miércoles, 6 de noviembre de 2013

Desplazados y refugiados sirios

Ya ha salido el último número de Afkar/Ideas que se dedica a la crisis siria. Entre las firmas invitadas está la de Salam Kawakibi, que firma el artículo "Entre desplazados y refugidos: la tragedia siria".
 
"... Miles de civiles se refugiaron en Turquía, en Jordania, en Líbano y en Irak en un primer momento. También se observó un éxodo hacia los países europeos más próximos. 

En Líbano, las tensiones sirias han tenido repercusiones en la sociedad libanesa entre los seguidores y los detractores de Al Assad. Tensiones que aumentan con la inestabilidad de las alianzas políticas libanesas y el impacto económico, social y en materia de seguridad del conflicto sirio en la escena libanesa. La presencia de los refugiados constituye un desafío en materia de seguridad porque las milicias cercanas al régimen sirio tratan de intimidar, o incluso de aterrorizar, a los refugiados, especialmente a los que se muestran políticamente activos. 

Numerosos refugiados se encuentran en una situación precaria, sin recursos financieros o con muy pocos. Líbano, que oficialmente pretende adoptar una postura neutral, se niega a establecer campos de refugiados y tiende a veces a expulsar a ciudadanos sirios a Siria, lo que no deja de provocar la indignación de las ONG.  Se observa un arranque de solidaridad, que también adquiere una dimensión comunitaria. El riesgo de que se instrumentalice esta crisis humanitaria sigue palpable en Líbano. Hay aproximadamente un millón de refugiados, incluidos los trabajadores inmigrantes, que representan una cuarta parte de la población del país. Esto alarma tanto a las autoridades como a la sociedad civil por sus consecuencias para la vivienda, los precios de los productos alimentarios y las infraestructuras sanitarias y educativas.  

A diferencia de Líbano, Jordania –donde se calcula que en mayo de 2013 el número de refugiados, que no deja de aumentar, es de 500.000, y donde es posible que se incremente hasta los 1,2 millones a finales de año si el flujo se mantiene como prevé el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados– ha establecido campamentos en el desierto. Las condiciones de vida son deplorables, aunque estos últimos meses han mejorado. Sin embargo, la capacidad de acogida es reducida, y el país ya no puede prestar la ayuda apropiada a los refugiados. La crisis económica y la inestabilidad política desempeñan un papel negativo en la visión con la que se gestiona la cuestión humanitaria. Eso no deja de provocar tensiones internas en el país, hasta tal punto que el primer ministro, Abdalá el Ensur, declaró el 14 de abril que “la crisis siria y sus consecuencias habían alcanzado el nivel de amenaza para la seguridad nacional de Jordania”.   Como en otras partes, los ciudadanos sirios viven también diseminados por las ciudades jordanas, lo que afecta a una economía ya aquejada de problemas. Una economía asistida como esta se sirve de la situación en los campos de refugiados para solicitar ayuda. También se siente su impacto en los recursos hídricos, ya que este país sufre una grave crisis en este sector.  
Crisis humanitaria. (Foto: Emilio Morenatti)
 
Por su parte, Irak, que vivió unas circunstancias parecidas en los años 2000, ejerce una política muy opaca en esta cuestión. Su apoyo político, militar y económico a las autoridades de Damasco, a petición de los dirigentes de Teherán, le obliga a mantener una actitud estricta hacia los refugiados sirios. Recordemos que Siria recibió en torno a 1,5 millones de refugiados iraquíes en los años 2000. Lo cierto es que las regiones occidentales de este país, habitadas mayoritariamente por tribus con vínculos estrechos con el este sirio, ignoran las estrictas medidas del gobierno central y expresan su solidaridad con una acogida decente de sus allegados del otro lado de las fronteras. Sin embargo, se han levantado campos en la región kurda donde se acoge a sirios kurdos, pero también a una minoría de sirios árabes. 
 
En Turquía, los refugiados, cuyo número se calcula en más de 400.000, son acogidos principalmente en las provincias de Hatay, Gaziantep, Kilis y Urfa. El gobierno turco parece asumir la responsabilidad de la asistencia, el refugio y la protección de los refugiados en los campos. Los puestos fronterizos suelen estar muy controlados por Ankara, que parece querer llamar la atención sobre el hecho de que ha alcanzado su umbral de tolerancia. Cuando se producen cierres repentinos, los sirios se encuentran bloqueados en la frontera. Turquía reivindica, con firmeza, la creación de una zona de contención para poder colocar a los refugiados en un territorio sirio protegido.   

La situación en la escena interna se complica cada vez más para el gobierno turco. La xenofobia, que esconde un sentimiento comunitario, rechaza la presencia de los refugiados en la región de Hatay, habitada principalmente por los alevíes. Estos últimos acusan incluso al gobierno central de querer cambiar la composición demográfica implantando unos “suníes/sirios en su casa”. Resultaba chocante comprobar que durante las manifestaciones contrarias a la política de acogida defendida por el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) se yuxtaponían tres retratos: el de Alí, el primo del profeta, el de Kemal Atatürk y el de Bashar al Assad.

Las cifras para establecer el número de refugiados en los diferentes países varían. Los organismos de la ONU o las organizaciones humanitarias solo hablan de los refugiados registrados en sus servicios. Sin embargo, decenas de miles de ellos no realizan este trámite. Si las organizaciones de la ONU mencionan unas cifras, se debe fundamentalmente al establecimiento de campos bajo su autoridad o visitados por sus representantes. En cambio, otras organizaciones caritativas incrementan los cálculos, como hace Cáritas en el caso libanés...".

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