viernes, 16 de noviembre de 2012

Adiós a la solución de los dos Estados

La Primavera Árabe ha provocado drásticos cambios en el mundo árabe, pero Israel sigue actuando como en el pasado. Su ofensiva contra la Franja de Gaza, que probablemente irá in crescendo en los próximos días, evidencia que se encuentra atrapado en su retórica belicista y que es incapaz de adaptarse a la nueva situación sobre el terreno. Como en el pasado, Netanyahu sigue confiando en que sus ataques le aporten los consiguientes réditos electorales y sirvan de cortina de humo para acallar las críticas por sus políticas neoliberales.

Mientras tanto existe un consenso generalizado (del que apenas escapan al Meretz y los partidos árabes) en la escena política israelí para acentuar  su política de hechos consumados basada en el expolio de los territorios palestinos por medio de la masiva construcción de asentamientos. Todo ello para hacer completamente inviable un eventual Estado palestino. Sobre este asunto reflexiona David Perejil en su artículo "Palestina e Israel: la solución de los dos estados, a punto de desaparecer", publicado en FronteraD

"Este mes de noviembre está previsto que Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), haga efectiva la petición de “estado no miembro” a la Asamblea General de Naciones Unidas. Tras dejar pasar las elecciones estadounidenses, la delegación palestina quiere pedir una votación para la petición anunciada por Abbas en su discurso del pasado 27 de septiembre. Ese día la ANP optó por modificar la estrategia que inició un año antes cuando intentó convertir a Palestina en un estado de pleno derecho, el número 194 del mundo. En ese momento realizó una petición ante el Consejo de Seguridad que ni se llegó a votar ante las presiones de Estados Unidos e Israel. Desde entonces, Palestina ha logrado ser aceptada como miembro de pleno derecho por agencias como la Unesco, aún a costa de sufrir más presiones, como congelación de fondos por parte de Estados Unidos y la negativa a entregar los impuestos recaudados por Israel en los Territorios Ocupados Palestinos.

También el pasado septiembre se cumplió un importante aniversario: Diecinueve años desde el inicio del proceso de paz bilateral entre palestinos e israelíes con la mediación estadounidense y de la comunidad internacional. Mucho más tiempo del esperado, pues las conferencias de Madrid y Oslo habían fijado la fecha de 1998 para la proclamación de un estado palestino como punto final a unos acuerdos que se negociarían por fases. Israel empezó con la cesión del control administrativo y de seguridad de ciertas zonas, añadió un protocolo económico y permitió la vuelta desde el exilio de los dirigentes históricos de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) así como la creación de la ANP. Sin embargo, después de la segunda intifada y los ataques militares israelíes el proceso de paz, estancado muchas veces, casi entró en una vía muerta. De ahí, la reacción de la autoridad palestina que buscó tomar la iniciativa para evitar el bloqueo israelí a unas negociaciones que, según la versión palestina, se decían querer, pero en la práctica no se hacían al añadir cada vez más condiciones para sentarse a negociar, como el incremento de las colonias o el reconocimiento de Israel como un “estado judío”. Desde las diferentes administraciones israelíes, por el contrario, se hacía hincapié en la necesidad de encontrar interlocutores “válidos” así como garantizar su seguridad.

Sin embargo, no son pocas las voces que pronostican que la solución de dos estados en la zona está cercana a su fin. En primer lugar, se cita el menguante territorio sobre el que podría asentarse el hipotético estado palestino. Lejos del 45% de la tierra otorgada por el plan de partición de la ONU de 1945 e incluso del 22% que quedó tras la guerra de 1967, actualmente los asentamientos dejarían entre un 10% y 14% de territorio con siete grandes ciudades en Cisjordania desconectadas entre sí y con la franja de Gaza, bajo asedio israelí desde 2007. Fuera de ese dibujo quedarían las fronteras con otros estados, como Jordania, que Israel se afana en preservar. Todo ello sin entrar en la viabilidad económica de un territorio sobre el que el estado israelí busca mantener y acaparar todas las fuentes de agua, así como independencia o relaciones con otros países. Y dejando de lado la justicia de la solución, algo que para Nozizwe Madlala-Routledge, antigua ministra de Defensa surafricana durante los primeros gobiernos de Nelson Mandela, “suena como apartheid” si compara la situación actual de Gaza y Cisjordania y la de su país en la década de los ochenta.
 
Para la analista palestina Ghada Karmi es un hecho evidente que los dos estados no son ya posibles. Cita tres importantes razones. La primera, el control israelí del 62% de las tierras de Cisjordania, incluyendo el fértil valle del Jordán. Segundo, el proceso de colonización continúa y hasta la fecha Israel ha evitado siquiera pararlo para hacer posible la solución de dos estados. Por último, la doctora palestina afirma que Occidente ha sido reticente a presionar a Israel. “Hoy Israel-Palestina es un estado demostrable, imposible de dividir. Pero es un estado discriminatorio que opera al estilo de un sistema de apartheid contra los palestinos con impunidad”.

A una conclusión similar llega el, también analista político, israelí Dahlia Scheindlin para explicar que, ahora, sólo hay una soberanía en todo el territorio que va desde el mar Mediterráneo al río Jordán: Israel. “Con dos poblaciones que viven bajo soberanía israelí, sea civil o militar, con derechos, recursos, oportunidades y realidades desiguales”.

Alfonso Bolado, director de la biblioteca del Islam contemporáneo de la editorial Bellaterra, añade otras razones. “Es el momento de decirlo: la existencia de dos Estados en Palestina no podrá ser, por la confluencia del dogmatismo ideológico y la falta de voluntad política de unos y por la inviabilidad del Estado palestino que surgiría del proceso”. Culpabilidades que reparte el filósofo palestino Sari Nusseibeih, para el que “una solución de dos estados es excelente porque causa el mínimo dolor y es aceptada por la mayoría de los dos lados”. Sin embargo, añade que nadie intentó llevarla a cabo. “Primero de todo, a Israel le llevó mucho tiempo aceptar que hay un pueblo palestino. A nosotros, los palestinos también nos llevó mucho tiempo aceptar que debíamos reconocer un estado israelí. El problema es que la historia corre más rápido que las ideas”.

6 comentarios:

  1. Querido Ignacio, la hipocresía de los que defendéis el totalitarismo de Hamas ante la democracia israelí es lo que no ayuda a la solución de los dos estados. Resulta inédito que se culpe a Israel de lo ocurrido estos días y de la escalada que sin duda tendrá lugar en los próximos. Israel se defiende. Permíteme también otro artículo:

    por Óscar Elía Mañú, 17 de Noviembre de 2012

    La guerra es hija de su tiempo. Y cada sociedad la hace de una forma determinada: lo que equivale a decir que la hace a su manera, según costumbres, ideologías e instituciones. Como el resto de democracias occidentales, Israel se rige en ella por los principios del derecho de guerra clásico, no del todo desaparecido en la actualidad: el primero, el más vigente, el de la distinción entre civiles y militares, y la limitación del uso de la fuerza a estos últimos, en su versión uniformada o en la mucho más problemática versión irregular.
    Los regímenes totalitarios, de partido único e ideología mesiánica tienden a hacer la guerra total. Distinguen cada vez menos –conforme su carácter totalitario es más puro– entre civiles y militares, entre mujeres y niños. En el caso de Gaza, un régimen como el de Hamás, con su supremo y originario mandato para destruir Israel, no podía desembocar en nada distinto a una guerra total, de medios y fines, contra los vecinos judíos.

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  2. Sigue el artículo:

    Esta radical asimetría entre la forma de hacer la guerra de las democracias y de los regímenes totalitarios aflora otra vez en el enfrentamiento actual entre Gaza e Israel. Mientras los dirigentes israelíes repiten una y otra vez que los civiles en Gaza deben quedar al margen de la violencia, los de Gaza repiten que los civiles israelíes deben sufrirla; mientras las Fuerzas Armadas israelíes gastan enormes recursos en armas quirúrgicas e inteligencia para evitar daños colaterales, las milicias palestinas gastan los suyos en preparar y ejecutar matanzas entre inocentes; mientras los unos, en fin, se avergüenzan de cada muerto civil enemigo en sus operaciones, los otros se enorgullecen de cada fallecido judío inocente, y lo celebran a lo grande.

    El caso de Hamás, además, sube un paso más en el carácter demoníaco del totalitarismo. Usualmente, incluso éste considera la vida de los propios digna de ser salvaguardada en la guerra.

    Así, la utilización de patios de escuela, sótanos de mezquitas o bajos de hospitales para ubicar lanzaderas de cohetes y depósitos de armas constituye un crimen especialmente dramático. Que sus ocupantes sean rehenes amenazados por las milicias islamistas o voluntarios entusiastas colaboradores de ellas es irrelevante: poner a mujeres y niños al alcance de las bombas enemigas constituye un crimen contra los propios, quizá más repugnante aún que el dirigido contra los civiles del enemigos, que Hamás tanto práctica. Extender el desprecio a la vida entre los propios es quizá el peor delito que un Gobierno puede cometer.

    Hamás comete así dos crímenes de guerra: la búsqueda premeditada y explícita de muertes entre inocentes desarmados israelíes y la conversión de los propios gazatíes en objetivo militar, convirtiendo sus hogares, escuelas y hospitales en instalaciones militares. Esta doble brutalidad -que ni los dirigentes de Hamás se preocupan de ocultar– constituye quizás la más siniestra aportación de las milicias palestinas a la historia de la violencia política.

    Sin embargo, siendo esto moral e idelológicamente fundamental, no es lo más relevante en términos estratégicos. A lo anterior no es ajeno el hecho de que la derrota histórica de Israel, su aniquilación como Estado judío, occidental y democrático, será sólo posible con la colaboración de Europa. A ella, a sus moralmente débiles sociedades y a sus debilitados dirigentes va destinado, una y otra vez, el teatro macabro de Hamás y el sacrificio en prime time de sus mujeres y niños. Porque en el fondo lo peor de los europeos no es que se desentiendan del futuro de la pequeña democracia israelí; lo peor es que constituyen la punta de lanza moral contra ella desde el momento en que aceptan la siniestra racionalidad de Hamás.

    Aceptando lo inaceptable, y premiando la violencia sin límite que, incluso entre sus ciudadanos, fomenta Hamás, Europa se convierte en aliado, ingenuo o malintencionado, del siniestro grupo. Y su comportamiento en unas garantías para todos aquellos que esperan su turno para atacar a la pequeña democracia israelí.

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  3. También te añado un análisis que comparto plenamente:
    La paciencia de Israel
    por Elías Cohen:

    Desde un punto de vista puramente analítico, el Estado de Israel, entre otras cosas y Start Up Nation mediante, debería ser calificado como uno de los países más pacientes. Desde el año 2001, los grupos terroristas palestinos, encabezados por Hamás y la Yihad Islámica, han lanzado sobre el sur de Israel 12.800 cohetes... y subiendo. Desde el modelo Qassam –que la prensa europea siempre calificó de "artesanal"– hasta el Grad, en su versión iraní, la lluvia de cohetes ha sido incesante. En los últimos dos días han caído más de 351, llegando a alcanzar Tel Aviv, el centro económico del país, y las afueras de la capital, Jerusalén.

    La desolación dejada en estos once años se respira, por ejemplo, en Sderot, ciudad situada apenas a un kilómetro de la Franja de Gaza, donde hay refugios por doquier, situados estratégicamente para que cualquier ciudadano pueda llegar a ellos en menos de 15 segundos, el tiempo que tarda en llegar el proyectil desde que la sirena lanza el aviso. Encontramos refugios incluso en los parques infantiles.

    Israel abandonó Gaza en 2005, una vez concluida una Segunda Intifada que sembró de terroristas suicidas todo el país durante cuatro años, y después de que un cohete se cobrara sus primeras víctimas, en junio de 2004: un niño de cuatro años, Afik Zahavi, y su abuelo de cuarenta y nueve, Mordejai Yosepov. El ejército sacó de la Franja a sus propios ciudadanos a punta de fusil, y a su salida vieron cómo lassinagogas fueron quemadas; los miembros de Hamás y Al Fatah se ocuparon también de saquear los invernaderos.

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  4. Sigue el artículo de Elías Cohen, analista político:

    Tras la desconexión de Gaza, el lanzamiento ininterrumpido de cohetes contra los ciudadanos israelíes se intensificó, sobre todo desde que Hamás, tras una lucha fratricida contra las fuerzas de Al Fatah, se hiciera con el control de la Franja en el verano de 2007. Israel, ante esta situación, inició en los últimos días de 2008 la operaciónPlomo Fundido, que incluía una ofensiva terrestre para minimizar las víctimas civiles entre los palestinos –a diferencia de lo que, por ejemplo, hizo la OTAN en Belgrado, que bombardeó desde el aire y sin sacrificar hombres en tierra–.

    Por otro lado, desde el verano de 2006, la sociedad israelí languideció por el secuestro de uno de sus soldados, Gilad Shalit, que estuvo cautivo cinco años, durante los cuales Hamás no permitió que lo visitara nadie, ni siquiera la Cruz Roja. Finalmente, el Gobierno de Israel intercambió a Gilad Shalit por 1.027 terroristas palestinos, 200 de ellos responsables de los más terribles atentados, como el de la pizzería Sbarro en Jerusalén (2001) o el del Hotel Park, en Haifa (2002).

    En relación con lo que sucede en Gaza, cabe recordar que Israel fue objeto de un asalto internacional a su legitimidad en mayo de 2010, cuando la Flotilla de la Libertad, autocalificada de humanitaria y organizada por la ONG islamista IHH, forzó un choque violento contra la Marina israelí, recibiendo a los soldados israelíes que abordaron el buque Mavi Marmara con balas y cuchillos, mientras el premier gazatí y líder de Hamás, Ismail Haniye, les esperaba en las playas de la Franja con los brazos abiertos. Es cierto, nos quedamos sin la foto de los activistas humanitarios abrazados al líder de un movimiento islamista, terrorista y misógino.

    Dichos activistas también intentaron, en los últimos dos años, con la llamada flytilla, colapsar el aeropuerto internacional Ben Gurion. Las autoridades israelíes les entregaron una carta agradeciéndoles que visitaran la única democracia de Oriente Medio, y les aconsejó que, si se preocupan tanto por los derechos humanos, se dejaran caer por Damasco.

    Los ciudadanos del sur de Israel llevan once años corriendo, interrumpiendo su vida día y noche para buscar la salvaguarda bajo un techo reforzado. Han muerto 61 y 1.791 han resultado heridos, sin mencionar los síndromes de estrés postraumático, los desplazados y el impacto socioeconómico.

    Es una situación que ningún país puede, ni debe, soportar.

    Durante los últimos años El Estado de Israel y sus ciudadanos han demostrado una paciencia increíble ante el terrorismo de Hamás. Sin embargo, parafraseando a la mítica líder sionista Golda Meir –"el único hombre de mi Gobierno", dijo un día de ella Ben Gurión–, los israelíesno tienen otra alternativa: su continuidad depende de su lucha y de su resistencia.

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  5. Querido Dan
    No me encuentro entre los que defienden "el totalitarismo de Hamas", como tú lo llamas, sino entre quienes condenan la política de hechos consumados de Israel, destinada a hacer inviable un Estado palestino en los territorios ocupados en 1967 y que convica pacíficamnte con Israel. Me parece un tremendo error que los gobiernos israelíes tachen sistemáticamente a todo el movimiento nacionalista palestino como terrorista y se nieguen a negociar con él violando sistemáticamente el Derecho Internacional. Además de errónea, creo que esta política es perjudicial para los intereses israelíes a largo plazo.

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  6. Querido Ignacio, ante lo que acabas de publicar ayer y hoy, no creo que sea de mucha utilidad seguir con esto. El endoctrinamiento que existe en España con respecto a este tema en algunos sectores de la sociedad sigue siendo máximo.
    Simplemente permíteme reiterar que estás muy confundido: Israel no tiene ninguna política de "hechos consumados", Israel sólo tiene un deseo de vivir en paz con sus vecinos mediante un acuerdo de paz DEFINITIVO, y para ello, quiere negociar, siempre lo ha dicho, y lo ha demostrado. En una negociación se habla de temas conflictivos y para ello, antes, hay que depositar antes las armas: Hamás nunca ha depositado las armas. Tu te sentarías a negociar con alguién que lo único que dice es que te va a matar, quiere tu exterminación y te niega el derecho a existir? Estaría bien, como premisa, que Hamás retirase su discurso de amenaza de muerte y de odio, no crees?
    El movimiento nacional palestino es una organizacion terrorista que mata sin cesar, lo llames como lo llames. Lo dicen ellos mismos, lo que quieren es matar judíos.
    Israel no viola ningun Derecho Internacional, si lo hiciera, ya estaría en la prensa todos los dias……
    En cuanto a tu alusión a lo que llamas "territorios ocupados", lo tienes todo equivocado querido amigo ; ELLOS (PAíSES ÁRABES VECINOS) DECLARARON LA GUERRA A ISRAEL, en el 67, y la perdieron.. De qué ocupación hablas entonces?
    Por otra parte, porque no aceptaron la partición en 1948 como SI lo hizo Israel?
    En fin, los palestinos de hoy se merecen governantes que deseen su bienestar y deseen la paz ante todo. Todos defendemos igualmente su derecho a existir y tener su estado, y el movimiento terrorista Hamás (reconocido como tal por todos los estados democráticos y serios del planeta) es lo que realmente es perjudicial para sus intereses a largo plazo.

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