martes, 18 de junio de 2013

Islam político en el Mediterráneo

La Fundación CIDOB acaba de editar el libro El islam político en el Mediterráneo. Radiografía de una evolución que ha coordinado el profesor Ferran Izquierdo. Incluye el artículo "Los Hermanos Musulmanes en Siria: entre la confrontación y la concertación", que hemos firmado Naomí Ramírez y yo. Releyendo el texto parece evidente que del pasado pueden extaerse lecciones útiles e, incluso, ciertos paralelismos. A continuación incluya el apartado dedicado a su nacimiento:

"La acción de los HHMM ha experimentado notables cambios desde su establecimiento en 1945. Tras la independencia siria en 1946 se puede considerar que su actitud fue proactiva, pacífica y cooperativa. Al contrario de lo que sucedió en otros países del entorno, en Siria se brindó a los HHMM la posibilidad de tomar parte en el juego político. En las elecciones de 1949 la Hermandad obtuvo tres escaños (incluido el de su guía Mustafa al-Siba`i). En 1954, tras la dictadura de Adib Shishakli, los HHMM mejoraron sus resultados al obtener cinco de los 142 escaños (aunque muy lejos de los 22 alcanzados por el recientemente fusionado Partido Socialista Árabe Baaz). De nuevo en 1961, tras el fracaso del experimento unionista entre Siria y el Egipto de Abd al-Naser, lograron su mejor resultado al hacerse con diez representantes en la Asamblea del Pueblo (frente a los ocho del Baaz, cuya credibilidad quedó seriamente dañada tras la disolución de la República Árabe Unida, durante la cual se instauró un sistema de partido único).
En esta primera etapa, los HHMM adoptaron una posición proactiva tomando parte en el juego democrático mientras existió tal posibilidad. Los dirigentes islamistas sirios no fueron insensibles a los vientos de cambio que soplaban en la región tras las independencias nacionales. Mustafa al-Siba`i fue un activo defensor de la justicia social y, desde el Bloque Socialista Islámico, combatió al feudalismo demandando también una mejora de las condiciones laborales de la clase trabajadora. El título de su obra El socialismo del islam (Ishtirakiyya al-islam) resume claramente su intento de conciliar el pujante ideario socialista con la identidad islámica.
El asalto al poder del Baaz en 1963 supuso un cambio drástico para los HHMM, que quedaron en la ilegalidad y fueron perseguidos. La acción de los islamistas fue, a partir de entonces, reactiva y progresivamente algunos de sus sectores se fueron decantando hacia el empleo de la violencia para desalojar al Baaz del gobierno, una evolución similar a la desarrollada en Egipto bajo la influencia de Sayyid Qutb. Su acción fue, además, aislada, puesto que no consiguió sumar a dicha estrategia a otros sectores opositores que también habían resultado afectados por el golpe baazista ni tampoco consiguieron movilizar a un segmento significativo de la población.
La ilegalización de la Hermandad no fue inmediata, sino que se produjo en 1964, después de que los islamistas hicieran toda una demostración de fuerza al convocar una huelga general que contó con especial seguimiento en Hama y que fue duramente reprimida por las fuerzas de seguridad. Aunque `Isam al-`Attar, que remplazó a Siba`i como guía supremo, era un pragmático partidario de emplear la resistencia pasiva para contrarrestar al régimen secular, pronto se evidenció que sus tesis únicamente contaban con el respaldo de la sección damascena, mientras que Adnan Sa`ad al-Din, que controlaba las secciones de Alepo, Hama y Homs, logró imponer su estrategia frentista. La ilegalización de los HHMM fue acompañada también de la expulsión del país de su guía supremo, lo que se tradujo en una mayor atomización del liderazgo, que fue aprovechada por los miembros más radicales de la Hermandad para demandar un Estado regido por la sharia y forzar un choque armado con el régimen.
Sa`id Hawwa, miembro de la Oficina Internacional de Instrucción de los HHMM, abogó abiertamente por el derrocamiento del régimen. Como el egipcio Sayyid Qutb, el pensamiento de Hawwa experimentó una clara radicalización tras su paso por  prisión (1973-1978), periodo en el cual compuso buena parte de su obra. En "Yund Allah: zaqafatan wa ajlaqan" (Los soldados de Dios: cultura y moral) interpretaba que “la mayor parte de los países musulmanes han pasado a ser dirigidos por incrédulos, proselitistas, profanos y ateos […]. Por todo ello es obligación de todos los musulmanes emprender una campaña de purificación generalizada en sus respectivos países destinada a eliminar a todos ellos, para asumir el poder y restablecer el orden. Esto no ocurrirá sino por medio de un yihad que elimine del territorio musulmán, sin compasión ni piedad, las incrédulas sectas ocultistas, los alauíes, los bahaíes y los qadiríes, así como los partidos no creyentes como los comunistas y los nacionalistas yahilíes; y también a quienes reclaman una separación entre Estado y religión […], hasta purificar la tierra del Islam. Es una obligación que no puede demorarse, porque su demora implica que lo poco que de verdad queda del Islam será destruido: el yihad contra el enemigo interior tiene prioridad sobre el yihad contra el enemigo lejano”.
Durante la insurrección islamista registrada entre 1979 y 1982, los alzados llamaron al yihad contra el régimen secular. Aunque en 1978 Hawwa huyó a Arabia Saudí, desde donde siguió formando parte del mando de los HHMM sirios, su pensamiento ejerció una profunda influencia sobre los sectores islamistas más militantes que, agrupados en torno a la Vanguardia Combatiente, apostaron sin tapujos por el empleo de la violencia para enfrentarse al gobierno baazista. En la revuelta no sólo tomó parte la rama militar de los HHMM, sino también algunas cofradías sufíes junto a algunos grupos no islamistas opositores.
Las huelgas generales se sucedieron en Alepo, Hama y Homs, al igual que los sabotajes contra depósitos y fábricas, lo que fue respondido de forma taxativa mediante la creación de zonas militares cerradas y el corte de electricidad y agua de los barrios alzados en armas. Entre otros objetivos, la Vanguardia Combatiente atacó con coches bomba las sedes de los Servicios de Inteligencia, lo que puso en evidencia la vulnerabilidad del régimen. El 25 de junio de 1980 el propio Hafez al-Asad fue objeto de un atentado, lo que desencadenó una brutal represión con la ejecución a sangre fría de más de 700 islamistas en la prisión de Palmira. Tras la aprobación de la ley 49, los dirigentes de los HHMM, incluido el guía supremo Adnan Saad al-Din, abandonaron el país encontrando refugio en Irak y Jordania.
El fracaso del alzamiento evidenció que la capacidad de movilización de los HHMM no fue lo suficientemente amplia y no consiguió extenderse al conjunto del país y aunar a todas las clases sociales. Más que cohesionar a todos los elementos descontentos con la dictadura baazista, los islamistas lo único que consiguieron fue atraerse hacia su causa a parte de las clases medias urbanas, pero fueron incapaces de pescar en otros caladeros como el campesinado o los trabajadores del sector industrial, lo que puso de manifiesto las limitaciones de la revuelta y lo que determinó el desenlace final [...].

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