lunes, 30 de abril de 2012

64 años sin Palestina

En su edición del sábado y coincidiendo con el 64º aniversario de la creación de Israel, El País publicó un artículo del historiador Ilan Pappe (actualmente profesor en la Universidad de Exeter) titulado "Paz, partición y paridad":

"En Givat Ram, la colina de Ram, que se levanta en la parte occidental de la ciudad de Jerusalén, han construido la sede de varios ministerios, la Knesset, algunas secciones de la Universidad Hebrea y el Banco de Israel. En el verano de 1963, un grupo muy poco convencional de estudiantes se matriculó en un curso, también muy poco convencional preparado por el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea. Dicho curso, patrocinado por el CoGS (Chief of the General Saff), tenía como objetivo principal adiestrar al Ejercito en el control de Cisjordania cuando —llegado el momento— se ocupara militarmente.

El plan —cuyo nombre en clave era Shaham— dividía a Cisjordania en ocho distritos con el fin de facilitar la aplicación sobre ellos de una normativa estrictamente militar. Detrás de este plan se hallaban los miembros de la sección legal del Ejército, algunos profesores de la Universidad Hebrea y unos cuantos oficiales del Ministerio del Interior. En mayo de 1967 el mencionado plan se puso en marcha permitiendo que los respectivos gobernadores militares de cada uno de estos ocho distritos pasaran a ser lo que el coronel Elimech Avner no tuvo reparos en calificar como “monarcas absolutos” pues, desde el principio, no dudaron en aplicar las regulaciones de la normativa militar enteramente a su gusto.
Por cierto, muchas de estas regulaciones habían sido introducidas durante el mandato británico y —en aquella época— habían sido calificadas como “nazis” por los propios líderes sionistas. Una de ellas, la 110, permitía a los gobernadores detener y llevar a comisaría a cualquier ciudadano palestino que el gobernador considerara molesto, o la 111, que permitía un arresto administrativo que como tal arresto podía prolongarse durante un periodo ilimitado sin necesidad de dar explicación alguna o ni siquiera juicio. Claro que cuando lo había tampoco les servía de mucho pues los jueces eran todos militares y no disponían de formación legal. Por otra parte, los tribunales estaban formados por uno, dos o tres jueces y, este último, tenía la potestad de condenar a muerte o de aplicar la cadena perpetua. Resumiendo: lo que las sucesivas generaciones de gobernadores israelíes pusieron en marcha gracias a estas regulaciones fue la mayor prisión conocida hasta entonces en todo el mundo, una prisión que encerraba a más de un millón y medio de personas —hoy casi cuatro— que intentaban sobrevivir dentro de sus muros.

Esta inhumana decisión de condenar de por vida a tantos seres humanos fue tomada por el Gobierno israelí número 13 en pleno y representa el máximo consenso logrado nunca entre todos sus componentes: desde los socialistas del MAPAM a los revisionistas de Menájem Beguin o las distintas facciones de los laboristas sionistas: lo que toda esta gente decidió entre junio y agosto de 1967 se convirtió en la piedra angular del devenir histórico de Israel y no se tambalearía ni con la primera ni con la segunda Intifada, el proceso de Oslo o la Cumbre de Camp David en 2000. Y debido a que la decisión tomada entonces refleja perfectamente la visión sionista del presente y del pasado de Palestina como la de un Estado exclusivamente judío, la única forma en que podríamos desafiarla es cuestionando la validez de la ideología sionista. Esta ideología defiende sobre todo dos principios esenciales: el esfuerzo de controlar al máximo la Palestina histórica y el de reducir —también al máximo— la población palestina. O dicho de otra forma: se trata de conseguir el máximo de tierra con el mínimo de gente (palestina).

En el año 1948 se consiguieron —casi— los dos objetivos. Esta victoria fue el resultado de una serie de circunstancias históricas y —cómo no— de una victoria en toda regla sobre las muy mal pertrechadas tropas palestinas. Como resultado de esta victoria, la mitad de la población palestina tuvo que salir huyendo, la mitad de sus ciudades y aldeas quedaron destruidas y el 80% de la Palestina histórica fue ocupada por el Estado Judío de Israel. Testigos de ese drama: la comunidad internacional, los representantes de la Cruz Roja, de la prensa occidental y el personal de las Naciones Unidas.

Pero Occidente no parecía tener demasiado interés en saber lo que estaba pasando: sus élites políticas decidieron ignorar los informes en el mismo momento en que la comunidad internacional empezaba a considerar la colonización como una práctica inaceptable propia de tiempos pasados. No en el caso de Palestina: el mensaje transmitido por nuestro muy civilizado Occidente fue claro: la desposesión de los palestinos y la práctica ocupación de la totalidad de su territorio era no solo legítima, sino también aceptable [...]". 

viernes, 27 de abril de 2012

Primavera árabe: ¿libertad o frustración?

Acaba de aparecer el Panorama Estratégico 2012 pubicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos y el Ministerio de Defensa. Haizam Amirah Fernández, inestigador principal del mundo árabe en el Real Instituto  Elcano, escribe un artículo titulado "Primavera Árabe: ¿libertad y desarrollo o frutración y caos?". Incluyo alguno de sus párrafos, en particular los dedicados al ascenso de los islamistas al poder:

"Las elecciones celebradas en algunos países árabes en el último trimestre de 2011 –más transparentes y democráticas de lo habitual– han arrojado resultados favorables a formaciones políticas de corte islamista. En Túnez, el partido En Nahda –duramente reprimido durante la época de Ben Ali– logró en octubre 89 escaños de 217 posibles en la Asamblea Constituyente, obteniendo así la presidencia del Gobierno, mientras que un socialdemócrata encabezaba la Asamblea y un nacionalista presidía la República. En las elecciones legislativas celebradas en Marruecos en noviembre, el islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD) obtuvo 107 diputados de 395 posibles, logrando así el cargo de primer ministro. Por su parte, el partido islamista Libertad y Justicia, vinculado a los Hermanos Musulmanes egipcios, fue el vencedor de la primera de las tres vueltas de las elecciones legislativas en Egipto, en la que también obtuvo un apoyo significativo el partido salafista Al Nur, representante de una versión integrista del islam vinculada a Arabia Saudí.

En Nahda, mientras que en Marruecos solo ocho de cada cien votantes potenciales dieron su voto al PJD–. Esto quiere decir que, aunque en estos países la gran mayoría de la población sea musulmana, no por ello van a votar siempre a partidos islamistas. Estos datos deberían servir para que el resto de las formaciones políticas se esfuercen por conectar mejor con las poblaciones, ofrezcan programas políticos creíbles y esperanzadores y, sobre todo, no se presenten a las elecciones fragmentadas y apelando al voto del miedo frente al islamismo.

A pesar de las alarmas que esos resultados han hecho sonar dentro y fuera de esos países, las transformaciones profundas en el mundo árabe no han hecho más que empezar, y se prolongarán durante un periodo largo de tiempo hasta asentarse. Los éxitos electorales de los partidos islamistas en Túnez, Marruecos y Egipto indican una preferencia de los votantes por los partidos que llaman a moralizar la vida pública y se presentan como adalides en la lucha contra la extendida corrupción, teniendo en cuenta los índices de participación y los resultados oficiales de cada formación política –en Túnez 20 de cada 100 votantes potenciales depositaron una papeleta del partido En Nahda, mientras que en Marruecos solo ocho de cada cien votantes potenciales dieron su voto al PJD–. Esto quiere decir que, aunque en estos países la gran mayoría de la población sea musulmana, no por ello van a votar siempre a partidos islamistas. Estos datos deberían servir para que el resto de las formaciones políticas se esfuercen por conectar mejor con las poblaciones, ofrezcan programas políticos creíbles y esperanzadores y, sobre todo, no se presenten a las elecciones fragmentadas y apelando al voto del miedo frente al islamismo.

De la ilegalidad a la legalización y a la competición por los votos, los partidos islamistas son una fuerza importante, pero no la única, en las nuevas realidades políticas que se abren en un mundo árabe en profunda transformación. Los temores no deberían surgir por el hecho de que sean islamistas, pero sí habría motivos para la preocupación si avanza cualquier totalitarismo, del tipo que sea, en ausencia de reglas de juego democráticas acordadas y respetadas por la mayoría de fuerzas políticas y sociales.

Los regímenes cleptocráticos árabes han sido –y varios siguen siendo– auténticas incubadoras de un malestar que se traduce con frecuencia en fundamentalismo religioso, y aún así han recibido –y algunos siguen recibiendo– un apoyo acrítico de los Gobiernos occidentales. Durante años, los autócratas árabes agitaron el espantajo de los islamistas para generar miedo en las sociedades occidentales. Lo anterior, sumado a las acciones de los sectores más extremistas que actúan en nombre del islamismo (criminales como Al Qaeda o exaltados durante crisis como la de las caricaturas de Mahoma), han generado una percepción de los islamistas como si todos fueran radicales, violentos y hostiles a Occidente. La realidad es mucho más variada. No hay que olvidar que numerosos dirigentes islamistas han vivido o se han formado en países occidentales, cuyas lenguas y culturas conocen. (4). Por tanto, cuando los islamistas asuman funciones de gobierno, no cabe esperar que sus agendas estén dictadas por los sectores más radicales, pues las economías nacionales dependen del exterior para obtener financiación y, sobre todo, para alimentar a millones de estómagos [...]".
Diversas organizaciones islamistas han puesto en marcha redes de servicios sociales, incluyendo hospitales, escuelas o bancos, para ayudar a amplios sectores de la sociedad, sobre todo a los desfavorecidos. Es decir, en ausencia de un Estado que respondiese a las necesidades de la población, estos movimientos islamistas han llegado donde el Estado estaba ausente. Ahora bien, si el Estado funciona, como es de esperar en un sistema democrático eficaz, el atractivo que estos movimientos pudiera despertar en la población no sería el mismo que durante las dictaduras. No es lo mismo tener legitimidad por haber ejercido la oposición a la dictadura y haber sufrido su represión que ganarse la legitimidad realizando una buena gestión de los asuntos públicos.

Las sociedades árabes están pidiendo un nuevo clima de libertad, dignidad y justicia del que no han gozado en el pasado, así como oportunidades y resultados tangibles (trabajo, prosperidad, avances sociales, fin de la corrupción). Los nuevos Gobiernos que surjan tras las elecciones tendrán que hacer frente a los problemas reales que sufren estos países, entre ellos el déficit alimentario, muy extendido en la región (particularmente agudo en Egipto, país que es el mayor importador de trigo del mundo y que se encuentra entre los países africanos más afectados por el déficit alimentario). La religión no alimenta cuando los estómagos están vacíos y, por ende, el islamismo por sí solo no puede producir los resultados concretos que las poblaciones demandan.

Los partidos islamistas no pueden ignorar la dependencia del exterior que tienen sus países y que se manifiesta en forma de ayuda externa, inversión extranjera e ingresos por el turismo (en 2009 las actividades económicas relacionadas con el turismo representaron más del 15% del PIB de Egipto, mientras que en Túnez rondaron el 17% del PIB). Por tanto, cuando los islamistas asuman funciones de gobierno, no cabe esperar que sus agendas estén dictadas por los sectores más radicales, pues las economías nacionales dependen del exterior para obtener financiación y, sobre todo, para alimentar a millones de estómagos [...]".

jueves, 26 de abril de 2012

Más colonias ilegales

En su blog Extramundi, el director del IECAH Jesús Nuñez reflexiona sobre la colonización intensiva de los Territorios Palestinos Ocupados: "Israel se hace trampas al solitario". Y la comunidad internacional, mientras, prefiere mirar hacia otro lado.

"Rehalim, Sansana y Bruhin- ubicados en territorio de Cisjordania- son los nombres de los tres outposts en los que el gobierno de Benjamin Netanyahu acaba de autorizar la construcción de viviendas. De una sola tacada esto supone: a) una flagrante violación del derecho internacional que obliga a todo ocupante a evitar acciones de este tipo, b) una muestra más de la sensación de irrealidad en la que se mueven los gobernantes israelíes (amparados por una inmunidad otorgada por el sólido respaldo estadounidense y la pasividad del resto de países occidentales), y c) una apuesta abierta por arruinar toda posibilidad de negociación con los palestinos.

Desde hace mucho tiempo los sucesivos gobiernos israelíes vienen jugando con el lenguaje (sin por ello confundir más que a los que quieren engañarse a sí mismos). Así, han optado por distinguir entre outposts y asentamientos/colonias, pretendiendo que los segundos son legales por el simple hecho de que cuentan con permisos de las propias autoridades israelíes, mientras que a los segundos solo les falta esa característica para ser igualmente considerados como el resultado obligado de planes urbanísticos que tratan de atender a las necesidades de crecimiento de su población (cuando resulta que no menos del 20% de las viviendas ya construidas en esos asentamientos están simplemente vacías). No caben contemplaciones en este terreno: los más de cuatrocientos núcleos de población ubicados en Cisjordania (sin distinción alguna entre colonias y outposts desde la perspectiva del derecho internacional que regula las situaciones de ocupación), habitados por casi 500.000 israelíes, son ilegales. Y no basta con la emisión de ningún permiso administrativo israelí para cambiar su carácter de realidad impuesta a la sombra de una superioridad militar que desprecia la ley.
En todo caso, es no solo una lástima que no lo entiendan así los responsables políticos israelíes, sino que tampoco lo quiera entender la práctica totalidad de la comunidad internacional. Un ejemplo bien claro de ello lo tenemos en el hecho de que la Unión Europea no aplique las cláusulas de su Acuerdo de Asociación con Israel para impedir que los productos fabricados en dichos asentamientos se aprovechen de las ventajas que los Veintisiete conceden en el terreno comercial a Israel desde 1995. No es, obviamente, ignorancia, sino mero cálculo de intereses e inoperancia política lo que explica este comportamieno.

Netanyahu y su gabinete ministerial saben sobradamente que esta nueva violación no tendrá consecuencia alguna desde el exterior. Eso le permite concentrarse en la política doméstica, entendiendo que gestos como este le permiten reforzar su perfil de “hombre fuerte” y atraer al poderoso movimiento de los colonos para futuras convocatorias electorales.

Con medidas como está- acompañada de una estrategia de fuerza que no cesa de crear más obstáculos para la paz- los gobernantes israelíes (y la opinión pública que los siguen) se están haciendo trampas en el solitario, porque no es solo que estén haciendo inviable la posibilidad de que algún día exista un Estado palestino viable en la zona, sino que están impidiendo que el propio Israel pueda vivir algún día en paz con sus vecinos. Se condena, en definitiva, a una eterna violencia que contraviene sus propios fundamentos éticos y morales y que no logrará nunca imponerse a quienes siguen soñando con lo mismo que la históricamente castigada población judía israelí: tener un Estado propio".

miércoles, 25 de abril de 2012

¿Por qué luchan los sirios?

Laura Ruíz de Elvira, una de las mejores conocedoras españolas de la realidad siria, publicaba ayer esta reflexión titulada "¿Por qué luchan los sirios?" en el portal Ethic.

"El 10 de abril el patriarca greco-católico, Monseñor Gregorio III Laham, afirmaba que “la discordia en Siria ha venido del exterior mientras que todo el mundo vivía en paz”. En Occidente, los adeptos de las teorías conspiracionistas y los “anti-imperialistas” evocan igualmente una intervención oculta de agentes extranjeros para explicar la revolución siria. Haciendo tales afirmaciones, todos ellos olvidan –voluntaria o involuntariamente– el calvario y la represión a los que han sido sometidos los ciudadanos sirios –musulmanes, cristianos, árabes, kurdos, armenios,…– durante los últimos 49 años. Contrariamente a aquellos que creen en una confabulación estadounidense o israelí para atacar Irán y desestabilizar el “eje chiita”, a aquellos que han decidido erróneamente que el pueblo sirio es incapaz de tomar las riendas de su propio destino, las verdaderas causas de la revolución siria deben buscarse en la misma historia de dicho país.

La falta de libertades políticas
El juego político sirio ha estado dominado por un único partido desde 1963, año en el que partido Baaz toma por la fuerza el poder. Como en el Egipto de Mubarak, en la Siria baazista no hay elecciones presidenciales sino referéndums amañados a través de los cuales la población expresa “la renovación de su confianza” en el líder. Tampoco hay partidos de oposición libres y autónomos que puedan participar en el juego político. Los pocos partidos nacionalistas o de izquierdas tolerados por las autoridades se vieron desacreditados en el momento mismo en que aceptaron posicionarse bajo la tutela del partido Baaz por medio del Frente Nacional Progresista, que demostraba supuestamente la pluralidad del sistema político. Han sido cinco décadas de ausencia de confrontación política y de encuadramiento de todos y cada uno de los sectores de la sociedad a través de los organismos populares baazistas (sindicatos, uniones, ligas, organizaciones populares, scouts, etc.). Dicha falta de libertades políticas ha creado un alto nivel de frustración en el seno de la población; frustración que, en el marco de la “primavera árabe”, se ha transformado, primero, en protesta y, más tarde, en sublevación. No, la revolución siria no es el fruto del imperialismo, el sionismo o al-Qaeda; es el fruto de la búsqueda de la libertad.
El empobrecimiento de la población frente al aumento de la corrupción
El fuerte crecimiento demográfico de la población siria (3.26% entre 2005 y 2010) combinado con un fenómeno de paro endémico, un incremento importante de la economía sumergida y del sector de trabajo informal, y un reparto cada vez más desigual de las riquezas ha desembocado en los últimos años en una grave precariedad social y en un empobrecimiento gradual de la población (de 30.01% en 2004 a 33.6% en 2007), a pesar del crecimiento continuo del PIB. Paralelamente, un importante fenómeno de corrupción, tanto en las altas esferas como a nivel de los funcionarios de base y de las prácticas cotidianas, se ha extendido visiblemente durante la presidencia de Bachar al-Assad. En este sentido, en el año 2008 la ONG Transparency International clasificaba a Siria en el puesto 150 de su Índice de Percepción de la Corrupción, que incluye un total de 180 países. Todo ello explica que Rami Makhlouf – primo carnal del presidente al-Assad, mayor empresario sirio y máximo representante de dicho fenómeno de corrupción – fuera el principal objeto de las primeras protestas del mes de marzo del año pasado. No, la revolución siria no es el fruto del imperialismo, el sionismo o al-Qaeda; es el fruto de la búsqueda de la igualdad y la justicia social.

El miedo y la humillación
Durante décadas, los sirios han sido sometidos a las arbitrariedades de sus dirigentes. Cualquiera que haya vivido en Siria habrá podido experimentar el miedo y la humillación que, antes del estallido de la “primavera árabe”, provocaban y ejercían diariamente los servicios de inteligencia, los temidos moukhabarat, en el seno de la población. Dichos servicios han actuado impunemente durante décadas sin tener que rendir cuentas a la justicia de su país. El pillaje, los sobornos, la extorsión, el terror, las palizas, los asesinatos,… forman parte de sus prerrogativas más conocidas. Y fue precisamente esa humillación, cruel y salvaje, la que provocó un estallido popular en la ciudad de Daraa y la que encendió la mecha de la revolución. ¿Cómo reaccionar sino manifestándose cuando, habiendo ido a preguntar sobre la suerte de tus hijos adolescentes detenidos, te responden diciendo que les olvides y que les sustituyas trayendo nuevos hijos al mundo? No, la revolución siria no es el fruto del imperialismo, el sionismo o al-Qaeda; es el fruto de la búsqueda de la dignidad.

La defección de los ciudadanos con respecto al proyecto de desarrollo baazista
En los últimos diez años el desencanto y la desilusión frente al proyecto de desarrollo y de modernización promovido por el Estado sirio en los años 60 y 70 –proyecto que históricamente había constituido una de las principales fuentes de legitimación del régimen baazista– han aumentado fuertemente. Dicho desencanto ha sido en gran medida provocado por el impacto negativo del proceso de liberalización económica iniciado hace diez años y por la lógica de supresión gradual de las subvenciones a los productos básicos; estrategias muy impopulares tanto en el seno de las clases sociales más desfavorecidas como en las filas baazistas. De este modo, el antiguo pacto social que el régimen y la sociedad habían concluido tácitamente a partir de los años 60 – pacto por el que, a cambio de desarrollo, de justicia social y de bienestar, el partido Baaz había impuesto su hegemonía política – se ha roto. Y a medida que el Estado se ha ido alejando de su rol protector, el régimen ha ido descreditándose a ojos de la población. No, la revolución siria no es el fruto del imperialismo, el sionismo o al-Qaeda; es el fruto de la búsqueda de un nuevo proyecto de sociedad.

He aquí por qué luchan los sirios. Sólo el conjunto de estos cuatro factores nos puede permitir entender la determinación del pueblo sirio en su desigual combate contra el régimen de los Assad. “Más vale la muerte que la humillación” (al-Mawt wa la al-Madhala) cantaron los manifestantes al inicio de la intifada. Hoy en día, un año más tarde, la alternativa a morir luchando ya no es la humillación, sino la misma muerte a manos del régimen. He aquí por qué luchan y seguirán luchando los sirios".

martes, 24 de abril de 2012

Haizam Manna sobre la revolución siria

Traducciones de la Revolución Siria nos ofrece este texto de Haizam Manna` titulado "La verdad es la más honorable creación revolucionaria", líder del Comité de Coordinación Nacional para el Cambio Democrático, en el que refelxiona con amargura de la evolución de la revuelta siria y de la división de la oposición al régimen.

" [...] La pregunta ahora es a dónde vamos. Es una pregunta muy legítima, porque la revolución no es un pasaporte para reproducir la represión, la crueldad, la tortura o la mentira, sino una fortaleza impenetrable en contra de su mantenimiento y no se puede hablar de una revolución, sectarismo y confesionalismo al mismo tiempo, o hablar de la resistencia civil y de la destrucción del armamento pesado del ejército.

Por eso, no me he callado ante los métodos que seguían los activistas islamistas y laicistas, y me dolía que se convirtieran en moneda corriente, critiqué la corrupción del dinero político, que se ha convertido en parte de la lucha por la influencia interior y exterior, o la decadencia de las alianzas y enemistades regionales y pugnas internacionales que nos han convertido en peones de un juego cuyo último interés es la construcción civil y democrática en Siria y la región.

Tras un año, el poder dictatorial ha dado lo peor de sí mismo en lo que ha crímenes contra la humanidad se refiere y ahora vemos a sectores de las víctimas perdiendo el rumbo que detiene el círculo vicioso que ha creado el poder securitario y despótico para empujar al reprimido a la ética del represor, a la víctima hacia el cuerpo del verdugo y que convierte a los medios de la dictadura en los medios de los revolucionarios…
Manifestaciones enteras en las que no oímos una sola palabra sobre el derrocamiento del régimen o el edificio de la dictadura, sino que vemos ataques contra el luchador o los luchadores que han luchado contra la dictadura durante medio siglo, mucho antes de que algunos de los que se dicen revolucionarios pasaran de adoptar posturas vergonzosas a clasificar a la gente como infieles y traidores. Aún más, supervisan directamente el ejército electrónico que se dedica a destruir la imagen de los símbolos gigantes y embellecer las de los enanos ante las puertas que consideran grandes porque ellos son pequeños.

El levantamiento, que es y sigue siendo una revolución para mí, es una reconstrucción del ser humano, el Estado y la nación. Es el grito de la ciudadanía contra la sumisión generalizada que engendró la dictadura, el fin de los caminos que asfaltó el despotismo, y el inicio de una ética que nos da la capacidad revolucionaria de volver a confiar en el bien, la verdad, la solidaridad, la hermandad, la unidad nacional y la cohesión nacional entre los componentes de la sociedad única.

El pueblo sirio tuvo la suerte de presenciar la desgracia iraquí y las secuelas de tener que tener que convertirse en refugiado, también ha visto lo que sucedió y sucede en Libia y los costes humanos (más de 50.000 muertos y 330.000 heridos) y materiales. También han oído lo que pasó en Yemen (donde Al-Qaeda sigue asesinando soldados hasta hoy) y ha visto la diferencia entre el pacifismo de la revolución y una revolución armada. Pero hay quien decidió hace tiempo, concretamente desde la conferencia de Antalya, que debíamos, como sucedió en Libia, cambiar el sueño y la bandera, aunque no hubieran cambiado muchos de los ministros. Como sucedió en Iraq, se mezcla entre los de Saddam y el ejército iraquí, y como sucede en Bahréin, se quiere que entren fuerzas no sirias, pero esta vez para apoyar a los revolucionarios, no al poder.

La hipocresía es ahora moneda corriente, negociar el precio es una condición necesaria para no ser acusado de ser un shabbih o un colaborador. La demagogia es la única ideología que une al salafista con el partidario de los Hermanos Musulmanes o con el liberal en un proyecto único y una única forma de hablar. El poder securitario ha jugado con destreza al juego de dejar a la revolución sin sus líderes y sus cuadros de base, deteniendo y asesinando a lo mejor que ha dado la revolución, y ha metido a un importante sector en el juego de reproducción de sus sucios métodos [...].
No hay duda de que estamos en un punto de inflexión existencial y no en una etapa cotidiana del presente y el futuro de Siria. Es esta una etapa que exige grandes líderes y posturas rotundas, una etapa en la que no se construyan los cimientos políticos y populares sobre la venta de ilusiones y el comercio con mentiras y miserias. Una etapa en la que se lave la sangre contaminada con la peste de la dictadura para convertirla en un proyecto democrático de fuerzas centrífugas para la mayoría efectiva de Siria.
Los partidarios de la democracia están en retroceso en las calles, mientras aumenta un nuevo discurso extirpador, del mismo modo, aquellos se retrotraen en sus casas, dando paso a favor su negatividad introvertida y temerosa de sí misma, de quienes la rodean y del cambio. La guerra civil no es un espantajo que utilizan los portavoces del régimen, sino que el contexto objetivo la ha petrificado en los pechos de nuestro pueblo. En 1858, Matanius Shahin se levantó contra el feudalismo para crear una nueva sociedad justa que no pecase contra sus componentes en Líbano. Dos años después, las fuerzas contrarias lograron transformar eso en un enfrentamiento sectario abierto entre los libaneses.

Para que los historiadores no escriban dentro de varios años sobre la revolución siria abortada, nuestro deber es salvaguardar los valores de la revolución y tener la valentía de enfrentarnos contra todos los miembros de la contrarrevolución".

lunes, 23 de abril de 2012

¿Hacia una política exterior islamista?

FRIDE publica un análisis de Kristina Kausch dedicado a las implicaciones que podría tener para la política exterior de algunos países árabes la llegada de los islamistas al poder. Su título es "¿Qué implicaciones tienen las políticas exteriores impulsadas por los islamistas?".

"Las revueltas de 2011 llevaron el impulso islamista de las plazas a las instituciones. Tras décadas de relativa represión abierta, en Egipto los Hermanos Musulmanes y sus ramificaciones internacionales empiezan a saborear el dulce sabor del poder. La Ennahda (Partido del Renacimiento) de Túnez y el Partido de la Justicia y el Desarrollo de Marruecos (PJD), por su parte, se han convertido en los primeros partidos islamistas en formar gobierno en sus países. Y en Libia se espera también que los islamistas desempeñen un papel importante en el nuevo orden de posguerra. Asimismo, las ramificaciones de los Hermanos Musulmanes en toda la región, incluyendo Argelia, Jordania y Palestina, ven su oportunidad en el futuro.

Los Gobiernos entrantes en el Magreb centran sus esfuerzos en sus políticas
internas, principalmente para impulsar sus deprimidas economías, estos partidos islamistas actúan con mucha cautela para evitar una reacción similar. Por lo tanto, aunque es poco probable que se den cambios fundamentales en los primeros mandatos de los Gobiernos, éstos podrían producirse en un período de tiempo más largo [...].

Los partidos islamistas, además, quieren revertir el aislamiento de Occidente al que se vieron sometidos por los regímenes autoritarios previos. Y aunque la UE y EE UU continúan siendo socios importantes para ellos, la cooperación entre los países árabes y las vinculaciones con las potencias emergentes se verán afianzadas [...].

La nueva generación de líderes árabes apuesta por reforzar su abanico de asociaciones y alianzas en política exterior en detrimento de Occidente. Por ello, ciertos observadores internacionales se muestran cautelosos: temen una conspiración contra Occidente o antiliberal a partir de esos posibles acuerdos islamistas, sunitas o árabes. No obstante, esos recelos resultan exagerados, ya que es más probable que la diversificación sea una cuestión práctica. Dado que los imperativos económicos definen las opciones políticas, los nuevos Gobiernos árabes necesitarán multiplicar sus alianzas más por razones funcionales que por otras cuestiones políticas maquiavélicas.

Así, están surgiendo alianzas que atienden a justificaciones financieras y políticas. La diversificación económica resulta vital para el desarrollo de la región. En 2011, el crecimiento del PIB de Túnez disminuyó del 3 al 0 por ciento y en Egipto, del 5 al 1 por ciento. Se estima que el desempleo egipcio aumentó del 10 al 15 por ciento, y entre los jóvenes el paro es del 25 por ciento. En Libia, la economía se contrajo en un 50 por ciento:la guerra paralizó la industria petrolera, el turismo recibió un duro golpe y la inversión extranjera directa total cayó más de un 25 por ciento.
Y mientras, los buenos propósitos y posibilidades de la UE y EE UU de invertir en la zona han sufrido mucho a partir de su crisis económica. Así, la necesidad de poner en marcha la economía está forzando especialmente a los Estados no  petroleros a buscar oportunidades en otros lugares y a trabajar para fortalecer la integración regional [...].

El aumento de dinero proveniente del Golfo se percibe con cierta suspicacia. En Túnez, tras el resurgimiento del país de sus cenizas políticas, existe la sensación de que el Golfo lo compra todo. Por su parte, Egipto intenta construir puentes con el Golfo, ya que necesita fondos de manera urgente. (Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos son las dos grandes economías del mundo árabe y los mayores inversores en Egipto). Sin embargo, los Estados del Golfo apenas han destinado ayuda a Egipto, y de los aproximadamente 20.000 millones de dólares de inversión comprometidos para 2011, sólo se han materializado 500 millones, provenientes de Arabia Saudí y Catar.

Las autoridades egipcias, que inicialmente rechazaron un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), y no cuentan con capacidad para desarrollar proyectos que puedan financiar los países del Golfo, dirigen el país con las reservas extranjeras del banco central, a punto de agotarse. Egipto está actualmente terminando de negociar un préstamo con el FMI por 3.200 millones de dólares, que se espera restaure la confianza en la reforma económica del Gobierno., con el temor de algunos observadores a divisiones entre sunitas y chiitas.

El deseo de Egipto de recuperar su tradicional influencia en la región supondrá el mantenimiento de buenas relaciones con las otra potencias fuertes, como Arabia Saudí, Irán y, cada vez más, Turquía y Catar. Y aunque existen suspicacias recíprocas, los Hermanos Musulmanes y los Estados árabes del Golfo pertenecen al eje árabe suní que los egipcios pretenden fortalecer y todos comparten la preferencia por la rama conservadora del liberalismo económico. A diferencia de Egipto, Túnez no aspira a un papel regional de liderazgo. Si bien el orgulloso gobierno pos-revolucionario tunecino presume de una renovada autoconfianza a nivel regional, los líderes de Ennahda subrayan que ellos quieren ‘cero problemas’. También alegan que no pretenden tener relaciones ni con Israel ni con Irán, porque no existe en la actualidad ‘apetito público’ para ello [...]". 

viernes, 20 de abril de 2012

Irán-Israel: ¿una guerra limitada?

Leo en Rebelión este artículo de James Petras sobre el posible ataque israelí contra las centrales nucleares iraníes. Su título es "El mito de la guerra limitada".

"La amenaza creciente de un ataque militar de Estados Unidos e Israel contra Irán se basa en varios factores que incluyen: (1) la reciente historia militar de los dos países en la región, (2) las declaraciones públicas de los dirigentes políticos estadounidenses e israelíes, (3) los ataques recientes y en curso contra Líbano y Siria, aliados destacados de Irán, (4) los asesinatos de científicos y funcionarios de seguridad iraníes por parte de grupos terroristas y/o comisionados, bajo el control de Estados Unidos o el Mossad, (5) el fracaso de las sanciones económicas y la coacción diplomática, (6) la intensificación de la histeria y las demandas extremas para que Irán ponga fin al enriquecimiento de uranio destinado al uso civil, (7) los ‘ejercicios’ militares de provocación en las fronteras de Irán y los juegos de guerra destinados a intimidar y hacer un ensayo general de un ataque preventivo, (8) los poderosos grupos de presión belicistas tanto en Washington como en Tel Aviv, lo que incluye los principales partidos políticos israelíes y el poderoso AIPAC [Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel], y por último (9) la 2012 National Defense Authorization Act (el decreto de emergencia de Obama, propio de Orwell, del 16 de marzo).

La guerra propagandística de Estados Unidos opera por dos vías: (1) el mensaje primordial es la proximidad de la guerra y la voluntad de Estados Unidos de utilizar la fuerza y la violencia. Este mensaje se dirige a Irán y coincide con las declaraciones israelíes sobre los preparativos bélicos, (2) la segunda vía tiene como objetivo el ‘público liberal’, lo que incluye a un puñado de ‘académicos sabios’ (o los ‘progresistas’ del Departamento del Estado) que subestima la amenaza de guerra y argumenta que los diseñadores de políticas ‘sensatos’ en Tel Aviv y Washington saben que Irán no posee armas nucleares ni capacidad de fabricarlas ahora ni en el futuro cercano. El propósito de este ‘cambio de opinión liberal’ es confundir y menospreciar la opinión pública mayoritaria, contraria a más preparativos bélicos, y hacer que descarrile el floreciente movimiento antibelicista.

Huelga decir que los militaristas ‘racionales’ utilizan un ‘doble discurso’ al despachar con ligereza todas las pruebas empíricas e históricas que demuestran lo contrario. Cuando Estados Unidos e Israel hablan de guerra, la preparan y la provocan, es porque quieren la guerra, igual que en 2003 contra Irak. Bajo las actuales condiciones políticas y militares internacionales, un ataque contra Irán, en principio por parte de Israel con el apoyo de Estados Unidos, es altamente probable, incluso aunque las condiciones económicas mundiales aconsejen lo contrario y las consecuencias estratégicas negativas repercutan en todo el mundo durante décadas.
Los cálculos militares de Estados Unidos e Israel sobre el potencial de Irán
Los diseñadores de las políticas estratégicas estadounidenses e israelíes no se ponen de acuerdo sobre las consecuencias de un contraataque por parte de Irán. Los dirigentes israelíes minimizan la capacidad militar de Irán para atacar e infligir daños al Estado judío, que es su única preocupación. Confían en la distancia, en su escudo antimisiles y en la protección de las fuerzas aéreas y navales estadounidenses situadas en el Golfo que cubrirían su ataque furtivo. Y por parte de Estados Unidos los estrategas militares saben que los iraníes son capaces de infligir bajas considerables a los buques de guerra estadounidenses, que tendrían que atacar las instalaciones costeras iraníes con el fin de apoyar o proteger a los israelíes.

La inteligencia israelí es famosa por su capacidad de organizar el asesinato de personas por todo el mundo: el Mossad ha organizado con éxito actos terroristas en el extranjero contra dirigentes palestinos, sirios y libaneses. Por otra parte la inteligencia israelí tiene un historial muy pobre en cuanto a sus cálculos sobre las grandes empresas militares y políticas. Infravaloraron gravemente el apoyo popular, la fuerza militar y la capacidad de organización de Hizbulá durante la guerra de 2006 en Líbano. Asimismo la inteligencia de Israel no entendió la fuerza y capacidad del movimiento democrático popular egipcio cuando se sublevó y derrocó el aliado regional estratégico de Tel Aviv, es decir la dictadura de Mubarak. Mientras los dirigentes israelíes ‘fingen paranoia’ -al lanzar tópicos sobre las ‘amenazas existenciales’- les ciegan su arrogancia y racismo narcisistas y subestiman repetidamente la pericia técnica y la sofisticación política de sus adversarios islámicos regionales y árabes. La prueba irrefutable de esto es cómo menosprecian la capacidad de Irán para responder a un ataque aéreo planificado por parte de Israel.

El gobierno de Estados Unidos ya se ha comprometido abiertamente con Israel a apoyar un ataque contra Irán cuando suceda. Washington afirma específicamente que defenderá a Israel ‘incondicionalmente’ si le atacan. ¿Cómo pretende Israel evitar un ataque si sus aviones bombardean y disparan misiles sobre las instalaciones, las defensas militares y los sistemas de apoyo de Irán, sin mencionar las ciudades, los puertos y la infraestructura estratégica iraníes? Por otra parte, teniendo en cuenta la colaboración del Pentágono y los sistemas de inteligencia coordinados con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), su papel en la identificación de objetivos, rutas y la trayectoria de misiles, el suministro de armas y las cadenas de abastecimiento serán críticos en caso de un ataque de las FDI. No hay ninguna posibilidad de que los Estados Unidos se disocien de la guerra del Estado judío contra Irán una vez que el ataque haya empezado".

jueves, 19 de abril de 2012

Perspectivas de la primavera árabe

El último número de la revista Afkar / Ideas nos ofrece una entrevista con el periodista libanés Saad Kiwan en torno a los resultados de la Primavera Árabe a un año vista. La entrevista, realizada por Lorenzo Trombetta y titulada "Perspectivas de la Primavera Árabe", hace un balance positivo.

"Kiwan, 57 años, es originario de la región costera de Batrun, pero pronto se trasladó a Beirut antes de dejar el país. Pertenece, al menos formalmente, a la comunidad cristiano-maronita libanesa. Después de estudiar en Bélgica, se trasladó a Italia, donde trabajó como periodista. Tras el final de la guerra civil libanesa (1975-1990), a mediados de los años noventa, regresó con su familia a Beirut. Aquí, desde hace más de 20 años, primero como periodista en el diario Al Safir y luego en SKeyes, el centro de la Fundación Samir Kassir para la Defensa de la libertad de prensa y de la cultura, libra su batalla a favor de un modelo alternativo al confesionalismo político, dominante en el país del Cedro, que se base en la afirmación del principio de ciudadanía (al muwatana).

afkar/ideas:  En la expresión “primavera árabe” se subraya un carácter pasajero, estacional, de este fenómeno. ¿Es así?
saad kiwan: Ciertamente no. Se trata de un fenómeno de amplísimo alcance, también en términos temporales. Un fenómeno que sorprendió a todos, incluso a los propios protagonistas de las distintas realidades árabes, un fenómeno sin precedentes en la historia moderna y contemporánea no solo del mundo árabe, sino de todo Oriente. Es como una enorme roca que se lanza a un lago, similar a un estanque que durante cientos de años ha estado dominado por el inmovilismo. Y la época de los regímenes poscoloniales, de los que está intentado con tanto esfuerzo liberarse, es solo el último acto de esta larga noche del mundo árabe.
a/i:  ¿Cuál es, en su opinión, el desafío al que se enfrentan los revolucionarios árabes?
s.k.: El desafío más complejo será el de la revolución confesional, que separe la religión de la administración de la cosa pública. Sin esta reforma radical, los procesos de cambio en curso en los diversos países árabes peligran de quedar incompletos, y los objetivos fijados –el anclaje en el Estado de derecho y el Estado civil (dawla madaniya)– no se podrán lograr.

a/i: ¿Y si tuviera que esbozar un primer balance provisional?
s.k.: El resultado más importante hasta ahora es el derrumbamiento del muro del miedo y del silencio, que durante décadas pesó como una losa en la sociedad árabe. Otro muro de Berlín, no material, muy presente en la conciencia de muchísimos árabes, se ha disuelto. Ahora expresar la propia opinión de forma pública se considera un derecho inalienable. Igual que protestar abiertamente y dar voz al propio malestar se considera un derecho indiscutible. Por fin se puede gritar contra el orden constituido, el nizam. Unas conquistas que desde Europa se pueden dar por descontado, pero que en las sociedades árabes no lo son en absoluto tras décadas de dominación de regímenes despóticos.
a/i:  ¿Cómo han reaccionado y están reaccionando los poderes constituidos?
s.k.: Algunos, como en Túnez, Egipto, Siria, Yemen, Bahréin y Libia, han escogido la vía de la represión en grados distintos. Otros enseguida se precipitaron en la búsqueda de remedios, intentando dar la impresión de que habían comprendido el malestar de los súbditos. Pero lo que ha cambiado es la relación entre gobernantes y gobernados. Los primeros saben que ya no pueden actuar impunemente contra su propio pueblo. Saben que deben rendir cuentas de sus acciones y ahora tienen miedo de las reacciones de las masas. A diferencia de antes, cuando el déspota se comportaba considerando la cosa pública algo de su exclusiva propiedad, seguro de no tener que responder de sus decisiones.
a/i:  En concreto, ¿en qué países los gobernantes se han apresurado en buscar remedios y cómo han logrado gestionar las contestaciones populares?
s.k.: Marruecos, Jordania y Arabia Saudí entran en esta categoría. No es casual que se trate de tres monarquías y no de repúblicas hereditarias, aunque las analogías se quedan aquí, porque cada país ofrece unas especificidades que hacen que cualquier generalización resulte forzada.
a/i: : En Jordania las protestas asumieron en un primer momento una dimensión radical. Y en Amán aparecieron milicias irregulares leales similares a las que se vieron en acción en El Cairo. ¿Qué sucedió después?
s.k.: El reino hachemí busca con esfuerzo y de forma gradual responder a las demandas más urgentes de algunos sectores de la población que hasta ahora habían quedado al margen de los beneficios del poder. Como en otros escenarios árabes, las reivindicaciones de la plaza jordana en la primavera de 2011 se dirigían contra la corrupción, a favor de la justicia y la transparencia y de unas reformas políticas radicales. Pero nadie ha puesto en duda verdaderamente la autoridad del rey. Nadie ha cuestionado el orden constituido, la monarquía. El motivo es que aunque el movimiento de contestación en Jordania siga existiendo, se ve limitado por una serie de factores internos y externos.

a/i:  ¿A qué se refiere?
s.k.: La sociedad jordana es esencialmente beduina. Por ello es muy fiel al jefe, en este caso el rey. Está compuesta también por importantes minorías étnicas –circasianos, turcomanos– que tradicionalmente son fieles al soberano. Otro factor de limitación y no de impulso es el factor palestino: los jordanos de origen palestino constituyen la mayoría numérica de la población. También ellos ven en la monarquía una garantía de su statu quo, privilegiado en muchos aspectos respecto a los palestinos de Cisjordania, Gaza o de los palestinos de los campos de refugiados en otros países árabes. No olvidemos que Jordania es un Estado frágil, interna y regionalmente. El rey supone una garantía frente a esta debilidad intrínseca en la naturaleza misma de una monarquía confeccionada en torno a la familia hachemí, originaria del Hiyaz, en la actual Arabia Saudí. El que pone en cuestión la monarquía pone en cuestión  todo el Estado: los beduinos se aferran a esta seguridad temerosos de los palestinos y viceversa, en un clima de desconfianza que acaba reforzando al rey [...]".

miércoles, 18 de abril de 2012

Falta de visión israelí

El periodista israelí Gideon Levy publica en el diario Haaretz una reflexión, con el título "La falta de visión hace de Israel un Estado a corto plazo", sobre la incapacidad de Israel de enfrentarse a la cuestión palestina. El texto aparece en el portal Rebelión.

"No hay otro país como Israel. No se sabe cuántos estadounidenses estarán desempleados y sin seguro de salud dentro de una década. Europa se pregunta cuántos inmigrantes más entrarán y si seguirá existiendo el euro en el año 2022. En Israel los problemas existenciales son infinitamente más profundos y de alcance más amplio, pero nadie se molesta en hacerles caso.

El Primer Ministro habla como si sus problemas fuesen de tipo europeo (excluyendo la histeria nuclear respeto a Irán), lo cual hace que las cuestiones mucho más funestas permanezcan abiertas y, de alguna manera, nadie las discute. Israel existe hace 64 años y los problemas siguen pendientes como si el Estado se hubiera establecido ayer, y no hay respuestas.

Nadie puede decir cómo será este país dentro de 10 años. Algunas personas incluso dudan de que siga existiendo para entonces, algo que no se plantea en cualquier otro país. Pero incluso la preocupación sin fundamento por esta cuestión se reduce a sembrar el miedo y el gimoteo en la cena del viernes. Todas las demás cuestiones, no menos críticas, ni siquiera surgen. ¿Alguien sabe si Israel será una democracia dentro de una década? ¿Alguien puede prometer esto? ¿Será un Estado laico o uno basado en la ley judía? ¿Va a ser un Estado de bienestar o un Estado capitalista? ¿Cuántas naciones vivirán en él dentro de una década? ¿Quiénes serán mayoría dentro de 10 años -otra pregunta que no encaja en ningún otro lugar- y cuáles serán las fronteras? Esta cuestión también se plantea sólo en Israel, el único Estado sin fronteras.

Todo está abierto, fluido y es alarmantemente frágil. Los tres posibles escenarios futuros de Israel como Estado de ocupante -la continuación del statu quo para siempre, dos estados o uno- parecen sin fundamento, y la gente ha dejado de tenerlos presentes, como si la ausencia del discurso produjera una vía de solución. Pero tampoco todas las demás preguntas críticas tienen una respuesta real, y casi no aparecen en el orden del día, a pesar de que los israelíes deberían centrarse en ellos.

Un Estado sin un futuro (claro), revolcándose en el pasado y centrado en el presente, es equivalente a un Estado a corto plazo. Incluso en la víspera de los patéticos días de conmemoraciones nacionales, nadie pregunta cómo se verá Israel dentro de una década, muy poco tiempo en términos históricos.
                 
La semana pasada me uní a los peregrinos a Hebrón en la víspera de la Pascua. En el autobús uno de ellos, utilizando un término despectivo hacia los árabes, dijo en voz alta: «Todos los arabushim deberían ser enviados a las trituradoras de piedra directamente desde el hospital, tan pronto como nacen». El autobús entero estalló en carcajadas. Algunos pasajeros murmuraron entre ellos, un reportero y un fotógrafo, las únicas personas seculares en el autobús: «Colaboradores, hay colaboradores en el autobús». Nadie protestó, por supuesto.

Los miles de peregrinos a Hebrón, con sus miríadas de seguidores, pertenecen a otra nación, sin conexión o semejanza con la nación de Tel Aviv. Cada sociedad hoy en día tiene un ala de extrema derecha, pero en una sociedad pequeña, frágil como la nuestra, esto podría llegar a ser fatal. Los Estados Unidos pueden permitirse su oscura derecha cristiana y seguir siendo una democracia. Israel no puede. ¿Alguien puede garantizar que el tono hostil del autobús de Hebrón no se convertirá en el tono prevaleciente? Es evidente que las cosas van en esa dirección y nadie está haciendo nada para detenerlas [...]".

martes, 17 de abril de 2012

Siria y el factor tiempo

El editorial del número 33 de la revista Afkar / Ideas, recientemente publicado, plantea un análisis pesimista de la crisis siria: "Siria, el tiempo juega a la contra". La reflexión parte de que el factor tiempo corre a favor del régimen. Por mí parte creo que nada volverá a ser igual y que el régimen tendrá que reformarse en profundidad, cosa que considero poco probable, o deberá restaurar el muro del miedo que ha sido derribado por la población en este último año.

"Tras un año de protestas, Siria se ha convertido en un foco de preocupación en una región ya de por sí muy sensible y vulnerable. El conflicto sirio corre el riesgo de desbordarse y alcanzar a los países vecinos, los cuales por supuesto no son ajenos al aumento de la violencia que se vive dentro del país. La llegada de refugiados que cruzan territorios minados escapando de la violencia, de la crudeza de los asedios y de las inclemencias de un día a día que cada vez se parece más al de una guerra, es una realidad a la que los vecinos de Siria, y especialmente Turquía, se ven obligados a responder. Una respuesta humanitaria adecuada, por las dificultades que impone el propio régimen sirio y por la lentitud e ineficacia de la comunidad internacional, sin embargo, no parece vislumbrarse fácilmente.

El tiempo y la geopolítica juegan a favor del régimen. Por un lado, el grado de violencia y los riesgos de guerra civil son cada vez mayores. Por otro, entre los actores internacionales parece calar cada vez más las tesis del régimen de que entre los rebeldes hay efectivos yihadistas y que los atentados terroristas son una prueba de la presencia de Al Qaeda sobre el territorio. Aunque la oposición asegura que son obra del régimen, la realidad es que han propiciado reticencias entre la comunidad internacional a intervenir en Siria.
Siria, el tiempo juega a la contra
En un principio, los términos del consenso que se intentaba lograr en el seno de Naciones Unidas giraban en torno a la posible salida de Bashar Al Assad y a la cesión del poder a manos de su vicepresidente, algo que no garantizaba la caída del régimen pero sí la del clan familiar que lo ha dirigido durante 42 años con una política hermética paternalista, controladora y voluntariamente sectarista. En estos momentos, la mediación internacional parece resignarse a apagar algunos de los incendios más alarmantes de la crisis y conseguir el cese de la violencia, el acceso de la ayuda humanitaria y el inicio de un diálogo. Si bien este nuevo arreglo podría conseguir federar el aval ruso y chino, la realidad es que da al traste con las aspiraciones de los opositores sirios.

El argumento de la fragmentación y la falta de legitimidad de la oposición sirve como justificación de la débil respuesta internacional. A su vez, el régimen aprovecha esta división de la oposición para sembrar dudas con respecto a sus intenciones, métodos y composición. La estrategia de descrédito se desarrolla tanto desde los discursos oficiales como desde los múltiples foros en internet. La tarea informativa de los profesionales se ha visto gravemente entorpecida por el veto, por lo que los periodistas que logran infiltrarse en el terreno de la mano de los rebeldes son tachados de poco objetivos y su profesionalidad es cuestionada sistemáticamente al igual que las informaciones que circulan por la red, procedentes de activistas sirios que documentan el conflicto. Abundan además las teorías conspiratorias que aluden a supuestos intereses israelíes y americanos para desestabilizar el país y que acaban apoyando al régimen sirio en detrimento de las demandas populares de democracia y libertad.

Ante esta situación, algunos países abogan por armar directamente a los rebeldes, a pesar de los riesgos que esta estrategia entraña. Pero todavía hay margen para incrementar las sanciones y aislar diplomáticamente al régimen y no se ha iniciado ningún procedimiento de justicia internacional que lo pueda arrinconar aun más. Y habrá que ver cómo evoluciona Irán y su escalada de tensiones con Israel y Estados Unidos y cuáles podrían ser las repercusiones para el aliado sirio.

El plan de Al Assad es difícilmente sostenible. La represión acompañada de reformas cosméticas puede mantener al régimen en pie temporalmente, pero habrá que ver si podrá sobrevivir con más de 8.000 muertos, 30.000 refugiados y 200.000 desplazados a sus espaldas.

El problema de Siria se agrava con el tiempo. Cada día que pasa, la comunidad internacional parece más inoperante, el coste humano y material es mayor, las posibilidades de una transición hacia la democracia se desvanecen y el escenario posconflicto dibuja una sociedad rota por la confrontación y la violencia. ¿Cuánto más habrá que esperar?".

lunes, 16 de abril de 2012

La crisis siria vista por los árabes

El blog Traducciones de la revolución siria nos ofrece un artículo de Abd al-Rahman al-Rashid titulado "Atemorizar a los países de la zona para que no apoyen a los sirios",  inicialmente publicado en el diario al-Sharq al-Awsat. El autor se muestra claramente partidario de la militarización de la revuelta y de que la comunidad internacional arme a la oposición.

"Entre las paradojas de la crisis siria están las advertencias que se lanzan a los países que exigen que se apoye al pueblo sirio, mientras que nadie ha hecho nada para detener a los países que apoyan a las fuerzas del régimen armadas hasta los dientes, y que a diario llevan a cabo destrucciones sin dar importancia a ninguna de las sanciones internacionales o al movimiento al que se enfrentan. Las actividades diplomáticas, en vez de ir encaminadas a cercar al régimen, como sucedió en Libia y antes en Iraq y Serbia, han ido encaminadas en la dirección opuesta.

Siria y sus aliados han dado un nuevo paso cuyo objetivo es atemorizar y perseguir a los países que apoyan al pueblo sirio, como Turquía, Arabia Saudí o Catar, advirtiéndoles de que no armen a la oposición. Mientras, vemos que las armas que utiliza la oposición en la guerra de barrios y calles no son más que fusiles y armamento ligero, exceptuando algunas armas contadas que consiguieron los revolucionarios en un almacén de municiones hace más de dos meses, y lo que arrebatan a los soldados del régimen cuando atacan los barrios. Sin embargo, la mayor parte de las veces, los soldados del régimen llevan municiones reducidas, ya que el ejército teme que se produzcan deserciones o que los revolucionarios accedan a las armas.

Los que hoy se enfrentan al régimen en Homs, Hama, la periferia de Damasco, Daraa y otros puntos del país son sirios de estas zonas y barrios. Ellos, con un armamento rudimentario, han logrado sacudir a la mayor potencia militar y securitaria árabe.

La nueva situación en esta lucha es que el régimen ha decidido apoyarse en lo elevado del coste de la misma llevando a cabo destrucciones masivas y salvajes asesinatos diarios, invirtiendo la ecuación internacional. Originariamente, esta iba dirigida a avergonzar al régimen sirio y obligarle a acometer amplias reformas; hoy la avergonzada es la comunidad internacional, porque el régimen destruye más y mata de forma más salvaje, hasta el punto de que la comunidad internacional ha reducido sus exigencias a que se ponga fin a la crisis humanitaria de los civiles en Siria.

¿Cómo pueden los estados de la región y a los que les importa lo que sucede poner fin al salvajismo del régimen que sabemos que continuará aunque la revolución cese? Es necesario proveer a la gente de armas para frenar al salvaje aparato del régimen, que no puede pararse por medio de iniciativas políticas, ya que no se detendrá hasta haber borrado regiones enteras y haber sumado unas cuantas decenas de miles de víctimas más. Si no se aumenta la presión interna contra el régimen, no cederá en nada realmente y por tanto, el enviado de Naciones Unidas y la Liga Árabe terminará pidiendo garantías de que los manifestantes no dispararán y se permitirá a las fuerzas del régimen dominar todas las ciudades y pueblos insurrectos. Finalmente, somos conscientes de que incluirá en el gobierno a varios nombres de la falsa oposición para afirmar que ha aceptado participar en un gobierno nacional, una obra de teatro que representará junto a las autoridades iraníes y rusas.

Así, ni la revolución ni la guerra tendrán fin y solo podrá detenerse la violencia del régimen apoyando a los ciudadanos sirios que defienden a sus hijos, casas y barrios. Sin ese apoyo, el derramamiento de sangre se perpetuará y las fuerzas del régimen continuarán con los asesinatos. Esos asesinatos oficiales, como hoy los vemos, no tienen como objetivo exclusivo el deshacerse de los revolucionarios,  o los llamados “grupos armados”, sino que su objetivo principal es volver a implantar el miedo en las almas del pueblo, pues esa es la forma de gobernar en la República Siria del Miedo. Estoy seguro de que el pueblo sirio no aceptará dar marcha atrás, porque cuarenta años de gobierno de un régimen policial que gobierna todos los detalles de la vida de los ciudadanos por medio de los servicios de inteligencia y que impone la humillación y la tortura, no pueden aceptarse de nuevo, independientemente de quien se siente en el sillón presidencial en Damasco.

Los pocos países que apoyan al pueblo sirio en su tragedia tiene pocas y difíciles opciones: abstenerse y que el régimen sacrifique a todo su pueblo y después de convierta en un ogro regional más peligroso que los anteriores, o bien esperar una resolución internacional que les otorgue el derecho de apoyar directamente al pueblo o de apoyar a las fuerzas sirias popularmente y cambiar el equilibrio de fuerzas de forma que bien hayan de acometerse reformas políticas, o bien el régimen haya de ser cambiado por completo por parte de los sirios".

viernes, 13 de abril de 2012

Hablar con seriedad de Siria

El nuevo número de la revista Afkar / Ideas contiene una reflexión del intelectual sirio Bassam Haddad titulado "Hablar con seriedad de Siria". A un año visto del inicio de la revuelta y cuando parce que el alto el fuego es respetado su lectura es altamente recomendable para explicar cómo hemos llegado hasta aquí. Únicamente incluyo sus reflexiones finales sobre los vínculos entre el régimen y la economía.

" [...] Me gustaría centrarme en uno de esos conjuntos de factores o incursiones que se omiten sistemáticamente, o bien se distorsionan en los análisis sobre Siria. Se trata del continuo esfuerzo realizado por el régimen desde los años setenta para crear redes empresariales que unan a los principales actores empresariales y a los funcionarios estatales, a medida que estos últimos, y sus vástagos, se aventuran en el mundo de los negocios.

He defendido este argumento de forma mucho más extensa en otros lugares, pero es conveniente exponer un poco los antecedentes. El régimen fue salvado en 1982 por los mercaderes suníes urbanos que explícitamente se mantuvieron leales a Hafez al Assad cuando reprimió a los Hermanos Musulmanes. Esa acción impidió que el movimiento adquiriese una amplia base popular. Assad y sus hijos nunca olvidaron aquel momento.

Desde entonces, el régimen ha forjado unas relaciones más profundas con la comunidad empresarial suní (aunque de una manera selectiva para impedirles llegar a la acción colectiva). También ha fomentado la creación y el desarrollo de redes politico-económicas que mezclen a funcionarios estatales y actores empresariales. Estas redes sirven para sustituir las alianzas sociales por trabajo y para pasar algunas cargas del sector público a actores privados a los que se conceden privilegios no revelados para que inviertan, de modo que se fomenta una incursión a gran escala de la burguesía estatal en el llamado sector “privado”. En los años noventa, surgió en Siria una nueva clase empresarial a partir de las cenizas de lo que había sido una economía centralizada.

Las formas de apoyo, tanto pasivo como activo, por parte de este poderoso estrato social han protegido a las principales ciudades metropolitanas, en particular Damasco y Alepo, de las expresiones masivas de descontento, el cual sigue estando, como consecuencia, por debajo del umbral necesario para una toma de las calles en masa.
 
La otra cara de esta historia es que, desde finales  de los años ochenta, esos mismos empresarios y sus socios en los círculos oficiales (el Estado) han alejado de las zonas rurales la asignación de recursos e inversiones. También han promovido reducciones drásticas de los subsidios estatales a lo largo de los años, sin un aumento comparable de la creación de empleo, especialmente desde 2005, cuando Bashar al Assad anunció la creación de una nueva economía de “mercado social”.

El desigual desarrollo regional, unido al aumento de las dificultades para llegar a fin de mes por falta de trabajo y ayudas, castigó al campo con mucha más dureza que a las ciudades como Damasco y Alepo. Una gota adicional que colmó el vaso fue la sequía durante varios años sucesivos a partir de 2003, que provocó oleadas masivas de urbanización. Las ciudades metropolitanas tenían más capacidad para absorber esta emigración que otras ciudades que ahora están siendo testigos de tensiones y protestas. Como consecuencia, y combinado con décadas de gobierno y prácticas autoritarias, la mayoría de los habitantes, en especial de las zonas rurales, han tenido muy poco que perder hacia el final de la primera década del nuevo milenio. Eran, por tanto, los que estaban dispuestos a expresar unidos su descontento abiertamente. Todo lo que necesitaban era una chispa que prendiese la mecha. Buazizi se la proporcionó en Túnez cuando se inmoló.

La trayectoria de las revueltas sirias refleja, en parte, esta dinámica más compleja que vincula causas y consecuencias inmediatas de una manera más sutil. La capacidad del régimen para soportar la presión del levantamiento durante más de 12 meses, nos empuja a buscar otros factores que puedan ayudar a ofrecer una visión más holística. Sin embargo, la perseverancia del régimen habría peligrado gravemente sin el apoyo clave recibido de las sociedades urbanas más privilegiadas residentes en Damasco y Alepo, en toda su diversidad minoritaria y mayoritaria. De hecho, cuando empecemos a ser testigos de cismas fundamentales en esos lugares, habrá llegado la hora de iniciar la cuenta atrás para la siguiente fase del levantamiento, y quizás la decisiva, incluso en ausencia de una mayor militarización del conflicto".

jueves, 12 de abril de 2012

Beduinos del Neguev

Rebelión publica este artículo "La reubicación forzada acaba siendo 'voluntaria'" del activista israelí Neve Gordon, inicialmente aparecido en CounterPunch y traducido del inglés por Germán Leyens. Reproducimos sus primeros fragmentos.

“No sucede todos los días que un gobierno decida reubicar a casi el 0,5% de su población en un programa de urbanización forzada”, afirmó Rawia Aburabia y agregó que “es precisamente lo que Prawer quiere hacer”. 

La reunión que intentaba coordinar varias acciones contra el Plan Prawer acababa de terminar, y Rawia, una franca dirigente beduina quien trabaja para la Asociación por los Derechos Civiles en Israel, estaba claramente molesta. Se daba cuenta de que la posibilidad de cambiar el curso de los eventos era extremadamente improbable y que, finalmente, el gobierno desarraigaría a 30.000 beduinos del Néguev y los colocaría en poblados segregados. Eso llevaría al final de su modo de vida rural y terminaría por privarlos de su sustento y de sus derechos a las tierras. 

La cólera de Rawia se dirigía a Ehud Prawer, director de la División de Política de Planificación de la oficina del primer ministro Binyamin Netanyahu. Prawer se hizo cargo de esa responsabilidad después de servir como vicedirector del Consejo Nacional de Seguridad de Israel. Su mandato es implementar las decisiones del Comité Goldberg para la Configuración de Asentamientos Árabes en el Néguev, ofreciendo una “solución concreta” al problema de 45 aldeas beduinas no reconocidas en la región. 

Se estima que 70.000 personas viven actualmente en esas aldeas, a las que se prohíbe por ley que conecten alguna de sus casas a la red eléctrica, o que tengan sistemas de agua o alcantarillado. También se imponen duras regulaciones de construcción y solo en el año pasado fueron demolidos 1.000 viviendas beduinas y corrales para animales, lo que usualmente el gobierno describe como “estructuras”. No hay calles pavimentadas en esas aldeas y es ilegal colocar señales cerca de las carreteras mostrando su ubicación. El uso de un mapa tampoco ayuda, ya que ninguna de esas aldeas está marcada. Geográficamente, por lo menos, esos ciudadanos de Israel no existen. 

Historia
La relación del Estado con los beduinos ha sido complicada desde el comienzo. Antes del establecimiento del Estado de Israel, cerca de 70.000 beduinos vivían en el Néguev. Sin embargo, solo unos 12.000 se quedaron después de la guerra de 1948, mientras el resto huyó o fue expulsado hacia Jordania y Egipto.
Siguiendo las directivas del primer primer ministro de Israel, David Ben-Gurion, muchos de los beduinos restantes fueron desarraigados de las tierras que habían habitado durante generaciones y concentrados en el área desértica, en la mayor parte de los casos en la parte nororiental del Néguev conocida como la zona Siyag (cercada). El área incluye un millón de dunam [1 dunam = 1.000 metros cuadrados], o sea poco menos de un 10 por ciento del territorio del Néguev. Mediante este proceso de reubicación forzada, las tierras más cultivables del Néguev fueron limpiadas de residentes árabes y entregadas a nuevos kibbutzim y moshavim, comunidades agrícolas judías, que aprovecharon integralmente su suelo fértil.

Después de su reubicación y hasta 1966, los ciudadanos beduinos de Israel fueron sometidos a un duro régimen militar; sus movimientos fueron restringidos y se les negaron derechos políticos, sociales y económicos básicos. Pero incluso en el régimen postmilitar de fines de los años sesenta, muchos responsables políticos israelíes todavía consideraron que los beduinos que vivían dentro del Siyag eran una amenaza y ocupaban demasiadas tierras, por lo tanto, a pesar de la reubicación que había sido realizada en los años cincuenta, el Estado decidió encontrar una solución mejor del “problema beduino”.

El plan era concentrar a la población beduina dentro de espacios semi-urbanos que finalmente incluirían sólo un ínfimo porcentaje de sus tierras tribales originales. Durante varios años, funcionarios gubernamentales se reunieron con jeques beduinos y llegaron a acuerdos con muchos de ellos. En un proceso gradual, que duró unos 20 años, se crearon siete poblaciones, Tel-Sheva, Rahat, Segev Shalom, Kusaife, Lqya, Hura y Ar’ara.

En algunos casos, los beduinos ya vivían en el sitio en el que fue construida la ciudad, pero la gran mayoría fueron reubicados una vez más y llevados a esas localidades solo para beduinos. Algunos lo hicieron por su propia voluntad, otros fueron obligados. El precio que las familias tuvieron que pagar por su propio desplazamiento fue considerable: renunciar al derecho a grandes porciones de sus tierras y a su modo de vida rural.

Durante muchos años después del establecimiento de cada población no se permitió que los residentes beduinos realizaran elecciones democráticas y sus municipalidades fueron dirigidas por funcionarios judíos del Ministerio del Interior. Las poblaciones fueron también convertidas en localidades superpobladas, con una infraestructura dilapidada y apenas oportunidades de empleo. Actualmente los siete poblados, que albergan a unas 135.000 personas, ocupan el sitio más bajo en una escala socioeconómica israelí de uno (lo más bajo) a diez (lo más alto), y se caracterizan por alto desempleo, altas tasas de natalidad e instituciones educativas de tercera clase.

Después de años de indecisión, el gobierno nombró a Prawer para tratar, una vez más, de resolver el “problema beduino” de una vez por todas. Su mandato es reubicar a los beduinos que no han estado dispuestos a transferir sus derechos de propiedad y permanecen en aldeas no reconocidas. La justificación del gobierno para no reconocer esas aldeas es que son relativamente pequeñas (van de unos cientos a varios miles de personas) y están esparcidas en una gran área, todo lo cual dificulta, desde el punto de vista del gobierno, que se les suministre una infraestructura satisfactoria. En nombre de la modernidad, por lo tanto, el gobierno quiere concentrar a los beduinos en una cantidad pequeña de poblados [...]".

miércoles, 11 de abril de 2012

Siria, ¿última parada de las revoluciones árabes?

Ayer debería haber comenzado la retirada de las tropas sirias de las ciudades alzadas. La realidad ha sido bien distinta, ya que el régimen ha asesinado a más de un centenar de personas dejando claro que no está dispuesto a respetar el Plan Anan para poner fin a la crisis siria. Diagonal publica un nuevo artículo de Santiago Alba Rico sobre el asunto titulado: "Siria, ¿última parada de las revoluciones árabes?".
"Cuando se cumple un año del comienzo de las revueltas árabes y el optimismo inicial parece descarrilar en medio de toda clase de incertidumbres, podemos al menos señalar los dos obstáculos estructurales que se han interpuesto en su camino: el hecho de que se trate de levantamientos populares extemporáneos y fuera de lugar. Desencadenados a destiempo, con 200 años de retraso o 200 de anticipo, reclaman democracia cuando la democracia está en retroceso en todo el mundo. Desencadenados en el lugar equivocado, sacuden el “equilibrio” de la zona del planeta donde se concentran más tensiones y más intereses internacionales. Su valentía y su tragedia revelan muy bien, en cualquier caso, los bastidores del nuevo orden mundial.

Túnez, pequeño y homogéneo, pudo derrocar a Ben Ali con un coste relativamente bajo en vidas humanas y convertirse hoy en el laboratorio de un nuevo orden regional, con fuerzas islamistas moderadas en el gobierno que negocian con la UE y EE UU. En el otro lado, la heroica revolución de Bahréin debía ser cortada de raíz, incluso mediante una intervención militar saudí, porque Hamed Al-Khalifa es un aliado fundamental del reaccionario Consejo de Cooperación del Golfo y alberga en sus costas la V Flota estadounidense. Entre estos dos casos extremos y contrarios, la suerte de las revoluciones en Libia, Egipto y Yemen ha estado marcada por las distintas modalidades de intervención extranjera, según la relación de fuerzas internas y el rol geoestratégico de cada uno de estos países.

El caso de Siria es el más doloroso. Tan legítima y espontánea como la de sus hermanos árabes, su revolución democrática contra 40 años de dictadura parece amenazar el orden regional y la paz mundial y resucitar el fantasma de la Guerra Fría. Su insistencia heroica frente a la represión ha activado la intervención de toda una serie de potencias y subpotencias que tratan de explotar o anular el movimiento popular sin alterar de manera significativa el “equilibrio” de las últimas décadas. El sostén al régimen por parte de China, Rusia, Irán e Hizbulá se yuxtapone –más que oponerse– al interés de Israel, EE UU, la UE, Turquía y los países del Golfo en erosionar la dictadura en su provecho, pero evitando una verdadera democratización del país y una guerra a gran escala. El resultado es un callejón sin salida cuya agónica prolongación está generando ya cinco efectos muy negativos:

1. EL AUMENTO de la represión criminal de un régimen que se sabe impune y que está dispuesto a utilizar todos los medios militares y policiales contra la revolución, desde los bombardeos de barrios enteros -como ha ocurrido en Homs, Idlib o Hama- hasta la tortura y ejecución de cientos de opositores.

2. LA MILITARIZACIÓN creciente e inevitable de la revolución, con el consiguiente riesgo de un conflicto civil armado en el que los automatismos de la venganza, con los crímenes que van aparejados, se antepongan a cualquier lógica de orden político y de integración nacional.

3. LA SECTARIZACIÓN de las tensiones a escala local y global al mismo tiempo, como parte de una estrategia en la que convergen tanto el régimen de Al-Asad en el interior como Irán y Arabia Saudí en el exterior, dos dictaduras enfrentadas en una sorda guerra regional destinada a agravar el conflicto sunnismo/chíismo que la común resistencia antiisraelí había suspendido en Palestina y que la invasión estadounidense había reactivado en Iraq. Esta sectarización amenaza no sólo el curso de la revolución siria, sino el impulso ecuménico y democrático de la llamada Primavera Árabe.

4. LA DIVISIÓN creciente en el seno de la oposición al régimen, con un Consejo Nacional Sirio incapaz de obtener algún éxito diplomático en el exterior ni de coordinar la lucha en el interior y que se enfrenta además a la Coordinadora Nacional por el Cambio Democrático, la coalición encabezada por Haythem Manaa, más izquierdista, contraria a toda intervención extranjera. Esta división se refleja en los barrios y ciudades de Siria, cuyas Coordinadoras Locales, que siguen convocando manifestaciones pacíficas todos los días, confían ya más en el Ejército Libre de Siria que en las fuerzas políticas que deberían representarlas.

5. LA DIVISIÓN creciente en el seno de las izquierdas árabes. Lo que no ocurrió con Libia, a pesar de la intervención militar de la OTAN, es ya un hecho en relación con Siria: el conflicto ideológico entre un sector que considera la dictadura de Al-Asad un obstáculo en el camino del imperialismo, de la ocupación sionista de Palestina y del islamismo; y otro que denuncia esa pretensión como puramente retórica y que, en cualquier caso, apoya el derecho del pueblo sirio a luchar por la libertad, la dignidad y la justicia social, igual que los otros países hermanos. Esta fractura –prolongación de la que se había producido antes a nivel mundial– amenaza también el neopanarabismo democrático y progresista que la llamada Primavera Árabe había movilizado tras décadas de retroceso y divisiones en el seno de la izquierda regional.

¿Está Siria condenada a convertirse en la última parada de las revoluciones árabes y en la primera de una secuencia fatal de retrocesos islamistas y sectarios, guerras regionales y derrotas antiimperialistas? Como escribe Elias Khoury, la revolución siria no tiene “vuelta atrás”; no se puede recongelar Siria y la “parálisis” actual es el resultado, entre otros factores, de la presión heroica de un pueblo despertado a la vida al que después de un año no se ha podido derrotar. Si algo demostró la experiencia de Túnez y el seísmo que la siguió, es que una “estabilidad” basada en la humillación de las poblaciones está siempre a punto de quebrarse; y que es justo que se quiebre, con independencia de sus resultados.

Hoy sabemos que, en Siria y en el resto del mundo árabe, el proceso será largo, sinuoso, tormentoso, pero que –cito al sindicalista jordano Hisham Bustani– “romper la maldición del miedo, adquirir conciencia del poder popular, tomar las calles sin temor y derrocar a los que han sido presidentes por demasiado tiempo pagando el precio de la sangre por la liberación, la dignidad, los derechos fundamentales, la justicia social y la participación política, todo ello constituye un gran paso adelante”. En contra de los que defienden el principio abstracto de no-injerencia, el hecho es que todas las fuerzas imaginables están ya interviniendo sobre el terreno o sobre el discurso. No menos la izquierda. Y de la posición que ella tome dependerá también el curso de los acontecimientos".