martes, 3 de abril de 2012

Siria y el devenir de la revuelta árabe


El costarricense Centro de Estudios de Medio Oriente y África del Norte (CEMOAN) publica, dentro de su serie de reportajes, un monográfico sobre la situación en Siria titulado "Siria. El escabroso devenir de las revueltas árabes" firmado por el profesor Sergio I. Moya Mena. Reproduzco sus reflexiones finales a continuación:

"El conflicto sirio reúne una serie de características que lo constituyen en una de las crisis más difíciles que ha enfrentado el país en el transcurso de su historia moderna.

■ Hasta el momento, el gobierno de Bashir Al-Asad ha dado muestras de estar dispuesto a cualquier medida -sin importar lo sangrienta que sea- para permanecer en el poder. Con cada matanza, con cada expresión de desprecio por la vida humana, el régimen hace de nuevo rondar el “Fantasma de Hama” por las calles de las ciudades sirias. Sin embargo, la violencia no emana únicamente del gobierno y sus cuerpos de seguridad, como lo demuestran los diversos atentados que se han producido en varias ciudades sirias.

■  El régimen ha mostrado también su incapacidad para autoreformarse. El persistente ambiente de represión ha hecho irrelevantes todas las medidas de “reforma” que ha propuesto, desde el levantamiento de la Ley de Emergencia en abril pasado, hasta el referéndum constitucional y la convocatoria a elecciones para el 7 de mayo. Ningún proceso de transición política pacífica eficaz puede emanar de estas medidas unilaterales.  

■ A partir de esta incapacidad  para la auto-reforma y del hecho de que Al-Asad tiene todavía la lealtad de un sector importante de la sociedad siria, de los servicios de seguridad, de uno de los ejércitos más poderosos de Medio Oriente así como el padrinazgo de potencias como Rusia y China, no parece inminente la caída de su régimen. Mientras tanto, muchos sirios morirán.

■ Una transició necesariamente se va a dar, pues el gobierno no podrá perpetuarse masacrando a su propia gente ni podrá soportar la presión internacional, pero por el momento no hay ninguna manera obvia de evitar que Siria descienda en una violenta guerra civil y las opciones militares que se ha planteado, como armar a la oposición o una intervención foránea, no solo  no tienen una oportunidad razonable de mejorar la situación en el terreno, sino que pueden allanar el camino para algo mucho peor, como un conflicto extendido a toda la región, afectando especialmente a entornos frágiles como Líbano e Irak.

Pese a que hasta el momento ha fracasado la vía diplomática en el Consejo de Seguridad y que instancias como la Liga Árabe se han visto incapaces de actuar eficazmente, apostar por la vía diplomática y una solución negociada es la opción viable. En este sentido, apoyar los esfuerzos de mediación del enviado especial de Naciones Unidas a Siria, Kofi Annan, resulta fundamental.

■ Aunque el panorama a mediano plazo es incierto, resulta inevitable preguntarse cómo será una Siria post Al-Asad. Es difícil estimar qué características tendría el escenario político después de que el régimen caiga. Concertar entre todas las dispersas fuerzas de oposición podría resultar una tarea complicada, lo mismo que garantizar la convivencia pacífica entre las distintas comunidades religiosas y étnicas. Las profundas cicatrices sectarias que se han abierto durante el conflicto auguran un panorama de convivencia muy complicado.

■ Si en Siria se repite la tendencia regional de empoderamiento de los sectores islamistas, grupos como la Hermandad Musulmana, que si bien en las últimas décadas no han contado con una base de apoyo amplia dentro del país, van a tener un protagonismo fuerte, lo cual podría implicar una modificación del carácter secular del país.

■ Una tarea difíil serádesmantelar los aparatos de seguridad -casi todos dominados por cuadros alauitas afectos a Al- Asad- y hacer justicia a las víctimas de la represión, lo seguramente implicará una radicalización de las rivalidades entre esta secta y las demás comunidades religiosas. Lo mismo cabría plantearse respecto a las fuerzas armadas. Un ejército con las manos llenas de sangre y cuyo papel en la crisis actual le ha restado el respeto de buena parte de la población, difícilmente podría constituir la columna vertebral de un estado emergente.

■ En el plano regional, aunque el fin del régimen del Ba'ath implicaría un reacomodo del poder que perjudicaría a sectores chiitas en Irán, Irak y Líbano y favorecería a países suníes como Arabia Saudita y Turquía, es previsible que dicho reacomodo implique algún tipo de acciones y resistencias de parte de los sectores que se van a ver vulnerados, concretamente Irán y Hezbollah, lo cual podría traer más inestabilidad a la zona".

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