jueves, 29 de enero de 2015

Entrevista a Ignacio Alvarez-Ossorio, experto en islamismo

El día 28 de enero, el mismo en el que Hezbollah atacó a un convoy militar israelí en las granjas de Sabaa y un soldado español murió como resultado del posterior ataque israelí contra territorio libanés, concedí esta larga entrevista a Informativos.net en la que se pasa repaso la problemática del Oriente Medio tocando el ascenso del yihadismo, la situación en Siria, el problema palestino, la tensión irano-iraquí...Son, nada más y nada menos, que 40 minutos que dan para muchas cosas.

sábado, 24 de enero de 2015

El legado de Abdullah

Tras la muerte del rey Abdullah, los mandatarios occidentales se han apresurado a subrayar su dimensión de estadista y a aplaudir las tímidas reformas que auspició. No podía ser de otra manera si tenemos en cuenta la sólida alianza que esta monarquía absoluta mantiene, desde su creación en 1932, con EE UU y las principales potencias europeas. No obstante, su largo reinado, de casi veinte años si le sumamos los diez años que actuó como regente, ha tenido más sombras que luces.

Arabia Saudí es uno de los principales productores mundiales de petróleo, con 9,5 millones de barriles de petróleo anuales, lo que ha servido para catapultarse como centro de gravedad del mundo árabe. También alberga en sus territorios los lugares sagrados de La Meca y Media, lo que le da también una importante ascendencia sobre el mundo islámico. De hecho, los monarcas saudíes interpretan que el petróleo es una bendición divina y que, en consecuencia, debe emplearse para expandir el Islam, una religión de vocación universal, por todos los confines del mundo.

Fue precisamente el boom petrolífero de la década de los setenta el que posibilitó a Arabia Saudí abandonar la periferia y reafirmar su centralidad en los sistemas árabe e islámico. También le permitió establecer un estado rentista que compró la paz social a cambio de regar con generosas subvenciones al conjunto de la población. Para ello contó con un aliado esencial: el estamento religioso, que vela por la aplicación y el cumplimiento del wahabismo, una corriente extremadamente rigorista del Islam. Este pacto también se ha traducido en el decidido apoyo a la expansión del wahabismo por todos los confines del mundo islámico, lo que ha acentuado las tensiones en muchos países musulmanes que tradicionalmente practicaban un Islam más tolerante, alejado de los rigores de un wahabismo anclado en el pasado que reniega de la modernización.

El boom petrolífero fue seguido del boom demográfico. De hecho, el 65% de la población saudí tiene menos de 30 años y el 50% menos de 15. Este es precisamente uno de los principales retos del nuevo monarca Salman, ya que estos jóvenes tratarán de incorporarse al mercado laboral en el curso de los próximos años y el reino parece incapaz de proveer empleos para todos ellos, lo que podría espolear la frustración y extender el descontento hacia una monarquía inmovilista que ha demostrado su escasa voluntad de introducir reformas de índole política, económica y social.
 Can Saudi Arabia’s New King Manage a Restive Middle East?
Debe tenerse en cuenta que Arabia Saudí sigue restringiendo severamente las libertades públicas y pisoteando los derechos humanos, además de segregar a la mujer, que desde que nace hasta que muere, es considerada una ciudadana de segunda categoría. El reino que ahora loan nuestros mandatarios carece de Constitución y prohíbe los partidos políticos y sindicatos. Además aplica una versión anquilosada de la ‘sharía’ y mantiene la pena de muerte, que tan sólo en los últimos dos años ha acabado con la vida de más de 150 personas, muchas de ellas degolladas. Uno de los sectores que más ha sufrido las arbitrariedades gubernamentales ha sido la minoría chií, que representa un 15% de la población, y que sin embargo carece de libertad de culto.

Tampoco la política exterior saudí ofrece un historial excesivamente positivo. El principal logro de Abdullah, si así pudiéramos denominarlo, ha sido torpedear la denominada Primavera Árabe apagando las voces que reclamaban una democratización de la región. En este sentido, Arabia Saudí capitaneó el frente contrarrevolucionario ya que una eventual democratización del mundo árabe era contemplada como una amenaza existencial. Para impedir el efecto contagio no dudó un instante a la hora de intervenir militarmente cuando Bahréin, uno de sus vecinos, fue alcanzado por la ola revolucionaria. De otra parte financió generosamente a los movimientos ultraconservadores salafistas en un intento de crear un contrapeso a los Hermanos Musulmanes, mucho más proclives a introducir reformas y a transitar el incierto camino de la islamodemocracia. El apoyo saudí al golpe de estado en Egipto mostró a las claras hasta dónde estaba dispuesto a llegar Abdullah para truncar cualquier conato de experiencia reformista.
El otro gran quebradero de cabeza para Abdullah ha sido el progresivo ascenso de Irán, su principal rival en la región. Desde la invasión estadounidense de Irak, Irán no ha dejado de ganar posiciones gracias a su alianza con los regímenes de Bagdad y Damasco. La rivalidad irano-saudí ha incendiado la región provocando una peligrosa intensificación del sectarismo en el golfo Pérsico y Oriente Medio. La lógica del ‘enemigo de mi enemigo es mi amigo’ ha catapultado a grupos radicales como el Estado Islámico o Al Qaeda, que campean a sus anchas por varios países de la zona, tal y como se puede ver hoy en día en Siria, Irak o Yemen.

Si en algo ha tenido éxito Abdullah ha sido en reconducir las relaciones entre Arabia Saudí y EE UU e impedir un choque de trenes que habría amenazado la propia supervivencia de la monarquía. Tras los atentados del 11-S se elevaron numerosas voces críticas que pidieron una revisión de esta alianza contra natura entre dos países que se sitúan en las antípodas en cuanto a su modelo de vida y a sus valores. La loa fúnebre que el presidente Barack Obama ha dedicado al recientemente fallecido monarca muestra a las claras la apuesta de la Administración norteamericana por el mantenimiento de un ‘matrimonio de conveniencia’ que, a pesar de todas sus contradicciones, todavía parece resultar rentable para ambas partes.

jueves, 15 de enero de 2015

Lecturas y reflexiones sobre la masacre de Charlie Hebdo

En los últimos días se han publicado numerosos artículos y reflexiones sobre las implicaciones del atentado contra el semanario Charlie Hebdo y, no lo olvidemos, también contra la masacre en un mercado de comida kosher que provocó también cuatro víctimas judías (en una clara señal de la deriva antisemita del yihadismo).

De todo lo que se ha publicado me quedo con las reflexiones de Olivier Roy en El País ("Una comunidad imaginaria"), Ahmad Rashid en El Mundo ("Un castastrófico error de la inteligencia occidental"), Javier Valenzuela en InfoLibre ("Los yihadistas existen, también los fascistas") y, cómo  no, Santiago Alba Rico en Rebelión ("Lo más peligroso es la islamofobia"). También merecen leerse las reacciones de la prensa árabe al atentado traducidas y recopiladas por la Fundación Al-Fanar. También creo que Fernando Reinares, del Real Instituto Elcano, abordó el tema con lucidez en su intervención en El Intermedio de La Sexta. Todas estas lecturas se contraponen a las de algunos tertulianos pirómanos con escaso conocimiento sobre el mundo árabe o el islam que desinforman más que informan.

Por mi parte he concedido algunas entrevistas. En la entrada de blog reproduzco la aparecida en el diario alicantino Información. También intenté aportar algo de luz sobre el tema, entre otros programas, en El Búho de Radio4G y en Herrera en la Onda de Onda Cero.
https://polop.cpd.ua.es/dossierua/REPOSITORIO/09-01-2015/INFORMACION/Ignacio%20%C3%81lvarez-Ossorio.jpg

viernes, 9 de enero de 2015

Tormenta perfecta

Hoy publico este artículo en el diario vizcaíno El Correo. Aborda el ascenso de la islamofobia en Europa al abrigo de los atentados contra la sede del semanario 'Charlie Hebdo'.
 
Una vez más la historia se repite y la barbarie yihadista ha sido aprovechada para desatar una campaña islamófoba que trata de extender la sombra de la sospecha sobre el conjunto de las comunidades musulmanas en territorio europeo. El execrable atentado contra la sede del seminario satírico francés ‘Charlie Hebdo’ ha dejado doce víctimas, así como un reguero de tinta y comentarios xenófobos en una fatal combinación de generalizaciones, estereotipos y lugares comunes. Todo parece valer: el mundo árabe es puesto como ejemplo de intolerancia, extremismo y radicalismo. Los musulmanes son dibujados como los nuevos bárbaros, aquellos que son incapaces de adaptarse a la modernidad o conciliar sus tradiciones religiosas con los valores democráticos. Nada nuevo bajo el sol: un ‘totum revolutum’ orientado más bien a estigmatizar que a informar.
 
Para empezar, buena parte de nuestros tertulianos y analistas dan por sentado que los terroristas que perpetraron el atentado deben ser considerados como los auténticos representantes del islam, cuando más bien parece todo lo contrario. La mayor parte de los militantes yihadistas de procedencia occidental no se distinguen precisamente por su cultura religiosa y suelen responder a un patrón similar: desarraigo, marginalidad y radicalización. Por esta razón reconocerles como supremos portavoces del Islam es hacer un flaco favor a la verdad y, sobre todo, darles una preeminencia de la que carecen en sus propias comunidades. ¿Hasta qué punto pueden considerarse representativos los grupos yihadistas, que apenas cuentan con unos miles de militantes, de una religión que comulgan 1.600 millones de personas, la inmensa mayoría de una manera completamente pacífica y tolerante? ¿No es caer en la trampa del choque de civilizaciones, terreno en el que se sienten cómodos los extremistas y radicales de ambos bandos? Creo que no es necesario incidir en lo evidente, pero los principales beneficiados por la exacerbación de las tensiones serán, por una parte, el Estado Islámico que ha demostrado por primera vez su capacidad para golpear una capital occidental y, por otra parte, los movimientos populistas europeos que tratan de emplear la islamofobia como trampolín electoral.
Para comprender el enésimo episodio de violencia yihadista debemos contextualizarlo de manera adecuada y, sobre todo, tratar de desentrañar sus motivaciones. El atentado es tanto un ataque contra la libertad de expresión como un castigo contra Francia por su participación en la coalición internacional contra el Estado Islámico. ¿Puede acaso ignorarse el hecho, como se ha hecho de manera sistemática, que los dos supuestos responsables del atentado han combatido en Siria en las filas del movimiento yihadista y anteriormente formaron parte del aparato de captación de combatientes para Irak? Como no nos hemos cansado de repetir algunos especialistas en la materia, la pasividad de la comunidad occidental ante el baño de sangre en estos países no tardaría en salpicarnos. Por ahora la respuesta de la comunidad internacional se ha limitado a la dimensión contraterrorista, intentando evitar que el Estado Islámico siga extendiendo sus tentáculos en Oriente Medio. Este posicionamiento es del todo insuficiente, ya que en nada contribuye a resolver la crisis siria que ha provocado la muerte de 300.000 personas y la huida de otros 11 millones de sus hogares, la mayor catástrofe humanitaria registra en Oriente Medio desde hace varias décadas. Si algo evidencia el atentado de París es que no podemos seguir mirando hacia otro lado mientras Siria se hunde en el abismo.
 
Otro lugar común viene a ser criticar el supuesto silencio de las autoridades religiosas musulmanas ante el terrorismo yihadista. Pues bien: las condenas contra el ataque a la sede de ‘Charlie Habdo’ han sido generalizadas y unánimes, aunque algunos no parezcan demasiado interesados en airearlas porque cuestionan sus juicios apriorísticos. La Universidad del Azhar, la más alta autoridad religiosa del Islam sunní, ha criticado con dureza el atentado, al igual que cientos de ulemas que gozan de gran predicamento en el mundo árabe. El tunecino Rachid Ganuchi, líder del partido Ennahda y uno de los principales pensadores reformistas musulmanes, indicó: “Condenamos con la mayor firmeza estos actos terroristas, a sus autores y sus instigadores, y a todos quienes los apoyan". Dalil Boubakeur, presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán, condenó sin tapujos el atentado afirmando: "Un crimen es un crimen y es inútil ver en ello una connotación religiosa, y quiero denunciar cualquier intento de vincularlo a mi religión, mis correligionarios y el Islam de Francia”. En nuestro país, la Comisión Islámica de España, ha expresado “su total condena a los atentados de París” y “su firme rechazo y condena al terrorismo y a la violencia en todas sus formas” denunciando que “los autores de los atentados no representan ni el Islam ni a la comunidad musulmana”. Por su parte, Mohammad Escudero, vicepresidente de la Junta Islámica de España, no ha tenido reparo para señalar “quien perpetra este tipo de acciones queda fuera del Islam”. ¿No son suficientemente explícitas estas condenas? Parece que no para quienes tratan de rentabilizar la situación en su propio beneficio. Ya sabemos que en aguas revueltas, ganancia de pescadores.

jueves, 8 de enero de 2015

París, capital del dolor

Ayer un comando yihadista asesinó a doce personas en París: diez de ellos miembros de la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo. Hoy publico este artículo en el diario El País: "París,capital del dolor". En el título he querido homenajear al poeta surrealista Paul Éluard para recordar que la cultura siempre acaba por imponerse a la barbarie.

"Los peores presagios se han cumplido. El pasado 22 de septiembre, el portavoz del Estado Islámico reclamó a sus simpatizantes en los países occidentales que atacaran a los infieles americanos y europeos, ya fueran civiles o militares, por cualquier medio posible. Abu Muhammad Al Adnani hizo especial hincapié en la necesidad de atentar contra “los sucios franceses” por su activa implicación en la coalición internacional que, desde agosto, golpea implacablemente los principales bastiones yihadistas. Esta no era la primera vez que se situaba a Francia en el punto de mira, ya que en 2006 Al Qaeda había amenazado de muerte a los responsables del semanario satírico francés Charlie Hebdo por publicar unas controvertidas caricaturas de Mahoma en las que se le tachaba de terrorista. Aunque pueda parecer demasiado pronto para establecer conclusiones sobre las motivaciones de los atacantes, no parece excesivamente descabellado ver una conexión directa entre ambos acontecimientos.

En el curso de las últimas semanas, Francia ha sido testigo de una serie de atentados de diversa índole que han evidenciado que nuestro vecino se ha convertido en un objetivo prioritario para los grupos yihadistas. La principal novedad, a nuestro entender, reside en que la acción no es obra de un lobo solitario que actúa a la desesperada y sin preparación, sino que parece más bien el resultado de una operación cuidadosamente planificada perpetrada por un grupo que al menos cuenta con formación militar y, quizás, con experiencia de combate. De confirmarse esta hipótesis, los responsables del atentado podrían haberse curtido en algunos de los frentes que el yihadismo internacional tiene abiertos, ya sea en la zona del Sahel o en el frente sirio-iraquí.

Los servicios de inteligencia europeos han advertido una y otra vez de un posible retorno de yihadistas del frente de batalla y de la creación de células durmientes que podrían activarse cuando la situación lo requiriese. En este sentido cabe señalar que Francia es el país que más yihadistas ha exportado a Oriente Próximo en el curso de los últimos años y que este fenómeno se ha intensificado tras la proclamación de un califato islámico en la zona fronteriza sirio-iraquí el pasado mes de julio. Al menos una tercera parte de los 2.500 combatientes europeos en las huestes del Estado Islámico proceden de nuestro vecino, hecho que desde hace mucho tiempo hizo saltar todas las señales de alarma. También España ha aportado un centenar de islamistas radicales, un número excepcional limitado sobre todo si lo comparamos con otros países de nuestro entorno.
 
El hecho de que el Gobierno de Hollande decidiera asumir un papel protagonista en la coalición internacional formada para combatir a las huestes de Abu Baker Al Bagdadi parece haberle situado en la diana del movimiento yihadista. Debe tenerse en cuenta que la ofensiva internacional ha pasado una elevada factura sobre el Estado Islámico, que se encuentra en una posición defensiva tanto en Siria como en Irak y que está sometido a una guerra de agotamiento que ya se ha traducido en las primeras deserciones en masa de sus filas. Una muestra de este enquistamiento lo encontramos en Kobane, posición que viene siendo defendida de manera numantina por los peshmergas kurdos desde el mes de septiembre. No por casualidad, Francia es uno de los principales sustentos militares de los kurdos que combaten sobre el terreno a la formación yihadista.
 
Francia no sólo está en la mirilla del Estado Islámico, sino también de Al Qaeda, grupo que imperiosamente necesita un golpe de efecto para recuperar el terreno perdido desde la muerte de Bin Laden. Desde entonces, su liderazgo del movimiento yihadista transnacional viene siendo contestado por diversos actores. La instauración de un califato el pasado verano vendría a suponer un tiro de gracia para el movimiento. Un atentado de gran envergadura en territorio cruzado le permitiría recuperar el protagonismo perdido y, sobre todo, demostraría a sus simpatizantes que todavía está viva y cuenta con capacidad operativa a pesar de los diversos reveses que ha sufrido desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. Al mismo tiempo le reafirmaría en su estrategia de “golpear al enemigo lejano” basada en atacar a los países occidentales que gozan de mayor presencia y tienen mayores intereses en el mundo árabe, entre los que figura Francia. Tampoco debería descartarse por completo que los autores actuaran de manera independiente como una franquicia yihadista, un modus operandi similar al de los responsables de los atentados de Atocha el 11 de marzo de 2004.

Por último no debe pasarse por alto que, además de causar daño y extender el terror, los yihadistas también pretenden polarizar a las sociedades occidentales y tensar la convivencia con las comunidades musulmanes que acogen. El atentado llega en un momento delicado, puesto que en varios países europeos (entre ellos Alemania, Suecia, Holanda y Francia) se ha experimentado un avance de los movimientos xenófobos que arremeten contra la creciente inmigración musulmana y que gozan cada vez de mayor predicamento. En el ánimo de los yihadistas también está provocar un choque de trenes que se traduzca en un aumento de la islamofobia. El escenario de cuanto peor mejor sería la mayor recompensa para los grupos yihadistas".