jueves, 28 de febrero de 2013

Refugiados sirios en Líbano

Cuando están a punto de cumplirse dos años del inicio de la revuelta popular siria, retomamos en el blog la actualidad siria. Precisamente hoy se celebra en Roma la cuarta reunión del Grupo de Amigos de Siria, en la que EEUU ha prometido reforzar su ayuda no letal a la oposición. Finalmente, la Coalición Nacional, el principal grupo opositor, tomará parte en la reunión a pesar de la falta de apoyo de los países occidentales a las fuerzas rebeldes y al abandono de la población civil. La periodista Natalia Sancha aborda, en Esglobal, el efecto que tiene la llegada de centenares de miles de refugiados en los países vecinos.

"A punto  de cumplirse dos años del inicio del conflicto sirio, Líbano es el país que acoge al mayor número de refugiados: 314.602 personas, según el último recuento de Naciones Unidas. Esto no solo supone una crisis humanitaria con la que lidiar o una presión económica que aliviar. La fragilidad del Líbano ante toda presión venida de Siria reside en una larga historia común, así como de lazos políticos, sociales y humanos asentados entre ambas sociedades. Síntoma de ello es que los libaneses se refieren generalmente a los refugiados sirios como desplazados y no como refugiados. Más allá de convertirse en un país receptor de refugiados, Líbano está convirtiéndose en una retaguardia para el conflicto sirio. A esto hay que sumar que la ausencia de una correcta gestión de refugiados bajo esta coyuntura puede aumentar el riesgo de desestabilizar al país económica, social y políticamente.

La llegada de cientos de miles de refugiados, que representan el 7% de la población libanesa, ha puesto al Gobierno contra las cuerdas. Si inicialmente Líbano ha sido el único país de acogida que se negó a instalar tiendas para los refugiados con el fin de evitar su visibilidad y politización, en la Conferencia de Donantes para Siria, que tuvo lugar el  pasado 30 de enero en Kuwait, el régimen libanés solicitó una ayuda de 179 millones de dólares (unos 136 millones de euros).

La crisis económica global comienza a notarse en Líbano, país que apenas produce y que vive mayoritariamente de las rentas y de las remesas. La inestabilidad provocada por el conflicto sirio ha llevado a reducir sus expectativas de crecimiento económico del 4% al 2% para 2013. El mercado negro, generador de trabajo e ingresos que permiten al Estado no estar presente en las bolsas pobres del país, también se ve afectado. Las zonas fronterizas como Wadi Khaled o Arsal, donde antaño los libaneses vivían del comercio ilegal comprando en Siria productos para vender tres veces más caros en Líbano, han perdido el 90% de sus mercados. Ahora son los sirios los que hacen el camino inverso de contrabando. Si antes los palestinos cobraban la mitad que un libanés por un mismo trabajo, hoy los sirios cobran un tercio –llegando a 200 dólares por mes–, generando una reducción de los salarios mínimos y sobre todo creando resentimiento entre la clase trabajadora libanesa. 
En el plano político todos los actores del Gobierno libanés intentan evitar que el conflicto vecino resquebraje la frágil unidad nacional. Desde la retirada de las tropas sirias del país de los cedros en 2005 (tras 29 años), Líbano se encuentra dividido entre dos principales bloques: el 14 de Marzo –en referencia a la formación que lideró el hijo del ex primer ministro asesinado Rafic Hariri– y el 8 de Marzo –día de la contramanifestación en agradecimiento a las tropas sirias–. Ambos han heredado su posición frente a la injerencia Siria en Líbano con el asesinato de Hariri como detonador. Si bien la política exterior siria fue el factor determinante en la composición de ambos bloques, hoy son la política doméstica siria y su repercusión en Líbano quienes fragilizan las instituciones del Estado. 

La llegada de miles de salafistas sirios y rebeldes islamistas a Líbano ha radicalizado la ideología de los movimientos salafistas de Trípoli y Sidón,  tanto en su discurso como en su actitud ante la creación de milicias suníes armadas antes inexistentes. Si antes el país de los cedros servía como tablero regional para solventar enfrentamientos entre potencias regionales como Israel y Siria o Saudí Arabia e Irán, hoy es en Siria donde mueven sus peones, incluidos los libaneses en pro de una hegemonía regional. Saudí Arabia y Qatar no sólo apoyan a los rebeldes sirios en Siria sino a los libaneses y sirios en Líbano capaces de servir a la instauración de un poder suní en Damasco. Por su parte Irán y Siria movilizan la milicia de Hezbolá en Líbano y en Siria como pago de la ayuda prestada en armas y logística en años anteriores.

Estos apoyos se facilitan con la porosidad de los 350 kilómetros que constituyen la frontera sirio-libanesa. Tanto combatientes libaneses suníes como de Hezbolá o del ELS entran y salen a su antojo. Pero el mayor peligro es la contaminación ideológica, importada de Siria, de una población libanesa de por sí altamente confesionalizada. A todo ello hay que añadir un problema de seguridad, con el temor de que a través de la infiltración de elementos radicales como el Frente Al Nusra, los campamentos de refugiados palestinos de Ein El Helwe se conviertan en un segundo Naher El Bared o Ersal en un segundo Trípoli.Esta ciudad libanesa en términos de población se haya enquistada en un largo conflicto entre alauíes y suníes desde hace más de tres décadas, reavivando periódicamente enfrentamientos que desestabilizan el país y dejan un reguero de muertos. La infiltración de elementos radicales takfiristas en los campos de refugiados palestinos provocó en 2007 la exterminación del campo de Naher El Bared por el Ejército libanés, incapaz de reducir a los elementos de Fatah El Islam, un grupo radical islamista cuyos orígenes remontan a Siria [...]. 

El 70% de los refugiados sirios son acogidos en hogares libaneses. La composición de los refugiados supone otro problema: 78% son mujeres y niños que incapaces de generar ingresos inundan las calles en busca de limosna. Debido a la cercanía de Siria, los hombres realizan viajes de ida y vuelta para luchar o proteger sus hogares sirios, dejando a sus familias en Líbano. Una carga que se hace más pesada especialmente en el norte donde abundan los refugiados polígamos con más de una decena de niños por familia. 

El desafío que vive Líbano no hace sino que empeorar, ya que las cifras de refugiados corren el riesgo de duplicarse en pocos meses debido a dos factores. Primero, porque en caso de que la guerra arrincone a la capital siria, como indican los sucesos de los últimos días, los dos millones de desplazados sirios que han buscado cobijo en Damasco optarán por la única salida abierta hacia Beirut como huida. Segundo, porque las decenas de miles de trabajadores sirios que habitan en Líbano y aun cautos a la hora de inscribirse en las listas de refugiados por temor a represalias una vez finalice el conflicto, puedan optar por cambiar de estatus una vez la caída del régimen de El Assad sea inevitable, aumentando vertiginosamente el ya insostenible número de refugiados".

miércoles, 27 de febrero de 2013

Cine y guerra

Reproduzco, en la entrada de hoy, el artículo que el profesor Víctor de Currea-Lugo publica en el diario El Espectador: "Irak: cuando el cine justifica los medios" .

"El cine de guerra ha permitido recrear la verdad o limitarla a un contexto más simple, donde la lógica del vaquero y del indio se impone porque se basa en una idea tan extendida como errónea, todo desde cuando Platón dijo “lo bueno es lo bello, y lo bello es lo bueno”. Así, la estética y de ética se vuelven intercambiables, aún más en los tiempos “posmodernos” que corren.
 
Ante la guerra de Irak de 2003, buena parte de Hollywood se pronunció en contra, pero después la historia ha sido reescrita en la pantalla: la película “Hurt Locker”, de la directora estadounidense Kathryn Bigelow, recibió el Oscar a Mejor Película en 2009. La trama, bastante polémica por sus inexactitudes, se podría simplificar diciendo que un grupo anti-explosivos desarma bombas en las calles de Irak. Pero la pregunta no toca un aspecto esencial: ¿qué hace el ejército de los Estados Unidos allí? Así, se “justifica” la presencia militar de los Estados Unidos en Irak, porque allí “algunos hacen cosas buenas”.
 
La misma directora va más allá en 2012, con la producción “Zero Dark Thirty” sobre el asesinato de Osama Bin Laden, basado en información filtrada desde el comando que realizó la operación. Esta película es candidata al Oscar a Mejor Película en 2013. “Zero Dark Thirty” plantea el debate que ya había insinuado el profesor canadiense Michael Ignatieff: es mejor torturar a unos para salvar a muchos. Este mensaje simple, en el marco de la guerra contra el terror y en la persecución a Bin Laden, arropado por un gran nacionalismo y sin ningún sentido crítico sobre la naturaleza de Al-Qaeda, es funcional a la violación de derechos humanos.
Algunas películas más críticas sobre Irak son: “In the Valley of Elah” (2007) o “Green Zone” (2010). La primera habla del impacto en la guerra en la cotidianidad de los soldados de los Estados Unidos y en la segunda de la forma retorcida e interesada en que se construyó el argumento falaz de la presencia de armas de destrucción masiva en Irak. No gratuitamente hay referencias en la película de 2012 a los más de mil vuelos secretos de la CIA llevando y trayendo secuestrados con el beneplácito de la mayoría de países europeos, o el centro de detención en Guantánamo, otras pruebas de dicha violación de derechos humanos.
 
Volviendo a “Zero Dark Thirty”, vale preguntarse si la espía de la CIA es tan sensible al dolor humano ¿por qué cohonesta con la tortura y el asesinato? Es simple: la definición de humanidad no incluye, para ella, a los terroristas. Y la tortura ayuda al resultado deseado: matar a Bin Laden. En la película es más doloroso la caída de un helicóptero militar que el asesinato de civiles. Pero la muerte de Bin Laden, el objetivo de la operación, no lesionó la estructura de Al-Qaeda porque este grupo no es una organización vertical, sino que su nombre lo adoptan grupos de Somalia, Mali o Yemen, más como una franquicia que como una red organizada como tal.
 
Ella, la agente de la CIA, es la bella de la película, ergo, es la buena. En un país como los Estados Unidos, manipulado por el miedo e ignorante de la complejidad del mundo, este tipo de películas refuerza que están llamados a salvar el mundo, de que el fin justifica los medios y de que una buena imagen vale más que mil debates".

martes, 26 de febrero de 2013

Estado laico, sociedad confesional

Esta semana hemos incluido en el blog algunos fragmentos de los capítulos del libro Sociedad civil y contestación en Oriente Medio y el Norte de África, recientemente editado por la Fundación CIDOB. Hoy incluyo la reflexión sobre el Estado laico y la sociedad confesional que hace Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid en su capítulo "La cuestión étnica y confesional y sus efectos en la sociedad civil árabe". 
 
"La pervivencia del “confesionalismo social”, representada entre otras cosas por la vigencia del código de familia, ha agudizado la disfunción del Estado como garante de la igualdad necesaria entre todos los individuos. Además, en aquellos lugares donde los sistemas políticos han adoptado una actitud oficialmente secularizadora y han abogado por una interpretación, peculiar por otra parte, del laicismo, se ha producido un desequilibro y contradicción palpables entre lo que se supone que el Estado es y lo que en efecto hace. El ejemplo de las llamadas repúblicas socialistas árabes es ciertamente ilustrativo: si, por un lado, los gobernantes abogaron, en especial durante los sesenta y setenta del siglo pasado, por textos constitucionales seculares, la exclusión de los referentes y símbolos religiosos de los ámbitos de poder y la rehabilitación del papel laboral y social de la mujer, lo cierto es que nunca se renunció a la inserción del islam como elemento distintivo y cohesionador de la nación ni se abandonó la convicción de que la religión islámica resultaba axial para el panarabismo. Esta ideología, en efecto, ya quedara plasmada en los postulados del presidente egipcio Gamal Abdel Naser, ya en los de los teóricos del partido Baaz, Michel Aflaq o Salah al-Bitar, consideraba que el islam, lejos de constituir un escollo, aportaba un ingrediente de activación social. Así, regímenes baazistas como el iraquí aquilataron una imagen ficticia de sociedad secular, bajo la férula de un Estado que se ha caracterizado siempre por un desprecio absoluto de los derechos humanos y la persecución implacable de toda disidencia ya fuera religiosa, izquierdista o de cualquier otro signo. Nos hallábamos ante una simbiosis particular entre una supuesta ideología “revolucionaria” y un corpus doctrinal religioso, asumible porque, también, incluía elementos revolucionarios o susceptibles de convertirse en revolucionarios.
Para no exacerbar a los sectores más tradicionalistas o, mejor, representar mejor su empatía con el acervo islámico, regímenes como el Baaz, imbuidos de la herencia de la tradición otomana, mantuvieron la tónica del código de familia, reduciendo, eso sí, los apartados que pudieran resultar más nocivos para la mujer o las minorías confesionales. La contención de la expresión pública del factor religioso no significó que los referentes principales del sistema, el texto constitucional o los actos del dirigente máximo (participación en rezos públicos, peregrinaciones, discursos acerca de los valores espirituales, etc.), hubieran sufrido un profundo proceso de desacralización. A pesar de las apariencias de compromiso laico, los Estados socialistas árabes nunca, ni siquiera en los momentos álgidos del secularismo, en los sesenta y setenta, cortaron amarras con el factor religioso. De ahí que algunas hayan categorizado a regímenes como el argelino de pseudo islamistas, porque siguieron cultivando los códigos de familia y un discurso islámico (HANUNE, 1996: 112-116). Otro factor de gran significación para nosotros es el hecho de que la obsesión represiva de estos regímenes, traducida en perennes leyes de emergencia, ha dejado la mezquita, la iglesia y las instituciones religiosas como únicos lugares donde canalizar un remedo de sociedad civil. De este modo paradójico, regímenes como el libio, el iraquí, el argelino o el sirio han alimentado una polarización confesional de la sociedad; y no por la adopción de medidas supuestamente contrarias a la religión sino por la manipulación descarada de esta.

Siguiendo con lo anterior, no resulta demasiado complicado analizar las supuestas contradicciones de otros sistemas políticos árabes y su -en apariencia- desconcertante relación con el factor religioso. Siria, por citar otro ejemplo, ha tendido a considerarse un país laico; sin embargo, la constitución establece que el presidente ha de ser musulmán y consagra el sistema del código de familia [...]. Paradójicamente, un Estado que se proclama laico, pero aplica la consabida estratificación en virtud de alineamientos confesionales, persigue como delito el discurso “confesionalista” o la referencia a datos estadísticos sobre los miembros de una confesión u otra. Algunos activistas de reconocido prestigio –y credenciales secularizadoras-, como Michel Kilo, han sufrido cárcel por publicar artículos donde se “incita al confesionalismo” –todo por haber expresado en público una verdad incontestable: el régimen utiliza el clientelismo confesional para reforzar sus bases de poder-. Por otro lado, y al igual que en el vecino Iraq, el régimen sirio ha utilizado la plasmación pública de la religiosidad de sus líderes para reforzar sus recurso de legitimación. Recuérdense las imágenes de Hafez al-Asad y familiares en la peregrinación a La Meca o las fotos de su hijo Bachar, presidente desde 2000, rezando en las mezquitas en la oración del viernes; o las recientes regulaciones que permiten el uso del velo en espacios públicos (en concreto por parte de las profesoras de primaria y secundaria) y la implicación de destacados ulemas oficialistas en la defensa del régimen y la reprobación de las manifestaciones. En definitiva, el confesionalismo social ha supuesto para estos Estados, lo mismo que el tribalismo o el militantismo religioso para otros, un mecanismo con el que tratar de compensar su falta de apoyo popular (KILO, 2011). Una confesionalización que, en el plano del activismo social, se ha visto reforzada por el radicalismo panarabista, el cual, al negar la identidad étnica distinta de lo árabe, ha impulsado al individuo hacia el cobijo de las comunidades religiosas (GALIUN, s.d.: 202).
 

lunes, 25 de febrero de 2013

Sobre el alzamiento de los árabes

Viento Sur recoge, en su último número, una entrevista que Gilbert Achcar, profesor en la School of Oriental and African Studies (SOAS) de Londres, concedió a Le Monde con motivo de la publicación de su libro Le peuple veut. Une exploration radicale du soulèvement árabe. Por su interés recogemos algunos de sus extractos.
 
-¿Cómo calificar lo que ocurre en el mundo árabe desde 2011?
-He elegido la palabra “levantamiento” como título para mi libro. Pero, desde la introducción hablo de un proceso revolucionario a largo plazo. Lo que estaba claro desde el principio es que estábamos muy al inicio de una explosión, de la que lo único que se puede prever con certeza es que será larga.
 
-Emmanuel Todd ha dado una explicación demográfica del fenómeno. Vd. se inclina más bien por una explicación marxista.
-La fase durante la cual el mundo árabe se distinguía por una demografía galopante acabó hace ya una veintena de años. He comenzado con el análisis de la situación en vísperas de la explosión, en 2010. Se constata un bloqueo del desarrollo que contrasta con el resto del mundo; incluso del África subsahariana. La expresión más espectacular de ese bloqueo es una tasa de paro récord, particularmente entre los jóvenes. Además, hay una modalidad específica del capitalismo en la región: a distinto nivel, todos los Estados son rentistas. La otra característica es un patrimonialismo en el que el clan dominante se adueña del Estado hasta el punto de transmitirlo de forma hereditaria.
 
-Las revoluciones árabes se han traducido en liberalizaciones políticas, pero no en grandes cambios sociales. ¿Por qué?
-En Egipto y en Túnez, solo ha sido quebrada la punta del iceberg; es decir, los déspotas y su entorno inmediato. Por otra parte, en esos dos países, el “Estado profundo”, la administración, los aparatos de seguridad, no se han movido. Por el momento, solo en la revolución libia se dio un cambio radical: hoy, ya no hay Estado, ya no hay ejército. En ese país, el descalabro social fue más profundo, porque el reducido espacio privado que existía estaba acaparado por la familia Gadafi.
 
-En Occidente nos ha extrañado que los islamistas triunfaran en las elecciones cuando no habían lanzado esas revoluciones…
-Las expectativas de Occidente, ese romanticismo en torno a la “primavera” y el “jazmín”, todo ese vocabulario orientalista, se basaban en un desconocimiento de la situación. Era evidente que los integristas iban a sacar las castañas del fuego porque, desde finales de los años 1970, se impusieron como una fuerza hegemónica en la protesta popular. Llenaron el vacío dejado por el fracaso del nacionalismo árabe. Por otra parte, la principal razón por la que los gobiernos occidentales apoyaban a los despotismos árabes era el temor a los integristas. Creer que esa situación iba a ser barrida por los acontecimientos, era tomar los deseos por realidades. Con el apoyo financiero del Golfo y el apoyo televisivo de Al Jazira, no se podía esperar otra cosa que victorias electorales integristas. Lo que es llamativo es que esas victorias no hayan sido aplastantes. En Egipto, desde las legislativas al referéndum sobre la Constitución, pasando por las presidenciales, estamos viendo la velocidad a la que se desmorona el voto integrista,. En Túnez, Ennahda logra el 40% en unas elecciones en las que ha participado la mitad de la gente inscrita. Y en Libia, los Hermanos Musulmanes locales han sido derrotados.
 
-¿Le sorprenden las dificultades actuales de los islamistas en el poder?
-En primer lugar, hay que decir que la vuelta a los despotismos no es algo factible. Hay que pasar por la experiencia del islamismo en el poder. Las corrientes integristas se han construido como fuerzas de oposición con un eslogan simplista: el islam es la solución. Es algo completamente hueco, pero funcionaba en un contexto de miseria y de injusticia en el que se podía vender esa ilusión. Los islamistas son traficantes de opio del pueblo. Desde el momento en que están en el poder, eso ya no es posible. Son incapaces de resolver los problemas de la gente. Han llegado a los puestos de mando en condiciones que nadie envidia y no tienen ningún programa económico.
 
-¿Se puede trasladar el modelo turco al mundo árabe?
-No, en Turquía no son los Hermanos Musulmanes quienes dirigen el país sino una escisión modernista que se ha reconciliado con el principio del laicismo. El AKP turco es la versión islámica de la democracia cristiana europea. Los Hermanos Musulmanes, no son eso. Son una organización integrista que milita por la Sharia y para quien la palabra laicismo es una injuria. En el terreno económico tampoco tienen nada que ver: el AKP encarna un capitalismo de pequeños industriales, mientras que los Hermanos Musulmanes participan de una economía rentista, fundada en la ganancia a corto plazo [...].

viernes, 22 de febrero de 2013

¿El mito de la liberación femenina?

Hoy incluimos algunos extractos del capítulo de Magali Thill, de la Red Euromediterránea de Derechos Humanos, en el libro recientemente editado por la Fundación CIDOB:  Sociedad civil y contestación en Oriente Medio y el Norte de África con el título: "La mujer en los procesos de desarrollo y las revoluciones populares árabes: ¿el mito de la liberación? ".

"Las discriminaciones que afectan a las mujeres del Sur del Mediterráneo se manifiestan en todas las esferas. Tanto en lo político, lo económico-laboral y en las cuestiones civiles y familiares, existen espesos techos y paredes de cristal que impiden que las mujeres tengan las mismas oportunidades de participación y decisión que los hombres.

En toda la región, no existe ninguna jefa de gobierno y si bien algunas mujeres han sido nombradas ministras, la feminización del liderazgo político sigue siendo minoritario y dándose exclusivamente en ministerios considerados “femeninos”, como los de Mujer y Familia y Asuntos Sociales. Las mujeres ocupan tan sólo el 10% de los escaños parlamentarios de la región, y su participación en los consejos locales suele situarse por debajo del 5%. Esta situación ha provocado una intensa presión por parte del movimiento de mujeres a raíz de la cual se han dado algunas experiencias de acción positiva destinadas a avanzar hacia la paridad en algunos parlamentos y consejos municipales como las ya mencionadas listas paritarias y cremalleras en Túnez o la tercera lista en Marruecos.

En el ámbito laboral, las mujeres árabes siguen siendo un parte minoritaria de la fuerza laboral y su acceso a los recursos y al capital sigue siendo muy reducido. Las discriminaciones en el ámbito laboral persisten a pesar de la igualdad formal recogida en la Constitución. El ejemplo del sector público en Jordania es sintomático puesto que a pesar de constituir el 39% de los funcionarios de este país, las mujeres son mayoría (54%) en los puestos de segundo y tercer nivel de la administración pero ocupan solamente el 3% de los puestos de mayor rango.
Obstáculos importantes siguen entorpeciendo el ejercicio de los derechos de las mujeres en cuestiones relativas al matrimonio y la familia y persisten importantes discriminaciones de las mujeres en torno a la edad del matrimonio, la tutela masculina, la poligamia, el divorcio, la custodia de los hijos, el derecho al trabajo, la sucesión, el derecho a la nacionalidad y la libertad de movimiento que se materializa por ejemplo en la imposibilidad de solicitar un pasaporte sin la mediación del tutor o padre de familia. Algunas discriminaciones legales pueden llegar a afectar a la propia ciudadanía de las mujeres. A diferencia de los hombres que pueden ser testigos en la investigación de cualquier delito, en varios países, las mujeres valen como medio testigo de los actos de adulterio o de abuso sexual, dificultando mucho la erradicación por ejemplo del abuso sexual de menores y del incesto. Esta discriminación también se aplica cuando se da un enlace matrimonial musulmán, puesto que se tiene que celebrar en presencia de dos testigos masculinos o de un hombre y dos mujeres.

La raíz religiosa de una parte considerable del derecho, así como la historia colonial de la región, han favorecido que se mantuviera una multitud de textos jurídicos de diferentes procedencias y que incluso muchos de ellos sean contradictorios entre sí. Además de constituir un obstáculo a la equiparación de derechos de hombres y mujeres en función del carácter comunitario y religioso de la norma en cuestión, también contribuyen a fragmentar la lucha de las mujeres por la igualdad puesto que, según la comunidad a la que pertenecen, caen bajo la autoridad de un texto o de otro, faltando así al principio de universalidad de los derechos humanos.

Así es como en Líbano, un país considerado en el plano legal entre los menos conservadores de la región, los derechos de las mujeres en la esfera familiar permanecen sujetos a las leyes establecidas para las 17 comunidades confesionales que conforman el país, siendo las principales las religiones suníes, chíes y cristianas maronitas. Hartas de este embrollo jurídico que no beneficia en absoluta a los derechos de las mujeres, un amplio abanico de organizaciones de mujeres libanesas intentaron forzar una legislación única aplicable a todas las ciudadanas, independientemente de su confesión. Después de consensuarlo con dirigentes religiosos y representantes de distintos partidos entregaron un borrador de ley civil sobre el matrimonio a la Cámara de Diputados, pero las resistencias que encontraron en su seno impidieron que el proyecto prosperara. En Israel, las cuestiones de estatuto personal son atendidas por tribunales religiosos, y por consiguiente, se les aplica una legislación distinta a las mujeres judías, cristianas o musulmanas aunque todas tienen en común su carácter discriminatorio. En cambio en Siria, la ley sobre el estatuto personal de 1953 (enmiendada en 1975) se aplican a todos los sirios y sirias, con excepción de reglas sobre el noviazgo, el matrimonio, la pensión alimentaria, el divorcio y la custodia de los hijos e hijas.

Una de las normativas que sigue siendo discriminatoria en todos los países, incluso donde se han iniciado procesos de reforma, es la relativa al divorcio. En general, la situación legal es que un hombre puede divorciarse de manera unilateral, mientras las mujeres sólo pueden hacerlo (cuando la ley se lo permite, como es el caso en Jordania desde el año 2009) si renuncian a la dote que hayan recibido de su esposo antes de casarse y a la pensión alimenticia. Como se ha visto anteriormente, en Marruecos los legisladores acometieron en el año 2004 una reforma de la Mudawana, que persigue reducir la subordinación de las mujeres al jefe de familia, pero sin alejarse de las fuentes islámicas. Rude-Antoine declara que la reforma se fundamentó en los textos sagrados y que, con ella, se ha consolidado la sharía frente a las costumbres y normas locales provenientes de las distintas comunidades religiosas presentes en el territorio marroquí (Rude-Antoine, 2010-11).

Muchos y muchas sociólogos y juristas consideran que las causas de la discriminación de las mujeres en el mundo árabo-musulmán radican en el modelo familiar imperante, donde el hombre es el jefe de familia y la autonomía de las mujeres es muy limitada. Según este modelo, las mujeres pertenecen al clan, deben obedecer al padre de familia (o en su defecto al hermano mayor) y después del matrimonio, al esposo. Ello justifica que las mujeres deban obediencia al jefe de familia, y explica aunque evidentemente no lo justifique, que el recurso a la violencia de género bajo sus diversas formas (emocional, psicológica, económica, física y sexual) esté socialmente admitido en toda la región. La ‘mancha’ puede consistir en un flirteo antes del matrimonio, una sospecha de adulterio, un embarazo siendo viuda, un comportamiento juzgado indecente o una desobediencia cualquiera ante un dictado emitido por el padre de la familia. En algunos países, se sigue incluso considerando legítimo que uno o varios miembros varones de una familia asesinen a una pariente con el fin de “limpiar el honor manchado”.

jueves, 21 de febrero de 2013

Sindicalismo en el mundo árabe

Otra de las contribuciones del libro Sociedad civil y contestación en Oriente Medio y el Norte de África, recientemente editado por la Fundación CIDOB, es el artículo de Isaías Barreñada dedicado a los "Sindicatos y movimientos de trabajadores en los países árabes. Entre el sistema y la sociedad civil". Incluimos en nuestra entrada de hoy del blog algunos de sus extractos.

          "Los movimientos de trabajadores han sido actores políticos relevantes en casi todos los países árabes, en muchos casos desde antes de las independencias. Sin embargo el patrón dominante fue su integración en sistemas corporatistas confundiéndose con el Estado y el partido, aunque no faltaron momentos de enfrentamiento con el poder y en algunos casos fueron refugio de opositores. El fracaso del modelo de Estado y de desarrollo, la adopción de políticas liberales y el desmantelamiento progresivo de las bases materiales del populismo autoritario, socavaron a los sindicatos oficiales y dieron pie a la aparición de sindicatos independientes, que con otros movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil, configuraron unos limitados espacios públicos en contextos autoritarios. Las luchas sociales protagonizadas por estos movimientos de trabajadores en los últimos quince años serían los antecedentes de las revueltas antiautoritarias de 2011, en las que sin ser sus principales protagonistas fueron un elemento clave, aportando activistas y experiencia organizativa, y utilizando el decisivo instrumento de las huelgas.

Incluir a los sindicatos de trabajadores entre las llamadas Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) supone una simplificación que limita la comprensión de las diferentes formas de acción colectiva. Si bien es cierto que los sindicatos son una de las modalidades de organización social más extendidas, defienden intereses particulares, inciden en la toma de decisiones políticas y contribuyen a la configuración de un espacio público autónomo, sin embargo varias razones aconsejan su análisis de manera diferenciada.

En primer lugar por su naturaleza especifica; los sindicatos son organizaciones de trabajadores (esencialmente asalariados) cuyo objeto es defender y promover sus intereses económicos, sociales y profesionales; para ello organizan a sus miembros, articulan demandas, y posibilitan la negociación con el empleador o la administración. En segundo lugar, para organizar, representar y negociar en el mundo laboral, hacen valer su fuerza pues tienen vocación de ser organizaciones de masas. Encarnan el enfrentamiento entre trabajo y capital, y actúan más allá del ámbito laboral en la escena política. En cuanto que son el principal instrumento de defensa del que se han dotado los trabajadores, asumen un papel de confrontación con el poder económico y político, razón por la que son considerados uno de los movimientos sociales clásicos. En tercer lugar las organizaciones de trabajadores tienen una larga historia, muchas veces entrecruzada con la de las organizaciones políticas, y han adoptado muy diferentes expresiones a lo largo de su devenir y en cada país. Finalmente, los sindicatos tienen un reconocimiento legal al más alto nivel, incluso en los textos constitucionales, y en cuanto que tienen representatividad democrática son reconocidas como interlocutores sociales en el ámbito nacional e internacional.
No obstante es cierto que, como movimientos sociales, en diferentes momentos los sindicatos han compartido espacios y actuaciones con otras organizaciones sociales, o incluso se han articulado con ellas en la consecución de fines concretos, interviniendo en movilizaciones sociales amplias y de muy diferente naturaleza. Esto mismo ocurre en los países árabes. Los sindicatos forman parte de la escena social y política desde principios del siglo XX. Pero dada su singular trayectoria, el sindicalismo ha sido parte misma tanto de los sistemas políticos nacionales como de las fuerzas políticas de oposición, y aún más de las organizaciones civiles que han intentado articular espacios públicos autónomos y por esta última razón se les engloba a veces en la llamada sociedad civil. Pero su singularidad, su evolución y los retos a los que se enfrentan en la actualidad ameritan un análisis más detenido.

Si bien existe una abundante bibliografía sobre los movimientos obreros y su papel en las luchas de liberación nacional o en la configuración de los sistemas políticos árabes, constituyen sin embargo una dimensión de la realidad árabe que se visibiliza muy poco en los medios de comunicación y en las representaciones dominantes. El mundo árabe se ve desde fuera a través de los déspotas, los conflictos o la religión. Ni siquiera las protestas sociales se suelen asociar a los movimientos sindicales, privilegiándose la atención a las revueltas del pan o a los conflictos sectarios. En suma este sesgo responde a una representación de las sociedades árabes en las que se minusvalora su capacidad de auto-organización y de ser sujetos plenos de los cambios.

Las organizaciones de trabajadores tienen en varios países árabes una larga historia, con momentos de protagonismo como fue el caso de las luchas de liberación nacional, los periodos posteriores a las independencias o, en los últimos años, la espiral contestataria que daría pie a las primaveras árabes de 2011. Asimismo, se enfrentan ahora al reto de redefinir sus relaciones con el Estado y con la sociedad, defender realmente a los trabajadores y contribuir a la democratización en el marco de las reformas y procesos de transición en marcha".

miércoles, 20 de febrero de 2013

Juventud y revolución

La juventud ha sido el motor de las revueltas árabes. El antropólogo José Sánchez García centra la atención en este aspecto en su contribución al libro Sociedad civil y contestación en Oriente Medio y el Norte de África recientemente editado por la Fundación CIDOB:  "Jóvenes en tiempos revolucionarios. Protagonismo político y agencia juvenil en los levantamientos del Norte de África".

Ser joven en Egipto
"En esa multiplicidad de referentes y ambigüedad social, las poblaciones por debajo de los 25 años suponen una mayoría que supera ampliamente el 60% de la población. Una parte de esta generación ha sido educada en sistemas universitarios y profesionales para ocupar puestos representativos en la vida económica y política que, en la práctica, les son negados por sistemas de poder monolíticos que impiden la regeneración de los cuadros gobernantes. Con todo, la mayoría de la población juvenil no llega ni tan siquiera a la enseñanza universitaria, como demuestra la caída entre el número de matriculados en la enseñanza secundaria (76%) y los estudios universitarios (17%), siendo, en los dos casos, menores los porcentajes de matriculadas femeninas.
 
Así, una vez finalizada la educación secundaria, la opción de iniciar la vida laboral, es la impuesta a las poblaciones de ingresos económicos bajos. Son las clases altas las que siguen la educación universitaria, reproduciendo el modelo dominante, facilitando la endogamia y dificultando la movilidad ascendente. A pesar de ello, las cifras de desempleo juvenil, del cincuenta y dos por ciento entre los que buscan su primera ocupación, alcanza el setenta y siete por ciento del total de desempleados. Se trata de graduados de la educación secundaria y diplomados universitarios que, abocados a la precariedad laboral de la economía informal, se convierten en dependientes de las redes establecidas en torno a la familia y el vecindario.
 
De todas formas este tipo de análisis macro sociológicos poco explican de la cotidianeidad de los diferentes grupos juveniles. En el caso de las cifras de matriculados en educación secundaria, por ejemplo, no se refleja que, en la mayoría de ocasiones, lo que se produce es absentismo al tratar de buscar formas de conseguir ingresos adicionales. Las diferencias de renta familiares facilitan la aparición de desigualdades educativas al no poder conciliar vida laboral y académica. Además, en el caso de los jóvenes menos favorecidos, la obligación moral de contribuir al mantenimiento de la familia obliga a dejar los estudios a temprana edad, contribuyendo a la desigualdad en capacitación profesional impuesta por las diferencias económicas. Pero todos ellos, favorecidos y desfavorecidos, accederán, generalmente, a puestos de trabajo que difícilmente alcanzarán un nivel salarial que les facilite la emancipación. La norma es, por tanto, la precariedad laboral de los jóvenes de los grupos económicamente desfavorecidos con jornadas de trabajo que se extienden más allá de las nueve o diez horas. Aún así, en el norte de África y Oriente Medio, la principal diferencia entre los diferentes grupos juveniles se produce en términos económicos.

Son los jóvenes de clases favorecidas los que, mayoritariamente, han militado en las comunidades construidas a través las redes sociales electrónicas. Sus referentes culturales como el cosmopolitismo -observable en la preferencia por el uso del inglés como lengua hablada-, las profesiones “modernas” –habitualmente relacionadas con las tecnologías de la comunicación-, la socialización basada en modelos occidentales –películas, cómics, música- o el consumo de artículos importados, ha facilitado la aparición de formas locales de los denominados “nuevos nuevos movimientos sociales” (Feixa, Pereira y Juris 2009). Su estilo de vida y su mundo social conforma un “capital cosmopolita” que, aunque manipulado también por los grupos juveniles de las clases bajas, ha permitido la aparición de cierto horizonte ideológico cuyos símbolos compartidos estarían en los términos de libertad, justicia social o democracia (Koning 2009: 17-73).
 
A diferencia de estas clases cosmopolitas, los miembros juveniles de las clases bajas pasan su tiempo de ocio hablando con amigos, en el café del callejón o del barrio, utilizando comunalmente, en algunas ocasiones, el ordenador conseguido con duros esfuerzos, reforzando sus vínculos primarios en el espacio del barrio. La reciprocidad, la solidaridad de clase y el comunitarismo son los mecanismos fundamentales de las agrupaciones juveniles fundadas en la residencia. De esa manera, el grupo de iguales es uno de los principales determinantes de sus adscripciones identitarias y de clase. El dinamismo de las redes así construidas, permite la inclusión de estos jóvenes en las tramas económicas informales, entre cuyas actividades principales se pueden enumerar la vigilancia de puestos de venta ambulante, el cobro de rentas de arrendamiento informal, la venta ambulante, el tráfico de estupefacientes, alcohol o pornografía. Sin embargo, a pesar de esta fragmentación, fundamentada en la heterogeneidad de sus prácticas sociales, los jóvenes compartían cierta marginalidad fijada en jerarquizaciones generacionales en sus grupos primarios, atravesadas, al mismo tiempo, por desigualdades económicas y culturales".

martes, 19 de febrero de 2013

El mito del invierno islamista

Adarve, el Observatorio de la Sociedad Civil Euro-Mediterránea, puesto en marcha por Encuentro Civil Euromediterráneo publica, en su último boletín, este artículo de Olivier Roy sobre la gestión de los gobiernos islamistas en Túnez y Egipto titulado "Egipto y Túnez no van camino del caos, están descubriendo su camino a la democracia: El mito del invierno islamista".
 
En Túnez, al igual que en Egipto, los islamistas que asumieron el poder a través de las urnas están perdiendo popularidad y se ven tentados a conservarlo adoptando medidas autoritarias. Pero tienen que lidiar con el legado de la primavera árabe y afrontar una nueva cultura política; ahora quienes no respaldan al gobierno toman las calles, no se acata al poder establecido ni se teme al ejército ni a la policía.:

Los islamistas se ven forzados a buscar aliados, ya que no controlan el ejército ni la esfera religiosa. Y aunque consiguieran encontrarlos entre los salafistas (conservadores religiosos) y el ejército, ninguno de los dos les permitiría gobernar en solitario. Los islamistas tienen que negociar. Nos encontramos con la clásica lógica de poder: al grupo dominante le resulta difícil aceptar que el poder cambie de manos, por lo que intenta preservar su posición por cualquier método que sea necesario. Por si fuera poco, no existe ninguna dinámica revolucionaria entre el populacho que le permita mantener el poder apelando al sentimiento en las calles.

Es interesante considerar la imprecisa naturaleza de este giro autoritario porque apenas guarda semejanza con la "revolución islámica" que solemos asociar con los Hermanos Musulmanes en Egipto, ni con el Partido del Renacimiento, al-Nahda, en Túnez. Se trata, por el contrario, de una "contrarrevolución" conservadora y curiosamente pro-occidental. Fijémonos en Egipto. Si en la Plaza Tahrir acusan a Mohamed Morsi de ser el nuevo Mubarak (que no Jomeini), es porque sus oponentes se han dado cuenta de que su intención era establecer un régimen autoritario utilizando medidas clásicas (solicitando la intervención del ejército y controlando el aparato del Estado).
                                  
La base electoral y social del régimen egipcio no es revolucionaria. En lugar de intentar alcanzar un compromiso con los principales protagonistas de la Primavera Árabe, Morsi está intentando poner de su parte a todos los simpatizantes del nuevo orden. Está construyendo una coalición basada en la empresa, el ejército, los salafistas y aquellos elementos del "pueblo" supuestamente hartos de anarquía.
El modelo económico de Morsi es neoliberal: está rodeado de "Chicago boys" que tienen una fe absoluta en el libre mercado. Él es partidario de la desregulación, del fin de las prestaciones y de una apertura al mercado global. Su gobierno acaba de firmar un acuerdo con el FMI que incluye un préstamo con intereses que ha justificado por mor de la necesidad. Morsi ha secundado la propuesta del FMI no por haber sido forzado a ello sino porque comparte plenamente sus puntos de vista. Se ha abierto la puerta para nuevas privatizaciones y mayor competencia. Y como las consecuencias de este proceso serán graves para gran parte de la población, el gobierno necesitará desarticular los sindicatos y poseer un aparato de represión plenamente operativo. Deberá asimismo ganarse la conformidad del ejército, a cambio de inmunidad y del derecho a regular sus propios asuntos, especialmente en la esfera económica.

Mientras tanto, para obtener el apoyo de los salafistas bastaría con llevar a cabo una islamización cosmética de la sociedad, al estilo saudí más que al iraní: obligatoriedad del uso del velo, continuidad de la discriminación contra los cristianos coptos, exigencia de respetar en público las normas religiosas y una restricción de las prácticas religiosas no-ortodoxas (específicamente las ceremonias sufíes que celebran los adeptos al misticismo islámico) [...].

lunes, 18 de febrero de 2013

La complicidad entre EEUU e Israel

El presidente estadounidense Barack H. Obama ha anunciado que visitará Israel y la Palestina ocupada el próximo 20 de marzo. Muchos esperan que dicha visita revitalice el proceso de paz, algo difícil si tenemos la complicidad norteamericana hacia su principal aliado regional. Hace tan sólo unos meses, el Tribunal Russell sobre Palestina celebró su cuarta sesión en Nueva York para discutir sobre "La impunidad de Israel: responsabilidad de los EEUU, incumplimientos de la ONU". En ella tomaron parte reconocidos especialistas en la materia y varios premios Nobel de la Paz. A continuación reproducimos parte de sus conclusiones:

II. Complicidad de los EEUU en las violaciones del derecho internacional por parte de Israel
El Tribunal concluye que la política y la expansión continua de los asentamientos de población de Israel, así como sus políticas de segregación racial y su militarismo violento no podrían existir sin el apoyo incondicional de los EEUU. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en particular en el contexto de la Guerra Fría, los EEUU se ha comprometido en favor de la creación y de la viabilidad de Israel como un estado exclusivamente judío y militarizado en detrimento de los derechos humanos de los palestinos. A pesar de que los gobiernos de los EEUU dieron en un primer tiempo sólo un apoyo moral, desde la Guerra de los Seis Días en 1967, apoyan incondicionalmente a Israel en el plano económico, militar y diplomático con el fin de establecer y mantener una superioridad militar cualitativa sobre sus vecinos árabes, y eso en violación de sus propias leyes internas:

• Ayuda económica. El apoyo sin rastro de duda de los EEUU hacia una potencia ocupante reconocida internacionalmente como tal, ha hecho de Israel el mayor beneficiario de la ayuda exterior de los EEUU desde 1976, y el mayor beneficiario de la ayuda acumulada desde la Segunda Guerra Mundial, con un monto de aproximadamente 115.000 millones de dólares. Más significativamente todavía, los EEUU proporcionan ayuda económica a Israel abonando una suma global al inicio del ejercicio fiscal bajo la forma de préstamos no rembolsables, de los que Israel es el único beneficiario. La ayuda otorgada a Israel representa en promedio el 25% de toda la ayuda exterior de los EEUU;

• El apoyo diplomático. Entre 1972 y 2012, los EEUU han sido la única nación que ha puesto cuarenta y tres veces un veto a las resoluciones de la ONU que critican a Israel. Treinta de esas resoluciones eran relativas a los territorios ocupados. En la Asamblea general, a pesar de la ausencia de veto, los EEUU a menudo hacen presión sobre los Estados miembros para evitar la votación y la aplicación de resoluciones que comprometan la responsabilidad de Israel. Por lo tanto, la impunidad internacional que goza Israel en relación a sus violaciones regulares de los Convenios de Ginebra se debe en gran medida a la protección externa que le otorga su relación especial con los EEUU;

• Ayuda militar. Israel recibe el 60% de la financiación del Foreign Military Financing (FMF) de los EEUU, convirtiéndose en el mayor receptor de fondos militares de los EEUU. Israel es, actualmente, uno de los diez principales proveedores de armas en el mundo y es el único destinatario de la ayuda militar americana al que se le permite invertir hasta un 25% de esta ayuda en sus propios programas de investigación y desarrollo y en su industria militar. Israel también recibe fondos de más de 100 millones de dólares, gracias a los proyectos de ley anuales de créditos en materia de defensa en el marco de los programas israelo-estadounidenses de defensa antimisiles. Ninguno de estos fondos está sujeto a las estrictas leyes de los EEUU, como la ley sobre el control de exportaciones de armas (Arms Export Control Act), la ley de Asistencia Exterior (Foreign Assistance Act), o el Acuerdo bilateral entre Israel y EEUU de 1952. La política del gobierno de los EEUU y las leyes específicas aprobadas por el Congreso, exigen a los EEUU mantener la superioridad militar de Israel en la región. Estas colaboraciones con los productores militares americanos alimentan, en parte, la continua carrera armamentística en la región.
Por lo tanto, el Tribunal considera que los EEUU son responsables de violaciones del derecho internacional y de la ley americana de la siguiente manera:
• Al permitir y financiar las violaciones por parte de Israel del derecho internacional humanitario y de las normas internacionales en materia de Derechos Humanos, los EEUU son culpables de complicidad en actos internacionalmente ilícitos en virtud del artículo 16 de los Proyectos de artículos sobre responsabilidad de los Estados de la Comisión de derecho internacional y, por tanto, también son responsables de las violaciones sufridas por el pueblo palestino y de la afrenta al sistema internacional;

• Al permitir a Israel el no asumir su responsabilidad en las violaciones de los Convenios de Ginebra, los EEUU han incumplido sus obligaciones derivadas de su estatus de Alta Parte contratante en virtud del artículo 1;

• Al mantener su apoyo económico a la expansión de los asentamientos a pesar de las desaprobaciones ocasionalmente expresadas, los EEUU también violan la jurisprudencia de la Corte internacional de justicia, en particular el párrafo 163 (D) de su decisión sobre el Muro;

• Al obstruir una resolución internacional del conflicto por la utilización abusiva de su derecho de veto en el Consejo de seguridad y de su peso político / económico / diplomático en la Asamblea general, los EEUU violan varias disposiciones de la Carta de la ONU, en particular, el artículo 24;

Al no condicionar la ayuda militar a Israel al respeto de las normas relativas a los derechos humanos y al respeto estricto del derecho a la legítima defensa, los EEUU violan su propio derecho interno".

viernes, 15 de febrero de 2013

Sociedad civil y contestación en el mundo árabe

La Fundación CIDOB acaba de publicar, con el nº 33 de su Colección Interrogar la Actualidad, nuestro libro "Sociedad civil y contestación en Oriente Medio y el Norte de África". A continuación algunos extractos del prólogo. 

"Las revueltas populares árabes registradas en 2011 han despertado un inusitado interés académico por el papel jugado por la sociedad civil y, sobre todo, por su eventual contribución en las transiciones democráticas que algunos países ya han emprendido. El creciente cuestionamiento de los regímenes autoritarios por la calle árabe viene a demostrar que no hay nada en las sociedades islámicas que las haga refractarias a la democracia, los Derechos Humanos, la justicia social o la gestión pacífica de los conflictos, como han venido señalando en las últimas décadas quienes defendían la existencia de una supuesta ‘excepción islámica’.

Una democracia fuerte requiere la existencia de una sociedad civil sólida que vele por los derechos de los ciudadanos frente a la arbitrariedad del Estado. La sociedad civil agrupa a asociaciones voluntaristas que basan su actuación en principios como la tolerancia, el pluralismo, el respeto, la participación, la cooperación y la solución de los conflictos mediante el diálogo y la negociación. Por ello, un requisito para su funcionamiento es la existencia de un espacio cívico que reconozca la legitimidad de la diferencia (ya sea ideológica, religiosa, étnica, cultural, de clase o de cualquier otra índole) y que le permita desarrollar sus actividades sin interferencias políticas.
Durante varias décadas, los regímenes autoritarios árabes obstaculizaron el desarrollo de la sociedad civil por temor a que se convirtiera, con el transcurso de tiempo, en un contrapeso al poder estatal. Pese a estas cortapisas, la sociedad civil se expandió con fuerza en la década de los ochenta del pasado siglo debido, sobre todo, a la crisis del Estado árabe, la ruptura del contrato social entre gobernantes y gobernados, la crisis económica y financiera, la explosión demográfica, el despertar de la minorías y la erosión de las legitimaciones sobre las que se asentaba el estado poscolonial. Este renacimiento se tradujo en la irrupción de decenas de miles de organizaciones de la sociedad civil tanto en Norte de África como en Oriente Medio que cuestionaron el monopolio del espacio público por parte de las autoridades.

Este libro, resultado del proyecto de I+D ‘Sociedad civil y contestación política en Oriente Medio: dinámicas internas y estrategias externas’ (CSO2009-11729), presenta un panorama actual sobre la situación de la sociedad civil en el Norte de África y Oriente Medio prestando especial atención a la situación de la juventud, la mujer, los movimientos sindicales, las minorías étnicas y confesionales, los Derechos Humanos y los medios de comunicación. Además se presentan dos estudios de caso especialmente relevantes: el turco (que muchos consideran que podría convertirse en un modelo a seguir por parte de los países árabes) y el palestino (sometido a una ocupación desde hace ya más de cuatro décadas), que nos aportarán luz sobre la organización concreta de la sociedad civil en situaciones específicas. Por último se cierra con un detallado análisis sobre la política exterior de Estados Unidos hacia la región y su agenda democratizadora. Se trata, en definitiva, de un esfuerzo coral que, junto con el resto de obras publicadas en castellano sobre la materia, pretende contribuir a un mejor conocimiento de la sociedad civil en esta zona de gran importancia geoestratégica".

jueves, 14 de febrero de 2013

Derechos humanos en Irán

Coincidiendo con el 34 aniversario de la Revolución Iraní, el blog de Amnistía Internacional en Eldiario.es recoge hoy este artículo de Reinhard Lamsfuss sobre la sistemática violación de los derechos humanos por parte del régimen iraní. No es casualidad que Irán se haya convertido en el principal aliado de Bashar al-Asad en Siria y que haya exportado sus prácticas al vecino árabe.

"Desde las protestas de junio de 2009 por el supuesto fraude en las elecciones presidenciales, la tensión en la calle es recurrente. En años anteriores, la oposición ha convocado manifestaciones pacíficas; manifestaciones que en 2011 se saldaron con al menos dos muertos, decenas de heridos y cientos de detenidos cuando las fuerzas de seguridad disolvieron brutalmente las concentraciones.

Hemos pedido una y otra vez que se respete el derecho a la libertad de reunión y se permita a la gente protestar sin sufrir represalias. Pero la realidad es inquietante, así como otras de las oscuras caras del historial de derechos humanos de Irán: la pena de muerte.En este país se ejecuta, como mínimo, a una persona cada día. El informe anual de 2011 de Amnistía Internacional constata que Irán informó oficialmente de 360 ejecuciones, pero fuentes fidedignas indicaban que se habían llevado a cabo 274 más, muchas de ellas en secreto. Resulta especialmente grave que también se realicen ejecuciones de personas que eran menores en el momento de cometer el delito del que se les acusa, algo prohibido por el derecho internacional. Ocurrió hace poco con el caso del joven Ali Naderi, ejecutado en enero en la cárcel de Rajai Shahr.
 
Las denuncias por represión llegan por decenas a nuestras oficinas. Organizaciones de derechos humanos, abogados defensores, activistas de los derechos de la mujer y de minorías étnicas o religiosas, cineastas, blogueros, periodistas, líderes o activistas políticos, sindicales o estudiantiles y académicos están en el punto de mira. Hacer cualquier cosa que se salga de los límites, cada vez más estrechos, de lo que las autoridades consideran social o políticamente aceptable, supone ponerse en peligro. Se puede acabar en la cárcel por crear un grupo social en Internet, unirse a una ONG o expresar oposición a la situación actual. El caso de las mujeres es especialmente preocupante, ya que siguen estando discriminadas, tanto en la ley como en la práctica. Muestra de esta discriminación es la imposición de código indumentario.
Profesores de Irán protestan por las condiciones de trabajo y salariales en frente del parlamento en Teherán, marzo de 2007. © www.kosoof.com
El aumento de la represión se hace notar durante estos días. En tan solo tres días, en enero, las autoridades detuvieron al menos a 14 periodistas en redadas llevadas a cabo por la policía en las oficinas de diversos periódicos. Según los informes, se les acusa de colaborar con organizaciones mediáticas en lengua persa “antirevolucionarias” con sede en otros países. Un ejemplo más de las draconianas restricciones que sufren quienes ejercen el periodismo.

Uno de los casos más señalados es el de la abogada Nasrin Sotoudeh, que cumple una condena de seis años de cárcel desde septiembre de 2010. Amnistía Internacional, junto a otras organizaciones, lleva años pidiendo su liberación. Ha sido declarada presa de conciencia, dado que está encarcelada única y exclusivamente por su trabajo pacífico como abogada de derechos humanos. Su labor ha sido reconocida internacionalmente con la concesión, en octubre de 2012 del Premio Sajarov por parte del Parlamento Europeo. Las autoridades iraníes, por su parte, no se han limitado a encarcelarla. También han acosado a sus familiares e incluso han emprendido medidas contra ellos, como por ejemplo la prohibición de viajar a su hija de 13 años, hecho por el que Sotoudeh estuvo en huelga de hambre durante 49 días en prisión a finales de 2012.

Esta es la imagen de Irán en la actualidad; un país en el que la falta de libertad de expresión o la pena de muerte son solo dos ejemplos de los abusos a los derechos humanos que se cometen cada día. En estas circunstancias, estamos obligados a mantener el nivel de alerta y seguir presionando a sus autoridades para que el hogar de una de las civilizaciones más antiguas de la historia no de la espalda a los derechos de sus habitantes".

miércoles, 13 de febrero de 2013

La larga batalla del mundo árabe

"Túnez, Egipto y Siria: la larga batalla" es el artículo semanal del escritor libanés Elías Khoury en el diario Al-Quds al-Arabi. La traducción del árabe al español ha sido realizada por Naomi Ramírez para su blog Traducciones de la Revolución Siria.

"El asesinato del luchador tunecino Chukri Belaid ha venido a hacer sonar la alarma del peligro, pues las fuerzas emergentes de los Hermanos y los salafistas han dejado clara su relación con el poder y la sociedad. Todo el poder es suyo y la sociedad debe inclinarse, dividir su resistencia, y desmembrar sus fuerzas sociales y políticas. Antes del asesinato de Belaid se habían lanzado campañas contra todo, incluyendo los santuarios religiosos que los salafistas odian bajo la influencia del wahabismo saudí-catarí [...].
 
Los “sabios” de la cultura de la subordinación dirán que nos advirtieron de eso, y que lo que los medios occidentales han llamado “primavera árabe” no ha sido más que el aviso de un invierno cruel y sangriento, y algunos intelectuales, de esos que se han pasado la vida diseñando la esquizofrenia entre las palabras y los significados, nos recitarán los salmos del arrepentimiento y el rechazo vestidos de consejos racionales [...].
Los Hermanos han llegado al poder en Egipto y Túnez, no porque dirigieran la revolución y porque diseñaran su programa político, social y cultural, sino todo lo contrario: han llegado al poder porque las revoluciones no han tenido programa ni líderes. Las revoluciones nacieron de lo más profundo de la desesperación ante todo, rompiendo tabúes y saliendo como el líquido por las calles. Las revoluciones árabes vinieron a recordar a los árabes que son pueblos vivos, por lo que fue como un despertar de vida en nosotros [...].
 
Las revoluciones estallaron cuando nadie estaba preparado, pues las élites intelectuales y políticas árabes habían perdido veinte años sin extraer ni una sola lección de la caída de la Unión Soviética, ni de los significados del horizonte democrático, ni de los métodos de enfrentamiento contra la arrogancia israelí, ni de la construcción del Estado de ciudadanos libres sobre los escombros del Estado de los súbditos y esclavos.
La mayoría de las élites de Túnez, Egipto y Siria no dudaron en unirse a la revolución, aunque sabían que entraban con esta experiencia de nuevo en la escuela de la historia. La revolución, en este sentido, es una opción clara de cambio radical sin rasgos determinados. Por ello, se hizo imposible predecir los futuros baches, y se hizo necesario retirarse, con seriedad, a diseñar una nueva declaración ética de las revoluciones árabes.
Pero el tiempo no espera. Los Hermanos han llegado al poder, y esto, naturalmente no es definitivo. En vez de comprender las nuevas lecciones de la revolución, han vuelto para atrás, a lo previo. En Egipto han vuelto al pre-naserismo, como si se vengaran de un tiempo que no fue justo con ellos, y en Túnez han vuelto al pre-burguibismo, mientras que en Siria quieren volver al pre-reinado de Faysal. Ello va acompañado de un deseo de poder insaciable, pues los Hermanos se han visto afectados por la represión autoritaria desde que pensaron que los Oficiales Libres les robaron el golpe de la revolución del 23 de julio. La represión autoritaria los dejó ciegos ante las nuevas realidades que han producido las revoluciones.
Esperábamos que la lucha no se librara hoy bajo los lemas de la identidad, porque la revolución estalló por la libertad, el pan y la democracia, por nada más. Esperábamos y seguimos esperando que se conformara un equilibrio social en el que los islamistas fueran una parte, pues la guerra de exterminio que libraron algunos regímenes dictatoriales contra ellos fue vergonzosa, trivial y criminal, pero por desgracia, hoy la sangre corre en las calles de Egipto, y la sangre del mártir Chukri Belaid hace llorar a las conciencias.
La lucha se ha vuelto ineludible pues hay un bloque financiador, nacido del petróleo, el gas y las expectativas occidentales que no quiere ni un mínimo de consenso social que salvaguarde la libertad y dignidad del ciudadano [...]".