viernes, 4 de octubre de 2013

El movimiento sindical egipcio

Otro de los aspectos abordados en mi informe sobre la sociedad civil egipcia es la evolución del movimiento sindical tras la caída de Hosni Mubarak y la irrupción de nuevos sindicatos independientes como EFITU y EDLC.

"La libertad sindical está seriamente constreñida en Egipto. A pesar de que Egipto ha ratificado las Convenciones 87/1948 y 98/1949 de la OIT, no acepta la independencia y la libertad sindical. La central sindical única ETUF es un claro ejemplo de sindicato centralizado y burocratizado. Tradicionalmente ha estado a servicio del régimen y no de los trabajadores y ha ejercido el monopolio de la actividad sindical. Establecida en 1957 contaba en el año 2000 con unos 3.8 millones de afiliados (de una fuerza laboral de 27 millones de personas), 1.745 comités sindicales, 21.000 cuadros sindicales, 23 sindicatos sectoriales y 17 federaciones regionales. La relación del Estado con el ETUF es una relación de patrón/cliente y su misión fue la de controlar a los trabajadores más que representarlos. La ley 35/1976, modificada posteriormente con la ley 1/1981, reconoce a la ETUF como la única federación de sindicatos legítima y legal.

La nueva ley del trabajo 13/2003, aprobada en plena fase de políticas neoliberales, introdujo la flexibilidad laboral en los contratos para atraer inversiones extranjeras. El generalizado deterioro de las condiciones laborales provocó una creciente movilización de los trabajadores egipcios. La media anual de manifestaciones en el periodo 1998-2003 ascendió a 118 (frente a las 27 anuales en el periodo 1988-1993), buena parte de ellas concentradas en el sector textil por ser el primero en privatizarse. Entre 2004 y 2008 un total de 1.7 millones de trabajadores (obreros, médicos, periodistas, profesores, farmacéuticos, recaudadores de impuestos…) se movilizaron para reclamar una mejora de sus condiciones laborales en más de 2.500 huelgas, movilizaciones o sentadas. Como señala Nadine Abdalla, “ante la falta de un sindicato creíble, las huelgas y las manifestaciones se convirtieron en las únicas herramientas eficaces para ejercer presión sobre los empleadores (en el sector privado) o el gobierno (en el sector público)” (2012: 1).

La más importante movilización laboral en la pasada década tuvo lugar Mahalla al-Kubra, la principal industria textil de Egipto situada en la zona del Delta del Nilo. El 6 de abril de 2008, 24.000 trabajadores de la Misr Company for Spinning and Weaving salieron a la calle para demandar mejores condiciones laborales y reclamar un salario mínimo de 1.200 libras egipcias. La convocatoria fue respaldada por numerosos partidos y movimientos, pero también por las nuevas formas de protesta que habían emergido en los años precedentes (Kifaya y otras organizaciones juveniles), “transformando las demandas estrictamente económicas del movimiento obrero en una dura crítica de la situación social y política más amplia del país, por ejemplo los aumentos constantes de los precios, la muy extendida corrupción y la tortura de activistas políticos por la policía” (Abdalla, 2012: 2). Kamal Abu Eita, presidente de Egyptian Federation of Independent Trade Unions (EFITU), interpreta que “en época de Mubarak las huelgas se intensificaron y no sólo por motivos económicos y sociales, sino también de otra naturaleza. De demandas de índole económica y de clase se convirtió en una lucha democrática y demandaron la libertad sindical” (entrevista pesonal).

Tras la Revolución del 25 de enero cambiaron parcialmente las tornas. Mientras la oficialista ETUF demandaba a los trabajadores que no abandonaran sus puestos de trabajo, la recién creada EFITU reclamó en su primer comunicao, el 8 de febrero, la dimisión de Mubarak y convocó una huelga general. En palabras de Abu Eita, “la huelga general la convocamos en solidaridad con la revolución, ya que las demandas de la revolución eran las mismas por las que habíamos luchado siempre los trabajadores, y sólo la interrumpimos tras la salida de Mubarak”  (entrevista pesonal). Este llamamiento fue ampliamente seguido en El Cairo, Alejandría, el Canal de Suez y en Mahalla al-Kubra. Según Sons of the Land Center for Human Rights, estas huelgas “fueron un factor determinante para acelerar la decisión de Mubarak de abandonar” (Beinin, 2011: 7).

El 19 de febrero de 2011 los líderes sindicales independientes firmaron un manifiesto llamado ‘Demandas de los Trabajadores en la Revolución’, que manifestaba que “las libertades no serán completas sin libertades sociales” y en el que se planteaban las siguientes reivindicaciones: disolución del ETUF (y la persecución judicial de sus mandos corruptos), salario mínimo de 1.200 libras egipcias, subsidio de desempleo, derecho a la sindicación y a la huelga y derecho a la seguridad social.
El 12 de marzo se aprobó un decreto sobre libertades sindicales que autorizaba a los trabajadores a constituir sindicatos independientes, poniéndose fin de esta manera a la prohibición existente en la época mubarakista. Las dos principales federaciones independientes son EFITU, creada el 30 de enero de 2011, y Egyptian Democratic Labor Congress (EDLC), establecida el 14 de octubre, que dicen agrupar a más de tres millones de traabajadores. Sus congresos fundacionales se celebraron, respectivamente, del 28 al 30 de enero de 2012 y del 24 al 26 de abril de 2013.

Aunque dichas organizaciones comparten buena parte de sus reivindicaciones, difieren de manera notable en la estategia para alcanzarlas. EFITU tiene una estructura centralizada y jerarquizada, que aspira a convertirse en un contrapeso a la oficialista ETUF. Considera que la vía política puede contribuir a mejorar las condiciones laborales, por lo que ha establecido sólidos vínculos con algunas fuerzas políticas y participa activamente en el Frente de Salvación Nacional. Kamal Abu Eita, su presidente, es un histórico líder del partido naserista Karama y en 2011 fue elegido diputado en la Asamblea Constituyente.

En sus estatutos, EFITU se define a favor de las libertades sindicales, la democracia, la justicia social, la igualdad y los derechos humanos. Además pretende aglutinar no sólo a los trabajadores en el sector formal, sino también a los del sector informal, los jubilados y los desempleados, todo ello con el objeto de disponer de la suficiente masa como para poder influir en las decisiones económicas, sociales, culturales, legislativas y medioambientales (Ortega, 2013: 339). EFITU cuenta con un comité de jóvenes y otro de mujeres (aunque sólo tres mujeres componen su junta directiva).

Por su parte, el EDLC plantea una estrategia a medio plazo consistente en concienzar a la clase trabajadora sobre sus derechos y aspira a establecer una amplia coalición de sindicatos que funcione de manera democrática[4]. Kamal Abbas, su impulsor, es un reconocido sindicalista que se curtió en la Helwan Iron and Steel Factory y que militó en el ilegal Partido Revolucionario del Pueblo antes de establecer el CTUWS. Entre los principales objetivos del EDLC están la lucha para eliminar todas las restricciones administrativas impuestas en el pasado a los trabajadores y la consecución de un marco laboral adecuado que cumpla lo marcado por las normas internacionales de la OIT. El EDLC es partidario de establecer alianzas parciales y concretas con aquellas fuerzas políticas con las que compartan planteamientos comunes, pero rechaza tomar parte en el juego político y es particularmente crítico con los HHMM por su negativa a defender los derechos de los trabajadores.

El crecimiento de los nuevos sindicatos y su capacidad de movilización fue respondida por el CSFA con la intensificación de la represión. El 24 de marzo de 2011 aprobó el decreto militar 34/2011 que criminalizaba las huelgas y manifestaciones laborales castigándolas con penas de un año de cárcel y multas de hasta 500.000 libras egipcias para todo aquel que “entorpeciera el trabajo de las instituciones o de las autoridades públicas” en el caso de que empleasen la violencia o amenazaran “la unidad nacional y la seguridad y el orden públicos”, criterio sumamente vago que permitía múltiples interpretaciones. De hecho, el 29 de junio cinco trabajadores de la empresa Petrojet fueron objeto de una sentencia ejemplarizante al ser condenados a un año de prisión por tomar parte en una sentada reinvidicativa. Esta intensificación de la actividad sindical también ha sido respondida con severidad por los empresarios quienes han intensificado el acoso, los despidos, las detenciones e, incluso, los encarcelamientos contra los sindicalistas (Abbas, 2013: 28).

Tras la llegada al poder del PJL se mantuvieron las mismas dinámicas. El CIHRS denunció la sistemática persecución de los sindicatos en los primeros cien días de Morsi en el poder con 39 líderes sindicales despedidos de sus trabajos, otros 32 investigados por tomar parte en huelgas y 5 sentenciados a penas de prisión. Además, Yousri Maarouf, presidente del EDLC, fue condenado a una pena de tres años de prisión por haber encabezado la huelga del 1 de octubre de 2011 en la Alexandria Container and Cargo Handling Company. En opinión de Ibrahim Awwad, profesor de la Universidad Americana de El Cairo, “si se hubiera adoptado una ley de libertad sindical se hubiera facilitado el establecimiento de sindicatos que se habrían convertido en interlocutores válidos, lo que a su vez habría evitados huelgas y enfrentamientos” (entrevista personal).

Entre las principales debilidades del movimiento sindical cabe mencionar:
a)      Ausencia de marco regulatorio. La actividad de EFITU y EDLC se encuentra en un limbo legal, puesto que que la nueva Constitución no contempla la libertad de asociación y sindicación y limita la creación de sindicatos a uno por sector. Al no haberse derogado ni reformado la ley 35/1976, ni los empresarios ni tampoco las autoridades los reconocen como interlocutores legítimos.

b)      Atomización sectorial. Uno de los principales retos de EFITU y EDLC es lograr implantación en el conjunto del país para poder conseguir la fuerza suficiente para plantear reivindicaciones a escala nacional. A pesar de que Egipto tiene una larga historia de movilizaciones laborales estas han sido menos efectivas por culpa de la fragmentación de los sindicatos, aspecto que les ha impedido negociar desde una posición de fuerza.

c)      Falta de influencia política. Las demandas laborales no han encontraron excesivo eco entre la clase política. Buena parte de la oposición liberal (y, en especial, el Partido de los Egipcios Libres del empresario copto Sawiris) son contrarios a las reinvidicaciones de los nuevos sindicatos independientes.

d)      Rivalidades personales. Los dos líderes sindicales –Kamal Abu Eita y Kamal Abbas- mantienen una enconada rivalidad, aunque se han puesto en marcha diversas iniciativas para tratar de aproximar las posiciones como el Frente Nacional para la Defensa de los Derechos Laborales y las Libertades Sindicales.

e)      Falta de financiación. Su falta de recursos y sus difultades para financiarse les impide realizar cursos de formación de sus cuadros sindicales, un aspecto central si tenemos en cuenta las restricciones existentes en la época precedente. 

 

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