miércoles, 27 de noviembre de 2013

Miniacuerdo con Irán

Siempre es gratificante volver a leer una de las incisivas reflexiones de Jordi Pérez Colomé en su blog Obama World. En esta ocasión se detiene en la, sin duda alguna, ha sido la noticia de la semana: el acuerdo entre el G5+1 sobre la congelación de su programa nuclear: "Obama sólo tiene un miniacuerdo con Irán".

"Irán ha aceptado detener su programa nuclear. “Detener” se parece más a “ralentizar” que a “eliminar” o “desmantelar”. El acuerdo es solo para seis meses. Ahora viene lo difícil: conseguir un acuerdo permanente. A cambio de esta cesión, Irán obtiene un pequeño alivio con las sanciones. A pesar de ser un miniacuerdo, es importante. El mérito del logro se veía en las caras y gestos de los ministros de Exteriores de Irán, los cinco miembros del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China), más Alemania y la representante de Exteriores de la Unión Europea, Catherine Ashton.
 
Las grandes cesiones de Irán para este periodo son dos: Irán diluirá su uranio enriquecido al 20 por ciento -más cerca del nivel que se necesita para la bomba-, no enriquecerá a más del 5 por ciento -para conseguir energía nuclear basta con el 3,5 por ciento- y no instalará nuevos centrifugadores. Irán también permitirá acceso “diario” a las plantas principales de Natanz y Fordow, y más frecuente a la planta de Arak, que permitía otro camino -con plutonio- hasta la bomba.
 
A cambio, Estados Unidos y sus aliados no impondrán nuevas sanciones y permitirán que lleguen 7 mil millones de dólares a Irán. En enero de 2013, Irán reconoció que cada mes dejaba de ingresar entre 4 y 8 mil millones de dólares por petróleo. Se calcula que en 2012 habría perdido 26 mil millones. Las consecuencias reales de este acuerdo son diminutas: Irán no avanzará hacia la bomba e Israel no atacará. Todo, además, es reversible: si en estos seis meses no se avanza, Irán podrá en breve ponerse al nivel que tenía. Pero hay otro tipo de consecuencias más etéreas: tiempo y confianza.
 
En treinta años, Irán y Estados Unidos no habían firmado un acuerdo así. (Justo después de la rueda de prensa se ha sabido que diplomáticos de Irán y Estados Unidos preparaban en secreto el camino de este acuerdo desde la primavera bajo los auspicios del sultán de Omán.) Ahora, gracias a una probable mayor confianza mutua, el ambiente debería mejorar. Las negociaciones en los próximos seis meses pueden seguir en un clima más calmado. El tono de las amenazas puede bajar. Todo es un delicado encaje, pero es algo. Estas son las palabras que usa Estados Unidos para describir su relajo de sanciones: “Limitado, temporal, específico y reversible”. No se puede pedir mucho más y, a la vez, es mucho.
Estas son otras claves del miniacuerdo de Obama con Irán:
1. Irán lo necesitaba más. Las sanciones a Irán han funcionado. En 2011 Irán vivía cómodo. Sin la presión de la comunidad internacional dirigida por Estados Unidos, el régimen no hubiera tenido miedo a una revuelta interna por problemas económicos. El temor a más subidas de precios en productos básicos asustó a los ayatolás. El camino del ex presidente Ahmadinejad era peligroso. La presunta elección espontánea de Rohaní allanó una nueva alternativa.
 
2. El presidente de Estados Unidos debe probarlo todo. La elección de Rohaní en Irán tendió la mano. Obama estaba obligado a probar. En su declaración de la madrugada del domingo, Obama reconocía que quienes son escépticos de las intenciones iraníes “tienen buenas razones para serlo”. Pero como presidente debía poner a prueba la voluntad iraní. Si ahora Irán se echa atrás o los inspectores le pillan con trampas, la comunidad internacional tendrá más fuerza para imponer nuevas sanciones u otras acciones. La dureza de la alternativa final -la guerra- obliga a probarlo todo.
La estrategia de Obama es política nacional norteamericana: “Durante casi dos décadas, los presidentes americanos con el apoyo del Congreso han trabajado en un camino de dos vías en Irán: levantar sanciones cada vez más potentes para presionar, combinado con la predisposición de usar la diplomacia cuando fuera oportuno”, escribieron los viejos diplomáticos Brent Scowcroft y Zbigniew Brzezinski. Obama dijo que tenía “una profunda responsabilidad” de probar.
 
3. Israel no está contento. Israel quiere que Irán no tenga un programa nuclear. El peor ejemplo es Corea del Norte. Estados Unidos llegó a un acuerdo similar con los norcoreanos y hoy tienen la bomba. Israel tiene razones para sospechar. Pero no tiene más remedio que presionar a sus aliados -hacer de poli malo- y esperar. Sin Estados Unidos, sus acciones militares serían limitadas.
“El acuerdo no mejora la situación; la congela”, ha dicho el viceministro de Exteriores israelí, Zeev Elkin. La obligación del primer ministro, Bibi Netanyahu, es mantener la presión. Pero Estados Unidos tiene intereses distintos. La colaboración iraní en Siria, por ejemplo, sería bienvenida.
Otro país que, como Israel, está preocupado es Arabia Saudí. El Irán chií es su enemigo eterno; si ahora se acerca a Estados Unidos, varias fichas del tablero se moverán. Para empezar, querrán el arma nuclear. Otros países árabes miran también con recelo.
 
4. La calma será menos tensa. La crónica del New York Times del acuerdo acaba con estas frases:
Para vigilar contra trampas, monitores internacionales podrán visitar la instalación de enriquecimiento de Natanz y la planta subterránea de enriquecimiento de Fordow a diario para comprobar las grabaciones de cámaras instaladas allí.
Pero Irán no aceptó todas las medidas intrusivas de inspección que la Agencia Internacional de Energía Atómica había dicho que serían necesarias para asegurar que el programa iraní es pacífico.
 
Las inspecciones serán diarias -mediante grabaciones-, pero la seguridad completa no existe. En Irán, además, también hay sectores opuestos a toda cesión. El ministro de Exteriores, Javad Zarif, destacó en su tele nacional que Natanz y Fordow no iban a cerrar y que el mismo Irán -y no otro país- iba a diluir el uranio enriquecido al 20 por ciento. Son pequeñas victorias para calmar ánimos internos.
 
La pretensión de eliminar un programa que Irán persigue desde tiempos del sha de Persia es irreal. “Si Irán lo decide, tiene la capacidad técnica, científica e industrial de construir una bomba nuclear desde 2007”, dicen aquí. Es un último recurso de supervivencia para el país. Irán nunca va a destruir la inversión del todo. Esa exigencia puede servir como elemento de negociador: si pides el cielo, tienes más margen para ceder. La calma tensa va a seguir, pero en diplomacia lograr que sea menos tensa ya es un mérito".

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