lunes, 14 de mayo de 2012

Yo muero hoy

La periodista Olga Rodríguez acaba de publicar un nuevo libro titulado Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe (Debate, 2012), de recomendable lectura para conocer las razones de las movilizaciones populares y su verdadero alcance. En él analiza lo ocurrido en buena parte de los países árabes en este último año y medio. El prólogo arranca de la siguiente manera: "Las revueltas árabes de 2011 no surgieron por generación espontánea, como si de un brote de varicela se trataran. Detrás de ellas hay una historia de lucha por el cambio real a través de activismo clandestino, de la defensa de los derechos humanos, de los movimientos obreros, de las agrupaciones que llevan años trabajando por la justicia social". A continuación algunos extractos de la entrevista que le realizó Santiago Tostes en el Diario de Avisos.

-Ha hablado con muchos de los protagonistas de esta lucha. Si buscara un elemento común a todas esas personas, ¿cuál sería?
“Uno de los lemas más coreados por los jóvenes árabes es Pan, libertad y justicia social. Pero no son demandas nuevas. Detrás de las revueltas hay gente que trabaja desde hace años por los derechos humanos, por la igualdad social, por acabar con la corrupción y la represión. Oriente Medio fue colonizada y ahora sufre un neocolonialismo, sigue intervenida económicamente. Ahí confluyen muchos intereses. Y me parece descabellado cuestionar el carácter genuino de las revueltas. Los gobiernos y la CIA conspiran, pero los pueblos también, contra la opresión y la injusticia social”.

-¿Qué momento atraviesan ahora estas revoluciones? ¿Hay riesgo de una marcha atrás?
“Hay casos llamativos, como Yemen, Bahrein, Egipto o Siria, donde, a pesar de las dificultades, la gente sigue echándose a la calle. En ellos, en Túnez, en Libia, existen redes sociales muy sólidas, con capacidad para organizarse en pocas horas y ejercer presión contra los gobiernos. A la vez, se da un fenómeno sociológico: la gente menor de 35 años ha cambiado el modo de entender sus vidas”.
-¿Cuál es el papel de Occidente en esa búsqueda de libertad?
“Occidente es muy responsable de la situación en Oriente Medio. La mayor parte de las dictaduras han sido apoyadas por Europa y Estados Unidos. Mubarak, el dictador egipcio, era uno de los principales aliados de Washington en la zona, junto con Israel y Arabia Saudí. Ejercía una represión brutal, donde la cárcel, la tortura, era el destino de cualquier discrepancia. Y Occidente sigue siendo responsable ahora. El ejercito, la junta militar que controla Egipto desde que cayó Mubarak, recibe desde 1981 una ayuda anual por parte de Washington de 1.300 millones de euros. Y éste es el ejercito que en menos de un año ha atacado a los manifestantes, con más de 100 personas muertas y miles de heridos. Y es también el ejercito que ha juzgado en tribunales militares a más de 12.000 civiles. Luego, a nivel económico, los organismos internacionales presionan para aplicar políticas que sólo benefician a una élite. Todo está interconectado. Hasta el punto de que, por ejemplo, el que fuese ministro de economía de Hosni Mubarak era uno de los tres cargos más importantes del FMI hasta el estallido de las revueltas. Este hombre se refugió en Londres, pero fue juzgado en Egipto por corrupción y condenado a 30 años de cárcel”.

-Entre los analistas no hay consenso al evaluar la importancia que han tenido las redes sociales, Internet, en estas revueltas. ¿Cuál es su opinión? ¿Hubieran sido posible sin la existencia de estos nuevos instrumentos de comunicación?
“Sí, sin duda. Estas herramientas han sido importantes, pero no decisivas. El 27 de enero, dos días después del inicio de las revueltas en Egipto, el régimen cortó internet y la telefonía móvil. Y entonces la gente acudió a los métodos tradicionales: a reunirse en las casas o a llamarse por teléfono fijo. Internet ayuda a romper la censura y el pensamiento dominante, y los jóvenes árabes han sabido aprovecharlo. Facilita las cosas e hizo que todo fuese más rápido, pero no fue el instrumento definitivo”.

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