lunes, 23 de abril de 2012

¿Hacia una política exterior islamista?

FRIDE publica un análisis de Kristina Kausch dedicado a las implicaciones que podría tener para la política exterior de algunos países árabes la llegada de los islamistas al poder. Su título es "¿Qué implicaciones tienen las políticas exteriores impulsadas por los islamistas?".

"Las revueltas de 2011 llevaron el impulso islamista de las plazas a las instituciones. Tras décadas de relativa represión abierta, en Egipto los Hermanos Musulmanes y sus ramificaciones internacionales empiezan a saborear el dulce sabor del poder. La Ennahda (Partido del Renacimiento) de Túnez y el Partido de la Justicia y el Desarrollo de Marruecos (PJD), por su parte, se han convertido en los primeros partidos islamistas en formar gobierno en sus países. Y en Libia se espera también que los islamistas desempeñen un papel importante en el nuevo orden de posguerra. Asimismo, las ramificaciones de los Hermanos Musulmanes en toda la región, incluyendo Argelia, Jordania y Palestina, ven su oportunidad en el futuro.

Los Gobiernos entrantes en el Magreb centran sus esfuerzos en sus políticas
internas, principalmente para impulsar sus deprimidas economías, estos partidos islamistas actúan con mucha cautela para evitar una reacción similar. Por lo tanto, aunque es poco probable que se den cambios fundamentales en los primeros mandatos de los Gobiernos, éstos podrían producirse en un período de tiempo más largo [...].

Los partidos islamistas, además, quieren revertir el aislamiento de Occidente al que se vieron sometidos por los regímenes autoritarios previos. Y aunque la UE y EE UU continúan siendo socios importantes para ellos, la cooperación entre los países árabes y las vinculaciones con las potencias emergentes se verán afianzadas [...].

La nueva generación de líderes árabes apuesta por reforzar su abanico de asociaciones y alianzas en política exterior en detrimento de Occidente. Por ello, ciertos observadores internacionales se muestran cautelosos: temen una conspiración contra Occidente o antiliberal a partir de esos posibles acuerdos islamistas, sunitas o árabes. No obstante, esos recelos resultan exagerados, ya que es más probable que la diversificación sea una cuestión práctica. Dado que los imperativos económicos definen las opciones políticas, los nuevos Gobiernos árabes necesitarán multiplicar sus alianzas más por razones funcionales que por otras cuestiones políticas maquiavélicas.

Así, están surgiendo alianzas que atienden a justificaciones financieras y políticas. La diversificación económica resulta vital para el desarrollo de la región. En 2011, el crecimiento del PIB de Túnez disminuyó del 3 al 0 por ciento y en Egipto, del 5 al 1 por ciento. Se estima que el desempleo egipcio aumentó del 10 al 15 por ciento, y entre los jóvenes el paro es del 25 por ciento. En Libia, la economía se contrajo en un 50 por ciento:la guerra paralizó la industria petrolera, el turismo recibió un duro golpe y la inversión extranjera directa total cayó más de un 25 por ciento.
Y mientras, los buenos propósitos y posibilidades de la UE y EE UU de invertir en la zona han sufrido mucho a partir de su crisis económica. Así, la necesidad de poner en marcha la economía está forzando especialmente a los Estados no  petroleros a buscar oportunidades en otros lugares y a trabajar para fortalecer la integración regional [...].

El aumento de dinero proveniente del Golfo se percibe con cierta suspicacia. En Túnez, tras el resurgimiento del país de sus cenizas políticas, existe la sensación de que el Golfo lo compra todo. Por su parte, Egipto intenta construir puentes con el Golfo, ya que necesita fondos de manera urgente. (Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos son las dos grandes economías del mundo árabe y los mayores inversores en Egipto). Sin embargo, los Estados del Golfo apenas han destinado ayuda a Egipto, y de los aproximadamente 20.000 millones de dólares de inversión comprometidos para 2011, sólo se han materializado 500 millones, provenientes de Arabia Saudí y Catar.

Las autoridades egipcias, que inicialmente rechazaron un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), y no cuentan con capacidad para desarrollar proyectos que puedan financiar los países del Golfo, dirigen el país con las reservas extranjeras del banco central, a punto de agotarse. Egipto está actualmente terminando de negociar un préstamo con el FMI por 3.200 millones de dólares, que se espera restaure la confianza en la reforma económica del Gobierno., con el temor de algunos observadores a divisiones entre sunitas y chiitas.

El deseo de Egipto de recuperar su tradicional influencia en la región supondrá el mantenimiento de buenas relaciones con las otra potencias fuertes, como Arabia Saudí, Irán y, cada vez más, Turquía y Catar. Y aunque existen suspicacias recíprocas, los Hermanos Musulmanes y los Estados árabes del Golfo pertenecen al eje árabe suní que los egipcios pretenden fortalecer y todos comparten la preferencia por la rama conservadora del liberalismo económico. A diferencia de Egipto, Túnez no aspira a un papel regional de liderazgo. Si bien el orgulloso gobierno pos-revolucionario tunecino presume de una renovada autoconfianza a nivel regional, los líderes de Ennahda subrayan que ellos quieren ‘cero problemas’. También alegan que no pretenden tener relaciones ni con Israel ni con Irán, porque no existe en la actualidad ‘apetito público’ para ello [...]". 

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