jueves, 31 de octubre de 2013

Apartheid en Palestina

Tras las revueltas antiautoritarias árabes, Palestina ha  quedado en un segundo plano, en un ángulo muerto. Si bien es cierto que las negociaciones se retomaron el pasado verano, parece claro que, una vez más, no llegarán a ninguna parte por el empeño israelí a torpedear la solución de los dos Estados. Así las cosas cada vez parece más evidente que nos dirijimos a un sistema de segregación o de 'apartheid'. Mustafa Barguzi, una de las mentes más preclaras en la escena palestina, reflexiona sobre este aspecto en esglobal: "Apartheid en Palestina".

"Es esencial que logremos conocer y comprender mejor el sistema de esclavitud creado por Israel en Palestina. La historia moderna no ofrece ningún caso equivalente, tan dañino y represivo como este sistema de apartheid racista. A lo largo de siete decenios, la política oficial israelí se ha construido sobre los resultados acumulados de tres procesos. El primero fue la limpieza étnica del pueblo palestino, que alcanzó su punto más alto en 1948. El segundo fue la ocupación extranjera más larga de la historia, a punto de cumplir 46 años. El tercero es un sistema de apartheid más brutal que el que existió en Sudáfrica, cosa de la que dan fe los activistas sudafricanos que han visitado Cisjordania, como Desmond Tutu.

No solo Israel ha creado un número de refugiados palestinos que asciende ya a seis millones y a los que se les niega el derecho de retorno, sino que, desde 1948, se ha esforzado por privar de sus tierras a los palestinos que se quedaron en lo que ahora se llama Israel y por convertirlos en una mano de obra barata que estuvo bajo el control militar hasta 1966. Después de la guerra de 1967, el Ejército israelí trasladó su presencia a Cisjordania, Gaza y Jerusalén, donde las autoridades militares pusieron en marcha una campaña para robar sus tierras a los palestinos, expropiar los recursos naturales y arrebatar al pueblo ocupado los medios esenciales de subsistencia.

En la actualidad, Israel controla el 90% del agua en Cisjordania. Permite que los asentamientos ilegales consuman 2.400 metros cúbicos de agua por persona y año, frente a menos de 50 metros cúbicos por persona y año para los palestinos. En otras palabras, en Cisjordania, los colonos israelíes tienen derecho a 48 veces más agua que los palestinos. Además, Israel obliga a los palestinos a pagar el doble que a los ciudadanos israelíes por el agua y la electricidad que consumen.

Tengamos en cuenta, también, que la renta per cápita en Israel es de 32.000 dólares (24.000 euros aproximadamente), frente a menos de 1.500 dólares para los palestinos. A pesar de ello, gracias a los Acuerdos de Oslo, el Protocolo de París sobre relaciones económicas y el sistema unificado de aduanas, un palestino se ve forzado a pagar por los artículos que compra el mismo precio que un israelí que gana de media 20 veces más que él [...].

La situación es aún peor para los habitantes de Gaza, que llevan seis años siendo objeto de una inhumana campaña de castigo colectivo. En la Franja, los recursos hídricos están agotándose, están cada vez más contaminados y son, por lo tanto, cada vez menos adecuados para el consumo humano, y los largos y frecuentes cortes de luz agravan los peligros para la salud y aumentan las tensiones causadas por la escasez de medios básicos de subsistencia [...].


El apartheid es un sistema que ofrece dos tipos de leyes para dos pueblos o dos grupos étnicos que viven en la misma tierra. El apartheid israelí prohíbe que un palestino de Jerusalén viva con su esposa y su familia porque son de Ramala, a 16 kilómetros de distancia. Ella no tiene derecho a ir a Jerusalén para estar con él y si él se mudara a Ramala perdería sus derechos de ciudadanía y, por lo tanto, no solo el derecho a tener un seguro médico, sino también a vivir en Jerusalén, su ciudad natal. En cambio, de acuerdo con las leyes israelíes, un judío de cualquier parte del mundo tiene derecho a obtener la nacionalidad israelí en cuanto pone un pie en el Aeropuerto de Lod (Tel Aviv) y a vivir donde desee, ya sea en Israel o en las zonas ocupadas de Jerusalén y Cisjordania, que es hacia donde las autoridades suelen disuadirle mediante subvenciones y otras facilidades destinadas a animar a que los colonos se establezcan en tierras expropiadas a los palestinos.

 
La desgracia es que los palestinos han terminado pagando los costes de la ocupación y las injusticias sistemáticas debidas al apartheid, a través de tasas e impuestos que las autoridades israelíes pueden subir como les parece.
Está claro que el Gobierno israelí ha tomado una decisión. Ha dado al traste con la solución de los dos Estados y ha optado por un amplio sistema de apartheid. Y en el proceso, ha reducido la idea de un Estado palestino a una absurda entidad autónoma entre cuyas obligaciones está encargarse de garantizar la seguridad en los territorios ocupados, unos cantones y bantustanes aislados y separados del 60% de Cisjordania, que, a su vez, está separada de Jerusalén y de Gaza.

Ha llegado la hora de abandonar las ilusiones pasadas, reconocer que Oslo y sus protocolos han fracasado y decidir que el brutal sistema de apartheid no puede continuar. Como dijo el filósofo estadounidense, Henry Thoreau: “La revuelta contra la tiranía es la base de la libertad”. Los palestinos no serán libres ni tendrán prosperidad económica hasta que se rebelen contra el sistema del apartheid israelí".

miércoles, 30 de octubre de 2013

Estado de la cuestión egipcia

Viento Sur publica una entrevista con el periodista egipcio Hany Hanna realizada por Alain Baron, que previamente había sido publicada por la web Europe Solidaire Sans Frontières. Considero que es interesante el análisis sobre las medidas adoptadas por el gobierno de Beblawi, de las que se habla bastante poco.
 
¿Se puede hablar de un golpe de estado de los militares?
No habiendo logrado la petición y las manifestaciones echar a Morsi, finalmente ha sido el ejército el que le ha depuesto. Existe todo un debate para saber si se trataba o no de un golpe de estado. Para mí, el hecho de que el ejército haya intervenido no basta para afirmar que se tratara de un golpe de estado. Cuando el ejército depuso a Mubarak, no oí a nadie en Francia hablar de golpe de estado. Pero el ejército le había echado y reemplazado directamente. Si se dice ahora que lo que ha tenido lugar en julio de 2013 es un golpe de estado, hay que decirlo con mayor razón para 2011, pues hubo en junio-julio 2013 entre 17 y 33 millones de personas en la calle para exigir la partida de Morsi, es decir dos veces más manifestantes que en enero de 2011. Para mí, en los dos casos, no se trata por tanto de un golpe de estado [...].
 
¿Vamos hacia una vuelta a un “orden militar-policial” que tiene por objetivo liquidar la revolución?
No se puede decir eso, pues el régimen militar-policial no ha caído de hecho nunca, ni con el poder del Consejo Militar en 2011, ni con el poder de los Hermanos en 2012. La ironía está en que los dos principales responsables de la represión actual contra los Hermanos fueron nombrados por éstos: es el caso del general Al Sisi así como del actual ministro del Interior. Este último fue nombrado en diciembre de 2012 después de que el precedente hubiera rechazado reprimir a los manifestantes que vinieron a protestar ante el palacio presidencial contra el decreto constitucional por el que Morsi se otorgaba poderes de dictador.
 
¿Cuál es la política seguida por el poder actual?
Hemos visto un movimiento de balanza entre represión y tentativa de integración. Kamal Abou Aita, el antiguo presidente de la central sindical independiente EFITU convertido en Ministro de Trabajo, intenta jugar el papel de intermediario y de permanecer en el gobierno para realizar los objetivos que se ha fijado. Pero también ha llamado a la policía contra los trabajadores, como por ejemplo para desalojar a los asalariados de la industria textil que habían organizado una sentada ante el Ministerio de Trabajo.
Lo que complica la situación es que, dado que el movimiento sindical está poco estructurado, las querellas políticas ocupan a menudo el primer plano. Por esta razón, es bastante frecuente que los sindicalistas se acusen mutuamente de actuar de una forma determinada porque representan a tal o cual corriente política. Este argumento es igualmente utilizado por los partidarios de Kamal Abou Aita contra quienes se oponen a la política del gobierno.Interim Egyptian President Adly Mansour, center, interim Prime Minister Hazem el-Beblawi, fourth from left, and Defense Minister Gen. Abdel-Fattah el-Sissi, second from right, pray on the first day of Eid al-Adha, or Feast of Sacrifice, in Cairo, Egypt, on Tuesday (photo credit: AP/Egyptian Presidency)
¿Va a presentarse el general Al Sisi a las presidenciales?
Existen presiones o manipulaciones en ese sentido, con una petición firmada por alrededor de un millón de personas. Pero no es seguro que se presente. El ejército, en efecto, tiene más que perder que ganar poniéndose en primera línea: como había ocurrido con Morsi, hay ya vídeos que circulan presentando momentos en que las declaraciones de Al Sisi han sido torpes. Al Sisi tiene por el momento una cierta aureola, pero si se presenta a las presidenciales, va a bajar muy rápidamente del pedestal en el que se encuentra actualmente.
Es sin embargo más que probable que el ejército juegue un papel en las elecciones. Es algo que ya ocurre. Samy Annan, el antiguo jefe de estado mayor y antiguo número dos del Consejo Militar será candidato. Hossam Kheirallah, un antiguo responsable de los servicios secretos militares ha anunciado también su candidatura. Hay pues una estrategia que se está poniendo en marcha. Los militares tantean y lanzan globos sonda.
 
¿En que situación está la realización de los objetivos de la revolución?
No se vislumbran en el horizonte.
En el plano económico y social, el gobierno actual es más bien “socialdemócrata de derechas”. Las medidas sociales que ha tomado no son más que medias medidas que no están a la altura de las necesidades. Han sido soltadas unicamente para que bajara la cólera y para impedir una nueva ola revolucionaria que podría barrerlo todo.
Tomemos algunos ejemplos de medidas sociales recientemente tomadas:
- La gratuidad de los gastos de escolaridad
- La reducción del precio de los billetes de autobús
- Un salario mínimo de 1.200 libras (135 euros) en el sector público.
Este salario mínimo era el montante reivindicado por la confederación de sindicatos independientes EFITU en enero de 2011. Pero desde entonces los precios han aumentado mucho y la EFITU ha rechazado un montante tan pequeño que no está a la altura de las necesidades. Y esto tanto más en la medida que el cálculo de esas 1.200 libras incluye a la vez el salario y las primas: para mucha gente, no significa de hecho ninguna subida significativa.
El ejemplo de la educación es para mí importante y simbólico. El gobierno ha anunciado la exención del pago de las tasas de escolaridad, pero la enseñanza es ya oficialmente gratuita. Los padres pagaban menos de 100 libras (15 euros) por año. Ciertamente, para gente muy pobre, esto no es despreciable. Pero el verdadero problema es que esta gratuidad proclamada es en realidad muy teórica. Estando muy mal pagados, muchos profesores no ganan suficiente para vivir correctamente. Como resultado, muchos dan sus clases de forma chapucera y/o dan malas notas de forma que luego pueden proponer clases particulares que representan lo esencial de sus rentas. Para establecer una verdadera gratuidad de la enseñanza, no basta con dispensar a los padres de pagar 15 euros por año. Habría que comenzar por pagar correctamente a los profesores de forma que las clases particulares no fueran ya necesarias.
Una nueva Constitución está en curso de redacción y nuevas elecciones están previstas. Pero dada la falta de cultura política y de organización, así como la fractura existente entre los jóvenes y los partidos, existe el riesgo de que todo eso desemboque de nuevo en la puesta en pie de un gobierno que no represente a la revolución. Queda por saber luego si una nueva ola revolucionaria borrará ese futuro gobierno, o si éste podrá poner en pie suficientes válvulas de seguridad para evitar una explosión social [...]".

martes, 29 de octubre de 2013

La oposición a los gobiernos islamistas

El Anuario 2013 del IEMed recoge un artículo de su investigadora Lurdes Vidal titulado "Cartografía sociopolítica tras el 'despertar árabe': en busca del equilibro de fuerzas" en el que se trata de reunir lo que han dado de sí las revueltas antiatutoritarias en estos últimos dos años y medio. Reproduzco el apartado dedicado a los partidos de la oposición frente al desafío islamista.
 
"La otra cara de la moneda es que las nuevas oposiciones y los movimientos calificados como “revolucionarios” no se han beneficiado de un éxito a la altura de sus expectativas. Antes de la “primavera árabe”, la escena política estaba dominada por un partido único vinculado al jefe del Estado. La Reagrupación Constitucional Democrática (RCD), fundada por Ben Ali, dominaba en Túnez, mientras que el Partido Nacional Democrático (PND), de Mubarak, reinaba en Egipto. Frente a ellos, existían dos tipos de actores principales: de un lado, los partidos de la oposición legal, que participaban en el juego político sin cuestionar demasiado el sistema, condición necesaria para su participación; por otro lado, una minoría de partidos de la oposición que eran tolerados a condición de que no obtuvieran demasiada influencia y no supusieran una amenaza al régimen.
 
El encorsetamiento del campo político previo a las revoluciones explica la enorme vitalidad partidista y la plétora de partidos que proliferaron a partir de 2011 (más de un centenar en Túnez y varias decenas en Egipto). Esta multitud de formaciones políticas favoreció particularmente la división del campo no religioso, cosa que benefició a los partidos islamistas, caracterizados por la disciplina de partido y la cohesión, que encontraron mucha menos competencia y gozaron de mejor visibilidad en la carrera electoral. Por otra parte, los antiguos partidos dominantes, oficialmente desmantelados, un mantienen muchos de sus miembros en posiciones de influencia y se están reagrupando bajo otros nombres u otras organizaciones políticas.
Las consultas electorales desvelaron la debilidad de este campo político. En Egipto, mientras que el 71% del Parlamento, actualmente disuelto, estaba compuesto por salafistas y Hermanos Musulmanes, la oposición correspondía a una gran variedad de actores, muchos de ellos divididos entre sí y el grupo no islamista que obtuvo más votos fue El-Wafd, con un 8,2% de los escaños, que precisamente fue uno de los partidos más hospitalarios con los “felul”, o remanentes del antiguo régimen. En Marruecos, el número de escaños del PJD duplica los escaños obtenidos por el segundo “ganador” de las elecciones (Partido del Istiqlal), mientras que en Túnez, Ennahda cuenta con más del 40% de los escaños en la Asamblea constituyente, seguido por una miríada de partidos de oposición. El más importante de ellos cuenta con unos 26 escaños frente a los 89 de Ennahda.
 
Esta fragmentación del campo no islamista se explica por elementos coyunturales y estructurales. En primer lugar, muchos partidos en la oposición tras la primavera árabe son muy personalistas o están construidos alrededor de una figura particular: es el caso, por ejemplo, en Egipto de Mohamed El-Baradei (al-Dostur), antiguo director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, Ayman Nour (Al-Ghad), antiguo opositor a Mubarak, Naguib Sawiris (Partido de los Egipcios Libres), delfín de las telecomunicaciones y fundador del partido, o el nasserista Hamdin Sabahi (Al-Karama). En Túnez, algo parecido sucede con líderes como Najib Chebbi, del partido Demócrata Progresista (PDP), y Hama Hammami, del Partido de los Trabajadores, ambos antiguos opositores a Ben Ali, o Moncef Marzouki, líder del Congreso por la República (CPR) y actual presidente. En realidad, este fenómeno de personalización no es una excepción árabe, sino que es una mecánica propia de la mayoría de las democracias incipientes, o como mínimo de los procesos de transición.
 
La consecuencia es que cuantos más “emprendedores políticos” surjan, mayor probabilidad hay de creación de partidos políticos, de ahí la fragmentación del campo político, especialmente de las tendencias liberales o de izquierdas, no religiosas. Además, muchos de estos partidos se concentran en las grandes urbes, sedes de las grandes movilizaciones. Esto ha relegado a un segundo o tercer plano a las regiones interiores y las áreas rurales, privadas de representación o con menor peso electoral. Es por ello que muchos de estos líderes en torno a los que se configuran nuevos o viejos partidos tienen un arraigo importante en las metrópolis, donde logran obtener sus respaldos, y entre los intelectuales y la clase media y alta, pero carecen de anclaje social en el mundo rural, donde aun priman la autoridad de los notables locales, generalmente vinculados al antiguo régimen, o se imponen los partidos islamistas, más conservadores y en la línea de las tradiciones rurales. Finalmente, las estrategias de comunicación de los nuevos líderes políticos se han centrado más en los medios de comunicación y las redes sociales y han descuidado el trabajo de terreno necesario para popularizarse entre las clases populares y el medio rural. Así, surge una clase política cuya influencia queda limitada por la desconexión con la “calle”.
 

lunes, 28 de octubre de 2013

El éxodo copto

Ayer publiqué en The Objective mi reflexión dominical. En esta ocasión centrada en la situación de los coptos egipcios tras los últimos ataques registrados en las últimas semanas.

"El pasado domingo unos desconocidos abrieron fuego contra una iglesia copta en las proximidades de El Cairo provocando cuatro muertes (dos de ellos menores de edad). Este ataque, que pasó desapercibido para buena parte de la prensa internacional, no es puntual, sino que se inscribe dentro de una campaña de violencia sectaria que se ha intensificado de manera notable tras el derrocamiento de los Hermanos Musulmanes.
egyptian-COPTS-worse-off.jpg
Los coptos representan una décima parte de la población egipcia. Desde la revolución que puso fin a los treinta años de dictadura de Hosni Mubarak se han intensificado los ataques contra iglesias y propiedades privadas coptas. En 2010 se registraron 45, en 2011 otros 70 y en 2012 un total de 112. En 2013 esta cifra va camino de superarse de manera holgada. Los ataques suelen quedar impunes, puesto que las autoridades egipcias suelen ser renuentes a investigarlos y a castigar a sus responsables.
 
Un mero repaso a las noticias de los últimos meses da cuenta que no nos encontramos ante un fenómeno aislado, sino a una campaña orquestada por extremistas religiosos. Tras el derrocamiento de Morsi, apoyado por la minoría copta, fueron atacadas medio centenar de iglesias en todo el país. Además se han dado numerosos casos de linchamientos, asaltos y saqueos ante la pasividad de las fuerzas de seguridad. En muchas ocasiones, dichos ataques se han producido tras los rumores de conversión de un musulmán al cristianismo, algo expresamente prohibido por el Islam. Según diversas fuentes, al menos 150.000 coptos han huido de Egipto desde 2011, la mayor parte de ellos a Estados Unidos (donde ya viven casi un millón de coptos) y, en menor medida, a Canadá, Australia o la Unión Europea. Como señalara recientemente el papa copto Tawadros II: “La Iglesia egipcia no ha contemplado nada parecido en sus dos mil años de existencia”.

martes, 22 de octubre de 2013

Hamas y Yihad ante la crisis siria

Nicolas Dot Pouillard, investigador del IFPO de Beirut, ha publicado un nuevo artículo en la revista Orient XXI sobre los palestinos en la crisis siria: "Los palestinos desgarrados por la crisis siria". Lo ha traducido para Rebelión Loles Oliván. Recojo a continuación la parte dedicada a la posición de los movimientos islamistas palestinos.

"En febrero de 2012 , Ismail Haniyeh, primer Ministro de Hamas en la Franja de Gaza, pronunció en la mezquita Al-Azhar de El Cairo un discurso que rompía con la lógica de la reconciliación entre el régimen y la oposición siria inicialmente adoptado por el movimiento durante varios meses. El progresivo cambio de posición por parte de Hamas no es ajeno a la radicalización del conflicto militar sirio ocurrido entonces: el enfrentamiento entre el ejército y los combatientes del Ejército Sirio Libre (ESL) en Homs pareció de hecho augurar un importante punto de inflexión en el conflicto y, por ello, Hamas se vio atrapado en un sistema de doble afiliación. Por un lado, debe tratar bien a Irán y a Hizbolá, con quienes forjó una alianza no sólo política, sino también logística y militar. Por otro, debe tener en cuenta una dinámica regional global marcada por la aparición de los Hermanos Musulmanes en el escenario electoral egipcio, tunecino y marroquí, así como el peso geopolítico de Qatar y Turquía.

La posición del Movimiento de la Yihad Islámica en Palestina (MYIP) de Ramadán Challah se distingue claramente de la de Hamas. Jaled Batash, miembro de la dirección del MYIP, reconoce la plena legitimidad de las reivindicaciones “democráticas y sociales” de una gran parte de la población siria. Sin embargo, advierte contra dos peligros: una posible “intervención extranjera”, a fortiori occidental, y el riesgo de olvidar que los palestinos de Siria constituyen un actor social y político a la vez interno y exterior en el tejido nacional sirio. Para el MYIP, los partidos políticos palestinos deben esforzarse por proteger a un grupo de personas que Jaled Batash sigue definiendo como “invitadas en Siria”. Según él, ponerse del lado del levantamiento sirio podría provocar eventualmente una lógica de pérdida. Hamas reflexiona en el sentido contrario, en términos de posibles beneficios.