jueves, 21 de junio de 2012

Egipto y los generales

Mientras se mantiene la incertidumbre sobre los resultados finales de las elecciones presidenciales egipcias, se suceden los rumores sobre los movimientos de la Junta Militar para mantener indefinidamente su control sobre el aparato ejecutivo. A pesar de que los primeros datos dan una victoria clara al candidato islamista al-Mursi, el oficialista Shafiq sigue insistiendo que podría haber obtenido la victoria. El analista egipcio Esam al-Amin reflexiona sobre este asunto en su artículo "Enfrentando a los generales", publicado inicialmente por Counterpunch y traducido al castellano por Rebelión.

"Contra todas las probabilidades, el candidato de los Hermanos Musulmanes (HHMM), el Dr. Muhammad Mursi, ganó las primeras elecciones presidenciales celebradas en Egipto tras el derrocamiento del dictador Hosni Mubarak…. pero por muy poco. El recuento final muestra que Mursi recibió 13,3 millones de votos (el 52%), mientras el último Primer Ministro de Mubarak y candidato del ejército y de los residuos del régimen, el General Ahmad Shafiq, recogía 12,4 millones de votos (el 48%).

Nunca deberían haber estado tan igualados los resultados. Un sinfín de personas se pregunta cómo una revolución que unió a millones de seres contra un régimen corrupto ganándose la admiración del mundo entero, puede haber acabado con ese mismo detestado régimen al punto de reclamar el poder después de poco más de un año. Desde luego, la respuesta directa a esta pregunta es el siniestro papel jugado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que se apoderó del país tras la caída de Mubarak, así como por las instituciones del estado profundo de la seguridad de Egipto.

Sus tácticas incluyeron la manipulación directa del proceso electoral, las inexplicablemente favorables decisiones adoptadas por la Comisión Electoral para las Elecciones Presidenciales, de la era Mubarak, el uso de los medios de comunicación estatales y de las cadenas privadas controladas por los corruptos empresarios del régimen de Mubarak, que se dedicaron a aterrorizar a la gente amenazando con el espectro de una inminente teocracia, la habilidad para lanzar a los grupos por la revolución unos contra otros y el caos deliberado auspiciado por el CSFA en la vida diaria de los egipcios de a pie a través de la restricción de productos básicos fundamentales y de la falta de seguridad en las calles. La gente empezó pronto a asociar revolución con inestabilidad, carencias y caos. Desalentados, muchos anhelaban los días del viejo régimen.
A lo largo del pasado año, el CSFA, ayudado por los pasos en falso dados por los HHMM y sus devaneos tras las bambalinas con los generales pudo crear una aguda alienación y sembrar desconfianza entre el movimiento islamista, que es el movimiento mejor organizado del país, y el resto de los grupos de jóvenes y a favor de la revolución. A finales de marzo de 2012, el CSFA se sintió tan envalentonado por el éxito de su plan que empezó a desafiar y a amenazar abiertamente a los ahora alienados HHMM, a pesar del hecho de que el grupo tenía aquellos momentos en sus manos el control de ambas cámaras del parlamento...

Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, los grupos a favor de la revolución recogieron casi 15 millones de votos (con Mursi recibiendo 5,8 millones). Por otra parte, los candidatos de la era Mubarak recibieron 8 millones de votos (con Shafiq al frente con 5,5 millones). Pero los dos principales candidatos apoyados por los grupos pro revolución en la primera vuelta fueron Hamdein Sabahi y el Dr. Abdel Moneim Abul Futuh, que recibieron 4,8 y 4,1 millones de votos, respectivamente...

A partir de la confrontación entre el CSFA y los HHMM en marzo, era bien conocido que el CSFA iba a tratar de disolver el parlamento electo en cualquier momento para frenar el ascenso al poder de los HHMM. El argumento avanzado por muchos de los grupos a favor la revolución en el sentido de que tenían reservas a la hora de apoyar a Mursi fue que no querían que los HHMM tuvieran un control sin restricciones sobre las dos ramas de gobierno, el legislativo y el ejecutivo. Por tanto, cuando el Tribunal Supremo Constitucional disolvió el Parlamento dos días antes de las elecciones, este descarado acto de desprecio hacia la voluntad electoral del pueblo egipcio les salió mal. Un importante segmento del electorado, que tenía intención de boicotear o invalidar su voto, se sintió tan indignado que decidió votar por Mursi aunque inicialmente no pensaba acudir a votar (en el recuento final, menos del 1% del electorado invalidó su voto al meter en la urna los nombres de ambos candidatos). Si medio millón de personas, de entre los 25 millones de votos emitidos, le hubiera dado la vuelta a su voto, el candidato del ejército habría ganado.

El pasado invierno, en un momento de candor, el Presidente Jimmy Carter dijo tras una reunión con la cúpula del CSFA, que el ejército no tenía intención de renunciar al poder. En las últimas semanas, quedó muy claro lo que esa observación significaba. Primero, el CSFA iba a utilizar todos los instrumentos de poder del estado profundo para instalar a su candidato. Si ese esquema no llegaba a materializarse, el CSFA tenía un plan en reserva. En ese caso, no solo emprendería varias acciones que despojarían de poderes reales al presidente electo (si procedía del campo revolucionario) sino que también iba a usurpar todos los poderes legislativos y ejecutivos de los grupos recién llegados al poder [...]".

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