miércoles, 13 de julio de 2011

El largo camino de la revolución siria

Laura Ruíz de Elvira publica en la Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos el artículo "Siria: el largo camino hacia la revolución" en el que analiza los factores sociales, económicos y políticos que explican la intifada siria. Creo que todos debemos felicitarnos de que cada vez haya especialistas más capacitados para analizar y describir la situación siria.

A continuación los extractos dedicados a los factores de orden político:

"Frente a un Mubarak y a un Ben Ali ancianos, enfermos y desgastados por varias décadas de ejercicio del poder, Bashar al-Asad disfrutaba de una cierta popularidad antes del inicio de la revuelta en Siria. En efecto, pese a la gran desilusión que había seguido a la represión de la “primavera de Damasco”[36] en el año 2001, Bashar seguía encarnando la modernidad y la voluntad de cambio a ojos de muchos sirios que echaban la culpa del inmovilismo a la “vieja guardia”. Aún hoy, con la revuelta iniciada desde hace varios meses, Bashar sigue contando con el apoyo de segmentos importantes de la población y no sólo de las fuerzas armadas, aunque su credibilidad va desapareciendo a medida que la represión aumenta.

Dicha popularidad, que ha sido y es un factor de gran importancia para la supervivencia del régimen, emana en parte de las reformas que ha llevado a cabo en los últimos diez años (reformas de tipo económico, liberalización parcial de la prensa, introducción de internet e informatización de la administración, modernización de los organismos públicos, apertura controlada del campo asociativo[37]) y en parte de una retórica basada tanto sobre la idea de “resistencia” frente a las potencias occidentales como sobre el apoyo al pan-arabismo y a la causa palestina. En este sentido, el embargo al que Estados Unidos ha sometido a Siria desde el 2004 no ha hecho sino fortalecer las posiciones adoptadas por Bashar al-Asad y servir de argumento para justificar la lentitud de algunas reformas. El aislamiento internacional que ha sufrido el país durante varios años y su posterior regreso sobre el tablero regional e internacional en el año 2008 han sido percibidos por la sociedad siria como una gran victoria de su presidente. Si Ben Ali y Mubarak aparecían a ojos de sus sociedades como los mejores aliados de Occidente, Bashar, por el contrario, aparecía hasta ahora como el líder que había conseguido hacerle frente. Por otro lado, su apoyo a movimientos de referencia islamista que luchan contra Israel – Hezbollah en el Líbano o Hamas en Palestina – suscitaba un cierto orgullo en el seno de la población.
A esto se añade el factor ligado a la despolitización de la sociedad y de los ciudadanos sirios. En efecto, tras cinco décadas de ausencia de competición política y de encuadramiento de todos y cada uno de los sectores de la sociedad a través de los organismos populares baazistas (sindicatos, uniones, ligas, organizaciones populares, scouts, etc.), los ciudadanos habían  ido perdiendo poco a poco el interés por la política. Dicho de otro modo, los mecanismos de control y de disciplinarización baazistas habían conseguido anestesiar a la población desde el punto de visto político. Como en Egipto, en Siria no hay elecciones presidenciales sino referéndums amañados a través de los cuales la población expresa “la renovación de su confianza” en el líder. Tampoco hay partidos de oposición libres y autónomos que puedan participar en el juego político. Los pocos partidos nacionalistas o de izquierdas tolerados por las autoridades se vieron desacreditados en el momento mismo en que aceptaron posicionarse bajo la tutela del partido Baaz por medio del Frente Nacional Progresista, que supuestamente demuestra la pluralidad del sistema político. Todo ello participaba de una lógica que Lisa Wedeen definió como “the politics of ‘as if’”[38], lógica según la cual el conjunto de los ciudadanos actuaba en la esfera pública “como si” creyera en el régimen, aunque en la privacidad del hogar y de los círculos más íntimos esta credibilidad se revelara mucho menor.

Y esa lógica generalizada de despolitización nos lleva a otro de los factores que han hecho que la puesta en marcha de la revuelta haya sido tan lenta en Siria. Hablamos esta vez de la falta de una tradición reciente de movilización social y de acción colectiva contestataria, que implica la ausencia de una “destreza protestataria”. A diferencia de los casos tunecino, egipcio o marroquí, donde las huelgas y los movimientos sociales eran relativamente frecuentes en los últimos años[39], Siria no había conocido hasta ahora ninguna protesta generalizada o huelga masiva desde la represión del levantamiento popular de los años 80. Por ejemplo, en el año 2008, cuando el encarecimiento de las materias primas provocó en Egipto, Yemen o Jordania las llamadas “revueltas del pan”, en Siria el descontento no se tradujo en protesta. Asimismo, Siria no ha conocido ningún movimiento de los “diplomados en paro”, fenómeno que encontramos desde hace años en Marruecos[40] o en Túnez. Dicho de otro modo, en Siria faltaba tanto una “cultura de protesta” como una práctica directa de la acción política por parte de los ciudadanos. Además, los sindicatos, que en Túnez jugaron un papel capital en la coordinación de las manifestaciones, están controlados en Siria por el partido Baaz y no poseen prácticamente ningún margen de maniobra, lo que hace poco probable una implicación de estos mismos en cualquier acto de descontento.

Al fin y al cabo, la sociedad civil que está autorizada a existir en Siria, es una sociedad civil esencialmente confesional y apolítica dedicada a la provisión de servicios sociales o a temas de desarrollo. Prueba de ello es el hecho de que más del 60% de las asociaciones autorizadas por el Ministerio de Asuntos Sociales y de Trabajo son en realidad asociaciones de beneficencia[41]. Los componentes más críticos y politizados de la sociedad civil son constantemente reprimidos, encarcelados y marginados. Por ello, en parte, y por el bloqueo del campo político, no existe en Siria una oposición política sólida y organizada. Ninguna fuerza política, sindical o social es capaz de lanzar y enmarcar un movimiento reivindicativo a escala nacional. El partido de los Hermanos Musulmanes, de gran peso e importancia en Egipto, ha estado prohibido en Siria desde los años 80. La simple pertenencia a esta organización está penalizada con la pena de muerte.

Por último, la capacidad de movilización de nuevos instrumentos como Facebook o Twitter es mucho menor en Siria que en Túnez, donde un porcentaje importante de la población usa regularmente Internet y es diplomada en informática. Recordemos que la red social Facebook, que fue prohibida prácticamente desde el momento de su creación en el 2006, sólo ha sido autorizada en Febrero de este año, en una tentativa del régimen por controlar mejor la información que circula en su interior [...]".

1 comentario:

  1. He estado en Cuba y en Siria; salvando distancias, una me recordó a la otra.

    A.

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