lunes, 16 de julio de 2012

Anatomía de la revolución siria

Con este artículo de mi autoría, titulado "Anatomía de la revolución siria" y publicado por el diario El Correo, me despido de vosotros durante unas semanas. Me tomo unas vacaciones, aunque intentaré actualizar el blog al menos una vez a la semana. A la vuelta espero presentar un nuevo formato de blog con algunas novedades. También habrá nuevo libro sobre la sociedad civil en el mundo árabe que publicará la Fundación CIDOB.

"Han transcurrido ya dieciséis meses desde el inicio de la revolución siria y todo parece indicar que nos encaminamos a una guerra civil de impredecibles consecuencias. En un bando está un régimen monolítico que controla férreamente los principales recursos de poder y que no ha dudado en emplear su artillería pesada para tratar de poner fin a la revuelta. En el otro bando encontramos a una oposición que, cada día que pasa, apuesta de una manera más decidida por la vía armada para derrocar al sangriento dictador Bashar al-Asad.

La comunidad internacional, mientras tanto, continúa deshojando la margarita. Hay días en que parece estar dispuesta a respaldar a los rebeldes, pero hay otros en que piensa que el remedio podría ser peor que la propia enfermedad. En su indecisión probablemente influya el hecho de que Siria comparte fronteras con Israel, Líbano, Turquía, Irak y Jordania, por lo que una posible guerra civil tendría efectos imprevisibles para el conjunto de Oriente Medio. Mientras el tiempo pasa, la cifra de muertos no deja de aumentar y supera ya los 15.000, superando los desplazados los dos millones de personas (un 10% de la población).
     
A la hora de abordar las razones por las cuales el presidente Bashar al-Asad ha conseguido mantenerse en el poder durante tanto tiempo es ineludible hacer referencia a la solidez de sus apoyos. Las élites dirigentes interpretan que están librando una batalla a vida y muerte que tendrá un solo vencedor. La represión corre a cargo de una célula de crisis compuesta por personas de la absoluta confianza del presidente, entre los que tienen un papel protagonístico dos familiares directos: su hermano Maher al-Asad (responsable de la Guardia Republicana y la IV División Armada) y su cuñado Asef Shawkat (viceministro de Defensa y exdirector de la Inteligencia Militar), y en la que también toman parte los jefes de las agencias de seguridad y de las principales unidades militares.

Además, el régimen todavía conserva ciertos apoyos entre las elites comerciales de Damasco y Alepo, las clases medias y, también, las minorías confesionales. Estas últimas consideran que el mantenimiento del status quo es preferible al derrocamiento de Bashar al-Asad, ya que la caída del régimen podría catapultar al poder a los Hermanos Musulmanes, como ha ocurrido en Egipto. Ello colocaría en una delicada situación al 25 por 100 de la población siria que no es musulmana suní: los alauíes, los cristianos, los drusos y los ismailíes. Para una parte significativa de estas minorías, el proyecto secular baazista sigue siendo un muro de contención frente a los sectores islamistas radicales que podrían tratar de imponer la sharía.

Las elites comerciales suníes de Damasco y Alepo, tradicionales aliadas del régimen, podrían estar empezándose a replantearse este respaldo debido a la aguda crisis económica que sufre el país. La libra siria ha perdido más de un tercio de su valor con respecto al dólar y la economía se contraerá este año cerca de un 6 por 100. Un escenario catastrófico para los intereses de esta elite comercial, que empieza a mostrar síntomas de inquietud.

Otro elemento que explica el impasse actual es la fragmentación de la oposición. En el interior del país son los Comités de Coordinación Local los que llevan el peso de la movilización ciudadana. En el exterior, la principal plataforma es el Consejo Nacional Sirio, que ha tratado de unificar, sin éxito, a los diferentes grupos de la heterogénea oposición. Unos y otros difieren en torno a la necesidad de militarizar la revuelta o apostar por la resistencia civil. Mientras tanto, el Ejército de Siria Libre, integrado por desertores y rebeldes, ha ido ganando terreno y goza ya de implantación en buena parte del territorio, aunque carece de una estructura de mando clara y depende de los envíos de armamento realizados por Arabia Saudí y Catar.

Una posible guerra civil siria tendría efectos imprevisibles en Oriente Medio. El régimen sirio es plenamente consciente de que EEUU y la UE no están dispuestos a sacrificar la estabilidad de la región para obtener la cabeza de Bashar. Esta inacción de la comunidad internacional ha allanado el terreno para que algunos países árabes, encabezados por Arabia Saudí y Catar, hayan empezado a armar a los rebeldes. De hecho la Liga Árabe ha aprobado una resolución que “autoriza todo tipo de apoyo político y material para proteger a los civiles”. Destacadas figuras de la oposición siria han denunciado el papel saudí, país que no representa precisamente un modelo a seguir debido a su déficit democrático y a su sistemática violación de los derechos humanos. La caída de Bashar no sólo permitiría a los saudíes deshacerse de su rival regional, sino que además debilitaría a su bestia negra: Irán, un aliado estratégico de Siria. A su vez facilitaría la penetración del salafismo en un país que todavía muchos consideran el último bastión del arabismo.

Cualquiera que sea el escenario futuro parece claro que Bashar al-Asad ha perdido toda su legitimidad y carece de credibilidad entre importantes sectores de la población siria. Confiar su continuidad al empleo de la violencia contra su propia población no parece ser una perspectiva demasiado halagüeña para un régimen que es plenamente consciente de que la ola de descontento va en aumento y que, tarde o temprano, acabará por devorarle".

viernes, 13 de julio de 2012

Colisión en Egipto

El nº 802 del Informe Semanal que cada siete días edita Política Exterior se detiene en la delicada situación que atraviesa en Egipto en su entrada "Islamistas y militares miden sus fuerzas". A continuación la incluimos en nuestro blog:

"La colisión entre el recién elegido presidente, Mohamed Morsi, y el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), monopolizador de facto del poder en El Cairo desde la caída de Hosni Mubarak, se hizo inevitable desde el momento mismo en que las urnas le invistieron de una legitimidad democrática que nunca antes había tenido un presidente en el país del Nilo, gobernado por militares durante los últimos 60 años. Solo quedaba por saber cuál sería el asunto que elegiría Morsi para hacer visible sus intenciones de dotar de contenido real su condición de jefe de Estado y el grado de resistencia que pondría la cúpula militar a esos planes.

La controversia sobre la suspensión/activación del Parlamento, reconvocado por Morsi tras su disolución por el Tribunal Constitucional, exigirá un proceso que se adivina largo y tortuoso, sin que nadie pueda vislumbrar si al final Egipto será la mayor democracia del mundo árabe o si el desenlace será un renovado modelo autoritario en el que los islamistas y los militares se repartirán el poder intentando conciliar sus respectivos intereses.

Nada permite interpretar la brevísima sesión parlamentaria (15 minutos) del 10 de julio como una victoria de Morsi. Los militares han dejado el protagonismo al poder judicial, que ha obligado al presidente a respetar la decisión del Tribunal Constitucional de disolver la Asamblea, al considerar inconstitucional la norma que reguló las últimas elecciones legislativas. Ante ese impasse, lo probable es que la Asamblea siga desactivada indefinidamente, lo que, de hecho, significa que el CSFA retendrá el poder legislativo.

El CSFA no quiere verse atrapado entre una presidencia operativa y un poder legislativo en el que los Hermanos Musulmanes tienen una clara mayoría a través de su Partido Libertad y Justicia. Morsi, mejor que nadie, es consciente de la vacuidad de su cargo hasta que una Constitución defina su papel. Mientras, sabe que no tiene nada que decir en materia de política exterior, seguridad o asuntos presupuestarios. Por otro lado, tampoco ha logrado todavía conformar un gobierno, en el que ya existe de facto un cargo reservado al CSFA: el de ministro de Defensa, el mariscal Mohamed Tantaui. A pesar de todo, ha dado muestras de un refinado instinto político al intentar nombrar al exgobernador del Banco Central, Mahmud Abul Oyoun, como nuevo primer ministro, y de hacerse acompañar como vicepresidentes de una mujer y un cristiano copto.

El problema es que, a los ojos de los egipcios, Morsi será el principal responsable de la gestión de una economía que hace agua por todas partes, por lo que se arriesga a un rápido desgaste en la medida en que tiene visibilidad política pero no los medios para cumplir sus promesas.

La nueva Constitución puede, además, dejarlo convertido en una figura decorativa. Muchos sectores temen menos a los militares que al peligro de la islamización del país, lo que da alas a una casta militar que sigue percibiéndose como el único contrapeso real al creciente poder de los Hermanos Musulmanes. Los generales ya han advertido que no permitirán en ningún caso que la ley coránica se imponga sobre las leyes civiles".

miércoles, 11 de julio de 2012

Egipto y el Movimiento 6 de Abril

La revista Afkar/Ideas incluye en su último número de verano 2012 una entrevista de Carla Fibla al activista egipcio Ahmed Maher, del Movimiento 6 de Abril, uno de los principales artífices de las mannifestacines que pusieron fin a la presidencia de Mubarak.

afkar/ideas: ¿En qué momento considera que se encuentra la revolución egipcia?ahmed maher: Es una revolución que, como ha ocurrido en otros países en proceso de cambio, ha pasado por una serie de etapas, y deberá enfrentarse a otras fases, a muchas más. Los egipcios no estamos jugando la final de un campeonato, sino muchos partidos al mismo tiempo. Al principio, el movimiento social que generó la revolución fue muy fuerte; se despertaron muchas esperanzas, queríamos cambiar muchas cosas, modificarlo todo rápidamente. Pero el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF, sus siglas en inglés) no está dispuesto a perder el poder que ha ostentado en la sombra durante décadas. La SCAF quiere mantener su autoridad, controlar al régimen, porque existen diferentes caras e intereses del sistema y ellos están trabajando para preservar las que les afectan, controlar las que pueden perjudicarles.
Desde el comienzo de la revolución, la SCAF ha utilizado a las fuerzas islamistas y democráticas, como los Hermanos Musulmanes, contra nosotros, contra el movimiento de la calle que no está dispuesto a ser controlado de nuevo. Por ejemplo, ha intentando difundir rumores para destruir nuestra credibilidad en la calle, para debilitarnos y dividir al movimiento de jóvenes. Pero en este momento, después de haber pasado por etapas bastante complicadas en los meses de noviembre, diciembre, enero…  volvemos a estar en situación de fuerza porque ahora hay problemas entre los grupos islámicos y la SCAF. De hecho, ahora los grupos islámicos se están acercando a nosotros, nos buscan, quieren cooperar en las manifestaciones y acciones que organizamos. Nos han pedido perdón en privado por haber votado a favor de la reforma de la Constitución. Ahora dicen que esa opción en el referéndum fue un gran error. Los Hermanos Musulmanes han llamado a muchos miembros de nuestros grupos para que participen en las administraciones locales, en los barrios… y han prometido un cambio de actitud. A partir de ahora nos apoyarán escuchando más a la calle.
 
a/i: ¿Qué pretende obtener el Movimiento 6 de Abril de una colaboración con los Hermanos Musulmanes?a.m.: Los Hermanos Musulmanes no son como los salafistas. Estos representan a la derecha radical de la política de Egipto. En cambio, los Hermanos Musulmanes tienen una ideología conservadora y de derechas pero son muy pragmáticos. Han demostrado que pueden variar su estrategia si lo necesitan o si les compensa para alcanzar sus objetivos.

a/i: ¿Qué ha aprendido como activista en el último año y medio?a.m.: Que necesitamos construir una estructura mucho más estable, que son necesarias profundas raíces para avanzar. No lo hemos hecho hasta ahora porque los egipcios, el ciudadano medio, no estaban preparados. También debemos establecer un plan estratégico mucho más preciso de cara al futuro de nuestra lucha. Cuando comenzó la revolución carecíamos de ese plan y ahora es imprescindible para seguir avanzando porque ya no podemos improvisar más. Hay que centrarse en los momentos en los que se deben producir cambios concretos, hay que tomar las riendas de esta revolución.

a/i: ¿Cuáles son los objetivos para 2012?a.m.: Construir una organización sólida, con raíces en la sociedad a todos los niveles. Nosotros rechazamos las elecciones que se han celebrado hasta ahora, incluidas las presidenciales, pero creo que estaremos preparados para presentarnos con más de 20.000 candidatos a los próximos comicios locales y, por supuesto, lo haremos a las siguientes elecciones parlamentarias.

a/i: ¿Cree que el uso de las redes sociales, la comunicación a través de Facebook y Twitter se ha sobreestimado en Egipto, teniendo en cuenta el reducido acceso a Internet?a.m.: En 2008 fuimos los primeros que organizamos una huelga general a través de Facebook, a través de las redes sociales. Para nosotros la difusión de los mensajes, la capacidad para convocar, no fue una sorpresa porque antes de la revolución teníamos muy en cuenta que debíamos utilizar las redes de forma profesional. Ahora todo el mundo utiliza este medio de comunicación para hacer política, pero no llega a todas partes y por eso debemos mejorar su efecto real en la sociedad. Los medios de la red son viejos, es más importante llegar a los barrios pobres, y tener una mayor difusión entre los que no están conectados.

a/i: Pero, ¿diría que ha sido una de las vías que han ayudado a que triunfara la revolución? a.m.: Es una herramienta efectiva pero no llega a la mayoría de la población. Fue útil en la convocatoria del 25 de enero de 2011 porque hubo mucho apoyo externo, pero para las elecciones no tuvo un gran alcance. Grupos como los Hermanos Musulmanes tienen gente que les apoya en los barrios populares en lugar de estar centrados en las redes sociales, y eso es práctico y efectivo.

a/i: ¿Está el Movimiento  6 de Abril unido?a.m.: Tenemos algunos problemas. Tras la revolución estábamos muy unidos pero después miles de personas querían entrar en el movimiento. Se unieron grupos sin principios, y como todo sucedía tan rápido, sin tiempo para tomar decisiones y analizar, muchos miembros boicotearon el movimiento desde dentro. Eran pequeños grupos que querían cambiar la ideología principal, lo rechazamos  y se fueron. También había infiltrados del PND, con buena relación con la seguridad, no les cogimos al principio pero luego empezaron a crear problemas y les localizamos y expulsamos. Ese grupo se ha unido a otros y ahora son el Frente y trabajan contra nosotros, contra los movimientos originales, para intentar debilitarnos. No son todos malos, pero los que los controlan sí lo son. Han expandido rumores falsos o cuestionan cosas estúpidas. Calculamos que en un año todo estará claro.

martes, 10 de julio de 2012

¿Guerra civil en Siria?

Hace una semana, el intelectual palestino Salama Kayle publicó, en el diario al-Hayat, este artículo titulado "¿Guerra civil en Siria?", que es recogido del blog Traducciones de la Revolución Siria. La foto que le acompaña la realicé la semana pasada durante su conferencia en Casa Árabe.

"El tono que domina en Siria ha entrado en la etapa de la guerra civil. ¿Ha entrado Siria en esa etapa de guerra civil? Eso es lo que ha indicado Kofi Annan y también lo que ha dicho Ban Ki Moon. Del mismo modo se ha convertido en el titular principal de los grandes periódicos internacionales, que se repite en los periódicos árabes.

Lo primero es necesario que sepamos cuál es el significado de una guerra civil, porque como suele pasar, se utilizan los vocablos sin determinar el significado que se quiere dar a entender o simplemente circulan con distintos significados. La guerra civil normalmente está ligada a una lucha que no es entre el pueblo y el poder gobernante, sino entre sectores del pueblo mismo. La guerra civil libanesa fue entre dos partes que se dijo que representaban a sendas sectas (cristianos y musulmanes) y la guerra civil española fue entre los que estaban a favor de la república y los que apoyaban la monarquía, pero ambos bandos eran del pueblo. En este sentido, la guerra aquí se está convirtiendo en una guerra entre sectores del pueblo y el poder gobernante en una guerra entre sectores del propio pueblo, o que comenzó en un principio como una lucha entre sectores del pueblo.

En Siria, todo lo que se indica es que hay una lucha que ha pasado de ser una lucha entre el pueblo y el poder gobernante a ser una lucha entre sectores del pueblo en sí mismo. Lo que se quiere decir aquí es que la lucha se convierte en una lucha sectaria (suní-alauí) concretamente. La justificación que suele aducirse son las masacres que cometen “fuerzas” del poder (los shabbiha), y las reacciones a ellas. La última ha sido la masacre de Al-Hula (y otras masacres posteriores). También se suele señalar que se están expandiendo las actividades del Ejército Libre para decir que la lucha se está convirtiendo en una guerra civil.
Sobre el terreno, la lucha entre el pueblo y el régimen se mantiene, ya que los sectores participantes en la revolución se han expandido y el poder se ha quedado sin base popular, o incluso social, tras pasar los comerciantes de ser un apoyo del régimen y financiadores de los shabbiha a estar convencidos de la necesidad de la marcha del poder, pues parece incapaz de poner fin a la lucha y lograr la estabilidad necesaria para la actividad económica. Algunos de ellos han dado un paso más anunciando la huelga.

A pesar de todos los intentos del poder de provocar la lucha sectaria durante meses, especialmente en Homs, las reacciones populares se han centrado en la lucha con el poder y no con una secta a la que el régimen quiere empujar a una guerra sectaria (me refiero aquí a los alauíes) para garantizar su aferramiento a este régimen por el hecho de que miembros de esta secta conforman su “estructura más sólida”. Las reacciones que hayan ido más allá de esto han sido momentáneas. Así, la lucha sigue estando centrada en las formas con las que la revolución comenzó y las que ha mantenido, sin caer en una guerra sectaria como desea el poder.

Por el contrario, no podemos decir que los alauíes hayan entrado en una lucha sectaria. Hay shabbiha que matan y son entrenados en el marco de la red de la mafia que se fundó con Yamil al-Asad (hermano de Hafez) y que han heredado Rami Makhlouf y Maher al-Asad. Es decir, son un sector mafioso militar ligado a los intereses de quienes dominan el poder. En lo que respecta a los alauíes, a pesar de que parezca que están aferrados al poder, en muchos pueblos y ciudades lo que sucede es que tienden a retrotraerse por miedo a las reacciones que pueden darse como resultado de las masacres del poder y las prácticas de los shabbiha.

En consecuencia, no percibimos que la situación haya llegado a la etapa de guerra civil, ni parece que vaya a llegar ya que la lucha se ha centrado en torno a las demandas del pueblo y al enfrentamiento al poder, que le ha llevado a la situación en la que ahora se encuentra. Por ello, continúan las manifestaciones y se expanden las actividades del Ejército Libre contra el poder, mientras el objetivo central sigue estando presente: derrocar al régimen y no caer en una lucha sectaria. Los jóvenes que juegan el papel clave en la revolución son conscientes de que su lucha es con el poder, y con ello la defienden activamente, pues su objetivo es derrocar al régimen. A pesar de que se hayan cometido excesos, la lucha ha seguido siendo una lucha del pueblo contra el régimen, y así seguirá siendo gracias a la lucidez de aquellos.

A tenor de lo dicho, puede decirse que hablar de una guerra civil es, bien resultado de un entendimiento erróneo (a veces debido a una tergiversación de los conceptos o a la precipitación en la emisión de juicios), bien resultado de un intento de convertir la lucha en una guerra civil. Esto último parece claro en la política de algunos países que dicen que apoyan a la revolución, y empujan a que se arme para convertir la revolución popular en una guerra armada con fuerzas disfuncionales desde el principio, nutrida de fundamentalistas que tal vez intenten que la situación derive en una guerra sectaria, con la esperanza de que se produzca una intervención imperialista. Por tanto, mucho de lo que se publica en los medios occidentales y árabes no es inocente, ni es el producto de una mirada realista o un error “de conocimiento”. Lo que parece claro es que hay quien no quiere que la revolución siria salga victoriosa, y piensa que lo mejor para abortarla es convertirla en una guerra armada que adopte un cariz sectario. Esto es lo que ha querido el poder desde el principio.

En Siria no hay una guerra civil, ni creo que la vaya a haber, porque el pueblo tiene la determinación de derrocar al régimen".

lunes, 9 de julio de 2012

Entrevista con Wassyla Tamzali

Mediterráneo Sur nos ofrece una entrevista con la escritora y feminista argelina Wassyla Tamzali (Argel, 1941) realizada por Alejandro Luque en el que analiza la islamización registrada en los países del Magreb, la situación de la mujer y las revoluciones árabes.

"Tamzali ejerció como abogada en su Argelia natal antes de dirigir, durante casi veinte años, el programa de la UNESCO que vela por la igualdad de género. También directora del Programa de cooperación transmediterránea en beneficio de las mujeres de esa organización, desde 1996, esta argelina ha publicado libros como El burka como excusa (2001) o Carta de una mujer indignada (2009).

Usted, que vivió una revolución hace muchos años, ¿qué consejo puede dar a las mujeres que hacen la revolución hoy?
Si tengo que dar un consejo, es que piensen que detrás de cada revolución hay una contrarrevolución. Es un hecho histórico. Sucedió también en la Revolución Francesa. En cuanto empiezan a surgir indicios de libertad, de inmediato surge algo contra la libertad. Es un principio que no se debe olvidar.

¿También ocurre en las revoluciones islámicas?
Los movimientos islamistas hoy día no son movimientos revolucionarios.Los europeos piensan que en los países árabes hoy únicamente puede haber revoluciones islamistas. Es falso. Los islamistas son la contrarrevolución. Se ha visto en Irán y lo estamos viendo hoy en los países musulmanes. Y es una contrarrevolución muy fuerte, porque la llevan a cabo no sólo los islamistas sino todas las fuerzas reaccionarias de los países.

¿El islamismo es la causa por la que las mujeres, que han tenido tanto protagonismo en la Primavera Árabe, están ahora más apartadas?
Sí, es cierto. Porque en el primer movimiento, las mujeres estaban muy presentes. Como sucede siempre que se da un acontecimiento histórico, las mujeres estaban allí. Luego, cuando alguien se pone a organizar el poder, las mujeres desaparecen. Es casi un principio universal. Pero hay que añadir también que cuando las mujeres salieron a hacer la revolución árabe en Egipto, Túnez, en todos los países, no salieron como feministas sino como ciudadanas, como mujeres. No por los derechos de las mujeres. Aunque todas las feministas salieron, no todas las mujeres son feministas. Salieron por el cambio. Por echar a los políticos. Y cuando el cambio llegó, ellas volvieron a casa. Pero en Túnez, las feministas siguen aún en la calle, todos los días...

Saben que es importante visualizarse, hacerse presente, ¿no?
Cuando las mujeres salen, aunque no sean feministas, están haciendo una transgresión. Porque las mujeres en los países al sur del Mediterráneo no están en el espacio público. El espacio público, el espacio político, es de los hombres. Salirse del rol es ya, de alguna forma, una revolución. En la guerra de Argelia, todas las mujeres participaron al igual que los hombres. No por los derechos de las mujeres, sino para liberar el país. Cuando el país fue liberado, también ellas volvieron a casa. No es que los hombres las hicieran volver a casa, ellas lo hicieron por su propio pie.

En su libro Mi tierra argelina dice que lo más difícil en una revolución es reconocerse como individuo, separarse de la tribu, que lo absorbe todo. ¿Es ahora más fácil?
Sí, porque por primera vez, en los países del sur del Mediterráneo —no me gusta la definición “árabe-musulmán”, no es exacta—, en los países del Magreb y del Oriente Medio mediterráneo, hemos sido testigos de una revolución existencialista. Los jóvenes no han hecho la revolución por la nación, sino para ellos. Quieren ser libres. Es una palabra que se ha pronunciado por primera vez en el mundo árabe.
¿Le han sorprendido los resultados de las elecciones, el que los islamistas sean la segunda fuerza más votado?
No, en absoluto. Porque se habla de la Primavera árabe, pero yo diría que es el deshielo. Tras cincuenta años, es el fin del poscolonialismo. Pero ¿qué saldrá de ahí? Wassyla TamzaliTodo ha estado bajo el poder, encima estaba el glaciar, y debajo los monstruos, que no han visto la luz del día. Los salafistas son monstruos. Hay que darse cuenta de que no se puede discutir, no se les puede hacer pensar. Están fuera de nuestros pensamientos. Es un movimiento fascista, y grande.Es como el nacimiento de un clerismo.

¿De dónde sacan su fuerza?La manipulación de la política, la corrupción, la manipulación de la identidad, la deslegitimación de las fuerzas vivas: las mujeres, los bourgeois, los intelectuales, los francófonos... de todos se ha dicho: son traidores a la patria. Han creado un odio contra nosotros, y a la vez, con esta ambigüedad, ellos también representan de cierta manera la modernidad.

¿Cuál es la ambigüedad?Cuando doy conferencias, siempre hay alguien que se levanta y pregunta: ustedes, porque son laicos, han dirigido el país durante 50 años, ¿por qué no dan ahora la oportunidad a los islamistas? Pero, ¿quién era laico? El Ejército argelino, ¿es laico? El rey de Marruecos, ¿es laico? ¿Bourguiba era laico? ¿Ben Ali es laico? No. El laicismo es una actitud ética. Pero los que ahora aparecen como las víctimas del régimen son los islamistas. Porque los demás, dicen, son laicos. ¿Ves la ambigüedad?

Es una doble moral...Es una doble moral. Mientras que metían a los islamistas en la cárcel, les dieron todo lo que podían darles: la sociedad, las mujeres, los niños, la cultura, la televisión... Todo, les han dado todo a los islamistas. El Código de la Familia argelino... Nada, ni una decisión valiente, el gobierno no ha tomado ni una decisión que lanzara el país al futuro. Porque su única idea era mantener el poder. Y luego han entendido que había que negociar con los islamistas, pero no darles el poder. Han negociado todo. Y ahora, con la revolución, todo eso sale". 

jueves, 5 de julio de 2012

Khoja sobre el CNS

Víctor de Currea-Lugo entrevista en el diario colombiano El Espectador al miembro de la dirección ejecutiva del Consejo Nacional Sirio: el activista Khaled Khoja, que jugó un activo papel en la Declaración de Damasco.

¿Cuál es la naturaleza del CNS? ¿De dónde viene su legitimidad para hablar a nombre del pueblo sirio?
Cuando sucedió el levantamiento en Daara, en marzo de 2011, que posteriormente se extendería a todo el país, no había oposición política en Siria. Nosotros pensamos aquí, en Turquía, en crear una organización que agrupara a los sirios fuera de Siria y empezamos un largo proceso de negociación para conocernos. En julio un grupo en Damasco decidió reunirse y contactar a la oposición en el exterior, la policía los atacó, mató a 23 de ellos y detuvo al resto. Desde marzo hasta octubre nos juntamos personas de los Hermanos Musulmanes, islamistas, seculares, kurdos, alauíes y otros, creando en octubre el CNS. Nuestra estrategia es contar con una “Convención Nacional” que represente lo que va a ser la Siria del futuro: civil, democrática, pluralista, respetuosa tanto de los derechos individuales como de los derechos colectivos, de los derechos de las minorías, de usar sus lenguas, de ser parte de este proceso.

¿Cuál es la relación entre el CNS y los rebeldes armados del Ejército Libre Sirio (ELS)? ¿cómo va el debate interno sobre la lucha armada?
El ELS es una realidad. Las protestas de cada viernes tienen un nombre propio, uno de ellos fue llamado “el CNS me representa” y otro fue llamado “el ELS me protege”, esas fueron las dos demandas del pueblo a los grupos de oposición. El ELS no tenía al comienzo muchas capacidades militares, hoy son 120 mil miembros, de los cuales 50 mil son desertores del ejército. Al comienzo nosotros convocábamos protestas pacíficas, pero ahora enfrentamos otra realidad. Al Asad fue subiendo el nivel de violencia contra el pueblo.

Fracasó la propuesta de paz de la Liga Árabe, la de Naciones Unidas y ahora las propuestas de Kofi Annan…
Una vez que el régimen usó las armas contra los muchachos de Daara, supimos que este régimen estaba llamado a caer. Cuando la comunidad internacional intervino, lo hizo sin estar preparada para un nuevo régimen y por eso jugó a mediar, sin mecanismos concretos para garantizar que el régimen dejara de matar a su pueblo. Llamar al diálogo favorece al régimen sirio porque le da un respiro. La única manera de detener el régimen es usando la fuerza contra él. Cuando la masacre de Houla sucedió, la gente llamó a los observadores de la ONU y contestaron que no podían ni protegerse ellos mismos.

¿Cómo ve el apoyo que Turquía da a la oposición siria?
Cuando Al Asad llegó al poder, Turquía trató de apoyarle y siguió muy de cerca lo que pasaba en Siria; mientras tanto, los intentos de organización de la oposición fueron reprimidos. Ahora, cuando Al Asad usa la violencia contra su pueblo, Turquía nos muestra su apoyo, nos da sustento logístico y la posibilidad de reunirnos aquí. Pero ellos no van a intervenir sino en el marco de una coalición internacional.

¿Cuál es la agenda de Israel?
¿Sabes cuál es el mejor enemigo? Aquel que es lo suficientemente fuerte para controlar la situación, pero lo suficientemente débil para no atacarte. Al Asad es el mejor enemigo de Israel, nunca haría nada en su contra. Para Israel es simple: es mejor malo conocido que bueno por conocer.

Para algunos observadores, si Siria cae, será usada por los Estados Unidos para atacar a Irán.
El pueblo sirio está pidiendo libertad. Al Asad pudo haber evitado todo esto con haber escuchado a su pueblo. Seamos claros, los sirios no van a cambiar su mentalidad en un día, y además queremos tener buenas relaciones con todos nuestros vecinos, incluyendo Irán. Por otro lado, en el fondo los Estados Unidos no están preocupados por los sirios sino por cuál será la Siria después de Al Asad. Por eso la comunidad internacional lo mantiene en el poder hasta estar segura de qué pasará al día siguiente de su caída.

Según algunas agencias de prensa, los rebeldes sirios no son tales sino más bien agentes de la CIA o del Mosad o de Al Qaeda.
Si tu pones mi nombre en Google en árabe, vas a encontrar un tipo como yo luciendo una pañoleta, en la televisión israelí, diciendo: “Ven Israel a salvarnos de Hizbolá y de Irán” (risas). Es toda una campaña de propaganda negra contra la revolución. Es cierto que hay unos grupos sin control que se han colado por las fronteras, pero en el contexto general ellos tienen muy poco espacio.

Finalmente, ¿quién controla qué en Siria hoy?
En total, el 70% del país está en manos de la oposición, incluyendo Alepo y Hama. ¿En cuánto tiempo caerá el régimen? Depende del apoyo de la comunidad internacional. Tenemos que prepararnos desde ya para una transición, contactando todos los grupos rebeldes para tener un ejército fuerte que pueda responder por la seguridad. Por otro lado, tenemos más de 100 mil paramilitares (conocidos como shabbiha, matones) sirviendo al ejército de Siria. Después de la caída del gobierno tememos que la situación se salga de las manos. Turquía podría ser parte de unas Fuerzas de Mantenimiento de Paz, que necesitamos una vez caiga Al Asad. Pero ahora no queremos una intervención militar en Siria, lo que necesitamos es contar con la entrega de apoyo militar".

miércoles, 4 de julio de 2012

Turquía y la cuestión kurda

David Meseguer entrevista, en las páginas del diario Gara, al diputado kurdo Ertugrul Kurkçu del partido turco Paz y Democracia: "No es posible solucionar el conflicto kurdo sin los kurdos", que nos acerca la realidad de los kurdos en Turquía.

¿Cómo valora la creciente oleada de detenciones y sentencias judiciales contra políticos, sindicalistas y activistas kurdos?
Los más de 6.000 detenidos suponen una media de diez arrestos diarios durante el último año y forman parte de la oleada de represión que se inició en 2009 y que se ha acelerado después de los comicios generales de 2011 a causa de los buenos resultados del BDP. La nueva estrategia de seguridad del Gobierno turco tiene como objetivo obstaculizar cualquier tipo de negociaciones para que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) mantenga su lucha armada y así criminalizar el movimiento de liberación kurdo de cara a la opinión pública y legitimar su represión política, militar y judicial.

¿Se sienten decepcionados con la reacción de la Unión Europea y la comunidad internacional?
La represión domestica en Turquía contra el movimiento kurdo cuenta con un gran nivel de tolerancia por parte de la UE y EEUU a pesar de las evidentes violaciones de los derechos humanos. Para acabar con el movimiento kurdo, la represión política y las acciones militares contra el PKK están siempre justificadas bajo el pretexto de que es una organización considerada terrorista. Además, Occidente necesita el apoyo de Turquía contra Irán, principal aliado del pesidente sirio, Bashar al-Assad.
¿Qué le parece la utilización propagandística que hace el Gobierno turco de los kurdos en Siria al afirmar que el PKK colabora con Al-Assad?

El Ejecutivo de Erdogan carece de credibilidad desde el momento que defiende los derechos humanos en el extranjero y encarcela niños en su propio Estado. Los kurdos no tienen ninguna razón para apoyar a Bashar al-Assad en la represión del pueblo sirio y también son lo bastante inteligentes para no respaldar a los fundamentalistas del Ejército Sirio Libre. Turquía no puede utilizar el estatus de los kurdos de Siria para justificar una intervención militar exterior en la república árabe. Desde el BDP estamos totalmente en contra de una intervención militar en Siria, no porque defendamos a Al-Assad, sino porque Turquía aprovechará la invasión militar para atacar a los kurdos de Siria y desestabilizar aún más Kurdistán.

La formación kemalista CHP ha presentado una hoja de ruta para resolver el conflicto kurdo y su primera reunión ha sido con el AKP, ¿Es posible resolver este largo conflicto político sin los kurdos?
No es posible solucionar el conflicto kurdo sin contar con los kurdos. Que solo se hayan sentado a negociar el Partido Republicano del Pueblo (CHP) y el gubernamental Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), significa que no es una discusión plural. El Gobierno trata de simplificar y reducir el conflicto a problema de terrorismo y el CHP comparte esta visión. A pesar de que el CHP ha planteado la iniciativa, el AKP es consciente del inexistente nivel de representación política del partido opositor en las regiones kurdas.
El objetivo es sacar el BDP y el Partido de Acción Nacionalista (MHP) de la agenda política y resolver el problema conjuntamente. Si realmente se quiere abordar la cuestión kurda, las negociaciones deben ir acompañadas de un cese de la violencia militar y de una reforma del código penal para frenar la represión judicial.

¿Qué esperan de la nueva Carta Magna?
Hace 20 años la independencia era el principal objetivo a conseguir mediante la lucha armada, ahora queremos un estatuto de autonomía en el marco del Estado turco que garantice los derechos democráticos fundamentales de los kurdos. Las organizaciones de izquierda que defienden el movimiento kurdo y el reconocimiento de otros pueblos en Turquía hemos unido esfuerzos bajo el paraguas del Congreso para una Sociedad Democrática (DTK) y estamos trabajando en la creación de una nueva coalición política que comience a funcionar en 2013. Su puesta en marcha ha sido respaldada por Abdullah Öcalan y el objetivo es concurrir a las elecciones municipales del año que viene. Si podemos incrementar el número de municipios y romper la barrera electoral del 10%, la coalición será el principal rival político del AKP.

Pronto se cumplirá un año de aislamiento del líder kurdo Abdullah Öcalan en la prisión de Imrali. ¿Qué valoración hace?
Abdullah Öcalan se ha ganado en Turquía el estatus de líder político y es la única figura que aglutina todas las facciones y sensibilidades que existen en el seno del movimiento de liberación kurdo. Además, es uno de los pensadores con más experiencia y que más soluciones está presentando para resolver la cuestión kurda. Silenciar a Öcalan significa silenciar el debate sobre la solución del conflicto kurdo. Nuestra intención es colocar este tema en la agenda política del país y empezar un debate en la Comisión de Dere- chos Humanos del Parlamento turco.

¿Qué opina de las trabas y poca trasparencia del Gobierno en la Comisión de Investigación de la masacre de Roboski?
La responsabilidad de la masacre recae sobre la cúpula militar y el Gobierno de Erdogan, tanto por haber dado el visto bueno a los bombardeos, como por obstruir la investigación del Tribunal de Diyarbakir y de la Comisión de Investigación al no facilitar la documentación necesaria. El Parlamento turco también tiene parte de responsabilidad porque es quien autoriza las operaciones militares transfronterizas y da el visto bueno para llevarlas a cabo. Queremos saber cómo y quiénes ordenaron el ataque. Si no no podemos avanzar en las investigaciones.

martes, 3 de julio de 2012

Siria: suma y sigue

Ya hemos hecho referencia en alguna ocasión al blog de Jesús Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), en El País llamado Extramundi. Una vez más volvemos a recurrir a él para recuperar su última reflexión "Siria, desgraciadamente, suma y sigue".

"El régimen sirio sale desgraciadamente fortalecido del incidente que supuso el reciente derribo de un avión de combate turco. Ya anteriormente, con la matanza de Hula, quedó claro que la comunidad internacional no está dispuesta a implicarse directamente en la resolución de la crisis que afecta a Siria desde marzo de 2011. En aquella ocasión se limitó a “tomar nota” del asunto, sin mover un solo músculo para demostrar a Bachar el Asad y sus secuaces que al haber cruzado una línea roja tendrían que enfrentarse a una respuesta rotunda. Al no ocurrir nada de eso, el mensaje que recibió Damasco es que contaba con sobrado margen de maniobra para seguir reprimiendo por la fuerza a quienes se opusieran en las calles sirias a sus designios.

Ahora, con la débil respuesta dada al ataque antiaéreo sirio, cabe imaginar que esa percepción se acentúa en la mente de los responsables de un régimen que sigue empeñado en conservar el poder a toda costa. El publicitado despliegue turco de sistemas antiaéreos en la frontera con su vecino sirio no logra ocultar en modo alguno la falta de voluntad- tanto de Ankara como de la OTAN- para ir más allá de lo visto hasta ahora. Las autoridades turcas han intentado, sin mucho éxito, convencer a sus socios de la Alianza Atlántica de que la crisis siria es mucho más que un asunto interno. Todo se ha quedado en declaraciones formales de repulsa (en el marco del artículo 4 del Tratado, que solo plantea consultas; evitando tener que referirse al 5, que constituye el núcleo de la defensa colectiva ante un ataque recibido por uno de los 28 aliados).
Es obvio, que ni Ankara ni la Alianza están hoy en condiciones de implicarse militarmente contra el régimen sirio. Turquía porque no puede asumir en solitario una tarea que sobrepasa sus capacidades. Y otros, como Estados Unidos y los principales miembros de la Unión Europea, porque no quieren empantanarse en un escenario que se adivina mucho más complejo que el de Libia (tanto por ser mayores las capacidades militares del enemigo como por el temor de provocar una reacción de otros actores, desde Irán a Rusia, que aumentaría aún más la dificultad de llegar a una pronta resolución).

En definitiva, tanto unos como otros prefieren seguir adelante con unas acciones que dejan poco menos que al albur el fin de la violencia o el colapso de la camarilla que encabeza el Asad. Todo apunta a que Catar y Arabia Saudí, con una innegable implicación estadounidense, seguirán armando a los llamados rebeldes. Por su parte, tanto Rusia (con helicópteros y la promesa de modernos misiles antiaéreos) como Irán (con miembros del Cuerpo de Guardianes de la Revolución y con medios de inteligencia) y actores libaneses como Hezbolá (con combatientes ya desplegados en territorio sirio) seguirán tomando partido por un régimen que no consideran a punto de quebrarse (las también publicitadas deserciones de algunos pilotos no cambian el desequilibrio netamente favorable a las fuerzas del régimen).

Quien queda identificado como perdedor principal de este orden de cosas es, irremisiblemente, el conjunto de la población siria que ha perdido el miedo al dictador y sigue empeñada en mostrarlo públicamente. A la espera de una ayuda militar que no llega en volumen suficiente para que el Ejército Libre de Siria o cualquier otro actor combatiente sea capaz de enfrentarse en fuerza al poder vigente, la ciudadanía siria está experimentando en sus propias carnes un ejemplo más de lo que significa la realpolitik. ¿Por cuánto tiempo más?".

lunes, 2 de julio de 2012

Siria ¿en guerra civil?

El blog de la periodista Mónica Leiva se llama El diván de Ibn Battuta. En él se incluye la entrada "Siria, ¿en guerra civil?", que reflexiona sobre si estamos ya inmersos  en una guerra fraticida entre los  propios sirios. Comienza aludiendo a un debate que tuvo lugar hace unos meses en un encuentro del FIMAM  celebrado en Madrid en el que participé y en el que he vuelto a reflexionar en varias ocasiones en los últimos meses.

"Hace ya algunos meses, en la XIV Asamblea del Foro de Investigadores del Mundo Árabe y Musulmán (FIMAM) surgió la cuestión de si la situación en Siria podía derivar en una guerra civil (sobretodo en una articulada por factores étnicos como en El Líbano o en Iraq). Pocos debates son más divisorios en el seno de la comunidad académica dada la creciente complejidad de los conflictos actuales. El adjetivo “civil” no es plenamente satisfactorio puesto que, más allá del pueblo llano, también los militares y las guerrillas están involucrados. Podríamos llamarlos conflictos “internos” pero eso tampoco sería del todo satisfactorio dado la preponderancia que tiene el entorno regional e internacional en el origen, desarrollo y desenlace de los acontecimientos.

La multiplicidad de las causas y de actores, la interrelación de factores políticos, económicos y socioculturales de diversa índole, hace difícil incluso para los propios nativos dilucidar si la violencia en la que están inmersos es puramente civil o de otra índole (como en una guerra por delegación, por ejemplo). Muchos libaneses tardaron años en llamar a su guerra “civil”. Los iraquíes siguen preguntándose a día de hoy si lo que les sucede es o no un conflicto propio. Lo mismo ocurre con los palestinos. Desde la segunda mitad de los años 1980, nos encontramos con conflictos complejos, que a medida que avanzan y aumentan de intensidad van incorporando nuevas causas, actores y objetivos.

Dicho esto regresemos al caso que nos ocupa. Fui testigo de la dinámica del conflicto actual en Siria durante seis semanas entre abril y mayo de 2011 (la revolución había empezado en marzo, recordemos). El Viernes Santo el eco de un tiroteo a pocos metros del muro que rodea la ciudad vieja de Damasco sembró el pánico entre los habitantes cristianos. Estas comunidades minoritarias que apoyan abiertamente al régimen de Bachar el Asad se sentían, ya por aquel entonces, objeto de la ira de los manifestantes.

Aunque pocas horas antes quitaban importancia a las protestas y la represión que se multiplicaba por la geografía del país (“son sólo cuatro chavales en paro; clanes de mercenarios”, “en un mes se habrá acabado todo”) una sola ráfaga solitaria bastó para sembrar el pánico en los otrora tranquilos barrios de la vieja Damasco. En medio de la barahúnda se organizaron comités populares de vigilancia y defensa, haciendo acopio de palos, porras e incluso hachas; empujando a niños y mujeres hacia el interior de las casas; cerrando comercios; mientras miembros del clero indicaban a los hombres las entradas, esquinas y terrazas en las que debían apostarse para ejercer la defensa de lo que se consideraba una ataque inminente.

¿A quiénes temían aquellas personas de manera tan visceral?. Obviamente a “los sunitas”, los protagonistas de la revuelta, más de el 70% de la población de Siria; los mismos que, según vela la memoria local, en 1860 martirizaron a siete monjes franciscanos españoles cuyas reliquias siguen siendo exhibidas y veneradas con gran fervor por los cristianos latinos de Bab Tuma. La anécdota del Viernes Santo, más que ninguna otra de las que me tocó vivir, supuso para mí el reflejo inequívoco de que los cristianos –y los alauitas y drusos–, interpretaban el conflicto desde el principio como una prueba de fuego para la supervivencia de su comunidad en Siria.

Pero vayamos por partes. Lo que presencié en la primavera de 2011 fue, sin duda, una revolución  genuina, iniciada por la toma de conciencia de parte de la población de la opresión, la corrupción, y la miseria que la actuación de sus gobernantes acarreaba. Por contra, la oligarquía, el aparato burocrático, las élites políticas y militares, y la nueva clase media-alta (surgida la última década como resultado de la reforma económica de liberalización del mercado sirio) eran entonces reticentes a condenar al régimen. Lo mismo ocurría con la mayoría de las minorías religiosas, incluyendo a los cristianos, los drusos y los alauitas (la secta chiíta a la que el presidente El Asad pertenece).

Efectivamente, el conflicto empezó como un movimiento de liberación y reforma liderado por un grupo étnico mayoritario, destinado a acabar con un régimen brutal y corrupto. Eran motivaciones sociales y políticas las que aglutinaban a los manifestantes. No pude documentar entre las comunidades sunitas o chiítas hostilidad dirigida hacia las otras identidades étnicas o religiosas del país, pero sí la existía contra el régimen y sus simpatizantes. Y casualmente, a grandes rasgos, las comunidades religiosas minoritarias dentro de Siria apoyan abiertamente el régimen en el poder, como una cuestión de vida o muerte. Ya entonces era previsible que, si bien las rivalidades entre los bandos respondían claramente a un trasfondo político y económico, en el futuro podrían solaparse con rivalidades tribales y étnicas dado que la clientela política del régimen la engrosan, en una parte considerable, miembros de las minorías religiosas.

Desgraciadamente, con el agravamiento de la situación, el componente religioso va adquiriendo peso en Siria. Los crímenes del régimen (de los cuales la matanza de Houla marcó un antes y un después) están empujando a los sirios a replegarse entorno a su grupo étnico-religioso, a falta de otros principios movilizadores transversales (como la lucha de clases). Las primeras iglesias han ardido ya, a la vez que llegan los ecos de nuevas masacres; los miles de refugiados sirios que buscan asilo en los países vecinos lo hacen entre sus propias comunidades religiosas, donde se sienten seguros. La exacerbación y la manipulación de la identidad étnico-religiosa por los actores internos y externos está creciendo más y más, reduciendo hasta casi eliminar las reivindicaciones políticas y sociales que provocaron el conflicto en primera instancia.

¿Cabe esperar que si mañana Bachar el Asad abandona Siria las diferentes comunidades del país van a dirimir sus diferencias entorno a una mesa de negociaciones?. Personalmente, creo que la caja de Pandora se abrió en el momento en que los manifestantes tomaron las armas y se convirtieron en revolucionarios. Es cierto que el conflicto no ha adquirido todavía las dimensiones de una guerra civil a gran escala. La sociedad siria no está movilizada totalmente para la guerra porque, por el momento, no lo precisa. Es el Ejército Libre de Siria el que lidera y racionaliza los enfrentamientos con sus tácticas guerrilleras. Pero no nos engañemos: más allá de las influencias externas (que existen y hay que considerarlas) los sirios están luchando entre ellos, y no es precisamente la democracia lo que está en juego, sino el cetro del poder".