miércoles, 21 de junio de 2017

Las amistades peligrosas de Qatar

Hace unos días publiqué en El Confidencial este artículo titulado "Las amistades peligrosas de Qatar". Espero que os guste.


Tras una semana de intensa actividad diplomática, la crisis de Qatar permanece enquistada y no existen señales de que vaya a remitir en el corto plazo. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos se mantienen en sus trece apostando por el aislamiento regional del pequeño emirato del golfo Pérsico y el cierre de su espacio terrestre, marítimo y aéreo está provocando problemas de desabastecimiento. Mientras tanto, la administración norteamericana lanza mensajes confusos, puesto que el inicial respaldo de Trump a la medida contrasta con el ofrecimiento de mediación de su secretario de Estado Rex Tillerson.

Los orígenes de esta crisis deben buscarse en la voluntad del emir Hamad Bin Jalifa al Thani, quien accedió al trono en 1995 y abdicó en 2013, de sentar las bases de una política exterior independiente que escapase de la tradicional tutela de su poderoso vecino: Arabia Saudí, quien interpreta que Qatar, al igual que el resto de petromonarquías vecinas, forman parte de su esfera de influencia. Como el tiempo se ha encargado de evidenciar, esta iniciativa no carecía de riesgos ya que a pesar de ser el primer exportador mundial de gas licuado (lo que le permite ser el país con una mayor renta per cápita: 96.700 dólares en 2014) apenas cuenta con una población de 250.000 qataríes (tan sólo un 10% del total del país).
 Cuando eran aliados. El emir de Qatar y el rey Salmán de Arabia Saudita.

jueves, 8 de junio de 2017

Qatar en la encrucijada

Cuando parecía que la situación en Oriente Medio no podía deteriorarse más, Arabia Saudí y algunos de sus satélites han decidido romper relaciones con Qatar, su socio en el Consejo de Cooperación del Golfo, establecido precisamente para tratar de frenar a Irán y limitar su influencia regional. Este movimiento debe interpretarse como una demostración de fuerza de la monarquía saudí que ha decidido dar un golpe en la mesa para demostrar quién manda en el golfo Pérsico y plantear una enmienda a la totalidad a la política exterior qatarí.
 Qatar’s emir Sheikh Tamim Bin Hamad Al-Thani (L) and US President Donald Trump in a bilateral meeting during the latter’s recent visit to Saudi Arabia. Photo: Mandel Ngan/AFP
Aunque Arabia Saudí ha tratado de justificar su decisión aludiendo a la necesidad de preservar su seguridad nacional y combatir el terrorismo, las desavenencias con Qatar vienen de lejos y se explican por las resistencias del pequeño emirato a seguir las directrices fijadas por el gigante saudí. En lugar de rendir vasallaje a Riad, Doha ha puesta en marcha una diplomacia alternativa basada sobre todo en el ‘poder blando’ que le ha deparado no pocos éxitos, pero también importantes quebraderos de cabeza. Gracias a ello ha conseguido poner en el mapa a este pequeño emirato de apenas dos millones de habitantes en el que sólo el 10 por 100 de la población tienen la nacionalidad qatarí y, por lo tanto, el 90 por 100 restante son inmigrantes atraídos por la inmensa fortuna que posee: las terceras reservas mundiales de gas licuado que le han convertido en el país más rico del mundo en renta per cápita.