miércoles, 7 de noviembre de 2012

Ersal: símbolo de la tragedia siria

Según el ACNUR, el número de refugiados sirios en Líbano ya supera los 107.000. Ayer estuve en Ersal, una localidad libanesa cerca de la frontera con Siria. Ersal es una isla suní en el océano chií de la Beqa. En los últimos meses han llegado hasta la ciudad unas 2.100 familias sirias: en total unos 10.000 refugiados. El vicealcalde Ahmad Fliti nos contó que el flujo de refugiados se ha intensificado en las últimas semanas como consecuencia del agravamiento de los combates. De hecho, casi un tercio de los refugiados ha llegado desde el 15 de octubre. 

De momento el ayuntamiento y varias organizaciones humanitarias están prestando ayuda a los refugiados, pero con la llegada del invierno su situación se agravará, sobre todo si tenemos en cuenta que en la ciudad suele  nevar frecuentemente y las infraviviendas en las que se han instalado buena parte de los refugiados carecen de puertas, ventanas, agua o electricidad.
El gobierno central no está colaborando mucho en la solución de los problemas, entre otras cosas porque los refugidos son contrarios a Bashar al-Asad. Al menos cuentan con la solidaridad de la población local que, como los refugiados, es suní y, en muchos de los casos (casi en un 25% de las ocasiones), tiene relación de parentesco con ellos. De hecho, sólo una parte de los niños en edad escolar se encuentran escolarizados en las escuelas públicas (350 de los 2.000 en edad escolar).

Tuve la oportunidad de hablar con alguno de los refugiados. La mayor parte de ellos provenía de Rif Homs y Homs. Los relatos de su huida a través de las montañas, con personas de avanzada edad y niños de apenas unas semanas de vida, era desoladora. Atrás dejaron sus pueblos, en ocasiones completamente devastados por fuerzas del régimen. También dejaron a los suyos, muchos de los cuales fueron degollados por los shabiha. Una vez más confirmaron que algunos lugares habían sido bombardeados con barriles de petróleo desde helicópteros. Confían en volver pronto mientras se preparan para el duro invierno de Ersal.

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