lunes, 7 de mayo de 2012

¿Otoño islamista?

Hoy sale el anuario 2012-13 de Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ) bajo el título Cambio de ciclo: crisis, resistencias y respuests globales bajo la dirección de Manuela Mesa. Mi contribución es el artículo "Primavera democrática árabe: ¿otoño islamista?". El anuario completo puede descargarse en este enlace.

"Apenas ha transcurrido un año de las revueltas populares que provocaron la caída de Ben Ali en Túnez y Mubarak en Egipto y ya se empieza a hablar de que la primavera democrática ha dejado lugar a un otoño islamista. Este pesimismo estaría motivado por la victoria electoral de Ennahda en Túnez, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) en Marruecos y el Partido de la Libertad y la Justicia (PLJ) en Egipto.
Aunque no fueron los principales protagonistas de la Primavera Árabe, los islamistas han sido, sin duda, quienes más se han beneficiado de ella rentabilizando su dilatada trayectoria opositora y su vasta implantación en las sociedades árabes. Todo ello a pesar de que sus valores conservadores y tradicionales se sitúan en las antípodas de los que defendidos por los jóvenes revolucionarios: la democracia, la libertad, la justicia y los derechos del hombre.
El hecho de que las revueltas no hayan abierto un proceso de secularización como muchos esperaban, sino que hayan allanado el camino para la conquista del poder por parte de los islamistas ha llevado a muchos a lanzar la voz de alarma por la supuesta existencia de una agenda oculta por parte de los movimientos islamistas. Este temor es compartido tanto por los países occidentales como por los activistas y defensores de los derechos humanos en el mundo árabe, que sospechan de las verdaderas intenciones de estos partidos una vez que empiecen a gobernar. Como señalara Lluis Bassets: “Cabría interpretar su amplia victoria electoral como el triunfo de una agenda oculta, que incluye la imposición de la sharía, la limitación de los derechos de las mujeres e incluso la persecución de las minorías religiosas, sobre todo los cristianos”.
Esta alarma es, a todas luces, injustificada, ya que no tiene en cuenta las transformaciones radicales registradas en el seno de las formaciones islamistas en el curso de las últimas décadas que les ha llevado a convertirse, a día de hoy, en la única alternativa real a los gobiernos autoritarios árabes.
El amplio respaldo popular que han cosechado en las urnas premia tanto la labor social desarrollada en las últimas cuatro décadas como el pragmatismo del que han hecho gala en los últimos años. Los movimientos islamistas han reconocido la pluralidad de las sociedades árabes (en lo ideológico y confesional) y, en consecuencia, han renunciado a imponer por la fuerza sus concepciones aceptando, con ello, los principios democráticos (incluida la alternancia en el poder). También se han mostrado partidarios de coordinarse con el resto de fuerzas opositoras (como en el caso de la Asamblea Nacional por el Cambio en Egipto o el Consejo Nacional Sirio, por mencionar tan sólo dos ejemplos) para pasar la página del autoritarismo.
Sólo partiendo de estas premisas puede entenderse la abrumadora victoria de los partidos islamistas en las elecciones celebradas en Túnez, Marruecos y Egipto. Lejos de ser una mera táctica, este movimiento evidencia que los islamistas han cerrado una etapa y han inaugurado otra; que han abandonado la oposición para asumir tareas de gobierno, con todo lo que ello implica. Todo ello no nos debe llevar a pensar que hayan renunciado a que el islam ocupe un lugar central en la vida social y política, pero sí a plantearse cómo mantener dicha centralidad en un entorno más democrático (Roy, 2011). Como ha apuntado François Burgat, “la llegada al poder de los islamistas no compromete el desarrollo del lento y difícil proceso de transición democrática que, en ningún caso, podrá desarrollarse sin ellos".

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