miércoles, 20 de junio de 2012

Viaje al infierno

Hace dos semanas varios periódicos franceses, entre ellos Le Monde, reprodujeron este articulo del politólogo belga Pierre Piccinin, que realizó una estancia de observación en Siria entre 12 y el 23 de mayo pasados en el curso de la cual fue detenido y torturado.  A continuación reproducimos algunos de sus extractos.

"El 15 de mayo de 2012, entré en Siria para una tercera estancia de observación, cuyo objetivo era esta vez realizar una cartografía y valorar de modo preciso las zonas dominadas por la oposición, estimando sobre el terreno el potencia real del Ejército Libre Sirio (ELS) y su capacidad de derrocar el régimen establecido.

Para ello, me interesé, en primer lugar, en las ciudades fronterizas, donde se concentran los ataques del ESL contra el ejército regular, o sea las ciudades de Deraa, Zabadani, Qussair, Tal-Kalakh, Homs, Tal-Biseh, Rastan e Idleb, dominadas, total o parcialmente por el ELS que recibe logística y apoyo de sus bases en Turquía y en Jordania y de los partidarios del clan Hariri en el Norte del Líbano...

Nada más subir al vehículo, fui esposado con las manos detrás de la espalda y conducido a uno de sus locales, donde me dejaron abandonado varias horas en un calabozo de  cemento recalentado, a pleno sol. Me quitaron el teléfono móvil: no tenía medio de comunicar con el exterior y era imposible localizarme.  De allí, en el transcurso de la noche, fui trasladado al centro de servicios de inteligencia de Homs, donde tuve que entregar mis efectos personales en un primer edificio, mientras que, ya, escuchaba, intranquilo, gritos ensordecedores; e imaginaba lo que debía de pasar allí....

Dos agentes que no había visto aún, vinieron a buscarme y me llevaron a una sala donde esperaba un oficial. Este último me indicó que me quitara la camisa y los zapatos. Preocupado por el giro brusco de los acontecimientos, obedecí. Sus dos acólitos me ataron las manos a una barra del techo. Las cosas se iban aclarando… Un cuarto hombre trajo dos cubos de agua y toallas, mientras me esposaban los tobillos, y salió cerrando la puerta detrás de él. Uno de los subordinados me quitó los calcetines, y me los hundió en la garganta. Después me golpearon, en la espalda, en los riñones, en el abdomen y en el torso: se puede creer que eso no es gran cosa, pero solo después de algunos golpes, el dolor se hace tan intenso que creí ahogarme y perder el conocimiento en varias ocasiones...
Me hicieron daño. Pero salí bien parado: algunas costillas malas y algunas quemaduras leves; casi nada, en comparación a todo lo que iba a ver, y  lo que me iban a contar más tarde mis compañeros de celda de la prisión de Bab al-Musalla, en  Damasco. «Como eres occidental, me han dicho, no se han atrevido a ir más lejos; si hubieras sido árabe, habrías sufrido el mismo trato que este periodista de Al-Jazira : estaba allí, unos días antes que tú; le machacaron las manos y le rompieron las rodillas». Sí, me dolió, pero no era nada, solo una simple bofetada, comparado con lo que iba a ver durante el resto de la noche.

Y el ruido de los golpes que empezaban, los chasquidos; y los gritos; muy fuertes, luego amortiguados por las mordazas. Los lamentos, los gemidos, cuando los verdugos dejaban respirar a sus víctimas, cuando los chasquidos de los golpes cesaba, por un momento, Y los golpes otra vez; « halas, sidi ; halas, sidi ! ». « ¡Basta señor; basta, señor! ». Y los llantos...

Sobre las 9 h (he visto la hora en el autobús), vinieron a buscarme: el agente me ha desató y me hizo comprender que tenía que ponerme los zapatos y la camisa. Cuando abrió la puerta, palidecí a la vista de los cuerpos, sin vida, extendidos a lo largo del pasillo; el agente me miró, como si se extrañara de mi reacción, y me empujó por la escalera hacia la salida, a un autocar de la policía, que nos llevó, a cuatro detenidos y a mí, a otro centro de los servicios de inteligencia, en Damasco. El trayecto transcurrió al son de cantos patrióticos, a todo volumen, a la gloria del presidente  Bashar al-Assad...".

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