viernes, 29 de junio de 2012

Las izquierdas y Siria

El blog Traducciones de la Revolucion Siria sigue desarrollando su laborioso trabajo para ofrecernos algunos textos clave sobre la revuelta popular siria contra Bashar al-Asad. El articulo "Algunas izquierdas y Siria" de Ziad Mayid, el encarcelado director del Centro de Medios de Comunicacion y Libertad de Expresion de Damasco, publicado originalmente en Now Lebanon, es de lectura recomendable.

"A pesar de que hayan caído 15.000 muertos y que haya decenas de miles de testimonios, documentos y reportajes que demuestran las masacres del régimen sirio contra sus ciudadanos revolucionarios para recuperar la política y la libertad tras 42 años durante los que ha sido confiscada por un padre, un hijo y sus familiares, algunos árabes y libaneses de la izquierda (antiimperialista) siguen defendiendo al régimen de Damasco.

Habiendo estado obsesionados con las conspiraciones y los objetivos estadounidenses contra la resistencia, habiendo respondido a las preguntas sobre la situación en Siria con una pregunta sobre la situación en Arabia Saudí, habiéndose enfrentado a la denuncia de los terrores de las cárceles sirias en Damasco recordando Guantánamo, o habiendo comparado la presidencia familiar hereditaria de la república con el carácter hereditario de los reinos, ahora se han pasado al miedo obsesivo a los islamistas y los salafistas, argumentando que los resultados nada sorprendentes en Túnez y Egipto puedan ser impuestos sobre Siria.

Lejos de argumentar contra o de discutir la miseria de la izquierda arriba mencionada en lo que se refiere a su visión simplista de las relaciones internacionales, lejos de desmontar sus argumentos en lo tocante a sus estúpidas comparaciones y sus implicaciones o en cuanto a cómo determinan las diferencias entre la alternancia en el poder que se presupone en las repúblicas y su alternancia dentro de las familias reinantes (sean democráticas o no), tal vez sea útil detenerse en tres paradojas que ensombrecen todos sus discursos.
La primera paradoja, ética, es su reconocimiento implícito del salvajismo del régimen sirio, y el hecho de que consideran que existen otras actuaciones salvajes que lo justifican. En este sentido, su negación del asesinato de niños es algo sorprendente, puesto que otros niños han sido asesinados en Gaza, Iraq o Afganistán. Del mismo modo, el exigir que se libere a un periodista o un activista de Derechos Humanos como Mazen Darwish pasa a ser un hecho reprobable que nada tiene que ver con las campañas en pro de la liberación de los detenidos palestinos en las cárceles israelíes. Parece que hay una contradicción entre ambos hechos… Por ello, la izquierda “antiimperialista” se sale de la política, pero también de la balanza de la moral y la ética, entendida esta como un indicador del respeto a la vida y la dignidad humana en cualquier lugar y en cualquier momento.

La segunda paradoja, cultural, es el hecho de ver en la democracia, la libertad y los Derechos Humanos cuestiones dudosas, o simplemente considerarlos carentes de valor. Siendo “occidentales” y puesto que Occidente es “colonialista” y tiene intereses, ha de dudarse de todo ello. Así, no ha de extrañar que los gobiernos de China, Corea del Norte, Irán, Rusia y Sudán sean la qibla política de esos izquierdistas, porque con ellos participan en el desprecio político por los valores “liberales” a pesar de que todas ellas han huido del socialismo económicamente (Rusia y China), lo han censurado desde su fundación (Irán y Sudán), e incluso resulta complicado meterlos en alguna definición o tendencia política humana (Corea del Norte).

La tercera paradoja, psicológica, o digamos sectaria tácitamente, tiene como base la enemistad con los suníes que se definen como una amenaza mayoritaria, a la que no basta con esconder tras el supuesto miedo a los islamistas y la injusticia. El apoyo de la izquierda antiimperialista a la República Islámica de Irán no sugiere semejante miedo, y la pretensión de que su apoyo se reduce al hecho de que Teherán está en contra de EEUU e Israel no es convincente (por ejemplo, el salafismo yihadista ha combatido contra los estadounidenses en Iraq y Afganistán durante algunos años más que lo que los han hecho Irán y sus aliados durante décadas). Además su aliado Hezbollah no es menos fundamentalista en el terreno religioso que los Hermanos Musulmanes en todas sus tendencias. La cuestión, por tanto sobrepasa sus pretensiones “laicistas” o “de resistencia” y es difícil diferenciarlas de la cuestión sectaria y del miedo a la mayoría en Oriente Medio…

Las tres paradojas muestran que la hipocresía, la impertinencia y el sectarismo son los tres grandes rasgos de la izquierda que defiende la dictadura de la familia Asad y su barbarie. Es como si la aversión a las libertades y la adicción a las aproximaciones totalitarias a los asuntos hiciera de su interconexión con algunas tendencias religiosas como sucede con los regímenes dictatoriales algo sencillo.

En resumen, un registro negro para la “izquierda” que apoya a los asesinos en su ataque a unas víctimas que se levantaron con valentía y firmeza para convertirse en ciudadanos y ciudadanas en el país que desean que sea libre y justo".

jueves, 28 de junio de 2012

De nuevo abordamos el triunfo de Mohamad Mursi en las elecciones presidenciales egipcias. El boletín de Al-Fanar publica este texto de George Shamaán titulado "La victoria de Mursi, ¿a la espera de una nueva fase de combate?".

"La polarización entre las fuerzas políticas y la institución militar ha calado en todos los sectores de la sociedad. La exigua diferencia en el número de votos conseguidos por Ahmad Shafiq y Mohamed Mursi es una señal de la gravedad de la situación crítica a la que hacen frente los egipcios. Los egipcios temían que los Hermanos Musulmanes monopolizaran el poder, que se hicieran con todos los poderes al controlar las dos cámaras del Parlamento, la comisión constituyente de la Constitución, el Gobierno, la Justicia y finalmente la Presidencia, pero lo que ha sucedido en los últimos días es que la autoridad y las decisiones en todos los poderes y en las instituciones han vuelto al Consejo Militar.

La revolución ya no se dilucidaba entre la mayor parte de los egipcios y el antiguo régimen, sino entre dos sectores: el Ejército y las fuerzas islamistas encabezadas por los Hermanos Musulmanes. Como si no hubiera habido revolución o como si estuviera en sus primeros días. La revolución se enfrenta ahora a lo que evitó hace año y medio. Y la próxima etapa será testigo de un combate amargo por los resortes del poder.

En primer lugar hay que reconocer que la caída de la cabeza del régimen se produjo gracias a ambos sectores. Si el Ejército se hubiera puesto de parte del presidente Hosni Mubarak, de su partido, el Partido Nacional, y de su grupo, puede que Egipto se hubiera hundido en lo que está hundida Siria en estos momentos. Y si los Hermanos Musulmanes no se hubieran lanzado con todo su peso, su organización y sus recursos humanos a la plaza no se habrían congregado los millones que obligaron a la institución militar a evitar el enfrentamiento. La cabeza del régimen fue sacrificada gracias a los generales. Y la gente de las plazas no tuvo otra que entregarles el mando de la transición para que el cambio llegara dócilmente, sin caos ni colapsos.

Los resultados del golpe que se ha producido en los últimos días es posible atribuirlos a la política de la mentira, la concertación de una tregua, de la maniobra y del temor puesta en práctica por las dos partes que se enfrentan hoy a lo largo y ancho de las plazas egipcias. Durante el periodo de transición el Consejo Militar daba un paso o dos y retrocedía otro, como confuso. Los Hermanos Musulmanes maniobraban en sus pasos para, por una parte, hacer creer al Ejército que eran diferentes de los jóvenes de las plazas y que estaban preparados para cualquier pacto, y al mismo tiempo, para hacer creer a los jóvenes que estaban en el núcleo de la revolución. Las dos partes trabajaban con un solo objetivo, a saber, la política de la consolidación y de la defensa del terreno tras hacerse los puestos de decisión.
No es tarde para frenar la caída en el enfrentamiento. Los dos sectores dominantes tienen que ponerse de acuerdo sobre una fórmula que tenga en cuenta todas las novedades que se han producido en los últimos dieciséis meses. No debe haber sitio para la política de la anulación. Se puede volver al modelo yemení. O se puede inventar una fórmula propiamente egipcia que comience por la renuncia de los militares y de los Hermanos Musulmanes de la política de la maniobra y de la consolidación, de su deseo de hegemonía y de autoridad. Es posible acordar una nueva etapa de transición en la que los poderes estén repartidos entre todas las fuerzas, que tranquilice a la gente sobre el futuro del país en lugar de movilizarse en las plazas o parapetarse en los cuarteles y en las instituciones que originalmente pertenecen a los civiles.

Ninguna parte puede ya anular a la otra. Y ninguna de las dos puede tampoco ya anular al resto para no hacer más profunda la división. Ningún sector podrá ya escribir en solitario la nueva Constitución. La Constitución no será redactada si no es acordado por todos que su redacción no se apoye en la fuerza de una determinada parte sino en el consenso de todos los elementos del pueblo. ¿Se dirigen los militares y los Hermanos Musulmanes hacia un nuevo acuerdo en el que Mursi se haga con la presidencia a cambio de que el grupo acepte las últimas decisiones, desde la disolución del Parlamento hasta la posible disolución de la comisión constituyente? Estamos a la espera de un nuevo round en el combate".

miércoles, 27 de junio de 2012

La incierta transición egipcia

El diario El País publicaba ayer, en La Cuarta, un artículo de Haizam Amirah Fernández, investigador del Real Instituto Elcano, titulado "Egipto, una transición incierta". A continuación reproducimos algunos de sus extractos:

"Una primera lectura de lo ocurrido en las últimas semanas indicaría que el régimen no pudo evitar la victoria de Morsi, pues el coste habría sido demasiado elevado. El triunfo de Shafiq habría desencadenado enfrentamientos y, en el peor de los casos, una espiral de violencia como la ocurrida en Argelia tras el golpe militar de 1992. Sin embargo, resulta difícil creer que las Fuerzas Armadas egipcias hayan optado por hacerse el haraquiri político, poniendo en riesgo sus poderes y cuantiosos intereses económicos, que ascienden a más del 30% del PIB. Es posible que los militares, cuya legitimidad adquirida cuando se presentaron como defensoras de las aspiraciones populares de cambio se ha visto dilapidada durante el último año, hayan optado por una estrategia de control de daños.

Muchos esperan ya la próxima maniobra del “estado profundo” (las redes de poder que abarcan a militares e integrantes de los servicios de seguridad, la burocracia, la judicatura, las élites económicas, etc.), tras haber sacrificado al anciano Mubarak y haber dejado perder a Shafiq. Parece evidente que, cuanto más tiempo pasen los islamistas en el poder, más capacidad tendrán de penetrar ese “estado profundo” y transformarlo desde dentro, por lo que las resistencias a que eso ocurra no tardarán en materializarse.

En unos momentos en los que un número creciente de egipcios veía a los militares como la principal fuerza “contrarrevolucionaria”, dirigiendo contra ellos su ira y desencanto, permitir la victoria de Morsi les da un respiro para preparar las dos próximas batallas que se librarán en los próximos meses: la redacción de la constitución y la elección de un nuevo parlamento. De esa forma se da la impresión de que los Hermanos Musulmanes han tenido un gran triunfo, cuando en realidad el nuevo presidente llegará al cargo maniatado y en un contexto de enormes dificultades.
Una clave a tener en cuenta para el futuro inmediato de Egipto es la muy deteriorada situación económica. La economía egipcia se enfrenta a serias dificultades por la caída de ingresos del turismo, la salida de inversiones, la caída de la producción, las reivindicaciones laborales y el clima de incertidumbre reinante. Con unas reservas de divisas suficientes tan sólo para tres meses de importaciones, el panorama socioeconómico que se encontrará el nuevo presidente y su gobierno será alarmante.

A eso hay que añadir que el año fiscal que concluye a finales de junio arroja un elevado déficit y que el nuevo gobierno dispondrá de un presupuesto restrictivo ya decidido por el saliente. Se da por hecho que habrá que recortar subsidios estatales a varios productos como la energía, lo que tendrá un impacto inmediato en los precios y provocará protestas sociales en un país en el que el 40% de la población vive con menos de dos dólares diarios.
 
Si el presidente recién elegido y su gobierno no encuentran rápidamente nuevas fuentes de ingresos (tal vez en forma de ayudas de países del Golfo o un préstamo del FMI), el malestar social se podría volver en su contra en un plazo corto de tiempo. De ese modo, las expectativas de la población en el cambio se verían defraudadas. Teniendo en cuenta el alto porcentaje de ciudadanos que votaron contra Morsi en las elecciones presidenciales (75,2% en la primera vuelta y 48,3% en la segunda), éste no tendrá fácil su reelección ni los Hermanos Musulmanes pueden contar con repetir sus buenos resultados cuando se vuelvan a celebrar elecciones al parlamento [...]".

martes, 26 de junio de 2012

El boicot a Israel

El historiador israelí Ilan Pappé publica este artículo titulado "El boicot a Israel funciona", traducido por Rebelión y publicado inicialmente por Ceasefire Magazine. Se trata de un adelanto del libro "The Case For Sanctions Against Israel" que próximamente publicará el autor.
"He sido un activista político durante la mayor parte de mi vida de adulto. Durante todos estos años he creído firmemente que la insoportable realidad de Israel y Palestina solo podría cambiar desde dentro. Por ello, me he dedicado constantemente a persuadir a la sociedad judía, a la que pertenezco y en la que nací, de que su política básica en la zona era errónea y desastrosa.

Como muchas otras personas, tenía claro las opciones que se me ofrecían: o bien podía unirme a la política desde arriba o contrarrestarla desde abajo. Empecé ingresando en el Partido Laborista en la década de 1980 y después en el Frente Democrático por la Paz y la Igualdad (Hadash), y entonces decliné una oferta de entrar en el Knesset [parlamento israelí].

Al mismo tiempo centré mis energías en trabajar con otras personas en ONG dedicadas a la educación y pacifistas, e incluso presidí dos de estas instituciones: el Instituto de Estudios sobre la Paz en Givat Haviva, que era sionista de izquierda, y el Instituto Emil Touma de Estudios Palestinos, no sionista. En ambos círculos, colegas tanto veteranos como más jóvenes soñaban con crear un diálogo constructivo con nuestros compatriotas en la esperanza de influir en la política actual para lograr una reconciliación futura. Se trató fundamentalmente de una campaña de información acerca de los crímenes y atrocidades cometidos por Israel desde 1948 y de un llamamiento a un futuro basado en derechos humanos y civiles iguales.

Para un activista, darse cuenta de que el cambio desde dentro es inalcanzable no solo se produce a partir de un proceso intelectual o político, sino que es más que nada la admisión de una derrota. Y fue este temor al derrotismo lo que durante mucho tiempo me impidió adoptar una postura más resuelta.

Después de casi treinta años de activismo y de investigación histórica, me convencí de que el equilibrio de poder en Palestina e Israel impedía toda posibilidad de una transformación desde dentro de la sociedad israelí judía en un futuro inmediato. Aunque con bastante retraso logré darme cuenta de que el problema no era una política particular o un gobierno específico, sino algo más profundamente arraigado en la infraestructura ideológica que desde 1948 conforma las decisiones israelíes sobre Palestina y los palestinos. En otra parte he descrito esta ideología como un híbrido entre colonialismo y nacionalismo romántico.
Israel es hoy un formidable Estado colonial de colonos, que no tiene ningún deseo de transformarse ni de comprometerse, y está ansioso por aplastar por cualquier medio que sea necesario toda resistencia a su control y a su dominio en la Palestina histórica. Empezando por la limpieza étnica del 80% de de Palestina en 1948 y la ocupación por parte de Israel del 20% restante de la tierra en 1967, los palestinos en Israel están ahora encerrados en megaprisones, bantustanes y asediados cantones, y sometidos a políticas discriminatorias.

Mientras tanto, millones de refugiados palestinos de todo el mundo no tienen forma de retornar a casa y el tiempo no ha hecho sino debilitar, cuando no aniquilar, todos los desafíos internos a esta infraestructura ideológica. Incluso mientras escribo, el Estado colonial israelí sigue colonizando aún más y desarraigando a la población originaria de Palestina.

Hay que reconocer que Israel no es un caso sencillo de colonialismo ni tampoco se pueden describir fácilmente como descolonización las soluciones a la ocupación de 1967 o la cuestión de Palestina como conjunto. A diferencia de la mayoría de los proyectos coloniales, el movimiento sionista no tiene metrópolis claras y como es muy anterior a la época del colonialismo, describirlo como tal sería un anacronismo. Pero estos paradigmas siguen siendo muy relevantes para esta situación por dos razones. La primera es que los esfuerzos diplomáticos en Palestina desde 1936 y el proceso de paz que empezó en 1967 no han hecho sino aumentar la cantidad de colonias israelíes en Palestina, que han pasado de menos del 10% de Palestina en 1936 a más del 90% del país hoy en día.

Así, parece que el mensaje de los agentes de paz, fundamentalmente estadounidenses desde 1970, es que se puede lograr la paz sin poner ninguna limitación significativa a las colonias en Palestina. Es cierto que periódicamente se ha evacuado a los colonos de las colonias de Gaza y de otros puesto avanzados aislados, pero esto no altera la matriz global de control colonial, con todos sus violaciones sistemáticas y cotidianas de los derechos humanos y civiles

La ocupación de Cisjordania y Gaza, la opresión de los palestinos dentro de Israel y la negación del derecho de los refugiados al retorno continuarán mientras estas políticas (ocupación, opresión y negación) se presenten de forma atractiva como un acuerdo de paz integral que tiene que ser suscrito obedientemente por los interlocutores árabes y palestinos.

La segunda razón de considerar la situación a través del prisma del colonialismo y anticolonialismo es que nos permite una mirada fresca a la raison d’être del proceso de paz. Aparte de la creación de dos Estados separados, es que Israel se retire de las zonas que ocupó en 1967.

Pero esto está supeditado a que se satisfagan la exigencias referentes a la seguridad israelíes, formuladas por el primer ministro Netanyahu como el reconocimiento de Israel como un Estado judío, y por el resto del centro político como la existencia de futuro Estado palestino desmilitarizado y establecido solo en partes de los territorios ocupados. El consenso es que después de la retirada, el ejercito [israelí] seguirá vigilando Palestina desde los bloques de colonias judías, Jerusalén Oriental, la frontera Jordana y el otro lado de los muros y vallas que rodean Cisjordania y Gaza.

Busque o no el Cuarteto, o incluso el actual gobierno estadounidenses, una retirada más completa y un Estado palestino más soberano, nadie en la comunidad internacional ha cuestionado seriamente la exigencia israelí de que primero se satisfagan sus exigencias de seguridad. El proceso de paz solo exige un cambio en la agenda palestina sin tocar en absoluto la israelí.

En otras palabras, el mensaje desde fuera de Israel es que el proceso de paz no requiere ninguna transformación desde dentro. Incluso da pie a que Israel haga interpretaciones: preocupado por la reacción de los colonos más radicales, el gobierno israelí no deseaba evacuarlos de los puestos avanzados aislados en los territorios ocupados. Que hasta los débiles dirigentes palestinos se hayan negado a aceptar estas razones ha permitido a los israelíes afirmar que los palestinos son estúpidos e inflexibles, y por lo tanto, que Israel tiene derecho a proseguir con sus políticas unilaterales para salvaguardar su seguridad nacional (la tristemente célebre “política de recolección”, según el término acuñado por Ehud Olmert).

Por lo tanto, parece acertado concluir que el proceso de paz en realidad ha disuadido al colonizador y ocupante de transformar su mentalidad y su ideología. Mientras la comunidad internacional espere a que los oprimidos transformen sus posturas al tiempo que validan las mantenidas por el opresor desde 1967, esta seguirá siendo la ocupación más brutal que ha conocido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

Los anales del colonialismo y de la descolonización nos enseñan una condición sine qua non para que se iniciaran unas negociaciones positivas entre colonizador y colonizado era el final de la presencia militar. Un final incondicional de la presencia militar israelí en las vidas de más de tres millones de palestinos sería la condición previa de cualquier negociación, que solo se podrá desarrollar cuando la relación entre ambas partes no sea opresiva sino igual.

En la mayoría de los casos, los ocupantes no deciden marcharse. Se les obligó a irse, generalmente por medio de una prolongada y sangrienta lucha armada. Esto se ha intentado con poco éxito en el conflicto israelo-palestino. En pocos casos se logra éxito aplicando una presión externa al poder o Estado opresor en la última etapa de la descolonización. Esta última estrategia es más atractiva. En cualquier caso, el paradigma israelí de “paz” no va a cambiar a menos que se le presione desde fuera o se le obligue a hacerlo sobre el terreno.

Antes incluso de definir más específicamente qué implica esta presión, es fundamental no confundir los medios (la presión) con el objetivo (encontrar una fórmula para vivir juntos). En otras palabras, es importante insistir en que la finalidad de la presión es desencadenar negociaciones positivas, no ocupar el lugar de estas. Así, aunque sigo creyendo que el cambio desde dentro es clave para provocar una solución duradera a la cuestión de los refugiados, a las dificultades de la minoría palestina en Israel y al futuro de Jerusalén, primero hay que dar otros pasos para lograr esto.

¿Qué tipo de presión se necesita? Sudáfrica ha proporcionado el ejemplo histórico más esclarecedor e inspirador para quienes lideran este debate, mientras que sobre el terreno activistas y ONG bajo la ocupación han buscado medios no violentos tanto para resistir a la ocupación como para aumentar las formas de resistencia más allá de los atentados suicidas y el lanzamiento de misiles Qassam desde Gaza. Estos dos impulsos dieron como resultado la campaña de BDS contra Israel. No es una campaña coordinada que un conciliábulo secreto lleva a cabo. Empezó como un llamamiento hecho desde dentro de la sociedad civil bajo la ocupación, se adhirieron a él otros grupos palestinos y se tradujo en acciones individuales y colectivas en todo el mundo.

Estas acciones varían tanto en su objetivo como en la forma y van desde boicotear productos israelíes a romper relaciones con instituciones académicas en Israel.

Algunas acciones son demostraciones individuales de protesta; otras, campañas organizadas. Lo que tienen en común es su mensaje de indignación contra las atrocidades que tienen lugar en Palestina, aunque la elasticidad de la campaña la ha convertido en un proceso lo suficientemente amplio como para generar una nueva actitud de la opinión pública y una nueva atmósfera, sin ningún centro claro.

Para los pocos israelíes que apoyaron la campaña al principio, fue un momento definitivo que definió claramente nuestra postura respecto a los orígenes, naturaleza y política de nuestro Estado. Pero hablando con retrospectiva, también parece haber proporcionado apoyo moral, lo que ha sido útil para el éxito de la campaña.

Apoyar la campaña de BDS sigue siendo un acto drástico para un pacifista israelí. Lo excluye a uno inmediatamente del consenso y del discurso aceptado en Israel. Los palestinos pagan un precio más alto por su lucha y quienes siguen este camino no deberían esperar que se les compense, ni siquiera que se les elogie. Pero esto implica situarse uno mismo en una confrontación directa con el Estado, con la propia sociedad y, con bastante frecuencia, con los amigos y familia. A efectos prácticos, supone cruzar la última línea roja, decir adiós a la tribu.

Por ello, cualquiera de nosotros que decida unirse a este llamamiento debería hacerlo sin reservas y sabiendo perfectamente qué implica.

Pero realmente no hay otra alternativa. Cualquier otra opción, desde la indiferencia, pasando por la crítica suave, hasta el apoyo total a la política israelí, es una decisión deliberada de ser cómplice de crímenes contra la humanidad. La cerrazón de la mentalidad pública en Israel, el persistente dominio que ejercen los colonos sobre la sociedad israelí, el racismo inherente a la población judía, la deshumanización de los palestinos y el fuerte interés que tiene el ejército y la industria en mantener los territorios ocupados, todo ello significa que llevamos largo tiempo inmersos en una ocupación cruel y opresiva. Por lo tanto, la responsabilidad de los judíos israelíes es mucho mayor que la de cualquier otra persona implicada en hacer avanzar la paz en Israel y Palestina. Los judíos israelíes están llegando a darse cuenta de este hecho y por ello cada vez son más quienes apoyan el presionar a Israel desde fuera. Sigue siendo un grupo pequeño, pero conforma el núcleo del futuro campo de la paz israelí.

Se puede aprender mucho del proceso de Oslo. En él, los israelíes utilizaron el discurso de la paz como una forma conveniente de mantener la ocupación (ayudados durante un tiempo por dirigentes palestinos que fueron presa de las tácticas de engaño estadounidenses e israelíes). Esto significó que el final de la ocupación fue vetado no solo por los “halcones” sino también por las “palomas”, que realmente no tenían interés en detenerla. Por ello, el mundo en general debe aplicar a Israel una presión continua y eficaz. En el pasado esta presión demostró ser útil, especialmente en el caso de Sudáfrica. La presión también es necesaria para evitar que se conviertan en realidad los peores escenarios.

Después de la masacre en Gaza de enero de 2009, fue duro comprobar que las cosas podían empeorar, pero de hecho lo hacen: con la incesante expansión de las colonias y los continuos ataques a Gaza, el repertorio israelí del mal no se ha agotado todavía. El problema es que no es probable que los gobiernos de Europa, y mucho menos el de Estados Unidos, apoyen la campaña de BDS. Pero hay que recordar las tribulaciones de la campaña de boicot contra Sudáfrica, que emanó de las sociedades civiles y no de las esferas de poder.

En muchos sentidos, las noticias más alentadoras provienen de los ámbitos más inesperados: los campus estadounidenses. El entusiasmo y compromiso de cientos de estudiantes locales han contribuido en la última década a llevar la idea de la desinversión a la sociedad estadounidense, una sociedad a la que la campaña global por Palestina había considerado una causa perdida. Se han enfrentado a enemigos formidables: tanto el eficaz y cínico AIPAC como los fanáticos Cristianos Sionistas. Pero ofrecen una nueva manera de comprometerse con Israel, no solo por los palestinos, sino también por los judíos de todo el mundo.

En Europa una admirable coalición de musulmanes, judíos y cristianos está haciendo avanzar esta agenda a pesar de enfrentarse a feroces acusaciones de antisemitismo. La presencia de unos pocos judíos entre ellos ha ayudado a evitar estas acusaciones maliciosas y completamente falsas. No creo que el apoyo moral y activo de israelíes como yo mismo sea el ingrediente principal de esta campaña. Pero los contactos con judíos disidentes radicales y progresistas en Israel son vitales para la campaña. Son un puente hacia un público más amplio en Israel, que finalmente tendrá que ser incorporado. Es de esperar que la condición de paria persuadirá a Israel de abandonar sus políticas de crímenes de guerra y de violaciones de los derechos humanos. Esperamos empoderar a aquellas personas en el exterior que están ahora comprometidas en la campaña y nosotros mismos nos empoderamos con sus acciones.

Parece que todos nosotros necesitamos objetivos claros y estar vigilantes ante las generalizaciones simplistas acerca de que el boicot es contra Israel por ser judío o en contra de los judíos por estar en Israel. Simplemente, esto no es cierto. Hay que tener en cuenta a los millones de judíos de Israel. Son un organismo vivo que seguirá siendo parte de cualquier solución futura. Sin embargo, primero está nuestro deber sagrado de acabar con la opresiva ocupación e impedir otra Nakba y la mejor manera de hacerlo es una prolongada campaña de boicot y desinversión". 

lunes, 25 de junio de 2012

Desde la prisión israelí

El activista palestino Amer Makhoul sigue preso en la cárcel de Gilboa. Makhoul es director de la ONG Ittijah y de la Union of Arab Community-Based Associations, una red de asociacines de la comunidad palestina en Israel fundada en 1995. En su celda ha escrito este artículo:  "Una visión desde la prisión israelí", inicialmente publicado en inglés en Electronic Intifada y traducido al castellano por Rebelión.

"Los palestinos han logrado tres victorias consecutivas en los últimos meses. En octubre de 2011, se produjo la liberación de los presos (el acuerdo de intercambio que implicó al soldado israelí secuestrado)

Después hubo una serie de huelgas de hambre individuales de duraciones sin precedentes. Éstas comenzaron con Khader Adnan, que se declaró en huelga de hambre para protestar contra la política israelí de detención administrativa.

La acción de Adnan provocó una huelga de hambre indefinida de los presos, iniciada por más de mil presos el 17 de abril. Se terminó el 14 de mayo con la participación de más de 2.000 presos. La huelga a abierto una nueva página en la historia de la lucha palestina por la liberación, escrita por los presos junto con sus partidarios árabes e internacionales.

El acuerdo firmado el 14 de mayo de 2012 entre los responsables de la huelga e Israel - con la mediación y garantias egipcias e internacionales - ha confirmado que el movimiento de los presos no sólo consiguió un gran logro, sino que se apuntó una clara victoria. Ahora podemos hablar de dos etapas, antes y después, la linea divisoria ha sido la huelga de hambre de 2012.
 
Objetivos claros, coordinación y preparación
Desde el principio, la huelga ha tenido varios puntos fuertes. El más importante de ellos fue la claridad de los objetivos - objetivos fundamentales realizables por la lucha y la determinación. Esos objetivos se han unido a una gran coordinación y una fuerte conciencia entre los presos en huelga y los líderes dentro de las cárceles, y entre éstos y las autoridades políticas más amplias de fuera .

Los puntos fuertes estuvieron claros. No hubo implicación detallada con las reivindicaciones y problemas cotidianos. De esta forma, se evitó una situación donde los grandes objetivos podrían mezclarse con las demandas específicas. Esto ató las manos de la ocupación, que no pudo manipular estos objetivos.

Un gran papel fue igualmente interpretado por el planteamiento firme y claro de los dirigentes de la huelga frente a los medios, mientras que Israel fracasó en sus intentos para difundir una opinión contraria. También hubo una lectura exacta de la realidad palestina, árabe e internacional. Un objetivo central fue determinado gracias a una planificación previa - la capacidad de revitalizar el movimiento popular palestino sacando el máximo provecho al importante papel de Egipto como actor principal de apoyo a la huelga y de garantizar el cumplimiento de sus objetivos. Este riesgo se demostró útil como lo ha probado el patrocinio egipcio del acuerdo para terminar la huelga.

Otro logro importante fue la preparación clara y la rapidez impresionante de los movimientos internacionales de solidaridad para lanzar sus campañas en todo el mundo, particularmente en Europa y Estados Unidos, para apoyar a los presos en su lucha por la libertad. Se declaró el 17 de abril como el Día de los Prisioneros Palestinos.

Esto dio lugar a la presión pública internacional a favor del derecho de los palestinos y para denunciar la complicidad de sus gobiernos con los ocupantes israelíes. Estos movimientos adoptaron un discurso muy claro sobre los derechos humanitarios y políticos exigidos por los presos. También se demostró la importancia de los esfuerzos acumulados para internacionalizar la causa de los presos y la causa Palestina.

El planteamiento adoptado por la huelga ha destruido la política de "aplazamiento" impuesta por Israel con el apoyo oficial norteamericano y europeo. Esto es lo que pasó en Oslo, donde los elementos fundamentales de la cuestión palestina fueron aplazados para adaptarse a la política de dictado y dominación de los dirigentes palestinos.

Uno de los temas aplazados según esta fórmula fue la liberación de los presos, pero la huelga también puso esto en primera linea en la agenda oficial palestina. Los huelguistas se negaron a aceptar que los prisioneros eran peones a merced de la ocupación.

La huelga también ha logrado neutralizar el efecto negativo de la opinión pública israelí al no abordarlo en absoluto, porque si se hubiera movido, habría estado contra las justas demandas de los presos. Se trata de una opinión pública colonialista muy hostil a los derechos palestinos, y por lo tanto no puede apoyar a sus propias víctimas.

Un sólo lado victorioso
Hay una diferencia entre lograr cuestiones específicas dentro de un conjunto más amplio de demandas y conseguir todos los objetivos por una acción decisiva de lucha. También hay diferencia entre una victoria clara y una situación en la que cada parte piensa que ha ganado. El resultado de la huelga, como se expresa en el acuerdo, está claro - sólo hay una parte victoriosa, los prisioneros.

Esta ha sido la primera vez que las negociaciones se han llevado a cabo directamente por los que estaban involucrados. También es la primera vez que una decisión ha sido tomada por el ocupante -el Servicio de Seguridad General (Shabak o Shin Bet) - no por el Servicio de Prisiones de Israel, que en la escala de la opresión israelí no es más que un subcontratista del Shabak y los servicios de seguridad .

La huelga neutralizó al Servicio de Prisiones Israelí y cuanto más tiempo duraba, las negociaciones tenían lugar con el Shabat, convertido en actor principal. Esto fue a causa de la fuerza de la huelga y su sólida base. Y obligó al aparato israelí a revelarse, ya que limitó su capacidad de manipular y maniobrar.

Pero la cuestión más importante aquí es el éxito de la huelga al eliminar las herramientas estratégicas de opresión que el Shabak ha utilizado durante décadas en las prisiones, en particular las leyes de detención administrativa y de confinamiento en solitario. De esta manera, las reglas de un juego profundamente arraigadas y coercitivas han sido rotas.

Como resultado de su fuerza, la huelga también ha revelado la hostilidad y la criminalidad del sistema judicial israelí, que desde su concepción ha sido un instrumento para legitimar el proyecto colonialista racista, los crímenes del estado israelí. Se le da legitimidad justificando los procedimientos administrativos, las leyes de emergencia y el confinamiento en solitario del mandato británico, todos bajo el pretexto de la seguridad. Y aquí hemos visto al Shabak obligado a dar marcha atrás en algunos de ellos, confirmando que el sistema judicial israelí ha jugado y juega el papel de la "guardia de palacio" para el aparato de seguridad del gobernante.

En cuanto al movimiento popular internacional, que se transformó en iniciativas oficiales, el papel árabe, en particular Egipto, y la realización de negociaciones multilaterales (los prisioneros, Israel, Egipto y la presión internacional) - todo esto creó una nueva atmósfera, una ecuación más favorable a las negociaciones reales de un país ocupante tratando con sus víctimas. La huelga también ha confirmado que el poder de Israel no es absoluto, que su fuerza y ​​su influencia pueden derrumbarse frente a los esfuerzos dirigidos palestinos.

Disolución de las divisiones y los límites
Es cierto que la huelga no fue completa. Fue Hamas quien tomó la decisión de ponerla en marcha, con la Jihad Islámica y con el apoyo del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Miembros de la Organización de Liberación de Palestina / Fatah tomaron parte en la huelga. Los que la iniciaron cumplieron su palabra cuando garantizaron que todas las facciones estarían representadas en el órgano oficial y la dirección de la huelga, cada uno según su función y efectivos.

Aunque la huelga no incluía más de un tercio de los presos, Hamas estaba fuertemente representado, esto de ninguna manera debilitó su legitimidad. Podía haber sido un argumento antes de la declaración oficial de la huelga, pero en el momento en que empezó, se convirtió en la huelga de los presos. Se convirtió en la responsabilidad de los presos que participaban y hasta de los que no lo hacían, para que tuviera éxito, apoyándola y compartiendo responsabilidades.

La huelga demostró que cuando nuestro pueblo o el movimiento de los presos participa en batallas a gran escala con el Estado opresor ocupante, la nación entera se involucra.

Hay que confirmar que el apoyo a la causa palestina y los derechos de los palestinos en su totalidad está por encima de las facciones políticas; tales divisiones se vuelven marginales si el pueblo está unido. Cuando la lucha de nuestro pueblo en Galilea, el Triángulo, el desierto del Naqab y la costa se junta con la de Jerusalén, Gaza, Cisjordania y los del exilio, todas las fronteras entre nuestro pueblo se disuelven.

La movilización en todos los rincones de la patria
La reconciliación no es el objetivo del pueblo palestino, es responsabilidad de las facciones políticas implicadas. Los objetivos del pueblo palestino son el retorno, la libertad, la liberación de la patria y el pueblo, y la autodeterminación. Más importante que la reconciliación es la unidad de la lucha y su integración con los fundamentos de los derechos palestinos, y no sobre su reducción.

Aquí es donde la huelga ha tenido éxito en la movilización sin precedentes del movimiento palestino en todos los rincones de la patria. Con el apoyo del movimiento internacional, la ecuación se invirtió en las últimas etapas de la huelga cuando los presos se convirtieron en los dominadores de los ocupantes y las cárceles en estado de sitio.

El movimiento popular palestino fue seguido por un movimiento importante y eficaz. La iniciativa puesta en marcha por el Ministerio de asuntos de los presos, los presos liberados, el liderazgo de la Autoridad Palestina y la Organización de Liberación de Palestina es un modelo prometedor para superar las divisiones partidistas.

Ahora está claro que la coordinación es posible; los roles pueden ser complementarios aunque las divisiones continúen. Está claro que la unidad del objetivo y de la gente es la base de la lucha de los presos. Este es un modelo de trabajo integrado que es capaz de conseguir victorias.

En su último discurso de febrero de 1965, Malcolm X dijo: "La única cosa que el poder respeta, es el poder." Esta es una de las lecciones más importantes de la huelga. Cómo creamos ese poder por la determinación y la justicia, y cómo lo podemos utilizar, tanto como presos y como pueblo. No debemos olvidar que el objetivo más importante de los prisioneros y del pueblo es la libertad, y eso requiere más energía. La huelga de hambre de 2012 ha sido una victoria en el camino hacia la libertad".

viernes, 22 de junio de 2012

El camino de Damasco pasa por Rusia

Hace unos días el catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford Timothy Garton Ash publicó en El País el articulo "El camino de Damasco para por Rusia", algunos de cuyos párrafos reproducimos a continuación.

"[...] Es visible el respaldo del Irán chií y la Rusia de Putin a El Asad, y el de Arabia Saudí y Qatar a  los rebeldes. Se oyen cada vez más llamamientos a la intervención para detener el baño de sangre [...].
 
Si el número de inocentes civiles muertos y heridos fuera la única condición necesaria para la intervención humanitaria, Siria cumple el requisito. Pero la doctrina de la ONU sobre la responsabilidad de proteger (R2P), que es la manera más rigurosa e imparcial que tenemos de reflexionar sobre estos problemas en el mundo actual, exige además que la actuación tenga unas perspectivas de éxito razonables. Basándose en una opinión informada sobre la situación, la intervención, para ser factible, debe tener más probabilidades de mejorar las cosas que de empeorarlas para el país en cuestión.

Y esa condición, por desgracia, no se cumple en Siria. Bernard-Henri Lévy puede declarar alegremente que “es factible y viable”, pero ¿qué sabe él? En toda intervención existen complicaciones y peligros, pero casi todos los expertos en Siria, la región y la geopolítica de la zona dicen que en este caso hay dificultades mucho mayores que las de Bosnia, Kosovo, Sierra Leona y Libia.

No es solo cuestión de lo numerosas, bien equipadas y bien entrenadas que están las fuerzas represivas a disposición de El Asad, ni de las divisiones regionales y sectarias en el país. Hay que tener en cuenta además la implicación directa de varias potencias regionales y mundiales, que apoyan, ya sea a las claras o de manera encubierta, a distintos bandos en la guerra civil. Lo que más salta a la vista es el inequívoco respaldo que están dando el Irán chií y la Rusia de Putin al régimen de El Asad y su base de poder alauí, mientras que otras potencias suníes como Arabia Saudí y Catar, al parecer, financian la adquisición de armas por parte de los rebeldes. El ministro iraní de Exteriores dijo hace unos días que Teherán y Moscú mantienen posturas “muy próximas” en el problema de Siria; lo hizo durante una conferencia de prensa conjunta en la que el ministro ruso de Exteriores acusó a Estados Unidos de abastecer de armas a la oposición siria.


Sus palabras eran una respuesta a la acusación hecha por Hillary Clinton de que Rusia está suministrando helicópteros de combate al régimen de El Asad. Mientras tanto, los llamamientos a una intervención militar son cada vez más sonoros en el Congreso y los medios de comunicación de Estados Unidos, aunque no en el Pentágono, que hace una evaluación fría y ponderada de lo que representaría. Un paso podría conducir con mucha facilidad a otro, y lo que comenzó siendo una intervención humanitaria mínima podría convertirse en una ocupación parcial, larga y caótica, o incluso en una especie de guerra entre terceros.

Al mismo tiempo, las opciones puramente políticas que están estudiándose parecen débiles o imposibles. El plan de paz de Kofi Annan está hecho jirones. El endurecimiento de las sanciones contra la familia El Asad y sus esbirros puede significar menos compras por internet de zapatos Christian Louboutin, pero no detendrá a un dictador que tiene la espalda contra la pared y está dispuesto a hacer lo que sea para evitar morir por linchamiento como Muamar el Gadafi. Algunos sugieren un frente popular internacional para la paz en Siria, en el que Estados Unidos y Arabia Saudí trabajen codo con codo con Irán y Rusia. Es una perspectiva que parece tener tantas probabilidades como que el Papa anuncie que se casa con Madonna. La consolidación de una oposición siria más unida y comprometida a realizar una transición negociada y no violenta es una gran idea para ayer y para mañana, pero no una solución para estos momentos, en plena guerra civil.

La posición de Rusia sobre Siria es escandalosa, mentirosa e indefendible. Los rusos han bloqueado una y otra vez los esfuerzos para obtener un mandato de la ONU que autorice medidas más enérgicas en busca de la paz, con argumentos hipócritas que no pueden ocultar su interés nacional en conservar su presencia militar, económica y política en Oriente Próximo. Rusia entrenó al ejército sirio que hoy está matando civiles y, si nos fiamos de lo que dice Clinton, está suministrando helicópteros de combate que ayudan a los hombres de El Asad a matar todavía más.

¿Es que no tienen vergüenza? En el caso de la Rusia de Putin, esta pregunta se responde por sí sola. ¿Es que no tienen otros intereses nacionales que, llegado el momento, pesen más que este? Esa sí es una pregunta que merece la pena hacer. Si Occidente está verdaderamente decidido a detener las matanzas en Siria, debemos pensar si quedan palos y zanahorias más grandes que todavía podamos agitar delante de Rusia —aunque nos cuesten alguna cosa a cambio— para lograr que cambie de postura. El camino a Damasco pasa por Moscú, y la conversión de Putin no va a conseguirla ningún Dios".

jueves, 21 de junio de 2012

Egipto y los generales

Mientras se mantiene la incertidumbre sobre los resultados finales de las elecciones presidenciales egipcias, se suceden los rumores sobre los movimientos de la Junta Militar para mantener indefinidamente su control sobre el aparato ejecutivo. A pesar de que los primeros datos dan una victoria clara al candidato islamista al-Mursi, el oficialista Shafiq sigue insistiendo que podría haber obtenido la victoria. El analista egipcio Esam al-Amin reflexiona sobre este asunto en su artículo "Enfrentando a los generales", publicado inicialmente por Counterpunch y traducido al castellano por Rebelión.

"Contra todas las probabilidades, el candidato de los Hermanos Musulmanes (HHMM), el Dr. Muhammad Mursi, ganó las primeras elecciones presidenciales celebradas en Egipto tras el derrocamiento del dictador Hosni Mubarak…. pero por muy poco. El recuento final muestra que Mursi recibió 13,3 millones de votos (el 52%), mientras el último Primer Ministro de Mubarak y candidato del ejército y de los residuos del régimen, el General Ahmad Shafiq, recogía 12,4 millones de votos (el 48%).

Nunca deberían haber estado tan igualados los resultados. Un sinfín de personas se pregunta cómo una revolución que unió a millones de seres contra un régimen corrupto ganándose la admiración del mundo entero, puede haber acabado con ese mismo detestado régimen al punto de reclamar el poder después de poco más de un año. Desde luego, la respuesta directa a esta pregunta es el siniestro papel jugado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que se apoderó del país tras la caída de Mubarak, así como por las instituciones del estado profundo de la seguridad de Egipto.

Sus tácticas incluyeron la manipulación directa del proceso electoral, las inexplicablemente favorables decisiones adoptadas por la Comisión Electoral para las Elecciones Presidenciales, de la era Mubarak, el uso de los medios de comunicación estatales y de las cadenas privadas controladas por los corruptos empresarios del régimen de Mubarak, que se dedicaron a aterrorizar a la gente amenazando con el espectro de una inminente teocracia, la habilidad para lanzar a los grupos por la revolución unos contra otros y el caos deliberado auspiciado por el CSFA en la vida diaria de los egipcios de a pie a través de la restricción de productos básicos fundamentales y de la falta de seguridad en las calles. La gente empezó pronto a asociar revolución con inestabilidad, carencias y caos. Desalentados, muchos anhelaban los días del viejo régimen.
A lo largo del pasado año, el CSFA, ayudado por los pasos en falso dados por los HHMM y sus devaneos tras las bambalinas con los generales pudo crear una aguda alienación y sembrar desconfianza entre el movimiento islamista, que es el movimiento mejor organizado del país, y el resto de los grupos de jóvenes y a favor de la revolución. A finales de marzo de 2012, el CSFA se sintió tan envalentonado por el éxito de su plan que empezó a desafiar y a amenazar abiertamente a los ahora alienados HHMM, a pesar del hecho de que el grupo tenía aquellos momentos en sus manos el control de ambas cámaras del parlamento...

Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, los grupos a favor de la revolución recogieron casi 15 millones de votos (con Mursi recibiendo 5,8 millones). Por otra parte, los candidatos de la era Mubarak recibieron 8 millones de votos (con Shafiq al frente con 5,5 millones). Pero los dos principales candidatos apoyados por los grupos pro revolución en la primera vuelta fueron Hamdein Sabahi y el Dr. Abdel Moneim Abul Futuh, que recibieron 4,8 y 4,1 millones de votos, respectivamente...

A partir de la confrontación entre el CSFA y los HHMM en marzo, era bien conocido que el CSFA iba a tratar de disolver el parlamento electo en cualquier momento para frenar el ascenso al poder de los HHMM. El argumento avanzado por muchos de los grupos a favor la revolución en el sentido de que tenían reservas a la hora de apoyar a Mursi fue que no querían que los HHMM tuvieran un control sin restricciones sobre las dos ramas de gobierno, el legislativo y el ejecutivo. Por tanto, cuando el Tribunal Supremo Constitucional disolvió el Parlamento dos días antes de las elecciones, este descarado acto de desprecio hacia la voluntad electoral del pueblo egipcio les salió mal. Un importante segmento del electorado, que tenía intención de boicotear o invalidar su voto, se sintió tan indignado que decidió votar por Mursi aunque inicialmente no pensaba acudir a votar (en el recuento final, menos del 1% del electorado invalidó su voto al meter en la urna los nombres de ambos candidatos). Si medio millón de personas, de entre los 25 millones de votos emitidos, le hubiera dado la vuelta a su voto, el candidato del ejército habría ganado.

El pasado invierno, en un momento de candor, el Presidente Jimmy Carter dijo tras una reunión con la cúpula del CSFA, que el ejército no tenía intención de renunciar al poder. En las últimas semanas, quedó muy claro lo que esa observación significaba. Primero, el CSFA iba a utilizar todos los instrumentos de poder del estado profundo para instalar a su candidato. Si ese esquema no llegaba a materializarse, el CSFA tenía un plan en reserva. En ese caso, no solo emprendería varias acciones que despojarían de poderes reales al presidente electo (si procedía del campo revolucionario) sino que también iba a usurpar todos los poderes legislativos y ejecutivos de los grupos recién llegados al poder [...]".

miércoles, 20 de junio de 2012

Viaje al infierno

Hace dos semanas varios periódicos franceses, entre ellos Le Monde, reprodujeron este articulo del politólogo belga Pierre Piccinin, que realizó una estancia de observación en Siria entre 12 y el 23 de mayo pasados en el curso de la cual fue detenido y torturado.  A continuación reproducimos algunos de sus extractos.

"El 15 de mayo de 2012, entré en Siria para una tercera estancia de observación, cuyo objetivo era esta vez realizar una cartografía y valorar de modo preciso las zonas dominadas por la oposición, estimando sobre el terreno el potencia real del Ejército Libre Sirio (ELS) y su capacidad de derrocar el régimen establecido.

Para ello, me interesé, en primer lugar, en las ciudades fronterizas, donde se concentran los ataques del ESL contra el ejército regular, o sea las ciudades de Deraa, Zabadani, Qussair, Tal-Kalakh, Homs, Tal-Biseh, Rastan e Idleb, dominadas, total o parcialmente por el ELS que recibe logística y apoyo de sus bases en Turquía y en Jordania y de los partidarios del clan Hariri en el Norte del Líbano...

Nada más subir al vehículo, fui esposado con las manos detrás de la espalda y conducido a uno de sus locales, donde me dejaron abandonado varias horas en un calabozo de  cemento recalentado, a pleno sol. Me quitaron el teléfono móvil: no tenía medio de comunicar con el exterior y era imposible localizarme.  De allí, en el transcurso de la noche, fui trasladado al centro de servicios de inteligencia de Homs, donde tuve que entregar mis efectos personales en un primer edificio, mientras que, ya, escuchaba, intranquilo, gritos ensordecedores; e imaginaba lo que debía de pasar allí....

Dos agentes que no había visto aún, vinieron a buscarme y me llevaron a una sala donde esperaba un oficial. Este último me indicó que me quitara la camisa y los zapatos. Preocupado por el giro brusco de los acontecimientos, obedecí. Sus dos acólitos me ataron las manos a una barra del techo. Las cosas se iban aclarando… Un cuarto hombre trajo dos cubos de agua y toallas, mientras me esposaban los tobillos, y salió cerrando la puerta detrás de él. Uno de los subordinados me quitó los calcetines, y me los hundió en la garganta. Después me golpearon, en la espalda, en los riñones, en el abdomen y en el torso: se puede creer que eso no es gran cosa, pero solo después de algunos golpes, el dolor se hace tan intenso que creí ahogarme y perder el conocimiento en varias ocasiones...
Me hicieron daño. Pero salí bien parado: algunas costillas malas y algunas quemaduras leves; casi nada, en comparación a todo lo que iba a ver, y  lo que me iban a contar más tarde mis compañeros de celda de la prisión de Bab al-Musalla, en  Damasco. «Como eres occidental, me han dicho, no se han atrevido a ir más lejos; si hubieras sido árabe, habrías sufrido el mismo trato que este periodista de Al-Jazira : estaba allí, unos días antes que tú; le machacaron las manos y le rompieron las rodillas». Sí, me dolió, pero no era nada, solo una simple bofetada, comparado con lo que iba a ver durante el resto de la noche.

Y el ruido de los golpes que empezaban, los chasquidos; y los gritos; muy fuertes, luego amortiguados por las mordazas. Los lamentos, los gemidos, cuando los verdugos dejaban respirar a sus víctimas, cuando los chasquidos de los golpes cesaba, por un momento, Y los golpes otra vez; « halas, sidi ; halas, sidi ! ». « ¡Basta señor; basta, señor! ». Y los llantos...

Sobre las 9 h (he visto la hora en el autobús), vinieron a buscarme: el agente me ha desató y me hizo comprender que tenía que ponerme los zapatos y la camisa. Cuando abrió la puerta, palidecí a la vista de los cuerpos, sin vida, extendidos a lo largo del pasillo; el agente me miró, como si se extrañara de mi reacción, y me empujó por la escalera hacia la salida, a un autocar de la policía, que nos llevó, a cuatro detenidos y a mí, a otro centro de los servicios de inteligencia, en Damasco. El trayecto transcurrió al son de cantos patrióticos, a todo volumen, a la gloria del presidente  Bashar al-Assad...".

martes, 19 de junio de 2012

Kayleh sobre la economía siria

Leo en el blog Traducciones de la Revolución Siria, realizado por la arabista Naomí Ramírez, una nueva entrevista con el pensador palestino Salama Kayle, recientemente torturado por las fuerzas de seguridad sirias, concedió al canal Orient News. El conjunto de la entrevista puede consultarse en este enlace.

¿Ve algún tipo de interconexión entre los movimientos de jóvenes en El Cairo y Damasco? 
Como base objetiva, hay un acuerdo, una base común a estas revoluciones que está relacionada con la composición política, social y económica que se conformó en las décadas pasadas. Es decir, estos países los gobernaban sistemas convertidos en regímenes familiares mafiosos que habían secuestrado la sociedad y los centros de riqueza, y así, por una parte, habían destrozado la economía productiva: la industria y la agricultura. Por otra parte, provocaron el empobrecimiento de un amplio sector de la población.
Pero el proceso de la revolución en Egipto fue totalmente distinto al de la revolución en Siria porque Egipto llevaba viviendo un importante movimiento social desde los años 2006 y 2007, cuando comenzaron las huelgas obreras. Después, se fue desatando un movimiento en la calle, pero muy fragmentado y que se expresaba mediante distintas formas de protesta, entre las que está el concentrarse frente al Parlamento.

Por eso, parecía que una llamada en internet a la huelga era suficiente para que la gente participase pensando en la posibilidad de que esta vez nos reuniéramos todos, y eso es lo que sucedió de hecho.
                                  
En Siria, la situación es diferente porque en la realidad siria no existía la posibilidad de concentrarse o declararse en huelga, sobre todo desde el principio de la decadencia económica total en 2007, la subida del precio del diesel y la subida generalizada de los precios, que pasaron a ser precios internacionales en un contexto local muy débil. Puede que hubiera algunas formas de protesta débiles en determinadas zonas, pero la calle siria no había llegado al punto de expresarse de diferentes maneras, como la huelga y la protesta.

Por eso, las revoluciones árabes vinieron a activar algo sirio interior, que estaba vivo pero no en su punto óptimo de maduración. 

En su libro “La derrota y las clases derrotadas” dice que en Siria se había marginalizado a la clase media mientras que la riqueza había ido a parar a manos de los que se llaman neo-liberales (como Rami Makhlouf, primo de Bashar al-Asad) y que esto llevaría a una lucha que no terminaría si no se aplastaba a la clase rebelde. ¿Qué clase es esa? 
Se trata de un grupo de clases y no una única clase porque la centralización del dinero que tuvo lugar, restringió la riqueza a un grupo muy pequeño de la sociedad, que no es otro que el sector familiar que rodea a la familia, sus compinches y los comerciantes de Damasco y Alepo grosso modo. El resto de sectores -la clase media de las ciudades, los agricultores y los trabajadores- entraron en una situación en la que no podían vivir.
[Esto se comprende] cuando uno estudia los sueldos, por ejemplo, además del índice ingente de paro que se ha conformado como resultado de la decadencia económica y cuyas cifras oficiales son falsas en su mayoría ya que en realidad supone un 20 o 30% de la sociedad, y por último el bajo nivel de los sueldos, ya fuera en el sector privado o el público. Estos últimos según los propios estudios del Estado, los estudios de las autoridades, ascendían a una media de 12.000 liras sirias. En cambio, los estudios consideraban que según el nivel y condiciones de vida mínimas, cada persona debería ganar unas 31.000 liras mensuales. En este sentido, la subida de precios que los equiparó a los precios internacionales debería haber conllevado una subida de los sueldos hasta las 30.000 liras, unos 620 dólares en ese momento. Sin embargo, los sueldos se han quedado en unos 150 dólares, siendo la media de unos 220 dólares. Esto aplastó a las clases medias, los obreros y los agricultores, y por tanto son todos estos sectores los que ahora se mueven y esta es la base social de la revolución.

Por supuesto, no se han movilizado como clases, porque el levantamiento popular hace del movimiento en la calle uno en donde se entremezclan la clase media, los agricultores y trabajadores, las personas que quieren un Estado democrático y civil, las personas que quieren trabajo, los que quieren un sueldo más alto... Todos estos factores de lucha se entrecruzan en este conjunto de personas que están representadas en las manifestaciones.

Y en Siria sucede algo muy grande, según me parece a mí, y es el hecho de que el enfrentamiento violento, asesino y salvaje del régimen contra las manifestaciones no ha detenido a todos estos sectores de la sociedad, porque han llegado a una situación en la que sienten que no pueden vivir. Cuando el ser humano llega a una situación en la que cree que ya no puede vivir, se rebela sin miedo".

lunes, 18 de junio de 2012

El caos tunecino

¿Qué está pasando en Túnez? Ahora que el foco mediático se posa en Egipto, las tensiones sociopolíticas se recrudecen en Túnez, donde el nuevo gobierno islamista parece ser incapaz de resolver algunos de los problemas estructurales que padece el país y el auge de los salafistas parece poner en peligro el precario equilibrio alcanzado tras la revolución que derrocó a Ben Ali. Sami Nair reflexiona sobre este asunto desde las páginas de El País.

"La revolución tunecina ha llegado a una encrucijada. La experimentación democrática iniciada en enero de 2011 hace aflorar todo lo que había sido reprimido, escondido, desde la independencia del país, en 1956. Es el retorno de lo ocultado. Las nuevas fuerzas políticas demuestran cada día más su falta de madurez política. Carecen de un proyecto claro, de una concepción del interés general que supere las ambiciones personales de políticos poco preparados para afrontar los retos tanto institucionales como económicos del país. Todo ello desespera a la mayoría de la población.

“Nada ha cambiado”: este lema se ha transformado en grito de frustración para muchos. La gente busca pan, empleo y seguridad, mientras que las élites se están peleando para saber quién va a ser el próximo presidente de tal o cual nueva institución. Ganadores de las elecciones para la Asamblea constituyente de octubre de 2011, los islamistas recientemente moderados de Ennahda no han satisfecho en nada estas esperanzas populares. Las plagas del antiguo régimen siguen minando el tejido de la sociedad: corrupción generalizada, nepotismo y favoritismo con, ahora, dos amenazas apremiantes: el auge de un fascismo religioso salafista a la derecha del partido Ennahda y la sublevación larvada de ocho regiones, sobre todo al oeste del país, o sea las más pobres, frente a un poder político económicamente incompetente e incapaz de asegurar el orden público.
Los islamistas de Ennahda gobiernan el país día tras día; todo parece como si la coalición en el poder, junto con dos otros pequeños partidos, tuviera como principal objetivo el equilibrio interno de fuerzas en vez de solucionar los enormes problemas de la población. La seguridad resulta casi imposible de alcanzar, algo que reconoce, a su pesar, el propio ministro de interior. Los neofascistas religiosos no son numéricamente importantes, pero sí lo son por su rabia contra la sociedad tunecina, considerada contaminada por la decadencia occidental, y por sus acciones violentas. Aterrorizan a los sectores modernos, atacan físicamente a los intelectuales laicos; intentan instaurar la ley religiosa en los lugares de enseñanza; destrozan obras de arte supuestamente sacrílegas, siembran el miedo por doquier. A ellos se unen los jóvenes parados, los delincuentes en los barrios populares, que siguen teniendo un odio sangriento hacia la policía.

Ahora bien, una reacción firme del Gobierno bastaría para paralizarlos. Pero el hecho es que, más allá de declaraciones platónicas, no se hace nada en concreto. Los ministros islamistas condenan la violencia de los integristas pero no dejan, al mismo tiempo, de condenar también a los artistas o intelectuales que defienden la libertad de creación y de expresión. Así, en el Túnez revolucionario, democrático y libre, representar a una mujer besando a un hombre es, a ojos del Gobierno islamista, un acto ¡sacrílego! Sin hablar de la guerra latente del Gobierno en contra de los medios de comunicación de momento no domesticados [...].

La causa fundamental de la grave situación actual estriba en el estancamiento económico. Los círculos de negocio tunecinos temen invertir, el turismo está paralizado por la inseguridad, el paro es más importante que antes de la revolución, mientras la inflación se ha disparado. Ni Europa ni las instituciones internacionales se han atrevido a ayudar financieramente a las nuevas autoridades; y, obviamente, los Gobiernos árabes tampoco tienen interés en el éxito de la democracia en Túnez. Los tunecinos, es un eufemismo, no han acabado su revolución".

viernes, 15 de junio de 2012

Líbano ante el incendio sirio

El Informe Semanal número 798 de la revista Política Exterior dedica, de nuevo, su atención a Siria, donde cada vez es más frecuente que se habla de guerra civil: "El incendio sirio se propaga a Líbano".

"Las fracturas internas de Líbano, con numerosas confesiones religiosas a menudo enfrentadas, ha provocado que a lo largo de su historia, el país de los cedros se convierta fácilmente en el tablero de juego donde las potencias circundantes dirimen sus rivalidades.

Israel lo hizo cuando decidió –en 1978 y 1982– intervenir militarmente en Líbano para neutralizar la amenaza que los grupos palestinos suponían para su seguridad. Como resultado de esas injerencias, Israel mantuvo, primero directamente y luego a través de la Falange cristiana, la ocupación de la llamada “zona de seguridad del sur del Líbano” hasta mayo de 2000. Desde entonces, incluyendo la operación de castigo contra Hezbolá en el verano de 2006, Israel sigue muy de cerca lo que ocurre allí, sobre todo ahora, cuando la crisis siria ha vuelto a situar el país en la primera línea de fuego.

Si, como sostiene el secretario general adjunto de la ONU para las Operaciones de Paz, Hervé Ladsous, el conflicto sirio es ya una guerra civil abierta, Líbano no tardará en verse arrasado por el incendio sirio. Debido a que la milicia chií de Hezbolá es una pieza clave de la estrategia militar exterior de Damasco y Teherán, la extensión de la guerra al país vecino hará muy probable un nuevo enfrentamiento bélico entre Israel y Hezbolá.
En Siria, Irán está disputando una partida crucial con sus viejos rivales suníes: Arabia Saudí y Turquía. Si Teherán pierde Damasco, se verá obligado a aumentar su peso en Líbano. En ese sentido se debe interpretar la reciente visita a Beirut del primer vicepresidente iraní, Mohamed Reza Rahimi, al frente de una delegación que superaba el centenar de miembros. Rahimi llevaba en sus manos diversos planes y propuestas de múltiples proyectos, desde hospitales y escuelas a infraestructuras de transporte y de suministro eléctrico, que Teherán se ha ofrecido a financiar.

Uno de ellos es la construcción de un gran embalse en Balaa, corazón del feudo cristiano de Tannourine, para potenciar la agricultura local y mejorar la deficitaria generación eléctrica libanesa, que ronda los 1.500 megavatios,  frente a una demanda que supera los 2.500 en pleno verano. Sin embargo, la delegación iraní no logró firmar un solo contrato durante la visita por la aprensión con que ven los suníes y cristianos libaneses el apoyo de Teherán al régimen de Bashar al-Asad.

La participación de Hezbolá en la defensa del régimen sirio, incluida la infiltración de combatientes y de armas en suelo sirio añade leña a la hoguera. EEUU también ha reconocido que está coordinando la entrega de armas a los rebeldes sirios desde los puertos mediterráneos libaneses".

jueves, 14 de junio de 2012

La pieza siria

El profesor Francisco Veiga publica este artículo en El Periódico de Catalunya. Nuevamente viene a destacarse que la guerra civil puede ser inminente, si no lo es ya, y que las potencias regionales e internacionales libran su propia guerra en el territorio a través de actores interpuestos.

"Si aplicamos la lupa a lo que está sucediendo en Siria, o trazamos una línea entre buenos y malos al estilo de un guión de Hollywood, será difícil que entendamos lo que está sucediendo realmente. Y sobre todo, por qué ahora parece haberse reactivado el conflicto, justo a tiempo para descarrilar el plan de paz de Kofi Annan.

La precisión en los términos es importante: en Siria está teniendo lugar una guerra civil. El hecho de que un bando esté mejor armado que el otro, no afecta a esa definición, ni siquiera aunque las tornas puedan cambiar con cierta rapidez. De otra parte, la guerra civil siria es un conflicto ya plenamente internacionalizado. No es nada nuevo que el régimen de Bashar al Assad recibe armas rusas y apoyo militar de Irán. Tampoco lo es que el otro bando, el multifacético de la oposición, se beneficia de armas, instrucción, información clasificada y apoyos diversos procedentes, como mínimo, de Arabia Saudí, Qatar, Turquía, el nuevo régimen libio y algunos países europeos. En definitiva, la OTAN y sus aliados árabes están escribiendo una nueva versión, corregida y ampliada, de su actuación en Libia, el año pasado. Y debemos tener claro que la OTAN está presente, dado que países como Turquía o Francia son miembros activos y muy importantes de la organización atlántica, y no pueden hacer lo que les parezca en Siria sin el aval de Bruselas; o, al menos, sin informar al resto de los socios. Por si faltara algo, hay pruebas más que sobradas de que voluntarios yihadistas, sean de la nueva Al Qaeda o de organizaciones similares, también están actuando en Siria.
Por supuesto que el conflicto sirio posee un componente sectario entre minorías y mayorías étnico-religiosas que se apuntan a uno u otro de los bandos principales, pero también se ponen la zancadilla entre ellas. Todo eso puede resultar explosivo, como hemos visto en Hula. Sin embargo, desde hace bastante más de un siglo, sabemos que esos enfrentamientos no surgen de la nada, no estallan como tracas si alguien no anda por ahí con cerillas. Para prueba, el contagio que está prendiendo en Líbano.

La internacionalización hace que el conflicto sirio sea muy difícil de controlar, porque se reactiva o apacigua en función del juego principal, cuyo epicentro no está en ese país. La cuestión central son las relaciones con Irán y cómo va quedar el escenario de Asia Central tras la retirada de las fuerzas americanas y de la OTAN de Afganistán, el año próximo. A su vez todo ello tiene que ver, de forma muy directa, con la deriva de las relaciones entre Rusia, los Estados Unidos y la Unión Europea.

De momento, los tambores de guerra que sonaban de forma insistente, se han acallado. No se habla de un inminente ataque contra Irán, que el actual gobierno israelí deseaba impulsar a cualquier precio hace menos de cuatro meses. Es más, podría llegarse a un acuerdo en torno al programa nuclear iraní. Si las relaciones americano-iraníes evolucionaran satisfactoriamente, israelíes y saudíes se sentirían abandonados y exigirían a Washington alguna garantía frente a Irán. Es más que posible que esa negociación haya tenido lugar, y el régimen de Bashar al Assad haya sido la prenda acordada. Un cambio en Siria, en sentido pro-occidental, supondría un golpe muy duro para Hezbollah, para la influencia iraní en la zona y, teóricamente, un alivio para Israel que, además, anularía a un vecino hostil muy peligroso en sus fronteras.

Pero hay que contar también con los rusos. Un Irán alejado de Siria y Líbano se volcaría más hacia Asia Central, esto es, hacia los países del área persáfona y, entre ellos, Afganistán. En principio y si las cosas se hacen mal, la salida de ese país podría verse como la primera derrota militar de la OTAN. Pero los americanos desean dejar detrás un país mínimamente estabilizado y controlado, aunque sea indirectamente. Y para ello cuentan con la colaboración de rusos y chinos. Es una estrategia correcta, pero para que funcione hay que negociar con Moscú toda la disposición de fuerzas e influencias en Asia Central. Las cosas no iban tan mal, porque la Guerra Fría está muerta y enterrada, y americanos y rusos están dispuestos a hacer lucrativos negocios juntos, a pesar de que, disputando en teatrillos colaterales, mantengan la cara ante sus respectivos protegidos.

El problema está en que los negocios y negociaciones ruso-americanas abarcan contextos muy amplios, y resulta difícil cuadrar todos los círculos; sobre todo si segundos y terceros actores meten presión en el pudridero sirio. Allí, sacar de en medio a Bashar al Assad sólo es una parte del problema. La otra es construir el régimen que debería restañar heridas y reunificar al país, el día después. De ahí que, aun contando con el plácet ruso –que parece difícil obtener-, una intervención militar occidental no sería, ni de lejos, la solución al tremendo lío que se ha ido organizando en ese país árabe. Lo más probable es que se haya dado paso a un conflicto cronificado, una versión ampliada y corregida de la guerra civil libanesa de los años ochenta. Y eso el algo que no va a beneficiar a nadie, ni siquiera a israelíes ni saudíes".