viernes, 4 de marzo de 2011

Turquía como modelo

El Observatorio Electoral del Taller de Estudios Internacionales de la UAM publica un interesante trabajo de Carmen Rodríguez titulado "Turquía ¿modelo de democratización para los países árabes?". No debe olvidarse que el AKP de Erdogan es visto por muchos movimientos islamistas como un referente, sobre todo en lo que respecta a su conciliación entre el Islam y los valores democráticas, pero también, como apunta Carmen Rodríguez, por su capacidad para impulsar un verdadero despegue económico en un contexto global de crisis generalizada. A continuación algunos de sus extractos:


Algunos comentaristas turcos advierten en sus análisis que la imagen de una Turquía modélica puede llegar a enmascarar una realidad mucho más compleja y que de nuevo, el interés por la estabilidad en el área puede impulsar a los países occidentales a apoyar regímenes semi-democráticos, dando a entender que eso es suficiente para los países de mayoría musulmana. Como señala Soli Ozel "la calidad de la democracia en Turquía corre el riesgo de ser eclipsada por la imagen de una Turquía democrática".

También algunos analistas turcos se quejan de que Turquía sea planteada como un modelo islámico de democracia. Para ellos democracia, Islam y economía de mercado, deben ir acompañados, también, de un proceso de laicización. Recordemos que estos países cuentan con mayorías musulmana, pero no son países homogéneos. El respeto a la diversidad étnica y religiosa es clave para una democratización real.
Cabe plantearnos la posibilidad de que las revoluciones en el mundo árabe influyan positivamente en este proceso democratizador turco. La Unión Europea ha perdido su posición de modelo democrático al que aspirar. La pérdida de credibilidad en este ámbito no sólo se ha experimentado en Turquía. En la prensa española se puede observar el mismo desencanto ante el papel jugado por la Unión en los procesos de democratización de terceros países. Con todo ello, no hay que desvalorizar su peso concreto en el proceso de democratización turco, que se traduce en el día a día de las negociaciones a la adhesión. Pero la gélida mirada de la UE hacia las reformas democratizadoras turcas podría ser compensada por los nuevos aires de democratización que se respiran en los países vecinos, insuflando dentro de Turquía una revisión crítica, global y más optimista del proceso en el que está inmersa.

A su vez, la imagen de Turquía en su entorno árabe ha mejorado notablemente en los últimos años, y el fenómeno del AKP, partido que surge de partidos islamistas previamente ilegalizados, es seguido con gran atención desde el Partido de Justicia y Desarrollo en Marruecos hasta los Hermanos Musulmanes en Egipto. El AKP se ha presentado a sí mismo como un partido demócrata-conservador pero no islamista, aún así parte de sus políticas siguen causando animadversión entre los sectores más laicistas de Turquía. Si el AKP consigue llevar a cabo una política integradora y reformista, sin duda causará un efecto notablemente positivo en su entorno. Pero la credibilidad de Turquía en el exterior dependerá de su credibilidad en el interior para gestionar sus dinámicas y conflictos internos.

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