jueves, 24 de febrero de 2011

Gaddafi y sus fantasmas

Gaddafi sigue resistiéndose a abandonar el poder, a pesar de que ha perdido el control sobre buena parte del país y que ha sido abandonado por buena parte de sus allegados. Las deserciones van en aumento Cuando el barco se hunde, todos quieren abandonarlo. Algunas de las personas clave del régimen, entre ellas su ministro de Interior, varios líderes tribales y diplomáticos en el extranjero han reudiado los métodos brutales para reprimir las manifestaciones populares. Gaddafi, sólo y deprimido, parece apostar por morir matando. En realidad no le quedan demasiadas alternativas, puesto que ningún país decente le dará asilo a alguien que ha bombardeado con aviones de guerra a su propia población. Como criminal de guerra que es debería ser juzgado por sus actos.

El discurso que dio para calmar los ánimos hizo exactamente lo contrario de lo que se proponía. Cargado de acusaciones y propio de un lunático desconectado con la realidad, Gaddafi arremetió contra los manifestantes a los que denominó ratas. Les acusó de drogarse, de emborracharse y de simpatizar con Al-Qaeda... A continuación algunos de sus extractos que merecerían analizarse por un psiquiatra. "¿Conocéis a alguien decente que participe en esto? No los hay, es gente que se droga y se emborracha" y "delincuentes manipulados por fuerzas externas incluida la red terrorista Al Qaeda". "Los libios son libres puesto que el poder está en manos del pueblo". "No soy presidente, soy líder de la revolución". "Los que se levanten en armas contra el país serán condenados a muerte". "Ni siquiera he comenzado a dar órdenes de usar balas; si necesitamos emplear la fuerza, la usaremos". "La lucha se llevará a cabo calle por calle hasta que el suelo libio sea liberado. Los que queréis a Gadafi, formad comités populares y atad a estos jóvenes en casa". "No hay combustible, la gente tiene miedo". Y ha culpado de esta situación a EE UU. "Los mismos que han destrozado Irak, Afganistán, Somalia... son los que han entrado ahora en Libia (...) No voy a permitir que Libia se convierta en Faluya". Sin comentarios.

martes, 22 de febrero de 2011

¿Libia no es Egipto?

Ayer murieron cientos de libios tras ser bombardeados por aviones de guerra cuando se manifestaban contra el régimen. Previamente, Saif al-Islam había comparecido en la televisión  para amenazar a sus conciudadanos con que correrían ríos de sangre en caso de que las manifestaciones continuasen.  Entre las perlas del supuesto sucesro de Muammar Gaddafi están las siguientes: "En lugar de llorar a los 80 muertos de estos últimos días, si el caos llega, lloraremos a centenares de miles de nuestros hermanos y estaremos obligados a huir de nuestro país", "Tenemos dos opciones: o actuamos todos unidos para aprovechar esta oportunidad e introducir reformas, o nos hundimos en el caos", "Esto va a ser peor que Yugoslavia y que Irak. Ya lo veréis" o "Vamos a luchar hasta el final. No vamos a dejar que se rían de nosotros ni Al Yazira ni Al Arabiya ni la BBC". Es decir: moriremos matando.

Haizam Amirah, responsable del Área del Mundo Árabe y Mediterráneo en el Real Instituto Elcano, publica hoy el artículo "Régimen caótico, revolución errática" en El País.

"El coronel Muamar el Gadafi se lamentó en televisión de la caída del expresidente tunecino Zine el Abidine Ben Ali. También llamó por teléfono para consolar al expresidente egipcio Hosni Mubarak tras su renuncia forzada. Dos autócratas vecinos expulsados por sus pueblos con 28 días de diferencia eran un mal presagio.
Estos días, los libios les están demostrando a los Gadafi que sus temores estaban fundados, aunque para ello los agentes del poder y sus mercenarios estén sacrificando violentamente a docenas de sus compatriotas. La riqueza petrolera sobre la que parecía bien asentado el trono del líder de la revolución tras más de cuatro décadas en el poder no ha servido para crear una excepción libia a la ola de cambios que se extiende por el mundo árabe.

La población libia sabe que su país recibe ingresos ingentes de los hidrocarburos, pero también sabe que para recibir un tratamiento médico decente deben ir al extranjero, incluidos otros países árabes. El resto de servicios sociales son deficientes y en su funcionamiento abunda la arbitrariedad y la corrupción.
La crisis de la falta de expectativas ha tocado de lleno a Libia y está haciendo que se tambalee su sistema revolucionario hiperpersonalizado, cuyo principal rasgo son sus políticas y comportamientos erráticos y estrafalarios. Las revelaciones hechas por Wikileaks sobre la visión de la diplomacia estadounidense de la corrupción en el entorno del líder, empezando por sus hijos, han sido la gota que ha acabado con la paciencia de muchos libios.

Los dirigentes árabes en apuros parecen tener la misma asignatura pendiente: convencer a sus poblaciones de que han entendido sus peticiones y mostrarse conciliadores a la vez que creíbles. El discurso televisado de Saif el Islam Gadafi -hijo del líder y su supuesto heredero- el domingo no fue una excepción. Si su objetivo era calmar a los manifestantes y dar una imagen de normalidad al exterior, fracasó por partida doble, a juzgar por la extensión de las protestas por todo el país y las crecientes condenas internacionales.
El decano de los autócratas árabes está demostrando lo poco que le importan las vidas de aquellos compatriotas que no se pliegan a sus dictados. Es hora de que el resto del mundo, y muy concretamente los Gobiernos y las sociedades europeas, les demuestren a esos mismos ciudadanos libios que su vida y sus aspiraciones democráticas sí le importan a alguien. Para ello habrá que pasar de las flojas declaraciones de condena de la violencia a la determinación de castigar a los cabecillas de un régimen errático que cuando se le pide libertad lo único que ofrece es destrucción y amenazas de caos. Solo así se puede alejar la amenaza de una guerra civil en Libia, cuyos efectos se sentirían en todo el Mediterráneo".

Haizam Amirah Fernández es investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano.

viernes, 18 de febrero de 2011

¿Resolución de condena de la colonización?

La revuelta árabe se extieende como la pólvora. Ahora le llega el turno a Yemen, Libia y Bahrein, donde la policía y el ejército están reprimiendo con especial saña las concentraciones pacíficas que demandan mayores libertades y la caída de los autócratas árabes. En otros lugares se mantiene una calma relativa, pero el malestar ciudadano se empieza a hacer patente.

En el caso palestino, cientos de personas han salido a las calles de Ramallah para protestar contra la división de los Territorios Ocupados y el pulso fraticida que mantienen Fatah y Hamas desde hace cuatro años. A la población no le basta con la disolución del gobierno de Fayad y con la formación de uno nuevo integrada por personalidades independientes y tecnócratas. Lo que quieren, de una vez por todas, es la reconciliación entre las dos principales formaciones palestinas y, si sellan sus diferencias, la creación de un gobierno de unidad que afronte el periodo más complicado en la historia reciente del movimiento de liberación nacional palestina. La viabilidad del Estado palestino es cada vez menor y podríamos encontrarnos ante la última oportunidad para establecer un Estado independiente viable y soberano.

Pero la prioridad no parece ser esa para la Autoridad Palestina. El diario palestino Al-Ayyam recoge la convocatoria urgente, por parte del presidente Mahmud Abbas, del Comité Central de Fatah y del Comité Ejecutivo de la OLP para discutir los últimos acontecimientos sobre el terreno, pero sobre todo fijar la estrategia a seguir ante la discusión por parte del Consejo de Seguridad de la ONU de un proyecto de resolución de condena sobre los asentamientos israelíes a partir de ahora. El presidente Obama habría mantenido una conversación telefónica de 50 minutos en la que habría presionado a su homólogo palestino para que retirase la iniciativa, amenazándole con vetar cualquier resolución de condena a Israel como finalmente hizo.
 
Mientras tanto, el centro de investigación Foundation for Middle East Peace publica, en su último informe de enero-febrero de 2011, que tras el final de la moratoria colonizadora del Gobierno Netanyahu el pasado septiembre, se registró "un incremento masivo de la construcción ilegal de asentamientos", planificado en detalle por el Consejo de Colono de Judea y Samaria. Según Peace Now, al menos hay 1.712 hogares bajo construcción y se han aprobado ya otras 13.000. Dror Etkes, un activista de izquierdas, señaló: "No hemos visto tal actividad en la construción ilegal de esta magnitud desde 2002". Según revelan los cables de Wikileaks, el ministro de Defensa israelí Ehud Barak habría señalado en verano de 2009 que Israel habría alcanzado un acuerdo secreto con la Administración de Obama para ampliar los asentamientos para hacer frente a su crecimiento natural.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Cambios en la Autoridad Palestina

Si algo ha unido a Fatah y Hamas estas últimas semanas ha sido la necesidad de frenar las movilizaciones populares palestinas en sus respectivos feudos: Gaza y Cisjordania. ¿El motivo? Ninguno de los partidos estaba excesivamente interesado en una amplia movilización popular que pudiera descontrolarse y ser aprovechada para canalizar todo el descontento popular existente hacia los gobiernos palestinos, que siguen empeñados en no resolver sus diferencias tras los choques de verano de 2007 (y ya van casi cuatro años). En el ánimo de ambas formaciones también habrá pesado la necesidad de no enemistarse con el antiguo-nuevo régimen egipcio, un actor central en el proceso de paz que sigue teniendo la llave para asfixiar o aliviar el bloqueo de la Franja de Gaza (y, en consecuencia, a Hamas).

Ante el descontento popular palestino y un posible efecto contagio de la revuelta egipcia, el presidente Mahmud Abbas ha decidido mover ficha. ¿Cómo? ¿Acelerando quizás los pasos para proclamar unilateralmente un Estado palestino? ¿Concertando su acción con los partidos de la oposición? ¿Retomando el diálogo nacional? No, en absoluto. Convocando, por tercera vez desde el nacimiento de la AP, elecciones legislativas y presidenciales. Con tal movimiento pretendería normalizar la situación política y ganar alguna legitimidad popular en estos momentos en que su liderazgo es cuestionado por la población y por su propio movimiento. También ha disuelto el gobierno y pedido al primer ministro Salam Fayyad que forme una nuevo para este periodo transicional. Saeb Erekat, un elemento central del estabishment, ha presentado la dimisión tras el escándalo provocado por la filtración de las concesiones planteadas por la parte palestina en las negociaciones de paz.
La pregunta a formularse es para qué sirven unas nuevas elecciones, ahora que parece evidente que la Administración Obama ha arrojado definitivamente la toalla en el proceso de paz y que Benjamin Netanyahu se ha salido, una vez más, con la suya con su estrategia de ganar tiempo para conseguir que nada cambie y que todo siga igual. ¿No sería más lógica una reconciliación interna y la formación de un gobierno de unidad nacional que fijara la hoja de ruta a seguir? ¿No sería mejor plantearse la disolución de la Autoridad Palestina y un cambio radical encaminado a que Israel asuma, de una vez por todas, sus responsabilidades hacia la población ocupada? ¿No deberían empezar a debatirse ya, después de 20 años de negociaciones baldías, nuevas estrategias, entre ellas la creación de un Estado binacional, toda vez que Israel se niega a permitir una independencia palestina y la comunidad internacional rehusa a presionarla para que cumpla la legalidad internacional? Parece que los dirigentes de la Autoridad Palestina piensan que no.

lunes, 14 de febrero de 2011

La hoja de ruta egipcia

Una vez caído Mubarak cabe preguntarse ahora hacia dónde se dirige Egipto. De momento hay más nubes que claros en el horizonte. Ha caído la cabeza visible, pero no el régimen. De hecho el gobierno se mantiene en pie y el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas ha asumido las riendas en la época post-Mubarak. Es decir: que se ha sustituido un militar por otros. Con Mubarak en Sharm el-Sheij y el vicepresidente Omar Suleiman en paredero desconocido, el nuevo hombre fuerte es el mariscal Mohamed Tantaui, el ministro de Defensa. El Consejo Militar ya ha ordenado la disolución de las dos cámaras y la suspensión de la Constitución. Lo que no ha hecho es derogar la Ley de Emergencia, una de las principales reivindicaciones de la población. Los próximos seis meses serán vitales para el futuro de Egipto. En septiembre deberían celebrarse elecciones legislativas y presidenciales. El Ejército, que a partir de ahora goberanará por decreto, ha anunciado que entonces se retirará a un segundo plano y dejará el poder a los civiles.

El blog The Arabist recoge una interesante reunión entre blogueros egipcios y altos mandos militares en los que estos resumen su hoja de ruta: 1) Los militares no quieren el poder y consideran que el único camino hacia el progreso es un gobierno civil. Ellos únicamente quieren salvaguardar los logros de la revolución; 2) el mantenimiento del actual gobierno es necesarió, pero solo hasta que se puedan llevar a cabo los cambios requeridos; 3) los militares quieren perseguir la corrupción; 4) creación de un comité constitucional en el plazo de diez días. En dos meses, los egipcios votarán en referéndum la nueva Constitución; 5) los militares animan al pueblo a formar nuevos partidos políticos; 6) los militares celebrarán encuentros con los representantes de todas las fuerzas políticas; 7) los militares lanzarán una campaña para recaudar 100 billones de libras para reparar los daños provocados durante las revueltas; 8) Egipto necesita recuperar la normalidad y volver a atraer a turistas; 9) los egipcios dispondrán de un carnet de identidad para poder votar en el referéndum y en las elecciones.

Todos estas muestras de buena voluntad contrastan con el papel del Ejército como pilar principal del régimen de Mubarak. The Arabist se pregunta cómo va a combatir el Ejército la corrupción, si es uno de sus principales responsables. Además considera que los meros encuentros con las fuerzas políticas no son suficientes, ya que lo que se trata es de poner en marcha un proceso verdaderamente consultivo y democrático que ponga los cimientos del nuevo Egipto.

sábado, 12 de febrero de 2011

El Egipto post-Mubarak

Alf Mabruk Misr! Mi reflexión sobre la época que ahora se abre en Egipto tras la caída de Mubarak aparece hoy en El Correo:

Después de la caída del presidente egipcio quedan muchas incógnitas por despejar relacionadas con la época pos-Mubarak que ahora se abre. La primera, y quizás la más importante, es el papel que asumirá el Ejército, que desde el inicio de la revolución popular ha intentado pilotar la transición y manejar los tiempos. Al final no le ha quedado otra opción que sacrificar al 'rais' ante el clamor de los manifestantes y las presiones de Washington. Ahora se abre una nueva etapa en la que no bastarán meras medidas cosméticas, sino que deberán adoptarse reformas estructurales, entre ellas la derogación de la leyes de emergencia, la enmienda de la Constitución, la legalización de todos los partidos, la liberación de los presos políticos y, por último, la celebración de unas elecciones libres y transparentes. De intentar torpedear este movimiento imparable, Omar Suleimán, el nuevo hombre fuerte, podría correr la misma suerte que Mubarak.
 
Por eso es especialmente importante que el Ejército no intente secuestrar la revuelta ni ralentizar los cambios que la población demanda. Un gobierno de unidad sería la mejor fórmula para hacer frente a este proceso constituyente, aunque es improbable que los militares acepten volver a los cuarteles y abandonar la política que han manejado en solitario desde el golpe de los Oficiales Libres en 1952. Mucho más probable es la creación de una junta cívico-militar con la presencia de altos mandos militares y destacadas figuras de la oposición. En este sentido sería recomendable que dicha junta fuese lo más representativa posible, sin ningún tipo de marginación o de exclusión por motivos ideológicos. Deberían formar parte de ella los partidos de la oposición tradicionales, los artífices de la revuelta, las nuevas fórmulas políticas (entre ellas la liderada por El-Baradei), pero también los ilegalizados Hermanos Musulmanes, que en la última década han dado suficientes muestras de su moderación.
Este proceso constituyente no debería basarse en políticas de tierra quemada. Si algo nos ha demostrado la desastrosa experiencia iraquí pos-Sadam, en la que el Baas fue ilegalizado y el Ejército disuelto, es que no puede prescindirse, de la noche a la mañana, de la que ha sido la columna vertebral del país durante el último medio siglo. Los miembros del oficialista Partido Nacional Democrático menos identificados con el régimen y menos manchados por la corrupción deberían tener un papel en la fase pos-Mubarak. Así se lograría sumar a todos aquellos que converjan en la necesidad de erigir un sistema verdaderamente democrático. En este contexto emergen figuras que podrían jugar un papel clave en la fase de transición, entre ellas Amro Musa (el actual secretario general de la Liga Árabe y exministro de Exteriores), quien secundó las manifestaciones no sin cierto oportunismo, o Mohamed el-Baradei (Nobel de la Paz y dirigente de la Asamblea Nacional por el Cambio), que ha ejercido como portavoz de la revuelta a pesar de las reticencias de buena parte de los manifestantes.

viernes, 11 de febrero de 2011

Cae Mubarak

Aunque debería estar contento porque finalmente ha conseguido lo que se proponía (quedarse al frente de Egipto), el jefe de los Servicios Secretos y vicepresidente Omar Suleiman parece triste y compungido al anunciar la marcha de Mubarak. Probablemente sienta que podría seguir su camino muy pronto en el caso de que siga negándose a mover ficha y a aceptar los cambios que demanda la población. Probablemente cuando se pase la euforia empezaran a alzarse las voces contra Suleiman, el candidato predilecto de la CIA y el Mossad. Tiempo al tiempo.

Esta mañana el diario argentino Página 12 publica este artículo de Robert Fisk, previamente aparecido en The Independent. Como siempre, clarificador:

"No hay nada como una revolución árabe para mostrar la hipocresía de nuestros amigos. Especialmente si esa revolución es una de civilidad y humanismo e impulsada por una abrumadora exigencia para tener el tipo de democracia que disfrutamos en Europa y en Estados Unidos. Las indecisas tonterías musitadas por Obama y la Clinton durante estas últimas dos semanas son sólo parte del problema. De “estabilidad” a la “tormenta perfecta” hemos terminado con el presidencial “ahora-significa-ayer” y “transición ordenada”, que se traduce: nada de violencia mientras el ex general de la fuerza aérea Murabak es llevado a pastar para que el ex general de inteligencia Suleimán pueda hacerse cargo del régimen en nombre de Estados Unidos e Israel.

Fox News ya les dijo a sus televidentes en Estados Unidos que los Hermanos Musulmanes –uno de los grupos islámicos más “suaves” en Medio Oriente– están detrás de los valientes hombres y mujeres que se animaron a resistir a la policía de seguridad estatal, mientras calla la masa de “intelectuales” franceses: las comillas son esenciales para mandapartes como Bernard-Henri Levy que se ha convertido, según Le Monde,, en “la intelligentsia del silencio”.

Y todos sabemos por qué. Alain Finkelstein habla de su “admiración” por los demócratas, pero también de la necesidad de “vigilancia” –y esto es un punto bajo en cualquier “filósofo”– “porque hoy todos sabemos sobre todo, que no sabemos cuál va a ser el resultado”. Esta cita casi rumsfeldiana está dorada por las propias ridículas palabras de Lévy, “es esencial tener en cuenta la complejidad de la situación”. Curiosamente, eso es exactamente lo que los israelíes dicen cuando algún occidental insensato sugiere que Israel debería dejar de robar tierra árabe en Cisjordania para sus colonias.

En verdad, la propia reacción de Tel Aviv a los importantes eventos en Egipto –que éste puede no ser el momento para la democracia en Egipto (permitiendo así mantener el título de “la única democracia en Medio Oriente”)– ha sido tan inverosímil como contraproducente.

Israel estará mucho más seguro rodeado por verdaderas democracias que por despiadados dictadores y reyes autocráticos. Para su enorme crédito, el historiador francés Daniel Lindenberg dijo la verdad esta semana. “Debemos admitir la realidad: muchos intelectuales creen, en lo profundo, que el pueblo árabe es congénitamente atrasado.”

No hay nada nuevo en esto. Se aplica a nuestros sentimientos recónditos sobre todo el mundo musulmán. La canciller Angela Merkel de Alemania anuncia que el multiculturalismo no funciona, y un pretendiente a la familia real de Baviera me dijo, no hace tanto tiempo, que hay demasiados turcos en Alemania porque “no quieren ser parte de la sociedad alemana”. Sin embargo, cuando Turquía mismo –lo más cercano a la perfecta mezcla de islamismo y democracia que uno puede encontrar en Medio Oriente ahora mismo– pide unirse a la Unión Europea y compartir nuestra civilización occidental, buscamos desesperadamente cualquier remedio, no importa cuán racista sea, para evitar que sea miembro.

En otras palabras, queremos que sean como nosotros, siempre que se queden aparte. Y luego, cuando prueban que quieren ser como nosotros pero no quieren invadir Europa, hacemos lo que podemos para instalar otro general entrenado en Estados Unidos para que los gobierne. Así como Paul Wolfowitz reaccionó a la negativa del Parlamento turco a permitir que los tropas de Estados Unidos invadieran Irak desde el sur de Turquía preguntando si “los generales no tienen nada que decir sobre esto”, ahora estamos reducidos a escuchar mientras el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, pondera al ejército egipcio por su “restricción”, aparentemente no dándose cuenta de que es el pueblo de Egipto, los que proponen la democracia, los que deberían ser ponderados por su restricción y no violencia y no un montón de brigadieres.

De manera que cuando los árabes quieren dignidad y autorrespeto, cuando gritan por su propio futuro que Obama señaló en su famoso –ahora supongo que infame– discurso en El Cairo, les faltamos el respeto. En lugar de darle la bienvenida a sus exigencias democráticas, los tratamos como si fueran un desastre".

¿Quién será el siguiente?

Leo en The Economist un curioso índice al que denominan el 'índice del lanzador del zapato' (the shoe thrower´s index) que intenta prever quién será el siguiente país de la lista después de la  'revolución de los jazmines' en Túnez y de la revuelta popular contra Mubarak en Egipto. El artículo señala que el descontento es mucho mayor en los países donde existe una mayor represión (citando el caso de Libia, pero también podría mencionarse el de Siria, que le va a la zaga).

Según afirma: "el cuadro es resultado de atribuir una ponderación del 35% para la proporción de la población que tiene menos de 25 años de edad, 15% para el número de años que el gobierno ha estado en el poder, el 15% de la corrupción y la falta de democracia 10% para el PIB por persona, 5% para un índice de la censura y el 5% para el número absoluto de personas menores de 25 años". En el cuadro no aparecen ni Sudán ni los Territorios Ocupados, según señala el artículo, por falta de datos.

Por lo que parece, Yemen, Libia y Siria serían los países que tienen más probabilidades de seguir el camino de las revoluciones. Sin embargo el índice no parece demasiado fiable, porque sitúa a Túnez, el país donde prendió la revolución árabe, en la parte media de la tabla...

jueves, 10 de febrero de 2011

Manifiesto intelectuales árabes

Veo en el portal del Comité de Solidaridad de la Causa Árabe el manifiesto de los intelectuales árabes firmado entre otros por Adonís, Abdellatif Laâbi, Mohammed Berrada,Amin Maalouf, Tahar Ben Jelloun,Joumana Haddad, Anouar Benmalek y Mohammed Tozy.
"Expresamos en primer lugar nuestra inmensa gratitud hacia el pueblo tunecino que ha sido el abanderado de una nueva era de las luces en nuestros países, la del renacimiento ciudadano.

También expresamos con energía nuestro apoyo al pueblo egipcio en su decisivo combate contra la tiranía y por la instauración de la democracia. Nos inclinamos con admiración, respeto y agradecimiento ante aquellos que han dado su vida para que pueda ser realidad entre nosotros el sueño confiscado desde decenas de años, el sueño de las sociedades más justas y humanas, regidas por las reglas del estado de Derecho establecidas universalmente: soberanía popular en la elección de nuestros representantes y gobernantes, separación de poderes, igualdad de todos ante la Ley, redistribución equitativa de la riqueza, erradicación de la corrupción , garantía de las libertades colectivas, incluidas las libertades de opinión y de creencia.

Decimos alto y claro, ningún país árabe puede sustraerse a este movimiento irrefrenable se está dando claramente para terminar por fin con el reinado de la arbitrariedad. La aurora que se ha elevado sobre el Mundo Árabe tiene ahora color de dignidad recobrada y de libertad. En todo lugar los pueblos han pasado a la acción.

Llamamos pues a los intelectuales allá donde se hallen a expresar su solidaridad con las aspiraciones de los pueblos árabes y las del pueblo egipcio en particular en esta fase crítica.

Llamamos a todas las instancias de la Comunidad Internacional y a la ciudadanía de ponerse al lado de los que combaten por la libertad y denunciar la represión salvaje de que son víctimas y a reconocer claramente la legitimidad de las aspiraciones de nuestros pueblos a liberarse del yugo de la opresión y construir la democracia".

miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Es Siria inmune a la democracia?

Mientras las manifestaciones populares en demanda de mayores libertades y del final de los regíemenes autoritarios se extienden por el mundo árabe, Siria parece inmune. La manifestación convocada el pasado sábado día 5 apenas reunión a un pequeño grupo de curiosos que fueron intimidados por los diferentes aparatos de las fuerzas de seguridad y la inteligencia. ¿Acaso no hay motivos para manifestarse en Siria? ¿No han subido los precios de los productos básicos, de la gasolina y la electricidad? ¿La juventud siria tiene empleo y esperanzas? ¿No hay una dictadura militar regda por el Baaz desde 1963? ¿Y qué decir de la república hereditaria creada por Bashar al-Asad a la muerte de su padre Hafez? ¿No es casual que la principa fortuna del país sea la de Rami Majluf, primo hermano del presidente?
La revista Culturas, publicada por la Fundación Tres Culturas de Sevilla, publicó hace unos meses un número especial dedicado por completo a Siria que ya puede descargarse gratuitamente desde su web. Se trata del primer intento desde una institución española de trazar un mapa comprensivo de la realidad siria desde el punto de vista político, económico, social y cultural. En.él toman parte destacados especialistas entre los que se cuentan Radwan Ziadeh, Najib Ghadbian, Sami Moubayed, Rime Allaf, Osama Salti y Fabrice Balanche.

Para comprender la situación actual es indispensable leer el artículo de Rewan Ziadeh, una de las cabezas de la sociedad civil siria. A continuación incluyo algunas de sus reflexiones sobre la primavera democrática vivida hace diez años. Compárense las reivindicaciones sirias de aquel entonces con las egipcias de hoy en día.

"El 27 de septiembre de 2000, un grupo de intelectuales dio a conocer su primer “Manifiesto de los 99”. Este comunicado urgía a las autoridades a suprimir el estado de emergencia y la ley marcial aplicados desde 1963, promulgar una amnistía general para todos los presos políticos, facilitar el retorno de los exiliados, el establecimiento del Estado de derecho, garantizar la libertad general y reconocer el pluralismo político e intelectual, así como la libertad de asociación, la libertad de prensa y la libertad de expresión. El comunicado lo firmaron varias figuras importantes de la arena intelectual siria como Antoine Maqdisi, Burhan Ghaliun, Sadeq Jalal al-Azem, Tayeb Tizini, así como varios cineastas y reconocidos abogados.

El acontecimiento atrajo la atención de los medios de comunicación árabes e internacionales, que lo describieron como “el primer grito por la libertad de Siria”. Para los intelectuales este comunicado supuso un ansiado despertar: la recuperación de su poder simbólico en el imaginario colectivo. El comunicado describía a la élite intelectual como la encargada de expresar la conciencia popular, guiándola hacia la libertad y la justicia.

La reacción de las autoridades fue muy positiva considerando los estándares sirios. Ninguno de los que firmaron el manifiesto fue presionado por los servicios de seguridad, hecho bastante habitual en el país debido a su infiltración en la vida cotidiana de los ciudadanos. Más bien sucedió lo contrario: el presidente Bashar al-Asad respondió liberando a 600 presos políticos en octubre de 2000 y la prensa oficial fue la primera en hacerse eco de la noticia en sus portadas. Esto representaba el primer reconocimiento oficial de la existencia de “prisioneros políticos”, en lugar de referirse a ellos usando el término “delincuentes”, después de que las autoridades negasen continuamente su existencia y de que los consideraran reos después de haber cumplido su condena.

En septiembre de 2000, el parlamentario Riad Seif anunció la creación de un Foro para el Diálogo Nacional, compuesto por catorce miembros. Algunos de estos miembros combinaban sus actividades en el Consejo del Comité para el Resurgimiento de la Sociedad Civil con su participación en el Comité del Foro para el Diálogo Nacional. Estos acontecimientos estimularon los movimientos sociales y políticos, sobre todo los de los intelectuales, que vieron una oportunidad para ejercer más presión para que se llevasen a cabo las reformas políticas que asegurasen una protección real que no estuviera basada en el principio de dar luz verde o en la política de mirar hacia otro lado. El Foro Cultural para los Derechos Humanos y el Foro de Yamal al-Atassi para el Diálogo Democrático se establecieron el 13 de enero de 2001. Varios intelectuales se agruparon para crear el Consejo del Comité para el Resurgimiento de la Sociedad Civil, compuesto inicialmente por 20 miembros.

Más tarde este número se redujo a 14 miembros que se reunían regularmente y llevaron a cabo la recogida de firmas necesaria para el “Manifiesto de los Mil”, que analizaba de modo crítico el periodo entre la llegada al poder del partido Baaz el 8 de marzo de 1963 y el inicio de la presidencia de Hafez al-Asad en noviembre de 1970

El 31 de enero de 2001, Riad Seif volvió a anunciar en el Foro para el Diálogo la creación de un nuevo partido llamado Movimiento para la Paz Social, solicitando su existencia fuera del FNP. El vicepresidente Abdelhalim Jaddam lo consideró un llamamiento a la disgregación de Siria y esta acusación acabó sirviendo para acelerar el comienzo de la represión de los foros. Parece ser que todos estos pasos estaban orquestados e ideados por parte del régimen. Si observamos cómo se realizó la transferencia de poder, nos damos cuenta que todo era simulado, a través de la creación de nuevas políticas por parte de las élites políticas, militares y de los servicios de seguridad. Las autoridades anunciaron ciertas condiciones para regular, o mejor dicho, para contener las actividades de estos foros.

Para poder conseguir la autorización oficial, se ordenó a las personas que se encargaban de organizar dichas reuniones que proporcionasen el nombre de los conferenciantes y de los participantes, así como que presentasen el material que se iba a usar en cada conferencia con quince días de antelación. Esto supuso un alto en las actividades a manos del aparato de seguridad del Ministerio del Interior. Esto coincidió con una campaña de la Dirección Regional del Baaz contra los intelectuales acusándolos de estar al servicio de intereses extranjeros. Incluso algunos miembros de la Dirección Regional recorrieron las provincias alzando la voz de alarma ante el mismo concepto de “sociedad civil”. Esto hizo que muchos foros anunciasen la suspensión de sus actividades, excepto el Foro para el Diálogo Democrático de Yamal al-Atassi. El fin de la Primavera de Damasco –término que había acuñado Riad Seif en una entrevista concedida a la agencia France Press en febrero de 2001– no se hizo esperar."
. El “Manifiesto de los Mil” fue muy controvertido, tal como pusieron en evidencia las declaraciones ultraconservadoras de algunas figuras como el ministro de Defensa, Mustafa Tlas, y el de Comunicaciones, Mohammed Omran, entre otros. El Manifiesto fue duramente criticado en las portadas de la prensa oficial.

martes, 8 de febrero de 2011

Egipto: desestabilización organizada

Leo en el blog de Alain Gresh, vicedirector de Le Monde Diplomatique, una información que me llena de perplejidad. Según informa la cadena televisiva Al-Arabiya, el ex ministro de Interior egipcio Habib al-Adly podría haber organizado el atentado contra una iglesia copta de Alejandría del pasado 31 de diciembre pasado con la intención de enfrentar a musulmanes y coptos y presentar al régimen como muro de contención al yihadismo. Debe recordarse que el atentado provocó 21 víctimas y 79 heridos.
La información señala "según fuentes diplomáticas británicas, el antiguo ministro de Interior ha establecido una organización dirigida por 22 oficiales que emplea a antiguos radicales islamistas, traficantes de drogas y elementos de los cuerpos de seguridad para cometer actos de sabotaje en el caso de que el régimen se encuentre en dificultades". Gresh considera que la estrategia de Mubarak, secundada por su segundo Omar Suleiman, consiste ahora en dividir a la oposición y ganar tiempo hasta que las manifestaciones populares pierdan fuelle. Mubarak conservaría así la presidencia hasta las elecciones de septiembre, permitiendo a Suleiman consolidarse como hombre fuerte del régimen.

Por su parte, Human Rights Watch ha publicado un informe que considera que el número de muertes hasta la fecha se acerca a los 300 y que muchas más podrían haber sido torturados. De hecho, HRW considera que la perduración del estado de emergencia desde 1981 está detrás de la impunidad que disfrutan las fuerzas de seguridad ante las continuas violaciones de los derechos humanos. De hecho considera que fue la absolución de los policías que asesinaron a un joven de 28 años, llamado Jaled Said, en las calles de Alejandría el detonante de las concentraciones en la plaza de Tahrir el pasado 25 de enero.
A contianuación incluyo algunos extractos del mencionado informe:
 
"Human Rights Watch observó que los agentes encargados de hacer cumplir la ley utilizan habitual y deliberadamente la tortura y el maltrato (tanto con delincuentes comunes como con disidentes políticos y detenidos por razones de seguridad) para coaccionar confesiones, extraer otra información o simplemente para castigar a los detenidos. Ahmad Abd al-Mo’ez Basha, un conductor de 22 años de Imbaba, Cairo, contó Human Rights Watch cómo los agentes le arrestaron en su casa en julio de 2010:

Me llevaron a la comisaría de Imbaba y me dejaron solo en una habitación. Dos agentes vinieron y me dijeron que confesara. Les pregunté: “¿Qué?” Respondieron: “Confiesa el robo”. El jefe de la unidad de investigación criminal dijo: “Denle hasta que confiese”. Me esposaron las manos por delante y me dejaron colgado de la puerta durante más de dos horas. Tenían fustas y me azotaron en las piernas, en la planta de los pies y en la espalda. Cuando me bajaron, trajeron un dispositivo eléctrico negro y me aplicaron electrochoques en los brazos cuatro o cinco veces hasta que empezaron a fumar. Durante todo este tiempo me repetían: “Tienes que confesar”. A la mañana siguiente, me golpearon de nuevo y me azotaron con un cable en la espalda y los hombros. Me desmayé después de tres horas de maltrato".

lunes, 7 de febrero de 2011

¿Es posible un contagio?

Más sobre las revueltas en Egipto y Túnez. Siguiendo con mi memorando de la Fundación Alternativas...

La posibilidad de un contagio de las manifestaciones de descontento popular en el conjunto árabe es la más previsible. Aunque no tienen por qué tener la misma intensidad ni tampoco harán tambalearse a todos los gobiernos, lo cierto es que la gran mayoría de ellos se verán obligados a modificar sus pautas de comportamiento y a ofrecer reformas reales tanto en el plano económico como político, como ya se han comprometido a hacer el presidente sirio Bashar al-Asad y el rey Abdallah II de Jordania.

El eventual efecto dominó se acentuaría con la caída de Mubarak dado que, mientras Túnez tiene una posición periférica en el Magreb, Egipto es el centro de gravedad del mundo árabe. En los últimos dos siglos, Egipto ha jugado un papel central, siendo motor de las grandes transformaciones políticas, sociales y culturales que, más tarde o más temprano, han acabado por llegar al resto de países árabes.

Por el momento, las manifestaciones han tenido especial incidencia en Yemen, Egipto y Túnez, repúblicas gobernadas por Saleh, Mubarak y Ben Ali desde 1978, 1981 y 1987, respectivamente. Otro tanto ocurre en países como Argelia, donde los militares siguen controlando buena parte de los recursos del Estado bajo la presidencia de Bouteflika, que ya fuera ministro de Asuntos Exteriores en 1963; Libia, dirigida por Gadafi desde 1968, o Siria, gobernada por los Asad desde 1970. Igualmente la Autoridad Palestina, fuertemente cuestionada por el fracaso del proceso de paz, es dirigida por una gerontocracia vinculada a la OLP.
 
No puede descartarse que las monarquías árabes sigan una evolución similar, a pesar de que algunos de sus reyes apenas llevan una década en el trono: Muhamad VI de Marruecos, Abdallah II de Jordania y Abdallah de Arabia Saudí llegaron al poder, respectivamente, en 1999, 2000 y 2005. En los dos primeros países, el malestar de la población es evidente y la sociedad reclama mayores libertades, pero también ayudas económicas para hacer frente al encarecimiento del coste de la vida. Ambos cuentan con cierto pluralismo político y celebran habitualmente elecciones semicompetitivas, pero las monarquías disponen de amplísimas prerrogativas en los ámbitos legislativo, ejecutivo y judicial. Por eso las demandas se centran en la necesidad de instaurar monarquías constitucionales y de limitar los poderes reales. El caso de Arabia Saudí es más complejo, puesto que los partidos políticos y los sindicatos están estrictamente prohibidos no existiendo en la práctica canales para movilizar a la población.

Probablemente la mayor incógnita de esta ola democratizadora es saber el calado de las reformas que se adoptarán en aquellos países que sean bañados por ella. ¿Qué pasos dará Túnez y el resto de países que sigan su estela en esta fase de transición? La formación de gobiernos de unidad nacional, la legalización de los partidos, la derogación de las leyes de emergencia, la liberación de los presos políticos, el retorno de los disidentes del exilio y la celebración de elecciones son pasos en la buena dirección, pero no suficientes. En este proceso constituyente, en el que deberían participar todas las fuerzas políticas sin exclusión alguna, deben derogarse las actuales constituciones y reemplazarse por otras realmente constitucionalistas.

Si bien es cierto que las manifestaciones fueron dirigidas por la juventud laica, lo cierto es que las formaciones islamistas tendrán un papel relevante si finalmente toman parte en las elecciones. Ello no debería implicar, ni mucho menos, una evolución a la iraní. Pese a que el Islam político suele ser descrito como estático e inmutable, lo cierto es que está en permanente movimiento y tiene una gran capacidad de adaptación, como demuestra el caso del AKP turco. En las últimas décadas, los Hermanos Musulmanes han recorrido un largo camino aceptando el pluralismo de las sociedades árabes y renunciando a imponer por la fuerza su programa. Tras el estallido popular han coordinado su acción con el resto de la oposición evitando asumir un mayor protagonismo. Por último han mostrado su disposición a respetar los acuerdos internacionales firmados por Egipto, en una clara referencia al tratado de paz con Israel.

El proceso constituyente no debería basarse en políticas de tierra quemada, ya que tendría efectos desastrosos como ha demostrado la experiencia iraquí (ilegalización del Baaz y disolución de las Fuerzas Armadas). Más bien se trataría de sumar a quienes converjan en la necesidad de erigir una verdadera democracia y, a la vez, desalojar del poder a aquellas elites dirigentes más identificadas con el antiguo régimen. La tarea no será, ni mucho menos, sencilla dado que se puede prever una férrea resistencia por ciertos sectores que intentarán dinamitar el proceso de transición o, por el contrario, pilotarlo para conservar su posición hegemónica.

jueves, 3 de febrero de 2011

La UE ante la crisis egipcia

Sobre la crisis en Egipto, he publicado un memorando en el Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas con el título: "La revolución democrática árabe: el nuevo rol de la UE". Lo que siguen son algunos extractos en torno al papel de la UE:

"La comunidad internacional no ha estado a la altura de las circunstancias. El silencio de la mayoría de los países europeos ante la represión de las manifestaciones pacíficas ha sido esclarecedor y ha reforzado la imagen de una UE con un doble discurso que, por una parte, echa mano a la retórica de la democracia y los derechos humanos cuando le conviene y, por la otra, se alinea con las dictaduras que oprimen a sus pueblos con el pretexto de que sirven de muro de contención al radicalismo islámico. Dicha posición contradice los valores europeos, pero también el Tratado de Lisboa, que demanda que la acción exterior europea se base “en los principios que inspiraron su creación”, entre ellos los que se cuenta la universalidad de los derechos humanos.

Como resultado de esta actitud, la credibilidad de la UE podría quedar erosionada en el Magreb y Oriente Medio y, probablemente, tardará mucho en recuperarse a tenor de los posicionamientos de los responsables de su política exterior, que han ido en esta ocasión a remolque de la posición norteamericana. Por el contrario, la Administración de Obama ha sido capaz de adaptarse con rapidez a la nueva coyuntura: mientras Francia ofrecía asesoramiento para acallar la ‘revolución de los jazmines’, EEUU presionaba a los militares para que no sofocasen por la fuerza las manifestaciones.

También en Egipto, EEUU ha dado las pautas a seguir al demandar “una transición ordenada de poder” y “unas elecciones libres y justas”. Sólo entonces, la UE ha reaccionado. Catherine Ashton manifestó que “la UE está a favor de una transición ordenada y de que se reconozcan las aspiraciones legítimas del pueblo egipcio”. Tras siete ‘días de la ira’, el Consejo de Ministros de Exteriores europeos reclamó, a su vez, “un diálogo serio y amplio con todas las fuerzas políticas” para abrir un proceso de “transición ordenada basada en un gobierno de amplia base que cree las condiciones para unas elecciones libres y limpias”.

Como debería saber la comunidad internacional, la posibilidad de que los actuales dirigentes árabes emprendan reformas de calado es limitada y, si lo hacen, no irán demasiado lejos dentro del marco autoritario actual, tal y como ocurriera con la primavera democrática registrada en la década de los ochenta que se cerró tan pronto como se aligeró la presión internacional. Desde el golpe militar de 1952 no se han celebrado ningunas elecciones libres en Egipto, por lo que lo máximo que cabría esperar del régimen es que ofreciese una mayor presencia de la oposición en el Parlamento.

La actitud de la UE en las próximas semanas será central para determinar su relación futura con el mundo árabe. Si no quiere perder el tren, será imprescindible que Europa pierda el miedo a los islamistas, que en estos últimos veinte años se han distanciando de sus reivindicaciones maximalistas para aceptar la pluralidad de las sociedades árabes, aunque es evidente que todavía les queda un largo camino por recorrer. De ninguna manera puede volver a repetirse el boicot europeo ante la victoria del FIS y de Hamas en las elecciones argelinas de 1990 y palestinas de 2006.

El mundo árabe está derribando ahora su propio muro de Berlín y librando una singular batalla por la implantación de la democracia. Los países occidentales deben elegir en que lado quiere estar: en el de las dictaduras autoritarias sin legitimidad popular o en el de los emergentes regímenes democráticos que empiezan ahora a configurarse, a pesar de las muchas incógnitas que genere el proceso de transición que ahora arranca.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Adiós, Mubarak

Esta mañana aparece en el diario El Correo mi artículo 'Adiós, Mubarak':

"El pueblo árabe ha tomado las riendas de su destino en sus propias manos. Esta es, al menos, la primera lectura que puede hacerse de las multitudinarias manifestaciones que recorren el mundo árabe y que en el caso tunecino ya han logrado desalojar del poder al dictador Ben Ali. En Egipto, Mubarak vive lo que parecen ser sus últimas horas en la presidencia, cada vez más cuestionado por las movilizaciones populares que exigen una reforma política en profundidad. En Yemen, la posición de Saleh está cada vez más erosionada y no sería de extrañar que las revueltas se extendieran al resto del territorio árabe, especialmente si Egipto cae, como todo parece presagiar. Debe tenerse en cuenta que mientras Túnez ocupaba una posición periférica, Egipto tiene un papel central, ya que es puente de comunicación entre el Magreb y el Mashreq y siempre ha sido motor de las grandes transformaciones políticas, sociales y culturales que han acabado por llegar, más tarde o más temprano, al resto del mundo árabe.

El malestar árabe nace de situaciones similares, aunque no idénticas. Regímenes autocráticos que se perpetúan desde la noche de los tiempos, una gerontocracia desconectada de la realidad que se aferra al poder, maneras y costumbres dictatoriales que se han acentuado con el paso de los años, una democracia de fachada que ha devenido en un sistema pluralista autoritario, una prolongada persecución de toda disidencia política y una sistemática vulneración de las libertades fundamentales. En definitiva, un fuerte déficit de legitimidad popular de los gobernantes que intenta ser contrarrestado con una sobreactuación de su aparato coercitivo.

Esta radiografía quedaría incompleta si no aludiésemos al deterioro económico experimentado en las dos últimas décadas. En primer lugar, por un Estado benefactor en el pasado incapaz de hacer frente ahora a las crecientes necesidades de la población y, en particular, a la incorporación al mercado laboral de una nueva generación, la más instruida y formada en la reciente historia de estos países. En segundo lugar, por una desigual repartición de la riqueza, ya que el fuerte crecimiento experimentado en los últimos años tan sólo ha beneficiado a un reducido grupo próximo al poder, mientras que las condiciones de vida del grueso de la población han experimentado un fuerte retroceso, como evidencia que cerca del 45% de la población egipcia viva bajo el umbral de la pobreza con menos de dos dólares por día. El alza de los precios de los productos de la cesta diaria ha sido la gota que ha colmado el vaso.

El estallido democrático que vive el mundo árabe ha servido, además, para mostrar la irrupción de nuevos actores políticos. Tanto la oposición laica como los grupos islamistas han ido a rebufo de la población y, en particular, de los jóvenes, que han asumido el peso central de las revueltas. Los días de la ira, como se han denominado las manifestaciones que recorren El Cairo, Alejandría, Ismailiya o Suez, han sido convocados por una juventud desencantada que no tiene nada que perder y que, siguiendo el ejemplo tunecino, ha perdido el miedo al régimen y a su aparato represivo.

Son, en su gran mayoría, jóvenes licenciados que protestan por la falta de oportunidades, pero también por la ausencia de libertades. Mejor formados que sus padres comprueban que el mercado laboral les cierra las puertas y que, en consecuencia, deben retrasar o renunciar a sus proyectos vitales: tener un empleo, disponer de un hogar, contraer matrimonio o formar una familia. Esta ausencia de perspectivas es acompañada por una opresiva situación política, dado que la elite gobernante no está dispuesta a compartir el poder ni, mucho menos, a ceder el testigo. La intifada árabe, y esto es extraordinariamente novedoso, no está dirigida por islamistas que consideran que 'el islam es la solución', sino por jóvenes laicos que demandan un cambio real y el final de la época de Mubarak.

Se quiebra, así, el paradigma de que mundo árabe y democracia son irreconciliables por el carácter autoritario del islam. Durante años se ha debatido en los medios académicos si era posible el nacimiento de una sociedad civil árabe. Aquí está la respuesta. No hay nada en las sociedades islámicas que las haga incompatibles con la democracia, los derechos humanos, la justicia social, la cultura de la paz o la gestión pacífica de los conflictos, como ciertos apóstoles del culturalismo, entre ellos Bernard Lewis o Fuad Ajami, se empeñaban en afirmar. Las multitudinarias manifestaciones registradas en Egipto nos demuestran que el pueblo está hambriento de libertades y que no cesará en su empeño hasta liberarse de sus ataduras.

Lo que se persigue es, en definitiva, un cambio sistémico. De ahí que la designación del jefe de los servicios secretos, Omar Suleiman, como vicepresidente, y del general Ahmad Shafiq como primer ministro no haya contribuido a calmar los ánimos, ya que ha sido interpretada como un intento de blindar el régimen y, sobre todo, de mantener la posición hegemónica del estamento militar. No nos debe extrañar, por lo tanto, que Mohamed el-Baradei, que ha asumido la dirección de la revuelta, exija la salida inmediata de Mubarak del país, la creación de un gobierno de salvación nacional (que cuente con la presencia de los Hermanos Musulmanes y el resto de los grupos opositores), la disolución de la Asamblea del Pueblo controlada por el oficialista Partido Nacional Democrático y la derogación de la ley de emergencia vigente desde 1981. Sin la satisfacción de estas demandas, la revuelta no se detendrá.

martes, 1 de febrero de 2011

Egipto: golpe militar encubierto

La cadena de televisión qatarí Al-Yazira menciona la posibilidad de que el Ejército egipcio esté moviendo sus fichas para evitar quedar descolocado en el escenario post-Mubarak. La información, que remite a fuentes americanas, incluso menciona la posibilidad de que los militares lleven a cabo en las próximas horas un golpe militar encubierto.

El artículo considera que estamos ante "un golpe militar pacífico urdido por los generales del ejército" con la intención de preservar el régimen con la salida amistosa del actual presidente Hosni Mubarak. El informe señala que las manifestaciones multitudinarias no tienen precedente en Egipto y que Mubarak se ha convertido en una carga para los que pretenden mantener a toda costa el régimen. El rais Mubarak habría informado a sus generales más próximos que, tras tres décadas en la presidencia, no tiene la intención de abandonar el poder como si fuera un delicuente y también les habría manifestado su voluntad de mantenerse en el cargo hasta que la situación se tranquilice.

La elite militar considera que la caída de Mubarak podría colocarles en una situación complicada, ya que por primera vez desde el golpe de los Oficiales Libres en 1952 se verían obligados a pasar a un segundo plano renunciando a su posición hegemónica actual. Por ello los militares son partidarios de una sucesión ordenada en la que Mubarak delegaria en algún hombre fuerte del Ejército (ya sea el actual vicepresidente y jefe de los servicios secretos Omar Suleiman, el jefe del Estado Mayor Sami `Anan o el ministro de Defensa Muhamad Husayn Tantawi).


El reportaje termina preguntándose si los generales tendrán el suficiente margen de maniobra para preparar el terreno de la dimisión de Mubarak o, por el contrario, se verán sobrepasados por los acontecimientos en el caso de que el clamor popular rechace la sustitución de Mubarak por otro miembro del régimen. El papel de EEUU será determinante, ya que podría acelerar la salida de Mubarak retirándole su apoyo, así como facilitar el ascenso de algunos de sus lugartenientes, todo con la intención de que el cambio en Egipto no implique una sacudida en el conjunto del Oriente Próximo.
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