos de crédito según los cuales a estas ejecuciones habría que añadir las más de 300 no reconocidas oficialmente, la mayoría de ellas llevadas en cabo en la prisión de Vakilabad, en la localidad de Mashhad. La mayoría de éstas últimas fueron ejecutadas por delitos relacionados con drogas. Se ejecutó a 14 personas en público. Continuaron imponiéndose numerosas penas de muerte".

lunes, 28 de marzo de 2011

Israel y las revoluciones árabes

Al-Fanar Traducciones publica en su boletín este artículo del académico palestino Jaled al-Hroub, director del Cambridge Media Project, sobre la posición de Israel ante las revoluciones árabes, publicado inicialmente en el diario Al-Ayyam el pasado 14 de marzo.

"En las últimas cuatro décadas, concretamente desde 1973, los vientos árabes han sido favorables para Israel de una u otra manera. Hasta en momentos críticos que han supuesto una amenaza estratégica directa, como cuando Tel Aviv estuvo expuesta a los misiles iraquíes a comienzos de los noventa, la esencia de las evoluciones ha sido favorable a los intereses israelíes. Por primera vez después de un largo periodo de tiempo, la región árabe vive cambios radicales, también en Egipto, que no favorecen a Israel, y junto a los que Occidente solo puede colocarse pero no enfrentarse. Israel está desconcertado, errando a ciegas y entrando en una etapa de extravío porque se ha desplomado la columna sobre la que se apoyó durante las pasadas décadas para conservar su superioridad estratégica regional, y esa columna no es otra que el régimen de Mubarak.

En una declaración sincera con la que conmocionó a la opinión pública árabe, el ministro de Industria y Comercio israelí, Binyamin Ben-Eliezer, decía que «Mubarak era un tesoro estratégico para Israel». Y desde el punto de vista de Israel, el Egipto de Mubarak desempeñaba papeles muy importantes desde el punto de vista estratégico. No hay necesidad de hacer una relectura de la historia cercana o conocida pero hay muchos que justifican que Ben-Eliezer calificara a Mubarak de «tesoro estratégico para Israel».

En la era Mubarak se concedió a Israel el mayor ámbito espacial y geográfico posible de seguridad estratégica y económica y prácticamente a cambio de nada. El riesgo de una guerra global tradicional desapareció de Israel mientras que se duplicó para los árabes. Y la paz prometida sólo se hizo realidad para Israel cuando los escenarios de guerras y ataques se hicieron realidad para casi todos sus vecinos árabes. Israel atacó el reactor nuclear de Tamuz en Iraq, devastó Líbano en 1982, reprimió de forma salvaje la primera Intifada palestina a finales de los ochenta, asesinó a líderes palestinos en Túnez en esos mismos años, reprimió la segunda Intifada en el año 2000 y más: atacó un reactor nuclear sirio en 2007, devastó Gaza en 2008 e incluso asesinó a una líder de Hamás en Dubai el año pasado. Y esto sin tener en cuenta las secretas situaciones pendencieras de sus servicios de inteligencia, tal vez incontables, en las que se apropiaron de la soberanía de la mayor parte de los países árabes, incluido el propio Egipto, a través de redes de espionaje o interviniendo de forma descarada en sus asuntos internos.
                 
Desde el punto de visto económico, los años del «tesoro estratégico» supusieron un descenso de los presupuestos israelíes en armamento del 30% de su PIB aproximadamente, a menos del 10%. También concedieron a Israel y a su economía más de tres décadas de crecimiento económico y permitieron que alcanzase niveles de países desarrollados. Y por si este regalo estratégico económico no fuera suficiente, el «tesoro estratégico» hizo una donación terrorífica a costa de las riquezas de Egipto a través de un acuerdo de gas quimérico, con el que la mayor parte de los israelíes no habían ni soñado, que suministra el gas de Egipto a Israel a un precio que está por debajo del precio de los costes mundiales, lo que reporta a la economía israelí, según algunas estimaciones, cerca de 10.000 millones de dólares anuales (aquí hay que recordar que todo Egipto está supeditado a la voluntad estadounidense a cambio de menos de 2.000 millones de dólares en ayudas anuales).

Y estos días hemos descubierto el enigma que intranquilizó a todos en relación a este acuerdo de gas de mala reputación cuando unos documentos de la seguridad del Estado destaparon que Gamal y Alaa Mubarak percibían grandes cantidades de dinero al año de este acuerdo, éstos que eran considerados parte de ese tesoro estratégico. Desde un punto de vista práctico, el régimen de Mubarak operó como un muro de protección del Estado hebreo concediéndole espacios para estirarse, respirar y moverse con libertad y sin miedo a renuncias árabes individuales o colectivas porque el régimen de Mubarak operaba para absorberlas como hemos visto claramente en todas las etapas del bloqueo sobre Gaza y en la guerra contra la franja.

La primera repercusión de la nueva situación está en el fin de la ecuación del trato de Israel a las dictaduras árabes, por no decir de su dependencia de ellas a costa o en contra de la opinión pública árabe. En las últimas cuatro décadas hemos visto un Estado levantado sobre los partidos y la política parlamentaria y centrado en la opinión pública popular y electoral (judía) que ha tratado, en la guerra y en la paz, con varios regímenes dictatoriales árabes a los que no preocupa la opinión pública de sus ciudadanos. Terminamos a nivel práctico en una ecuación política muy desarrapada y humillante cuya esencia es el interés, no sólo israelí sino también internacional, centrado en las orientaciones de la opinión pública israelí por influir en las decisiones de cualquier gobierno de Tel Aviv, frente a la negligencia y al menosprecio total hacia la opinión pública árabe, la egipcia y la jordana vecinas, y después el resto, por su falta de efecto en las decisiones de cualquier régimen.

Basta recordar el ejemplo reciente de la cuestión de la congelación de asentamientos y cómo Netanyahu se refugió en la opinión pública de los votantes de derechas que podían haber hecho caer su gobierno y cómo todo el mundo entendió sus pretextos. En todas las etapas la opinión pública israelí ha sido un factor importante y central mientras que la opinión pública árabe no se ha considerado importante. Y la razón de esto ha sido que «tesoro estratégico» y los «tesoros estratégicos» en otros países árabes decidían, y siguen decidiendo, sobre los asuntos públicos estratégicos o marginales con una dictadura absoluta y sin tener para nada en cuenta lo que los pueblos opinan y quieren.

La segunda repercusión es la radicalización de las opciones árabes individuales o colectivas hacia Israel. El paseo temporal y estratégico a largo plazo durante el cual Israel ha logrado imponer su visión y determinar los elementos esenciales en el trato con él a nivel regional ha terminado. El Egipto de Mubarak ha terminado y en su lugar vamos a ver un Egipto «Erdoganista» con una política exterior nacionalista hacia Israel.

La tercera repercusión de esta nueva situación es la caída de la leyenda de Israel en la figuración y comercialización de Israel como única democracia de Oriente Próximo sobre la que ha trabajado la propaganda sionista durante décadas con gran éxito. Cuando se vendían los ejemplos de Líbano y Turquía como democracias de Oriente Próximo que rompían la exclusividad de esta definición para Israel, estas palabras eran poco escuchadas.

La cuarta repercusión, que no la última, está firmemente vinculada a lo anterior y gira sobre la pregunta semi esencial a la que Israel se enfrenta ahora y que plantean muchos políticos y pensadores israelíes, a saber, si la existencia de Israel está condicionada por la existencia de dictaduras árabes y por la ausencia de cualquier voluntad libre del pueblo, en tanto en cuanto estas dictaduras operan como un muro de protección entre Israel y los pueblos árabes. Nuevamente la historia de la región en la mitad del siglo pasado en lo relativo a la lucha arabo-israelí y a sus consecuencias actuales apunta a lo que venimos diciendo en esta sinopsis: que la relación entre el proceso de paz y la democracia en la zona árabe era una relación compleja, con el consiguiente sacrificio de la segunda si se quería que del primero, o sea, del proceso de paz, resultaran acuerdos de paz con los países árabes. Cuando se producían estos acuerdos, por ejemplo con Egipto y Jordania, el Knesset tenía que darles el visto bueno y aprobarlos mientras que cualquier mecanismo de supervisión de la parte árabe estaba siempre ausente, y su ausencia era una ausencia además requerida. Esto se aplicó a las relaciones económicas, a las oficinas comerciales que abrieron en algunas ciudades árabes, a las relaciones y a la inauguración de una Embajada en Mauritania. Todo esto se producía de acuerdo a una ecuación preservadora del sistema regional general cuya piedra angular era el despotismo que imponía a la opinión pública cualquier política, orientación, paz, o lo que fuera, con Israel. También sabemos que la mayoría de las relaciones con Israel, económicas o comerciales, entraba en la esencia de un complejo proceso de chantaje con EEUU o más bien del soborno a éste último a través de un acercamiento a Israel, porque el camino a Washington pasa por Tel Aviv, con el fin de lograr objetivos o apoyar a un determinado régimen. No pretendemos hacer ver que las repercusiones arriba mencionadas sean completas o excepcionales, solo que están adaptadas al contexto."

jueves, 24 de marzo de 2011

¿Y Arabia Saudí?

El Comité de Solidaridad con la Causa Árabe publica hoy este edificante artículo de Ignacio Gutiérrez de Terán (profesor de la Universidad Autónoma de Madrid) titulado "El Mundo Árabe y sus Mafias gobernantes: de todas, la peor es la de los Saud"

"De toda condición son las mafias que rigen a su pleno beneficio los países árabes. Unas dicen extraer su legitimidad de un favor divino, otras de la gloria de las armas y el resto del apoyo "eterno" de las masas, como predica la propaganda oficial del régimen de Gadafi. Pero, en cuanto a su forma de actuar y sus objetivos, resultan cansinamente similares. 

De monarquías a repúblicas, desde el bando "conservador" al "progresista", del Magreb al Machreq, sorprende y asusta a la vez comprobar cómo se repiten los esquemas consabidos: un líder con mayor o menor carisma, pilar de todo el sistema, alrededor del cual se ha erigido un formidable entramado de intereses políticos, militares y económicos supervisados por el clan familiar o tribal y sus clientes.

Cuando el máximo dirigente no es el comandante en jefe de las fuerzas armadas lo es el padre, el hijo o el tío, quienes, por supuesto, dirigirán asimismo la "joya de la corona" de todos estos sistemas, los servicios de inteligencia militar y civil; y si el primer ministro no pertenece al clan familiar tengan a buen seguro que su grado de responsabilidad es muy limitado, una suerte de escaparate detrás del cual se esconde el líder supremo o el partido único.

Al calor de un aparato estatal erigido al servicio de una casta oligárquica tan cínica como ineficaz proliferan los negocios de todo tipo, las regalías y los monopolios. Parte de la familia –las nuevas generaciones, ya se sabe- se dedica al sector de las telecomunicaciones y las inversiones en el exterior en el mundo de las finanzas, la bolsa, el turismo y, recientemente, el fútbol; el núcleo tradicional sigue apegado a las transacciones de siempre, el desvío de fondos públicos, el contrabando y las comisiones -¡cuántos monsieurs 5-10% no habrá por estos sitios, con sus mordidas a inversores nacionales y extranjeros, tan venales los unos como los otros-.

Y si hay petróleo o gas de por medio, podemos imaginar adónde va a parar una porción considerable de los beneficios. Pero en el fondo, es el mismo sistema, resumido en lo que se conoce como "lógica de las prebendas": para alimentar a la élite en el poder y consagrar y reforzar la pertenencia al club se reparten privilegios y se compran voluntades de los círculos periféricos, los cuales, aun sin pertenecer a la casta, comparten con ésta la avidez y el confort material.
Luego están las cuentas secretas y las fortunas fabulosas diseminadas por medio mundo, en especial en Suiza, cuyos banqueros suelen descubrir, cuando el presidente de turno es depuesto en Túnez o Egipto, que esos fondos eran sucios. Unos fondos que sirven, de paso, para untar a dirigentes y multinacionales occidentales y construir un impresionante dispositivo militar y policial que sólo resulta efectivo a la hora de controlar y reprimir a la población.

Con el paso del tiempo, aquellos coroneles y emires de aspecto humilde se han convertido en empresarios acaudalados que monopolizan, junto con sus allegados, las riquezas y recursos del país. El estado, si existe como tal, son ellos. La consecuencia, en algunos sitios como Marruecos, es desoladora: las principales empresas y bienes nacionales se encuentran en manos de la familia real, que reparte la patente de corso entre aquellos estamentos que, como el ejército, garantizan su continuidad. Y mientras tanto, la mayor parte de los ciudadanos, marginados de este maná exclusivo, se debaten entre la miseria y el oprobio de tener que someterse a la dinámica de la corrupción y la ley de la selva. Un juego feroz donde no caben los términos medios: o se asumen las reglas y nos resignamos a vivir lo que nos ha tocado o acabamos muriéndonos de asco o languideciendo en una mazmorra o, en el mejor de los casos, maldiciendo nuestra suerte en un exilio amargo.En esta competición mafiosa nada tienen que hacer las ideologías ni los idearios políticos. Nunca hemos sabido bien en qué consiste el socialismo árabe tan pregonado por algunos estados, Argelia, Libia o Siria por poner algunos ejemplos. Si algo han demostrado sus comendadores es una capacidad camaleónica para amoldarse a las "nuevas realidades", sin renunciar, eso sí, a la vieja retórica de siempre tan vacía y huera desde un inicio. Lo importante ha sido siempre mantener el sistema de privilegios y acallar las disidencias, no aplicar una política coherente. No se trataba pues del desarrollo social y el progreso económico sino de desarrollar y progresar los mecanismos de control y enriquecimiento particulares. Lo mismo puede decirse de los regímenes calificados de moderados y prooccidentales. Las llamadas a la aplicación de la Ley islámica, la estabilidad regional o la libertad de mercado no buscaban otra cosa que consolidar la posición de la elite de turno, aunque fuera a costa de ceder toda su soberanía en beneficio de la protección de la superpotencia imperante.
Todas estas mafias árabes, pútridas y rapaces, han venido gobernando el mundo árabe con una desfachatez sin medida. Han viciado los grandes lemas, incluido los islámicos, hasta convertir cualquier proclama en una caricatura sangrienta. Desde el manido tópico de la liberación de Palestina -¿qué han hecho todos estos mercaderes para revertir la ocupación y el expansionismo sionista?- hasta la unidad de los pueblos árabes e islámicos, el discurso oficial árabe ha estado sumido en la impostura. Cuando los grandes líderes entraban en conflicto lo hacían únicamente para ampliar sus propias cuotas de protagonismo y dar cobertura a su miedo de perder el mando. Un miedo que les ha llevado a hacer cualquier concesión con tal de garantizar la pervivencia de su poder omnímodo. Lo estamos viendo con motivo de las revueltas que se están sucediendo en muchos de estos países. Basta ver sus televisiones para comprobar su pánico, aun cuando el régimen que está en crisis pertenezca, en teoría, al bando rival.


Sería muy saludable, pues, que todas estas autocracias represivas cayeran sin remisión, en el mundo árabe y el islámico. Desde Mauritania a Pakistán, pasando por las repúblicas de Asia Central, todas, sin excepción. Pero si hay una que resulta especialmente nociva para el conjunto de la comunidad árabe y la imagen del mundo islámico es la mafia de los Saúd en la Península Arábiga. Además de compartir los patrones de sus pares, la dinastía saudí ha añadido una característica que le da un plus de peligrosidad maligna: la tergiversación de la religión musulmana y su uso desviado para proyectarse como potencia regional. Si a esto se le añade su capacidad de financiación y sus redes financieras podemos valorar los efectos devastadores de la propaganda salafista saudí: desde el surgimiento de movimientos retrógrados como los Talibanes y al-Qaeda hasta el apoyo prestado a sistemas despóticos especializados en sojuzgar a sus súbditos. 
malas compañías
Más aún, la mafia saudí ha utilizado los ingentes recursos derivados de su producción petrolífera para alentar la escalada armamentística en Oriente Medio, con gran satisfacción de los conglomerados militares occidentales, y cooptar los medios de comunicación árabes, los cuales, en su mayoría, silencian los movimientos de protesta en la Península Arábiga o, en el mejor de los casos, los presentan como ejemplos de subversión y reacciones violentas por parte de los manifestantes. Ni siquiera la cadena qatarí al-Yazira, autoproclamada como valedora de las revueltas árabes, se ha sustraído a esta tónica.

Es suficiente comparar el tiento y sigilo con el que se aborda la "crisis" en Bahréin u Omán, y la omisión de cuanto ocurre en Arabia Saudí, con el entusiasmo con el que se habla de la "lucha por la libertad" de los pueblos árabes en Túnez, Egipto o Libia para percatarse de este doble rasero. Así las cosas, si queremos informarnos de qué podría estar pasando en la zona debemos recurrir a los medios de comunicación "rivales", en especial los vinculados a la órbita iraní, los cuales, a su vez, tergiversan la realidad política de Irán y los países aliados del régimen mafioso de Teherán, lo cual nos lleva a su vez a la paradójica situación que, creían algunos, había quedado superada con la aparición de las televisiones y radios inter-árabes: para conocer algo de cuanto acaece en determinados lugares hemos de recurrir a los medios de la competencia que, también ellos, ponen la propaganda y la defensa de los intereses del régimen de turno por encima de la información veraz y objetiva.

Para desgracia de los saudíes, la mafia que los gobierna ha hecho muy poco por promover su bienestar social, cultural y económico. Cuesta creer que una economía como la saudí, cuya producción petrolífera, en torno a 10 millones de barriles diarios, le aporta beneficios millonarios, haya sido incapaz de contener el paro (alrededor del 20% según fuentes no oficiales) y la carestía de los precios. Numerosas zonas del reino sufren una carencia palmaria de infraestructuras y servicios –como volvieron a poner de relieve las inundaciones de hace unos meses en Yedda, la segunda ciudad del país- y los índices socioculturales, con un analfabetismo galopante entre la población femenina, no pueden sino suscitar numerosos interrogantes. El fracaso institucional a la hora de mejorar la capacitación y formación profesional de los saudíes es asimismo llamativo. A pesar de la campaña de "saudización" (los saudíes primero) con la que se quiso combatir el desempleo entre los jóvenes y reducir la mano de obra foránea, las nuevas generaciones carecen de recursos y capacitación para acceder a los puestos administrativos y laborales cualificados.

Por ello, los trabajadores occidentales y árabes siguen copando los cargos de responsabilidad y gestión en la administración y los sectores de mayor competencia técnica y científica.  Ahora bien, ¿qué se podía esperar de un sistema que aplica una censura estricta sobre todo lo que se dice y publica y no permite el más mínimo conato de debate público sobre los grandes asuntos nacionales? No puede haber capacitación profesional de ningún tipo cuando se cercena de este modo el acceso a la cultura.

Eso por no citar la marginación laboral que sufren las mujeres saudíes o la tendencia del estado y las empresas privadas a invertir los beneficios en el extranjero, preferiblemente en occidente, en lugar de centrarse en proyectos de desarrollo locales y gestar una economía nacional verdaderamente competitiva, diversificada y preparada para disponer de alternativas a la industria de los hidrocarburos. Pero como ocurre en Libia, donde el régimen ha despilfarrado miles de millones de euros en cualquier cosa menos en construir escuelas, hospitales e infraestructuras modernas, la mentalidad arribista de los Saúd sólo tiene una prioridad: alimentar a su elite, compuesta por miles de emires y asociados, contentar a los intereses occidentales y mantener sumida a su gente en el atraso material y espiritual.

A propósito de las revueltas árabes, suele decirse que en muchos casos no nacen de reivindicaciones económicas, ya que los tunecinos, los libios, los bahreiníes, los omaníes o los propios saudíes "viven bien y tienen pan". Sin embargo, la realidad es otra: no se trata de dar pábulo a las cifras macroeconómicas ni los balances oficiales ni mucho menos de comparar su situación con la de territorios sumidos en la pobreza, sino de tomar en consideración el lujo desenfrenado de las oligarquías y las penurias diarias de la mayoría.

Tras su regreso de una operación quirúrgica en Estados Unidos (lo cual dice mucho del grado de confianza de los gobernantes saudíes en su sanidad) y un periodo de (despilfarradora) rehabilitación en Marruecos en compañía de su séquito, el rey saudí anunció un paquete de medidas valoradas en unos 35 mil millones de dólares para ayudar a los parados y permitir la compra de primeras viviendas a los jóvenes. La propaganda oficial presentó este "detalle" como una muestra de generosidad del monarca, como si los fondos públicos que han de financiarlo fueran suyos y no de los saudíes. Pero es que no se puede presentar de otra manera: la mafia saudí, como la libia y tantas otras, piensa que el país es suyo y que el "gran bienestar social y económico" remite a su gran gestión. De hecho, el país lleva el nombre de la familia gobernante. Con estas medidas, el rey saudí pretendía contener un posible estallido social, siguiendo la pauta establecida por otros regímenes árabes antes que él; pero, inevitablemente, el ciudadano debía preguntarse, como nosotros, por qué no habían decidido mostrarse tan desprendidos en épocas pasadas.

En conclusión, el régimen saudí se asemeja mucho a los de su entorno en cuanto a la mala gestión de las riquezas nacionales y la magnificación de la corrupción y el despotismo en todas sus facetas. Mas por la repercusión de su política exterior y su infame sujeción a las consignas externas, muchas veces en contradicción con los intereses nacionales, así como por el innegable peso específico de su estado en el orbe islámico, la caída de la monarquía saudí supondría un respaldo innegable a la corriente de emancipación de los pueblos árabes y obligaría a Estados Unidos y sus secuaces europeos a plantearse de una vez por todas su política depredadora e inmoral en Oriente Medio. Por supuesto, se trata de una especie de quimera: hay demasiados factores en juego como para que los grandes intereses permitan una verdadera revolución popular en Arabia Saudí o, cuando menos, un proceso de reformas sustanciales. Pero los árabes se están dando tantas sorpresas a sí mismos –y no digamos a nosotros, tan democráticos y avanzados en todo, ¡oh!- que una más, la mayor de todas, sería una auténtica bendición".

miércoles, 23 de marzo de 2011

Manifestaciones en Deraa

Prosiguen las manifestaciones en la ciudad sureña siria de Der`a. El epicentro de la revuelta es la mezquita de Omari, rodeada por las fuerzas armadas sirias. En los últimos días han muerto una docena de personas. Debe tenerse en cuenta que esta ciudad del Hawran es mayoritariamente suní y que los manifestantes son esencialment jóvenes que protestan por la falta de libertades. Es bastante probable que el malestar se extienda a otras zonas del país, sobre todo si el régimen continúa reprimiendo las manifestaciones pacíficas. Los manifestantes acusan a Irán y a Hezbolá de intervenir en los asuntos sirios.

martes, 22 de marzo de 2011

Las revoluciones árabes

El boletín de Al-Fanar publica este interesante artículo de Satea Nureddin titulado "Diversidad de las revoluciones árabes".

"La revolución es una, el momento en el que se produce también es uno como también el objetivo, sin embargo cada país árabe tiene sus características y su forma de interactuar con la revolución. Esto tiene su justificación en el nivel de desarrollo de cada pueblo árabe así como en el nivel degradación de cada dictador. Luego hay denominadores comunes en la actuación de los pueblos y en el comportamiento de los dictadores pero que no son suficientes para llegar a respuestas comunes, para determinar la cita de la victoria y su naturaleza y dibujar la perspectiva de futuro de cada país árabe.

La contradicción era mucha ayer entre Egipto y Libia, dos países limítrofes en los que la geografía por sí sola no ha representado un elemento para unirlos. En ambos países se construyeron legitimidades políticas parecidas que traspasaron fronteras y en algunos periodos eliminaron esas fronteras. Y esas legitimidades se han desplomado juntas aunque de forma nada parecida. Los egipcios acudieron a los colegios electorales para votar por enmiendas constitucionales propuestas en una de las manifestaciones democráticas más importantes de la historia arabo-islámica. Los libios se quedaron en sus casas siguiendo con atención los resultados de los bombardeos aéreos y de los misiles estadounidenses y europeos sobre los enclaves militares del loco de su gobernante.

Lo que sucedió en Yemen la semana pasada no fue fruto de la locura de su gobernante sino de su salvajismo y su frivolidad, sin parangón en ningún otro dictador árabe, que no le llevarán a una campaña militar feroz contra su pueblo, como ha hecho su compañero libio, sino que seguirá usando sus herramientas securitarias hasta un final que todavía espera controlar y en una cita que espera fijar él mismo, a pesar de que ya sea demasiado tarde.

Lo que ha sucedido en Bahréin, y en el Golfo de manera general, no ha sido fruto del carácter sangriento de su gobernante sino de su cerrazón, de su falta de entendimiento y de voluntad ante protestas políticas legítimas empujadas en direcciones sectarias inventadas y colocadas en trayectorias iraníes imaginarias, aunque exigieran, y exigan, algunas libertades y derechos, algunas partidas económicas como las que el rey Abdalá de Arabia Saudí, por ejemplo, ha empleado para comprar el silencio de los saudíes a fin de aplazar sus demandas de reformas, unas demandas que el dinero no aplazará si es que no las hace más insistentes según la sencilla ley social de cada pueblo y cada Estado.

Lo sucedido en Siria no es sino el comienzo de algo impredecible, y aunque desvela la profundidad de la inquietud popular y oficial, hace difícil que seamos conscientes de ello con las herramientas y los medios disponibles, entre ellas las elecciones a la Asamblea del Pueblo y de los Consejos Locales previstas para el próximo verano, o el Congreso General del Baaz cuya celebración puede ser un elemento de provocación sin parangón. También será imposible contenerlo por vías o herramientas securitarias, por muy fuertes que éstas sean, por muy atractivas que sean para quienes han hecho una lectura errónea de otras experiencias árabes.

Lo que está sucediendo en Líbano no se somete a ningún parámetro árabe, por no decir internacional: un sector detractor del sistema sectario nacido del útero del sectarismo que no ha estudiado las experiencias de partidos y corrientes similares presentes durante todo el siglo pasado y que acabaron en terribles decepciones, que no ha pasado por esas experiencias ni las ha superado, unas experiencias que estaban entonces libres del miedo que tienen los libios, los yemeníes, los sirios y los bahreiníes estos días.

La revolución es una pero en Egipto va un siglo completo por delante."

lunes, 21 de marzo de 2011

Un antes y un después de Libia

Hoy el diario El País publica este artículo mío sobre la actitud de la comunidad internacional ante la crisis libia:
Tras varias semanas de indecisión, la comunidad internacional ha decidido al fin implicarse de manera activa en Libia para frenar el imparable avance de las tropas del régimen e impedir la caída de Bengasi, último reducto en manos de los rebeldes. De ahí la oportunidad de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad, que impone una zona de exclusión aérea para proteger a la población civil, que ha sido recibida con júbilo por el Consejo Nacional de Transición y los opositores a Gadafi.
El capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas es tajante. Su artículo 42 contempla la posibilidad de “ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”. El despliegue de fuerzas terrestres internacionales en el país norteafricano ha quedado excluido por la propia resolución, medida orientada a calmar a la Liga Árabe pero también destinada a tranquilizar a las opiniones públicas occidentales, poco deseosas de verse envueltas en una nueva guerra de incierta duración.
Lo anteriormente dicho no quiere decir, ni mucho menos, que la intervención militar en Libia no genere incertidumbres. Si bien es cierto que puede interpretarse como un retorno al multilateralismo, ya que EE UU no ha actuado en esta ocasión en solitario y, además, ha contado con el paraguas del Consejo de Seguridad (al contrario de lo que ocurriera en 2003 en Irak), también lo es que no puede presentarse, ni mucho menos, como la carta de presentación de un nuevo orden que vele por el cumplimiento de la legalidad internacional a nivel mundial. ¿Podríamos llegar a contemplar que se impongan en el futuro cercano medidas similares a Israel, Bahréin o Yemen, todos ellos aliados estratégicos de EE UU en la región?
Debe recordarse que el Informe Goldstone de Naciones Unidas determinó que Israel perpetró crímenes de guerra y de lesa humanidad en la operación Plomo Fundido contra Gaza sin que ello se haya saldado con la imposición de ningún género de sanciones. Tampoco parece factible que Washington vaya a revisar su relación con Manama, base de la V Flota norteamericana, tras la detención de los principales líderes de la revuelta bahreiní o con Saná, elemento central de su lucha contra Al Qaeda, por el asesinato de más de medio centenar de manifestantes el pasado viernes. No cabe imaginar, por lo tanto, un efecto dominó en el que todos aquellos que violan la legalidad internacional sean perseguidos con igual encono. Por todo ello, la actuación de la comunidad internacional debe contemplarse más en clave de continuidad que de ruptura.
Otro elemento de preocupación es la precipitación que ha guiado a la comunidad internacional en los últimos días, que le podría llevar a cometer errores de cálculo en torno a la duración de la ofensiva o a la capacidad de resistencia del régimen libio. Los integrantes de la denominada ‘coalición de voluntarios’ parecen estar movidos más por la conveniencia que por el convencimiento. El presidente Obama, que desde que llegase a la Casa Blanca trata de desembarazarse del envenenado legado que heredó en Afganistán e Irak, ha sido probablemente el más reacio a enfrentarse a Gadafi, precisamente porque no desea involucrar a su país en una nueva aventura militar de resultados inciertos con la campaña presidencial de 2012 tan próxima. Sarkozy, anfitrión de la cumbre aliada celebrada en París, ha visto en la crisis libia la ocasión de revitalizar la erosionada ‘gradeur’ francesa después del fiasco vivido en Túnez por el Quai d´Orsay. También Rodríguez Zapatero busca sacar réditos políticos, entre ellos recuperar protagonismo en la escena internacional y fortalecer la proyección mediterránea de nuestra política exterior tras el fracaso de la Unión por el Mediterráneo. Este cortoplacismo de algunos de los integrantes de la coalición anti-Gadafi podría acabar pasando factura en el medio plazo en el caso de que el dictador, como todo parece anunciar, presente una resistencia numantina y prolongue indefinidamente el conflicto para dividir a la comunidad internacional.
Es oportuno recordar que Gadafi juega con ventaja en este campo. En 1992 el Consejo de Seguridad ya impuso sanciones contra Libia (las resoluciones 748 y 883 contemplaban un embargo de armas y aéreo, así como la congelación de fondos en el extranjero) por su implicación en actos terroristas contra intereses occidentales y, en particular, por el atentado de Lockerbie. Gadafi no fue juzgado por ningún tribunal internacional y consiguió salir airoso de su particular travesía del desierto. Finalmente, la comunidad internacional se avino a rehabilitarle a pesar de que no había modificado un ápice su actitud, ya que siguió reprimiendo con brutalidad a todos aquellos que se atrevían a cuestionar su autoridad en la escena doméstica. Esperemos que nuestros dirigentes hayan extraído lecciones del pasado y no vuelvan a repetir los mismos errores.

viernes, 18 de marzo de 2011

Imágenes de la Mezquita de los Omeyas

Al-Yazira recoge todas las manifetaciones registradas hoy en Siria en este video. Está en árabe, pero al menos sirven para hacerse una idea. Además informa de la detención de 22 activistas en la concentración de ayer ante el Minsiterio de Interior. Todos han sido acusados de alterar el orden público y poner en peligro la seguridad del Estado. Normalmente este delito se castiga, vía tribunales militares, con cinco años de prisión.

Día de la ira en Siria

Parece que el día de la ira en Siria no fue el martes 15, sino es hoy día 18.
También estáhabiendo movilizaciones, además de Der`a, en Homs, Alepo y Damasco. Se pueden seguir a través de You Tube y de Syrian Revolution en Facebook.

jueves, 17 de marzo de 2011

¿Y las mujeres egipcias?

El CSCA publica en su portal un comunicado del Egyptian Centre for Human Rights que denuncia la exclusión de las mujeres del proceso de reforma de la constitución, ya que el Comité Constitucional no cuenta con ninguna jurista egipcia. ACSUR ha realizado su traducción al español, que incluimos a continuación:

"Las Instituciones y Organizaciones siguientes, han firmado este comunicado en desaprobación de los criterios seguidos para la formación del Comité Constitucional que no incluye a ninguna mujer.

Continuar con un Comité de estas características, desencadenará temores y suspicacias sobre la proyección futura de Egipto y sobre la transición que se vive en Egipto tras la Revolución de 25 de enero.

Este asunto plantea una duda fundamental en lo que respecta a la democracia y los principales objetivos de la revolución que fueron formulados en su inicio como el acceso a la igualdad, la libertad, la democracia y la participación de todos los ciudadanos.

Cuestionamos los criterios seguidos para elegir a los miembros de la Comisión Constitucional ¿Fueron criterios políticos o basados en los valores de Igualdad y Justicia impulsados por la Revolución?. Si estos se basan en la eficiencia e integridad, entonces ¿por qué las mujeres juristas son excluidas a pesar de que Egipto existen gran cantidad de mujeres expertas constitucionalistas, tanto en el Tribunal Supremo Constitucional como en las Facultades de Derecho?.

Creemos que, al igual que las mujeres egipcias han participado de forma activa en la Revolución, sufrido detenciones, desapariciones y torturas al igual que los hombres, tienen derecho a participar en la construcción del nuevo Estado por su simple condición de ciudadanas.

No obstante declaramos nuestra confianza en la capacidad del Consejo Militar y en su habilidad para conducir a Egipto hacia la Democracia. Por ello, hacemos esta Declaración para hacer hincapié en los valores de ciudadanía y participación de las mujeres específicamente y por el momento, en el Consejo Constitucional".
Los diez primeros firmantes:
1. The Egyptian Center for Women's Rights- Helwan
2. Andalus institute for tolerance and anti-violence studies- Cairo
3. The Centre for the Independence of Judges and Lawyers (CIJL) – Cairo
4. Association of Human Communication- Cairo
5. The United Group- Cairo
6. Association of Arab Women- Cairo
7. Health and Environmental Culture Society- Cairo
8. Egyptian Medical Women's Association- Helwan
9. Citizen's Society for Development and Human Rights- Giza
10. Maat Foundation for Peace and Development and Human Rights- Cairo

Para consultar el listado completo de organizaciones que suscriben la declaración puede pincharse en el siguiente enlace.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Sobre el referéndum egipcio

A medida que se aproxima el 19 de marzo, cada vez está más claro que las fuerzas egipcias que protagonizaron la revolución se encuentran divididas en torno a la reforma constitucional que se votará ese día.

Destacados líderes del movimiento juvenil consideran que las enmiendas son superficiales y apresuradas y son partidarios de una reforma mucho más profunda y meditada. Amru Salama, por ejemplo, reflexiona sobre la necesidad de que se abra un proceso constituyente que establezca una constitución completamente nueva que no sea un refrito de la existente en la actualidad. A pesar de que ello implicaría prolongar la transición y, en consencuencia, extender el mandato de la Junta Militar, algo que no entusiasma a la calle egipcia. En la entrevista también advierte de la apretrada agenda electoral que espera a los egipcios, que serán convocados seis veces a las urnas el próximo año y medio, lo que podría acabar desmovilizando a la población. También El Baradei, que ya ha anunciado que se presentará a las elecciones presidenciales, se ha mostrado contrario a las enmiendas: "El Egipto de mañana tiene que ser un nuevo estado, un estado limpio que tenga una nueva constitución desde el primer momento".
 
Por su parte, Sobhi Saleh, meimbro del Comité de Reforma Constitucional, advirtió de que el rechazo a las enmiendas abriría una época de incertidumbre que permitiría al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas prolongar su mandato, gobernar a base de decretos y designar a un nuevo gobierno a su medida. Saleh también consideró que los egipcios dejarían pasar la oportunidad de que se edifiquen unas nuevas instituciones que establezcan la nueva constitución y que las próximas elecciones cuenten con supervisión judicial.

Mientras tanto sigue creciendo los apoyos al 'sí' en el referéndum. Además del oficialista PND (o lo que queda de él), también los Hermanos Musulmanes respaldan el referéndum constitucional.

martes, 15 de marzo de 2011

Las movilizaciones llegan a Palestina

En las últimas semanas se ha venido especulando por las razones por las cuáles la calle palestina no se ha movilizado masivamente, tal y como ha ocurrido en Túnez, Egipto, Libia, Yemen o Bahrein. Además de la ocupación israelí, que se prolonga ya por más de cuatro décadas, los palestinos sufren la fisura entre Hamas y Fatah, que controlan respectivamente Gaza y Cisjordania. Este fin de semana, el diplomático y arabista José María Ridao publicaba en El País un excelente artículo sobre las razones de este inmovilismo.

Curiosamente un par de días más tarde han tenido lugar diversas manifestaciones contra la división política palestina. Lo que sigue es un artículo de Rawan Abu Shahla, uno de los convocantes de las protestas populares publicado en Electronic Intifada, que en su traducción al español realizada por Sinfo Fernández para Rebelión ha sido títulado: "Las razones de la protesta palestina del 15-M".

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Somos un grupo de jóvenes palestinos que nos hemos unido con el único propósito de dejar atrás nuestras identidades y afiliaciones políticas y hemos decidido poner nuestros mejores intereses comunes por encima de todo y bajo nuestra bandera palestina. Hemos hecho un llamamiento a realizar manifestaciones pacíficas el martes 15 de marzo por toda la nación palestina: en la Franja de Gaza y Cisjordania, en los territorios de 1948 y en la diáspora palestina, convocando a todo nuestro pueblo bajo un mismo lema: “¡El pueblo quiere que acabe la división!”

Convocamos a la acción pacífica en apoyo de la unidad en la escena política palestina bajo un mismo símbolo: la Organización por la Liberación de Palestina (OLP). La división en la entidad política palestina ha afectado negativamente a todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas: social, económica, educativa e intelectualmente. Son los palestinos normales y corrientes quienes están pagando el precio de cuatro años largos de división que sólo benefician al ocupante israelí.

Nuestra campaña para poner fin a la división nació de un pensamiento que promovió el debate; algunos jóvenes decidieron hacer todo lo posible para que esta iniciativa pudiera llevarse a cabo. Día tras día, la idea fue creciendo y se convirtió en un plan y después en una decisión pública que ya no puede silenciarse, ni ante el miedo ni ante la opresión y, más importante, tampoco puede ignorarse ni olvidarse. Así es como llegamos a nuestra decisión de manifestarnos el 15 de marzo, para expresar el rechazo del pueblo ante el statu quo y las prácticas del “liderazgo” político.

Es una idea tan hermosa en su sencillez y pureza que todos los intentos de los partidos políticos por alterarla, complicarla o acusar a quienes la apoyan de estar al servicio de alguna agenda subversiva, han fracasado. Y tras descubrir que este es un movimiento auténtico que no es más que un reflejo de la conciencia del despertar del pueblo palestino, los partidos políticos se muestran consternados o confusos. ¿Reprimimos o no reprimimos?, esa es la pregunta que se están haciendo ahora.

En las últimas semanas, hemos trabajado de todo corazón para extender la idea entre la gente, animándola a participar con sus familias, a confiar en que su voz se escuchará una vez que la levanten, a creer unos en otros y comprender que estamos juntos en esto sin que importe qué afiliaciones o creencias profesamos. Hemos intentado convencerles de que uniéndose a nuestro llamamiento sobre el terreno venceremos los temores que anidan en nuestro interior, y que si nos mantenemos juntos como uno solo para proclamar y exigir nuestros derechos, nadie podrá hacernos daño ni oprimirnos.

Las manifestaciones pacíficas del 15 de marzo serán el comienzo de toda una serie de actividades y el primer día de una sentada de duración indefinida. La idea principal es que vamos a mantenerlas hasta que el “liderazgo” político entre en razón, se someta a las demandas del pueblo y emprenda acciones serias para cumplirlas. Lo que suceda a continuación está totalmente en manos del pueblo.
Este movimiento es desde el pueblo y por el pueblo. En cuanto al movimiento Gaza Youth Breaks Out (GYBO) [Los Jóvenes de Gaza estallan] y otros grupos participantes que trabajan sobre el terreno, sólo tenemos el honor de haber tomado la iniciativa. Todo lo demás depende de cómo responda la calle palestina y de la fuerza que pueda demostrar.

Las cosas no serán fáciles; hay amenazas de posible violencia de alguna de las partes o temor ante un posible caos. Pero tenemos toda nuestra fe puesta en nuestro llamamiento y en nuestro pueblo. Estamos apostando por la conciencia patriótica palestina y porque todos sabrán aceptar, respetar y saludar nuestras diferencias, perdonar el pasado y empezar de nuevo, mostrando al mundo un verdadero ejemplo de la tolerancia palestina. Nuestros llamamientos son pacíficos y nuestro único objetivo es restaurar la armonía perdida en la sociedad palestina.

La campaña para poner fin a la división es una decisión pública largamente esperada para poder extirpar y eliminar todos los temores. Hay una larga lista de razones que han hecho que la gente esté más que harta y es por eso por lo que van a hacer que se escuchen sus demandas. Los palestinos ya han comprendido que con su silencio y sumisión a la voluntad de los partidos políticos, aceptando que les manipulen y les aterroricen, se han convertido en cómplices y por ello tan culpables como los mismos partidos. La gente va a salir a las calles a hacer cuanto pueda para conseguir el cambio y romper el sentimiento general de indiferencia que ha estado agobiando nuestros corazones a lo largo de los últimos cuatro años.

Nosotros, palestinos, con todos nuestros diferentes orígenes, no permitiremos que nos sigan ignorando. Proclamaremos nuestros derechos como ciudadanos y seres humanos que merecen respeto, protección y reconocimiento como la única fuente de poder legítimo. Nuestro gobierno debe comprender que nosotros, el pueblo, somos una fuerza con la que hay que contar. No van a poder engañarnos con discursos y palabras, ya hemos tenido suficientes. Creemos que las acciones hablan más alto que las palabras y nosotros, el pueblo palestino, estamos haciendo nuestra parte con esta iniciativa para darle al “liderazgo” una oportunidad más para que se puedan ganar nuestra confianza. El 15 de marzo pondremos fin a la relación unidireccional entre gobernantes y pueblo.

La división entre los palestinos tiene que acabar ya. No ha servido más que para debilitar nuestra causa, y en lugar de permanecer como símbolo internacionalmente reconocido de la lucha justa y legítima que siempre ha sido, se ha deteriorado convirtiéndose en una ilusión de autoridad y posiciones que permiten que nuestro verdadero opresor y ocupante, Israel, nos viole continuamente. Israel continúa secuestrando y encarcelando a más y más palestinos inocentes sin un juicio justo, violando nuestros territorios, destrozando nuestros hogares, arrancando nuestros árboles, robando nuestro patrimonio, bombardeando nuestras ciudades y asediando la Franja de Gaza durante cinco años consecutivos. Israel continúa violando las resoluciones de las Naciones Unidas sin que nadie le responsabilice por ello. Y si no hay un liderazgo palestino adecuado, no habrá nadie capaz de impedir que Israel siga haciendo lo que quiera.

Por eso nuestro mensaje es claro y sencillo: acabar con la división, respetar y tener en cuenta a la opinión pública palestina y trabajar por la prosperidad de los palestinos para allanar el camino con el fin de establecer un Estado palestino democrático e independiente. La unidad es una necesidad.

Nuestro llamamiento también va dirigido a todos los palestinos, sed fieles a vosotros mismos, sed fieles a vuestra causa, sed fieles a los sacrificios que nuestro gran pueblo ha hecho a lo largo de 63 años de sufrimiento. Salid a la calle el 15 de marzo, denunciad la división y denunciad a todo aquel que la provoque.

Juntos, en nombre de nuestra sagrada causa, de nuestros mártires y prisioneros, llamamos a la unidad bajo nuestra bandera palestina. No hay absolutamente ninguna duda en nuestros corazones de que nuestras manifestaciones pacíficas constituirán el amanecer de un nuevo día en Palestina, al cual cada palestino, cada palestina, sentirá que pertenece.

lunes, 14 de marzo de 2011

La dependencia energética española

Hace unos días el presidente Rodríguez Zapatero viajó a Qatar, Emiratos Unidos y Túnez.¿Para qué? Ante la inestabilidad imperante en el Magreb, en especial en Argelia (que proporciona el 46% del gas que se consume en España) y Libia (el quinto abastecedor de petróleo con un 10,75%), es imprescindible diversificar las fuentes energéticas. Pese a la oleada de cambios registrada en el Norte de África, España sigue manteniendo su misma política exterior hacia la zona basada en la necesidad de mantener la estabilidad, garantizar el abastecimiento de hidrocarburos, fortalecer las relaciones comerciales, frenar la inmigración y combatir los grupos yihadistas. La defensa de los derechos humanos o de los valores democráticos siguen ocupando un segundo plano.

España depende del gas y, en menor medida, del petróleo árabes. El principal objetivo del viaje de Zapatero fue fomentar las relaciones económicas. A día de hoy, las relaciones comerciales de España con Qatar son limitadas: es nuestro tercer proveedor de gas (con algo más de un 14% del total por un valor de 1.200 millones de euros anuales) después de Argelia y Nigeria. Precisamente la visita oficial pretende que, en el corto plazo, Qatar se convierta en el segundo proveedor de gas y empiece a aportar petróleo.
Mientras que las relaciones hispano-qataríes son limitadas, las existentes entre España y los Emiratos Árabes Unidos son más consistentes. Los EAU son el primer destino de las exportaciones españolas en Oriente Medio y en el tercer destino en el conjunto de los países árabes con unos 1.000 de euros por año, especialmente en sectores como el petroquímico, las energías renovables y la aeronáutica. Además Rodríguez Zapatero pretende firmar un acuerdo con los EUA que permita a las tropas españolas hacer escalas en este país camino de Afganistán, como ya hacen Francia y Alemania.

El sector energético de los EAU es, obviamente, el más importante y el que más podría interesar a una España necesitada de diversificar sus proveedores. La mayor parte del petróleo de los EAU se encuentra en el emirato de Abu Dhabi que produce 2,35 millones de barriles diarios y tiene unas reservas estimadas de 98.000 millones de barriles. También es importante la producción gasística con el 4,1% de las reservas mundiales. A pesar de ello, España sólo importa el 1% del gas que consume de los EAU.

La última escala del viaje de Zapatero tuvo como destino Túnez. El comercio bilateral es relativamente modesto. España ocupa, respectivamente, el cuarto y el quinto lugar como proveedor (4,6% de la importación total) y cliente (4,8% de la exportación total) de Túnez, en competencia con Bélgica y a gran distancia de los tres grandes socios comerciales, que son Francia, Italia y Alemania. En total, los intercambios comerciales representan unos 1.000 millones de euros por año. Zapatero ha sido el primer dirigente europeo (tras la responsable de Política Exterior y de Seguridad Común Catherine Ashton) que ha visitado Túnez tras la caída de Ben Ali, lo que debe interpretarse como una inequívoca muestra al movimiento de cambio que se vive en el mundo árabe.

Tras el encuentro, Zapatero afirmó: "España está al frente para consolidar las aspiraciones de los pueblos del norte de África, del Magreb y del mundo árabe, para que la democracia y la libertad sean el único lenguaje que conozcan en el futuro sus ciudadanos". El presidente ¡ofreció asesoramiento legal para afrontar la transición que ahora se abre. En concreto el asesoramiento de especialistas en derecho constitucional que en el pasado asesoraron en la redacción de la Ley Básica palestina y de la Constitución iraquí.

viernes, 11 de marzo de 2011

¿Ocupación en Libia?

El profesor Víctor de Currea-Lugo me envía este artículo que acaba de publicar en el diario colombiano El Espectador. Como siempre, certero en su análisis.

Obama ha dejado claro que Gadafi debe dejar ya el poder; el problema es cuál sería el modelo a usar para echarlo. El modelo de Irak en 1991 es una opción: Naciones Unidas dan mandato a unas fuerzas multinacionales para que actúen como fuerzas de paz, previa declaración de que la situación es una amenaza a la paz y a la seguridad internacional. China y Rusia se oponen.

El modelo Somalia 1993: desembarca un grupo de soldados de los Estados Unidos y, con cámaras de CNN, muestran al mundo su proeza liberadora. Pero los Estados Unidos no van a abrir en solitario un nuevo frente, teniendo Irak y Afganistán sin ser resueltos. El miedo a que Libia se convierta en una gran Somalia no debería provenir del conflicto actual sino de un escenario postinvasión fracasada, como el de Somalia en 1993. Desatar los odios tribales podría ser una de las consecuencias de una ocupación armada.
El modelo de Irak, posterior a 1991. Declarar una zona de exclusión aérea, medidas económicas y apoyo a los rebeldes. Dichas medidas no pudieron con Husein, quien aplastó a los rebeldes, mientras las consecuencias del embargo las pagó el pueblo.

El modelo Kosovo 1999: ante el bloqueo del Consejo de Seguridad por la falta de apoyo de Rusia y de China a una acción armada, otros miembros del Consejo de Seguridad decidieron entrar en el conflicto, alegando la necesidad de proteger a la población civil. Allí la OTAN jugó el papel de “mediador armado” entre el Elk (Ejército de Liberación de Kosovo) y el gobierno de Milosevic. El problema no fue sólo romper la legalidad internacional, sino que las heridas del conflicto no se han sanado.

El modelo Darfur 2004: que el Consejo de Seguridad remita el caso a la CPI (ya lo hizo), pero no entrar en acciones militares (excepto una misión de la ONU que no se protege ni a sí misma).

miércoles, 9 de marzo de 2011

Reformas en Marruecos

Cuando las barbas de tu vecino veas recortar, pon las tuyas a remojar. Esto es lo que debe habe pensado Mohamed VI, quien ayer anunció una serie de reformas orientadas a neutralizar las movilizaciones populares. La reforma constitucional que será sometida a referéndum popular irá encaminada a reducir algunas de sus prerrogativas, entre ellas la designación real del primer ministro. A partir de ahora, éste tendrá que pertenecer al partido más votado y ademá será "el jefe efectivo del poder ejecutivo y tendrá plena responsabilidad sobre el Gobierno y la Administración pública". Según parece, el rey también renuncia a la designación de los denominados ministros de soberanía (Interior, Asuntos Exteriores, Justicia y Asuntos Religiosos).

Hace unos días, el excelente servicio de traducción Al-Fanar nos ofrecía un excelente artículo de Hasan al-Aashi titulado "Marruecos en el camino de la reforma" y publicado originalmente en el diario Al-Hayat:

"En Marruecos reina una situación de espera y de expectación. Todos aguardan la respuesta del rey Mohamed VI a las demandas de los participantes en las manifestaciones pacíficas del 20 de febrero que se vivieron en más de cincuenta ciudades marroquíes. Son las mismas reivindicaciones de un grupo de partidos políticos que emitieron comunicados de solidaridad y apoyo el Movimiento del 20 de Febrero. De igual modo, durante una reunión celebrada tras las manifestaciones, una asociación de empresarios hacía un llamamiento a la necesidad de acelerar el ritmo de las reformas políticas y económicas, de luchar contra la corrupción y de reforzar la independencia de la justicia. Parece que hay un semiconsenso sobre la necesidad de que haya un salto cuantitativo en la escena política e institucional marroquí de forma dócil y pacífica y que acompañe a las aspiraciones de amplios estratos de la sociedad para evitarle al país los errores que han causado un gran número de muertos en países árabes vecinos.

A excepción de algunas noticias no confirmadas sobre una serie de reformas calificadas de profundas que podrían ser anunciadas en breve, la espera sigue dominando la situación. En cuanto a las medidas adoptadas por el gobierno, cuya destitución piden los manifestantes, y que fueron anunciadas de forma precautoria pocos días antes del 20 de febrero, éstas se quedan en arena en los ojos y no están al nivel del momento histórico. El gobierno, por una parte, decidió elevar el presupuesto destinado a subvencionar los productos alimenticios básicos y los carburantes de dos a cuatro mil millones de dólares a fin de acompañar el aumento de los precios de los productos subvencionados en los mercados internacionales. Por otra parte el gobierno prometió crear nuevos puestos de trabajo en el sector gubernamental para contratar a los jóvenes desempleados y a los diplomaos universitarios.

No obstante, estas medidas no responden a las demandas esenciales de las manifestaciones y además tienen un efecto muy limitado y pueden incluso tener un efecto contrario o inapropiado. Además, las subvenciones de productos de primera necesidad como la harina o el azúcar se transfieren en su mayor parte a los bolsillos de los mediadores de los dueños de molinos y panificadoras sin que el efecto llegue al consumidor final. Algunas industrias que se benefician de las subvenciones al azúcar exportan sus productos al extranjero, lo que impide que las familias marroquíes se beneficien de ellas. Además de esto, un reciente estudio oficial demuestra que los grupos con poder adquisitivo, especialmente en las ciudades, son los que más se benefician de la parte insignificante de subvenciones que llega a las familias marroquíes a costa de las familias necesitadas que viven en el campo en un porcentaje del 70%.
A pesar de los numerosos errores del sistema de ayudas al consumo en Marruecos, el gobierno no ha podido reformarlo de modo que se pueda dar un mejor uso al dinero público. A modo de comparación, el presupuesto anual de ayudas al consumo en Marruecos en los últimos años se ha comido de media el equivalente a quince veces la cantidad destinada a la lucha contra la pobreza en las zonas marginadas.

La creación de puestos de trabajo en el sector público que no van acordes a las necesidades ni tienen en cuenta las capacidades reales de los demandantes de empleo, puede representar una carga para los presupuestos del Estado y puede mandar señales engañosas a quienes se incorporan al mercado laboral, a saber, que el Estado garantiza el derecho de contratación a los diplomados, lo que les disuade de buscar un empleo en el sector privado y les anima a manifestarse y a hacer huelgas para obligar al gobierno a hacer concesiones.

Las reivindicaciones de los manifestantes confirman la necesidad de acelerar reformas estructurales que contribuyan a crear un clima adecuado para la inversión, la contratación y una vida digna, lo que se puede conseguir de la siguiente manera:

- Realizar reformas constitucionales que concedan amplias competencias al gobierno y al Parlamento, confirmar la división de poderes y que el primer ministro en solitario asuma la responsabilidad de los resultados de sus políticas y sea interpelado y rinda cuentas en el Parlamento.

- Trabajar de un modo serio y con la firmeza requerida a fin de reformar la justicia y conseguir su independencia para garantizar la soberanía de la ley y aplicar sus sentencias de una forma equitativa entre todos los ciudadanos sin tener en cuenta su capacidad económica ni su posición en la pirámide de poder.

- Combatir toda forma de corrupción a través del refuerzo de los aparatos de control y del fin del fenómeno de la impunidad. Esta reivindicación exige un seguimiento serio de los informes del Tribunal Supremo de Cuentas, además del refuerzo del papel del aparato de prevención de la corrupción a nivel legal y económico para que desempeñe su papel de forma eficaz.

Marruecos ha tenido la experiencia de la Entidad de Equidad y Reconciliación creada por Mohamed VI para investigar los excesos y arbitrariedades cometidos por el régimen contra los ciudadanos en las pasadas décadas. También se organizaron sesiones en las que se escuchó a las víctimas y el Estado destinó recursos financieros para compensarlas por parte del daño que se les hizo. ¿Conservará ahora Marruecos su carácter pionero de marcha hacia la democracia anunciando reformas políticas esenciales que den un nuevo impulso a la labor política y un sentido verdadero a las elecciones y a la labor parlamentaria y gubernamental?"

Entrevista con Haizam al-Maleh

Ayer en la BBC!

martes, 8 de marzo de 2011

Liberación de presos políticos sirios

Informa la edición árabe de Al-Yazira que el presidente sirio Bashar al-Asad ha concedido un perdón para numerosos presos políticos un día antes del aniversario del golpe de estado militar que llevó al poderal Baaz en 1963 (¡hace casi medio siglo!). Aunque todavía no se ha hecho pública ninguna lista con los agraciados, la cadena qatarí interpreta que podría afectar a miles de detenidos condenados antes de 2011.

Según el ministro de Justicia sirio, el perdón afecta en su mayoría a quienes hayan cometido delitos leves y se enmarca dentro de la política de reformas emprendidas en las últimas semanas. Debe tenerse en cuenta que Bashar al-Asad, como el resto de gobernantes árabes, está adoptando una serie de medidas, en su mayor parte cosméticas, con las que trata de evitar que el efecto contagio de las revoluciones árabes llegue a Siria. Además de esta amnistía, el gobierno está subvencionando los productos básicos y concediendo ayudas a los sectores más desfavorecidos.
Entre los afectados podrían estar Haizam al-Maleh, Anwar al-Bunni y Kamal Sheiju y otros diez activistas de derechos humanos que habína iniciado una huelga de hambre recienemente para reclamar el final de la represión y de las detenciones políticas, así como el respeto de los derechos civiles, la libertad de expresión y la derogación del estado de excepción vigente desde hace ¡48 años! nada más y nada menos. Maleh, de 78 años, es un reconocido defensor de los derechos humanos que fue condenado el pasado año a 15 años de prisión bajo la acusación de “debilitar el sentimiento nacionalista”, difundir “noticias falsas” y “difamar a un órgano del gobierno”.

Más sobre las violaciones de derechos humanos en Siria: Informe de 2010 de Amnistía Internacional.

lunes, 7 de marzo de 2011

Demandas de reforma en Arabia Saudí

También en Arabia Saudí los sectores reformistas se están movilizando para reclamar mayores libertades. Un grupo de intelectuales acaba de hacer pública una ambiciosa "Declaración de Reforma Nacional". El documento, que se reclama continuador del 'Una visión para el presente y el futuro de la nación' del año 2003, considera necesario reevaluar la situación de las reformas en Arabia Saudí tras las exitosas revoluciones registradas en Túnez y Egipto.

En su preámbulo señala que "el mantenimiento del status quo está repleto de riesgos y provoca preocupación" debido al "declive de nuestra posición regional, el estancamiento del gobierno, el deterioro de su gestión, la preeminencia de la corrupción y el nepotismo, el fanatismo y el creciente abismo entre el Estado y la sociedad, especialmente en la nueva generación de jóvenes". Esta combinación podría tener "desastrosas implicaciones en el país y en la población" por lo que deben acometerse amplias e inmediatas reformas con el objeto de establecer una monarquía constitucional.

En definitiva, los intelectuales saudíes requieren a la monarquía "una reformulación de la relación entre la sociedad y el estado, en el curso de la cual la población sea la fuente de autoridad y tome plena parte en la decisión de las políticas públicas a través de sus representantes elegidos en el Consejo Legislativo, y que el propósito del Estado sea servir a la sociedad, proteger sus intereses, elevar el nivel de vida y garantizar la dignidad y el honor de sus individuos, al igual que el futuro de sus hijos". En definitiva lo que se demana es "gobierno de la ley, plena igualdad, garantías legales para los individuos y libertades civiles, participación popular en la toma de decisiones, desarrollo equilibrado, combate contra la pobreza y óptimo uso de los recursos nacionales".

A continuación las doce demandas de esta declaración resumidas:

1. El desarrollo de la Ley Básica y su conversión en una verdadera Constitución que sea un contrato social entre el pueblo y el Estado y que constate que el pueblo es la fuerza del poder. La separación de poderes y la responsabilidad de los gobernantes, la igual de todos los ciudadanos, plenas libertades civiles para todos (incluida la libertad de expresión y el derecho de formar partidos políticos y asociaciones profesionales).
2. Gobierno de la ley para gobernantes y gobernados. Incrimanación de aquellos que se apoderen o usen indebidamente los recursos nacionales.
3. Comicios para la elección de los consejos municipales, provinciales y legislativos. Participación de la mujer tanto como candidatas como electoras.
4. Descentralización administrativa. 
5. Independencia de la judicatura y respeto de los tratados internacionales sobre la defensa de los derechos humanos.
6. Aprobación de un ley de organizaciones no gubernamentales que permita el establecimiento de una sociedad civil.
7. Adopación de medidas legales e institucionales para empoderar a la mujer, en especial en lo que respecta a su derecho de educación, de propiedad y participación en los asuntos públicos sin discriminación.
8. Legislación que impida cualquier tipo de discriminación entre los ciudadanos, ya sea desde el punto de vista sectario, tribal, regional, racial o étnico. Aplicación de una estrategia de integración nacional que reconozca implícitamente la diversidad social y cultural de la sociedad saudí.
9. Asegurar los derechos de los ciudadanos y residentes para los cuales la Comisión de Derechos Humanos y la Sociedad Nacional de Derechos Humanos deberían poder actuar sin cortapisas e interferencias gubernamentales.
10. No puede haber dignidad sin una vida decente. Una parte significativa de los ciudadanos padece una situación de pobreza y necesidad debido a los problemas de desempleo y de falta de viviendas.
11. Necesidad de que el Consejo Legislativo controle las agencias del gobierno para evitar la corrupción y garantizar el principio de transparencia y responsabilidad.
12. Los recursos petrolíferos deben ser empleados para cubrir las necesidades de la sociedad y no para financiar costosos proyectos inefectivos. Necesidad de adoptar una estrategia a largo plazo para un desarrollo completo focalizando su atención en expandir la base de la producción nacional, invertir en fuentes económicas alternativas, crear empleos e incluir al sector privado en la delimitación de las políticas económicas.

viernes, 4 de marzo de 2011

Turquía como modelo

El Observatorio Electoral del Taller de Estudios Internacionales de la UAM publica un interesante trabajo de Carmen Rodríguez titulado "Turquía ¿modelo de democratización para los países árabes?". No debe olvidarse que el AKP de Erdogan es visto por muchos movimientos islamistas como un referente, sobre todo en lo que respecta a su conciliación entre el Islam y los valores democráticas, pero también, como apunta Carmen Rodríguez, por su capacidad para impulsar un verdadero despegue económico en un contexto global de crisis generalizada. A continuación algunos de sus extractos:


Algunos comentaristas turcos advierten en sus análisis que la imagen de una Turquía modélica puede llegar a enmascarar una realidad mucho más compleja y que de nuevo, el interés por la estabilidad en el área puede impulsar a los países occidentales a apoyar regímenes semi-democráticos, dando a entender que eso es suficiente para los países de mayoría musulmana. Como señala Soli Ozel "la calidad de la democracia en Turquía corre el riesgo de ser eclipsada por la imagen de una Turquía democrática".

También algunos analistas turcos se quejan de que Turquía sea planteada como un modelo islámico de democracia. Para ellos democracia, Islam y economía de mercado, deben ir acompañados, también, de un proceso de laicización. Recordemos que estos países cuentan con mayorías musulmana, pero no son países homogéneos. El respeto a la diversidad étnica y religiosa es clave para una democratización real.
Cabe plantearnos la posibilidad de que las revoluciones en el mundo árabe influyan positivamente en este proceso democratizador turco. La Unión Europea ha perdido su posición de modelo democrático al que aspirar. La pérdida de credibilidad en este ámbito no sólo se ha experimentado en Turquía. En la prensa española se puede observar el mismo desencanto ante el papel jugado por la Unión en los procesos de democratización de terceros países. Con todo ello, no hay que desvalorizar su peso concreto en el proceso de democratización turco, que se traduce en el día a día de las negociaciones a la adhesión. Pero la gélida mirada de la UE hacia las reformas democratizadoras turcas podría ser compensada por los nuevos aires de democratización que se respiran en los países vecinos, insuflando dentro de Turquía una revisión crítica, global y más optimista del proceso en el que está inmersa.

A su vez, la imagen de Turquía en su entorno árabe ha mejorado notablemente en los últimos años, y el fenómeno del AKP, partido que surge de partidos islamistas previamente ilegalizados, es seguido con gran atención desde el Partido de Justicia y Desarrollo en Marruecos hasta los Hermanos Musulmanes en Egipto. El AKP se ha presentado a sí mismo como un partido demócrata-conservador pero no islamista, aún así parte de sus políticas siguen causando animadversión entre los sectores más laicistas de Turquía. Si el AKP consigue llevar a cabo una política integradora y reformista, sin duda causará un efecto notablemente positivo en su entorno. Pero la credibilidad de Turquía en el exterior dependerá de su credibilidad en el interior para gestionar sus dinámicas y conflictos internos.

jueves, 3 de marzo de 2011

¿Revoluciones o conspiraciones?

En su último boletín, Al-Fanar ofrece esta traducción del artículo del analista Daud Sharian publicado originalmente en el diario Al-Hayat.

Ali Abdalá Saleh, presidente yemení, ha acusado a Isarel y Estados Unidos de dirigir la ola de protestas que invade el mundo árabe. «De Túnez al sultanato de Omán las revueltas están dirigidas desde Tel Aviv y bajo la supervisión de Washington… ¡ya habéis visto cómo el presidente estadounidense seguía los acontecimientos e intervenía!», alega Saleh. Otros dirigentes árabes también han hablado de que existe una conspiración detrás de todos estos acontecimientos, los expertos y periodistas árabes lo han planteado igualmente, preguntándose si son estas revoluciones una mera coincidencia histórica y cómo puede ser posible que los regímenes de Ben Ali y Mubarak caigan con tanta rapidez.

En su momento también se especuló con que la invasión de Saddam Husein a Kuwait fue una conspiración. En aquel entonces se habló de que la embajadora estadounidense, April Glasby, dio el visto bueno. El encuentro que mantuvo con el ex presidente iraquí se leyó como «Entra en Kuwait que nosotros no intervendremos». A pesar de la ingenuidad de esta interpretación, hay quienes la creen y la propagan.

Para Ali Abdalá Saleh y otros dirigentes es más fácil poner su negligencia y sus problemas en la cuerda de la teoría de la conspiración, ya que nadie puede comprobar la veracidad o falsedad de dicha conspiración. Lo que es incuestionable es que los regímenes que han caído habían creado todas las condiciones humanas, políticas y económicas necesarias para que la gente saliera a la calle en su contra, además de haberles privado de los mínimos derechos humanos, justicia social y libertades públicas. Estos regímenes renunciaron a construir las instituciones de un Estado moderno, refugiándose en un despotismo sin precedentes en la Historia.

Ni siquiera rechazando la teoría de la conspiración y dando por sentado que estos regímenes tendrían que haber desaparecido hace tiempo, podemos evitar hablar cada día con más fuerza de la posible conspiración occidental para agitar las revoluciones de forma consecutiva. Y es que su éxito, tan rápido y tan difícil de creer y aceptar sin asomo de duda, las amenazas de una intervención militar contra el régimen de Gaddafi por parte de Occidente, la perseverancia de las manifestaciones en varios países que pueden desembocar en el caos y un vacío político que finalmente permita reconducir las revoluciones que está viviendo en a región hacia lo peor, convierte a la teoría de la conspiración en algo aceptable para muchos sectores de la sociedad.

Lo que está claro es que lo que estamos viviendo genera hambre de conspiración. Pero en el momento en que hablamos de la conspiración de los países occidentales contra nosotros, nos olvidamos de mencionar el papel de nuestros regímenes en generar el gusanillo que alimenta el apetito de conspiraciones; nos olvidamos de que algunos regímenes en la zona han reproducido la trama de la conspiración hasta el punto de que primero deberíamos reformular la definición de la teoría de la conspiración.