lunes, 2 de abril de 2012

Israel, víctima de la Primavera Árabe

La revista venezolana Humania del Sur. Revista de Estudios Latinoamericanos, Africanos y Asiáticos publica un número especial dedicado a la Primavera Árabe (es el número 11 en sus seis años de vida). Cierra el monográfico un diálogo mantenido con su director Hernán Lucena, profesor de la Universidad de Los Andes, en la que se analiza en profundidad los cambios que se han desarrollado en este primer año post-revolucionario. El título de la entrevista es "Israel es la principal víctima de la Primavera Árabe". A continuación algunos de sus pasajes (son veinte páginas):

"Israel también ha padecido los embates de esta “Primavera”, sobre todo porque la clase media de ese país ha protestado contra la actual situación de desempleo e inflación, ignoradas por un gobierno cuya prioridad es la guerra y la exacerbación del despojo territorial de Palestina. ¿Qué reflexión podría hacernos sobre el particular?".

Israel es la principal víctima de la Primavera Árabe, aunque todavía confía en sacar partido de la nueva situación sobre el terreno. Es cierto que también la juventud israelí se ha movilizado en las calles de Tel Aviv para protestar contra las políticas neoliberales del Gobierno de Netanyahu y contra la pérdida de poder adquisitivo de las clases medias, pero el gran ausente en estas movilizaciones ha sido la cuestión palestina, ya que no han cuestionado las políticas colonizadoras aplicadas en los Territorios Ocupados. Las principales quejas de la población son la carestía de la vivienda y el aumento del coste de la vida, pero no hay una crítica directa contra el proyecto sionista que requiere la desposesión del pueblo palestino.

Debe tenerse en cuenta que las elites económicas, militares y políticas israelíes coinciden en la necesidad de mantener un estado de guerra permanente gracias al cual puedan perpetuarse en el poder e imponer numerosos sacrificios a la población israelí. Para que la sociedad israelí siga comprando este discurso es necesario que existan enemigos que amenacen la seguridad de Israel. Antaño era la OLP y el Irak de Sadam Husein, ahora son Hamas e Irán. Es obvio que la culminación del proceso de paz con la creación de un Estado palestino obligaría a replantear la actual repartición de poder y a reorientar la economía israelí. Por eso es imprescindible que las negociaciones no lleguen nunca a buen puerto, ya que las elites que han dirigido los destinos del Estado israelí desde su creación perderían su posición hegemónica. La paz traería la normalización con los vecinos árabes y obligaría a Israel a entrar en una etapa post-sionista en la que probablemente no se sentiría tan cómoda como hasta ahora. Sin un enemigo exterior, las diferencias que separan a la heterogénea sociedad israelí saldrían a flote provocando una colisión entre los sectores ultraortodoxos y laicos.
Israel se encuentra en un callejón sin salida y que la llegada de los islamistas al poder en buena parte del mundo árabe podría intensificar su aislamiento. Es difícil imaginar que un futuro gobierno islamista egipcio colabore con Israel en la asfixia de la Franja de Gaza o secunde una campaña militar para acabar con Hamas. Además hay sectores importantes de la sociedad egipcia que abogan por la derogación de los Acuerdos de Camp David debido a su fragrante incumplimiento por parte de Israel, que no ha permitido la autodeterminación de los palestinos tal y como recogían dichos acuerdos. Otro tanto puede ocurrir en Jordania en el caso de que los islamistas lleguen al poder. Mientras esto ocurre en el mundo árabe, Israel intensifica sus políticas anexionistas en los Territorios Ocupados expropiando tierras palestinas y ampliando sus colonias con el propósito de hacer inviable un Estado palestino. Puede que esta estrategia cortoplacista mantenga en pie al gobierno de coalición israelí, pero difícilmente resuelve los problemas en el medio y largo plazo. Israel no puede anexar por las buenas esos territorios, ya que pondría en peligro el carácter judío de dicho Estado. Hoy en día viven en la Palestina histórica tantos palestinos como israelíes. No creo que sea posible para Israel mantener por más tiempo esta situación de apartheid en la que vive la población palestina a pesar de la ausencia de críticas de la comunidad internacional que se ha amoldado dócilmente a la ocupación.

¿Qué perspectivas vé Ud. en el pueblo palestino ante esta coyuntura de cambios políticos en la región?
La población palestina también se ha movilizado activamente en Gaza y Cisjordania exigiendo la reunificación de las filas palestinas y el final del enfrentamiento entre Fatah y Hamas. Debido a la intensa presión popular, ambas formaciones sellaron un pacto de reconciliación el pasado mes de mayo. Además de la formación de un gobierno de unidad nacional, las dos principales fuerzas palestinas se comprometieron a reformar la OLP y a celebrar nuevas elecciones. En mi opinión, ambas formaciones deberían formar un frente común ante los retos a los que se enfrenta la cuestión palestina. No veo la necesidad de convocar nuevas elecciones mientras se mantenga la situación actual porque la política anexionista israelí requiere una respuesta contundente que sólo puede darse por medio de la unidad. Unas nuevas elecciones serían contraproducentes, ya que dividirán a los palestinos y no conseguirían impulsar la creación de un Estado independiente. Sería mucho más positivo que las fuerzas palestinas alcanzaran una repartición de funciones y conformaran un gobierno de unidad permanente.
De esta manera lanzarían un claro mensaje tanto a Israel como a los países occidentales de que no permitirán la injerencia en los asuntos domésticos palestinos ni tampoco tolerarán que EEUU o la UE boicoteen a un gobierno en el que se integre Hamas. Hemos llegado a una situación completamente surrealista en la cual la Administración de Obama se reúne con los Hermanos Musulmanes egipcios, jordanos y sirios, pero mantiene la cuarentena sobre Hamas. Todo ello a pesar del pragmatismo del que ha hecho gala la rama palestina de la Hermandad, que acepta la creación de un Estado palestino sobre Gaza y Cisjordania con capital en Jerusalén Este, exactamente igual que Fatah, y ha anunciado su intención de revisar su estrategia de confrontación armada ante la incapacidad de derrotar en el terreno de batalla a Israel mostrándose partidario de concentrar todas sus energías en una solución negociada.
En todo caso creo que el clima regional es propicio para que los palestinos refuercen su posición frente a Israel. Está claro que la Primavera Árabe es perjudicial para los intereses de Israel y para su proyecto colonizador. Los palestinos han recuperado parcialmente el protagonismo al pedir el reconocimiento del Estado de Palestina por las Naciones Unidas, pero creo que deberían ser mucho más ambiciosos y plantear la disolución de la propia Autoridad Palestina en el caso de que Israel se niegue a aceptar la creación de un Estado. De esta manera, Israel tendría que volver a asumir el pesado fardo de la ocupación y dedicar importantes recursos a administrar a los cuatro millones de palestinos que viven en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. Como en los años ochenta, la sociedad israelí percibiría que la ocupación tiene un elevado coste y que la política laborista del “nosotros aquí y ellos allí” no puede mantenerse de manera indefinida. A su vez, la comunidad internacional se vería obligada a replantearse su política contemporizadora y a adoptar sanciones contra Israel en el caso de que intensifique su sistema de segregación racial. Quizás así se rompería el  círculo vicioso en el que actualmente nos encontramos".

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