viernes, 13 de abril de 2012

Hablar con seriedad de Siria

El nuevo número de la revista Afkar / Ideas contiene una reflexión del intelectual sirio Bassam Haddad titulado "Hablar con seriedad de Siria". A un año visto del inicio de la revuelta y cuando parce que el alto el fuego es respetado su lectura es altamente recomendable para explicar cómo hemos llegado hasta aquí. Únicamente incluyo sus reflexiones finales sobre los vínculos entre el régimen y la economía.

" [...] Me gustaría centrarme en uno de esos conjuntos de factores o incursiones que se omiten sistemáticamente, o bien se distorsionan en los análisis sobre Siria. Se trata del continuo esfuerzo realizado por el régimen desde los años setenta para crear redes empresariales que unan a los principales actores empresariales y a los funcionarios estatales, a medida que estos últimos, y sus vástagos, se aventuran en el mundo de los negocios.

He defendido este argumento de forma mucho más extensa en otros lugares, pero es conveniente exponer un poco los antecedentes. El régimen fue salvado en 1982 por los mercaderes suníes urbanos que explícitamente se mantuvieron leales a Hafez al Assad cuando reprimió a los Hermanos Musulmanes. Esa acción impidió que el movimiento adquiriese una amplia base popular. Assad y sus hijos nunca olvidaron aquel momento.

Desde entonces, el régimen ha forjado unas relaciones más profundas con la comunidad empresarial suní (aunque de una manera selectiva para impedirles llegar a la acción colectiva). También ha fomentado la creación y el desarrollo de redes politico-económicas que mezclen a funcionarios estatales y actores empresariales. Estas redes sirven para sustituir las alianzas sociales por trabajo y para pasar algunas cargas del sector público a actores privados a los que se conceden privilegios no revelados para que inviertan, de modo que se fomenta una incursión a gran escala de la burguesía estatal en el llamado sector “privado”. En los años noventa, surgió en Siria una nueva clase empresarial a partir de las cenizas de lo que había sido una economía centralizada.

Las formas de apoyo, tanto pasivo como activo, por parte de este poderoso estrato social han protegido a las principales ciudades metropolitanas, en particular Damasco y Alepo, de las expresiones masivas de descontento, el cual sigue estando, como consecuencia, por debajo del umbral necesario para una toma de las calles en masa.
 
La otra cara de esta historia es que, desde finales  de los años ochenta, esos mismos empresarios y sus socios en los círculos oficiales (el Estado) han alejado de las zonas rurales la asignación de recursos e inversiones. También han promovido reducciones drásticas de los subsidios estatales a lo largo de los años, sin un aumento comparable de la creación de empleo, especialmente desde 2005, cuando Bashar al Assad anunció la creación de una nueva economía de “mercado social”.

El desigual desarrollo regional, unido al aumento de las dificultades para llegar a fin de mes por falta de trabajo y ayudas, castigó al campo con mucha más dureza que a las ciudades como Damasco y Alepo. Una gota adicional que colmó el vaso fue la sequía durante varios años sucesivos a partir de 2003, que provocó oleadas masivas de urbanización. Las ciudades metropolitanas tenían más capacidad para absorber esta emigración que otras ciudades que ahora están siendo testigos de tensiones y protestas. Como consecuencia, y combinado con décadas de gobierno y prácticas autoritarias, la mayoría de los habitantes, en especial de las zonas rurales, han tenido muy poco que perder hacia el final de la primera década del nuevo milenio. Eran, por tanto, los que estaban dispuestos a expresar unidos su descontento abiertamente. Todo lo que necesitaban era una chispa que prendiese la mecha. Buazizi se la proporcionó en Túnez cuando se inmoló.

La trayectoria de las revueltas sirias refleja, en parte, esta dinámica más compleja que vincula causas y consecuencias inmediatas de una manera más sutil. La capacidad del régimen para soportar la presión del levantamiento durante más de 12 meses, nos empuja a buscar otros factores que puedan ayudar a ofrecer una visión más holística. Sin embargo, la perseverancia del régimen habría peligrado gravemente sin el apoyo clave recibido de las sociedades urbanas más privilegiadas residentes en Damasco y Alepo, en toda su diversidad minoritaria y mayoritaria. De hecho, cuando empecemos a ser testigos de cismas fundamentales en esos lugares, habrá llegado la hora de iniciar la cuenta atrás para la siguiente fase del levantamiento, y quizás la decisiva, incluso en ausencia de una mayor militarización del conflicto".

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