lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Por qué atacar a Siria?

El blog Obama World recoge en su última entrada -"Escoge tu aventura en Siria"- las nueve razones que explican el cambio de actitud de EEUU ante la crisis siria. A continuación ofrezco una versión reducida del artículo de Jordi Pérez Colomé.
 
"1. Qué ha cambiado ahora. Siria lleva en guerra dos años. Han muerto más de cien mil personas. Pero el 21 de agosto un presunto ataque con armas químicas en el este de Damasco mató a 1.400 personas, entre ellos 400 niños -los vídeos con esas imágenes son terribles.
 
El presidente Obama dijo el viernes que en una reunión cerrada de los líderes del G20, la opinión de que en Siria se habían usado armas químicas “fue unánime”. Dos días antes, el presidente ruso, Putin, había dicho en una entrevista a AP: “No tenemos información de que medios químicos, armas químicas o solo agentes tóxicos fueran usados por las fuerzas del gobierno sirio”. No dice que no se usaron, sino que no lo hizo el gobierno...
 
La cuestión no parece pues el uso de armas químicas. La primera duda aceptable es quién las usó. El informe de Naciones Unidas que debe salir en un par de semanas no lo responderá. La segunda duda posible -que también apunta Putin- es qué gas se usó. Esta es la mejor explicación técnica que he encontrado sobre por qué es importante (pdf). 
 
El problema de las armas químicas no es su eficacia -con armas convencionales en Siria han muerto muchos más- sino que no discriminan, van a por civiles y tienen más alcance. Las dudas son por tanto su origen y sus características. Esta es la primera pregunta difícil: ¿basta para lanzar una guerra? La Casa Blanca está convencida de que sí. Es el primer ataque a gran escala del régimen tras muchos a menor escala. El informe parece sólido.
 
2. La herencia de Irak. En octubre de 2002, el Congreso votó a favor de permitir al presidente Bush usar la fuerza contra Irak: la mayoría no fue aplastante, pero sí sólida (297 a 133 en el Congreso y 77 a 23 en el Senado). Casi once años después, una propuesta más limitada con unas evidencias mucho mayores, tiene su aprobación más difícil. Los sondeos dicen claramente que los americanos no quieren otra guerra: para no ver a más soldados muertos, para no gastar más dinero y porque es imposible saber cómo acabará.
 
Obama tiene bien aprendida esa lección. Aún así, dice que quiere atacar a Siria. En 2012 marcó la línea roja del uso de armas químicas a gran escala. Sus agencias de inteligencia le dice ahora que Asad la ha cruzado. Si no hace respetar una larga norma internacional -que no ley, Siria es uno de los pocos países que no ha firmado el Tratado contra las Armas Químicas-, su credibilidad ante otras amenazas puede quedar tocada. No es algo definitivo: el próximo presidente puede ser distinto y recuperar la capacidad de disuasión.
 
3. Las prioridades americanas. Estados Unidos tiene dos prioridades de seguridad nacional en Oriente Medio: el petróleo e Israel. El uso de armas químicas en un país podría afectar a largo plazo porque animaría a otros -o al mismo Asad- a hacer lo que les diera la gana con impunidad. Como prioridad, es menos clara porque no es inmediata.
 
Pero Israel, no. Israel está ahí y quiere que Estados Unidos actúe, aunque sin insistir mucho. El gobierno del israelí Netanyahu quiere ver cómo Estados Unidos hace cumplir sus líneas rojas: no por Siria, sino para que Irán lo vea y se asuste. Pero es ambiguo porque a Israel le conviene más la situación actual en Siria que la victoria de un bando: si ganan los rebeldes, Siria podría convertirse en un Estado lleno de yihadistas donde podría ocurrir como en Gaza. Es una amenaza seria. Si la guerra sigue, Hezbolá -aliado de Asad e Irán- está ocupado y pierde militantes en Siria. Cuanto más dure, mejor. Esta puede ser también la estrategia oculta de Estados Unidos (ya lo dije en febrero): dejar que Irán y Hezbolá se desangren en Siria. Si es así, un ataque duro pero limitado serviría. Aunque también no hacer nada.
Embattled Syrian President Bashar al-Assad said that his country is fighting a “regional and global battle” and it will take time for his regime to win it. (Reuters)
4. Los desafíos para los partidarios de un ataque. Si un ataque limitado pero potente conviene a Estados Unidos e Israel, ¿por qué el Congreso no lo aprueba y el ejército no lo ejecuta y punto? Porque tiene mil maneras descarrilar. El temor es siempre el mismo: que Estados Unidos se vea obligado a ir a más y pase como en Irak (o, hace unos años, Vietnam).
 
Estos son algunas de las preguntas que un partidario del ataque debe saber: ¿qué pasa si un ataque chií en Bagdad mata a una docena de americanos en la embajada? ¿Qué pasa si el flujo de petróleo por el Golfo Pérsico se ve interrumpido por una acción iraní imprevista? ¿Qué pasa si un almacén de armas químicas queda intacto y desprotegido y miembros de Al Qaeda llegan? ¿Qué pasa su empiezan a morir presuntos civiles a montones (el ejército ha detectado el traslado de presos a bases militares)? ¿Qué pasa si empiezan a caer proyectiles sirios en Israel? ¿Qué pasa si tras el ataque Asad vuelve a usar armas químicas? ¿Qué pasa si Estados Unidos y Francia usan cazas para atacar a Siria y un piloto cae en territorio sirio?
 
5. Las preguntas para los “no a la guerra”. La política internacional no se mueve por moralinas. En Ruanda lo saben bien. Pero el uso de armas químicas en Siria no es un genocidio remoto y brutal. Rusia sigue vendiendo armas a Asad porque es legal, dice Putin: “Nosotros defendemos las normas y los principios de la ley internacional. Nosotros defendemos el orden actual del mundo. Nosotros defendemos el orden moderno internacional”. El único modo de respetarlo es lograr un voto del Consejo de Seguridad, que Rusia y China vetarían.
 
Mientras, esperar. Las otras dos opciones además del ataque son inviables o imposibles: uno, la repetición de las opciones de la diplomacia son una excusa; dos, Estados Unidos evita armar a los rebeldes porque teme que lleguen a manos de terroristas. Los “no a la guerra” deben empezar a pensar cómo justificarían nuevos ataques de miles de muertos en Siria.
 
6. Qué hacer. Siria es hoy al menos dos países: una parte controlada por el régimen y otra por los rebeldes, que no es homogénea. Ninguna solución negociada daría ahora mismo un resultado definitivo, ni con ataque ni sin. La guerra seguiría como hasta ahora, con un Asad cada vez más asentado y con más ganas de recuperar el terreno. Si uno de los dos bandos conquistara el territorio ajeno, el peligro de masacres y venganzas sería enorme. Ningún ejército extranjero iría a evitarlo.
 
Todas las soluciones son penosas: escoger una aventura prudente es imposible. El ataque serviría quizá para advertir a otros sátrapas. Pero no sería definitivo. John Kerry se ha esforzado mucho en decir que no era una guerra -que es lo que es. Asad ha tenido suerte de que la primavera árabe fuera justo después de Irak. Así han muerto decenas de miles de personas sin que pase nada. Las armas químicas son importantes y quizá la línea roja es una buena opción para dificultar su uso y asustar a Irán. Pero, a no ser que vaya más a fondo de lo anunciado -a pesar de todos los peligros-, será un maquillaje. Asad volverá a reír, de momento".

2 comentarios:

  1. Muy interesante el artículo. En relación con el punto "....dejar que Irán y Hezbolá se desangren en Siria", lo que al final beneficia a Israel, creo que al final Israel si que será afectada y que las confrontaciones van a extenderse y "cruzar" fronteras. Entonces, y desde mi punto de vista, aún la opción de dejar los sirios y los iranís (con sus proxis) luchar entre ellos hasta que destrocen el uno al otro, el peligro de que la guerra se extiende a Israel empujará Tel Aviv a presionar Obama a actuar en Siria.

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  2. Hola Dina,
    Si, tienes parte de razón. En mi opinión, Israel, en un escenario tan cambiante como en el que nos encontramos, está apostando al cortoplacismo, lo que tiene sus riesgos. Por una parte gana, pero por otra tiene mucho que perder si la inestabilidad se prolonga en el tiempo. Es entonces cuando se verá salpicado por la crisis siria.
    Saludos!

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