martes, 15 de octubre de 2013

El nuevo Irán y el viejo Israel

El activista israelí Uri Avnery sigue ofreciéndonos verdaderos momentos de satisfacción con sus artículos. Uno de los últimos, el titulado "La verdadera bomba" y traducido por Rebelión, se centra en las diferencias entre los presidentes iraníes Ahmadineyad y Rohani y el peligro que representa la apertura de un canal de diálogo entre Washington y Teherán.
 
"Hace años descubrí uno de los mayores secretos de Irán: Mahmoud Ahmadinejad era un agente del Mossad. Súbitamente, todos los curiosos detalles de su comportamiento cobraban sentido. Sus fantasías públicas sobre la desaparición de Israel. Su negación del Holocausto, que hasta entonces había sido algo exclusivo de lunáticos. Sus fanfarronadas sobre la capacidad nuclear de Irán. ¿Cui bono? ¿A quién le interesaban todas esas tonterías? Sólo hay una respuesta sensata: a Israel.
 
La postura de Ahmadinejad trasladaba una imagen del Estado iraní a la vez ridícula y siniestra. Justificaba la negativa israelí a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear o a ratificar la Convención sobre Armas Químicas. Desviaba la atención del rechazo israelí a discutir la ocupación de los territorios palestinos o a mantener negociaciones de paz significativas. Cualquier duda que hubiera podido albergar acerca de esta primicia internacional se ha esfumado ahora. Nuestros líderes políticos y militares deploran casi públicamente la desaparición de Ahmadinejad.
 
Obviamente, el Guía Supremo, Ali Jamenei, decidió que yo tenía razón y silenciosamente ha sacado del escenario a ese bufón. Peor aún, ha reafirmado su mortal enemistad contra la Entidad Sionista sacando a la palestra a una persona como Hassan Rouhani. Rouhani es todo lo contrario de su predecesor. Si le hubieran pedido al Mossad que describiera al peor líder iraní que Israel pudiera imaginar habrían propuesto alguien como Hassan Rouhani. ¡Un iraní que reconoce y condena el Holocausto! ¡Un iraní que brinda dulzura y luz! ¡Un iraní que desea paz y amistad a todas las naciones y que da a entender que incluso Israel podría incluirse en esa oferta si saliéramos de los territorios palestinos ocupados! ¿Cabe imaginarse algo peor? No estoy bromeando. ¡Esto es mortalmente serio!
 
Incluso antes de que Rouhani pudiera abrir la boca después de haber sido elegido ya fue rotundamente condenado por Benjamín Netanyahu.  ¡Un lobo con piel de oveja! ¡Un auténtico antisemita! Un falsario decidido a engañar a todo el mundo! Un político taimado cuyo diabólico objetivo es abrir una brecha entre Israel y los ingenuos estadounidenses! Ésta es la auténtica bomba iraní, mucho más amenazadora que la nuclear que será construida tras la cortina de humo de la suave parla de Rouhani! Es posible disuadir una bomba nuclear con otra bomba nuclear. Pero, ¿cómo disuadir a un Rouhani?
 Iran's President Rouhani addresses the 68th United Nations General Assembly in New York
Allí donde Ahmadinejad había provocado una estampida de los delegados de la sala, Rouhani hizo que acudieran en masa a escucharlo. Diplomáticos de todo el mundo sentían curiosidad por el hombre. Habrían podido leer el discurso unos pocos minutos más tarde, pero querían ver y escuchar por sí mismos. Incluso EEUU envió a sus funcionarios para que estuvieran presentes. Nadie abandonó la sala. Bueno, nadie excepto los israelíes. Los diplomáticos israelíes recibieron de Netanyahu la orden de abandonar aparatosamente la sala cuando el mandatario iraní comenzara a hablar. Fue un gesto estúpido. Tan racional y eficaz como la rabieta de un niño pequeño cuando le quitan su juguete favorito.
  
¿Cómo encajamos nosotros [los israelíes] dentro de este escenario cambiante? En primer lugar, debemos comenzar a pensar, por mucho que prefiramos evitar hacerlo. Nuevas circunstancias exigen nuevas ideas. En su discurso de EEUU Obama estableció una clara conexión entre la bomba iraní y la ocupación israelí. Ese vínculo no puede ser deshecho. Seamos conscientes de ello. EEUU es hoy un poco menos importante de lo que era ayer. Rusia es un poco más importante de lo que era. Y como demostró su inútil ataque en el Capitolio durante la crisis siria, también el AIPAC es menos poderoso.
 
Pensemos otra vez en Irán. Es demasiado pronto para determinar hasta qué punto Teherán se está moviendo, o si lo está haciendo en absoluto. Pero tenemos que intentarlo. Abandonar las salas no es una política. Entrar en ellas sí. Si pudiéramos recuperar algo de nuestra antigua relación con Teherán, o simplemente quitarle un poco de hierro a la actual, sería tremendamente beneficioso para Israel. Combinar eso con una verdadera iniciativa de paz con los palestinos sería aún mejor. La ruta que seguimos actualmente nos va a conducir al desastre. Los actuales cambios en la escena internacional y regional pueden hacer que el cambio de rumbo sea posible".

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