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Mi artículo de julio en El Periódico analiza " La proyección mediterránea de Turquía ", un aspecto que ha pasado relativamente desapercibido y que debería invitarnos a reflexionar. En los últimos años Turquía ha logrado expandir su presencia por el Norte de África y Oriente Próximo. Tras las Primaveras Árabes en 2011, Erdogan abandonó la máxima de ‘cero problemas con los vecinos’ y la política exterior turca adoptó un perfil mucho más activista. Buena prueba de ello fue la intervención militar en Siria y Libia, países de la cuenca sur mediterránea inmersos en sendos conflictos civiles. Esta política ha sido bautizada como neo-otomana, ya que pretende recuperar protagonismo en los territorios que un día fueron parte de la Sublime Puerta. Este retorno no hubiera sido posible sin el progresivo repliegue de Estados Unidos de la región y sin la parálisis de la Unión Europea, incapaz de dar una respuesta coherente a las transformaciones registradas en la orilla sur del Mediterráneo

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