viernes, 15 de julio de 2011

Caricaturas sirias

Después de 8 meses de andadura y más de 200 entradas en Próximo Oriente, me tomo unas semanas de vacaciones en las que no actualizaré el blog. Espero volver a la actividad en septiembre, una vez que haya actualizado,  rediseñado y repensado su formato (se admiten todo tipo de sugerencias en este proceso). Gracias a todos/as aquellos/as que lo consultan o han consultado. En estos meses ha obtenido más de 20.000 visitas. Todo un éxito! Qué mejor que despedirse con cinco caricaturas que resumen lo ocurrido en Siria desde el estallido de su intifada contra el régimen de los Asad.
De más cerca a más lejos:
Bashar al-Asad: "Siria no es Libia, ni Egipto, ni Túnez".
Gadafi: "Libia no es Egipto ni Túnez"
Mubarak: "Egipto no es Túnez"
Ben Ali: "Lo comprendí, lo comprendí, lo comprendí"
Ben Ali y Mubarak esperan a Bashar al-Asad en el podio de los derrocados

La estatua de Bashar caída es sujetada por un sionista. En los carteles: "Libertad, dignidad y el pueblo quiere la caída del régimen".

"Manifestación de apoyo (a Bashar)".
Los carteles dicen "si a la represión", "viva la ignorancia" y "viva la pobreza"

"Si, podemos confirmaros ahora que el señor presidente
ha levantado ya el estado de emergencia"

miércoles, 13 de julio de 2011

El largo camino de la revolución siria

Laura Ruíz de Elvira publica en la Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos el artículo "Siria: el largo camino hacia la revolución" en el que analiza los factores sociales, económicos y políticos que explican la intifada siria. Creo que todos debemos felicitarnos de que cada vez haya especialistas más capacitados para analizar y describir la situación siria.

A continuación los extractos dedicados a los factores de orden político:

"Frente a un Mubarak y a un Ben Ali ancianos, enfermos y desgastados por varias décadas de ejercicio del poder, Bashar al-Asad disfrutaba de una cierta popularidad antes del inicio de la revuelta en Siria. En efecto, pese a la gran desilusión que había seguido a la represión de la “primavera de Damasco”[36] en el año 2001, Bashar seguía encarnando la modernidad y la voluntad de cambio a ojos de muchos sirios que echaban la culpa del inmovilismo a la “vieja guardia”. Aún hoy, con la revuelta iniciada desde hace varios meses, Bashar sigue contando con el apoyo de segmentos importantes de la población y no sólo de las fuerzas armadas, aunque su credibilidad va desapareciendo a medida que la represión aumenta.

Dicha popularidad, que ha sido y es un factor de gran importancia para la supervivencia del régimen, emana en parte de las reformas que ha llevado a cabo en los últimos diez años (reformas de tipo económico, liberalización parcial de la prensa, introducción de internet e informatización de la administración, modernización de los organismos públicos, apertura controlada del campo asociativo[37]) y en parte de una retórica basada tanto sobre la idea de “resistencia” frente a las potencias occidentales como sobre el apoyo al pan-arabismo y a la causa palestina. En este sentido, el embargo al que Estados Unidos ha sometido a Siria desde el 2004 no ha hecho sino fortalecer las posiciones adoptadas por Bashar al-Asad y servir de argumento para justificar la lentitud de algunas reformas. El aislamiento internacional que ha sufrido el país durante varios años y su posterior regreso sobre el tablero regional e internacional en el año 2008 han sido percibidos por la sociedad siria como una gran victoria de su presidente. Si Ben Ali y Mubarak aparecían a ojos de sus sociedades como los mejores aliados de Occidente, Bashar, por el contrario, aparecía hasta ahora como el líder que había conseguido hacerle frente. Por otro lado, su apoyo a movimientos de referencia islamista que luchan contra Israel – Hezbollah en el Líbano o Hamas en Palestina – suscitaba un cierto orgullo en el seno de la población.
A esto se añade el factor ligado a la despolitización de la sociedad y de los ciudadanos sirios. En efecto, tras cinco décadas de ausencia de competición política y de encuadramiento de todos y cada uno de los sectores de la sociedad a través de los organismos populares baazistas (sindicatos, uniones, ligas, organizaciones populares, scouts, etc.), los ciudadanos habían  ido perdiendo poco a poco el interés por la política. Dicho de otro modo, los mecanismos de control y de disciplinarización baazistas habían conseguido anestesiar a la población desde el punto de visto político. Como en Egipto, en Siria no hay elecciones presidenciales sino referéndums amañados a través de los cuales la población expresa “la renovación de su confianza” en el líder. Tampoco hay partidos de oposición libres y autónomos que puedan participar en el juego político. Los pocos partidos nacionalistas o de izquierdas tolerados por las autoridades se vieron desacreditados en el momento mismo en que aceptaron posicionarse bajo la tutela del partido Baaz por medio del Frente Nacional Progresista, que supuestamente demuestra la pluralidad del sistema político. Todo ello participaba de una lógica que Lisa Wedeen definió como “the politics of ‘as if’”[38], lógica según la cual el conjunto de los ciudadanos actuaba en la esfera pública “como si” creyera en el régimen, aunque en la privacidad del hogar y de los círculos más íntimos esta credibilidad se revelara mucho menor.

Y esa lógica generalizada de despolitización nos lleva a otro de los factores que han hecho que la puesta en marcha de la revuelta haya sido tan lenta en Siria. Hablamos esta vez de la falta de una tradición reciente de movilización social y de acción colectiva contestataria, que implica la ausencia de una “destreza protestataria”. A diferencia de los casos tunecino, egipcio o marroquí, donde las huelgas y los movimientos sociales eran relativamente frecuentes en los últimos años[39], Siria no había conocido hasta ahora ninguna protesta generalizada o huelga masiva desde la represión del levantamiento popular de los años 80. Por ejemplo, en el año 2008, cuando el encarecimiento de las materias primas provocó en Egipto, Yemen o Jordania las llamadas “revueltas del pan”, en Siria el descontento no se tradujo en protesta. Asimismo, Siria no ha conocido ningún movimiento de los “diplomados en paro”, fenómeno que encontramos desde hace años en Marruecos[40] o en Túnez. Dicho de otro modo, en Siria faltaba tanto una “cultura de protesta” como una práctica directa de la acción política por parte de los ciudadanos. Además, los sindicatos, que en Túnez jugaron un papel capital en la coordinación de las manifestaciones, están controlados en Siria por el partido Baaz y no poseen prácticamente ningún margen de maniobra, lo que hace poco probable una implicación de estos mismos en cualquier acto de descontento.

Al fin y al cabo, la sociedad civil que está autorizada a existir en Siria, es una sociedad civil esencialmente confesional y apolítica dedicada a la provisión de servicios sociales o a temas de desarrollo. Prueba de ello es el hecho de que más del 60% de las asociaciones autorizadas por el Ministerio de Asuntos Sociales y de Trabajo son en realidad asociaciones de beneficencia[41]. Los componentes más críticos y politizados de la sociedad civil son constantemente reprimidos, encarcelados y marginados. Por ello, en parte, y por el bloqueo del campo político, no existe en Siria una oposición política sólida y organizada. Ninguna fuerza política, sindical o social es capaz de lanzar y enmarcar un movimiento reivindicativo a escala nacional. El partido de los Hermanos Musulmanes, de gran peso e importancia en Egipto, ha estado prohibido en Siria desde los años 80. La simple pertenencia a esta organización está penalizada con la pena de muerte.

Por último, la capacidad de movilización de nuevos instrumentos como Facebook o Twitter es mucho menor en Siria que en Túnez, donde un porcentaje importante de la población usa regularmente Internet y es diplomada en informática. Recordemos que la red social Facebook, que fue prohibida prácticamente desde el momento de su creación en el 2006, sólo ha sido autorizada en Febrero de este año, en una tentativa del régimen por controlar mejor la información que circula en su interior [...]".

martes, 12 de julio de 2011

Líbano: acusación del tribunal internacional

El Observatorio Electoral del TEIM ha publicado este nuevo análisis de la investigadora Amaia Goenaga sobre "La acusación del tribunal internacional sobre Líbano". Por su interés reproducimos algunos de sus extractos:

"El jueves 30 de junio, el Tribunal Internacional para el Líbano entregaba el acta de acusación y 4 órdenes de arresto al fiscal general del Líbano, Said Mirza, por el asesinato de del ex primer ministro Rafik Hariri y otras 22 personas. Rafik Hariri fue asesinado en febrero de 2005. Inmediatamente sus herederos políticos y sus aliados internacionales hicieron lo propio para forzar la creación de una comisión de investigación internacional para esclarecer el asesinato.

Más adelante, en mayo de 2007, y a iniciativa de los mismos actores, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobaba la resolución 1757, que establecía la creación de un Tribunal Internacional para el Líbano en el marco del capítulo VII de la carta de las Naciones Unidas, para juzgar a los asesinos del líder suni . Desde un principio el tribunal se convirtió en un elemento de fricción que acentuó las divisiones internas del país, generando varias crisis institucionales. La última, la caída del gobierno de Saad Hariri el pasado mes de enero [...].
Las investigaciones y el tribunal han condicionado la estrategia política de Hezbolá desde el principio debido a sus estrechas relaciones con el régimen sirio. Pero desde que los rumores apuntan directamente a sus filas, el tribunal se ha visto como una amenaza directa a su posición nacional y regional y el tono de la organización se ha ido radicalizando. Así, en los últimos meses Hezbolá no ha escatimado esfuerzos en tratar de deslegitimar al tribunal, pero sobre todo ha tratado de limitar el margen de maniobra del tribunal dentro del Líbano. Con este objetivo forzó la caída del gobierno de Hariri en enero de 2011 y la constitución de un gobierno afín. De esta forma evitará por ejemplo que las órdenes de arresto se materialicen.

La comisión de investigación entregó el acta de acusación al tribunal el 17 de enero y este debía comunicar su contenido a las autoridades libanesas en cuestión de semanas, sin embargo el proceso se ha alargado 5 meses. El contenido final no se hará oficialmente público hasta que se cumplan 30 días desde su entrega a las autoridades libanesas. Sin embargo, los nombres de los acusados trascendían a la opinión pública en cuestión de horas. Dos de ellos están directamente ligados a Hezbolá: Mustafa Badreddine y Salim Ayyash. Badreddine, de 50 años, es miembro del Consejo de la Shura de la organización y jefe de operaciones de las fuerzas especiales desde que en febrero de 2008, Imad Mugniye fuera asesinado. De hecho Badreddine era primo y cuñado de Mugniye [...].

Si estos no se presentan en un plazo de 30 días, se realizará un juicio in absentia. Lo más probable es que el juicio se celebre bajo esta fórmula. Así lo afirmó el secretario general de Hezbolá, Hassan Nashrala, en su primera aparición pública tras conocerse la noticia, el sábado día 2 de julio: "Nadie entregará al tribunal las personas acusadas, ni en 30 días, ni en 30 años, ni 300 años". Durante esta misma intervención del líder chií volvió a recordar las irregularidades cometidas por la comisión de investigación, y trató de mostrar el Tribunal como un arma de Israel y de Estados Unidos para debilitar a la organización. Habló de la existencia de conexiones entre fiscal Daniel Bellmar, y otros altos funcionarios del tribunal con la CIA y otros servicios de inteligencia occidentales; mostró unas declaraciones del juez Antonio Caesse en las que se reconocía como un gran amigo de Israel, etc [...].

El ejecutivo por su parte, mantiene una posición ambigua, atrapado entre las obligaciones internacionales adquiridas por el país en los últimos años y las líneas rojas marcadas por Hezbolá. Saad Hariri por su parte, recluido en París desde hace meses, declaraba que este era un "acontecimiento histórico" para el Líbano. Del mismo modo, el 14 de Marzo en su conjunto ha pedido al recién nacido gobierno que cumpla con los compromisos internacionales adquiridos por el Líbano. Sin embargo el tono general de los integrantes de la oposición ha sido más moderado de lo que cabía esperar debido a las consecuencias que podría acarrear el azuzar las diferencias sectarias y/o políticas, con un contexto regional como el actual. Además, en estos momentos el 14M y especialmente el clan Hariri habrían perdido capacidad de influencia en varios ámbitos, limitando su margen de maniobra [...]".

lunes, 11 de julio de 2011

Tsunami en Israel

El diario Público publicaba ayer un artículo de Noam Chomsky titulado: "Aviso de tsunami en Israel". Muy recomendable.

"El pasado mayo, en una reunión a puerta cerrada en la que participaron gran parte de los líderes empresariales de Israel, Idan Ofer, magnate de un importante holding, advirtió: “Nos estamos convirtiendo rápidamente en Suráfrica. El duro golpe de las sanciones económicas se sentirá en cada familia de Israel”.

La principal preocupación de estos líderes empresariales era la sesión de septiembre de la Asamblea de la ONU, donde las autoridades palestinas planean exigir el reconocimiento del Estado palestino. Dan Gillerman, exembajador israelí de la ONU, advirtió a los participantes de que “la mañana después del presumible anuncio del reconocimiento del Estado palestino, comenzará un doloroso y dramático proceso de sudafricanización” –refiriéndose a que Israel se convertiría en un Estado paria, sujeto a sanciones internacionales–.

En esa y en posteriores reuniones, los oligarcas exhortaron al Gobierno a que pusiera en marcha iniciativas basadas en las propuestas de la Liga Árabe Saudí y el acuerdo extraoficial de Ginebra de 2003, en el que negociadores de alto nivel de Israel y Palestina detallaron un acuerdo de dos estados, que fue bien recibido en la mayor parte del mundo, rechazado por Israel e ignorado por Washington.

En marzo, el ministro de Defensa israelí Ehud Barak advirtió de que las futuras acciones de la ONU provocarían un tsunami. El temor es que el mundo condene a Israel no sólo por violar las leyes internacionales, sino también por perpetrar actos criminales en un Estado reconocido por la ONU. Estados Unidos e Israel están realizando una intensa campaña diplomática para evitar el tsunami. Si fallan, es probable que se reconozca un Estado palestino.

Más de cien países ya reconocen a Palestina. Reino Unido, Francia y otras naciones europeas han elevado la categoría de la delegación general en Palestina a “misiones diplomáticas y embajadas, un estatus normalmente reservado sólo a estados”, tal y como ha observado Victor Katan en el American Journal of International Law.

Palestina ha sido asimismo admitida en organizaciones de la ONU, excepto en la UNESCO y la OMS, que han eludido el tema por miedo a que Estados Unidos deje de financiarlos. No es una amenaza sin sentido. En junio, el Senado de Estados Unidos aprobó una resolución que amenaza con suspender las ayudas a la Autoridad Palestina si persiste en su iniciativa en la ONU. Susan Rice, embajadora de Estados Unidos en la ONU, advirtió de que “no había una mayor amenaza” para la financiación de Estados Unidos a la ONU que “la posibilidad de que Palestina alcanzase la condición de Estado con el respaldo de los estados miembros”, según informó The Daily Telegraph. El nuevo embajador de Israel de la ONU, Ron Prosor, dijo a la prensa israelí que el reconocimiento de Palestina por parte de la ONU “conduciría a la violencia y a la guerra”.

Presuntamente, la ONU reconocería a Palestina dentro de las fronteras internacionalmente aceptadas, incluyendo Cisjordania y Gaza, y la devolución a Siria de los Altos del Golán que Israel se anexó en diciembre de 1981, violando un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU. En Cisjordania, los asentamientos y acciones para mantenerla son una clara violación del derecho internacional, tal y como han afirmado la Corte Internacional y el Consejo de Seguridad. En febrero de 2006, Estados Unidos e Israel impusieron el bloqueo a Gaza, después de que la “facción incorrecta” –Hamás– ganase las elecciones en Palestina, reconocidas como libres y justas. El bloqueo se volvió mucho más duro en junio de 2007 después del fracaso de un golpe militar instado por Estados Unidos para derrocar al Gobierno electo.

En junio de 2010, el bloqueo de Gaza fue condenado por el Comité Internacional de la Cruz Roja –que rara vez difunde este tipo de informes–, alegando un “maltrato colectivo impuesto en clara violación” de las leyes humanitarias internacionales. La BBC informó de que el Comité Internacional de la Cruz Roja “describe un sombrío retrato de las condiciones en Gaza: hospitales con escasos materiales, apagones de luz que duran varias horas al día, consumo de agua no potable” y, por supuesto, la población recluida.

Este bloqueo delictivo se extiende debido a la política seguida por Estados Unidos e Israel desde 1991, que busca separar Gaza de Cisjordania para garantizar que un eventual Estado palestino fuese efectivamente contenido entre potencias hostiles –Israel y la dictadura jordana–. Los Acuerdos de Oslo, firmados por Israel y la Organización para la Liberación de Palestina en 1993, impiden la separación de Gaza de Cisjordania.

Otra amenaza para la política de Estados Unidos e Israel es la Flotilla de la Libertad, que busca desafiar el bloqueo de Gaza enviando mensajes y ayuda humanitaria. En mayo de 2010, la última tentativa de este tipo condujo a un ataque israelí en aguas internacionales –un grave delito de por sí– en el que nueve pasajeros fueron asesinados. Esta acción fue ampliamente condenada fuera de Estados Unidos. En Israel mucha gente está convencida de que los comandos fueron las víctimas inocentes, atacadas por los pasajeros, otro signo de la autodestructiva irracionalidad que recorre la sociedad.

Esta vez, Estados Unidos e Israel han intentado bloquear definitivamente la Flotilla. La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, autorizó prácticamente la violencia, declarando que “los israelíes tienen derecho a defenderse” si las flotillas “provocan acciones como la entrada en aguas israelíes”, esto es, las aguas territoriales de Gaza, como si Gaza perteneciera a Israel.

Grecia ha estado de acuerdo en impedir que los barcos partieran (es decir, los barcos que no fueron saboteados), aunque, a diferencia de Clinton, Grecia se refiere correctamente al “espacio marítimo de Gaza”. En enero de 2009, Grecia destacó por no aceptar el envío de armas estadounidenses desde puertos griegos a Israel durante el cruel ataque de Estados Unidos e Israel a Gaza. Pero con la actual coacción económica en la que se encuentra, es evidente que Grecia no puede arriesgarse a tan inusual acto de integridad.

Ante la pregunta de si la Flotilla era una “provocación”, Chris Gunnes, el portavoz de la Agencia de la ONU para los refugiados de Palestina, la mayor agencia de ayuda a Gaza, describió la situación como desesperada: “Si no hubiera crisis humanitaria, si no hubiera crisis en la práctica totalidad de los aspecto de la vida en Gaza, no sería necesaria la Flotilla (el 95% del agua de Gaza no es potable; el 40% de todas las enfermedades surgen por el agua; el 45,2% de la población activa se encuentra sin empleo; el 80% de la población depende de ayudas; se ha triplicado la población en situación de miseria desde que se inició el bloqueo). Deshagámonos del bloqueo y no se necesitará ninguna flotilla”.
Iniciativas diplomáticas como la estrategia del Estado palestino y, en general, las acciones no violentas amenazan a aquellos que mantienen un monopolio efectivo de la violencia. Estados Unidos e Israel están intentando mantener posiciones indefendibles: la ocupación y su subversión de un consenso antiguo, aplastante, respecto a un arreglo diplomático".

viernes, 8 de julio de 2011

El laberinto sirio

Ya ha salido el nº 30 de la revista Afkar / Ideas en la que publico el artículo "El laberinto sirio", en el que se repasa la situación en Siria tras el estallido de la revuelta popular. A continuación incluyo la presentación y las conclusiones:

"La partida no ha hecho más que empezar. Consciente de que Siria desempeña un papel central en el tablero de Oriente Próximo, Bachar al Assad ha jugado todas sus cartas a la preservación del Estado autoritario. Pese a que las demandas de reforma no dejan de crecer, el régimen sirio ha apostado por una estrategia del “gota a gota” que parte de la base de que la liberalización política debe desarrollarse sin presiones populares.
Las reformas adoptadas hasta el momento van en dos direcciones. Por una parte, se ha anunciado la derogación oficial de las leyes de emergencia (aunque la decisión no ha tenido efectos prácticos) y, por otra, se ha aprobado la naturalización de 250.000 kurdos con el propósito de impedir que esta minoría étnica (que representa el 10% de la población) se sume a la ola de descontento. Estas medidas llegan con 11 años de retraso y son insuficientes por sí solas para frenar las manifestaciones que se extienden por todo el país. Además no corresponden con las expectativas creadas por la principal consejera presidencial, Buzaina Shaaban, quien en los primeros compases de la revuelta anunció la instauración de un sistema pluripartidista y las libertades de reunión, asociación y expresión (hoy en día gravemente coartadas).

Espoleado por el triunfo de las revoluciones tunecina y egipcia, el pueblo sirio ha salido a la calle para demandar mayores libertades. Las manifestaciones, inicialmente localizadas en la agrícola ciudad sureña de Deraa, se han extendido a buena parte del territorio después de que el 15 de marzo se convocase el primer “Día de la ira”. La represión sistemática de las manifestaciones pacíficas se ha saldado, en los dos primeros meses de revuelta, con la muerte de unas 800 personas.
La política del “puño de hierro” puesta en práctica por las autoridades no ha tenido los efectos deseados. No solo no ha conseguido desmovilizar a la población, sino que además ha servido como acicate para que cada vez más sirios pierdan el miedo al régimen y salgan a manifestarse a las calles. Al optar por la represión, Al Assad demuestra su incapacidad de interpretar adecuadamente la primavera democrática que vive el mundo árabe, que ya ha provocado la caída de Zine el Abidine Ben Ali en Túnez y de Hosni Mubarak en Egipto. En lugar de apresurarse a adoptar una agenda reformista, Al Assad ha echado balones fuera denunciando una supuesta conspiración internacional contra Siria en la que estarían implicados sus enemigos tradicionales –Israel y el movimiento salafista–, unidos en un extraño matrimonio de conveniencia en su determinación de precipitar la caída de los Assad.
Aunque estas teorías conspirativas puedan cohesionar parcialmente a los sectores partidarios del mantenimiento del statu quo, difícilmente pueden combatir el hastío que comparte buena parte de la sociedad siria (independientemente de su confesión, extracción e ideología). La calle siria exige con un sola voz el desmantelamiento del Estado autoritario, el respeto al imperio de la ley, la separación de poderes, la persecución de la corrupción, la derogación de las leyes de emergencia, la liberación de los presos políticos y el fin del monopartidismo. En definitiva: la instauración de una verdadera democracia y el fin del autoritarismo...

Para los Assad se trata de una lucha a vida y muerte, puesto que la caída de Bachar iría acompañada de la caída del régimen. Por eso, la mejor fórmula para superar esta peligrosa situación es la bicefalia. Maher al Assad, al frente de la Guardia Republicana, ha visto reforzada su posición y ha asumido el protagonismo en la represión de las manifestaciones. No en vano su Cuarta Brigada se ha desplegado en torno a Deraa, foco principal de la revuelta. Bachar, por su parte, ha puesto en marcha diversas reformas como la derogación de la ley de emergencia (que todavía no ha tenido efectos prácticos), el aumento del sueldo de los funcionarios (entre un 20% y un 30%) o la designación de un nuevo primer ministro (Adel Safar, hasta entonces titular de la cartera de Agricultura). Este reparto de papeles ha funcionado relativamente bien hasta el momento, pero no debería descartarse que en los próximos meses asistiéramos a un remake de la historia de amor-odio vivida entre Hafez al Assad y su hermano Rifaa en la década de los ochenta (con un intento de golpe de Estado y con el definitivo destierro del por entonces vicepresidente del país).

A pesar de la creciente contestación, el régimen sigue teniendo de su lado a las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia que son, a su vez, los guardianes de la revolución baazista. No debe olvidarse que el Baaz conquistó el poder en Siria gracias a un golpe militar y que, desde entonces, los militares han gobernado el país con mano de hierro. En estas cinco décadas, las fuerzas armadas han acumulado un poder prácticamente ilimitado al que no renunciarán fácilmente. Aunque en Siria es difícil que se registre una evolución similar a la tunecina, en la que los militares se negaron a reprimir las manifestaciones, lo que precipitó la caída de Ben Ali, no debería descartarse por completo que la tropa se niegue a obedecer las órdenes de sus mandos. El empleo cada vez más recurrente de la mujabarat y la shabbiha, dos elementos de probada lealtad hacia el régimen, podría indicar que la alianza clánico-familiar desconfía de su propio ejército".

jueves, 7 de julio de 2011

Egipto: la revolución continúa

El blog de David Karvala publica el artículo "Egipto: la revolución continúa" sobre la situación actual en Egipto:

"Las protestas en Plaza Tahrir, que derribaron a Mubarak, tuvieron una importancia trascendental. En términos políticos, demostraron —otra vez— el potencial de la movilización popular. Y en términos humanos refutaron —otra vez— la visión pesimista de una naturaleza humana malvada y egoísta; pensemos en los musulmanes y cristianos protegiéndose mutuamente mientras rezaban.

Pero la revolución egipcia no se limita a esos 18 días; Tahrir fue un punto de inflexión en un proceso revolucionario que venía de antes y que hoy continúa. Este proceso se remonta al menos al año 2000, con movilizaciones en apoyo a la segunda Intifada palestina. Le siguieron manifestaciones contra la guerra de Irak en marzo de 2003 y el movimiento por la democracia, Kifaya, en 2004-2005. En diciembre de 2006, una huelga en la enorme fábrica textil de Mahala desató una ola de movilización obrera que no ha cesado.
     
Estas protestas se inspiraron mutuamente y también ayudaron a crear redes de activistas; espacios de coordinación entre movimientos políticos muy diversos, desde la izquierda revolucionaria hasta los Hermanos Musulmanes.

Así que las protestas del 25 de enero, que iniciaron la ocupación de Tahrir, fueron convocadas por un movimiento organizado; y no principalmente mediante Facebook y Twitter, sino con el trabajo de base en los barrios obreros de El Cairo.

La lucha contra Mubarak inspiró a personas muy diversas, desde gente muy pobre hasta empresarios hartos de la corrupción. Pero nada más caer el dictador, el aparente consenso en el movimiento dio lugar a una fuerte polarización política.

Muchos “líderes de opinión” —en efecto, la burguesía y pequeña burguesía, tanto liberales como islamistas— argumentaron que “ya hemos logrado lo que queríamos, ahora toca volver al trabajo”. La verdad es que ellos lograron lo que querían: un gobierno sin Mubarak, dedicado a los intereses reales del capitalismo egipcio. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) —alabado por el gobierno español— mantiene el estado de emergencia, ha endurecido las leyes contra las huelgas y reprime las protestas con fuego real. Ésta es su democracia.

Al otro extremo, los y las trabajadoras siguen malviviendo con 30, 40 o 50 euros al mes.

Las coaliciones revolucionarias de jóvenes facebookeros se han fragmentado. Algunos se reúnen con el SCAF; otros quieren seguir con las protestas pero no tienen claro cómo. Incluso la izquierda organizada se encuentra dividida; está por ver si sus intentos de crear una plataforma unitaria dan frutos.

Quizá la clave nos la dé la propia revolución. En Tahrir, Alejandría, Suez… la gente arriesgó sus vidas por una democracia de verdad y por justicia social. Asumieron demandas como un salario mínimo digno, el fin de la precariedad, invertir las privatizaciones, más gasto social… y no las han olvidado. Lejos de la TV —y de muchos blogs— la ebullición social continúa.

Las leyes del SCAF no impiden el hecho de que huelgas y sindicatos surjan por todas partes. Incluso los campesinos se están organizando para luchar por sus derechos. En los barrios existen los Comités Populares de Defensa de la Revolución. Éstos surgieron inicialmente sólo para mantener la seguridad, a menudo impulsados por los Hermanos Musulmanes. La dirección islamista quiso disolverlos pero, apoyados por la izquierda revolucionaria, y algunos islamistas jóvenes, los Comités siguen luchando por las demandas populares; por ejemplo, aseguran la correcta distribución del pan subvencionado.

Dentro de estas luchas, activistas sindicales de los sectores más combativos, incluyendo a militantes de los socialistas revolucionarios, la organización hermana en Egipto de En lucha, están creando un nuevo Partido Democrático de los Trabajadores. Éste podría jugar un papel clave a la hora de impulsar las luchas desde abajo, y articular las demandas de cambio social.

La situación en Egipto es muy contradictoria. El poder formal está en manos de la burguesía —y específicamente de los generales— pero no han podido ahogar las esperanzas y luchas por un cambio. Si consiguieran acabar con el proceso revolucionario, sería un duro golpe para todas las esperanzas desatadas por la primavera árabe. Pero un paso adelante en ese país también tendría repercusiones mundiales.

Y en nuestras luchas, debemos tener claro que lo que podemos aprender de Egipto va más allá de Plaza Tahrir. La misma lógica de polarización de clase que se ha vivido allá se vivirá —ya se vive— aquí. Tendremos la misma necesidad de organización, tanto en movimientos de clase como en organizaciones políticas capaces de responder ante los retos estratégicos.

Estas son cosas para ir hablando y trabajando. La clave es que la revolución egipcia sigue en marcha. La primavera terminó, pero todo indica que el verano árabe será caliente"
.

miércoles, 6 de julio de 2011

El desafío de Bashar al-Asad

El último número de Política Exterior (nº 142) incluye un artículo de la periodista Natalia Sancha titulado "El desafío del Assad y las vacilaciones de Occidente". A continuación alguno de sus extractos, en concreto las dedicadas a la reacción de EEUU e Israel ante la inestabilidad regional:

"Tan sorprendente ha sido la tenue respuesta de la administración de Barack Obama hacia El Assad como la de Israel. Ambos países llevan décadas condenando a Siria como foco desestabilizador en la región, así como las ambiciones nucleares de El Assad. Sin embargo, israelíes y estadounidenses parecen jugar el mismo juego que el líder sirio, dando “una de cal y otra de arena”.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha condenado las muertes de civiles fruto de la represión policial en Siria y ha reclamado reformas inmediatas, pero sigue ofreciendo oportunidades para la reinserción política de El Assad como líder autócrata pero reformador. Esta mano tendida muestra que EE UU no las tienes todas consigo y que en plena incertidumbre, con la transición abierta en Túnez y Egipto, y en medio de una guerra en Libia que ha despertado los fantasmas de Irak, la caída de El Assad no es hoy el escenario ideal tantas veces anunciado.
El gobierno israelí ha optado por la cautela y el silencio. El tan extendido –aunque poco justificado– temor a un resurgir del islamismo radical en un Oriente Próximo post-revolucionario empuja al régimen de extrema derecha israelí a preferir “el radicalismo político de Bashar, que el radicalismo islámico” que pudiera sustituirle, en palabras del parlamentario del Likud Ayoob Kara. Esta posición ha puesto de manifiesto una vez más la política del doble rasero, desacreditando aún más a la comunidad internacional entre el pueblo árabe cuando se trata de derrocar a autócratas en la región.

La unanimidad a la hora de atacar a Muammar el Gaddafi fue bastante rápida y consensuada, mientras que para El Assad se está reduciendo a débiles amenazas. Al fin y al cabo, Israel y Siria mantienen 30 años de guerra fría. Desde 1973, no han protagonizado enfrentamientos armados. En 2007 el ejército israelí bombardeó una base siria que supuestamente albergaba un centro nuclear, sin que se produjeran represalias. En 2008, Imad Mughnye, jefe de las operaciones militares de Hezbolá, fue asesinado con un coche-bomba en Damasco. La omnipresencia de los servicios secretos sirios y el hecho de que el atentado no tuviera mayores repercusiones llevó a pensar en la connivencia siria, enfriando temporalmente sus relaciones con Hezbolá.

En tres ocasiones desde principios del siglo XXI se vaticinó un acuerdo de paz sirio-israelí. Tras el 11-S, el acercamiento se produjo mediante el intercambio de información con EE UU sobre redes terroristas, reduciendo las actividades de Hamás en territorio sirio y manteniendo negociaciones indirectas con Israel. En 2003 el régimen sirio dio un primer paso. Y en 2008 Turquía se presentó como nuevo mediador. Pero todos los intentos cayeron en saco roto.

Si bien la total recuperación del Golán ocupado por Israel desde 1967 permitiría sellar un acuerdo entre ambos países sin desacreditar a El Assad, Israel apostó por la política de “resultados primero y acuerdos después”. Exigía que Siria rompiera con Irán, Hezbolá y Hamás antes de sellar ningún acuerdo. Esta exigencia suponía un suicidio político y económico para el régimen sirio, que cuenta con pocos aliados como para prescindir de aquellos que aún le confieren un peso regional y una válvula de escape al embargo económico. Irónicamente, esta es la misma política que ha adoptado el régimen de El Assad con la oposición interna, exigiendo un cese de las manifestaciones como condición previa a posibles negociaciones.

Israel mantiene frontera con cuatro países árabes: Jordania, Egipto, Siria y Líbano. Hasta hora tenía acuerdos de paz con los dos primeros. De conseguir los Hermanos Musulmanes egipcios una mayoría de escaños en el Parlamento en las próximas elecciones, previstas para septiembre, podrían vetar toda decisión política, incluyendo revertir o modificar el actual acuerdo de paz con Israel. Ante tal incertidumbre sobre la relación de Egipto con Israel, Siria cobra paradójicamente mayor fuerza, al tiempo que El Assad parece arrinconado por su pueblo. El presidente sirio no solo mantiene hasta la fecha una frontera estable con Israel –que tan solo se ve alterada por la retórica política– sino que también puede influir en la frontera norte de Israel con Líbano a través de Hezbolá.

Siria e Israel han protagonizado choques indirectos como la guerra de Tamuz de 2006, entre el ejército israelí y Hezbolá, o la de Gaza en 2008-09 con Hamás. En las negociaciones de paz que se iniciaron entre Siria e Israel, se considera a Líbano parte del lote: si Siria sella un acuerdo de paz, Líbano le seguirá proporcionando a Israel tranquilidad y seguridad en sus cuatro fronteras".

martes, 5 de julio de 2011

Damasco y Bagdad: vasos comunicantes

Rebelión publica este artículo del historiador sirio Sami Moubayed, autor también de la recomendable página Syrian History, titulado "Vibraciones de Damasco repercuten en Bagdad" publicado inicialmente en Asia Times Online y traducido por Germán Leyens.

"Por una variedad de razones superpuestas, la situación en Siria es muy alarmante para los iraquíes en todos los extremos del espectro político. Para comenzar, aproximadamente un millón de iraquíes vive actualmente en Siria, los cuales huyeron del caos en su país en 2003. Están preocupados de que si la seguridad se rompe en Siria, o si el Estado ya no puede acomodarlos, tendrían que volver a regañadientes a casa, donde les espera un futuro muy incierto. Un país que ahora tiene refugiados en su frontera con Turquía tendrá dificultades para absorber a refugiados en sus propios territorios, y ciertamente no refugiados iraquíes.

Los iraquíes cristianos que viven en Siria temen particularmente la retórica sectaria que surge ahora de grupos radicales dentro de Siria. Huyeron de su país precisamente porque eran atacados por grupos islámicos radicales y están preocupados de que un escenario semejante se pueda repetir en Siria.
Los baasistas iraquíes también están preocupados por la situación del Partido Baaz en Siria. Ha habido manifestantes en las calles en toda Siria rural y en muchas ciudades del interior, exigiendo el final del régimen de un solo partido y la cancelación del Artículo 8 de la constitución siria que designa al Baaz como “líder del Estado y de la sociedad”. Estos baasistas iraquíes todavía están muy comprometidos con el régimen del Partido Baaz y les horroriza la idea de que tal vez pronto la supremacía de ese partido pueda terminar en un país que engendró su doctrina en 1947. Siria baasista los acogió con los brazos abiertos en 2003, pero eso no se aplicaría necesariamente a un país en el que el Baaz dejara de gobernar.

Los chiíes iraquíes de la línea dura también están alarmados, ya que ven las manifestaciones en la calle siria como parte de una “conspiración” organizada por Occidente que apunta a castigar a Siria por su alianza con Irán, e Hizbulá en el Líbano. Están muy preocupados de que si el régimen se derrumba en Siria, o se reforma hasta volverse irreconocible, significaría una lenta ruptura del trío sirio-iraní-Hizbulá que ha influenciado el mundo árabe durante más de 10 años.

Esa alianza fue una fuente de inspiración para grupos radicales iraquíes como el Ejército Mehdi, cuyo líder Muqtada al-Sadr a menudo dirigió la mirada hacia el líder de Hizbulá Hassan Nasrallah en busca de liderazgo y guía, y goza de excelentes relaciones con los sirios. Temen que el ascenso de grupos suníes radicales dentro de Siria, como la ilegalizada Hermandad Musulmana, resultaría ciertamente en la obstrucción de lo que sus dirigentes han descrito a menudo como una “media luna chií” que vincule Irán, Siria, el Líbano e Iraq.

En cuanto a ellos, la Hermandad, mediante una alianza con el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, coordina ahora con Occidente el modo de terminar con la influencia iraní en el mundo árabe. Creen que es el motivo por el cual Erdogan inició el diálogo con Hamás en Palestina en 2004, para servir de contrapeso a la influencia de Hizbulá ante los ojos de musulmanes suníes en todo el mundo. Si la Hermandad resultara reforzada por lo que ocurra en Siria, esto tendría inmediatas repercusiones en Iraq entre los aliados de los grupos islámicos suníes, como el Frente Iraquí del Acuerdo y el Partido Islámico Iraquí, que es el brazo iraquí de la Hermandad.

Ese temor es compartido por el Ejército Mehdi, el Consejo Supremo Islámico Iraquí (SIIC, por sus siglas en inglés), e incluso por influyentes personalidades chiíes como el ex primer ministro Ibrahim al-Jaafari y su sucesor, el primer ministro Nuri al-Maliki. Además, una nueva acta de acusación en el asesinato del ex primer ministro del Líbano Rafik al-Hariri probablemente culpará a cinco altos miembros de Hizbulá, un golpe por encargo contra Irán y sus aliados en la arena iraquí y en todo el mundo árabe.

Los kurdos iraquíes también observan el escenario de Siria con mucho interés. Su máxima dirigencia, incluidos el presidente Jalal Talabani y el presidente del Kurdistán iraquí Masoud al-Barazani, están estrechamente aliados con los kurdos sirios, por haber pasado un prolongado exilio en Siria durante la era de Sadam Hussein. Al comenzar la crisis, los kurdos sirios fueron aplacados por el gobierno mediante una serie de medidas que incluyó la concesión de la ciudadanía a unos 300.000 kurdos (una demanda crucial desde 1962) y la celebración del festivo kurdo Neirouz por primera vez en décadas.

A pesar de ello, sin embargo, los distritos kurdos de Siria oriental participaron en manifestaciones antigubernamentales, demandando un cambio político y económico y afirmando que su máxima demanda es democracia más que ciudadanía. Hasta la fecha, aunque los manifestantes kurdos de los viernes han aumentado en número, no se han registrado bajas en la comunidad kurda. Si eso cambia por algún motivo, podría conducir potencialmente a una sangrienta confrontación entre los kurdos y el gobierno, como fue el caso en 2004. Además, hay 12 partidos políticos kurdos en Siria y, aunque no son legales, han sido invitados recientemente a una reunión con el presidente Bashar al-Asad.

Esa reunión no tuvo lugar, y esos partidos están preocupados de que las autoridades no hayan tomado contacto con ellos al principio de la crisis, aunque fueron los que calmaron la calle kurda en 2004. Todos ellos buscan ahora una nueva ley de partidos políticos que se está preparando en Siria, a la espera de ver si sus partidos, que han sido perseguidos durante años por el gobierno, se leglizan en una Siria multipartidista.

Si no es así –sea por motivos políticos o porque no cumplen con los requerimientos legales– podría provocar más problemas en los distritos kurdos, que se propagarían de inmediato a Iraq. También tienen que estar representados en un futuro Diálogo Nacional que debe comenzar en Damasco el 10 de julio, presidido por el vicepresidente Farouk al-Shara. Ya han esbozado un conjunto de diez demandas que van desde plenos derechos para los kurdos sirios, incluidos los de la lengua, escuelas y cultura, hasta una nueva constitución que reconozca a la etnia kurda en Siria.

Una rápida mirada a la historia árabe muestra que lo que pasa en Egipto frecuentemente se duplica en Siria, y que lo que pasa en Siria a menudo se copia en Iraq. Si los sirios son imitadores de Egipto, los iraquíes son imitadores de Siria. Egipto se convirtió en un Fatimad (califato); Siria se convirtió en un Fatimad. Egipto estableció un Consejo de Comando Revolucionario en 1952; Siria estableció un Consejo de Comando Revolucionario en 1963. Egipto habló de unidad árabe; Siria se unificó con El Cairo en 1958.

Y en el caso de Iraq, el modelo es similar. Damasco estableció la Dinastía Omeya en 661; Bagdad estableció la Dinastía Abásida en 750, ambas musulmanas. Siria creó una corona Hachemita en 1920; Iraq hizo lo mismo en 1921, irónicamente con el mismo monarca. Los sirios establecieron un gobierno del Partido Baaz en 1963: los iraquíes hicieron lo mismo en 1968. Lo que pasa en Damasco siempre se refleja indudablemente con una fuerte resonancia en Bagdad. Las manifestaciones callejeras que comenzaron en Siria en marzo probablemente llegarán pronto a Iraq, y asimismo el proceso de democratización y reforma, que los iraquíes todavía ansían desde la caída de Hussein, hace ocho años".

lunes, 4 de julio de 2011

Sobre la nueva Constitución marroquí

Este fin de semana, el profesor de la UCM Rafael Bustos publicó en el diario Público un interesante artículo de opinión titulado Dudas sobre una nueva Constitución:

"Una nueva Constitución será sometida a referéndum y probablemente aprobada hoy en Marruecos. Digo probablemente porque todos los grandes partidos se han pronunciado a favor del texto. Esta reflexión consiste en tres dudas razonables y ciertas alabanzas merecidas que suscita dicho proyecto. Razonables porque no emanan de un prejuicio ni animadversión, sino de un análisis sereno y del entendimiento de que lo que es bueno para nuestros vecinos es bueno para España, y al revés.

Esta Constitución pasa por ser un texto moderno que pone al día al reino alauí con la realidad del siglo XXI. Es también importante recordar que la reforma constitucional emana a la vez del proceso de regionalización que Marruecos trata de ofrecer como marco de solución de la cuestión del Sáhara Occidental y de las demandas populares vehiculadas en el Movimiento 20 de Febrero, las cuales recogen un amplio descontento social y una apatía política patente en los últimos comicios legislativos (participación del 33%).
Como decíamos, esta Constitución pretende instaurar un Marruecos moderno caracterizado por una monarquía constitucional, descentralizada, tolerante y participativa. No sólo eso, sino que desarrolla todo un capítulo novedoso en el constitucionalismo contemporáneo dedicado a los mecanismos de buena gobernanza. Además, confirma la primacía de los tratados frente a la ley (un paso importante) y eleva al máximo nivel la igualdad de hombres y mujeres, afirmando además que los poderes públicos velarán por alcanzarla.
Veamos uno por uno estos elementos, empezando por el carácter de monarquía constitucional. Este es un aspecto que llama la atención, precisamente cuando se recuerda que fue el actual rey, Mohamed VI, quien afirmó que Marruecos no seguiría los pasos de España y quien, una y otra vez, ha enfatizado la voluntad de seguir la vía de la “monarquía ejecutiva”.
Pues bien, se diría más bien que esta Constitución otorga al monarca los poderes de un presidente de una república presidencial (¿Francia, Estados Unidos?), sólo que obviamente no se somete a la reelección. Es cierto que el rey ya no podrá nombrar al primer ministro que desee, sino que estará obligado a designar al representante de la fuerza más votada, previa consulta con el Parlamento.

Pero no lo es menos que el rey conserva enormes poderes que casan mal con una monarquía constitucional. Entre otros, preside el Consejo de Ministros, puede disolver las cámaras y destituir a los ministros, posee poder legislativo por medio de los dahires (decretos emitidos por el rey), puede exigir al Parlamento la relectura de las leyes, es garante del funcionamiento de la Constitución y nombra a la mitad de miembros del Tribunal Constitucional. Si a eso le añadimos sus poderes habituales como líder de los creyentes y jefe de las Fuerzas Armadas, cabe concluir que la nueva Constitución fortalecerá las prerrogativas de un rey “presidencial” y dejará en el aire la supuesta “separación de poderes” que la Constitución hábilmente acompaña de “colaboración entre poderes”.

La segunda duda que suscita la nueva norma fundamental marroquí es la descentralización a la que aspira. Formalmente, esta descentralización se plasma en las nuevas competencias y presupuesto propios que asumirán las entidades locales, fundamentalmente las regiones, las provincias y los municipios. Sin embargo, dicha transferencia parece más una desconcentración administrativa, puesto que el poder de las entidades locales será simplemente reglamentario y en ningún caso legislativo. Mala señal es que persistan los cargos de wali o director provincial y de gobernador regional, lógicamente designados por el rey. La regionalización de Marruecos es timorata porque, a pesar de estar abundantemente acompañada de elogios a la riqueza multicultural del país (árabe, amazigh, sahariana-hasaní, etc.), no se plasma en el reconocimiento a las identidades colectivas. Todos estos elementos son partes integrantes del prisma identitario marroquí, de modo que no cabe la creación de partidos de base regional, étnica o lingüística. Un neojacobinismo francés ha inspirado ciertamente la carta magna pese a que la regionalización parecía evocar a España.
Este aspecto de los partidos políticos como el de la sucesión al trono han sido redactados sin ningún ánimo de transformar el panorama político marroquí, ni siquiera modernizarlo. Se mantiene por tanto la línea sucesoria masculina, que excluye a las mujeres en todos los casos, cuando la ocasión hubiera sido inmejorable para innovar y dar un aspecto moderno a la monarquía. Como también es de lamentar el tratamiento del Poder Judicial, cuya independencia se afirma en un lado, pero cuya autonomía se limita por medio del control Ejecutivo, en otro.
Por último, plantea dudas el nuevo capítulo de la gobernanza, especialmente si tenemos en cuenta los interrogantes emanados anteriormente. Se prevé crear distintas comisiones cuyas tareas irán desde la lucha contra la corrupción, al control de la competencia en los mercados, pasando por un consejo audiovisual. Todo ello en aras de la transparencia, la rendición de cuentas y la democracia participativa, principios clave de la gobernanza democrática. Pero ¿cómo serán designadas dichas comisiones? ¿Acaso no les afectará la “colaboración entre poderes” garantizada por el monarca? ¿Qué poderes tendrán, además de la observación y la recomendación, si la justicia que debe sancionar y castigar sigue lastrada en su autonomía e independencia?"

viernes, 1 de julio de 2011

EEUU dialoga con los HHMM

La Administración Obama ha dado luz verde para que sus diplomáticos entablen contacto con los Hermanos Musulmanes egipcios. Según informa la agencia de noticias Reuters, la diplomacia norteamericana ha adoptado tal decisión ante el peso creciente de la Hermandad musulmana en la escena política egipcia. Un alto cargo norteamericano señaló: "Entablar contactos con todos los partidos que tomarán parte en las elecciones legislativas o presienciales es de nuestro interés".

Si bien es cierto que es un cambio importante en la política de EEUU, también lo es que no implica una ruptura total respecto a etapas anteriores. Desde 2006, los diplomáticos norteamericanos habían desarrollado contactos con miembros de los HHMM que habían sido elegidos parlamentarios como independientes. Además debe destacarse que no existe ningún tipo de prohibición oficial para este tipo de contactos, mientras que sí la hay en el caso de otros grupos islamistas como Hamas o Hezbollah (ambos incluidos en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado norteamericano). En realidad esto tampoco representaría un problema porque la Administración Obama está hablando hoy en día con los taliban afganos para planificar el día después de su retirada.
Como era de prever, la decisión de Obama ya ha sido fuertemente criticada por los recalcitrantes sectores del lobby pro-israelí. El director ejecutivo del American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) puso como condición para este diálogo que los HHMM reconociesen a Israel. Debe tenerse en cuenta que, tras la caída de Mubarak, el movimiento islamistas egipcio ya señaló que respetaría los acuerdos internacionales firmados por Egipto, en una clara alusión al tratatado de paz de Camp David de 1979.

Dicho esto me gustaría saber qué va a hacer al respecto la UE y, en concreto, España. Parece ser que algunos países (entre ellos Alemania y Francia) ya han entablado contactos informales con algunos de estos grupos. Es más difícil que España haya seguido esta línea, dado que todavía se mantienen algunas de las 'líneas rojas' establecidas en su día por Miguel Ángel Moratinos, entre ellas la escasa disposición a reconocer el peso específico de los islamistas en los países árabes. En consonancia con el seguidismo habitual de la UE, es posible que a partir de ahora se replantee su política.