miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Es Siria inmune a la democracia?

Mientras las manifestaciones populares en demanda de mayores libertades y del final de los regíemenes autoritarios se extienden por el mundo árabe, Siria parece inmune. La manifestación convocada el pasado sábado día 5 apenas reunión a un pequeño grupo de curiosos que fueron intimidados por los diferentes aparatos de las fuerzas de seguridad y la inteligencia. ¿Acaso no hay motivos para manifestarse en Siria? ¿No han subido los precios de los productos básicos, de la gasolina y la electricidad? ¿La juventud siria tiene empleo y esperanzas? ¿No hay una dictadura militar regda por el Baaz desde 1963? ¿Y qué decir de la república hereditaria creada por Bashar al-Asad a la muerte de su padre Hafez? ¿No es casual que la principa fortuna del país sea la de Rami Majluf, primo hermano del presidente?
La revista Culturas, publicada por la Fundación Tres Culturas de Sevilla, publicó hace unos meses un número especial dedicado por completo a Siria que ya puede descargarse gratuitamente desde su web. Se trata del primer intento desde una institución española de trazar un mapa comprensivo de la realidad siria desde el punto de vista político, económico, social y cultural. En.él toman parte destacados especialistas entre los que se cuentan Radwan Ziadeh, Najib Ghadbian, Sami Moubayed, Rime Allaf, Osama Salti y Fabrice Balanche.

Para comprender la situación actual es indispensable leer el artículo de Rewan Ziadeh, una de las cabezas de la sociedad civil siria. A continuación incluyo algunas de sus reflexiones sobre la primavera democrática vivida hace diez años. Compárense las reivindicaciones sirias de aquel entonces con las egipcias de hoy en día.

"El 27 de septiembre de 2000, un grupo de intelectuales dio a conocer su primer “Manifiesto de los 99”. Este comunicado urgía a las autoridades a suprimir el estado de emergencia y la ley marcial aplicados desde 1963, promulgar una amnistía general para todos los presos políticos, facilitar el retorno de los exiliados, el establecimiento del Estado de derecho, garantizar la libertad general y reconocer el pluralismo político e intelectual, así como la libertad de asociación, la libertad de prensa y la libertad de expresión. El comunicado lo firmaron varias figuras importantes de la arena intelectual siria como Antoine Maqdisi, Burhan Ghaliun, Sadeq Jalal al-Azem, Tayeb Tizini, así como varios cineastas y reconocidos abogados.

El acontecimiento atrajo la atención de los medios de comunicación árabes e internacionales, que lo describieron como “el primer grito por la libertad de Siria”. Para los intelectuales este comunicado supuso un ansiado despertar: la recuperación de su poder simbólico en el imaginario colectivo. El comunicado describía a la élite intelectual como la encargada de expresar la conciencia popular, guiándola hacia la libertad y la justicia.

La reacción de las autoridades fue muy positiva considerando los estándares sirios. Ninguno de los que firmaron el manifiesto fue presionado por los servicios de seguridad, hecho bastante habitual en el país debido a su infiltración en la vida cotidiana de los ciudadanos. Más bien sucedió lo contrario: el presidente Bashar al-Asad respondió liberando a 600 presos políticos en octubre de 2000 y la prensa oficial fue la primera en hacerse eco de la noticia en sus portadas. Esto representaba el primer reconocimiento oficial de la existencia de “prisioneros políticos”, en lugar de referirse a ellos usando el término “delincuentes”, después de que las autoridades negasen continuamente su existencia y de que los consideraran reos después de haber cumplido su condena.

En septiembre de 2000, el parlamentario Riad Seif anunció la creación de un Foro para el Diálogo Nacional, compuesto por catorce miembros. Algunos de estos miembros combinaban sus actividades en el Consejo del Comité para el Resurgimiento de la Sociedad Civil con su participación en el Comité del Foro para el Diálogo Nacional. Estos acontecimientos estimularon los movimientos sociales y políticos, sobre todo los de los intelectuales, que vieron una oportunidad para ejercer más presión para que se llevasen a cabo las reformas políticas que asegurasen una protección real que no estuviera basada en el principio de dar luz verde o en la política de mirar hacia otro lado. El Foro Cultural para los Derechos Humanos y el Foro de Yamal al-Atassi para el Diálogo Democrático se establecieron el 13 de enero de 2001. Varios intelectuales se agruparon para crear el Consejo del Comité para el Resurgimiento de la Sociedad Civil, compuesto inicialmente por 20 miembros.

Más tarde este número se redujo a 14 miembros que se reunían regularmente y llevaron a cabo la recogida de firmas necesaria para el “Manifiesto de los Mil”, que analizaba de modo crítico el periodo entre la llegada al poder del partido Baaz el 8 de marzo de 1963 y el inicio de la presidencia de Hafez al-Asad en noviembre de 1970

El 31 de enero de 2001, Riad Seif volvió a anunciar en el Foro para el Diálogo la creación de un nuevo partido llamado Movimiento para la Paz Social, solicitando su existencia fuera del FNP. El vicepresidente Abdelhalim Jaddam lo consideró un llamamiento a la disgregación de Siria y esta acusación acabó sirviendo para acelerar el comienzo de la represión de los foros. Parece ser que todos estos pasos estaban orquestados e ideados por parte del régimen. Si observamos cómo se realizó la transferencia de poder, nos damos cuenta que todo era simulado, a través de la creación de nuevas políticas por parte de las élites políticas, militares y de los servicios de seguridad. Las autoridades anunciaron ciertas condiciones para regular, o mejor dicho, para contener las actividades de estos foros.

Para poder conseguir la autorización oficial, se ordenó a las personas que se encargaban de organizar dichas reuniones que proporcionasen el nombre de los conferenciantes y de los participantes, así como que presentasen el material que se iba a usar en cada conferencia con quince días de antelación. Esto supuso un alto en las actividades a manos del aparato de seguridad del Ministerio del Interior. Esto coincidió con una campaña de la Dirección Regional del Baaz contra los intelectuales acusándolos de estar al servicio de intereses extranjeros. Incluso algunos miembros de la Dirección Regional recorrieron las provincias alzando la voz de alarma ante el mismo concepto de “sociedad civil”. Esto hizo que muchos foros anunciasen la suspensión de sus actividades, excepto el Foro para el Diálogo Democrático de Yamal al-Atassi. El fin de la Primavera de Damasco –término que había acuñado Riad Seif en una entrevista concedida a la agencia France Press en febrero de 2001– no se hizo esperar."
. El “Manifiesto de los Mil” fue muy controvertido, tal como pusieron en evidencia las declaraciones ultraconservadoras de algunas figuras como el ministro de Defensa, Mustafa Tlas, y el de Comunicaciones, Mohammed Omran, entre otros. El Manifiesto fue duramente criticado en las portadas de la prensa oficial.

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