viernes, 9 de noviembre de 2012

Escenarios para Egipto

El Observatorio de Política Exterior (OPEX) de la Fundación Alternativas me acaba de publicar este memorando sobre "El Egipto de los Hermanos Musulmanes: entre la agenda doméstica y la escena regional". A continuación reproduzco una de sus partes: los escenarios a los que se enfrenta el presidente Mohamed Morsi en los próximo meses.

La asunción de responsabilidades de gobierno ha obligado al presidente Mohamed Morsi a decantarse por la realpolitik y aparcar la retórica populista empleada en el pasado. Una de las tareas más complejas en la agenda de Morsi será mantener un equilibrio entre la agenda doméstica, que ocupa un lugar prioritario, y la proyección regional, que no puede descuidarse si Egipto quiere volver a recuperar el peso específico que antaño disfrutó en Oriente Medio.

En la escena doméstica, el principal reto es plantear una Constitución consesuada que no imponga un Estado religioso, que sería bien recibido por los votantes de los HHMM y por los sectores salafistas pero ampliaría el abismo que les separa de los sectores liberales y laicos. El texto constitucional, que deberá someterse a referéndum, representa un test para el gobernante PJL y pondrá a prueba su capacidad de concertación con el resto de las fuerzas políticas. El escenario más peligroso es que la sociedad egipcia se polarice ante la falta de diálogo.

Los salafistas han amenazado con movilizar a sus simpatizantes si sus demandas no son satisfechas. El creciente poder de los salafistas supone un serio motivo de preocupación para los HHMM, ya que pretenden imponer sus concepciones al conjunto de la sociedad y cuentan, para ello, con la generosa ayuda de Arabia Saudí y las grandes fortunas del golfo Pérsico. De hecho, la manifestación ante la embajada de EEUU en El Cairo fue, ante todo, una demostración de fuerza de los salafistas a escala interna y una evidencia más de que podría darse un ‘choque de islamismos’ entre una visión más contemporizadora y aperturista y otra más inflexible y rigorista.

El gobierno egipcio no puede pasar por alto las reivindicaciones de los sectores liberales y revolucionarios, que han promovido un frente unido de cara a las próximas elecciones legislativas. La Coalición de la Nación Egipcia está integrada por la Corriente Popular de Hamdin Sabbahi (que quedó en tercer puesto en las elecciones presidenciales con el 21,5% de los votos), el Partido de la Constitución de Mohamed ElBaradei, el Partido de la Conferencia de Amr Moussa, el Partido al-Wafd, los Liberales Egipcios, el Partido de la Alianza Popular Socialista y el Partido Social Democrático Egipcio, entre otros. Los HHMM deben decidir si quieren caminar sólos o, por el contrario, pactan con el resto de fuerzas para garantizar la gobernabilidad del país.
En lo que se refiere a la escena internacional, Morsi probablemente se verá obligado a seguir una política continuista. Si bien es cierto que Egipto podría estar tentado de buscar nuevos aliados para tratar de reequilibrar su política exterior, también lo es que la alianza con EEUU sigue siendo vital en este periodo de incertidumbre. Morsi es consciente que necesita a EEUU para estabilizar la situación interna y para garantizar el éxito de una transición que podría verse amenazada por los residuos o fulul del régimen mubarakista. Por muchos que sean los desencuentros, EEUU no puede distanciarse de Egipto, centro neurálgico del mundo árabe. Algo parecido se puede decir de las relaciones euro-egipcias: la UE continúa siendo el principal socio comercial de Egipto y el mantenimiento de las relaciones comerciales es esencial para garantizar la estabilidad.

La posibilidad de que Egipto asuma un mayor protagonismo regional está supeditada a que Morsi consiga afianzar su posición interna. Tampoco en este ámbito se perciben cambios de envergadura en la tradicional política exterior egipcia. Una normalización con Irán estaría condicionada a una solución negociada de la crisis siria y a un papel más constructivo de Teherán en la región, algo que no parece plausible a día de hoy. Además, este paso no sería bien visto por Arabia Saudí, que desconfía de las potenciales derivaciones militares del programa nuclear iraní. El escaso recorrido de la iniciativa egipcia para evitar un enquitamiento de la guerra civil siria pone de manifiesto no sólo la falta de concreción del plan, sino también la precipitación de Morsi.

En lo que respecta a las relaciones con Israel, Egipto parece encaminarse a una paz fría o, como sumo, a una situación de no-guerra y no-paz, similar a la mantenida por ambos países en el pasado. Algunas voces críticas llaman a revisar e, incluso, revocar el tratado de paz, pero Morsi ha garantizado que lo respetará, entre otras cosas porque en esta etapa de afianzamiento de su liderazgo no le conviene un choque de trenes con EEUU y, mucho menos, con Israel. Ello no debería ser interpretado como un cheque en blanco por parte de Israel, cada vez más determinado a que sus políticas de hechos consumados entierren definitivamente la solución de los dos Estados. Probablemente es en la Franja de Gaza, dominada por Hamás, donde se asistirá a un cambio de mayor envergadura con la apertura gradual de la frontera para mercancías a medio plazo.

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