lunes, 11 de diciembre de 2017

Jerusalén, capital de Palestina

Como muchos de vosotros, estos días he estado haciendo seguimiento de los efectos que ha tenido en Oriente Medio la funesta decisión del presidente norteamericano Donald Trumo de reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Una nefasta decisión que tendrá consecuencias nocivas para el conflicto, pero que no creo que desate una nueva Intifada. He escrito dos artículos sobre el asunto. Uno para el diario ABC que salió publicado el sábado y este otro, más detallado, que hoy aparece en El Correo hoy lunes. Aquí os lo dejo por si es de vuestro interés.

Oriente Medio vive instalado en la incertidumbre tras la decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Una vez más, EEUU ha decidido respaldar las posiciones israelíes en uno de los asuntos más delicados del proceso de paz. Con esta medida, el presidente cumple una de sus promesas de la campaña electoral, pero a costa de poner en tela de juicio uno de los principios que ha guiado la política exterior norteamericana en las últimas siete décadas: la neutralidad en torno al futuro de Jerusalén. El movimiento de Trump también cuestiona el papel de mediador que ha venido desempeñando EEUU en el proceso de paz de Oriente Medio, ya que ha demostrado estar claramente posicionado a favor de una de las partes. Así las cosas, va a ser muy difícil que los palestinos vuelvan a confiar alguna vez en la honestidad de Washington.
Jerusalén recibirá su primera embajada: la de Estados Unidos.
Debe tenerse en cuenta, además, que los riesgos de esta decisión podrían superar con creces a sus posibles réditos. En los últimos meses, los líderes del mundo árabe han advertido una y otra vez al presidente norteamericano de que revisase su postura. Los aliados tradicionales de EEUU en Oriente Medio, entre los que se incluyen Arabia Saudí, Jordania o Egipto, han intentado persuadir sin éxito a Trump de que diera marcha atrás por temor a que este reconocimiento desestabilice aún más la región y refuerce a los movimientos extremistas. En esta tarea han contado con el apoyo de destacados miembros de los Departamentos de Estado y de Defensa norteamericanos, que también han recomendado congelar la decisión debido al daño que provocaría en la credibilidad de EEUU en Oriente Medio.