viernes, 29 de noviembre de 2013

La sociedad civil en el Norte de África

Icaria Editorial acaba de publicar el libro Sociedad civil y transiciones en el Norte de África, editado por Encuentro Civil EuroMediterráneo. Contiene informes-país sobre Egipto, Marruecos, Túnez y Argelia y podrá descargarse de manera gratuita en formato pdf en mi perfil de academia.edu. En él escriben Awatif Ketiti, Erika Cerrolaza y Jesús García-Luengos. Laurence Thieux, además de haber coordinado todo el proyecto, redacta las conclusiones.
 
Mi artículo se dedica a "La sociedad civil egipcia tras la Primavera Árabe". A continuación os incluyo el prólogo de mi artículo recomendando la lectura del libro en su conjunto.
 
"En los dos últimos años y medio, Egipto ha experimentado radicales transformaciones en el ámbito sociopolítico. La Revolución del 25 de Enero de 2011 provocó la caída del presidente Hosni Mubarak y el inicio de una confusa fase de transición repleta de altibajos que situó al Partido de la Justicia y la Libertad (PJL), marca política de los Hermanos Musulmanes (HHMM), al frente del aparato legislativo (tanto la Asamblea Constituyente como la Asamblea Consultiva) y ejecutivo. El 3 de julio de 2013, el presidente Mohamed Morsi fue derrocado por un golpe militar que contó con un amplio respaldo social y político.

Aunque las organizaciones de la sociedad civil (OSC) no jugaron un papel central en las movilizaciones antiautoritarias, sí que las acompañaron y las secundaron. Probablemente su papel ha sido mayor del reconocido hasta el momento, ya que en el curso de las últimas tres décadas han desarrollado una labor imprescindible al denunciar las prácticas autoritarias de Mubarak y defender las libertades públicas. Como afirma Negad El-Borei, exsecretario general del Egyptian Human Rights Organization (EHRO), “ningún martillo, por muy fuerte que sea, puede romper una pieza sólida de roca, pero gotas de agua pueden llegar a erosionarla con el transcurso del tiempo. Hemos trabajado duro durante los últimos 25 años emitiendo declaraciones públicas y formando a miles de jóvenes con el fin de hacer la revolución posible” (El-Borei, 2011).
La activista Nawla Darwiche, directora del New Women Foundation (NWF), coincide en este diagnóstico e interpreta: “Personalmente creo que las organizaciones de derechos jugaron un papel determinante en la preparación de la revolución, porque si observas sus reivindicaciones son exactamente las mismas de dichas organizaciones durante la época de Mubarak. Si hablas de dignidad humana y justicia social es exactamente lo que defendían las organizaciones de derechos humanos, incluidos los derechos sociales y económicos”[1].

La victoria electoral del PJL en las elecciones legislativas de 2011 y presidenciales de 2012 provocó una inusitada concentración de poderes en manos del presidente Mohamed Morsi, especialmente tras el decreto presidencial del 22 de noviembre que le concedió poderes prácticamente absolutos y plena inmunidad. Esta decisión polarizó a la sociedad egipcia y rompió los canales de diálogo que hasta el momento habían mantenido los sectores islamista y secular. Al respecto, Gamal Eid, director de Arabic Network for Human Rights Information (ANHRI), interpretaba que “tras este decreto llegamos a la conclusión que estábamos ante una nueva dictadura que pretendía controlar el gobierno, el Parlamento y la judicatura. Hemos pasado de la dictadura de Mubarak a la del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) y los HHMM”[2].

La creciente polarización de la sociedad egipcia y el progresivo deterioro de la situación económica llevaron al país al borde del colapso. Kamal Abu Eita, diputado por el Partido Karama en la Asamblea Constituyente, resumía esta delicada situación de la siguiente manera: “Mubarak amenazó ‘yo o el caos’, mientras que la máxima de Morsi parece ser ‘yo y el caos’”[3]. Ante esta situación, diversas voces llamaron a una intervención militar para desalojar del poder a los HHMM. El sociólogo Saad Eddin Ibrahim, exdirector de Ibn Khaldun Center for Development Studies, reclamó el retorno de los militares durante un periodo transitorio y la convocatoria de unas nuevas elecciones presidenciales[4], lo que finalmente acontenció el 3 de julio de 2013".

En mi intervención en Casa Árabe hace unas semanas podéis encontrar un resumen de mi trabajo.


[1] Entrevista personal con Nawla Darwiche, 9 de abril de 2013.
[2] Entrevista personal con Gamal Eid, 10 de abril de 2013.
[3] Entrevista personal con Kamal Abu Eita, 10 de abril de 2013.
[4] Al-Youm al-Sabaa, 5/4/2013.

 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Irán gana; los árabes pierden

Otra de las vertientes del pacto entre el G5+1 e Irán en torno a la detención de su programa nuclear es la árabe. En las últimas semanas se ha hablado de que Arabia Saudí estaría intentando torpedear dicho acuerdo. Su temor es que el acercamiento irano-estadounidense enfría las relaciones entre Washington y Riad. Abdel Bari Atwan, director del diario al-Quds al-Arabi, reflexiona sobre este aspecto en su artículo: "Irán el gran beneficiario del acuerdo los árabes son los huérfanos en un convite de avaros". La traducción es de Jalil Sadaka.

"Para valorar el acuerdo nuclear alcanzado la mañana domingo 24 de noviembre, entre Irán y los seis países más importantes del mundo, es necesario observar como lo recibieron en Tel-Aviv y Riad.
Los saudíes tradicionalmente muy comedidos en sus respuestas a los acontecimientos políticos, no han dudo en expresar su insatisfacción por a este acuerdo, evidentemente concuerda con sus intereses, teniendo en cuenta la movilización que llevaron a cabo a lo largo de los ultimo cuatro años para prepararse para afrontar las posibles hostilidades con los iraníes, incluso no dudaron en recurrir a un tema sumamente peligroso como el fomento de las guerras sectarias (...).

De modo que si hablamos de ganadores y perdedores deberíamos reconocer que Irán ha marcado el ritmo de las negociaciones, aprovechando las prisas, sobre todo, de los americanos para alcanzar un acuerdo. Por lo tanto se puede decir que Irán ha sido el vencedor, ya que consiguió el reconocimiento de sus derecho a enriquecer el uranio en si propio territorio, nunca renunció a este derecho, los negociadores occidentales se resistían a conceder.
 
Cabe recordar que la crisis nuclear entre Irán y Occidente que comenzó hace más de diez años, atravesó distintas fases incluso la movilización para la guerra, el motivo inicial era porque Irán decidió el enriquecimiento de uranio en un porcentaje del 5%. Dicho de otro modo la crisis se desencadenó a causa de la insistencia de Irán en defender su derecho a enriquecer este elemento radioactivo y no por el porcentaje. El acuerdo reconoce a Irán este derecho, aunque John Kerry intentó justificar esta asunto en base a que el acuerdo es provisional y que no menciona expresamente el derecho de Irán a enriquecer el uranio, pero cabe señalar que el acuerdo no menciona lo contrario, además el hecho de que sea provisional no lo invalida para nada puesto que todos los acuerdos provisionales acaban convirtiéndose en definitivos
          
 Con el propósito de balance apresurado sobre el acuerdo hay que señalar las siguientes punto:

 1- El acuerdo supone el fin de la enemistad manifiesta entre Irán y occidente que, se prolonga durante los últimos treinta años. Occidente se dispone a reconocer a Irán como una potencia regional, que se necesario repartir con ella la influencia en la región del Oriente Medio.

2- Supone el estrepitoso fracaso de Israel de impedir el derecho de Irán a enriquecer el uranio, por lo tanto el acuerdo supone un avance para Irán y un retroceso para Israel.

3- Irán ha logra un nuevo hito en la historia de las negociaciones, manteniendo su firmeza, soportando todas las formas de presión, jamás renunció a su propias líneas rojas. Aunque hizo ciertas concesiones pero en asuntos marginales.

4- Irán consiguió mantener y asegurar sus instalaciones nucleares, incluso los centrifugaras. Mantiene abiertos los dos caminos más importantes para obtener el plutonio necesario para la fabricación del arma nuclear a saber: las aguas pesadas que se realiza en la central de Arak, y el enriquecimiento del uranio mediante las centrifugadoras en las centrales de Qum y Natanz. Recordemos que la India consiguió la bomba nuclear por el primer método y Paquistán por el segundo. Además Irán dispone del los medios y los científicos que pueden continuar su trabajo en cualquier momento.

5- El acuerdo incluye una clausula que consiste en poner fin de forma paulatina a las sanciones contra Irán, lo que supondría el saneamiento de su economía, y dar un nuevo impulso moral a los iraníes, después de ver el retroceso de sus indicadores macro económicos, como el descenso del valor de su moneda en 60%, la subida del paro alcanzando el 50% entre los jóvenes y la subida de la inflación hasta 50%. El acuerdo tuvo un efecto inmediato sobre la encomia de este país con una acusada bajada de valor del dólar en comparado con el Dirham local. Los especialistas auguran la duplicación del PIB iraní pasando de 480.000 millones a 900.000 millones en pocos años.

Los árabes, sobre todo los petromonarquías del Golfo, serán los mayores perdedores. No solo por haber sido abandonados por Occidente después haberles desvalijado mediante la venta de armas por valor 130.000 millones de dólares, agitando el fantasma de supuesto peligro iraní, sino después de haberles puesto al borde de la guerra o el estallido sociales, consecuencia de la agitación del sectarismo entre Chiíes y Suníes (...)".

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Miniacuerdo con Irán

Siempre es gratificante volver a leer una de las incisivas reflexiones de Jordi Pérez Colomé en su blog Obama World. En esta ocasión se detiene en la, sin duda alguna, ha sido la noticia de la semana: el acuerdo entre el G5+1 sobre la congelación de su programa nuclear: "Obama sólo tiene un miniacuerdo con Irán".

"Irán ha aceptado detener su programa nuclear. “Detener” se parece más a “ralentizar” que a “eliminar” o “desmantelar”. El acuerdo es solo para seis meses. Ahora viene lo difícil: conseguir un acuerdo permanente. A cambio de esta cesión, Irán obtiene un pequeño alivio con las sanciones. A pesar de ser un miniacuerdo, es importante. El mérito del logro se veía en las caras y gestos de los ministros de Exteriores de Irán, los cinco miembros del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China), más Alemania y la representante de Exteriores de la Unión Europea, Catherine Ashton.
 
Las grandes cesiones de Irán para este periodo son dos: Irán diluirá su uranio enriquecido al 20 por ciento -más cerca del nivel que se necesita para la bomba-, no enriquecerá a más del 5 por ciento -para conseguir energía nuclear basta con el 3,5 por ciento- y no instalará nuevos centrifugadores. Irán también permitirá acceso “diario” a las plantas principales de Natanz y Fordow, y más frecuente a la planta de Arak, que permitía otro camino -con plutonio- hasta la bomba.
 
A cambio, Estados Unidos y sus aliados no impondrán nuevas sanciones y permitirán que lleguen 7 mil millones de dólares a Irán. En enero de 2013, Irán reconoció que cada mes dejaba de ingresar entre 4 y 8 mil millones de dólares por petróleo. Se calcula que en 2012 habría perdido 26 mil millones. Las consecuencias reales de este acuerdo son diminutas: Irán no avanzará hacia la bomba e Israel no atacará. Todo, además, es reversible: si en estos seis meses no se avanza, Irán podrá en breve ponerse al nivel que tenía. Pero hay otro tipo de consecuencias más etéreas: tiempo y confianza.
 
En treinta años, Irán y Estados Unidos no habían firmado un acuerdo así. (Justo después de la rueda de prensa se ha sabido que diplomáticos de Irán y Estados Unidos preparaban en secreto el camino de este acuerdo desde la primavera bajo los auspicios del sultán de Omán.) Ahora, gracias a una probable mayor confianza mutua, el ambiente debería mejorar. Las negociaciones en los próximos seis meses pueden seguir en un clima más calmado. El tono de las amenazas puede bajar. Todo es un delicado encaje, pero es algo. Estas son las palabras que usa Estados Unidos para describir su relajo de sanciones: “Limitado, temporal, específico y reversible”. No se puede pedir mucho más y, a la vez, es mucho.
Estas son otras claves del miniacuerdo de Obama con Irán:
1. Irán lo necesitaba más. Las sanciones a Irán han funcionado. En 2011 Irán vivía cómodo. Sin la presión de la comunidad internacional dirigida por Estados Unidos, el régimen no hubiera tenido miedo a una revuelta interna por problemas económicos. El temor a más subidas de precios en productos básicos asustó a los ayatolás. El camino del ex presidente Ahmadinejad era peligroso. La presunta elección espontánea de Rohaní allanó una nueva alternativa.
 
2. El presidente de Estados Unidos debe probarlo todo. La elección de Rohaní en Irán tendió la mano. Obama estaba obligado a probar. En su declaración de la madrugada del domingo, Obama reconocía que quienes son escépticos de las intenciones iraníes “tienen buenas razones para serlo”. Pero como presidente debía poner a prueba la voluntad iraní. Si ahora Irán se echa atrás o los inspectores le pillan con trampas, la comunidad internacional tendrá más fuerza para imponer nuevas sanciones u otras acciones. La dureza de la alternativa final -la guerra- obliga a probarlo todo.
La estrategia de Obama es política nacional norteamericana: “Durante casi dos décadas, los presidentes americanos con el apoyo del Congreso han trabajado en un camino de dos vías en Irán: levantar sanciones cada vez más potentes para presionar, combinado con la predisposición de usar la diplomacia cuando fuera oportuno”, escribieron los viejos diplomáticos Brent Scowcroft y Zbigniew Brzezinski. Obama dijo que tenía “una profunda responsabilidad” de probar.
 
3. Israel no está contento. Israel quiere que Irán no tenga un programa nuclear. El peor ejemplo es Corea del Norte. Estados Unidos llegó a un acuerdo similar con los norcoreanos y hoy tienen la bomba. Israel tiene razones para sospechar. Pero no tiene más remedio que presionar a sus aliados -hacer de poli malo- y esperar. Sin Estados Unidos, sus acciones militares serían limitadas.
“El acuerdo no mejora la situación; la congela”, ha dicho el viceministro de Exteriores israelí, Zeev Elkin. La obligación del primer ministro, Bibi Netanyahu, es mantener la presión. Pero Estados Unidos tiene intereses distintos. La colaboración iraní en Siria, por ejemplo, sería bienvenida.
Otro país que, como Israel, está preocupado es Arabia Saudí. El Irán chií es su enemigo eterno; si ahora se acerca a Estados Unidos, varias fichas del tablero se moverán. Para empezar, querrán el arma nuclear. Otros países árabes miran también con recelo.
 
4. La calma será menos tensa. La crónica del New York Times del acuerdo acaba con estas frases:
Para vigilar contra trampas, monitores internacionales podrán visitar la instalación de enriquecimiento de Natanz y la planta subterránea de enriquecimiento de Fordow a diario para comprobar las grabaciones de cámaras instaladas allí.
Pero Irán no aceptó todas las medidas intrusivas de inspección que la Agencia Internacional de Energía Atómica había dicho que serían necesarias para asegurar que el programa iraní es pacífico.
 
Las inspecciones serán diarias -mediante grabaciones-, pero la seguridad completa no existe. En Irán, además, también hay sectores opuestos a toda cesión. El ministro de Exteriores, Javad Zarif, destacó en su tele nacional que Natanz y Fordow no iban a cerrar y que el mismo Irán -y no otro país- iba a diluir el uranio enriquecido al 20 por ciento. Son pequeñas victorias para calmar ánimos internos.
 
La pretensión de eliminar un programa que Irán persigue desde tiempos del sha de Persia es irreal. “Si Irán lo decide, tiene la capacidad técnica, científica e industrial de construir una bomba nuclear desde 2007”, dicen aquí. Es un último recurso de supervivencia para el país. Irán nunca va a destruir la inversión del todo. Esa exigencia puede servir como elemento de negociador: si pides el cielo, tienes más margen para ceder. La calma tensa va a seguir, pero en diplomacia lograr que sea menos tensa ya es un mérito".

martes, 26 de noviembre de 2013

¿Quiénes ganan con el acuerdo nuclear sobre Irán?

Víctor de Currea-Lugo, profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá, reflexiona en las páginas del diario colombiano El Espectador sobre "Los ganadores del acuerdo" nuclear iraní. También es altamente recomendable el editorial de ayer de The New York Times.

"Una buena noticia para (casi) todo el mundo: las potencias mundiales e Irán llegaron a un acuerdo sobre su programa nuclear. La actitud dialogante de Barack Obama, la nueva dinámica internacional de Irán bajo el nuevo gobierno de Hasán Rohaní, la presencia de varias potencias y la búsqueda diplomática de una negociación (no de una rendición), hicieron posible algo impensable incluso hace pocos meses.
 
Obama se anota por primera vez un punto positivo en relación con Oriente Medio, donde no había logrado ir más allá de la retórica, de su fracaso para que la paz entre Israel y Palestina tuviera una oportunidad, su apoyo a los golpistas militares egipcios, su incapacidad de leer el contexto sirio y su torpeza al ofrecer soluciones neoliberales a las revueltas árabes.
 
El presidente Rohaní es el otro ganador. En menos de seis meses de gobierno no sólo ha logrado establecer un diálogo con los Estados Unidos, cuyas relaciones estaban rotas desde hace más de treinta años, sino que logró, en menos de dos meses, un acuerdo que le permite legitimar a Irán como actor internacional y regional, dejar sin argumentos las continuas amenazas israelíes, garantizar una mejoría a la economía iraní (por el esperado fin de las sanciones) y legitimar su liderazgo interno.
Chief negotiator Catherine Ashton and Iran's foreign minister announce agreement on Iran's nuclear program early on Sunday, November 24 in Geneva.
Gana incluso el derecho internacional en la medida en que Irán continúa su programa nuclear sobre la base del Tratado de No Proliferación (TNP), del cual es firmante y el cual lo autoriza a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Gana la diplomacia internacional, pues la resolución de las tensiones por medio del diálogo directo y de tan alto nivel deja sin piso los argumentos de los halcones de todas las latitudes que esgrimían razones para atacar a Irán. La voluntad política demostró que es posible solucionar en semanas conflictos que por años parecieron irresolubles.
 
Gana la región en la medida en que la pausa del programa nuclear iraní y su compromiso de no fabricar armar nucleares contribuye a la convulsionada región, que no sale de un conflicto para meterse en otro.
 
Pero hay cosas no dichas y sin duda mencionadas en la mesa de negociación, como cuáles serán las eventuales tareas de Irán en la crisis de Siria, la situación de Irak e incluso de Afganistán, tres escenarios donde Estados Unidos y la Unión Europea han fallado.
 
Las reacciones de Israel (único país con armas nucleares en Oriente Medio y Estado no parte del TNP) en rechazo del acuerdo no se hicieron esperar, acusándolo de un “error histórico”. Tampoco hay alegría en el campo saudita al ver que Estados Unidos logra un nuevo “aliado” en la región, precisamente al entablar acuerdos con el país que más preocupa a Tel Aviv y Riad.
 
La buscada normalización de las relaciones entre Occidente e Irán no es un proceso inmediato, pero este primer paso es fundamental. Quedan las usuales tensiones de interpretación de la letra menuda del “plan de acción”, ver si se cumplen las fases de implementación y la acción de los enemigos del acuerdo. Hoy vale celebrar la buena noticia".

lunes, 25 de noviembre de 2013

Democracia y geopolítica

Santiago Alba vuelve a reflexionar, esta vez en las páginas de Cuarto Poder, sobre la deriva del mundo árabe tras las revueltas antiautoritarias. En "Democracia y autoritarismo" concluye que los pueblos árabes apenas han avanzado en sus agenda de cambios y que sus demandas de "pan, libertad y justicia social" tendrán que seguir esperando por ahora.
 
" (...) La llamada “primavera árabe” fue también, o sobre todo, una protesta visceral de los pueblos contra el cepo geoestratégico en el que llevaban un siglo atrapados. Nadie podía esperar, desde luego, que los movimientos populares abolieran sus severas leyes, pero sí que introdujeran en ellas desplazamientos significativos que relajaran su yugo y permitieran márgenes mayores de soberanía y democracia; es decir, de autodeterminación. Casi tres años después, podemos decir que se han producido enormes cambios, sí, en un orden estratégico que, sin embargo, mantiene inalterada -o incluso aumentada- su mordaza. La geo-estrategia (es decir, la derecha) se lo come todo. Los pueblos retroceden. De hecho retroceden hasta el punto de que, bajo la presión geopolítica, es cada vez más difícil reconocerlos. Lo que comenzó siendo claramente una guerra de los pueblos contra los regímenes, hoy se ha convertido -según la certera expresión de Vincent Geisser- en “una guerra de pueblos contra regímenes, de pueblos contra pueblos y de regímenes contra regímenes”.
 
Pero los cambios son indudables y tienen que ver sobre todo con el debilitamiento de los EEUU y el retorno de una volatilidad geopolítica que pone fin -20 años después- a la Guerra Fría para restablecer, como en la primera guerra mundial, una dinámica de luchas inter-imperialistas en las que la democracia sólo puede salir perdiendo. No hay ya bloques ni ideologías y las alianzas tácticas más extravagantes se suceden en la región a un ritmo vertiginoso. Pero EEUU ya no manda o al menos no se siente cómodo en su posición hegemónica. Fijémonos en algunos indicios. Arabia Saudí muestra claramente su rechazo a la política estadounidense en relación con Siria y con Irán renunciando a su asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU y financiando los grupos yihadistas más radicales. El ejército egipcio da un golpe de Estado contra los Hermanos Musulmanes, apoyado por Arabia Saudí, Israel y Siria, y EEUU tiene que “tragárselo” y negociar e incluso aceptar el acercamiento entre Moscú y El Cairo. Israel protesta por las negociaciones de EEUU con Irán y miembros de su gobierno declaran que ya no es un “socio fiable” y que habrá que buscar “nuevos aliados”. Irán, dispuesto a hacer concesiones en su programa nuclear, negocia a cambio con EEUU el estatuto de Siria. Rusia, que defiende un puñado de intereses, utiliza la crisis siria más bien para cobrarse una victoria sobre los EEUU y volver a la escena internacional en gran potencia, preparándose para próximos movimiento más amplios y más ambiciosos.
Pero de este debilitamiento de los EEUU en favor de un orden volátil en el que Bachar Al-Assad no cae, Arabia Saudí e Irán, siameses enemigos, afirman su influencia, Egipto restablece y refuerza la dictadura, la Rusia de Putin se agiganta y un Israel amenazado y “emancipado” se deja tentar por la irresponsabilidad unilateral, ¿qué han ganado o qué pueden ganar los pueblos que se levantaron en 2011 por la dignidad, la democracia y la justicia social? Basta repasar las fuerzas en litigio para reprimir todo optimismo. Ni la causa palestina ni la causa democrática ni la causa anticapitalista ni la causa feminista parecen más compatibles con este nuevo orden geo-estratégico que con el anterior.
 
¿Ninguna causa popular obtiene nada de este asfixiante realismo de derechas? Quizás sólo los kurdos y a escala aún incierta. Me explico. De todas las revoluciones pendientes en el mundo árabe -y que parecieron también posibles en 2011- hay una que es, a mi juicio, condición de todas las demás: la de las lenguas y culturas minoritarias. La “arabidad” ha jugado un papel central como elemento ideológico legitimador de las dictaduras árabes; la lengua árabe ha estrangulado la expresión de todas las lenguas “vernáculas”, tanto de los dialectos árabes locales como de las otras lenguas -bereberes o kurda- de la región. Esta “arabidad” ha sido impuesta desgraciadamente desde el islamismo, pero también desde el nacionalismo árabe y desde amplios sectores de la izquierda. De hecho, los amazigh -o los tubu- de Libia y los kurdos de Siria se sumaron a las revoluciones contra Ghadafi y contra Al-Assad para defender un modesto marco de derechos culturales desde el que pudieran reivindicar su lengua y su cultura, negadas de raíz por las dictaduras. Hoy los bereberes de Libia temen que la nueva constitución los excluya de nuevo, como en tiempos de Gadafi, y multiplican las movilizaciones, ocupando incluso refinerías de petróleo, para recordar sus demandas en un contexto caótico, herencia gadafista, dominado por el tribalismo, el islamismo y la violencia (...)".

viernes, 22 de noviembre de 2013

Tensiones yihadistas en Siria

Rebelión publico recientemente el artículo "Recomposición local del islamismo yihadista" del investigador asociado en el Institut Thomas More Laurent Vinatier, inicialmente aparecido en la web ReligiScope. Se centra en las tensiones entre las facciones próximas a Al-Qaeda que combaten en territorio sirio.

"[...] En abril, el emir Abou-Bakr Al-Bagdadi, proclamó la creación del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL). Casi inmediatamente, la iniciativa es rechazada por el líder sirio, Abou-Mohammed Al-Golani, líder de JAN (Jabhat al-Nusra) que se opone tajantemente a reconocer la preeminencia de Al-Bagdadi. El jefe de Al-Qaeda-matriz, Ayman Al-Zawahiri, da la razón al primero, sugiriendo posteriormente que JAN debe conservar una cierta autonomía. Sin embargo, sobre el terreno, el efecto es devastador para JAN que ve cómo se marcha la mayor parte de los combatientes, voluntarios extranjeros llegados a lo largo de los meses anteriores en apoyo a la insurrección, que prefieren el binacionalismo o transnacionalismo y se unen a la nueva estructura. El golpe es doble cuando Al-Golani creyendo evitar la sangría, anuncia su aproximación a Al-Zawahiri: entonces pierde sus militantes sirios. A lo largo de todo el verano de 2013, JAN se encuentra muy debilitado. Se recupera un poco este otoño recobrando algunos de sus antiguos partidarios sirios.
 
Las razones más profundas de la decisión de Al-Golani son todavía un misterio. Más aún tras haber sido el asistente de Al-Bagdadi durante los combates en Irak a lo largo de la década de los 2000. Entre algunos periodistas sirios, se dice que Al-Golani y una buena parte de sus amigos, no hubieran querido involucrarse totalmente en Irak. Habrían participado como mal menor en la guerra civil iraquí porque les resultaba imposible permanecer en Siria a menos que aceptasen ir a prisión o incluso la tortura. Cualquiera que sea la veracidad de estas especulaciones sobre las causas profundas de Al-Golani en Irak, el hecho es que a su vuelta encuentra rápidamente el camino de la cárcel. Así mismo, sea cual sea la razón de su rechazo, este acto demuestra que pretende luchar exclusivamente en un marco sirio por objetivos políticos sirios. La creación, el último 24 de septiembre de un conjunto autoproclamado “Ejército del Islam” que reúne trece grupos islamistas sirios que no reconocen la autoridad del Ejército sirio de Liberación, y sin hacer tampoco mención al EILL, refuerza la idea de un islamismo sirio de vocación fundamentalmente nacional, que tiende a desconfiar de las tentativas exteriores de recuperación. De forma bastante inesperada, la focalización en los problemas locales es válida también para la mayoría de los voluntarios internacionales.
 
[...] Sigue dándose la afiliación a Al-Qaeda, relegada a los confines de las montañas orientales de Afganistán, pero en los escenarios en los que se actúa (Siria, Irak, Somalia, Yemen) resulta bastante teórica. Es cierto que la lealtad a Al-Zawahiri está asegurada pero éste no ejerce en la práctica ninguna autoridad. También está descartado que pueda dar instrucciones a sus milicias armadas que, sin embargo, se reclaman de la marca que él ha heredado. Sus objetivos así como sus formas de compromiso y su aprovisionamiento logístico, especialmente financiero, los deciden ellos mismos. Algunos expertos destacan que los líderes más jóvenes de esta segunda generación “territorializada” no mantienen con Al-Zawahiri más que una relación muy superficial; especialmente ideológica, pero a distancia. El silencio de Al-Bagdadi de EIIL, que literalmente ignoró la declaración del líder de Al-Qaeda en el momento del malentendido con Jabhat al-Nusra, es un ejemplo revelador.
America's allies in Syria with the black flag of al-Qaeda
La desconexión adquiere una importancia significativa en el plano estratégico hasta el punto que traiciona el proyecto de Al-Qaeda en su primera versión. En efecto, las prioridades operativas de estos grupos 2.0 no tienen nada que ver con las originarias. Para todas las franquicias, se trata de atacar antes al enemigo próximo que al lejano. Actuar y golpear el corazón de Occidente ya no es un objetivo inmediato; aunque también es cierto que estos grupos, incluso si barajan teóricamente esta posibilidad, en realidad no cuentan con los medios materiales y humanos para llevarla a cabo. Más bien, apuntan a los estados herejes, corruptos, que en sus actos degradan la ley del Islam y colaboran con las potencias occidentales, comprometiéndose con ellas y autorizando la presencia de tropas extranjeras, “cristianas”, sobre los territorios del Islam.
 
Miran también a los chiíes: Irán, sus aliados y sus milicias supletorias que, según ellos, se ha visto que tienen veleidades expansionistas. La dimensión antichií se revela especialmente movilizadora para las franquicias radicadas en Irak y en los estados del Golfo. La confesionalidad intra-islámica, anti-chií y anti-suní moderada, hoy incluso tiende generalmente a predominar sobre la lucha inter-civilizaciones que opone cristianos (asociados a los judíos) a musulmanes. En esto rompen claramente con los preceptos establecidos por el mismísimo Bin Laden que en ningún caso antes había estigmatizado a los chiíes. Algunos cuadros de Al-Qaeda, a comienzos de los años 2000, incluso habrían aprovechado la complicidad iraní en sus intentos de reconstruir las redes yihadistas. De manera bastante paradójica, en un contexto globalizado, el transnacionalismo islamista sufre para imponerse.
 
Conclusión
Sin duda, la negación transnacional es momentánea. La oposición al kâfir, chií, cristiano o suní no practicante, es probablemente el mejor eje para un retorno al transnacionalismo. Si los movimientos perduran tal como están constituidos y se desarrollan actualmente en Siria, en Irak, en Egipto, en Libia, en el Sahel, en Somalia y en Kenia, deberán aparecer pasarelas, se deberían formar redes plurinacionales. A fuerza de luchar localmente, a fuerza de tentar uniones transnacionales para formar el Estado Islámico de Irak y Levante, se construyen historias. Al mismo tiempo que se dan los movimientos individuales entre frentes de guerra, se tejen lazos que permanecen. Un relato va tomando cuerpo. Los voluntarios jihadistas se posicionan y se inscriben en un marco de acción cuyo sentido descansa sobre una profunda narrativa, sobre experiencias pasadas, sobre hechos convertidos en históricos. Esta es la condición esencial para que el relato islamista transnacional pueda existir y movilizar. Era demasiado temprano para la época de Osama bin Laden. Después, como en la dialéctica hegeliana, el islamismo territorializado, negando el primer impulso, se impuso. Él mismo será negado o más bien sobrepasado y podrá dar lugar a un conjunto verdadera y efectivamente desterritorializado, islamista-jihadista, dispuesto a añadir los occidentales a los chiíes en la lista de sus enemigos".

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Seminario sobre Transiciones en el Mundo Árabe

Mañana jueves celebraremos en la Universidad de Alicante un Seminario sobre "Transiciones en el Mundo Árabe: Autoritarismos e Islamismos" que contará con la intervención de diez reconocidos especialistas en la materia, la mayor parte de ellos vinculados a universidades y centros de investigación nacionales. Esperamos contar con la asistencia de todos aquellos que estén en Alicante y puedan acercarse a las sesiones.


PROGRAMA

Primera sesión (10:00-11:30) “Las revueltas populares en el mundo árabe”
Laura Feliu (UAB): “Las revoluciones en el mundo árabe. Una perspectiva histórica desde la teoría de las Relaciones Internacionales”
Ignacio Álvarez-Ossorio (UA): “Del autoritarismo al post-islamismo”
Ferran Izquierdo (UAB): “El Islam político tras la Primavera Árabe”
Moderador: Francisco Torres Alcolea (UA)

 
Segunda sesión (12:00-14:00) “Las revoluciones en el Norte de África”

Miguel Hernando de Larramendi  (UCLM): “Cohabitaciones y ejercicio del poder en Marruecos,
Egipto y Túnez tras la primavera árabe”
Inmaculada Szmolka (UGR): “¿Por qué fracasan las transiciones democráticas? Un estudio comparado” de los procesos de cambio político en Túnez y Egipto”
Raquel Ojeda (UGR): "Las elecciones ‘Post-Primavera’, elementos de estabilidad y cambio: el caso de Mauritania".
Moderadora: Zeinab Toumi (Casa Mediterráneo)
 

Tercera sesión (15:30-17:30) “La sociedad civil en la encrucijada”
Ana Planet (UAM): “Investigar sobre islam en la España de hoy: una agenda de investigación"
Carmelo Pérez Beltrán (UGR): "La sociedad civil, agente de cambio socio-político”
Thierry Desrues (Instituto de Estudios Sociales Avanzados-CSIC): "Juventudes y sociedad civil en el Magreb entre lo local y lo global"
Laurence Thieux  (TEIM-UAM): “Organizaciones de la sociedad, movimientos sociales y transiciones en el sur del mediterráneo”

martes, 19 de noviembre de 2013

Hacia una guerra regional en Oriente Medio

Alain Gresh, director de Le Monde Diplomatique, publicó hace unas semanas este artículo -"Hacia una guerra regional"-, que está de plena actualidad hoy tras los atentados registrados hoy en Beirut contra la Embajada iraní que han provocado más de una veintena de muertes. El artículo fue traducido por Viento Sur.

"Actualmente, tal como lo explica un funcionario estadounidense en el muy completo informe que publica el International Crisis Group (ICG), "una guerra siria de alcance regional se está transformando en una guerra regional alrededor de Siria". Una nueva "guerra fría" divide a Oriente Medio, similar a aquella que en los cincuenta y sesenta vio enfrentarse al Egipto nasserista aliado de los soviéticos con la Arabia Saudita aliada de Estados Unidos. Pero los tiempos cambiaron: el nacionalismo árabe se ha debilitado, los discursos confesionales se propagan, y cabe preguntarse sobre la continuidad de los estados y las fronteras surgidas de la Primera Guerra Mundial.
 
Siria, con sus decenas de miles de muertos, sus millones de refugiados, la destrucción de su infraestructura industrial y de su patrimonio histórico, es la principal víctima de este enfrentamiento. La esperanza nacida en la primavera de 2011 se convierte en pesadilla. ¿Por qué aquello que fue posible en El Cairo no sucedió en Damasco? (...)
 
En Siria el escenario es diferente. Desde el comienzo de la protesta, el uso ilimitado de la violencia por los servicios de inteligencia permitió al régimen ganar preciados meses y organizarse. Indujo a la militarización de la oposición y a la escalada, incluso a la "confesionalización", para alimentar el temor de importantes sectores de la población: no sólo las minorías sino también la burguesía y la clase media urbana se asustaron por el discurso extremista de ciertos grupos de la oposición y la afluencia de combatientes extranjeros puestos en escena por el régimen.
 
A medida que los cadáveres se acumulaban, toda transición sin espíritu de revancha se tornaba imposible, y, lamentablemente, sectores relativamente amplios de la sociedad que temían por su supervivencia en caso de un triunfo de los "islamistas" se sumaban al régimen. El espantajo islamista asusta, más aun cuando es agitado desde hace años en numerosas capitales occidentales y da crédito al discurso de Damasco dirigido a Francia: "¿Por qué ayudan en Siria a los grupos que combaten en Mali?".
 
El régimen se valió también de su posición estratégica respecto de sus dos principales aliados, Irán y Rusia, que se involucraron en el conflicto de manera mucho más determinada que los países árabes o los occidentales; una determinación que tomó desprevenidos a sus adversarios.
 
Para Irán, desde la revolución de 1979 Siria es el único aliado árabe seguro, el que lo apoyó en todos los momentos difíciles, especialmente frente a la invasión iraquí de 1980, cuando todos los países del Golfo se movilizaban en favor de Saddam Hussein. Mientras que el aislamiento iraní se acentuó estos últimos años -siendo objeto de implacables sanciones estadounidenses y europeas, y no puede descartarse el riesgo de una intervención militar israelí y/o estadounidense-, la implicación de la República Islámica en Siria, a falta de ser moral, constituye una decisión estratégica racional que la elección del nuevo presidente Hassan Rohani probablemente no modifique. Líneas de crédito al Banco Central sirio, suministro de petróleo, envío de consejeros militares: Teherán no escatimó ningún medio para salvar a su aliado.
 
Este compromiso lo llevó a incitar a Hizbolá, con el aval del Kremlin, a involucrarse directamente en los combates. Desde luego, la organización y su secretario general pudieron alegar que, tanto de Líbano como de los demás países árabes, miles de combatientes islamistas ya llegaban a Siria; pero semejante intervención no puede sino agravar las tensiones entre sunitas y chiitas -los incidentes armados se multiplican en el Líbano- y llevar agua al molino de los predicadores sunitas más radicales.
 
Islamistas, amigos-enemigos
La conferencia que se celebró en El Cairo el 13 de junio de 2013, bajo el lema "apoyemos a nuestros hermanos sirios", llamó a la yihad. El presidente egipcio [de entonces] Mohamed Mursi participó de ella y anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Damasco. La reunión marcó una escalada de
la retórica antichiita, incluso en los jeques moderados.
 
En cuanto a Rusia, sus razones para involucrarse superan ampliamente la personalidad de Vladimir Putin, reducido a una caricatura en la prensa occidental. Reflejan ante todo la voluntad de Moscú de poner fin a su desaparición de la escena internacional.
Beirut bomb iran embassy
Rusia dice basta
Se necesita un diplomático egipcio para descifrar esta preocupación: "Los occidentales" -explica- "pagan el precio de sus intentos de marginar a Rusia desde el final de la URSS. Así, a pesar de la buena voluntad de Boris Yeltsin al respecto, la OTAN se extendió hasta las fronteras del país". Sobre la cuestión siria, durante dos años, "los occidentales propusieron al Kremlin una adhesión lisa y llana a su plan. Lo que no era realista".
 
La forma en que la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas sobre Libia fue desvirtuada para legitimar la intervención militar irritó también a Rusia; y no sólo a ella: numerosos países, como Brasil, India, Sudáfrica y China expresaron sus reservas respecto de las resoluciones occidentales sobre Siria presentadas en la onu. Para el Kremlin, la caída del régimen de Al Assad significaría un serio revés: constituiría una nueva victoria de los islamistas, y correría el riesgo de afectar, dentro de la misma Federación Rusa, a las poblaciones musulmanas en cuyo seno se agita una propaganda wahabita activa.
 
Frente a esta determinación ruso-iraní, los apoyos externos de la oposición siria fueron divididos, erráticos, ineficaces, muy alejados de la imagen de un gran complot "saudí-qatarí-estadounidense-israelí-salafista". De Turquía a Arabia Saudita, de Qatar a Francia, cada uno desempeñó su propio papel, favoreció a sus clientes, brindó su ayuda a unos negándosela a otros. El colmo del grotesco tuvo lugar en abril de 2013, con la imposición por parte de Qatar, a fuerza de millones de dólares, de Ghassan Hitto, de nacionalidad estadounidense, en el cargo de primer ministro de un gobierno tan "interino" como fantasmal. La injerencia de ricos empresarios del Golfo, que no responden a ninguna estrategia de Estado y que escapan a cualquier control, se sumó al enredo.
 
Finalmente, es difícil orientarse entre las múltiples fracciones, grupos, katibas (unidades de combate), agrupados bajo la etiqueta tan cómoda como engañosa de "islamistas", lo que permite escamotear tanto su diversidad como sus divergencias estratégicas y políticas. Así, el frente Al-Nusra, que reivindica a Al Qaeda, despierta preocupación tanto en Occidente como en Arabia Saudita, donde se libró en los años 2003-2005 una lucha a muerte contra la organización de Osama bin Laden. Esta aprensión existe también en organizaciones salafistas. Nader Bakkar, el muy mediático vocero del principal partido salafista egipcio, Al-Nur, explica que es necesario adelantarse a Al Qaeda: "Lo que pedimos es una zona de exclusión aérea. Para que los propios revolucionarios logren la victoria. Instamos a la gente en Egipto a no ir: la victoria sólo debe ser de los sirios".
 
Mejor que otros, Richard Haass refleja una evolución de la mentalidad en Washington. Cerebro del establishment republicano en materia de relaciones internacionales, ex colaborador del presidente George W Bush, acaba de publicar un libro titulado "La política exterior comienza en casa: por qué hay que poner orden en Estados Unidos mismo". ¿Su razonamiento? Los problemas internos, desde el deterioro del sistema de transporte hasta la falta de obreros calificados, impiden a Estados Unidos ejercer un liderazgo mundial.
 
¿Cómo interpretar entonces la decisión del presidente Barack Obama de proveer armas a los rebeldes sirios? El uso del gas sarín por parte del ejército sirio, muy controvertido, aparece como lo que es: un pretexto. Pero ¿para qué?
 
Siria se convirtió en un campo de batalla regional e internacional, y ninguno de los dos bandos puede aceptar la derrota de sus combatientes. Estados Unidos quiere impedir un triunfo del régimen sirio, por otra parte muy improbable, al ser tan rechazado por una parte importante de la población, que se radicalizó y ya nada tiene que perder. Pero esta voluntad no debería traducirse en una intervención masiva, menos aun en la imposición de zonas de exclusión aérea o el envío de tropas al terreno. Con el mantenimiento del equilibrio de fuerzas, el callejón sin salida debería pues perdurar, con su estela de destrucción y muertes, pero también su riesgo de extenderse a toda la región, tal como lo sintetiza el título del informe del ICG, "Las metástasis del conflicto sirio".
 
Irak, Jordania y Líbano se encuentran atrapados en el conflicto. Combatientes iraquíes y libaneses, sunitas y chiitas, se enfrentan en Siria. Las rutas de la "internacional insurgente" por las que, de Afganistán al Sahel, circulan combatientes, armas e ideas, están saturadas. Mientras los protagonistas externos sigan viendo el conflicto como un juego de suma cero, el calvario sirio continuará. Con el riesgo de arrastrar a toda la región en la tormenta".

lunes, 18 de noviembre de 2013

La resistencia civil siria

Pese a la militarización de la revuelta siria contra el régimen de Bashar al-Asad y pese a la creciente penetración de grupos yihadistas regionales en el interior del país, la resistencia civil siria sigue existiendo sobre el terrerno. Leila Shroms aborda su situación en el artículo "La base social de la oposición civil siria" publicado recientemente en Viento Sur y traducido del inglés por Faustino Eguberri.
 
"Lo que ha dominado el discurso sobre Siria son las discusiones sobre la militarización, la islamización, el sectarismo y las preocupaciones geopolíticas. En cambio, ha habido relativamente poca atención a la base social de la oposición civil. En el exterior de Siria, la ignorancia de los y las militantes que quieren manifestar su solidaridad con los revolucionarios de Siria les lleva a no saber por donde empezar.
 
Este artículo intentará presentar algunas de las numerosas iniciativas de resistencia civil que se desarrollan sobre el terreno y mostrar los esfuerzos desplegados por los revolucionarios en el terreno de la autoorganización. En ningún caso, no es exhaustivo. Se centra en las iniciativas que no están vinculadas a un partido político o a agrupaciones religiosas. Hay que recordar que antes de marzo de 2011, Siria no tenía sociedad civil funcional puesto que los derechos de libertad de expresión, de reunión y de asociación eran muy limitados, con graves consecuencias para quienes no acataban dichas restricciones.
 
¿Cuál es la base social de la oposición civil? El núcleo de ésta es la juventud -principalmente los jóvenes trabajadores y los provenientes de las clases medias- en la cual las mujeres y los diferentes grupos étnicos y religiosos juegan un papel activo. Muchos de esos militantes permanecen al margen de las afiliaciones ideológicas y políticas tradicionales, pero están motivados por aspiraciones de libertad, dignidad, justicia social y a favor de los derechos humanos fundamentales.
 
Los comités locales y los consejos locales
La principal forma de organización revolucionaria en Siria se sitúa a nivel local, a través del trabajo de los comités locales y de los consejos locales. Éstos han sido influenciados por el trabajo del anarquista sirio Omar Aziz, que defendió que para los revolucionarios era incompatible participar en manifestaciones y luego volver a su vida cotidiana en el seno de las estructuras jerárquicas y autoritarias impuestas por el Estado. Aziz estimó que la actividad revolucionaria debe impregnar todos los aspectos de la vida y abogó por cambios radicales en las relaciones sociales y la organización. Llamó a la organización autónoma y no jerárquica y a la autogobernanza, basada en los principios de cooperación, solidaridad y ayuda mutua. Junto con sus camaradas, fundó el primer comité local en Barzeh, Damasco.
 
A día de hoy, existen centenares de comités y de coordinadoras locales en los barrios y ciudades del país. En los comités locales, los militantes revolucionarios asumen numerosas tareas: documentar e informar sobre las violaciones de derechos ejercidas por el régimen (y también, cada vez más, por los miembros de la oposición), organizar la protesta y la desobediencia civil (acciones de huelga, iniciativas contra el pago de impuestos) y recolectar y hacer llegar la ayuda y los paquetes humanitarios a las zonas bombardeadas y asediadas.
 
Actúan sobre la base de una organización horizontal, de grupos sin líderes, compuestos de personas que emergen de todos los segmentos de la sociedad. Estando organizados a nivel local, han construido redes de solidaridad y de ayuda mutua en todo el país.
 
Los consejos locales fueron establecidos sobre la base de ciudades y distritos. Hay 128 para el conjunto de Siria. A menudo, son estructuras que aseguran la administración civil básica en zonas que han sido liberadas del Estado, pero también en zonas que están aún bajo el control del mismo. Esos consejos aseguran los servicios básicos que están coordinados por los comités locales, en colaboración con los grupos de resistencia armados. Principalmente aplican un modelo de democracia representativa y organizan elecciones locales libres, que se desarrollaron en las zonas en que se establecieron los comités, lo que no fue posible en Siria durante los cuatro decenios del régimen del Baas.
 The Local Coordination Committees of Syria (LCC) is a network of 70 coordination groups (tansiqiyat) operated by media and street activists connected to the grassroots revolt inside Syria. Since March 2011, the LCC has played a key role in organizing anti-regime demonstrations and disseminating information about the revolution.
Algunos de los consejos reorganizan la elección de representantes cada tres meses y no nombran jefe alguno. A medida que la situación humanitaria se ha ido deteriorando han adquirido un papel cada vez más vital, pero deben hacer frente a numerosos desafíos. La escasez de recursos ha llevado a algunos a suspender sus trabajos, como en Alepo. En un llamamiento en apoyo de los consejos locales, la militante de los derechos humanos, Razan Zaitouneh, decía: “No podemos continuar pidiendo a los consejos locales que jueguen su papel sin proporcionales el apoyo y sin poner en marcha una planificación que les permita continuar proporcionando aunque no sea más que la ayuda más simple para permitir a los civiles sobrevivir en la zonas en estado de sitio y sometidas a los bombardeos. Entre las actividades que aseguran está el proporcionar agua potable, realizar la recogida de basuras en las zonas habitadas, y tienen proyectos de proporcionar alimentos en el interior de las zonas asediadas que, están expuestas al hambre”.
 
Esto también pone en evidencia la falta de recursos que somete a los consejos locales a la influencia de los grupos armados; por ello insisten en que la ayuda es necesaria para que puedan “permitirse ser independientes de los partidos que intentan armar la región y establecer su autoridad sobre el terreno en lugar de permitir (a los consejos) tener toda la neutralidad posible y tomar decisiones independientes”. Sería el caso, entre otros, de los consejos locales de Manbej y Alepo cuyo trabajo ha sido suspendido como muestra de protesta contra los excesos de los militantes yihadistas del grupo ISIS. Algunos consejos locales han tenido más éxito y posibilidades de ampliarse que otros, que han sido, por su parte, presa de luchas intestinas o se han visto incapaces de librarse de las estructuras burocráticas del antiguo régimen.
 
Mientras que la principal base de las actividades se organiza a nivel local, hay un cierto número de grupos de coordinación que han emergido para coordinar una puesta en red a nivel regional y nacional. Éstos comprenden la Coordinadora de los Comités Locales (LCC), los Comités de Acción Nacional (CCN), la Federación de Comités de Coordinación de la Revolución Siria (FCC) y la Comisión General de la Revolución Siria (SRGC). Ninguno de esos grupos representa al conjunto de las comisiones y consejos locales, que tienen diferentes estructuras organizativas. El grado de compromiso o de no compromiso con la oposición política formal son cada vez diferentes.
 
Por ejemplo, la Coordinadora de los Comités Locales se compone de 14 comités locales. Se trata de una red descentralizada de jóvenes militantes de orígenes étnicos, sociales y religiosos diferentes, que se concentra en la organización de campañas de desobediencia civil y en la información de los medios. Igualmente, proporcionan ayuda humanitaria, como la distribución de paquetes de alimentos y de material médico básico, para la que cuentan con donaciones individuales. Esta coordinadora está opuesta a la resistencia armada local y a la intervención militar internacional. Aunque no se identifique políticamente, es uno de los raros grupos locales de oposición que participa en la Coalición Nacional Siria (oposición burguesa en el exilio).
 
La campaña más reciente de la LCC es consecuencia del ataque químico en Ghoutta en agosto de 2013. Denunciaron la utilización de armas químicas y llamaron a las Naciones Unidas a poner en marcha un proceso de investigación. Todas las semanas había manifestaciones con militantes que llevaban pancartas con esos mensajes. En julio de 2013, llevaron a cabo una campaña llamando a la gente a no apartarse de los objetivos iniciales de la revolución y condenado las acciones de los señores de guerra que, en su opinión, actúan únicamente por fines personales y se han convertido en algo tan malo como el régimen".

viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Negociaciones o asentamientos?

A raíz del plan israelí de construir 24.000 nuevas viviendas en los Territorios Ocupados he escrito este artículo para El Correo, que supongo saldrá publicado este fin de semana.
 
Mientras Siria se hunde en una cruenta guerra civil y Egipto parece condenado a vivir bajo la tutela de los militares, Israel sigue dando con su hoja de ruta destinada a hacer inviable un Estado palestino. El movimiento Paz Ahora acaba de denunciar la existencia de un plan para construir 24.000 nuevas viviendas en los Territorios Ocupados. Tras hacerse pública la noticia y tras las consiguientes presiones norteamericanas, el primer ministro Benjamín Netanyahu anunció la suspensión del proyecto, pero dejando claro que lo retomaría cuando las circunstancias fueran más propicias.
 
Lo más sorprendente de todo es que esta intensificación de la colonización se produce al mismo tiempo que palestinos e israelíes han retornado a la mesa de negociaciones debido a la presión de la Administración de Obama. El pasado mes de julio, el Secretario de Estado John Kerry anunció la reanudación de las conversaciones de paz y fijó un calendario para alcanzar un acuerdo en torno a las fronteras del Estado palestino, el futuro estatuto de Jerusalén Este y las cuestiones de seguridad que tanto preocupan a Israel. En nueve meses, las partes deberían alcanzar un acuerdo definitivo basado en la fórmula de los dos Estados que convivan en paz.
 
Las negociaciones de paz palestino-israelíes se retomaron en agosto. Dos curtidos políticos –la israelí Tzipi Livni y el palestino Saeb Erekat– se pusieron al frente de los respectivos equipos negociadores. Con el objeto de crear un clima de confianza, Israel accedió a liberar a 104 prisioneros palestinos en cuatro fases. El 14 de agosto fueron liberados los 26 primeros prisioneros y el 29 de octubre otros tantos, la mayoría habían sido encarcelados antes de 1993, año en que se firmó el Acuerdo de Oslo y estaban a punto de cumplir sus condenas.
 
La aplicación de este acuerdo no ha sido fácil, puesto que ha topado con fuertes resistencias no sólo por parte de la sociedad israelí (y, de manera especial, de los familiares de las víctimas) sino también en el seno del Gobierno de Netanyahu. Una buena prueba de ellos es que únicamente 13 de los 22 ministros de su gabinete aprobaron la medida. El frente opositor ha sido encabezado por Casa Judía de Naftalí Benet e Israel Nuestra Casa de Avigdor Lieberman, el primero claramente identificado con el movimiento de colonos y el segundo defensor de los intereses de la comunidad judía de origen ruso. Tanto Benet como Liberman disfrutan de un creciente crédito politico a pesar, o quizás precisamente por, su radicalismo. Durante la campaña electoral, Benet propuso anexar unilateralmente la mitad de Cisjordania. Lieberman, recientemente absuelto de las acusaciones de fraude y tráfico de influencias, se ha manifestado en varias ocasiones a favor de la transferencia de la población árabe-israelí (cerca de 1.400.000 personas) a los territorios palestinos. Huelga decir que ambos se oponen frontalmente al establecimiento de un Estado palestino.
Bedouin children of the Jahalin tribe near the Israeli settlement of Maale Adumim, June 16, 2012.
En el bando palestino también ha habido numerosas voces discrepantes, puesto que la liberación sólo afecta a un 2% de los 5.000 palestinos encarcelados en Israel. Como no podía ser de otra manera, el movimiento Fatah anunció el acuerdo a bombo y platillo y Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, recibió en la Muqata al primer contigente de liberados en un intento de recuperar parte de su credibilidad, muy erosionada debido a la falta de avances en las negociaciones. Hamas, su principal rival, no ha tardado en recordarle que hace dos años consiguió la liberacion de más de un millar de palestinos a cambio del soldado Gilad Shalit.
 
Peor aún. Esta liberación ha tenido, además, un elevado coste, puesto que el gobierno israelí ha aprovechado la coyuntura para anunciar la ampliación de sus asentamientos y la profundización de la colonización del territorio palestino. Tras la liberación del primer contingente anunció la construcción de 2.100 nuevas viviendas y coincidiendo con la salida del segundo aprobó otras 1.700 viviendas. Aunque el plan para construir 24.000 viviendas ha sido momentáneamente descartado, no sería de extrañar que fuese retomado en cuanto disminuyese la presión internacional.
 
Todos estos movimientos han sido habilmente orquestados por Uri Ariel, ministro de Vivienda y antiguo responsable del movimiento de colonos, y cuentan con el respaldo de la mayor parte de gobierno israelí. Netanyahu es plenamente consciente que el factor tiempo juega a su favor y que mientras las negociaciones se prolonguen de manera indefinida podrá seguir apostando por su política de hechos consumados destinada a hacer inviable un Estado palestino o, al menos, reducirlo a su más mínima expresión territorial. De hecho el número de colonos se ha duplicado en estos veinte años de negociaciones pasando de 275.000 a 550.000. 
 
El tiempo corre en contra de los palestinos. Desde que se firmaran los Acuerdos de Oslo, todos y cada uno de los gobiernos israelíes se han mantenido fieles a la lógica del ‘no hay fechas sagradas’ de Isaac Rabin. Estas maniobras dilatorias han posibilitado que los plazos fijados hayan sido sistemáticamente incumplidos. No está de más recordar que el Estado palestino debería haber nacido en 1999, cinco años después del establecimiento de la Autoridad Palestina. Si  las negociaciones fracasan una vez más, como todo parece indicar, estaremos más cerca de una nueva Intifada.

jueves, 14 de noviembre de 2013

El proceso de paz sirio-israelí

El Colegio de México acaba de publicar, bajo la dirección del profesor  Luis Mesa, el libro Las relaciones exteriores de Siria. En él se incluye mi capítulo dedicado a la evolución de la relación bilateral entre Siria e Israel y titulado "Las negociaciones entre Siria e Israel: del `territorios por paz al 'realineamiento estratégico'". El texto se centra, esencialmente, en las negociaciones desarrolladas entre 1993 y 2008. A continuación incluyo la presentación:
 
"La relación entre Siria e Israel ha estado tradicionalmente condicionada por el conflicto árabe-israelí. Desde 1948, los dos países se han enfrentado en diversas ocasiones en el terreno de batalla de manera directa (las guerras de los Seis Días en 1967 y Yom Kippur en 1973) o a través de actores interpuestos (como sucedió durante la guerra y posguerra libanesa).
 
Esta enemistad sirio-israelí no sólo obedece a un enfrentamiento entre dos proyectos irreconciliables, como lo son el arabismo y el sionismo, sino también a la competencia que ambos actores mantienen por una misma área de influencia: la Gran Siria / la Tierra de Israel (Cobban, 1991: 15). La Doctrina Asad consideraba al Bilad al-Sham como una esfera de influencia sobre la cual debían imponerse sus concepciones regionales (Picard, 1989: 219).
 
Si bien es cierto que durante la Guerra Fría Siria supo explotar habilmente la confrontación bipolar en su propio beneficio, tras la disolución de la URSS Hafez al-Asad optó por una ‘paz estratégica’ que salvaguardase sus intereses en la región. El proceso de paz sirio-israelí, iniciado en la Conferencia de Madrid en 1991, abrió las puertas a una solución negociada del conflicto basada en el principio ‘territorios por paz’.
 
Siria condiciona la paz a la devolución del Golán y la retirada israelí a las posiciones previas al estallido de la guerra de los Seis Días. Dicho territorio sigue teniendo hoy en día un gran valor geoestrátegico, puesto que domina una vasta llanura que conduce a Damasco (situada a tan sólo 35 kilómetros) y, lo que es más importante, posee una gran riqueza hídrica: el lago Tiberiades, la cuenca del Jordán y el río Banias suponen un 25% del agua consumida por Israel. Un obstáculo añadido para la consecución de la paz es la presencia de 17.000 colonos en los 33 asentamientos erigidos desde 1967.
 
Tras su llegada al poder en el año 2000, Bashar al-Asad concentró todas sus energías en afianzar su posición ante las presiones de la administración norteamericana, que se hicieron especialmente intensas tras la aprobación de la Ley de Responsabilidad Siria, que exigía a Damasco un realineamiento estratégico y la ruptura de su alianza con Irán, Hezbollah y Hamas. A pesar de que no constituía una de sus prioridades, el presidente Bashar aceptó la mediación turca en 2007, probablemente con la intención de aliviar la intensa presión internacional que sufría.
 
En las tres décadas de negociaciones sirio-israelíes se pueden apreciar diferentes altibajos que suelen coincidir básicamente con quién gobierna en EE.UU. e Israel. El proceso de paz es consecuencia directa de las presiones de Washington sobre los diferentes gobiernos israelíes, poco o nada proclives a cambiar ‘territorios por paz’. Pese a que se suele considerar a los presidentes demócratas norteamericanos más favorables a involucrarse en las negociaciones, no siempre se respeta este patrón como demuestra claramente los casos de George H. Bush y de Barack Obama. En lo que respecta a Israel se puede apreciar que las negociaciones de paz sólo avanzan cuando gobierna el Partido Laborista (en especial durante los mandatos de Rabin y Barak) y se estancan en los periodos de gobierno del Likud, cuyos dirigentes son completamente reacios a cualquier devolución de territorios.
 
Hoy en día, el proceso de paz ha quedado relegado a un segundo plano. El Gobierno de Netanyahu se encuentra demasiado ocupado en la colonización intensiva de Cisjordania y Jerusalén Este para hacer inviable un eventual Estado palestino con continuidad territorial o, al menos, reducirlo a su más mínima expresión. Tras el estallido de la Primavera Árabe, que ya ha provocado la caída de Ben Ali, Mubarak y Gadafi en Túnez, Egipto y Libia, la absoluta prioridad de Bashar al-Asad es garantizar su propia supervivencia política y poner fin a la revuelta popular siria iniciada en marzo de 2011".