lunes, 30 de septiembre de 2013

Con voto, pero sin voz

En mi colaboración dominical en The Objective aborde la situación de la mujer en el mundo árabe y su infrarrepresentación en la escena política: "Con voto, pero sin voz", otra de las asignaturas pendientes de la Primavera Árabe.

"Ningún país árabe ha sido presidido ni dirigido por una mujer. El recurso fácil es aludir al factor religioso para tratar de explicar esta circunstancia. Sin embargo, varios países de mayoría musulmana como Pakistán, Indonesia o Turquía han tenido presidentas o primeras ministras por lo que se hace inevitable aludir también a otros factores socio-culturales. Parece evidente que el arraigado patriarcado vigente en las sociedades árabes juega un papel relevante.
En 2005 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo publicó un demoledor informe titulado ‘Hacia la mejora de la situación de la mujer en el mundo árabe’ en el que constataba que la presencia de mujeres en los Parlamentos árabes apenas alcanzaba un 10%, el porcentaje más bajo de todo el mundo. También denunciaba la escasa participación de las mujeres en la economía (un 33,3% de fuerza laboral frente a una media mundial del 55,6%). El caso de Egipto es especialmente relavante, ya que en sus primeras elecciones tras la Primavera Árabe, las mujeres tan sólo lograron hacerse con un 2% de los escaños del Parlamento (frente al 12% que obtuvieron en las elecciones previas). Un retroceso sin precedentes. Mientras tanto en Marruecos, nuestro vecino del sur, más de la mitad de las mujeres son analfabetas, fenómeno especialmente preocupante en el ámbito rural.
 
En el curso de las últimas décadas, las organizaciones de defensa de la mujer árabe han venido reclamando una plena igualdad de género y la lucha contra todo tipo de discriminación. No obstante estas demandas han caído en saco roto. A pesar de que las mujeres tuvieron un papel determinante en las revueltas antiautoritarias registradas en Túnez y Egipto en 2011, los gobiernos islamistas salidos de las urnas se confabularon para impedir que tuvieran un mayor protagonismo político. Por ello parece que la emancipación de la mujer árabe sigue siendo una de las tareas pendientes de la Primavera Árabe".

sábado, 28 de septiembre de 2013

Acuerdos y desacuerdos sobre Siria

El Consejo de Seguridad ha aprobado una resolución en la que reclama a Siria a destruir su arsenal de armas químicas o atenerse a las consecuencias. Aunque la resolución contempla recurrir al Capítulo VII de la Carta de la ONU, lo cierto es que cualquier autorización del empleo de la fuerza deberá ser previamente aprobada por el Consejo de Seguridad, donde Rusia tiene derecho a veto. Hace unos días, Rem Korteweg reflexionaba en esglobal, la revista electrónica de FRIDE, sobre el acuerdo EEUU-Rusia: "División e indecisión sobre Siria".
    
"El acuerdo sobre armas químicas alcanzado por Rusia y Estados Unidos es el último capítulo en los intentos de Occidente de mantenerse al margen de la guerra civil en Siria. Tras la iniciativa diplomática de Rusia se ha evitado un ataque militar. La Casa Blanca afirma que ha sido un éxito de la diplomacia, con el respaldo de una amenaza militar creíble, y los líderes europeos aseguran que se ha escuchado su llamamiento a favor de un proceso en el seno de la ONU. El deseo de Obama de evitar soluciones militares puede haber generado un nuevo impulso para las negociaciones con Irán. Pero este momento de júbilo podría ser breve: una tarea de enormes proporciones aguarda en la ONU, la acción militar todavía puede ser necesaria y la cohesión transatlántica ha resultado dañada (...).
A pesar de los comentarios del presidente Obama de que el ataque sería limitado —o, en palabras del secretario de Estado, John Kerry, "increíblemente pequeño"—  cualquier acción militar tiene consecuencias impredecibles. Un ataque estaría destinado a "disuadir y diezmar" la capacidad de Assad para usar armas químicas. Estados Unidos pretendía una intervención "Ricitos de Oro"; demasiado suave y sólo sería un castigo simbólico; muy dura y podría derrocar a Al Assad, fortaleciendo a los grupos yihadistas rebeldes. Pero la realidad nunca es tan sencilla, y el adversario siempre tiene algo que decir cuando se trata de un conflicto. Al Assad podría complicarle la vida a cualquier coalición liderada por Estados Unidos, por ejemplo empleando de nuevo armas químicas; colocando escudos humanos en torno a los objetivos potenciales; o usando a Hezbolá, que tiene el apoyo de Siria, para atacar activos occidentales o a Israel. La credibilidad de Estados Unidos entonces exigiría una nueva escalada. Al recobrar la iniciativa diplomática, Putin fue capaz de proteger sus intereses y a su cliente de Damasco. Cualquiera que sea el resultado, Moscú habrá logrado ganar tiempo para Al Assad, y Rusia incrementará sus envíos de armas a Siria, con la esperanza de inclinar la balanza militar a favor de éste. Estados Unidos, Reino Unido y Francia deberían considerar reequilibrar la situación aumentando sus esfuerzos para armar a los rebeldes moderados.

El acuerdo entre Moscú y Washington tendrá que ser recogido en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Francia, Estados Unidos y Reino Unido prefieren una resolución bajo el capítulo 7 de la Carta de la ONU, lo que permitiría el uso de la fuerza en caso de incumplimiento. Sin embargo, Rusia ha afirmado que una referencia explícita a la acción militar es inaceptable. Si los rusos se mantienen firmes, Obama se enfrentará a la decisión de elegir entre una resolución sin fuerza o eludir a un Consejo de Seguridad paralizado. En el primer caso, los rusos y el régimen sirio afirmarán que una aplicación respaldada militarmente por la ONU no se contempla, y Obama recibirá las críticas de los halcones del Congreso de Estados Unidos por su debilidad. Pero el resultado podría ser más ambiguo. Durante la crisis de Irak hace diez años, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1441, empujando Irak a cumplir con sus obligaciones de desarme. Fue adoptada en virtud del capítulo 7, pero no mencionó explícitamente el uso de la fuerza. El Consejo de Seguridad podría aprobar ahora una resolución similar (...)".

viernes, 27 de septiembre de 2013

Sociedad civil egipcia

El miércoles tomé parte en la mesa redonda sobre "La evolución de la sociedad civil en el Norte de África" celebrada en Casa Árabe y organizada por Encuentro Civil Euromediterráneo. En ella tuvimos tiempo para presentar las conclusiones de los informes que hemos preparado sobre Egipto, Marruecos, Argelia y Túnez y que pronto saldrán publicados en un monográfico editado por la editorial Icaria. A continuación incluyo el apartado dedicado a las restricciones legales que dificultan la labor de las organizaciones de la sociedad civil egipcia:

"Las organizaciones de la sociedad civil (OSC) se han visto obligadas a actuar en un marco legal adverso. Como recuerda el informe An Overview of Civil Society in Egypt: Civil Society Index Report for the Arab Republic of Egypt elaborado por CIVICUS, “una larga historia de centralización estatal del poder y limitada libertad política ha hecho que las OSC hayan funcionado en un entorno altamente inhibidor que no es propicio para la acción civil sin restricciones. Esto se refleja en el nivel de autonomía de las OSC, en el posible papel que pueden jugar y en el alcance de la influencia que pueden ejercer sobre quienes toman las decisiones” (2005: 79).

Las autoridades dificultan la labor de las OSC, que operan en un marco legal poco definido y con una evidente inseguridad jurídica. Para tratar de dificultar su labor y debilitar al movimiento asociativo, el gobierno egipcio ha impuesto unas leyes restrictivas, entre ellas la obligación de que las asociaciones soliciten la inscripción en el registro del Ministerio de Asuntos Sociales, reservándose el derecho a autorizarlas o disolverlas, así como a aprobar sus juntas directivas, controlar las fuentes de financiación o imponer fuertes sanciones en el caso de incumplimiento de esta normativa (Shokr, 2009: 3-4). Por todo ello, las OSC afrontan restricciones legales, injerencias administrativas, campañas de difamación por parte de las autoridades y de los medios de comunicación afines, una financiación restringida e inestable y la competencia de las organizaciones cooptadas o patrocinadas por el gobierno (El-Borei, 2009: 2).

La ley 84/2002 regula la actividad de las organizaciones no gubernamentales. Para poder desarrollar su labor, las asociaciones deben registrarse previamente en el Ministerio de Asuntos Sociales, que puede rechazar el registro y ordenar la clausura de dichas organizaciones por las fuerzas de seguridad. Para tratar de evitar la supervisión administrativa por parte de las autoridades, muchas organizaciones prefieran operar como centros de investigación u organizaciones sin ánimo de lucro en el marco de la menos restrictiva ley 32/1964. En palabras de Kristina Kausch, investigadora de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE), la ley 84/2002 “es una acumulación de regulaciones restrictivas, barreras administrativas y procedimientos que representaban una carga no razonable para las ONG y que reduce de manera significativa, si no suprime, su capacidad para operar” (2009: 4).

Algunos de los artículos más controvertidos de la ley 84/2002 son:
·         El artículo 11 que fija los ámbitos en los cuales las asociaciones pueden desarrollar su labor advirtiendo que no se autorizará a aquellas que “amenacen la unidad nacional, violen el orden público o la moralidad o aboguen por la discriminación de los ciudadanos en función de su sexo, origen, color, lengua, religión o credo”. Al mismo tiempo, dicho artículo advierte que “se restringe la práctica de toda actividad política y sindical a los partidos políticos y las organizaciones sindicales”.

·         El artículo 8, que permite a las autoridades modificar los estatutos de las asociaciones en el caso de que interpreten que vulneran la ley, y el artículo 34, que otorga al Ministerio de Asuntos Sociales la potestad de excluir a los candidatos al consejo directivo de las asociaciones, tal y como ha ocurrido en varias ocasiones basándose en informes de las fuerzas de seguridad, lo que supone una inaceptable interferencia en la autonomía de las ONG.

·         Los artículos 16 y el 17 impiden que las ONG egipcias se asocien con otras organizaciones extranjeras o se integren en alianzas internacionales o reciban financiación externa sin la previa autorización de las autoridades.

·         El artículo 42 establece que las organizaciones pueden ser disueltas en el caso de que incumplan la legislación vigente citando, de manera expresa, como motivos de disolución “la obtención de fondos enviados por una parte extranjera”, “la comisión de una grave violación de la ley, del orden público o de la moralidad” o “la incorporación o afiliación a algún club, sociedad, autoridad u organización domiciliada fuera de Egipto”.

·         Los artículos 74, 75 y 76 que establecen las penas a las que se exponen quiene violen la ley y que van desde los tres a los doce meses de prisión (en función de la gravedad de la infracción) e imponen unas multas de hasta 10.000 libras egipcias.
La arbitrariedad y discrecionalidad con la que puede interpretarse esta ley ha permitido a las autoridades entorpecer la labor de las OSC o disolver a aquellas a las que consideraba molestas por la labor que desarrollaban. Por ejemplo, el régimen no autorizó hasta 2003 las actividades de EOHR a pesar de que lo había venido solicitando desde su creación en 1985. En otras ocasiones ha retirado la licencia de las ONG ya existentes, como en el caso de Arab Women´s Solidarity Association (AWSA) en 1993, como castigo a su oposición a la participación egipcia en la guerra contra Irak. El año 2000, Saad Eddin Ibrahim, director del Ibn Khaldun Center for Development Studies, fue condenado a siete años de prisión acusado de malversación de fondos y de dañar la imagen de Egipto. Al igual que el AWSA, el Ibn Khaldun Center fue clausurado.

Tras la Revolución del 25 de enero, el sindicalista Kamal Abbas, coordinador del Center for Trade Unions and Workers´ Services (CTUWS), fue condenado el 26 de febrero de 2012 a seis meses de prisión tras criticar la presencia del presidente del oficialista Egyptian Trade Union Federation (ETUF) en una reunión de la Organizacion Internacional del Trabajo en Ginebra. El 12 de junio de 2013 Karam Saber, director del Land Center for Human Rights (LCHR), fue sentenciado a cinco años de prisión acusado de difamar a Dios, incitar a los disturbios y propagar el ateísmo por un libro publicado dos años antes titulado ¿Dónde está Dios?".

jueves, 26 de septiembre de 2013

Dudas sobre Siria

Las arabistas Naomí Ramírez y Laura Ruíz de Elvira publican hoy en el diario El País un artículo en el cual aportan su grano de arena para despejar la ceremonia de confusión en la que nos encontramos sumidos: "Dudas sobre Siria"

"Una de las preguntas más recurrentes concierne la naturaleza de la oposición a Bachar el Asad que, para algunos, no es sino un amasijo de “rebeldes” afiliados a Al-Qaeda y, para otros, una nebulosa complicada de entender. Lo cierto es que la oposición a Bachar el Asad tiene un carácter heterogéneo, además de fluido, puesto que ha ido transformándose a medida que el conflicto se enquistaba. Sus métodos y su campo de acción se sitúan a tres niveles —el civil, el político y el militar— aunque en algunos casos unos grupos permean a otros.
 
La oposición civil, hoy fragilizada pero aún existente y creativa (como lo muestra un informe reciente del Arab Reform Initiative), se encuentra en el origen de la revuelta. En efecto, no es inútil recordar que las primeras protestas fueron eminentemente espontáneas, populares y pacíficas. Los hombres y mujeres que se manifestaron allá por marzo de 2011 exigían dignidad, justicia social y libertad. Durante meses su grito principal era silmiyya (pacífica), rechazando el uso de las armas, inspirándose en la no violencia de sus predecesores en Túnez y Egipto. Frente a dichas demandas el régimen respondió con violencia y represión, algo que aumentó el número de manifestantes y contribuyó a crear una unión trans-clase y trans-regional.
 
De aquellos primeros manifestantes surgieron los activistas civiles, en su mayoría jóvenes inexpertos sin pasado militante u asociativo previo. Estos se encargaban de coordinar las protestas, lanzar campañas de resistencia civil (huelgas generales o boicots a determinadas empresas) o trasladar los heridos a hospitales de campaña clandestinos. Toda la labor de organización se realizaba en comités de coordinación creados para tal efecto en barrios, pueblos y ciudades, intentando elaborar una estrategia común en el difícil contexto de división provocada por los controles militares, los cercos a algunas ciudades y barrios y los cortes de electricidad y líneas de comunicación.
Más tarde surgieron los consejos locales, situados principalmente en las zonas “liberadas” —es decir, aquellas que ya no están bajo control del régimen—. Dichos consejos tienen por objetivo sustituir al Estado. Se encargan de los servicios públicos (colecta de las basuras o gestión de las escuelas) y se coordinan con los grupos armados responsables de la seguridad. Las provincias de Idleb y Raqqa destacan en este sentido. Persisten también todo tipo de asociaciones, de entre las cuales las de beneficencia y las humanitarias son las más numerosas dada la degradación de las condiciones de vida de la población.
 
La ya señalada espontaneidad de las primeras manifestaciones, que sorprendieron no solo al régimen sino a unos opositores políticos neutralizados a lo largo de más de cuarenta años de dictadura, especialmente tras la tristemente célebre masacre de Hama de 1982 que aplastó una insurgencia contra el régimen, hicieron que se tardase en configurar una oposición política sólida. Opositores de distinto color, y en muchos casos rivales, se organizaron en un grupo que vino a llamarse Consejo Nacional Sirio (agosto 2011) y que posteriormente, no sin dificultades y atendiendo a las peticiones de la comunidad internacional a fin de recibir alguna ayuda, se amplió para conformar la llamada Coalición Nacional de las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria (noviembre 2012). Aunque es este grupo quien negocia con la comunidad internacional, sobre el terreno su presencia e influencia son modestas (que no inexistentes). En efecto, la popularidad inicial del primero de estos órganos, cuya legitimidad fue reconocida por los manifestantes en una de sus salidas de los viernes, ha ido decayendo gradualmente debido a su falta de iniciativa, a las divisiones en su seno y a su ineficacia (por ejemplo a la hora de formar un gobierno en el exilio). No hay que olvidar, por otro lado, la presencia de los partidos kurdos, que se han desligado mayoritariamente de estas formaciones de tendencia nacionalista dando origen, entre otros, al Consejo Nacional Kurdo (...)".

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Partida de ajedrez en Siria

El escritor libanés Elías Khoury publicaba hace unos días en el diario Al-Quds al-Arabi este excelente artículo titulado "El cruento ajedrez sirio". Lo traduce al español Naomí Ramírez en su blog Traducciones de la Revolución Siria. Incluyo algunos de los extractos relacionados con la política de EEUU y Rusia hacia Siria.
 
"No hay duda de que estamos ante dos jugadores diestros que saben bien cómo convertir los puntos de debilidad en puntos fuertes, y esa es una de las definiciones de la diplomacia. Pero debemos señalar primero la ausencia del jugador sirio o árabe, pues este no ha podido llegar si quiera a ser peón, sino que se ha convertida en una mera casilla del ajedrez y todos los intentos de Walid al-Muallim y Bashar al Ya’fari de peonizar (convertir en peón) a su maestro químico han fracasado.
 
EEUU se enfrentaba a un verdadero callejón sin salida, pues la línea roja había sido cruzada en la salvaje masacre química de Al-Ghoutta, y Barack Obama debía seguir la vía de la débil y simbólica acción militar sin querer enfrentándose además al rechazo de la opinión pública estadounidense y occidental a cualquier aventura militar tras el fiasco estadounidense en Iraq.
 
A Obama, el dubitativo y moderado que no quiere derrocar al régimen (y aquí está el quid de la historia) lo encontró de frente el halcón Putin, que no obstante es incapaz de entrar en la guerra para salvar a su cliente sirio. Así la duda se reunió con la impotencia para diseñar uno de los mayores engaños diplomáticos de nuestro tiempo. En un lapsus linguae, Kerry se sacó el proyecto químico de la manga y Lavrov lo recogió para convertirlo en una propuesta, tras la que Walid Al-Muallim solo tuvo que leer con voz temblorosa, como si leyera el texto por primera vez, la aceptación siria y demás cuestiones.
 
El lapsus linguae estadounidense fue una obra de teatro, pues las líneas generales del acuerdo fueron definidas en la cumbre de San Petersburgo en un ambiente dominado por los ceños fruncidos de los líderes estadounidense y ruso, pero que no era un ceño provocado por las diferencias en sus puntos de vista, sino por el lío en que ambos líderes se habían visto envueltos por Siria.
 
Las cosas han terminado, pero el acuerdo químico puede ser el primer paso para la subestimación de la cuestión siria por parte de ambas grandes potencias y dejarla aislada o en cuarentena a merced de los asesinatos y el terrorismo, manteniendo atados sus repercusiones y previniendo su expansión. Mi lectura de este acuerdo, por tanto, es que no es un paso para acabar la guerra en Siria, sino para organizarla e intentar limitar sus efectos.
EEUU y Rusia le dan plazo a Siria para mostrar sus armas químicas
La desposesión de las armas químicas tranquiliza a Israel y ese es el objetivo de EEUU; da una tregua temporal de vida al régimen sirio, que es lo que quieren los rusos; y no permite que el pueblo sirio venza a sus verdugos, que es lo que quieren EEUU y Rusia.
 
No hay duda de que estamos ante una diplomacia condimentada que ha venido a tapar la incapacidad y las dudas, e insinúa que lo que se conoce como régimen internacional, que sigue en formación, ha logrado eliminar la mecha de la guerra mientras se trataba uno de los más complicados problemas internacionales.
 
El régimen sirio, y con él el coro de antiimperialistas, bailan por su victoria, sabiendo que una de las causas de las dudas estadounidenses no es el miedo de ellos, sino por ellos, pues no quieren que caigan. El imperialismo estadounidense no cree en la capacidad de sus amigos ni sus agentes de conformar un régimen que garantice la seguridad de Israel como ha hecho el régimen de Asad durante cuatro décadas. Además de que teme la influencia de las corrientes islamistas radicales en la oposición siria, una influencia cuya esencia se retrotrae a sus colaboradores árabes que han encontrado en las corrientes takfiríes una receta lista para asesinar el espíritu de la revolución  y la democracia y convertirla en una lucha destructiva entre suníes y chiíes".

martes, 24 de septiembre de 2013

Sobre el yihadismo en Siria

Viento Sur ofrece una entrevista que Pierre Puchot realizó a Roman Caillet, investigador del IFPO en Beirut, sobre el fenómeno yihadista en Siria: "Relativizar la importancia del fenómeno yihadista en Siria", originariamente  publicada en Mediapart. Imprescindible para aclarar dudas y errores recurrentes. Aquí algunos extractos que me han parecido especialmente relevantes, recomendando una vez más su lectura completa:

- "Estimas que el fenómeno yihadista representa hoy entre el 10% y el 15% de los opositores al régimen de Bachar al-Assad. Eso está bastante lejos de lo que se imagina...
Todo depende de lo que se llame yihadista. Tengo la sensación de que la gente confunde un poco islamistas, salafistas, yihadistas... Es la fuente del malentendido. El Estado Islámico de Irak y Levante y Jabat al-Nusra (El frente del socorro), los dos grupos yihadistas, representan poco más o menos 10.000 hombres, de los 100.000 implicados contra el régimen. Se cita a menudo la cifra de 70.000 hombres para el Ejército Sirio Libre, de los cuales sin duda la mitad corresponden al Frente Islámico de Liberación de Siria (FILS, una de las componentes del ESL) de tendencia islamista sin ser fundamentalista.
Sin embargo la mayor parte de los analistas y de los editorialistas incluyen a los salafistas no yihadistas, o islamistas cercanos a los Hermanos Musulmanes, en un mismo conjunto yihadista. Es un error: esos salafistas tienen ciertamente una lectura fundamentalista de los textos, pero no habrían tomado jamás las armas en un contexto diferente al de la guerra civil siria. En Occidente, todo el que lleva una barba o una bandera negra es considerado como un miembro de Al-Qaeda. A partir de ahí, resulta difícil tener un análisis fino del conflicto, y el lector tiene una representación falseada de las fuerzas en presencia en Siria.
- Dices sin embargo que los combatientes yihadistas están mejor entrenados que los del ESL por ejemplo...
Hoy, los yihadistas no son ya los mejor armados. Era cierto antes, ya no es así. Las armas pesadas están en manos, eventualmente del Frente Islámico Sirio, un poco más por el FILS, y otros grupos del ESL. Hoy, Arabia Saudita arma en gran medida al Frente Islámico Sirio -movimiento de tendencia salafista, que no reconoce la coalición nacional de la oposición siria tal como se ha formado en Estambul, pero al que no se puede calificar de yihadista- por medio de hombres de negocios o de imanes influyentes, y arma oficialmente al FILS, que está igualmente entrenado y aconsejado por los países occidentales, entre ellos los Estados Unidos, que forman también muchas brigadas laicas.
En cambio, tácticamente, los yihadistas son más competentes que una mayor parte de los desertores que forman el ESL. Van más a menudo en la primera línea en la batalla, y recurren a atentados suicidas, lo que aporta una importante ventaja táctica cuando se trata de tomar una base. Así pues los yihadistas son más eficaces desde el punto de vista militar.

- ¿Cuál es la génesis de la composición yihadista en Siria? ¿Se limita a una exportación de la yihad irakí?
El Estado Islámico de Irak decidió a finales de 2011 enviar un cierto número de sus cuadros sirios a Siria para formar el Jabat al-Nusra. Luego, Jabat al-Nusra conoció un gran éxito, y se ha convertido en un grupo cada vez más importante, que ha gestionado un cierto número de pequeñas ciudades. Han contribuido a la caída de Raqqa, se han vuelto más poderosos y han administrado más poblaciones y ciudades que el Estado Islámico de Irak (EII). La dirección de Jabat al-Nusra tomó poco a poco distancias con el Estado Islámico de Irak. Y en abril de 2013, el emir de EII publicó un comunicado para intentar recuperar la situación y anunció que Jabat al-Nusra no era más que una extensión del Estado Islámico de Irak, y que, en adelante, los dos grupos no tendrían más que un único y mismo nombre, el de Estado Islámico de Irak y Levante. Este llamamiento a la reunificación fue sin embargo rechazado. Al día siguiente del comunicado, el responsable de Jabat al-Nusra reconocía ciertamente el armamento y la financiación de su organización por el EII. Pero, tras consulta de diferentes partidos y clérigos en Siria, decide no responder al llamamiento del EIIL (Estado Islámico de Irak y Levante). Luego, la aplastante mayoría de los combatientes extranjeros han optado por el EIIL, igual que una gran parte de Jabat al-Nusra. Hoy, la correlación de fuerzas es la siguiente: unos 7.000 hombres para el EIIL y 3000 para Jabat al-Nusra".

lunes, 23 de septiembre de 2013

La resistencia democrática en Siria

Arab Reform Initiative acaba de publicar un recomendable y necesario informe "Empowering the Democratic Resistance in Syria" escrito por Bassma Kodmani y Felix Legrand.  Sinfo Fernández lo ha traducido para Rebelión: "Empoderando a la resistencia democrática en Siria". A continuación reproduzco su presentación:
 
"Uno de los ejercicios más ambiciosos hoy en día en el conflicto sirio es identificar a todos los grupos que combaten sobre el terreno y que se autodenominan fuerzas revolucionarias. En un contexto de paz, el proceso de identificar a los grupos a los que debería incluirse en un proceso político implica normalmente examinar su compromiso respecto al cumplimiento de las normas democráticas definidas en un marco constitucional.
 
Sin embargo, los criterios difieren en el contexto de un conflicto armado como el de Siria. Como el régimen está decidido a destruir el tejido social del país y amenaza la integridad del Estado sirio, el objetivo de poner fin al dominio de la familia Asad es inseparable del objetivo de rescatar tanto al Estado como la sociedad. Esto requiere un enfoque que persiga ambos objetivos al mismo tiempo. Si el QUÉ (destitución de Asad) es compartido de forma unánime por los grupos armados y los activistas del levantamiento, entonces el CÓMO se convierte en el verdadero interrogante. Si la prominencia de los grupos islamistas radicales es algo que asusta a muchos sirios y a muchos países, entonces es claramente un error permitir el dominio de los grupos islamistas en la lucha con tal de conseguir el objetivo principal de destituir a Asad. Desde hace ya demasiado tiempo, las diferencias acerca del CÓMO están retrasando la consecución del resultado deseado.
A lo largo de los últimos dieciocho meses, oficiales del ejército y de la inteligencia, organizaciones de derechos humanos, académicos y periodistas han estado elaborando docenas de estudios de investigación, informes y artículos, centrándose casi exclusivamente en los grupos islamistas (Hermanos Musulmanes, salafíes y yihadíes de ramas y orígenes diversos). Aunque el crecimiento de esos grupos es en efecto alarmante y merece que se analice seriamente, el volumen de escritos sobre ellos deja a los observadores con la impresión de que todos los combatientes sobre el terreno son islamistas, que los grupos por la democracia no existen y que la destitución de Asad llevará de forma inevitable a que las fuerzas islamistas controlen Siria (...).
 
Este informe proporciona una alternativa y una narrativa más exacta. A partir de un meticuloso campo de investigación dentro de Siria, ofrece un esquema de los grupos que han seguido comprometidos con las demandas originales del levantamiento a favor de una Siria libre, democrática y pluralista. Describe los factores que han moldeado el movimiento sobre el terreno, las condiciones en que operan los grupos armados y la resiliencia de esos grupos democráticos nacionales que han mantenido, contra viento y marea, su compromiso con una Siria liberal. Invita a un enfoque distinto al reconocer dónde están los puntos calientes y trabaja desde dos aspectos diferentes: desde el punto de vista de los proveedores, de quienes procuran dinero y armas, y desde el punto de vista de los receptores, las personalidades políticas y militares sobre el terreno que inspiran y proporcionan guía y dirección a los grupos de la resistencia. Si queremos que el apoyo a la revolución tenga éxito y produzca los mejores resultados para una Siria pluralista, es necesario un enfoque activo e intrusivo.
 
Esto no quiere decir que los grupos democráticos estén aislados y haya que localizarlos trabajosamente en medio de un océano de islamistas sirios. La revolución siria no se ha convertido en islamista pero está mayoritariamente financiada por fuentes de tendencia islamista, dejando a los grupos revolucionarios de inclinación democrática luchando como huérfanos para poder sobrevivir en términos de fuentes de apoyo.
 
Si a los grupos por la democracia se les proporciona el tipo adecuado de apoyo, esa acción servirá de catálisis y revelará el apoyo de que disfrutan dentro de la sociedad siria, posibilitándoles crecer rápidamente. Podrán así volver a conectar la lucha armada con los diversos entornos sociales en Siria y dar lugar a una resirianización del levantamiento. El objetivo de este informe es proporcionar un mapa operativo de grupos fiables y responsables que tienen potencial para convertirse en trampolín de una estrategia activa. Nuestros esfuerzos para identificar a los grupos por la democracia en este informe tienen sobre todo como objetivo desenmarañar las luchas de las múltiples agendas vertidas sobre Siria durante los últimos dos años" (...).

miércoles, 18 de septiembre de 2013

El laberinto sirio

Tendencias 21, blog del profesor de la Universidad de La Laguna José Abu Tarbush aborda la situación en Siria y, de paso, aprovecha la ocasión para referenciar mi libro Siria Contemporánea. Muchas gracias por su generosidad.

"Uno de los temas de mayor actualidad y tensión internacional es el conflicto sirio. A raíz del uso de gas sarín saltaron todas las alarmas. Las dudas sobre su empleo han sido despejadas por el informe presentado por los inspectores de las Naciones Unidas.  Obviamente, ninguno de los contendientes asume su autoría y, por el contrario, se siguen acusando mutuamente.
 
El uso de armas químicas rebasó la línea roja trazada por Obama. Desde la óptica estadounidense era necesario otorgar una respuesta acorde a la amenaza emitida. De lo contrario, la credibilidad de futuras amenazas estaba en juego. Dicho en otros términos, para que sea efectiva, la amenaza tiene que ser creíble. Así ha sido en el caso de Siria, pero también se estaba pensando en Irán.
 
El principio de acuerdo alcanzado entre Moscú y Washington parece haber desactivado, de momento, los planes de ataque ―teóricamente limitados― de Estados Unidos sobre las posiciones gubernamentales en el territorio sirio. Además de las discrepancias de rusos y estadounidenses sobre el recurso a la fuerza, todavía está pendiente que el pacto se implemente y verifique sobre el terreno. Esto es, que Damasco destruya su arsenal de armas químicas en los próximos nueve meses.
 
De cumplirse dicho acuerdo en su totalidad, el régimen sirio se quedaría sin capacidad disuasiva frente a otros Estados de la región. De hecho, el origen de su programa de armas químicas tenía como objetivo complementar su armamento convencional frente a Israel.  De ahí que, desde fuentes israelíes, se alberguen dudas sobre su entero cumplimiento, y se apunte a una posible transferencia parcial hacia Hezbolá.
    ( Kerry e Lavrov al termine dell'accordo)
  Esto es sólo un botón de muestra de la enorme complejidad del conflicto sirio. A la guerra fratricida entre las fuerzas gubernamentales y los denominados rebeldes, se superpone otra de carácter regional en el mismo territorio sirio.  Pese a que el espacio, el tiempo y muchos de sus actores son diferentes, en cierto modo la guerra civil siria recuerda a la libanesa (1975-1990) por sus implicaciones regionales e internacionales.
 
Para comprender cómo se ha llegado a esta situación no basta sólo con recordar que la ola de protesta y cambio político que protagonizó buena parte del mundo árabe durante el 2011 alcanzó también a la República Árabe de Siria. Es igualmente necesario observar su evolución política durante las últimas décadas.
 
Una obra muy esclarecedora al respecto se debe al arabista Ignacio Álvarez-Ossorio. A pesar de ser uno de los Estados más políticamente herméticos de la región, la Siria contemporánea comenzó su andadura de manera no muy distinta a otros países de la región, con la excepción de la malograda Palestina.  Después de acceder a su independencia, en 1946, se vertebró un sistema político todavía débil y falto de consolidación, con grandes y constantes sobresaltos.
 
Pese a que muy tempranamente registró cortos y significativos periodos de auténtica apuesta democrática, rápidamente quedaron ensombrecidos por los más prolongados de predominio autoritario. Esta pugna, centrada en el pulso entre la apertura y el cierre del sistema político a la participación y a la pluralidad, terminó instalándose en un periodo de permanente inestabilidad política e institucional que, en el plazo de dos décadas, conoció “quince golpes de Estado” (entonces Siria era considerada la Bolivia de Oriente Medio).
 
Sólo tras el contragolpe de Estado de un sector del partido Baaz, en 1966, y más concretamente tras el triunfo del Movimiento Rectificador liderado por Hafez al-Asad, en 1970, el país logró gozar de cierta estabilidad institucional, pero a expensas de un enorme coste político: ver instalado el presidencialismo autoritario desde entonces.
 
Semejante inmovilidad fue deliberadamente reforzada por la inestabilidad y conflictividad regional, llena de acechanzas que, a su vez, permitió al régimen extraer buena parte de su legitimidad de esa anómala situación, de constante tensión y periódica confrontación árabe-israelí, durante la que no se podía permitir bajar la guardia tanto en el frente exterior como, no menos, en el interior.
 
El reemplazo en la jefatura del Estado (2000) no dejó de ser más que un relevo generacional en la cúspide del poder. No obstante, los deseos de cambio político de la sociedad siria no se hicieron esperar, expresados en la denominada “primavera siria”. El manifiesto de su sociedad civil demandaba reformas políticas al nuevo presidente, Bashar al-Asad.
 
Sin embargo, pese a la inicial flexibilidad que entonces mostró el poder y sus fuerzas de seguridad en algunos aspectos, no logró traducir esos gestos en cambios políticos concretos y significativos. Semejante oportunidad de cambio político fue desaprovechada entonces; y definitivamente abortada por su respuesta meramente represiva a las legítimas demandas democratizadoras de su ciudadanía a caballo de la denominada primavera árabe.
 
El libro de Ignacio Álvarez-Ossorio es una ineludible referencia para comprender la evolución política del régimen sirio. Aunque el texto no abarca las protestas (fue publicado en 2009), el autor ha mantenido el seguimiento de la crisis siria, haciéndose eco de distintos análisis y aportando su propia reflexión,  que se pueden seguir en su blog 
 Próximo Oriente"

martes, 17 de septiembre de 2013

Israel: vivir para ocupar

La pasada semana se conmemoró el vigésimo aniversario de los Acuerdos de Camp David. Desde 1993, Israel ha intensificado su colonización sobre Cisjordania y Jerusalén Este. En estos veinte años, el número de colonos ha pasado de 250.000 a 550.000 mientras se negociaba nada. Parece que, como señala Lourdes Romero en la revista electrónica esglobal, Israel vive ocupando. A continuación recupero algunos de los extractos de la entrevista que realiza Lourdes Romero a Yehuda Shaul, director de Relaciones Exteriores de Breaking the Silence.
 
esglobal: ¿La sociedad israelí es consciente de lo que sucede en los Territorios?
Yehuda Shaul: El 80% de la sociedad israelí no sabe lo que está pasando, ni lo que hace el Gobierno israelí. Pero esto no es una excusa, creo que el silencio es la enfermedad de la sociedad de mi país. Cuando estás enfermo y no te encuentras bien no quieres mirarte en un espejo. Cuando estás involucrado en algo tan malo como la ocupación de un territorio en la que nosotros, Israel, estamos envueltos, lo último que quieres hacer es verlo, por eso cerramos los ojos y nos tapamos los oídos. Así es la naturaleza humana, negar y olvidar las cosas. Es el instinto de supervivencia (...).
 
esglobal: ¿Un cambio de Gobierno en Israel traería la solución?
YS: No, no hay que olvidar que los asentamientos fueron creados por un Gobierno de izquierdas. Nada va a cambiar sin que haya una decisión de hacerlo. Una voluntad política real de cambiar. Hoy la ocupación está en su mejor momento para Israel: no hay que pagar ningún precio político, económico, de seguridad (los palestinos han dejado de poner bombas en los centros urbanos en Israel o en los check-points). Ocupar es más fácil. A no ser que tengan que pagar un precio político, ni este Gobierno ni el siguiente ni el que hubo en el pasado van a cambiar la situación. Así funcionan los políticos. 
 UN rights inquiry says Israel must remove half a million Jewish settlers
esglobal: ¿Podría volverse la ocupación en contra de Israel?
YS: Toda esta situación ya está en su contra. Desde 1967 con el comienzo del proceso de ocupación Israel hizo ver a todo el mundo que tenía pensado un proyecto de colonización. Yo creo que lo que estamos haciendo, básicamente, es destruirnos a nosotros mismos como pueblo. Nuestro proyecto nacional reside en mantener el control de los palestinos y esto a mi parecer no es lo que debe ser el Estado, esta es su muerte, porque no hay manera de mantener este sistema ni dentro de Israel ni en los Territorios Ocupados. Todo terminará colapsando y será el final del propio Estado de Israel (...). 
  
esglobal: ¿Es igual la ley para todos en Territorios?
YS: En Territorios Ocupados hay dos sistemas legislativos: dos comunidades que viven en una misma zona bajo dos sistemas legales diferentes, defendidas por dos fuerzas de seguridad distintas. Los soldados deben hacer cumplir la ley militar con los palestinos y la policía debe hacer cumplir la ley de Israel, no militar, con los colonos (una ley que los colonos no respetan tampoco). Un ejemplo, un colono y un palestino tienen un altercado, supongamos que los dos son arrestados (aunque nunca pasa porque el colono no suele ser arrestado), el resultado va a ser que el israelí va a ser juzgado por haber cometido un acto criminal, mientras que el palestino lo será por cometer un acto terrorista. Los derechos de detención y tener una representación legal son también diferentes. La discriminación está no solo en las Fuerzas Armadas está en el sistema legal israelí en general. Además, no olvidemos que tanto bajo la ley internacional como bajo la propia ley del Estado de Israel los asentamientos son ilegales (...).

lunes, 16 de septiembre de 2013

Acuerdo en Siria

Este domingo publiqué mi segunda colaboración con el nuevo fotoperiódico digital The Objective, iniciativa de un grupo de periodistas, fotógrafos y editores gráficos independientes. El artículo, titulado "Principio de acuerdo en Siria", está dedicado al acuerdo alcanzado por EEUU y Rusia en torno al desarme del arsenal de armas químicas del régimen. Aquí se puede consultar una copia (en inglés) del texto.
 
"El régimen sirio deberá deshacerse de sus armas químicas antes de verano de 2014. Ese es el ultimátum que Estados Unidos y Rusia han dado a Bashar El Asad quien, en un plazo de una semana, tendrá que entregar un listado completo de la composición y localización de su arsenal. Un grupo de inspectores internacionales se desplegará sobre el terreno para verificar su almacenaje y posterior destrucción. De no responder satisfactoriamente a esta propuesta, el asunto volvería al Consejo de Seguridad que podría aprobar el empleo de la fuerza recurriendo al Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas. La pelota está ahora, por lo tanto, en el campo del régimen sirio.
kerry y lavrov
Este giro copernicano en la situación hubiera sido inimaginable hace tan sólo unas semanas. Parece evidente que la amenaza de la Casa Blanca de lanzar un ataque limitado contra el territorio sirio ha surtido efecto, ya que el régimen ha mostrado su disposición a refrendar la Convención sobre Armas Químicas de manera inmediata. El acuerdo es mutuamente satisfactorio tanto para Estados Unidos como para Rusia, ya que Washington evita que dichas armas de destrucción masiva puedan ir a parar a manos de grupos radicales en la órbita de Al Qaeda y, por otra parte, Moscú aborta ‘in extremis’ una operación bélica que podría derribar a su aliado. Además ambos países vuelven a manifestar su compromiso con una solución negociada y llaman a las partes a reunirse en Ginebra para buscar una salida a la guerra civil.
 
Aunque los tambores de guerra no se han apagado completamente, la Administración de Obama parece dispuesta a darle una última oportunidad a la diplomacia. Queda por dilucidar si Bashar El Asad tiene una verdadera voluntad de enmienda o tan sólo pretende ganar tiempo para desviar la atención de la comunidad internacional. El tiempo lo dirá".

viernes, 13 de septiembre de 2013

Oslo 1993

Lo prometido es deuda. Hoy se cumple el 20 aniversario de la firma del Acuerdo de Oslo en la Casa Blanca. No sé si mucha gente se acordará. Yo terminaba ese mismo año la licenciatura de Filología Árabe y preparaba las maletas para irme a vivir a Damasco. Esta es el artículo que he preparado sobre el tema para el diario El Correo.

El 13 de septiembre de 1993 palestinos e israelíes firmaron el Acuerdo de Oslo con el que pretendían resolver el largo conflicto que los enfrentaba. Desde entonces han transcurrido dos décadas. La primera reflexión que pueda plantearse es que se trata de demasiado proceso para tan poca paz. A día de hoy, la posibilidad de lograr un acuerdo definitivo que aborde las espinosas cuestiones de Jerusalén, los asentamientos, las fronteras y los refugiados todavía parece lejana, dadas las diferencias abismales entre las posiciones del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente palestino Mahmud Abbas.
 
El conflicto palestino-israelí ha vivido distintas fases desde la ocupación de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este en 1967. Tras 25 años de enfrentamiento, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina acordaron negociar una solución pacífica del conflicto en 1993. Oslo establecía que la autonomía no debería durar más de cinco años, tras los cuales se alcanzaría un acuerdo sobre el estatuto final del Territorio Ocupado. Desde un primer momento, el acuerdo chocó con fuertes resistencias tanto en la escena palestina como en la israelí. Los sectores radicales de ambos bandos hicieron todo lo posible por torpedear las negociaciones, no dudando en recurrir a la violencia y el terrorismo para minar el proceso de paz.
 
No sólo fracasaron las conversaciones de Camp David, sino que también los calendarios fijados por la Hoja de Ruta y la Conferencia de Anápolis fueron ignorados. El pasado 30 de julio la Casa Blanca anunció a bombo y platillo la enésima vuelta de tuerca del proceso de paz y dio un plazo de nueve meses a palestinos e israelíes para que alcancen un acuerdo definitivo. No hace falta ser un adivino para vaticinar que, una vez más, las negociaciones no llegarán a buen puerto. El fracaso del proceso de paz evidencia que Israel, la potencia ocupante, no puede fijar la extensión de la retirada ni marcar el ritmo del proceso de paz. Las negociaciones deben retornar al marco de las Naciones Unidas ante la escasa disposición de Estados Unidos a presionar a Israel para que acate la legalidad internacional.
Bill Clinton watches Yitzhak Rabin and Yasser Arafat shake hands over the Oslo peace accords
Mientras el tiempo pasa, las políticas de hechos consumados dejan cada vez menos margen de maniobra para alcanzar una solución negociada. Cisjordania tiene una extensión de 5.600 km² y dos millones y medio de habitantes palestinos. Desde que fuera ocupada en 1967, Israel ha construido sobre ella 161 asentamientos que albergan a 550.000 colonos. Estas colonias, eufemísticamente denominadas ‘comunidades’ por Israel, ocupan más de 300 km², lo que sumado a los 1.175 km² de las zonas militares cerradas, representan 1.500 km². De otra parte, el muro de separación, cuya construcción se inició en 2002, ha dejado otro décima parte de su territorio bajo control israelí. Por todo ello no parece factible el establecimiento de un Estado viable en los pequeños islotes que aún controla la Autoridad Palestina.
 
Si la política israelí de hechos consumados ha convertido a las zonas autónomas palestinas en un archipiélago rodeado de un mar de asentamientos, carreteras de circunvalación y controles militares, la situación de la Franja de Gaza no es mejor. Desde la victoria electoral de Hamas en 2006, esta estrecha franja mediterránea ha estado expuesta a un intenso bloqueo por tierra, mar y aire. Las operaciones militares y la política de castigos colectivos israelíes han provocado el desabastecimiento de productos de primera necesidad y colocado a su población en una situación de emergencia humanitaria. Hoy en día, un 85 por 100 de sus habitantes vive de la ayuda internacional.
 
El bloqueo de Gaza, la construcción del muro de separación en Cisjordania y la judaización intensiva de Jerusalén Este han acentuado la sensación de que la solución de los dos Estados podría diluirse para siempre. Las opciones sobre la mesa no son demasiado halagüeñas: el mantenimiento del ‘statu quo’ beneficia a Israel, que puede seguir modificando la situación sobre el terreno a su favor. La proclamación unilateral de un Estado palestino cuenta con un vasto respaldo de la comunidad internacional, pero no resuelve por sí sola el futuro de Jerusalén Este, la delimitación de las fronteras y el destino de los refugiados. En este contexto, la disolución de la Autoridad Palestina gana cada día más enteros, ya que colocaría a Israel ante la tesitura de asumir la administración de la población ocupada, lo que conllevaría elevados costes tanto en términos materiales como humanos que no parece dispuesta a asumir.

jueves, 12 de septiembre de 2013

¿Quién secuestró la revolución egipcia?

Mañana aparecerá en el periódico Madrid 15M mi reflexión sobre el golpe militar egipcio y sobre las circunstancias que han posibilitado el retorno de los militares nuevamente al poder: "¿Quién secuestró la revolución egipcia?". El viernes, veinte aniversario de la firma del Acuerdo de Oslo, repasaré en el blog lo que ha dado de sí el proceso de paz palestino-israelí en las últimas dos décadas.

El 11 de febrero de 2011, Hosni Mubarak fue desalojado de la presidencia tras dieciocho días de protestas en los que la población tomó la calle demandando ‘pan, libertad y justicia social’. Si bien es cierto que muchos consideraron que la transición del autoritarismo a la democracia no iba a ser sencilla, pocos podían esperar que, apenas dos años y medio más tarde, los militares recuperarían el poder tras desalojar al presidente legítimamente elegido en las urnas: el islamista Mohamed Morsi.
 
El golpe militar, que contó con un amplio respaldo social y político, ha dado paso a una auténtica cacería contra los Hermanos Musulmanes, que se impusieron tanto en las elecciones parlamentarias de 2011 como en las presidenciales de 2012 concentrando en sus manos el poder legistivo y ejecutivo. En las últimas semanas, la mayor parte de los líderes islamistas han sido detenidos y la Hermandad se enfrenta a su más que previsible ilegalización.
 
Durante su periodo de gobierno, los islamistas trataron de extender su influencia al conjunto de instituciones estatales, lo que generó un fuerte rechazo entre buena parte de la sociedad egipcia. El controvertido decreto presidencial, emitido el 22 de noviembre de 2012, marcó un punto de inflexión y rompió todos los puentes de comunicación entre los sectores islamista y secular. Mediante dicho decreto, Morsi se arrogaba de poderes absolutos con el objeto de “proteger al país y los objetivos de la revolución”, entre ellos prolongar las detenciones durante un periodo de seis meses y encarcelar a quienes organizaran protestas o convocaran huelgas.
 
El abismo se ahondó con la promulgación de una nueva Constitución que fracasaba a la hora de defender los derechos humanos y las libertades públicas más elementales. El texto no prohibía ni la tortura ni los juicios militares, ni tampoco  garantizaba el cumplimiento de los convenios internacionales previamente firmados por Egipto. Todo ello llevó al Cairo Institute for Human Rights Studies a dibujar, en su infome de 2013, un escenario sombrío al afirmar: “Egipto está en la transición de un régimen autoritario a otro, aunque con diferentes características en la superficie”.
  Egypt's president Mohammed Morsi (right) speaks with his defence minister, General Abdel Fattah El Sisi, during a visit to the 6th Armoured Division near Ismailia on October 10.
Si a este explosivo escenario socio-político le añadimos la caótica situación económica entonces tendremos una tormenta perfecta. En estos últimos dos años y medio, la crisis económica se agudizó de manera notable. El lento crecimiento registrado (en 2012 fue de tan sólo un 1.8% frente al 5.1% de media de los cinco años anteriores) redujo la cantidad de ingresos en las arcas públicas. Entre 2009 y 2012, el déficit fiscal se duplicó pasando del 5.6% al 10.9% y la deuda pública supera ya el 85% del PIB. El año pasado la inflación se acercó al 11%, lo que provocó que buena parte de la población se viese obligada a destinar más de la mitad de sus ingresos a la alimentación.
 
Ante la creciente polarización de la sociedad y la agónica situación de la economía, los militares decidieron irrumpir en la escena y poner fin al experimento islamista. El 3 de julio Abdel Fattah al-Sisi, ministro de Defensa, ordenó la detención del presidente Morsi y la derogación de la controvertida Constitución. Los militares no estuvieron solos, ya que el golpe fue recibido de manera entusiasta por buena parte de la oposición secular, los movimientos juveniles, los sindicatos independientes y la minoría copta, que describieron lo ocurrido como una “revolución popular”.
 
Una buena muestra de este posicionamiento la ofreció el comunicado del Congreso Democrático Egipcio del Trabajo que manifestó que “la democracia no es solamente una urna: el 30 de junio hubo una revolución popular contra un sistema de gobierno autoritario”. También el Movimiento de Jóvenes 6 de Abril recibió positivamente el golpe al señalar: “Hoy nuestra gloriosa revolución ha vencido en una nueva batalla que abre el nuevo camino de esperanza para Egipto puesto que la declaración de hoy de las Fuerzas Armadas coincide con las demandas populares”.
 
Si bien es cierto que los Hermanos Musulmanes cometieron numerosos errores en el gobierno, también lo es que la oposición no está exenta de culpas. Al respaldar el derrocamiento de un gobierno legítimo, la oposición ha hipotecado su futuro convirtiéndose en un cooperador necesario de los militares. La prioridad de Sisi, recientemente designado vicepresidente, es preservar los incontables privilegios del Ejército y no impulsar una verdadera democratización del país.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Los salafistas sirios ante la intervención americana

Ayer el presidente Barack H. Obama ofreció un discurso televisado sobre Siria en el que apostó por mantener la presión sobre el régimen para que entregase su arsenal químico. El activista sirio Yassin Swehat resume la posición de los principales grupos islamistas sirios ante un eventual ataque norteamericano contra el régimen. Lo hace en su recomendable blog: "El islamismo combatiente y la intervención americana en Siria".
 
"No hay nada que extrañar en la actitud del régimen sirio respecto a las posibilidades de una intervención militar norteamericana, pues la historia, en su opinión, se repite por enésima vez, aunque con más ruido. El régimen sirio siempre trató sus crisis con los americanos de similar manera; primero poniendo sobre la mesa una oferta atractiva para los intereses o temores de los americanos a cambio de que éstos suavicen sus presiones, esta vez fue aceptar, con rapidez y urgencia, la ágil propuesta rusa de poner el arsenal químico sirio bajo supervisión internacional, un plan que sin duda gusta en Washington. La segunda es amenazar con hacer saltar por los aires toda la región a la vez que utilizar, de puertas para dentro, el mismo tono amenazador y bravucón de siempre; que si Hezbollah ocupará todo el norte de Palestina si EEUU ataca, que si el ejército sirio puede hundir todo buque que se atreva a entrar en el Mediterráneo oriental, que si Irán va a cerrar el estrecho de Ormuz antes de escupir fuego y acero contra las monarquías del Golfo. Todo un repertorio histérico que no para de repetirse en los medios afines al régimen, ya sean oficiales o “privados”.

El régimen sirio teme un ataque americano que pueda, por lo menos, dejar muy mermada su capacidad de ataque aéreo y balístico, pero no es el único actor temeroso de una intervención occidental en el país. Es fácil encontrar mucha retórica antioccidental en el lenguaje de los grupos más integristas que operan en Siria, tanto Jabhat Al-Nusra (una milicia de carácter salafista-yihadista, con manifiesta alineación con Al-Qaeda) como el Estado Islámico en Irak y Siria (Da'esh, por sus siglas en árabe. Una escisión de Al-Nusra muy radicalizada y violenta, y que alberga la mayor parte de los yihadistas extranjeros. Sus relaciones con los otros grupos combatientes va desde la tensión hasta el enfrentamiento abierto, como es el caso de las brigadas del Estado Mayor del Ejército Libre de Siria), y sus mensajes no paran de recordar el peligro de una invasión occidental para cortar el paso hacia su gran y definitivo proyecto: El Estado islámico del califato. Estos dos grupos no reconocen ningún tipo de división territorial dentro de la Nación islámica (es decir, no reconocen a Siria como país), ni reconocen el término Revolución sino que consideran que su lucha es Yihad contra el “tirano infiel”, y tampoco reconocen cualquier simbología nacional (banderas, escudos, himnos).

Para la lógica de estos grupos, Occidente, Israel, Irán, y los regímenes árabes son lo mismo, y se les reparte enemistad por igual. Buena parte de los asesinatos y secuestros cometidos por estos grupos integristas llevaban el pretexto de que su víctima era un agente de la OTAN, o de EEUU, o de Israel, o de Francia, etc. Un tipo de acusaciones y un lenguaje muy del estilo del Eje de Rechazo en general, y del régimen sirio en particular.
   
Este rechazo islamista a la intervención estadounidense no se encuentra solo en los grupos más extremistas. El Frente Islámico de Siria, una coalición político-militar que une a algunas de las fracciones islamistas salafistas más potentes y extendidas (Ahrar Al-Sham, por ejemplo), y que, normalmente, se le considera más pragmática y política que Al-Nusra o Da'esh, sin formar parte del Ejército Libre ni reconocer a la Coalición Nacional como representante político, emitió un comunicado denunciando que el posible ataque americano no responde más que a intereses particulares de Washington, y que pretende imponer un plan para Siria que nada tiene que ver con lo que Frente considera justo. El comunicado termina llamando a la unidad de las fracciones opositoras como “única vía para la victoria”.

Aparte de estas dos posturas, un vídeo colgado en internet hace unos días certificó el rechazo de un conglomerado de grupos combatientes islámistas en la periferia de Damasco a la intervención americana. El anuncio, leído por un combatiente rodeado por compañeros en medio de una escena de destrucción, recordó el “comportamiento criminal” de EEUU y sus aliados en Palestina, Irak, Afganistán, Chechenia, etc.. y llamó a los grupos favorables a la intervención americana a recapacitar, con la amenaza de considerarlos “traidores a Dios, a su profeta, y a la sangre de los mártires”.

Los grupos islamistas de tendencia salafista no se fían de la acción occidental, ya que se consideran a sí mismos objetivos de tal intervención tanto o más que el régimen de Bashar Al-Asad. El ejemplo de los Drones de Yemen y Pakistán son una buena razón, entre muchas, para su lógico temor.

Estos grupos cuentan con redes independientes y sólidas de financiación y armamento, en las cuales uno no puede dejar de ver huellas de servicios secretos árabes, regionales y occidentales. El propio régimen sirio es un gran jugador en este campo, con un historial que va desde principios de los 80 en Líbano hasta la última década iraquí. El Ejército Libre, en cambio, depende más de las decisiones políticas de las potencias regionales e internacionales para poder armarse, y una prolongada duda occidental sobre armar o no a la “oposición” llevó a que los grupos islamistas, con mejor armamento y preparación, ganasen terreno.

La Coalición Nacional opositora se pronunció a favor de la intervención americana, también lo hizo el Estado Mayor del Ejército Libre que representa a bastantes brigadas y batallones de la resistencia armada, y cuenta con reconocimiento regional e internacional, pero no llega al nivel de representar realmente a toda, ni a la mayor parte del movimiento armado contra el régimen. Son dos órganos que se mantienen, económica y políticamente, gracias a sus vínculos con regímenes árabes y potencias regionales, y que no mantienen, en general, buena relación con las fracciones islamistas salafistas.

En una de las muchas capas de relaciones, enfrentamientos, y alineaciones que se amontonan formando la cuestión siria, se pude diferenciar un triángulo de fobia conformado por EEUU y sus aliados, el régimen sirio y sus aliados, y el islamismo integrista. Cada vértice espera que los otros dos se debiliten luchando entre ellos para jugar sus cartas, todo esto con el fondo de un levantamiento popular contra una tiranía empobrecedora y extremadamente violenta, y la forma de infinidad de focos de insurrección repartidos en un escenario pos apocalíptico. Este pequeño plano sirve para explicar las diferentes posturas en este momento más que la simplicidad de que “EEUU va a hacer una guerra a favor de Al-Qaeda”, una simplificación que se convierte en demagogia cuando al que la afirma se le atribuye una supuesta sabiduría magnífica de oriente próximo".

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Por qué atacar a Siria?

El blog Obama World recoge en su última entrada -"Escoge tu aventura en Siria"- las nueve razones que explican el cambio de actitud de EEUU ante la crisis siria. A continuación ofrezco una versión reducida del artículo de Jordi Pérez Colomé.
 
"1. Qué ha cambiado ahora. Siria lleva en guerra dos años. Han muerto más de cien mil personas. Pero el 21 de agosto un presunto ataque con armas químicas en el este de Damasco mató a 1.400 personas, entre ellos 400 niños -los vídeos con esas imágenes son terribles.
 
El presidente Obama dijo el viernes que en una reunión cerrada de los líderes del G20, la opinión de que en Siria se habían usado armas químicas “fue unánime”. Dos días antes, el presidente ruso, Putin, había dicho en una entrevista a AP: “No tenemos información de que medios químicos, armas químicas o solo agentes tóxicos fueran usados por las fuerzas del gobierno sirio”. No dice que no se usaron, sino que no lo hizo el gobierno...
 
La cuestión no parece pues el uso de armas químicas. La primera duda aceptable es quién las usó. El informe de Naciones Unidas que debe salir en un par de semanas no lo responderá. La segunda duda posible -que también apunta Putin- es qué gas se usó. Esta es la mejor explicación técnica que he encontrado sobre por qué es importante (pdf). 
 
El problema de las armas químicas no es su eficacia -con armas convencionales en Siria han muerto muchos más- sino que no discriminan, van a por civiles y tienen más alcance. Las dudas son por tanto su origen y sus características. Esta es la primera pregunta difícil: ¿basta para lanzar una guerra? La Casa Blanca está convencida de que sí. Es el primer ataque a gran escala del régimen tras muchos a menor escala. El informe parece sólido.
 
2. La herencia de Irak. En octubre de 2002, el Congreso votó a favor de permitir al presidente Bush usar la fuerza contra Irak: la mayoría no fue aplastante, pero sí sólida (297 a 133 en el Congreso y 77 a 23 en el Senado). Casi once años después, una propuesta más limitada con unas evidencias mucho mayores, tiene su aprobación más difícil. Los sondeos dicen claramente que los americanos no quieren otra guerra: para no ver a más soldados muertos, para no gastar más dinero y porque es imposible saber cómo acabará.
 
Obama tiene bien aprendida esa lección. Aún así, dice que quiere atacar a Siria. En 2012 marcó la línea roja del uso de armas químicas a gran escala. Sus agencias de inteligencia le dice ahora que Asad la ha cruzado. Si no hace respetar una larga norma internacional -que no ley, Siria es uno de los pocos países que no ha firmado el Tratado contra las Armas Químicas-, su credibilidad ante otras amenazas puede quedar tocada. No es algo definitivo: el próximo presidente puede ser distinto y recuperar la capacidad de disuasión.
 
3. Las prioridades americanas. Estados Unidos tiene dos prioridades de seguridad nacional en Oriente Medio: el petróleo e Israel. El uso de armas químicas en un país podría afectar a largo plazo porque animaría a otros -o al mismo Asad- a hacer lo que les diera la gana con impunidad. Como prioridad, es menos clara porque no es inmediata.
 
Pero Israel, no. Israel está ahí y quiere que Estados Unidos actúe, aunque sin insistir mucho. El gobierno del israelí Netanyahu quiere ver cómo Estados Unidos hace cumplir sus líneas rojas: no por Siria, sino para que Irán lo vea y se asuste. Pero es ambiguo porque a Israel le conviene más la situación actual en Siria que la victoria de un bando: si ganan los rebeldes, Siria podría convertirse en un Estado lleno de yihadistas donde podría ocurrir como en Gaza. Es una amenaza seria. Si la guerra sigue, Hezbolá -aliado de Asad e Irán- está ocupado y pierde militantes en Siria. Cuanto más dure, mejor. Esta puede ser también la estrategia oculta de Estados Unidos (ya lo dije en febrero): dejar que Irán y Hezbolá se desangren en Siria. Si es así, un ataque duro pero limitado serviría. Aunque también no hacer nada.
Embattled Syrian President Bashar al-Assad said that his country is fighting a “regional and global battle” and it will take time for his regime to win it. (Reuters)
4. Los desafíos para los partidarios de un ataque. Si un ataque limitado pero potente conviene a Estados Unidos e Israel, ¿por qué el Congreso no lo aprueba y el ejército no lo ejecuta y punto? Porque tiene mil maneras descarrilar. El temor es siempre el mismo: que Estados Unidos se vea obligado a ir a más y pase como en Irak (o, hace unos años, Vietnam).
 
Estos son algunas de las preguntas que un partidario del ataque debe saber: ¿qué pasa si un ataque chií en Bagdad mata a una docena de americanos en la embajada? ¿Qué pasa si el flujo de petróleo por el Golfo Pérsico se ve interrumpido por una acción iraní imprevista? ¿Qué pasa si un almacén de armas químicas queda intacto y desprotegido y miembros de Al Qaeda llegan? ¿Qué pasa su empiezan a morir presuntos civiles a montones (el ejército ha detectado el traslado de presos a bases militares)? ¿Qué pasa si empiezan a caer proyectiles sirios en Israel? ¿Qué pasa si tras el ataque Asad vuelve a usar armas químicas? ¿Qué pasa si Estados Unidos y Francia usan cazas para atacar a Siria y un piloto cae en territorio sirio?
 
5. Las preguntas para los “no a la guerra”. La política internacional no se mueve por moralinas. En Ruanda lo saben bien. Pero el uso de armas químicas en Siria no es un genocidio remoto y brutal. Rusia sigue vendiendo armas a Asad porque es legal, dice Putin: “Nosotros defendemos las normas y los principios de la ley internacional. Nosotros defendemos el orden actual del mundo. Nosotros defendemos el orden moderno internacional”. El único modo de respetarlo es lograr un voto del Consejo de Seguridad, que Rusia y China vetarían.
 
Mientras, esperar. Las otras dos opciones además del ataque son inviables o imposibles: uno, la repetición de las opciones de la diplomacia son una excusa; dos, Estados Unidos evita armar a los rebeldes porque teme que lleguen a manos de terroristas. Los “no a la guerra” deben empezar a pensar cómo justificarían nuevos ataques de miles de muertos en Siria.
 
6. Qué hacer. Siria es hoy al menos dos países: una parte controlada por el régimen y otra por los rebeldes, que no es homogénea. Ninguna solución negociada daría ahora mismo un resultado definitivo, ni con ataque ni sin. La guerra seguiría como hasta ahora, con un Asad cada vez más asentado y con más ganas de recuperar el terreno. Si uno de los dos bandos conquistara el territorio ajeno, el peligro de masacres y venganzas sería enorme. Ningún ejército extranjero iría a evitarlo.
 
Todas las soluciones son penosas: escoger una aventura prudente es imposible. El ataque serviría quizá para advertir a otros sátrapas. Pero no sería definitivo. John Kerry se ha esforzado mucho en decir que no era una guerra -que es lo que es. Asad ha tenido suerte de que la primavera árabe fuera justo después de Irak. Así han muerto decenas de miles de personas sin que pase nada. Las armas químicas son importantes y quizá la línea roja es una buena opción para dificultar su uso y asustar a Irán. Pero, a no ser que vaya más a fondo de lo anunciado -a pesar de todos los peligros-, será un maquillaje. Asad volverá a reír, de momento".