jueves, 17 de octubre de 2013

La contrarrevolución egipcia

Gladys Martínez López entrevista en las páginas de Diagonal al activista Muhamed Ezz, miembro del movimiento de los Socialistas Libertarios, sobre la contrarrevolución egipcia.

-¿Qué queda de la revolución que tumbó a Mubarak en 2011?
-No queda nada. La gente salió a la calle pidiendo un cambio social y de sistema. Ahora la sociedad está polarizada, unos apoyando a los militares y los otros a los Hermanos Musulmanes o los islamistas en general. Ahora nadie piensa en las demandas sociales y económicas, ya no oyes “pan, libertad y justicia social”, sólo oyes “queremos que vuelva Mohamed Mursi” o “apoyamos al Ejército”.
 
-¿Cómo se llegó al golpe militar contra Mursi y los Hermanos Musul­manes?
-Entre octubre de 2012 y febrero de 2013 hubo un gran movimiento social contra el modo en que los Hermanos Musulmanes estaban dirigiendo el país y contra el sistema en su conjunto. La Policía y el Ejér­cito acompañaban a los defensores de los Hermanos, defendían el palacio presidencial e impedían las protestas en las calles. Iban mano a mano mientras sentían que el pueblo quería tumbar todo el sistema, pero finalmente este movimiento acabó con una gran represión, arrestaron a 1.300 personas y todavía hay 300 desaparecidos. [Durante esta ola represiva bajo el Gobierno de Mursi contra los movimientos de protesta, en enero-febrero de 2013, Ezz fue encarcelado durante 20 días].
La sociedad está polarizada, unos apoyando a los militares y otros apoyando a los Hermanos Musulmanes. Los partidos liberales seculares decidieron usar el descontento popular para sacar un beneficio político y expulsar a los Hermanos Musul­manes. Finalmente, la gente en las calles dejó de reclamar cambios sociales y económicos para pedir que el Ejército derrocara a los Herma­nos. Si la gente dice que esto es una revolución popular, yo digo que no lo es, cuando lo que se pide es quitar a unos para que vuelva el Ejército. Finalmente, el Ejército los derrocó porque los partidos liberales en alianza con la burocracia del Estado hicieron presión para cambiar la cabeza del Estado, y además la situación era inestable y los militares querían estabilidad para las inversiones, el FMI, el BCE…
-¿Cuál fue el papel del movimiento Tamarrod (“rebelión”)?
-Convencieron a la gente de que el único problema es que los Hermanos Musulmanes estaban en el poder. Al principio no eran muchos, pero cuando los partidos políticos que se oponían a los Hermanos vieron que era una buena oportunidad de tomar el poder, Tamarrod empezó a aparecer constantemente en la tele, en internet, en los periódicos, etc. Se convirtió en una bola de nieve porque alguien les dio un empujón, los puso en primer plano, y convencieron a la gente de que esto era una revolución, pero contra los Hermanos, no contra todo el sistema, así es que Tamarrod sirvió a los objetivos de las élites políticas.
 
-¿Qué consecuencias puede tener la represión contra los Hermanos?
-Primero reprimieron y desmantelaron Rabaa Al Adawiya [plaza en la que se concentraron los defensores del Gobierno depuesto], después dispersaron con armas protestas de estudiantes en Alejandría, y también en El Cairo. Puedes criticar la religión, pero no al Ejército. Y un reportero de Al-Ahram fue encarcelado porque los militares lo acusaron de mentir. La represión está alcanzando a toda la sociedad, pero no tienen claro si deberían acabar con los Hermanos Musul­manes o no. Estoy seguro de que no van a destruirlos del todo porque el Estado quiere tener un control de la oposición, y los Hermanos son oposición dentro del sistema. Si acaban con ellos, están abriendo la puerta a otro tipo de oposición, y necesitan un monstruo para que la sociedad se mantenga asustada. Si destruyen a los Hermanos, no hay razón para permanecer en el poder e imponer una represión. Es lo que Mubarak hizo en los años 90, convenció a la gente de que hay un monstruo llamado islamismo y que él los protegería.
 
-En este contexto represivo, ¿cuál es la situación de los movimientos sociales?
-El problema es que no tenemos un plan ni un gran frente con objetivos comunes. Somos pequeños en comparación con las instituciones del Estado: el Ejército, los medios, la Policía, la inteligencia... y no tenemos mucho efecto en las calles. No tenemos las raíces de los movimientos sociales en Grecia o en España, pero estamos haciendo muchísimos esfuerzos; la situación es muy inestable y la enfrentamos con las fuerzas que tenemos. Es muy difícil para los movimientos trabajar en la calle porque te enfrentas a varios niveles de represión.
 
-¿Sigue habiendo luchas sociales y laborales?
-Hay movimientos de trabajadores, estudiantiles, protestas por el agua, etc. Pero las demandas sociales son un tema menor, no están muy extendidas en una sociedad polarizada. Hay gente que sigue protestando, pero no ha habido ningún progreso social desde 2011. Está habiendo cambios, pero a peor. Segui­mos hundidos en la miseria, con la misma situación económica y social. Necesitamos un cambio, necesitamos salir a las calles gritando otra vez las mismas reclamaciones que en 2011.

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