miércoles, 27 de junio de 2012

La incierta transición egipcia

El diario El País publicaba ayer, en La Cuarta, un artículo de Haizam Amirah Fernández, investigador del Real Instituto Elcano, titulado "Egipto, una transición incierta". A continuación reproducimos algunos de sus extractos:

"Una primera lectura de lo ocurrido en las últimas semanas indicaría que el régimen no pudo evitar la victoria de Morsi, pues el coste habría sido demasiado elevado. El triunfo de Shafiq habría desencadenado enfrentamientos y, en el peor de los casos, una espiral de violencia como la ocurrida en Argelia tras el golpe militar de 1992. Sin embargo, resulta difícil creer que las Fuerzas Armadas egipcias hayan optado por hacerse el haraquiri político, poniendo en riesgo sus poderes y cuantiosos intereses económicos, que ascienden a más del 30% del PIB. Es posible que los militares, cuya legitimidad adquirida cuando se presentaron como defensoras de las aspiraciones populares de cambio se ha visto dilapidada durante el último año, hayan optado por una estrategia de control de daños.

Muchos esperan ya la próxima maniobra del “estado profundo” (las redes de poder que abarcan a militares e integrantes de los servicios de seguridad, la burocracia, la judicatura, las élites económicas, etc.), tras haber sacrificado al anciano Mubarak y haber dejado perder a Shafiq. Parece evidente que, cuanto más tiempo pasen los islamistas en el poder, más capacidad tendrán de penetrar ese “estado profundo” y transformarlo desde dentro, por lo que las resistencias a que eso ocurra no tardarán en materializarse.

En unos momentos en los que un número creciente de egipcios veía a los militares como la principal fuerza “contrarrevolucionaria”, dirigiendo contra ellos su ira y desencanto, permitir la victoria de Morsi les da un respiro para preparar las dos próximas batallas que se librarán en los próximos meses: la redacción de la constitución y la elección de un nuevo parlamento. De esa forma se da la impresión de que los Hermanos Musulmanes han tenido un gran triunfo, cuando en realidad el nuevo presidente llegará al cargo maniatado y en un contexto de enormes dificultades.
Una clave a tener en cuenta para el futuro inmediato de Egipto es la muy deteriorada situación económica. La economía egipcia se enfrenta a serias dificultades por la caída de ingresos del turismo, la salida de inversiones, la caída de la producción, las reivindicaciones laborales y el clima de incertidumbre reinante. Con unas reservas de divisas suficientes tan sólo para tres meses de importaciones, el panorama socioeconómico que se encontrará el nuevo presidente y su gobierno será alarmante.

A eso hay que añadir que el año fiscal que concluye a finales de junio arroja un elevado déficit y que el nuevo gobierno dispondrá de un presupuesto restrictivo ya decidido por el saliente. Se da por hecho que habrá que recortar subsidios estatales a varios productos como la energía, lo que tendrá un impacto inmediato en los precios y provocará protestas sociales en un país en el que el 40% de la población vive con menos de dos dólares diarios.
 
Si el presidente recién elegido y su gobierno no encuentran rápidamente nuevas fuentes de ingresos (tal vez en forma de ayudas de países del Golfo o un préstamo del FMI), el malestar social se podría volver en su contra en un plazo corto de tiempo. De ese modo, las expectativas de la población en el cambio se verían defraudadas. Teniendo en cuenta el alto porcentaje de ciudadanos que votaron contra Morsi en las elecciones presidenciales (75,2% en la primera vuelta y 48,3% en la segunda), éste no tendrá fácil su reelección ni los Hermanos Musulmanes pueden contar con repetir sus buenos resultados cuando se vuelvan a celebrar elecciones al parlamento [...]".

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