jueves, 3 de mayo de 2012

La contrarrevolución siria y su influencia en Líbano

El blog Yahanestán: opinión y sociedad sobre Oriente Medio, elaborado por Moisés Garduño y habitualmente centrado en Irán, dedica una reflexión a los efectos regionales de la crisis siria: "La contrarrevolución en Siria y la influencia en Líbano". A continuación algunos de sus extractos:

"En Siria, aunque la oposición está dividida en varios grupos, la voluntad de Estados como Arabia Saudí y Qatar está perfilada a seguir el modelo de "armar a los rebeldes" (término usado en Libia etiquetado por los medios Occidentales). La reciente captura de un barco  procedente de Libia, registrado en Sierra Leona y con un cargamento de armas con destino a Siria,  es una noticia que levanta las sospechas sobre el inicio del rearme del Ejército de Liberación Sirio por parte de los Estados del  Golfo, a pesar de la posición cautelosa de Estados Unidos al respecto unas semanas atrás.
 
Sin embargo, el hecho de que el barco haya sido enviado vía Líbano y no a través de otra zona (como las aguas turcas por ejemplo) implica voltear a ver las declaraciones hechas por Hezbollah en dicho escenario, actor que no dudó en elogiar el papel del ejército libanés en el decomiso del armamento. El destino del barco habría de ser el puerto de Tripolí, el puerto libanés más cercano a la base naval de Tartus en Siria, una zona que en estos momentos está ampliamente vigilada por personal ruso y algunos militares del Ejército regular sirio tal como lo está el sur del país y la frontera con Israel. El hecho de que el ejército libanés encabezara el decomiso implica un telón de fondo por parte de terceros estados para evaluar la conducta del ejército libanés con respecto al envío y verificar si este llegaría a su destino o no, esto en el marco de las declaraciones de Joseph Lieberman, senador estadounidense que se encuentra en Líbano para negociar el "supuesto paso de vehículos de Naciones Unidas para apoyar a los refugiados sirios" y quien el día de ayer, ante reporteros internacionales, declaraba que "Líbano debería hacer un esfuerzo para apoyar a la oposición Siria y develar su disociación de lo acontecido en el conflicto sirio hasta el momento". El resultado, sin embargo, fue claro, Líbano en general y Hezbollah en particular, no están interesados en involucrarse directamente en éste ni en ningún otro conflicto de la denominada "Primavera árabe", esto simplemente porque no está en sus agendas políticas lidiar con  cuestiones como la democracia, los derechos civiles o la repulsión a vivir en ghetos. Las armas, entonces, se decomisaron, el gesto político de Líbano es, al igual que muchos Estados como Jordania, el propio Israel e Irán, no al polvorín Sirio.
Y es que armar a grupos en Siria conlleva un mayor derramamiento de sangre por parte del régimen y un alto grado de que el conflicto supere fronteras no solo en Líbano sino también en Israel, régimen que por cierto ha mandado a fortalecer su frontera norte con Líbano ante una probable escalada de las tensiones sociales ya que desde agosto del año pasado se han produciendo manifestaciones en Líbano a favor de las demandas del pueblo Sirio y el fin del régimen de Al Assad, protestas pacíficas donde se ha contado con el apoyo reconocidas figuras libanesas como el novelista Elias Khouri y el cantante Marcel Khalife, entre miles de estudiantes defensores de la causa siria.

Pero mientras un gran sector del pueblo libanés demuestra su empatía con el pueblo sirio, el gobierno se encuentra disociado de su población. Mientras el gobierno de Suleiman, durante su periodo como miembro no permanente del CS de la ONU, ha demostrado una supuesta neutralidad que aboga por la no intromisión en los asuntos internos sirios paradójicamente, la clara posición de Hezbollah no ha dado marcha atrás al declarar en más de una ocasión su respaldo al régimen Sirio. La última vez que Hezbollah declaró esto fue el pasado 4 de abril mediante una entrevista online entre Hassan Nasrallah y Julian Assange donde se dejó claro una vez más que "Hezbollah respaldaba el diálogo en Siria porque las potencias lo único que perseguían era la guerra civil".

Lo cierto es que la tensión en Líbano crece día a día donde una nueva ola de atentados en contra de los críticos de Hezbollah ha rondado las calles de Beirut tal como ha sido el ejemplo del viejo lobo Samir Geagea, figura nodal de la alianza del 14 de marzo quien sufrió un nuevo atentado el pasado 25 de abril, haciendo recordar el ambiente de 2005 donde muchos periodistas, políticos y activistas en contra de la alianza Siria-Hezbollah corrieron el mismo riesgo de Geagea, algunos con suerte y otros con un destino fatal como lo fue el caso del ex Primer Ministro Rafiq Hariri. Pero si Hezbollah no está interesado en un conflicto interno en Líbano, entonces bien se puede pensar en los servicios secretos sirios quienes en este momento serían los únicos interesados en abrir un escenario violento en Líbano para mandar un claro mensaje de disuasión a los vecinos inmediatos en el que se exprese "si se va Al Assad se va la región entera y el balance de poder visto todos estos años", lo que incluye Israel, Líbano e incluso la estabilidad de Jordania como enclave de posibles refugiados y mercenarios en la zona.

La intervención armada en Siria es un arma de doble filo, pues si bien podría minar el régimen de Al Assad con un derramamiento mayor de sangre hasta el ahora visto, por otro lado, el esparcimiento de pequeños comandos militares que no logren someterse a las fuerzas apoyadas por Occidente y Arabia Saudí recibirían ayuda de terceros estados como Irán que a su vez harían de la zona algo muy parecido en Iraq, donde las cuotas de poder han aumentado con base en 1) el poder militar hacia algunas milicias que luchan contra las fuerzas gubernamentales y 2) la ayuda económica y social que se crea en medio del caos y la violencia al que ha sido sometido el tejido social.

Sin duda alguna, el espectro que rodea los acontecimientos actuales en Siria (y también en Libia) es el espectro iraquí que, con una invasión en 2003, aún no puede recuperar ni el más mínimo grado de seguridad y desarrollo social con dicho modelo que, por el contrario,  ha despedazado el tejido social por la desconfianza que unas personas ha generado con otras a partir de la presencia de tropas extranjeras, aliados, enemigos y mercenarios en el conflicto.

Así, Al Assad juega la carta de la "iraquización" de la zona si no se mantiene en el poder, una carta que parecen aceptar los estados árabes del Golfo quienes no maniobran a favor del pueblo sirio, como tampoco lo hace Irán o los Estados Unidos, y que por el contrario, parecen empeñados en aceptar un escenario de violencia el cual no esté controlado por al Assad sino por otras fuerzas que no harán otra cosa más que seguir dañando las aspiraciones del pueblo sirio que ha sido la única presa brutal de las actividades contra revolucionarias no solo del régimen sino también de sus aliados y enemigos".

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