sábado, 28 de septiembre de 2013

Acuerdos y desacuerdos sobre Siria

El Consejo de Seguridad ha aprobado una resolución en la que reclama a Siria a destruir su arsenal de armas químicas o atenerse a las consecuencias. Aunque la resolución contempla recurrir al Capítulo VII de la Carta de la ONU, lo cierto es que cualquier autorización del empleo de la fuerza deberá ser previamente aprobada por el Consejo de Seguridad, donde Rusia tiene derecho a veto. Hace unos días, Rem Korteweg reflexionaba en esglobal, la revista electrónica de FRIDE, sobre el acuerdo EEUU-Rusia: "División e indecisión sobre Siria".
    
"El acuerdo sobre armas químicas alcanzado por Rusia y Estados Unidos es el último capítulo en los intentos de Occidente de mantenerse al margen de la guerra civil en Siria. Tras la iniciativa diplomática de Rusia se ha evitado un ataque militar. La Casa Blanca afirma que ha sido un éxito de la diplomacia, con el respaldo de una amenaza militar creíble, y los líderes europeos aseguran que se ha escuchado su llamamiento a favor de un proceso en el seno de la ONU. El deseo de Obama de evitar soluciones militares puede haber generado un nuevo impulso para las negociaciones con Irán. Pero este momento de júbilo podría ser breve: una tarea de enormes proporciones aguarda en la ONU, la acción militar todavía puede ser necesaria y la cohesión transatlántica ha resultado dañada (...).
A pesar de los comentarios del presidente Obama de que el ataque sería limitado —o, en palabras del secretario de Estado, John Kerry, "increíblemente pequeño"—  cualquier acción militar tiene consecuencias impredecibles. Un ataque estaría destinado a "disuadir y diezmar" la capacidad de Assad para usar armas químicas. Estados Unidos pretendía una intervención "Ricitos de Oro"; demasiado suave y sólo sería un castigo simbólico; muy dura y podría derrocar a Al Assad, fortaleciendo a los grupos yihadistas rebeldes. Pero la realidad nunca es tan sencilla, y el adversario siempre tiene algo que decir cuando se trata de un conflicto. Al Assad podría complicarle la vida a cualquier coalición liderada por Estados Unidos, por ejemplo empleando de nuevo armas químicas; colocando escudos humanos en torno a los objetivos potenciales; o usando a Hezbolá, que tiene el apoyo de Siria, para atacar activos occidentales o a Israel. La credibilidad de Estados Unidos entonces exigiría una nueva escalada. Al recobrar la iniciativa diplomática, Putin fue capaz de proteger sus intereses y a su cliente de Damasco. Cualquiera que sea el resultado, Moscú habrá logrado ganar tiempo para Al Assad, y Rusia incrementará sus envíos de armas a Siria, con la esperanza de inclinar la balanza militar a favor de éste. Estados Unidos, Reino Unido y Francia deberían considerar reequilibrar la situación aumentando sus esfuerzos para armar a los rebeldes moderados.

El acuerdo entre Moscú y Washington tendrá que ser recogido en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Francia, Estados Unidos y Reino Unido prefieren una resolución bajo el capítulo 7 de la Carta de la ONU, lo que permitiría el uso de la fuerza en caso de incumplimiento. Sin embargo, Rusia ha afirmado que una referencia explícita a la acción militar es inaceptable. Si los rusos se mantienen firmes, Obama se enfrentará a la decisión de elegir entre una resolución sin fuerza o eludir a un Consejo de Seguridad paralizado. En el primer caso, los rusos y el régimen sirio afirmarán que una aplicación respaldada militarmente por la ONU no se contempla, y Obama recibirá las críticas de los halcones del Congreso de Estados Unidos por su debilidad. Pero el resultado podría ser más ambiguo. Durante la crisis de Irak hace diez años, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1441, empujando Irak a cumplir con sus obligaciones de desarme. Fue adoptada en virtud del capítulo 7, pero no mencionó explícitamente el uso de la fuerza. El Consejo de Seguridad podría aprobar ahora una resolución similar (...)".

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