viernes, 4 de mayo de 2012

Revolución y contrarrevolución

Robert Fisk publica en el diario argentino Página 12 este artículo titulado "La contrarrevolución en Medio Oriente".

"[...] En Siria –donde los qataríes y los sauditas estaban más que dispuestos a enviar armas a los rebeldes– las cosas no van muy bien para la revolución. Luego de sostener durante semanas, hace un año, que bandas armadas atacaban las fuerzas del gobierno, las bandas ahora sí existen y están en plena acción atacando a las legiones de Assad. Para los cientos de miles que estaban dispuestos a manifestarse en forma pacífica –aun a costa de su vida–, esto se ha vuelto un desastre. Sirios amigos míos lo llaman tragedia. Culpan a los estados del golfo de alentar el levantamiento armado. Nuestra revolución era pura y limpia y ahora es una guerra, me dijo uno la semana pasada. Les creo.

Y la violencia se acerca cada vez más al Líbano. El asesinato del camarógrafo Alí Shabaan ha estremecido a los libaneses, normalmente imperturbables. Hasta el prosirio Hezbolá ha condenado su muerte –claro está que Shabaan, al igual que Hezbolá, era chiíta–, en tanto ciudadanos libaneses han observado que mientras las tropas sirias estaban en su frontera, las fuerzas de su propio país no aparecieron por ningún lado durante el tiroteo. Incluso, legisladores prosirios han culpado a sus propias autoridades de seguridad por la muerte del camarógrafo.

Supongo que ésta es una observación irónicamente triste, pero algunas de las primeras revoluciones en el mundo árabe no resultaron conforme al plan. Hace unos días, los argelinos celebraron el 50° aniversario de su victoria contra los franceses. La televisión francesa mostró documentales sobre la terrible lucha que costó por lo menos medio millón de vidas, películas que se pudieron ver en Argelia. Pero, ¿qué obtuvieron los árabes por aquellas batallas titánicas? Un seudodictador y una elite corrupta, una vergonzosa cifra de desempleo y suficiente petróleo para que Argelia rivalizara con Arabia Saudita... si la revolución hubiera funcionado.
La revolución de Nasser no fue precisamente un éxito rotundo; tal vez lo fue para Nasser en lo personal, pero él y sus sucesores fueron deplorables, manejaron Egipto como si fuera de su propiedad y lo llevaron a dos guerras sangrientas contra Israel. Existen indicios de que Irak podría estar ayudando a los rebeldes sirios, como hizo en tiempos de Saddam Hussein, cuando éste y Hafez al Assad, el padre del actual presidente, se detestaban. Y ahora, cuando ya no hay estadounidenses a quienes atacar, militantes sunnitas dentro de Irak han declarado la guerra a Irán.

Si esto parece un horizonte pesimista, pues que lo sea. Sospecho que el despertar árabe estará todavía en proceso cuando todos hayamos muerto de viejos. Pero a la larga, creo, habrá verdadera libertad en Medio Oriente, sí, y dignidad para todos sus pueblos, y un asombro en la próxima generación de que sus padres y abuelos hayan tolerado a dictadores durante tanto tiempo. Y preguntarán qué fue de sus padres y abuelos desaparecidos.

Digo esto porque un valiente grupo de mujeres se reúne cada día en Beirut para recordar a sus seres queridos –libaneses y palestinos, todos hombres–, que fueron sacados de sus casas o secuestrados en las calles en los largos años de dominio sirio en Líbano. Muchas hicieron el extenuante viaje hasta Damasco atraídas por falsas esperanzas de intermediarios que querían sobornos, pero han mantenido su fe intacta. El diario libanés L’Orient-Le Jour lleva una columna semanal con los nombres de todos los desaparecidos.

Samia Abdalá espera a su hermano Imad, combatiente de Fatah desaparecido en 1984, cuando tenía veinte años. Fatme Zayat quiere que regrese su hijo; ambos llevan 27 años desaparecidos. Afife Abdalá busca a siete miembros de su familia. Adele Said el Hajj espera a su hijo, Alí, arrestado por los sirios en 1989: hace 23 años. La guerra civil libanesa terminó en 1990; miles siguen desaparecidos. El mes pasado marcó el 37º aniversario de su principio. En aquel tiempo algunos libaneses afirmaron que era una revolución". 

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