miércoles, 16 de octubre de 2013

Sobre la economía siria

Viento Sur publica este artículo de Joseph Daher, originalmente aparecido el septiembre pasado en la revista francesa L´Anticapitaliste y traducido por Faustino Eguberri: "Cambios socio-económicos: impactos y consecuencias".
 
"El levantamiento popular en Siria surge de los cambios socioeconómicos acontecidos desde la llegada al poder de Hafez Al Assad en1970. Se inscribe en el proceso regional y mundial de avance de las políticas neoliberales a partir de los años 1970. Alabado y acogido con una gran alegría por la alta burguesía de Alepo y de Damasco, Hafez Al Assad construyó una red de lealtades, en particular económicas, con personas de las diferentes comunidades religiosas, étnicas y tribales, poniendo fin a las políticas radicales de los años 1960, que habían puesto en cuestión el patrimonio y el poder político de la gran burguesía. Assad apaciguó los sectores más poderosos del mundo de los negocios -grandes comerciantes y grandes industriales, concentrados principalmente en las ciudades de Damasco y Alepo, así como los muy grandes propietarios de tierras- cuya influencia no ha dejado de crecer de cara a las autoridades, pero se asoció también de forma progresiva a nuevos actores burgueses promovidos a un ascenso rápido en el seno del aparato de Estado...

Desde 1991, esas redes dominan amplios terrenos económicos. Esta “nueva clase”, orgánicamente ligada al Estado, necesitaba invertir su riqueza en diferentes sectores de la economía. El decreto nº 10 (1991) constituyó el medio de “blanquear” las rentas que había acumulado. Esta Ley buscaba la promoción y el impulso de la inversión privada nacional y extranjera en sectores que, en lo fundamental, hasta entonces eran monopolio público: industria farmacéutica, agricultura, industria agro-alimentaria, hostelería y transporte. Facilitó la inversión en el sector privado y abrió posibilidades de importación-exportación gracias a la reducción de impuestos y otros incentivos fiscales, enriqueciendo de ese modo a los sectores mejor situados y profundizando el sistema de corrupción generalizada: el “capitalismo de amiguetes”.
Los años 1990 vieron así la emergencia de esta “nueva clase” -nuevos ricos o una burguesía híbrida- salida de la fusión de la burocracia estatal y de los supervivientes de la antigua burguesía “privada”. Aparecieron nuevos monopolios en manos de la familia de los Al Assad, siguiendo la estela del primo hermano del nuevo dictador, Rami Makhlouf, que en vísperas del levantamiento de 2011 controlaba cerca del 60% de la economía del país. La calidad de los bienes y servicios disminuyó, particularmente en salud y educación, donde han proliferado las instituciones privadas, mientras que desde 2004 el sector financiero ha conocido el auge los primeros bancos privados (dominados por capitales sirios y de las petromonarquías del Golfo), de compañías de seguros, de la Bolsa de Damasco y de oficinas de cambio...

En vísperas del levantamiento de 2011, la tasa de paro se elevaba al 14,9% según las cifras oficiales -entre el 20% y el 25% según otras fuentes; alcanzaba respectivamente al 33,7% y el 39,3% entre los jóvenes de 20-24 años y los de 15-19 años. En 2007, el porcentaje de sirios que vivía por debajo del umbral de pobreza era del 33%, lo que representaba alrededor de siete millones de personas, mientras que el 30% de ellas estaba justo por encima de ese nivel. El número de pobres es más elevado en el medio rural (62%) que en las zonas urbanas (38%). La pobreza está más extendida, más anclada y más marcada (58,1%) en el noroeste y el noreste (provincias de Idleb, Alepo, Raqqa, Deir Ezzor y Hassakeh) en donde vive el 45% de la población...".

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