miércoles, 28 de febrero de 2018

El infierno de Guta

El conflicto en Siria se ha transformado con el transcurso del tiempo en una guerra mundial a escala reducida. Desde su estallido en 2011, las potencias internacionales y regionales han intervenido activamente en defensa de uno u otro bando, agravando la situación sobre el terreno y agudizando la catástrofe humanitaria. Estados Unidos, Rusia, Turquía e Irán han desplegado tropas en el país, en el que también actúan milicias libanesas, iraquíes, afganas o paquistaníes. También Israel ha bombardeado habitualmente arsenales y convoyes militares del Hezbolá libanés o la Guardia Republicana iraní, al considerar que representaban una potencial amenaza para su seguridad nacional. La derrota del autoproclamado Estado Islámico no ha frenado la violencia, sino más bien todo lo contrario. Hace tan sólo unas semanas, Staffan de Mistura, el enviado especial de la ONU para Siria, advirtió de que estamos asistiendo a una de las fases más enconadas y sangrientas del conflicto.
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El último episodio de la tragedia siria se está representando en la Guta, zona situada a unos pocos kilómetros de Damasco, donde se están registrando intensos bombardeos aéreos que pretenden allanar el terreno para una futura invasión terrestre. Desde que se sumó al levantamiento contra Bashar el Asad, este suburbio ha sido objeto de sitemáticos bombardeos por parte de la aviación siria, lo que ha reducido a escombros a buena parte de sus localidades. Uno de los principales objetivos de los ataques han sido los hospitales, los mercados y los centros educativos, con el objeto de aterrorizar a la población y propiciar su huida. Según Médicos Sin Fronteras, 520 civiles han muerto durante la pasada semana como consecuencia de los ataques, la mitad de ellos mujeres y niños.  Sin embargo, la cifra de víctimas desde 2011 es mucho más elevada. Según un informe de la Red Siria de Derechos Humanos, el número de civiles muertos asciende a 12.763, entre ellos 1.463 niños y 1.127 mujeres. Además, 1.218 de las personas que intentaban abandonar la zona han muerto como consecuencias de las torturas y otras 6.583 fueron detenidas por las tropas del régimen y se desconoce su paradero.

jueves, 15 de febrero de 2018

Pulso entre Israel e Irán en Siria

Esta semana publico un nuevo artículo en El Periódico. En esta ocasión analizo el pulso que están librando Israel e Irán en Siria. Como EEUU y Arabia Saudí, Israel está cada vez más preocupado por el creciente poderío militar de Irán en el país vecino.

La destrucción de un caza israelí tras un ataque contra instalaciones militares iranís en Siria ha encendido todas las alarmas en Oriente Próximo. Si bien es cierto que no es la primera vez que la aviación israelí se adentra en territorio sirio para golpear objetivos militares del régimen o de sus aliados, entre los que se cuentan Irán y Hizbulá, sí es la primera ocasión desde 1982 que las baterías antiaéreas sirias hacen diana y derriban un F-16 israelí.
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La evolución reciente del conflicto en Siria parece tener un claro perdedor y un claro ganador: Israel e Irán, respectivamente. Desde el estallido de la guerra civil siria en el 2011, Israel decidió mantenerse en una posición neutral sin posicionarse a favor de la caída del régimen, pero sin prestar ayuda a los grupos rebeldes que se alzaron contra Bashar el Asad. Su principal objetivo era evitar que las milicias libanesas de Hizbulá se implantasen en las zonas aledañas al Golán o que recibieran armamento sofisticado como recompensa a su involucración en la contienda. Más tarde, cuando Irán empezó a operar abiertamente en Siria, la prioridad fue evitar que la Guardia Republicana lograse establecer bases militares en el país vecino. Tanto en el primer como en el segundo caso, Israel ha fracasado de manera rotunda.

La bomba de relojería de Gaza

Hace unos días publiqué este artículo en el diario El País sobre la crisis humanitaria en Gaza. En mi opinión, la cuestión palestina está siendo silenciada de manera sistemática siguiendo la premisa: "Si no hablamos de él, el problema no existe". 

La Administración de Trump ha pasado de las palabras a los hechos. Después de varios meses amenazando con cortar la ayuda a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) ha decidido reducir de manera considerable la contribución que Estados Unidos le venía prestando, que en 2017 superó los 350 millones de dólares. Las consecuencias de esta temeraria decisión no tardarán en sentirse en los campamentos palestinos, ya que la UNRWA podría verse obligada a reducir los servicios que, desde 1950, viene ofreciendo a los refugiados, indispensables para garantizar la seguridad humana de cinco millones de personas. Aunque su impacto se dejará sentir en todos los lugares donde opera esta agencia onusiana (es decir, en Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania y la franja de Gaza), el impacto será mucho mayor en esta última zona, que se encuentra en una situación mucho más vulnerable que las demás como resultado del implacable bloqueo que sufre desde hace más de una década.
La bomba de relojería de Gaza
Pierre Krähenbühl, comisionado general de la UNRWA, ha descrito la desesperada situación en la que se encuentra Gaza como “una bomba de relojería”. En esta pequeña franja mediterránea de apenas 365 kilómetros cuadrados se hacinan más de dos millones de personas (el 70% de ellos, refugiados), lo que la convierte en la tercera zona más densamente poblada del mundo tras Singapur y Hong Kong, aunque ni por asomo disfruta de sus niveles de vida. Desde que fuera declarada entidad hostilen 2007, Israel ha lanzado tres campañas militares —Plomo Fundido en 2008, Pilar Defensivo en 2012 y Margen Protector en 2014— que han tenido un elevado coste en términos humanos y han provocado la destrucción de miles de viviendas, agudizando los problemas endémicos de la franja de Gaza.