domingo, 28 de enero de 2018

La rama de olivo de Erdogan

Esta semana publico en El Periódico de Catalunya estte artículo titulado "¿Qué tapa la rama de olivo de Erdogan?" en el que analizo las razones de la ofensiva turca sobre la localidad kurdo-sirio de Afrin. 

Erdogan no ha recurrido a la rama de olivo como símbolo de la paz, sino para bautizar a la nueva ofensiva turca contra las milicias kurdas en el norte de Siria. El objetivo declarado de esta operación militar no es otro que expulsar a las Unidades de Protección Popular (YPG) del cantón de Afrin y establecer una zona de seguridad de 30 kilómetros de profundidad en torno a la línea fronteriza.

La Operación Rama de Olivo debe contemplarse también como la respuesta turca al plan de la Administración Trump de establecer una fuerza kurda de 30.000 efectivos para que controle la frontera siria con Turquía. Este proyecto fue visto por Erdogan como una provocación por parte de EEUU, ya que Turquía considera a dicha milicia kurda como un satélite del proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). La posibilidad de que fuerzas kurdas controlen la vasta frontera que separa a ambos países es interpretada como una amenaza para la seguridad nacional turca.
Resultado de imagen de RAMA DE OLIVO AFRIN TURQUIA
El conflicto sirio está haciendo extraños compañeros de cama. En los últimos meses, Ankara se ha distanciado de Washington y se ha aproximado a Moscú, como prueba el hecho que Turquía se haya garantizado la luz verde rusa antes de lanzar su operación contra las YPG. Y ello a pesar de que la Unión Soviética protegió en su día al Partido de la Unión Democrática (PYD), una formación kurda de orientación marxista que ha aprovechado el vacío de poder existente para implantar una autonomía en Rojava –el Kurdistán sirio– y para establecer su propia milicia armada:  las YPG.

jueves, 18 de enero de 2018

La transición tunecina, amenazada

Hoy publico en el diario El Correo este artículo sobre la inestabilidad política y la crisis económica en Túnez, justo cuando se celebra el séptimo aniversario de la caída de Ben Ali.

Siete años después del estallido de la Primavera Árabe, Túnez sufre la mayor ola de movilizaciones tras la caída del presidente Ben Ali. A pesar del relativo éxito registrado en el proceso de liberalización política, la economía sigue siendo el verdadero talón de Aquiles de la transición tunecina. Las cifras no dejan lugar a dudas, ya que la inflación no ha dejado de crecer en los últimos años (a un ritmo superior al 5 por 100 anual), la deuda pública se ha disparado hasta el 70 por 100 del PIB (cuando apenas alcanzaba el 40 por 100 en 2011) y el desempleo oficial afecta al 15 por 100 de la población (superando entre los jóvenes el 40 por 100). La aprobación de la nueva Ley de Presupuestos es la gota que ha colmado el vaso, puesto que ha conllevado un aumento del precio de la gasolina, la telefonía y los productos de la cesta diaria, asfixiando a las clases más desfavorecidas, precisamente las primeras en movilizarse en las zonas más deprimidas como la abandonada provincia de Kasserin, la cuenca minera de Gafsa o los suburbios de la capital.
A diferencia de 2011, las manifestaciones ahora no piden la caída del gobierno, sino que se retiren los nuevos impuestos y se hagan mayores esfuerzos para extirpar la corrupción, combatir la pobreza y crear empleo. Debe tenerse en cuenta que la economía está en un estado anémico, con una tasa de crecimiento en los últimos siete años del 1,5 por 100, muy lejos de las tasas en la época de Ben Ali (un 4,5 de media entre 2000 y 2010). A la falta de inversiones extranjeras por la situación de inseguridad se une la caída del turismo, que representaba el 10 por 100 del PIB, como consecuencia de los atentados perpetrados por el autodenominado Estado Islámico contra museos o resorts, que han ahuyentado a los turistas extranjeros dando el golpe de gracia a la economía tunecina.