jueves, 31 de mayo de 2012

¿Olvidaremos Hula?

Robert Fisk publicó ayer un polémico y pesimista artículo en The Independent sobre la masacre de Hula bajo el título: "Pronto olvidaremos el nuevo horror de Siria". Fisk ha defendido desde un primer momento la existencia de yihadistas en el territorio sirio, alineándose con las teorías cospiratorias del regimen. Sin embargo considera que lo ocurrido en Hula podria marcar un punto de inflexión en la revuelta. La traducción al castellano ha sido realizado por Jorge Anaya.

"Bashar Assad saldrá indemne de ésta. Como salió de Deraa. Y de Homs. Saldrá indemne de Hula. Lo mismo pasará con la oposición armada al régimen, y con Al Qaeda y cualquier otro grupo que se sume a la tragedia de Siria. Sí, tal vez éste sea el momento crítico, el punto de quiebre del horror, cuando el colapso baazista se vuelva inevitable, más que probable.

Y sí, puede ser que el querido William Hague, ministro británico del Exterior, esté absolutamente horrorizado. La ONU también. Todos lo estamos. Pero un centenar de Hulas tapizan Medio Oriente, con sus niños muertos apilados entre las estadísticas, con cuchillos, cuerdas y rifles entre las armas homicidas.

¿Y qué si los soldados de Assad dejaron que la milicia alauita les hiciera el trabajo sucio? ¿Acaso el FLN argelino no usó a las unidades de la guardia de la patria para asesinar a sus opositores en la década de 1990? ¿Kadafi no empleó el año pasado a sus leales milicianos, y Mubarak a sus drogados ex policías, los baltagi, para arrasar a los opositores al régimen? ¿Acaso Israel no se valió de sus aliados falangistas libaneses para intimidar y dar muerte a sus opositores en Líbano? ¿No fue todo eso también gobernar asesinando? Y, pensándolo bien, ¿no fueron las fuerzas especiales de Rifaat, el tío de Bashar Assad, las que masacraron a los insurgentes de Hama en 1982? (No digan esto en voz muy alta, porque Rifaat se la vive ahora entre París y Londres.) Entonces, ¿quién cree que Bashar no puede salir indemne de Hula?
El paralelismo con Argelia es estremecedor. Los líderes corruptos del ELN querían una democracia, hasta organizaron elecciones. Pero una vez que quedó claro que la oposición islamita –el infortunado Frente Islámico de Salvación– vencería, el gobierno declaró la guerra a los terroristas que intentaban destruir a Argelia. Sitiaron aldeas, bombardearon ciudades –todo en nombre del combate al terror– hasta que la oposición dio en masacrar civiles en torno a Blida, miles de ellos: bebés con la garganta rebanada, mujeres violadas. Y luego resultó que el ejército argelino también participó en las matanzas. Donde dice Hula lean Bentalha, lugar que todos hemos olvidado, como olvidaremos Hula también.

Y nosotros los occidentales bufamos y resoplamos, y llamamos a los dos bandos en Argelia a mostrar contención, pero queríamos estabilidad en la antigua colonia francesa –no olvidemos que Siria es un antiguo territorio bajo mandato francés–, y estábamos muy preocupados de que insurgentes estilo Al Qaeda se adueñaran de Argelia, así que al final Estados Unidos apoyó a los militares argelinos del mismo modo que los rusos apoyan hoy a los militares sirios. Y el FLN salió indemne luego de 200 mil muertos, comparados con los apenas 100 mil que ha producido hasta ahora la guerra en Siria.

Y vale la pena recordar que, enfrentados a la insurrección de la década de 1990, los argelinos buscaron con desesperación países a los cuales acudir en busca de consejo. Escogieron Siria, entonces bajo el imperio de Hafez Assad, y enviaron una delegación militar a Damasco para aprender cómo el régimen destruyó Hama en 1982. Ahora los estadunidenses –que hace seis meses presentaban característicamente a Bashar como un muerto en vida– prefieren un final tipo Yemen a la guerra en Siria, como si la crisis yemení no fuera lo bastante sangrienta de por sí. Pero remplazar a Assad con un asesino de la misma ralea (la solución de Sanaa) no es algo que los sirios estén dispuestos a aceptar.

Sí, es una guerra civil. Y sí, Hula podría ser el punto de quiebre. Y ahora la ONU es testigo. Pero el partido Baaz tiene raíces más profundas que la sangre –pregunten a cualquier libanés– y nosotros en Occidente pronto nos olvidaremos de Hula, cuando otra imagen de muerte en YouTube aparezca en nuestras pantallas desde la campiña siria. O desde Yemen. O desde la próxima revolución".

miércoles, 30 de mayo de 2012

¿Qué ha pasado en las elecciones egipcias?

Los resultados de las  elecciones egipcias  no han satisfecho a nadie. Los dos candidatos elegidos -Shafiq y Mursi- representan a los extremos del electorado. Los jóvenes de Tahrir se quedan sin candidato para la segunda ronda que se celebrará a mediados de junio. Esam Al-Amin publica en Counterpunch esta excelente reflexión: "Saqueando una revolución ¿Qué ha pasado en las elecciones presidenciales egipcias?". La traducción, aparecida en Rebelión, es de Sinfo Fernández.
 
"Los resultados de las elecciones presidenciales muestran que el candidato de los Hermanos Musulmanes, el Dr. Muhammad Mursi, irá a la segunda vuelta junto al último Primer Ministro de Mubarak y candidato antirrevolucionario, el General Ahmad Shafiq. Recibieron el 24% y el 23% de los votos, respectivamente. Mientras tanto, los dos candidatos apoyados por los grupos revolucionarios, el Dr. Abeldmoneim Abol Fotouh y Hamdein Sabahi, recibieron el 17% y el 20% de los votos, respectivamente, mientras el ex Ministro de Asuntos Exteriores, Amr Musa, se quedaba en un distante quinto lugar con menos del 11%. Así pues, ¿qué es lo que ha ocurrido y cómo podemos entender estos resultados?

· Los revolucionarios estaban divididos: No hay duda de que el fracaso de los grupos revolucionarios a la hora de unir sus filas y presentar un único candidato o lista presidencial les ha hecho perder la oportunidad de quedar los primeros en esta primera vuelta y así poder presentarse a la segunda. Combinados, ambos candidatos recibieron el 36% de los votos, lo que les habría garantizado la victoria en la primera vuelta como presidente y vicepresidente. Pero a pesar de los muchos esfuerzos realizados a tal fin, ambos candidatos se negaron a ceder. Abol Fotouh argumentaba que el electorado del país era favorable a un candidato de procedencia islámica y por tanto él representaba a ese candidato de consenso que podría tender puentes entre islamistas y laicos. Sabahi, por otra parte, defendía que el país no necesitaba otro candidato islamista tras los resultados de las elecciones parlamentarias, en las cuales a los islamistas les correspondió el 75% de los escaños. 
· Baja participación: A pesar del intenso interés y de todo lo que estaba en juego, parece que la mayoría de los egipcios están ya cansados y decidieron sencillamente no acudir a votar. Algunos grupos revolucionarios habían estado pidiendo finalmente el boicot de las elecciones, afirmando que las elecciones no tienen sentido sin antes limpiar el Estado de fulul o de las garras del ejército. Más de 27 millones de egipcios participaron en las elecciones parlamentarias de finales de año. Aunque hay 51 millones de votantes registrados, se ha estimado que en esta ocasión solo 24 millones depositaron su voto, es decir, el 47%, comparado con el 62% de las elecciones parlamentarias.

· Los Hermanos Musulmanes (HM) van por su lado: Durante la revolución, todos los grupos que estaban contra Mubarak se unieron en sus demandas para poner fin a la dictadura corrupta. Aunque los HM fueron cautos al principio a la hora de incorporarse a la revolución, su posterior participación resultó ser crucial para el éxito de la revolución. Pero poco después rompieron el consenso de los grupos revolucionarios y siguieron por su propio camino, confiando en su enorme capacidad para movilizar y organizar. Su entendimiento tácito con el CSFA durante la mayor parte del pasado año –abandonando en momentos cruciales las demandas de los grupos revolucionarios- creó una profunda desconfianza entre ambas partes. Cuando los HM rompieron su promesa y decidieron presentar un candidato, confiaban sobre todo en su capacidad para movilizar a sus seguidores. Ninguno de los grupos revolucionarios de la Plaza Tahrir les prestó su apoyo. Sobre el terreno, muchos de los seguidores de los HM atacaron a Abol Fotouh, alienándose aún más a muchos votantes egipcios. El efecto real que se consiguió fue desmoralizar a los partidarios de la revolución. Al final, los HM han recibido en esta ocasión menos de 6 millones de votos, comparados con los más de 10 millones en las elecciones parlamentarias de hace seis meses.

· El candidato del ejército y del estado profundo de seguridad: Muchos analistas debatieron acerca de si el CSFA tenía un candidato propio en esta carrera. Aunque habían declarado que no estaban a favor de un determinado candidato, el CSFA permitió que se utilizaran los recursos del estado en beneficio de Shafiq. Con el apoyo de la burocracia estatal, el aparato de la seguridad (reconstruido utilizando sus viejos elementos y manteniendo las conexiones con los funcionarios locales a los que nunca se llegó a deponer) movilizaron sus recursos en beneficio del candidato de su preferencia. Muchos informes aparecidos en los medios egipcios mostraban cómo reclutas del ejército, oficiales de la policía y empleados estatales fueron instruidos por sus superiores para que votaran a Shafiq o, en caso del personal militar activo –que tiene prohibido votar-, hacer que sus familias le votaran. El gobierno dio libre el jueves a todos los empleados estatales para que pudieran depositar su voto por su candidato preferido [...].

· El reagrupamiento de los fulul: La maquinaria del prohibido Partido Democrático Nacional de Mubarak y de los empresarios corruptos se puso a funcionar a pleno rendimiento una vez que Shafiq anunció su candidatura. Informaciones procedentes del interior del mismo partido exponen que la esposa del ex director de la organización del partido, el multimillonario Ahmad Ezz (que estuvo al frente del fraude electoral de 2010 y que actualmente cumple una sentencia de diez años de cárcel por corrupción política y financiera, además de otras acusaciones pendientes de juicio), ha pagado 100 millones de libras a las autoridades locales de la región del Delta para que apoyen a Shafiq [...]. En las cinco provincias del corazón del Delta, Shafiq recibió 2,5 millones de votos, es decir, alrededor del 50% de sus apoyos totales.

· El papel de los sufíes: Desde el ascenso de los salafíes durante las elecciones parlamentarias, se ha producido una profunda división entre los salafíes y los grupos sufíes a causa de las creencias teológicas y prácticas religiosas. Hay alrededor de 12 millones de egipcios que afirman seguir esas tradiciones sufíes, especialmente en la región del Delta del Nilo. Los jefes de esos grupos, cuyo sustento depende del turismo religioso, se sintieron amenazados por la retórica de los salafíes que prometían acabar con sus ritos “paganos”. Shafiq explotó ese enfrentamiento y declaró que él también era sufí y prometía preservar sus tradiciones. Como compensación, los jefes sufíes le prometieron lealtad.

· El voto cristiano: Aunque muchos cristianos coptos se unieron a la revolución para derrocar a Mubarak, muchos miembros de esa iglesia y dirigentes laicos han expresado su preocupación por el aumento de los grupos islámicos. Durante muchas semanas, sus líderes declararon que iban a apoyar a un candidato “civil”, insinuando que sería Amr Musa. Sin embargo, la pasada semana varias personalidades importantes declararon que la abrumadora mayoría de los coptos votaría por Shafiq porque “era el único capaz de detener la marcha de los islamistas”, como declaró un dirigente cristiano. El día de las elecciones, las encuestas a pie de urna y los observadores confirmaron que el 70-80% del voto cristiano fue para Shafiq. Tras las elecciones, el patriarca interino de la iglesia copta dijo al periódico al-Shrouk que era consciente de esas informaciones y que ha suspendido a dos altos funcionarios de la iglesia que están pendientes de que se les investigue".

martes, 29 de mayo de 2012

Amnistía Internacional ante Siria

Amnistía Internacional acaba de publicar su Informe Anual 2012 donde hace repaso de la situación de los derechos humanos país por país. El caso sirio es examinado de manera exhaustiva. AI acusa al régimen de practicar ejecuciones extrajudiciales, torturas, desapariciones y otras violaciones de los derechos humanos.

Las fuerzas del gobierno emplearon medios letales y fuerza excesiva contra manifestaciones pacíficas y otras protestas. Al parecer, muchas personas recibieron disparos de francotiradores cuando participaban en protestas masivas o asistían a funerales de personas que habían sido víctimas de homicidio días atrás. Se enviaron a Deraa, Homs y otros lugares tanques y otros vehículos blindados que dispararon contra zonas residenciales. En la gobernación de Idleb, en el noroeste del país, se aplicó una política de “tierra quemada”. El gobierno trató de justificar la brutal represión alegando que estaba siendo atacado por bandas armadas, pero no aportó ninguna prueba convincente de ello hasta finales de año, cuando, en respuesta a la continua represión, empezó a operar una resistencia armada coordinada, a la que se unieron algunos soldados que habían desertado del ejército y se habían vuelto contra el gobierno. Según informes, al concluir el año habían muerto más de 4.300 personas (la ONU calculaba más de 5.000) en relación con las protestas y los disturbios, muchas de ellas manifestantes inermes y transeúntes que no constituían ninguna amenaza para las fuerzas de seguridad ni para nadie más. Muchas personas más habían resultado heridas.

Los manifestantes heridos que acudían a centros de salud para recibir atención médica corrían peligro de ser detenidos y sufrir abusos, incluida negación de tratamiento. A su vez, los médicos y el personal de los hospitales se exponían a ser detenidos y perseguidos si participaban en las protestas o las apoyaban, así como si trataban a manifestantes heridos sin denunciarlos a las autoridades; al parecer, varios profesionales de la salud fueron víctimas de homicidio por esta causa.
Las libertades de expresión, asociación y reunión siguieron gravemente limitadas, pese a que se levantó el estado de excepción y se promulgaron leyes que permitían supuestamente las manifestaciones pacíficas y la legalización de partidos políticos. Las fuerzas de seguridad detuvieron a miles de personas en relación con las protestas, a algunas de ellas durante las manifestaciones y a otras en asaltos a viviendas, registros casa por casa u otro tipo de redadas. Cientos de personas, si no miles, fueron víctimas de desaparición forzada y recluidas en régimen de incomunicación en centros de detención oficiales o improvisados –como campos deportivos– no revelados, en los que abundaban la tortura y otros abusos.
Entre los detenidos figuraban activistas y disidentes políticos, periodistas, blogueros, imanes, soldados que se habían negado a disparar contra los manifestantes y activistas de derechos humanos, algunos de los cuales se habían ocultado para evitar ser detenidos. Cientos de personas detenidas quedaron en libertad tras juicios ante tribunales militares o penales o en virtud de las amnistías concedidas por el presidente Al Asad, pero miles más continuaban recluidas al concluir el año.

La tortura y los malos tratos a detenidos eran generalizados, y las fuerzas de seguridad los infligían impunemente a fin de obtener información, “confesiones” y castigar y atemorizar a presuntos opositores del gobierno. Algunas víctimas temían sufrir represalias si se conocía su identidad.

La cada vez más extendida práctica de la tortura se vio reflejada en el aumento de las muertes bajo custodia: según informes, al menos 200 personas detenidas en relación con las protestas murieron en estas condiciones. En numerosos casos, los datos disponibles apuntaban a prácticas de tortura o malos tratos como causa probable de la muerte. Ningún responsable compareció ante la justicia. Algunas de las víctimas eran menores de edad.

Aparte de las deficientes investigaciones sobre dos presuntas muertes bajo custodia, las autoridades no investigaron los numerosos homicidios ilegítimos, torturas y abusos graves en general cometidos por las fuerzas de seguridad ni llevaron a los responsables ante la justicia. Tampoco tomaron medidas para investigar y hacer rendir cuentas a los responsables de graves violaciones de derechos humanos cometidas en años anteriores, como los miles de desapariciones forzadas y los homicidios de presos de la prisión militar de Saydnaya en julio de 2008.

La minoría kurda, que representaba aproximadamente el 10 por ciento de la población, siguió sufriendo discriminación por motivos de identidad, como restricciones legales al uso de su lengua y su cultura. Además, sus miembros siguieron siendo apátridas en la práctica hasta el 7 de abril, cuando el presidente Al Asad dictó el Decreto Legislativo núm. 49, por el que se concedía la nacionalidad siria a los kurdos ajanib (extranjeros), pero no a los conocidos como maktoumeen (“ocultos”, que en la práctica significaba no registrados) que vivían principalmente en la gobernación de Al Hasakah. Los activistas de los derechos de la minoría kurda siguieron expuestos a ser detenidos y encarcelados.

Las mujeres siguieron discriminadas en la ley y en la práctica, y continuaron sufriendo violencia por motivos de género, incluidos asesinatos y otros delitos graves, cometidos a menudo por familiares varones con el pretexto de defender el “honor” familiar. El 3 de enero, el presidente Al Asad reformó por decreto el Código Penal para aumentar la pena mínima por asesinato y otros delitos violentos contra mujeres cometidos en nombre del “honor” familiar, que pasó de un mínimo de dos años a entre cino y siete años. Asimismo, el decreto especificaba una pena mínima de dos años de prisión por violación y otras agresiones sexuales; anteriormente, los autores de estos delitos no eran procesados ni castigados si se casaban con la víctima.

Siguieron imponiéndose condenas de muerte. Según fuentes no confirmadas, se llevaron a cabo ejecuciones, pero las autoridades sirias no dieron a conocer ninguna información al respecto.

lunes, 28 de mayo de 2012

Hula: salvajismo sin límites

El régimen sirio prosigue cometiendo crímenes de lesa humanidad. Esta vez le ha tocado el turno a la población de Hula, situada entre las ciudades de Homs y Hama, donde el pasado viernes se habían registrado amplias manifestaciones contra los Asad. Más de cien personas han sido asesinadas a sangre fría, acción que ha merecido tan sólo una condena (que no una resolución) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Nasr Hassan ha publicado este artículo en al-Hewar, que tomamos de Traducciones de la Revolución Siria, titulado "Los crímenes de Hula: salvajismo sin límites".

"Las criminales bandas asadianas cometieron la madrugada del 26 de mayo (de 2012) crímenes brutales contra los civiles (entre ellos, muchos niños y mujeres) de Homs, una acción salvaje y primitiva que constituye un genocidio ante la mirada del mundo, dada la presencia en Siria de la comisión internacional encargada de vigilar que la banda (del régimen) ejecuta los puntos de la “iniciativa” de Ban Ki Moon. Durante casi dos meses, la comisión no ha podido detener los crímenes contra los civiles que comete esta banda, que ha seguido cometiéndolos públicamente a lo largo y ancho de Siria.

Los crímenes que cometió dicha banda la noche del viernes llamado “Pronto llegaremos, Damasco”, comenzaron con el bombardeo salvaje de Al-Hawla, lo que provocó una destrucción masiva, aplicando una política de “tierra quemada”, y después, se produjo la entrada de rebaños de monstruos a la ciudad destruida para completar sus crímenes degollando a niños, mujeres y ancianos en uno de los crímenes más salvajes y repugnantes. Un crimen en el que la lógica, la razón y las palabras se detienen y entrecortan, un crimen en que la conciencia duda y para el que toda explicación es inexistente, debido a su horror y a la decadencia (moral y humana) de los que lo perpetran. Que mates a un enemigo es algo comprensible, pero que los monstruos armados hasta los dientes con todo tipo de armas asolen la ciudad, degüellen a los niños y las mujeres con cuchillos y hachas y corten los cuerpos de las mujeres y niños es un extraño acto de rencor, de perdición, un acto que no es normal, y que incluso es forastero en el diccionario de crímenes de la historia.

Se trata de una mentalidad primitiva y criminal que escapa a las costumbres, la pertenencia y la ética, una mentalidad que refleja con claridad la realidad de esta banda salvaje que gobierna Siria, que no ha tardado en demostrar con sus crímenes que es una panda degenerada, rencorosa y desequilibrada que no pertenece a la historia de Siria ni a la humanidad, y que refleja hasta dónde ha llegado la degradación moral de la civilización, que se ha callado durante quince meses ante estas violaciones salvajes de los derechos humanos. ¿Cómo permiten que estos crímenes continúen y dan a las bandas criminales de Al-Asad una oportunidad tras otra esperando a ver si consiguen que con este nivel de crímenes se quebrante la voluntad del pueblo sirio y sea así devuelto a la cárcel del reino del terror, el miedo y la convivencia con los asesinos criminales y sectarios?

Se trata de un momento determinante en la etapa en la que Siria se encuentra actualmente, determinante porque la banda, quienes están detrás de ella, quienes la ayudan y quienes se callan ante sus crímenes, insisten y sueñan con abortar la revolución y desviarla de su camino nacional, haciendo de Siria un terreno donde saldar las cuentas regionales e internacionales. La banda ha fracasado estrepitosamente en su intento de detener la revolución. De hecho, ha logrado lo contrario: la revolución se ha extendido a toda Siria, mostrando una voluntad que no se doblega, unas heroicidades que se acercan a los milagros, una paciencia que no tiene límites, y una fe en la unidad nacional y en un futuro brillante para todos los sirios.

A estos crímenes los seguirán otros, porque los sirios están convencidos y han convencido al mundo entero de la legitimidad de su revolución por la libertad y la dignidad, y porque el pueblo sirio ya ha ofrecido la suficiente sangre, la suficiente paciencia y la suficiente insistencia en que la revolución vaya por el camino del pacifismo, un método que los sirios guardan celosamente porque es el horizonte del futuro. Pero, con estos incesantes crímenes terroríficos que dejan estupefacta a la conciencia humana y ante la incapacidad del mundo entero de pararle los pies a esta banda, de proponer mecanismos para un proceso claro y con un período de implementación determinado, de obligar al régimen a poner fin a sus crímenes y proteger a los civiles, la revolución se mantiene y sigue con su método pacífico. Siguen adelante de forma inquebrantable y protegen al pueblo sirio por todos los métodos legítimos, enfrentándose a las bandas asesinas con nuevos métodos disuasorios e intentan detener a esta banda salvaje. Para ello, todos los métodos de autodefensa y de defensa de los inocentes son legítimos. Es un momento importante en el desarrollo de los acontecimientos en Siria [...]".


viernes, 25 de mayo de 2012

Líbano: viejos enfrentamientos, nuevos motivos


La edición española de Foreign Policy incluye, en su último número, este artículo de Natalia Sancha sobre los enfrentamientos registrados en las últimas semanas en Líbano entre partidarios y detractores del régimen sirio. Su título es "Líbano: viejos enemigos, nuevos motivos".

"En anteriores enfrentamientos entre barrios y sectas, el trasfondo político se regía por la dicotomía política interna libanesa dividida desde el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri en 2005. El magnicidio fusionó el espectro político libanés alrededor de dos bloques: uno liderado por Hezbolá (8 de Marzo) y el otro, por Hariri hijo (14 de Marzo). Siria aquí jugó un rol más bien secundario –a pesar de que se atribuye al régimen sirio la autoría del atentado–, puesto que se trataba de un contexto nacional basado en la batalla por el control del poder político entre el 8 y 14 de Marzo.

Hoy, el trasfondo es muy diferente, ya que la de facto guerra civil siria ha llevado a sendos bloques libaneses –cuya configuración en el espectro político del país de los cedros difiere de la de 2005 y cuyo liderazgo político se ha invertido con el 8 de Marzo como bloque mayoritario en el poder–a posicionarse respecto a la política interna siria. Por un lado, Hezbolá apoya al régimen de Bashar El Assad y, por otro, el bloque del 14 de Marzo respalda a los opositores sirios. A ello se suma la porosa frontera que separa Líbano de su gran hermana siria, por donde entran y salen refugiados sirios (unos 20.000 desde el comienzo de las revueltas), armas y combatientes, así como el cruce sistemático de soldados sirios a territorio libanés.  

Ambos bloques políticos libaneses han hecho en el último año un tremendo esfuerzo para contener a sus seguidores y evitar un regreso a la atmósfera de guerra civil. Hezbolá ha moderado su discurso interno contra el 14 de Marzo, aunque manteniendo siempre un apoyo abierto al régimen de Al Assad y tachando a los opositores de terroristas extranjeros. El Partido de Dios es el mayor interesado en mantener un perfil bajo, dado que ahora tiene una posición fuerte en el Gobierno libanés. No quiere verse forzado a tomar una postura abiertamente militar en el conflicto sirio que ponga en riesgo sus logros políticos y sociales del último lustro, ni que le ponga entre las cuerdas a la hora de elegir entre la fidelidad al régimen sirio, fuente de ingresos y apoyo logístico, y los intereses del pueblo libanés, seguidores y base social del movimiento y milicia. Sin embargo, el bloque del 14 de Marzo se ha mostrado menos comedido en los ataques retóricos al régimen de Damasco y a sus defensores en el tablero libanés.
En cuanto a la esfera suní libanesa, varios sheijs locales de Trípoli y Sidón –los dos bastiones suníes– han pujado por mantener la presión de la opinión pública convocando numerosas manifestaciones y librando en ocasiones incendiarios discursos contra el régimen de Bashar El Assad y los chiíes. Numerosos sheijs suníes del país de los cedros ven una oportunidad en la caída del régimen alauí para el ascenso de un poder suní (el 80 % de la población siria pertenece a esta rama del islam) aliado en la vecina Siria, que permitiría un reverso en las relaciones con un vecino intrínsicamente ligado a su historia, política, sociedad y economía. Un interés que no solo atrae a los sheijs locales, sino también a las ambiciones de expansión suní de Arabia Saudí, que ve en Siria la ocasión de asestar un golpe al creciente poder de Irán en la región.

En la coyuntura actual y dado el grado de tensión, varios actores se erigen como potenciales detractores o aceleradores para un conflicto en Líbano. Los discursos que adopten los principales sheijs suníes del país en los próximos días determinarán si se incita a los jóvenes a tomar las armas en apoyo o protesta contra el régimen sirio o se opta por la calma. Sin embargo, los enfrentamientos en Beirut entre los seguidores del Sheik Shaker Berjaoui –líder del Partido del Movimiento Árabe–y los partidarios del Movimiento del Futuro de Saad Hariri ponen de manifiesto la fragilidad del liderazgo suní libanés diseminado tras la desaparición de Rafic Hariri, que contrasta con la unidad y centralización de la toma de decisiones entre los chiíes alrededor de la figura del Sayyid Hassan Nasralá, líder de Hezbolá. Una división que implica que las órdenes a la calma no sean respetadas a pie de calle [...]".

jueves, 24 de mayo de 2012

¿Tahrir no es Egipto?

Leo en el blog de Pilar Cebrián una nueva entrada dedicada a las elecciones presidenciales egipcias bajo el título: "Egipto: ¿qué fue de la revolución?". Reproduzco la última parte donde habla de los candidatos de los que no nos hablan los medios de comunicación.

"Como dijo el general Tantawi, actual presidente de la Junta, tras las pasadas elecciones parlamentarias: “Tahrir no es Egipto”. Con ello se refería a la poca representación que los partidos de los jóvenes revolucionarios tuvieron finalmente en las urnas del pasado noviembre. Por ejemplo, “La Revolución Continúa” obtuvo sólo un 3% de los votos en el parlamento. Y las posibilidades de los candidatos revolucionarios siguen siendo mínimas, pero intentan esforzadamente colarse en el proceso.

Es el caso de Khaled Ali, el más joven de todos. Este abogado pro derechos humanos es quien encarna los valores del 25 de enero en la carrera electoral. Luchó en Tahrir cara a cara contra la policía, durmió en la plaza y habilitó un hostal cercano para dar cobijo y atención a los heridos. Con un programa de izquierdas-marxista, quizá demasiado progresista para Egipto, Khaled Ali propone una economía mixta como la de Lula en Brasil, nacionalizar las fábricas que ahora están en manos del ejército y aumentar los derechos de las mujeres y de los coptos. Sus votantes son activistas, artistas, trabajadores y campesinos. Intentó elaborar una coalición con los candidatos pro revolución pero su propuesta fracasó.
Si llegamos al poder, lo primero que haremos será formar un comité que investigue los crímenes realizados por la Junta durante la transición. El presidente, el general Tantawi, será destituido como ministro de defensa”, dice su secretaria ejecutiva, Norhan Tharwat. “Aunque la izquierda siempre se manifestó contraria al proceso electoral bajo una autoridad militar, nosotros creemos que la manera de mostrar resistencia es interviniendo en las elecciones. A pesar de que ahora el movimiento se encuentra deteriorado, con Khaled en el gobierno, la revolución continuará”.

A tan sólo un día de las históricas elecciones egipcias, todas las direcciones apuntan a que unos y otros quedaran insatisfechos por los resultados. Los sondeos señalan que probablemente los dos ex miembros del gabinete de Mubarak, Ahmed Shafiq y Amr Musa, ganarán las elecciones. Si así fuera, una más que probable revolución volverá a estallar en protesta a un retorno de los afines a Mubarak a las instituciones. Si Mohamed Mursi, candidato de los Hermanos Musulmanes, terminara colocándose en primera posición, podría ser la Junta Militar la que emprenda un golpe de estado ante el miedo de que los islamistas controlen la Asamblea Constituyente (elegida en noviembre) y, ahora también, la presidencia".

miércoles, 23 de mayo de 2012

Jamasin electoral egipcio

Hoy arrancan las elecciones presidenciales en Egipto. Pocos esperan que algunos de los dos candidatos más sólidos -Amr Musa y Abulfotoh-consigan el 50% de los votos que les daria la victoria. Habrá que ir, por lo tanto, a la segunda vuelta. La periodista Nuria Tesón publicó, en el último número de la edición española de Foreign Affairs, este artículo "Jamasin electoral egipcio" donde explica el quién es quién de las elecciones.

"Esta primavera Egipto celebra las primeras elecciones presidenciales de la era post Mubarak, fijadas para los próximos 23 y 24 de mayo (con una segunda vuelta prevista para el 16 y 17 de junio),  inmerso en un continuo jamasín. Amer Musa, ex secretario general de la Liga Árabe, y Abdel Moneim Abulfotoh, ex miembro de los Hermanos Musulmanes, se perfilan como ganadores en una contienda que ha dejado fuera al candidato de los salafistas y que en sus primeros días de campaña oficial se ha visto empañada por la muerte de al menos veinte personas que mantenían una sentada frente al ministerio de Defensa [...]. 

En el último mes, además, la pugna por el poder que ha separado a los dos titanes de la escena política egipcia, Ejército y Hermanos Musulmanes, ha ido en aumento haciendo pensar que lo que decidan los egipcios en las urnas será sólo lo que estos les hayan permitido. El proceso para configurar el plantel electoral vigente a dos semanas escasas de iniciarse la votación, ha sido una consecución de tormentas de arena.

A mediados de abril, diez de los 23 candidatos que se habían presentado para concurrir a los comicios quedaron inhabilitados por la Junta Electoral Presidencial. Entre ellos se encontraban tres de los presidenciables con mayor predicamento entre los electores por diversas razones. Omar Suleyman, el jefe de la muhabarat, el espionaje egipcio, que fue nombrado vicepresidente por Hosni Mubarak durante el alzamiento de enero de 2011, parecía la promesa para los mubarakistas y la opción más deseable para el Ejército, por lo que se le consideró su candidato. El argumento para excluirle fue que no había reunido los 30.000 apoyos necesarios para refrendar su postulación. Khairat al Shater, miembro de los Hermanos Musulmanes, que al presentarse rompía la promesa de la hermandad de no proponer un candidato, fue descalificado por sus antecedentes penales. Por último, Hazem Abu Ismail, el predicador, candidato ultraconservador salafista y antiamericano, sufrió una mayor humillación al ser desestimada su candidatura porque su madre poseía la nacionalidad estadounidense (algo que él niega y achaca a una conspiración), lo que según la legislación egipcia le invalida para el cargo [...].
Trece son finalmente los candidatos que entrarán en liza por el asiento del viejo faraón y dos encabezan todas las quinielas: Amer Musa y el doctor Abdel Moneim Abolfotoh, ex miembro de los Hermanos Musulmanes. Aunque la desaparición del candidato salafista, Hazem Abu Ismail y la participación de Ahmed Shafik (que goza de gran predicamento y aglutinaría el voto de los mubarakistas), pueden cambiar ligeramente las tornas o hacer el resultado más imprevisible.
 
El voto islamista ultraconservador ha quedado en el aire, y Mohamed Mursi, presidente del Partido Libertad y Justicia de la cofradía islamista, que se presentaba como recambio para Shater por los hermanos (aunque con menos popularidad), tendrá que ver si es capaz de lograr sus simpatías. El electorado salafista sorprendió al llevar a sus candidatos al 25% del Parlamento egipcio en las legislativas. Con Abolfotoh por un lado y Mursi por otro, el voto islamista podría quedar dividido por lo que el aspirante de la hermandad, que asegura ser el único candidato islamista auténtico,  tendrá que jugar fuerte para ganarse a los ultraconservadores. No pierde el tiempo: en su primera intervención en campaña arengó a los asistentes diciendo: “El Corán es nuestra Constitución y la sharia nuestra guía” [...].
 
La Junta Militar, que en el último año ha reprimido manifestaciones dejando más de 100 muertos y 2.000 heridos y ha juzgado a más de 10.000 civiles en tribunales militares, se ha comprometido a dejar el poder el 30 de junio tras la elección del presidente y la promulgación de una nueva Carta Magna. Sin embargo, la redacción de esa nueva Constitución ha resultado ser una nube de arena que no deja de crecer y hacerse más y más espesa después de que la Asamblea Constituyente fuera disuelta tras el abandono en masa de los liberales que denunciaban el sesgo islamista de los futuros padres del texto [...]".

martes, 22 de mayo de 2012

Israel, fracaso del sionismo

Ignacio Díaz-Roncero entrevista a Sergio Yahni, del Alternative Information Center, que la pasada semana estuvo en Madrid y en otras ciudades. El jueves pasado estuvo en el Círculo de Bellas Artes, junto a Rayi Surani, en un acto organizado por ACSUR-Las Segovias para presentar el documento "Recomendaciones de la sociedad civil para la consecución de una paz justa en Oriente Medio". La entrevista, inicialmente aparecida en Latitud 194, ha sido recogido en Rebelión.

Creció en un Kibbutz, en un Estado de Israel que parece radicalmente diferente del actual, marcado por el auge de lo religioso. ¿Es posible definir de qué es ser Israelí, más allá de su definición minimalista de “la persona que vive ahí”?
Hay dos cosas. Una es que no existe una definicion inclusiva de qué es ser israelí. Hay diferentes tipos de israelíes: hay israelíes que son judíos, otros que no son judíos pero tampoco son palestinos (como la generación de los hijos de los trabajadores extranjeros, israelíes pero no judíos, cuyo idioma es el hebreo y que ahora los quieren deportar). Hablo también de israelíes de origen ruso, que tampoco son judíos en un 30%, pero sí israelíes, y su lengua es el hebreo. Hay israelíes etiopes… es toda una amalgama de comunidades con muy poco en común. Entonces, ser israelí acaba siendo estar ahí y no ser palestino. Es una negación más que una definición positiva.
Por otro lado, el Estado de Israel hoy, el estado del apartheid, confesional, es mas que nada un fracaso del sionismo, no su éxito. El objetivo del sionismo era el establecimiento de un estado laico y la laicización del judaismo. Establecer el judaismo no como una religión, sino como una nación.
Entonces, después de 60 años de Estado de Israel, ¿da al proyecto sionismo por muerto?
El sionismo ha fracasado en dos elementos: generar una identidad colectiva que vaya más allá de la religión y establecer un territorio autónomo con mayoria judía. En el estado de Israel hoy los judíos no son ya mayoría: hay una paridad con los palestinos y no judíos, y hasta quizás haya una pequeña mayoría sólo palestina. Por esta razón emerge el apartheid, como un fracaso del proyecto sionista.

¿Qué debería haber hecho para no fracasar?
El problema es que el sionismo es un movimiento que lleva su fracaso en su propia definición. Esta obligado a fracasar y a decaer porque no existe una definición laica de qué es ser judío, y porque la única posibilidad que tiene el sionismo de no fracasar, entre comillas, sería llevar adelante una continua y permanente limpieza étnica, algo imposible e insostenible. Lo que ocurre hoy es que la limpieza étnica ha llegado a sus límites e Israel tiene que transformarse en un estado de apartheid donde los judíos son la minoría.

Un argumento frecuente, independientemente del debate sobre el sionismo, es que Israel es “la única democracia en Oriente Medio”…
Eso es mas bien una frase de marketing, de “marca país”: intentar crear un marketing de Israel como algo que no es. Me parece que ha tenido tanto éxito como la “marca España”.

¿Es Israel una democracia?
No. El estado de Israel no es un estado democrático. Es una etnocracia donde se van reduciendo las libertades que existen, sobre todo con este último gobierno. Ahora, las libertades eran para la población judía, no para el colectivo palestino ciudadano de Israel y para el colectivo palestino en Cisjordania y Gaza. Ahora lo que se van reduciendo son también las libertades que tenían los judíos en este espacio.

lunes, 21 de mayo de 2012

La revolución triunfará y al-Asad caerá

Traducciones de la Revolución Siria reproduce la entrevista que el intelectual palestino Salama Kayleh concedió a al-Jazeera tras haber sido torturado por los esbirros del régimen sirio. Especialmente dedicado para todos aquellos que siguen hablando de que Siria es un bastión de panarabismo y un defensor de la cuestión palestina...

"El intelectual árabe de izquierdas Salama Kayleh, de 57 años, ha declarado que el régimen de Bashar al Asad caerá y que la revolución popular triunfará, y ha descrito al régimen de Asad como “la mayor mafia de la región”. Kayleh, de origen palestino, ha hablado con Al Jazeera, sobre los detalles de su arresto y la tortura, que calificó de salvaje, a la que fue sometido por parte de los servicios de Inteligencia Aérea sirios, a los que ha acusado de cometer crímenes contra la humanidad. Kayleh asegura que fue arrestado por ser el responsable de una publicación de tendencia izquierdista de la que han salido tres números, el segundo de los cuales llevaba el lema “Para liberar Palestina... queremos que caiga el régimen”.

Nos gustaría saber lo que ocurrió durante su última detención, que terminó en su deportación a Jordania.
La tarde del día 23 de abril me sorprendió una patrulla del servicio de Inteligencia sirio que se presentó en mi casa y entró de forma natural, sin tratarme con brutalidad como en los arrestos anteriores. Un grupo de ellos empezó a registrar la casa y me confiscaron tres ordenadores de mi esposa y míos, memorias de almacenamiento (USB), una impresora, un escáner, y muchos papeles cuyo contenido desconozco. Me pidieron que me fuera con ellos un día. Les dije riendo que eso no era cierto, puesto que estuve encarcelado durante 8 años después de que me llamaran para un interrogatorio de media hora.

Me trasladaron, aunque eso lo supe después, a la Prefectura de Aviación en la plaza de los Omeyas, bajo la cual se ha abierto una sede de los servicios de seguridad. Desde allí, me llevaron a prisión, donde me metieron en una habitación llena de jóvenes.  Vi allí a toda Siria, desde Idleb hasta Alepo y Hawran, debido a que los prisioneros procedían de varias regiones de Siria: algunos de ellos eran militares acusados de desertar o de tener la intención de hacerlo, y entre ellos había cuatro oficiales y varios de Alepo, e incluso del partido Baaz. Todos habían sido sometidos a severas torturas en la sede de los servicios de Inteligencia en Mezzeh. La tortura no terminó hasta que firmaron unas confesiones forzadas en las que declaraban haber robado, saqueado y matado.

Escuché los aterradores relatos de las torturas, que tenían por objetivo confirmar la versión del régimen sobre la existencia de bandas armadas que matan, torturan y violan. Cuando todas las confesiones son iguales, ello solo puede significar que hay alguien que la dicta. La habitación tenía capacidad para 20 personas y éramos 36. No tenía ni un solo colchón. Algunos encontraban un lugar donde dormir, mientras otros preferían sentarse ante la falta de espacio.   Por la mañana me citaron para el interrogatorio. Empezaron acusándome de imprimir una publicación que distribuye la Coalición de la Izquierda Siria, una de esas formaciones que se han formado recientemente y que ha publicado tres números de los cuales uno llevaba el lema “Para liberar Palestina... queremos que caiga el régimen”. Es una consigna que rompe con todos sus esquemas, y están aterrorizados ante la misma.

Cuando el oficial quiso que confesase que yo era responsable de ese número, me negué y les dije que simplemente me habían contactado por Internet por el tema de la revista, y había pedido que me la enviasen; nada más, pero que yo no era responsable de la misma. El oficial me respondió con duros insultos, llamándome “perro” y “ser despreciable”, y me golpeó salvajemente con unos cables gruesos que dejaron marcas perfectamente visibles en mi cuerpo. Fui sometido a esa misma tortura durante dos días sin ceder a cambiar mi versión. Durante ese tiempo, los interrogadores insultaban al pueblo palestino, diciendo que había vendido su patria y traicionado a Siria, que les había dado tanto [...].

Es usted un pensador de izquierdas conocido, y hay una parte de la izquierda y de los nacionalistas árabes que están a favor del régimen sirio y en contra de la revolución, ¿qué les dice a ellos?
Les pido que piensen un poco y vuelvan a entrar en razón, que piensen con objetividad y no solo de manera superficial. Estamos en contra del imperialismo y debemos estar en contra de él, pero la situación en Siria era una adaptación al imperialismo. La economía que creó el régimen sirio pedía a gritos el beneplácito de los estadounidenses. En Siria lo que ocurre es que hay un pueblo y que el país está siendo víctima de un crimen cometido por el régimen que va desde el asesinato hasta el conflicto sectario y la tortura.

Descubrirán que están defendiendo a la mayor mafia de la región y espero de ellos que no crean que se trata solamente de un asunto de imperialismo, porque el imperialismo se materializa en las formaciones locales. Es el pueblo sirio el que se ha sacrificado por Palestina y en contra de Israel y Estados Unidos, no el régimen, y la gente está luchando hoy por Palestina, no sólo para cambiar de régimen. Hay una superficie política formada por supuestos partidos y personalidades que se creó en los años 50 y 60 que caerá con este régimen. La izquierda es hostil al imperialismo, la opresión, el saqueo y la explotación. Rusia a día de hoy es un imperio emergente y no un Estado socialista como piensan nuestros amigos, ¿por qué entonces estamos con el imperialismo contra el imperialismo?".

viernes, 18 de mayo de 2012

Relatos de refugiados palestinos (II)


Otro relato, en esta ocasión de Umm Sabri Farji, recogido en el campamento de refugiados libanés de Nahr al-Bared en 2004. Aparece en mi artículo "Añoranza de la tierra" publicado por la revista Legado Andalusí:

"Como en una de aquellas ciudades invisibles que en su día imaginara Italo Calvino, parece que los campamentos no forman parte de este mundo. Como si flotasen en el aire o estuviesen suspendidos en el vacío, se resisten a echar raíces; quizás esperan que un soplo de viento les sacuda y les devuelva, por arte de magia, a la tierra que les vio nacer. 

En los días claros de invierno se pueden contemplar desde Nahr al-Bared los contornos de las cercanas montañas nevadas que traen un viento helado. Umm Sabri Farji nació en 1922 en Jalsa, una pequeña localidad de la Alta Galilea. Como el anterior entrevistado, se detiene en los estrechos vínculos entre los dos lados de la frontera: “Era frecuente que quienes terminaban sus estudios en los pueblos de la zona fueran a las universidades de Beirut o Trípoli. En realidad, existían muchas relaciones entre la Alta Galilea y la zona de Marj al-Zuhur”.
Al preguntarle por su infancia, afirma: “Teníamos la mejor de las vidas y la mejor de las tierras que nos daba albaricoques, granadas, higos, cerezas, plátanos, olivas y trigo... La gente vivía cien o ciento veinte años: no nos faltaba de nada. Aquello sí que era vida y no la de ahora”. Esta idea de Palestina como Edén terrenal es recurrente: “Teníamos abundante agua, gracias a Dios. No nos hacía falta abrir pozos, porque el agua descendía directamente desde las montañas por el río Hasbani. En Jalsa había una fuente llamada la fuente del Oro que remontaba su antigüedad a la época del califa Ali. Según se cuenta, su ejército estaba sediento cuando llegó a Jalsa; entonces los soldados clavaron sus espadas en el suelo y el agua brotó a raudales. Como el agua salía limpia y cristalina la llamaron fuente del Oro. Los aldeanos solíamos ir allí y sentarnos a tomar el té por las tardes. En los huertos cercanos había todo tipo de árboles frutales: albaricoques, membrillos, manzanos, granados, ciruelos... Desde Haifa se traían naranjos que plantábamos en nuestras tierras. En nuestra casa teníamos una parra que daba uvas del tamaño del pezón de una cabra. Nadie vendía ni compraba frutas, porque las puertas de las casas siempre estaban abiertas para quien quisiera”.

jueves, 17 de mayo de 2012

Relatos de refugiados palestinos (I)

Uno de los relatos que recopilé en el campamento de refugiados libanés de Nahr al-Bared antes de que fuera destruido. Aparece en mi artículo "Añoranza de la tierra" publicado en 2005 por la revista Legado Andalusí:

"Mahmud Hasan Layla nació en 1932 y llegó con su familia a Líbano en julio de 1948 después de haber recorrido a pie los ochenta kilómetros que les separaban de la frontera. Mahmud procede de Saffuri, localidad de la Baja Galilea a medio camino entre Haifa y Tiberiades. Dicha localidad era mayoritariamente musulmana, aunque también cobijaba una importante comunidad cristiana, ya que estaba a siete kilómetros de Nazaret: “De hecho, muchos de sus habitantes se refugiaron en uno de sus barrios llamado al-Rum”.

Ahora vive en Nahr al-Bared, campamento al norte de Trípoli que cuenta con unos 30.000 refugiados. Evocando su periplo, cuenta: “Nuestro primer refugio fue un antiguo barracón francés en el valle de la Bekaa donde fuimos alojados por las autoridades libanesas. No disponíamos de agua ni electricidad y vivíamos hacinados, ya que cada barracón albergaba a veinte familias únicamente separadas por unos trapos. Para alumbrarnos utilizábamos latas con aceite que formaban mucho humo y hacían irrespirable el aire”. Más tarde, la UNRWA empezó a “proporcionar a cada familia harina, azúcar, arroz, legumbres, conservas y aceite”.
Extraña sobre todo la fertilidad de sus tierras: “A tres kilómetros de distancia de Saffuri había una fuente que regaba los huertos del pueblo, conocidos por sus coliflores, sus gringueles, sus coles y, sobre todo, por sus granadas. Incluso los judíos de las colonias vecinas venían a comprarlas al pueblo”. Recuerda también que “existían varias almazaras, algunas tradicionales que requerían el trabajo de una acémila para girar su rueda y otras modernas que funcionaban a motor”.

El tiempo trascurrido desde entonces lleva a Mahmud a idealizar aquellos días: “Algunos de los olivos centenarios tenían un diámetro de dos metros y, para recoger sus olivas, se requería el trabajo de diez jornaleros durante todo un día. El aceite se empleaba para cocinar, pero también para fabricar un jabón que se vendía en los pueblos vecinos y en la propia Nazaret”.

De las fiestas populares recuerda, sobre todo, el recibimiento a los peregrinos que regresaban de La Meca. Mahmud dice que “el hajj resultaba complejo y costoso: mi padre lo hizo en 1942 y le llevó más de tres meses. Primero viajó en autobús hasta la ciudad costera de Haifa, tomó el ferrocarril hasta Rafah y, una vez allí, cruzó el canal de Suez en barco de vapor hasta Yedda; a La Meca llegó a lomos de camello. A su retorno cumplió con la obligación de visitar la mezquita del Aqsa en Jerusalén”.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Los refugiados palestinos en Líbano

En recuerdo a los cientos de miles de palestinos que fueron expulsados de sus tierras hace ahora 64 años recupero este artículo mío titulado "Añoranza de la tierra". Lo publiqué en 2005 en la revista el Legado Andalusí y recoge testimonios orales recogidos entre refugiados de los campamentos palestinos en Líbano.

"Al intentar explicar qué es un campamento de refugiados, Hana Jaber, investigadora del Centre d’Études et deRecherches sur le Moyen-Orient Contemporain, considera que son “lugares de historias plurales, cuyas constantes y variables, continuidades y rupturas reflejan, a distintas escalas y con distintas cadencias, los avatares de la historia palestina forjada en lances nacionales, regionales e internacionales, y también expresan grados de interacción muy diversos, tanto en el interior de los campamentos como con las sociedades de los países de acogida”.

La historia de los refugiados palestinos y la de los países árabes que los acogen queda entrelazada de tal manera que es prácticamente imposible disociarlas. A este respecto, cabría preguntarse cuál hubiera sido la evolución de Oriente Próximo en este último medio siglo sin la intervención de la diáspora palestina. Su presencia en Líbano se remonta a 1948 cuando llegaron diversas oleadas de refugiados de la zona de Galilea, aunque años antes ya se habían establecido algunos centenares de familias pudientes que, ante la inestabilidad existente en Palestina, habían fijado su residencia en territorio libanés a la espera de que las agitadas aguas retornasen a su cauce.

El hecho de que nos centremos en los refugiados palestinos en Líbano no es ni mucho menos casual. Como destaca Kodmani-Darwish, “en Líbano viven `los mendigos´ del pueblo en el exilio, la anti-diáspora por excelencia, aquellos que no tienen ninguna prisa por su presente, por no hablar de su porvenir. Golpeados, desplazados en varias ocasiones, no han podido acumular riquezas, ni estatuto social, ni tampoco una formación que les permita mejorar su situación [...]. Su pasado en Líbano es trágico, su presente es difícil y su futuro es incierto”. Esta incertidumbre responde a la doble amenaza que se cierne sobre sus cabezas cual espada de Damocles. Por una parte, Israel impide el retorno de los refugiados por considerar que pondrían en peligro la propia existencia del Estado judío; por otra parte, Líbano se niega a naturalizarlos al interpretar que romperían el frágil equilibrio confesional del país.
El primer censo elaborado por la UNRWA en Líbano data de 1950 y recogía a 127.000 refugiados, pero desde entonces su número se ha triplicado. En 2005 superan los 400.000, de los que 256.000 residen en alguno de los doce campamentos del país. Los refugiados inscritos en esta agencia de las Naciones Unidas disponen de documentos de viajes, pero quienes llegaron en los años posteriores procedentes de otros países sólo tienen derecho a cartas de residencia, que deben renovarse anualmente para evitar que el Departamento para la Seguridad General y los Asuntos de los Refugiados les elimine de sus registros (como ha ocurrido en más de 25.000 casos entre 1985 y 1995).

En un principio, los refugiados fueron asentados en el sur, aunque pronto fueron distribuidos por el resto del país. Es probable que en esta decisión pesase la necesidad de evitar la concentración de los refugiados en una determinada zona; todo ello, con el objeto de prevenir el colapso del sistema político libanés, basado en el equilibrio entre las comunidades cristiana (maronitas, protestantes, griegos ortodoxos, católicos y maliquíes) y musulmana (sunnitas, chiítas y drusos). La llegada de decenas de miles de refugiados de confesión musulmana fue percibida como una amenaza que podría quebrar este heterogéneo mosaico doctrinal, no así la presencia de unas 3.000 familias de refugiados cristianos que fueron inmediatamente naturalizadas.

La mayor parte de refugiados vagó de un lugar a otro antes de fijar su residencia definitiva. Los sentimientos entremezclados de indiferencia, hostilidad o simpatía de las décadas de los cincuenta y los sesenta, desembocaron en los setenta, coincidiendo con la entrada de la Organización para la Liberación de Palestina en Líbano, en una fuerte polarización entre los partidarios y adversarios de los palestinos. Tras el estallido de la guerra civil en 1975, las tensiones aumentaron y los refugiados pagaron las cuentas con la destrucción parcial o total de los campamentos de Mie Mie (Saida), Rashidiyye (Tiro), Tal Za tar y Shatila (Beirut). Se calcula que la confrontación dejó a 32.000 palestinos sin hogar. Tras los Acuerdos de Taef en 1989, la clase política libanesa llegó a la conclusión de que la amplia presencia palestina (un 11% del total de la población) podría volver a desestabilizar el país, por lo que se acordaron un conjunto de medidas encaminadas a reducir su número.

En opinión de Jesús A. Núñez y Julieta Espín, “la práctica totalidad de las fuerzas políticas libanesas han hecho todo lo posible por impedir cualquier asomo de asimilación de la población palestina refugiada, restringiendo sus derechos y libertades y sometiéndolos, en la práctica, a condiciones de extrema marginación”. Quizás la más llamativa de todas estas medidas fuese la prohibición de ejercer 73 profesiones (abogado, médico, ingeniero, electricista, fontanero, conductor, sastre o peluquero). Como resultado de esta política, el 80% de los refugiados vivía en 1996 bajo el umbral de la pobreza.

En la actualidad, los refugiados dependen de la economía informal: braceros en la época de recolección o peones en el proceso de reconstrucción. O lo que es lo mismo: mano de obra barata en un mercado negro en el que obtienen salarios por debajo de los libaneses. Otro fenómeno ha sido el crecimiento de “la economía de los campamentos” destinada a satisfacer las necesidades de la propia población refugiada. En esta coyuntura, la UNRWA juega un papel de extraordinaria relevancia pues emplea a una parte significativa de los refugiados —más de un 5%—, aunque la crisis financiera en la que se encuentra inmersa le ha obligado a reducir de manera drástica sus ayudas".

martes, 15 de mayo de 2012

Mitos sobre Israel

Israel celebra su 64 aniversario. Los palestinos 64 años de la nakba, la expulsión del 65% de la población árabe de sus hogares. El profesor de la Universidad de La Laguna José Abu Tarbush refelxiona, en un reciente artículo periodístico titulado Israel revisa su historia 64 años después de su creación.

"Los mitos fundacionales del Estado de Israel han girado en torno a tres hechos, principalmente, que tienen como denominador común desplazar y diluir en la parte árabe la responsabilidad de los acontecimientos que rodearon y se derivaron de su creación. Primero, el inicio de la guerra y la superioridad de los ejércitos árabes, que presentan al incipiente Estado israelí como una víctima inocente y en inferioridad de fuerzas. Segundo, la supuesta llamada de los dirigentes árabes para que los palestinos abandonaran sus hogares durante la guerra, culpabilizando a dichos gobiernos de originar el problema de los refugiados. Por último, tercero, la intransigencia árabe para llegar a un arreglo con Israel, imposibilitado así la paz y la estabilidad en la región.

Todas estas afirmaciones tuvieron su correspondiente réplica desde el mundo árabe y, en particular, desde el ámbito palestino, sin olvidar los testimonios y análisis de distintos observadores internacionales. Sin embargo, ninguna argumentación logró ser tan visible, contundente y definitiva como la aportada por un heterogéneo grupo de académicos israelíes que, con diferente bagaje disciplinar, sería conocido con la denominación de “los nuevos historiadores israelíes” (6). Después de investigar en los propios archivos del movimiento sionista e israelíes, las conclusiones de sus estudios invertían la historia oficial israelí. Su autoridad ―no sólo académica― estaba fuera de toda duda. Eran israelíes, por tanto no cabía reprocharles ninguna connivencia con el enemigo.
De sus diferentes estudios se extraen conclusiones desmitificadoras y opuestas a las de la historiografía oficial israelí. Primero, la guerra se inició mucho antes que la primera confrontación interestatal árabe-israelí, en mayo de 1948. Previamente, desde diciembre ―a raíz de la adopción de la resolución de partición de Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1947― se había iniciado la campaña de limpieza étnica de Palestina (7). De hecho, antes de la proclamación del Estado de Israel, el 14 de mayo de 1948, las fuerzas sionistas ya habían desalojado entre unos 250.000 y 300.000 ciudadanos árabes-palestinos de sus hogares.

Dos meses antes, el 10 de marzo de 1948, se había adoptado el plan Dalet (8), que formalizaba la idea de transferir a la población autóctona (9). En suma, la expulsión directa e indirecta de los árabes-palestinos ―entre unos 750.000 y 800.000― de su tierra respondió a un plan asociado al proyecto colonial sionista en Palestina. Esta idea no desapareció con la creación del Estado de Israel y la consecución de sus principales objetivos. Por el contrario, sigue estando presente (en alusión a los palestinos tanto de 1948 como de los territorios ocupados en 1967), según se desprende de las declaraciones de algunos de sus líderes y se recoge incluso en sondeos de opinión (10).

Segundo, la superioridad militar árabe ha sido otro de los mitos desmentidos por su inferioridad numérica, escasa preparación y descoordinación. Por el contrario, las fuerzas israelíes eran superiores tanto cuantitativa como cualitativamente, con una dirección coordinada, armamento más moderno y experiencia militar. Justo de lo que carecían los ejércitos árabes, atrapados en sus recelos y sospechas mutuas. Lejos de ser una fuerza conjunta con un mando unificado o coordinado, estaban más pendientes de lo que hacía uno u otro, en particular de la legión jordana que era el ejército árabe mejor preparado. Precisamente el rey Abdallah l había llegado a un acuerdo con el movimiento sionista para su reparto de Palestina, llevado por sus ambiciones regionales de instaurar y extender su reino en la llamada Gran Siria (que incluiría Jordania, Siria e Irak) (11).

Por último, tercero, la supuesta intransigencia árabe también ha sido desmitificada por documentados trabajos que muestran una lectura opuesta a la versión oficial. Una de las obras más sólidas se debe también al citado historiador israelí Avi Shlaim, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad de Oxford. Su análisis de las relaciones entre los Estados árabes e Israel, desde sus primeros encuentros y acercamientos hasta prácticamente la actualidad, muestran un balance muy distinto al oficial (12).

En suma, el lector interesado en la materia cuenta con una abundante y rica bibliografía que viene a confirmar, con rigor y documentación, la versión tradicionalmente sostenida por los vencidos en el conflicto palestino-israelí. De manera que el relato contado por un anciano o anciana en un destartalado campo de refugiados en Oriente Próximo ha cobrado una dimensión que, lamentablemente, hasta ahora no poseía.

Seis décadas y media después de esa catástrofe (o Nakba, como la denominan los palestinos), esos mismos refugiados y sus descendientes siguen demandando la restitución de sus derechos frente a la limpieza étnica y el memoricidio que siguió. Fueron las dos caras de una misma moneda: la expropiación y expulsión de una población de su tierra no sólo fue un acto de violencia física y política, también se acompañó de una deliberada estrategia de negación de su existencia y derechos".



lunes, 14 de mayo de 2012

Yo muero hoy

La periodista Olga Rodríguez acaba de publicar un nuevo libro titulado Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe (Debate, 2012), de recomendable lectura para conocer las razones de las movilizaciones populares y su verdadero alcance. En él analiza lo ocurrido en buena parte de los países árabes en este último año y medio. El prólogo arranca de la siguiente manera: "Las revueltas árabes de 2011 no surgieron por generación espontánea, como si de un brote de varicela se trataran. Detrás de ellas hay una historia de lucha por el cambio real a través de activismo clandestino, de la defensa de los derechos humanos, de los movimientos obreros, de las agrupaciones que llevan años trabajando por la justicia social". A continuación algunos extractos de la entrevista que le realizó Santiago Tostes en el Diario de Avisos.

-Ha hablado con muchos de los protagonistas de esta lucha. Si buscara un elemento común a todas esas personas, ¿cuál sería?
“Uno de los lemas más coreados por los jóvenes árabes es Pan, libertad y justicia social. Pero no son demandas nuevas. Detrás de las revueltas hay gente que trabaja desde hace años por los derechos humanos, por la igualdad social, por acabar con la corrupción y la represión. Oriente Medio fue colonizada y ahora sufre un neocolonialismo, sigue intervenida económicamente. Ahí confluyen muchos intereses. Y me parece descabellado cuestionar el carácter genuino de las revueltas. Los gobiernos y la CIA conspiran, pero los pueblos también, contra la opresión y la injusticia social”.

-¿Qué momento atraviesan ahora estas revoluciones? ¿Hay riesgo de una marcha atrás?
“Hay casos llamativos, como Yemen, Bahrein, Egipto o Siria, donde, a pesar de las dificultades, la gente sigue echándose a la calle. En ellos, en Túnez, en Libia, existen redes sociales muy sólidas, con capacidad para organizarse en pocas horas y ejercer presión contra los gobiernos. A la vez, se da un fenómeno sociológico: la gente menor de 35 años ha cambiado el modo de entender sus vidas”.
-¿Cuál es el papel de Occidente en esa búsqueda de libertad?
“Occidente es muy responsable de la situación en Oriente Medio. La mayor parte de las dictaduras han sido apoyadas por Europa y Estados Unidos. Mubarak, el dictador egipcio, era uno de los principales aliados de Washington en la zona, junto con Israel y Arabia Saudí. Ejercía una represión brutal, donde la cárcel, la tortura, era el destino de cualquier discrepancia. Y Occidente sigue siendo responsable ahora. El ejercito, la junta militar que controla Egipto desde que cayó Mubarak, recibe desde 1981 una ayuda anual por parte de Washington de 1.300 millones de euros. Y éste es el ejercito que en menos de un año ha atacado a los manifestantes, con más de 100 personas muertas y miles de heridos. Y es también el ejercito que ha juzgado en tribunales militares a más de 12.000 civiles. Luego, a nivel económico, los organismos internacionales presionan para aplicar políticas que sólo benefician a una élite. Todo está interconectado. Hasta el punto de que, por ejemplo, el que fuese ministro de economía de Hosni Mubarak era uno de los tres cargos más importantes del FMI hasta el estallido de las revueltas. Este hombre se refugió en Londres, pero fue juzgado en Egipto por corrupción y condenado a 30 años de cárcel”.

-Entre los analistas no hay consenso al evaluar la importancia que han tenido las redes sociales, Internet, en estas revueltas. ¿Cuál es su opinión? ¿Hubieran sido posible sin la existencia de estos nuevos instrumentos de comunicación?
“Sí, sin duda. Estas herramientas han sido importantes, pero no decisivas. El 27 de enero, dos días después del inicio de las revueltas en Egipto, el régimen cortó internet y la telefonía móvil. Y entonces la gente acudió a los métodos tradicionales: a reunirse en las casas o a llamarse por teléfono fijo. Internet ayuda a romper la censura y el pensamiento dominante, y los jóvenes árabes han sabido aprovecharlo. Facilita las cosas e hizo que todo fuese más rápido, pero no fue el instrumento definitivo”.